IES LA PUEBLA DE ALFINDÉN

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MANIFIESTO DEL PROFESORADO DEL IES LA PUEBLA DE ALFINDÉN ANTE LAS PREVISIONES DE APERTURA DE LOS CENTROS EL CURSO 2020-2021

English Week 2017 (15th - 19th May)

El decir y el hacer, una vez más, parecen estar reñidos. La política, de nuevo, hace uso de ese escaparatismo tras el que, una vez más, no hay nada. Interesa manifestar ante los medios de comunicación y convencer a la opinión pública de que se van a adoptar medidas para evitar la catástrofe que amenaza en cuanto septiembre nos salude y los centros educativos abran sus puertas. Sin embargo, no se está trabajando para que sean llevadas a cabo las modificaciones oportunas.

A partir de marzo y desde el confinamiento, el profesorado desempeñó su trabajo con sus medios privados, a la espera de que, atenuada la situación en virtud de su buena disposición, el político (o esa abstracción a la que se denomina Administración, pero que tiene responsables con nombres y apellidos) cumpliera con su labor, gestionando de manera conveniente, llevando a cabo las siempre prometidas inversiones (he aquí el decir) para hacer frente a ese inminente problema que amenaza a la ciudadanía. Sin embargo, todo va a seguir igual (he aquí el hacer).

Ingenuos quienes escuchamos a nuestra ministra, Isabel Celaá, proclamar su convencimiento de que era necesario invertir en un proceso de digitalización, de que era imprescindible mantener distancia de seguridad en los centros educativos, de que las medidas higiénicas debían ser estrictas (estos son algunos de los decires). Defraudados al conocer que contaremos con los mismos medios en caso de nuevo confinamiento, las mismas (o peores) ratios que en los pasados cursos, los mismos recursos respecto a la limpieza de centros (estos son algunos de los hechos).

En recientes claustros de profesores y consejos escolares, docentes, padres y alumnos hemos asistido perplejos a una realidad que, a pesar de la necesidad, no muta; a una voluntad de lo que se va a hacer que no tiene ninguna correspondencia con lo que se ha dicho. Si traducimos lo expuesto a pragmática lengua, nos encontramos (de nuevo) con la España de “charanga y pandereta”, con el cine de Berlanga, el esperpento de Valle-Inclán: un plan de contingencia fantasioso lanzado para su desarrollo a los equipos directivos sin respaldo técnico alguno. Se comenzó hablando de que en clase se iba a respetar la distancia de seguridad recomendada por Sanidad (2 m) y ratios de quince alumnos; a los pocos días con 1,5 m de separación era suficiente y en clase podía haber hasta veinte alumnos, pero los números seguían sin cuadrar. En nuestro caso, dos limpiadoras deben desinfectar un edificio mastodóntico; se nos sugiere que algunos alumnos comiencen y terminen más tarde las clases, pero la Administración no va a facilitar los medios de transporte necesarios para el desplazamiento; resulta imposible viajar en el autobús escolar velando la tan cacareada como necesaria distancia de seguridad y, encima, se da a entender que el señor conductor debe responsabilizarse de que el alumnado lleve sus mascarillas convenientemente colocadas…

Desengañémonos, la única medida real del Plan de Contingencia que se va a poder aplicar va a ser el uso de mascarilla y de gel hidroalcohólico. Y si esto no fuera suficiente, la responsabilidad de que estas medidas se cumplan va a recaer en el profesorado y en el Equipo Directivo. Una vez más, la Administración nos deja solos, solos para velar por la salud de todos frente a un virus implacable.

Sin embargo, los docentes no somos expertos en riesgos laborales ni epidemiólogos ni profesionales de la medicina, por lo que no podemos hacernos responsables de la salud del alumnado (y por consiguiente de sus familias) en una situación tan extrema como una pandemia mundial. En consecuencia, si hay enfermos de COVID-19, no será nuestra responsabilidad, sino la de una administración negligente que no invierte y que prefiere mirar hacia otro lado.

Quienes están por encima del colectivo docente deben cumplir con su obligación (deberían haberlo hecho ya) antes de que sea tarde, quizá irremisiblemente. No parece que se sea consciente de que las víctimas están ahí. Da la sensación de que para la Administración todo ha sido un lejano juego de números. Hasta que no se produzcan contagios por la COVID-19 en los centros (algo que lamentablemente sucederá) no cabrá el echarse las manos a la cabeza para lamentar la inacción.

El profesorado y el alumnado nos merecemos que se nos respete, que se nos valore, que se nos cuide y que se nos haga sentir seguros en nuestro entorno. Solo estamos reivindicando poder trabajar con las medidas indicadas por la OMS. La Administración tiene la obligación de velar por toda la Comunidad Educativa y si hace dejación de funciones, deberá responsabilizarse de las consecuencias de no haber actuado correctamente.

Dado que durante el confinamiento el colectivo docente hemos puesto al servicio de la educación nuestros recursos para cumplir con nuestro deber, que es enseñar, ahora la Administración debe no solo dar respuesta, sino obrar. Sólo así, obrando, es decir, llevando a efecto lo dicho (a pesar de que, en más de una ocasión, esos decires se han ido adecuando al horizonte de intenciones), se evitará un cercano (qué poquito queda para ese septiembre sombrío) cataclismo.

Por favor, tengan decencia y denle a la Educación Pública los medios y el prestigio que se merece. Sólo así podrá ser de calidad.


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