IES LA PUEBLA DE ALFINDÉN

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La película de la semana

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Blog del AMPA

AWAY ( JESSICA GOLDBERG)

El mundo se prepara para la primera misión tripulada a Marte por parte de un equipo internacional que poco a poco irá encajando sus distintas perspectivas y caracteres.

Aunque al principio parece que estamos ante una serie de ciencia ficción, pronto veremos que el aspecto emocional de cada uno de los personajes es una parte esencial en la trama, pues nuestras experiencias condicionan inevitablemente quienes somos y cómo actuamos en situaciones límite.

Emma, astronauta y comandante, es una mujer tranquila y conciliadora, que consigue consolidar su liderazgo a pesar de las reticencias iniciales de otros miembros que no la consideran suficientemente fuerte.

Por su parte,  el ingeniero Mischa, al comienzo duro y hosco  y la química Lu, de carácter analítico, provienen de países autoritarios, y están acostumbrados a poner el interés de su país por encima de sus sentimientos personales.

Todos ellos han dejado en la tierra a alguien que aman en busca del sueño dE pisar el planeta rojo y han pagado un precio por ello.

Kwesi, es el personaje más dulce, adoptado por una pareja de judíos, este británico-ghanés es el novato de la expedición y ofrecerá su fe para conseguir esperanza en los momentos difíciles.

Ram, fiel aliado de Emma, es el personaje más solitario, alejado de su familia desde la muerte de su hermano de la que se siente culpable, irá descubriendo el amor.

En esta difícil misión, con un 50% de posibilidades de supervivencia, donde se encuentran solos ante cualquier imprevisto contarán con un aliado en la Tierra, Matt, el marido de Emma, que trabaja en la NASA, y no desfallecerá intentando buscar soluciones a los problemas a los que se enfrenta la tripulación en una aventura trepidante en la que vamos sintiendo la lejanía del planeta azul cada vez más, así como la inmensidad del espacio y el afán de superación del ser humano.

Selección y reseña: Patricia Chavarrías (Departamento de Lengua Española y Literatura)

LO QUE EL PULPO ME ENSEÑÓ (PIPPA EHLRICH Y JAMES REED)

Esta película documental ha sido dirigida por Pippa Ehlrich y James Reed, y ha sido lanzada al público a través de la plataforma Netflix en el verano de 2020. En ella el productor y cineasta Craig Foster comparte el papel de protagonista con un pulpo hembra de la especie Octopus vulgaris (pulpo común).

La película se desarrolla en las costas rocosas del cabo oeste de Sudáfrica, donde se mezclan zonas de oleaje intenso, con remansos de paz como son los bosques poco profundos de algas en los que predomina el kelp, un alga de gran tamaño con hojas grandes y alargadas que bambolean al compás de la corriente disminuyendo su fuerza y creando las condiciones idóneas para albergar una gran cantidad de vida.

El protagonista humano tras pasar un periodo de estrés debido al excesivo trabajo y las preocupaciones cotidianas decide regresar a los momentos más felices de su infancia para intentar recuperar la ilusión su profesión. Y sobre todo lograr desconectar de sus problemas haciendo lo que más le gustaba de pequeño, bucear. En sus inmersiones, Craig transmite una emotiva pasión por el mundo submarino involucrando al espectador, que observa cómo se fusiona con el medio natural al prescindir de botella y neopreno, llevando solo lo imprescindible para realizar apnea. Es como un anfibio que nos va descubriendo las maravillas de un bosque tridimensional en el que no existe la gravedad, flotando así en todas las direcciones con movimientos de cámara suaves y elegantes que descubren una infinidad de seres vivos espectaculares, desde los más sencillos como las medusas y ctenóforos, hasta vertebrados escuálidos como los tiburones pijama que no presentan ningún peligro para el ser humano, pero son los principales depredadores de pulpos en estos lugares.

Durante una de las inmersiones Craig divisa en el fondo una forma extraña que le fascina, parece un amasijo de diferentes conchas que se va moviendo lentamente, coge aire para alcanzar el fondo y descubre en realidad que se trata de un pulpo. Se queda fascinado al instante por su gran mimetismo, y la expresividad de su mirada, con esa pupila extraña de forma rectangular que parece desconfiar de su inesperada presencia.

Craig sale en búsqueda del molusco cefalópodo todos los días durante un año, tiempo que dura su aventura con su amigo invertebrado, representando casi el 80% de la vida de este animal de aspecto alienígena y de inteligencia comparable a la de un perro o un gato, algo totalmente inquietante en la línea de la evolución.

Ambos coprotagonistas crean un vínculo muy íntimo del cual el espectador se hace partícipe gracias al excelente equipo de imagen que consigue unos maravillosos primeros planos, una nitidez absoluta aún a pesar de la espesura de sedimentos en el agua, colores vibrantes y texturas totalmente apreciables y casi palpables desde el sofá. Incluyendo además una narrativa sencilla, emotiva que llega directa al corazón del telespectador.

Durante el recorrido de los 90 minutos del documental, el espectador va a vivir diferentes emociones acordes con las experiencias que van surgiendo en la vida del pulpo y paralelamente en la del cineasta/actor. Observando como los problemas se diluyen en el bosque de algas macroscópicas y despertando el interés por el entorno natural y los seres que en él habitan.

Se trata sin duda de una gran obra en este género documental que incita al espectador a iniciarse en el descubrimiento de los ambientes submarinos o en aumentar la frecuencia de práctica en los ya iniciados en esta disciplina. Fomentando siempre el respeto por todos los seres que allí habitan y dejando un mensaje de conciencia importante de conservación.

Selección y reseña: José Antonio Sanz (Departamento de  Biología-Geología)

 

LA CASA DE LAS FLORES (MANOLO CARO, 2018 – …)

Si algo bueno me trajo el confinamiento, fue una suscripción a Netflix. Llevaba algún tiempo con la idea por la cabeza, pero hasta que no llegó el Coronavirus no lo hice. Aprovechaba cuando dormía la casa para empezar mi sesión nocturna de series. 

La primera serie con la que me topé fue La casa de las flores. No sabía nada de ella. Nadie me había hablado de la serie. Así que mi decisión vino marcada exclusivamente por la gran Verónica Castro. Hacía años que no la veía en una telenovela, supongo que desde Amor prohibido. Los de mi generación la recordarán por Los ricos también lloran que hizo que adquiriera una gran popularidad. 

Sí, durante mi infancia y adolescencia me ví todas las telenovelas que ponían por la televisión: mexicanas, argentinas, españolas. Y no, no tengo ninguna vergüenza en admitirlo.

La serie está dividida en tres temporadas más dos capítulos especiales. Narra la historia de la familia De la Mora, regentes de una florería (sí, florería y no floristería) con mucha historia familiar. Lo que llama la atención es que cada capítulo tiene el nombre de una flor y su significado. Sin ánimo de hacer spoilers, el primer capítulo lo dedican al narciso que simboliza la mentira. 

Todo arranca con un suicidio y, poco a poco, se va deshaciendo ese ovillo de lana en el que empiezan a salir las miserias humanas. La familia De la Mora, de cara a la galería, se pinta perfecta, pero por dentro son un cúmulo de pecados capitales y de mundos alternativos. Recuerda un poco al universo de Pedro Almodóvar.

La estética, la música, México, Madrid, las flores…todo te atrapa. Pero sin duda, sin menospreciar a Verónica Castro, mi mayor descubrimiento fue Cecilia Suárez.¡Qué delicia! ¡Qué belleza de ser! Su particular forma de hablar, ha dado mucho de sí. Y tengo que deciros que, algunas veces, la imito cuando hablo con alguna de mis amigas. Pero, más allá de esa característica, Paulina De la Mora, es la protagonista indiscutible de esta serie. Es la columna vertebral que intenta que la familia no se desuna, que todo siga como antes y de que se mantengan las apariencias de cara a los demás.

Si sois unos frikis como yo de las variedades diatópicas del español, os recomiendo que veáis el capítulo en el que el hijo de Paulina, mexicano de nacimiento, intenta imitar el acento madrileño. Resulta tan ridículo que hace reflexionar. ¿Se escuchará tan ridículo cuando nosotros decimos “güey”, “órale” y  “¡Qué padre!”? Seguro que sí. 

Lo que más me ha gustado es cómo trata temas con la aceptación del yo y de las diferentes orientaciones sexuales; de cómo en esta vida uno debe decir la verdad y de ser sincero con los demás, pero sobretodo con uno mismo. De lo importante que es despojarse de las cosas que nos restan en nuestro día a día y quedarnos solo con lo que nos suma. De que no hay nada mejor en la vida que ser una buena persona, aunque a veces la vida se nos tuerza y nos lo ponga difícil.

Como he dicho antes, la serie muestra mundos y submundos: descarnados, complejos, situaciones, a veces, incómodas. Hay que tener una mentalidad abierta y madura. Por estas razones, la recomiendo para mayores de 15 años. 

Selección y reseña: Charo Palos (Departamento de Lengua Española y Literatura)

 

ALIEN (RIDLEY SCOTT, 1979)

A finales de los años 70 el cine fantástico todavía estaba ligado, mayoritariamente, a producciones de bajo presupuesto que confiaban en la buena fe de los espectadores para perdonar efectos escenográficos poco elaborados. Alien irrumpió con fuerza en dicho panorama, sirviendo desde los parámetros de la superproducción una historia de terror ambientada en una remota galaxia.

Desde los primeros planos de la película, Ridley Scott ponía su inimitable talento visual al servicio de una trama llena de sorpresas que irían constituyendo algunos de los momentos e iconos más memorables del cine de género de las últimas décadas, pasando incluso a formar parte de la cultura popular. ¿Quién no reconoce, hoy por hoy, a la despiadada criatura alienígena de lengua asesina, protagonista no ya de un buen puñado de películas sino también presente en tebeos, novelas, videojuegos, camisetas…?

Sin embargo, quizás no sepas que, en origen, Alien era un guión, escrito por Dan O’Bannon e inspirado en una película italiana dirigida por Mario Bava que se titulaba Terror en el espacio. Fue el propio Ridley Scott quien, tras leerlo, intuyó las tremendas posibilidades de aquella idea, que terminó cristalizando en un título de enorme personalidad gracias a la labor de H. R. Giger, uno de los artistas europeos más originales del momento, en quien Scott confiaba plenamente.

De hecho, Giger fue quien diseñó tanto el monstruo como el universo orgánico y oscuro, letal para cualquier humano, en el que transcurre la película.

La elección de los actores supuso también todo un acierto, catapultando a Sigourney Weaver al estrellato, siendo uno de los primeros títulos que jugaban con el concepto de heroína superviviente, eliminando, de manera inesperada en aquel entonces, al supuesto protagonista masculino a la mitad del metraje.

Además, el diseño de sonido (los chirridos de la nave, los gases del planeta alienígena, los gemidos de la criatura…) contribuían de manera indisoluble a crear una atmósfera asfixiante intensificada por la memorable banda sonora que Jerry Goldsmith compuso para la ocasión.

Alien. Una obra maestra en estado puro. Una película irrepetible, de las que no te vas a cansar de ver. ¿Qué me dices? ¿Que no la conoces? ¿Qué nunca la has visto? ¿Y a qué estás esperando? Deja de leer esto inmediatamente y corre a disfrutarla, pero, antes, recuerda que “en el espacio nadie puede oír tus gritos”.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

 

EL PEQUEÑO LADRÓN (ERIC ZONCA, 2002)

Tras La vida soñada de los ángeles, el director Érick Zonca sorprendía con una película directa, breve e intensa, que exponía los avatares de un chiquillo marginal en la “Europa de bien”. El pequeño ladrón tomaba el testigo del neorrealismo italiano y parecía querer hablar en la misma jerga que utilizara Luis Buñuel en Los olvidados para hablarnos de la realidad de un mal intrínseco a toda sociedad: la pobreza, el hambre y la necesidad.

El pequeño ladrón es una de esas películas que, cámara en mano, perpetra una ficción de carácter documental, capaz de abrir una ventana para que el espectador se asome a esos pozos que lo rodean y en los que quizás no haya reparado.

En apenas 70 minutos, Zonca nos contaba una historia terrible, de incómodo final (como no podía ser de otra manera) que ligaba al director a otros grandes nombres del cine actual ligados al realismo: los hermanos Dardenne, Luis Rosales o Lars Von Trier por citar algunos ejemplos.

Una pequeña obra maestra, filmada desde los parámetros del bajo presupuesto, que recuerda como el género picaresco sigue estando de moda, siendo un fenómeno universal, con la misma carga amargo dramatismo que lo caracteriza.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

TENET (Christopher Nolan, 2020)

Hoy te voy  a recomendar una película apasionante, que acaban de estrenar en salas comerciales y que esta dando mucho, muchísimo de lo que hablar: Tenet. Te habrás dado cuenta de que Tenet es una palabra reversible, que tiene el mismo sentido leída de derecha a izquierda que de izquierda a derecha, introduciendo de esta original manera, ya desde el título, la concepción del tiempo con la que Christopher Nolan (guionista y director de la película) juega, de nuevo, en esta nueva propuesta cinematográfica.

Una palabra original para una película muy especial dentro del habitual panorama cinematográfico, y es que Tenet es una propuesta muy diferente respecto del cine comercial de gran presupuesto, dado que, al igual que ya hiciera en Origen o en Interestellar, Christopher Nolan se atreve a facturar una película de autor con el empaque de una superproducción, un título cuya complejidad conceptual choca con la espectacularidad de sus imágenes, por lo que puede provocar un cataclismo en un gran público que quizás se siente en las salas a disfrutar de sus palomitas sin esperar la exigencia que, prácticamente desde el primer minuto de proyección, este original director impone al respetable.

No hay que engañarse, como te digo, Tenet es una película exigente, que le pide al espectador una atención máxima e incluso un cierto conocimiento acerca de aspectos relacionados con la física cuántica, la teoría de la relatividad, los viajes temporales, las dimensiones paralelas… Como si Albert Einstein o Stephen Hawking se fueran de aventuras con James Bond. ¡Alucinante!

Si admitís tan apasionante propuesta os veréis envueltos en una concatenación de grandes escenas, perfectamente orquestadas, donde se alternan los tiroteos, las persecuciones en automóviles, las peleas imposibles, los robos de aviones y las grandes explosiones; es decir, Tenet no da la espalda a la complejidad temática pero tampoco lo hace con el más puro cine de evasión.  Además, gracias al juego de la paradoja temporal, la película alcanza en algunos momentos unas novedosas e insólitas cotas de originalidad audiovisual. Como suele decirse: vais a ver lo nunca visto. Una película para saborear en más de una ocasión, casi concebida con el propósito de ser revisada para poder ir descubriendo los recovecos que tan solo vislumbramos en un primer visionado.

Al margen de lo dicho, a tener en cuenta las excelentes interpretaciones de todo el elenco, destacando a un John David Washington que por momentos evoca la posibilidad, todavía no explorada por el cine, de un James Bond interpretado por un actor de color; una Elisabet Debicki de magnética belleza, que sabe transmitir perfectamente debilidad y fortaleza; un Robert Pattison que a cada nueva película se reafirma como uno de los grandes actores del panorama actual, en la antesala de ese nuevo Batman que todos esperamos con grandes ganas; y, sobre todo, yo destacaría la labor, que me atrevería a calificar de magistral, de Kenneth Branagh, el gran villano de la función, que sabe construir un personaje tan carismático y complejo como, por momentos, absolutamente aterrador.

Como en otras películas de Christopher Nolan, os vais a encontrar a ese secundario de lujo que es Michael Caine y una banda sonora que corre a cargo de Ludwig Goransson, responsable entre otras de la magnífica música de la serie de televisión The Mandalorian y que para Tenet ha compuesto un “score” que sabe ajustarse perfectamente a las imágenes, fusionando y apoyando perfectamente las mismas, creando esa atmósfera especial que podríamos denominar “made in Nolan”.

Por cierto, estupendo también el diseño y la edición del sonido, siendo, desde mi punto de vista, uno de los mejores trabajos al respecto que he tenido la suerte de disfrutar en una sala de cine en los últimos años.

Tenet. teneT. No os la perdáis.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Bajo la misma estrella (Josh Boone)

He elegido esta película porque me parece muy bonita y muestra que da igual como seas, si padeces alguna enfermedad… que siempre se puede salir adelante, que puedes tener a una persona que te quiera a pesar de todo lo que tú crees que son defectos.

Bueno, esta película está protagonizada por una chica llamada Hazel Grace Lancaster y un chico llamado Augustus “Gus” Waters. Hazel padece cáncer de tiroides y Gus perdió su pierna derecha a causa de una enfermedad llamada osteosarcoma. Los padres de Hazel la llevaron a un grupo de apoyo donde había más gente que padecía problemas como ella. Allí fue donde conoció a Gus. Se hicieron amigos y empezaron a quedar. Como bien dice aquella frase de “el roce hace el cariño” ambos se enamoraron, y contra más tiempo pasaban justos más se enamoraban. Todo era genial hasta que un día ocurrió algo y nunca volvió a ser como antes.

Selección y reseña: Nerea Sisamón (3º C)

La casa de papel (una serie creada por Álex Pina)

La casa de papel es una serie que ha enganchado a millones de personas en todo el mundo. Por el momento, esta serie consta de cuatro temporadas, y todos esperamos con ansias que saquen la quinta.

Esta serie trata de un hombre llamado “El profesor” que recluta a una serie de habilidosas personas buscadas por la policía por numerosos delitos, que por lo tanto, no tienen nada que perder. El objetivo del profesor es llevar a cabo un atraco a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, y para ello, El profesor y dichas personas, a las que nombra con nombres de ciudades, están cinco meses en una mansión abandonada para aprender a la perfección el plan del atraco y recibir una instrucción (todo por parte del Profesor). El plan estaba hecho para arreglar todo tipo de fisuras y cosas que pueden ir mal. Los atracadores se caracterizan por ir vestidos con monos rojos, y llevar puestas unas máscaras de Dalí. Toda la serie está narrada por una de las protagonistas, llamada Tokio. No quiero contar mucho más, porque no quiero hacer spoiler, pero lo demás, ya es historia…

Esta serie se estrenó  el 2 de mayo de 2017, en la cadena española Antena 3, que distribuyó las dos primeras partes de la serie en España, antes de que Netflix la adquiriera a finales de 2017, quien la editó y reeditó, lanzó las dos partes en todo el mundo. El 19 de julio de 2019 se estrenó su tercera parte en Netflix siendo el preestreno en las playas de Málaga el día anterior. El 3 de abril de 2020 se estrenó la cuarta parte.

Esta serie española creada por Alex Pina, protagonizada por numerosos actores como por ejemplo Álvaro Morte (que hace del Profesor), Itziar Ituño (que hace de la inspectora de policía Raquel Murillo), Úrsula Corberó(que hace de Tokio), Alba Flores (que hace de Nairobi), Pedro Alonso (que hace de Berlín), etc. ha alcanzado el éxito mundial.

Lo que más engancha de esta serie, aparte de su trama, es que cuando crees que han cometido un fallo, que los van a pillar, siempre tienen algo planeado que le da la vuelta a la tortilla y hace que te quedes flipando.

Yo personalmente, recomiendo mucho esta serie, ya que es muy divertida y entretenida; y ahora en estos tiempos de cuarentena seguro que te apetece verla.

Selección y reseña: Julia Cano Millán (3º de ESO)

Million Dolar Baby (Clint Eastwood, 2004)

Con 90 años recién cumplidos, rendimos aquí nuestro pequeño homenaje a uno de los últimos clásicos todavía vivos (y en activo) hablando de una de sus películas más memorables: Million Dolar Baby.

Basada en un relato compuesto por F.X. Toole, Clint Eastwood facturó en 2004 una de esas películas que, sobre todo, se destacan por su mágica habilidad para atrapar al espectador. Su narración, impecable, la encomiable labor actoral (con el propio Eastwood como co-protagonista) y su banda sonora (también compuesta por él) hacen de Million Dólar Baby uno de esos títulos prodigiosos que, de vez en cuando, el cine nos regala.

Clint Eastwood no suele apostar por personajes triunfadores; sus películas, ya narren impecables venganzas (Sin perdón) o amores imposibles (Los puentes de Madison) retratan historias cotidianas, factibles, que nos convencen tanto por su sinceridad como por la naturalidad con la que están plasmadas.

El director de Mula (uno de sus últimos y mejores trabajos) rueda con esa claridad que parece heredada de directores de la talla de John Ford, Anthony Man o Howard Hawks (aunque el propio Eastwood ha señalado en más de una ocasión a Sergio Leone y Don Siegel como dos de sus grandes influencias), haciendo de Million Dollar Baby una película tan elegante como falta de artificio, perfecta a la hora de desarrollar el drama que vivirán sus personajes, marcados por el infortunio, incapaces de alcanzar ese sueño que tocan con la punta de los dedos y que, sistemáticamente, se esfuma.

Amor y desamor, lealtad y traición, son algunos de los temas desarrollados (una vez más) por Eastwood en esta obra maestra, de ritmo impecable, fotografiada en bonitos claroscuros, que no os soltará y que os emocionará de principio a fin.

Selección y reseña: Alberto Jiménez Liste (Departamento de Lengua Española y Literatura)

 El hombre elefante (David Lynch, 1980)

El hombre elefante se basa en la relación que el doctor Frederick Treves hizo respecto de la vida de su más célebre paciente, Joseph Merrick (llamado John Merrick en la película), gravemente afectado por el síndrome de Proteus, lo que le propiciaba una deformidad tan extrema que, durante años, fue exhibido en los hoy por hoy desaparecidos barracones de feria especializados en el “freak show”.

Merrick, quien pasó los últimos años de su vida atendido en el hospital Royal London Hospital, despertó la curiosidad de la sociedad victoriana inglesa, llegando incluso a conversar con importantes miembros de la nobleza británica, quienes se interesaron por su caso.

La sensibilidad de David Lynch, uno de los grandes creadores cinematográficos de las últimas décadas, facturó una película delicada, espléndidamente fotografiada en blanco y negro, que obtuvo un buen número de nominaciones al Oscar (incluyendo los de mejor película y mejor director).

Corría el año 1980 y David Lynch acababa de impactar en el medio cinematográfico con una extraña película, de corte surrealista, titulada Cabeza borradora, que entusiasmó al productor Mel Brooks, quien confió en el talento del por aquel entonces joven Lynch para trasladar a imágenes la conmovedora historia de Merrick. La película se convirtió en un éxito tremendo, a lo que no solo contribuyó el gran talento de David Lynch sino también el excelente maquillaje de Christopher Tucker, que recreaba a la perfección la fisonomía del “hombre elefante” en cuestión; las interpretaciones de John Hurt, Anthony Hopkins y John Gielguld; y la adecuada música de John Morris, quien creó una partitura tan inconfundible como inolvidable.

Belleza y tristeza a partes iguales destilan el metraje de esta obra maestra del cine que, tal y como es habitual en los trabajos de de Lynch, contempla la realidad desde un fascinado y poético punto de vista.

Selección y reseña: Alberto Jiménez Liste (Departamento de Lengua Español y Literatura)

ÉLITE (Carlos Montero, Darío Madrona)

De la mano de Netflix y Zeta Producciones llega Élite, una serie española de Darío Madrona y Carlos Montero, creador de la conocida serie Física y química, que nos adentra en Las Encinas, un exclusivo centro para los jóvenes de las familias más adineradas del país.
En la primera temporada, tras un terremoto, la destrucción de un colegio público obliga a repartir a los alumnos de dicho colegio por diferentes centros de la localidad.

Tres de esos alumnos: Samuel, Cristian y Nadia, son becados para asistir a Las Encinas y tras su llegada todo parece empezar torcerse.

Nos encontramos en un ambiente frio en el que hay cierto rechazo hacia los becados por parte de los demás estudiantes, pero hay una chica que destaca: Marina. Marina es la única alumna que se acerca y es amable con los recién llegados, por lo que establece una conexión especial con ellos, sobretodo con uno, Samuel.

Pero entonces, un misterioso suceso tiene lugar; alguien ha matado a Marina. Comienzan las investigaciones; todos son sospechosos, pero nada es lo que parece.

En la segunda temporada, otros tres nuevos alumnos llegan al centro y finalmente se descubre quien fue el asesino. Tras esto, al ver que el asesino no esta dispuesto a entregarse Samuel finge su desaparición para así presionar al cómplice del asesino para que confiese y su hermano, el cual fue incriminado y obligado a abandonar el país. Mientras tanto, el culpable hace lo imposible para esconder las pruebas y asi poder seguir con su vida como si nada hubiera pasado.

Tras el éxito de la primera y segunda temporada, llega ELIT3, la nueva temporada de esta serie ya conocida internacionalmente. En esta nueva entrega conoceremos a Yeray y Malick, dos nuevos alumnos que de primeras no parecen gran cosa pero ponen todo patas arriba con su llegada. Además, cuando todo parecía relajarse con el tema de la muerte de Marina y las cosas volvían a intentar ponerse de nuevo en su lugar, otro asesinato tiene lugar en Las Encinas y parece ser que todos tienen algo que ver y harán lo que sea para protegerse, aunque para ello deban arriesgar ciertas cosas y delatar a sus compañeros.
Con dramas, misterios y romances por el medio, resulta imposible no engancharse a esta serie llena de suspense y giros inesperados que seguro que no te dejaran indiferente.

Selección y reseña: (Oliwia Nitkowska, 4º ESO, grupo D)

DRÁCULA (TERENCE FISHER)

Drácula es el personaje de ficción más veces aparecido en la gran pantalla. La célebre creación de Bram Stoker ha protagonizado películas de todo tipo, desde adaptaciones que se publicitaban como fidelísimas a la novela hasta versiones libres con las que se pueden rellenar páginas y páginas de curiosidades y rarezas cinematográficas.

Dentro de este complejo maremagnum hay títulos que brillan con luz propia, clásicos del cine tremendamente populares como la versión de Friedrich Wilhelm Murnau (Nosferatu), la de Tod Browning (Drácula, con el célebre Bela Lugosi como protagonista) o, más recientemente la adaptación que en los años 90 hiciera Francis Ford Coppola con Gary Oldman como protagonista.

Pero, sin duda, junto a los títulos anteriores, debe figurar el primer Drácula a color (titulada Horror Of Dracula en su versión original), la inteligente adaptación que Terence Fisher hiciera en los años 50, facturando, desde los terrenos del cine de serie b, una película elegante, con una fotografía tan hermosa como su banda sonora y que, además, contaba con la presencia de, quizás, los dos actores más grandes que jamás haya tenido el cine de terror de todos los tiempos, dos iconos absolutos que destilaban una química perfecta en la gran pantalla: Peter Cushing y Christopher Lee.

Ambos protagonizaron decenas de películas, algunas títulos indispensables que todos los aficionados al género deberían conocer (La maldición de Vandorf, El perro de los Baskherville, El cerebro de Frankenstein, Pánico en el Transiberiano…). En esta ocasión, Cushing encarnaría al legendario doctor Van Helsing mientras que Lee encarnaría a su eterno rival: el terrible conde vampiro.

Drácula se estrenó en una época en la que las nuevas tecnologías todavía no habían aparecido, cuando la gente se congregaba, abarrotando las salas, para aterrorizarse ante una pantalla. De hecho, su sólido guión, la violencia de algunas de sus imágenes (hay que tener en cuenta que en aquel entonces el público todavía no estaba “vacunado” ante cierto tipo de recursos que resultaban impactantes) y su sutil erotismo hicieron de esta excelente adaptación un éxito que conllevó toda una irrepetible saga donde destacan títulos como Drácula príncipe de las tinieblas, Las cicatrices de Drácula, El poder de la sangre de Drácula e incluso una tardía y divertida Drácula 73 de curiosa ambientación tendente a la psicodelia de moda en la época.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua y Literatura)

BEN – HUR (William Wyler)

El talento de William Wyler hizo posible uno de los más grandes espectáculos audiovisuales de la Historia del Cine: Ben – Hur.

En 1880, Lewis Wallace publicó su más popular, y monumental, novela: Ben – Hur (un cuento de la era de Cristo). La historia del muchacho judío deshonrado por su amigo romano Messala (y su posterior venganza) tenía como telón de fondo un marco no menos impactante: el de los hechos concernientes al nacimiento y muerte de Jesús de Nazaret.

Esta irrepetible narración, llena de fuerza y carisma, sirvió de base para que el talento visual de William Wyller gestara en 1959 uno de los grandes clásicos de la Historia del Cine. Una película que mezclaba hábilmente drama y espectacularidad, brindando algunas escenas memorables que a día de hoy no han perdido un ápice de su eficacia (así el combate naval o la célebre carrera de cuadrigas) y que sirvieron de inspiración para títulos posteriores, muy distintos entre sí, como Star Wars Episodio I: la amenaza fantasma (su famosa carrera de vainas espaciales está directamente inspirada en la escena de la película de Wyler) y Gladiator (de hecho, la trama de esta película recuerda claramente a la del clásico del que hoy os hablo).

Debes también saber que la adaptación de William Wyler no fue ni la primera ni la última; en 1925 se produjo una excelente versión en blanco y negro (que alcanzaba las dos horas y media de duración) y en 2016, con las técnicas digitales de nuestro cine actual, se volvió a llevar a la pantalla (si bien ya estandarizaba su minutaje en dos horas).

Ben – Hur, al igual que otras películas de aquellos años, fue concebida como un espectáculo sin precedentes dado que el cine tenía un reciente enemigo: la televisión. Ese es el motivo del formato de la película, el “cinemascope” (que los antiguos receptores de televisión no podían imitar y que daba una perspectiva panorámica tremendamente novedosa en aquel entonces), y de su excelente fotografía en “technicolor” (que otorga una especial calidez a los tonos, logrando una singular atmósfera que subraya todo el metraje).

Charlton Heston, protagonista de la película, fue otro de los grandes aciertos, brindando una de sus mejores interpretaciones, donde destacaba su eficacia tanto para las escenas de acción como para los momentos melodramáticos, sirviendo su rostro para otro de los inteligentes hallazgos de la película, al reflejar el asombro que provocaba la figura de Cristo, a quien, para resaltar su divinidad, nunca se le muestra frontalmente.

Como suele ser habitual en los grandes títulos, el broche de oro lo puso la memorable banda sonora de Miklós Rózsa (uno de los grandes compositores de música de cine), que se ajusta cual guante a la catarata de imágenes que componen un metraje de más de tres horas de duración, que siguen pasando como si de un suspiro se tratara, y que obtuvo once Oscars, estableciendo un récord todavía no superado, aunque sí que equiparado tanto por Titanic como por El Señor de los Anillos.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

LA NOCHE DE WALPURGIS (Leon Klimovsky, 1971)

El cine de terror es uno de los géneros más populares y versátiles. Producciones tanto de gran envergadura como modestas pretenden aterrorizarnos, a la par que divertirnos, a través de propuestas diversas. Así las cosas, su versatilidad no fue ajena a nuestra cinematografía, de manera que, durante la década de los 70, y buenas parte de los 80, Paul Naschy (nombre artístico de Jacinto Molina Álvarez) fue uno de los iconos del cine fantástico tanto patrio como internacional, con éxitos del calibre de La marca del hombre lobo, El espanto surge de la tumba o la película de la que hoy voy a hablaros: La noche de Walpurgis.

Con La noche de Walpurgis, Paul Naschy retoma uno de sus personajes más famosos, el licántropo Waldemar Daninsky. El director argentino Leon Klimovsky, uno de los artesanos habituales del cine de género de la época, fue el encargado de trasladar a imágenes, con ajustado presupuesto pero tremendo ingenio e imaginación, uno de los impagables guiones del propio Naschy, donde infinidad de elementos característicos del cine de terror se aúnan: cementerios, vampiros, bosques sombríos, hombres lobos, castillos siniestros…

Una película irrepetible, tan desenfadada como lírica, tan divertida como elegante: un tebeo de imágenes en movimiento dibujado con un buen gusto innegable que se transformo no solo en uno de los grandes éxitos de la época sino en uno de los clásicos indiscutibles de nuestro cine.

Selección y reseña: Alberto Jiménez Liste (Departamento de Lengua Española y Literatura)

JURASSIC PARK (STEVEN SPIELBERG)

Jurassic Park es una película que la mayoría de nosotros hemos visto, la pregunta es: ¿Quién no ha escuchado alguna vez su famosa banda sonora? Ésta fue compuesta y dirigida por John Williams para la producción cinematográfica que estoy comentando, cuyo director  fue el conocidísimo Steven Spielberg, que hizo posible que debido al buen recibimiento que tuvo su obra en cines por parte de la audiencia en el año de estreno en 1993 hoy en día podamos contar con una sorprendente saga, de la cual sus seguidores estamos bastante expectantes porque la última dejo un final abierto a la imaginación.

La primera película de la saga, y en la cual me voy a centrar,  recibió bastantes premios en su momento de auge, así como el Oscar a la mejor edición de sonido o el de mejores efectos visuales, y es totalmente verificable porque mientras estás disfrutando de esta película te sumerges tanto en ella que, con la ayuda de las imágenes y los sonidos tan realistas que se utilizaron, somos capaces de meternos en la trama y sentir los momentos más tensos; por supuesto también con la ayuda de los actores. Cabe destacar que claramente, a lo largo de los años, los efectos anteriormente nombrados han ido mejorando en las películas posteriores, pero en esas fechas se aprovecharon al máximo los avances tecnológicos para conseguir un resultado que habla por sí solo.

Ahora sí, comencemos con la acción.

Ésta película nos pone ante una situación que en la actualidad, a pesar de todos los recursos que posee la sociedad en la que vivimos, nos parecería increíblemente  irreal.

Ellie Sattler, quien es representada por Laura Dern, es una profesional paleobotánica  que junto con Alan Grant, interpretado por Sam Neill, está llevando a cabo una expedición arqueológica bastante importante. A continuación aparece en la historia uno de los personajes más relevantes , ya que es nada más y nada menos que el creador de Jurassic Park, un parque jurásico formado por atracciones biológicas vivas, asombrosas, que cautivarían nuestra imaginación. Pues John Hammond, que así es como se hace llamar, ofrece a Sattler y Grant ir a la isla de Nublar en Costa Rica, donde está llevando a cabo este gran proyecto. Tras pensarlo, toman la invitación y junto con el matemático Malcolm (Jeff Goldblum) y el representante de los inversores del parque, Robert Muldoon  visitarán el parque jurásico que les dejará atónitos y ayudarán en lo que sea necesario. Como en la mayoría de las películas, todo se complica con la entrada de un personaje, que en este caso es Dennis Nedry, un informático que ha sido contratado por un científico de manera ilegal para robar los embriones de las quince diferentes especies que posee el parque.

Cuando nuestro grupo de protagonistas pisa el parque se les hace una introducción de cómo funciona todo, y  una de las cosas más importantes y que a cualquiera le llamaría la atención es: ¿Cómo se han creado estos dinosaurios? Pues bien, esto es posible gracias a un simple mosquito que extrajo la sangre de un dinosaurio como otro cualquiera y tras ello cayó en la savia de un árbol que con el tiempo se cristalizó y fue cubierto por capas de sedimentos; con el paso de los años, en una de las excavaciones del señor Hammond, encontraron  la estructura tan codiciada, que como elemento característico observaremos en el mango del bastón del director en todo momento. Después de tomar la muestra se extrajo de la piedra la sangre de dinosaurio, que contenía el insecto, y con la propia estructura de ADN en una gotita de sangre se rellenan los huecos con ADN de rana…y así da por  fin lugar el primer dinosaurio después largos años. Más tarde aparecen los nietos de Hammond, Timy Lex, los primeros niños en tener el placer de visitar el parque jurásico de su abuelo.

Como ya he dicho antes Dennis Nerdy desarrolla un papel que altera todo, ya que, en el momento de entrar en acción para robar los embriones, desactiva la seguridad en las puertas de todo el parque, incluidas las que mantienen a los dinosaurios aislados, y éste es el momento en el que comienza el terror…

En mi opinión, considero que todas las personas a las que les gusten las películas de ciencia ficción, terror y aventuras disfrutarán con este clásico moderno de Steven Spielberg.

Selección y reseña: Mari Luz Montanel (alumna de 4º D)

EL MÉDICO (Philip Stölzl)

Esta película transcurre en una Edad Media donde la vida no era muy fácil que digamos. Está ambientada en una Inglaterra antigua, donde nace un niño en una familia pobre a la que le ocurren varias tragedias. De entre ellas, la más importante es el fallecimiento de su madre a causa de la enfermedad del costado (una apendicitis mortal en la Edad Media). A partir de esa tragedia el niño tiene un deseo, que es aprender a curar esa enfermedad. Al quedar huérfano se interesa por la medicina y consigue ser acogido como aprendiz por un barbero curandero que debido a su interés le enseña su oficio.

Un día el barbero comienza a tener graves problemas de visión debido a una enfermedad de cataratas y decide ir a un médico de origen judío que consigue mediante una operación salvarle la vista. Allí Rob, el niño huérfano, se da cuenta de que la medicina va más allá de las habilidades que el barbero le ha transmitido.

Rob decide averiguar el lugar de procedencia de esas habilidades y consigue la información de que en Isfahán había un médico con un castillo solamente para curar enfermos y enseñar a futuros médicos. Sin dudarlo, se despide de su compañero y se dirige hacia allí, a la otra punta del mundo.

Conoce a una chica en el trayecto la cual le atrae,al llegar tiene algunos problemas para entrar en la madrasay se tiene que hacer pasar por judío. Una vez comenzados sus estudios se encuentra con una epidemia de peste negra que se expande por toda la ciudad creando el terror en Persia.

Ya superada la peste, Rob va más allá de las enseñanzas de su maestro y decide contra las normas de la religión abrir el cuerpo de un cadáver con la intención de saber cómo es el interior de un cuerpo humano.

Gracias a su atrevimiento consigue aprender a curar enfermedades como la enfermedad del costado y supone un avance importante en el campo de la medicina.

Recomiendo la película porque nos sirve para conocer otras religiones y ver como avanzan los conocimientos en el mundo de la medicina pero sobre todo por la historia o trama de la película.

Selección y reseña: Sergio López (alumno 3ºESO C)

EL CHICO (Charles Chaplin)

Con El chico, Charles Chaplin facturó una de esas películas por las que no pasa el tiempo y que, a día de hoy, sigue despertando esas mismas emociones que procuraba en su fecha de estreno: 1921.

Debes saber que en 1921 el cine todavía no había adquirido la naturaleza narrativa que tiene hoy, y los creadores de películas debían ingeniárselas para ir confeccionando una serie de recursos (encuadres y edición, fundamentalmente) que permitieran que la trama avanzara y emocionara al espectador. Era además cine mudo, y la música se tocaba en directo, estando compuesta, en el caso de la obra maestra que nos ocupa, por el propio Chaplin, para piano (quien esto escribe ha tenido el privilegio de asistir a una inolvidable sesión donde se exhibió de esta manera la película).

Por si esto fuera poco, en aquella época tampoco se había descubierto todavía la emulsión que permitiera fotografiar la película en color, por lo que Chaplin tuvo que poner todo su ingenio (que era extraordinario) en el asador para lograr unos expresivos claroscuros que, hoy por hoy, otorgan a El chico una atmósfera irrepetible, única.

Por encima de todas estas peculiaridades técnicas tenemos algo que suele ser habitual en el cine del gran genio anglosajón: la ternura. La quimera del oro, Una mujer de París, Luces de la ciudad o Candilejas  destilan, en algunas de sus memorables escenas, una grata ternura que, en el caso de El chico, subraya todo el metraje.

En esta ocasión, Chaplin nos cuenta la historia de un niño abandonado por su joven madre en un lujoso vehículo que, inesperadamente, va a ser robado y abandonado en un barrio marginal, por lo que el pequeño en cuestión llegará, como no podía ser de otra manera, a manos del vagabundo de inmenso corazón que es todo un icono de nuestra cultura popular.

La película, de poco más de una hora de duración, mantiene un ritmo perfecto, donde el humor y el drama van de la mano, recordando por momentos nuestra querida tradición picaresca (nos cuenta las travesuras de los desamparados personajes para hacer frente a un mundo adverso) y adelantándose en años a la tradición del neorrealismo italiano, donde hemos de cifrar otros incuestionables clásicos como Ladrón de bicicletas.

Selección y reseña: Alberto Jiménez Liste (Departamento de Lengua Española y Literatura)


VOLANDO JUNTOS
(Nicolas Vanier)

Volando juntos, titulada en origen Donne-moi des ailes, es una coproducción franco-noruega dirigida por Nicolas Vanier, protagonizada por Jean Paul Rouve, quien da vida a un ornitólogo que estudia los gansos salvajes y su comportamiento migratorio, y por el joven Louis Vazquez, que encarna a su hijo adolescente.

El film, recomendado para todos los públicos, está inspirado en hechos reales, concretamente en la historia protagonizada por Christian Moullec, científico que hace 20 años realizó un vuelo en un ultraligero desde el Sur de Francia hasta el Círculo Polar Ártico con el fin de mostrar a los gansos salvajes una nueva ruta que los alejase de los peligros, derivados del hombre y de sus acciones sobre el entorno, a los que se enfrentan en sus vuelos migratorios.

El punto de partida de la película es sencillo: Thomas es un chico adolescente como tantos otros (ya sabemos: obsesionado con su móvil, su ordenador y su conexión a Internet) que se ve obligado a pasar una temporada con su padre, un científico centrado en su trabajo que, en algunos momentos, parece más interesado en los huevos de ganso que tiene en una incubadora que en intentar entender al adolescente que tiene a su lado. 

Thomas olvida rápido que no tiene conexión a Internet para observar lo que le rodea y, en especial, los huevos que su padre cuida con tanto mimo. Y tras los huevos, claro, vendrán los polluelos, y Thomas y Christian criándolos disfrazados, fingiendo ser sus padres con la finalidad de lograr que les sigan en su vuelo con ultraligero. Así, Thomas parece querer reflejar esa nueva generación de jóvenes que toman conciencia ecológica y que nos recuerdan, como se dice en la película a modo de cierre, que “la tierra no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos”.

Es Volando juntos, no se puede negar, una cinta bastante previsible en su argumento; sin embargo, esa previsibilidad la hace ser plácida y agradable, especialmente si uno ha ido al cine con la intención de relajarse y disfrutar. Resulta fácil imaginar el camino que va a seguir y, más aún, deseamos que suceda lo que al final acaba ocurriendo. Posee imágenes en entornos naturales verdaderamente hermosos y una banda sonora que transmite paz y, por momentos, deseos de trascendencia.  Quizá sean todos estos ingredientes los que la hacen tan fácil de ver y logran que se salga del cine con buen sabor de boca, pensando en una historia que es un como un cuento sencillo, bien contado, y que incluso a un preadolescente (aficionado a las películas de superhéroes de Marvel, cómo no) le parezca una buena película para una tarde de domingo.

Selección y reseña: Esther Herguedas (Departamento de Lengua Española y Literatura)

EL REY PASMADO (Imanol Uribe, 1991)

La película de esta semana nos traslada al Madrid del siglo XVII, concretamente a los inicios del reinado de Felipe IV, la pujanza de la  “Monarquía Hispánica” de su “Católica Majestad”. No es la “época esplendorosa” de Carlos I y Felipe II, pero la crisis que golpeó a los “Austrias menores” aún no ha llegado. El “Imperio español” sigue siendo hegemónico. 

En esta ocasión el argumento viene servido por  el soporte literario de Gonzalo Torrente Ballester, autor gallego de obras tan reconocidas como Los gozos y las sombras  (adaptada para T.V por Rafael Moreno Alba en 1981) o La saga/fuga de J.BLa crónica del rey pasmado  novela en la que se basa el presente largometraje, fue publicada en 1989, es decir dos años antes de su traslado a la  gran pantalla. 

La trama, alineada en un realismo mágico (el carácter “misterioso” se apreciaría en varias escenas y en la atmósfera “de cuento” de la película)  tendría sin embargo, un carácter bastante verosímil en los aspectos de vida cotidiana, protocolo cortesano, mentalidades. Todo esto queda reflejado en  la ambientación (edificios, vestuario, fotografía, banda sonora, diálogos).

Una línea argumental básica  es el peso de la Iglesia, tanto que en vez de convertirse en un apoyo de la “monarquía autoritaria”, la obstaculiza, la lastra. Las luces y las sombras de la época se reflejan constantemente: Inquisición frente a tolerancia, mortificación frente a vitalismo, clarividencia frente a superstición, austeridad frente a sensualidad, sabiduría frente a ignorancia… 

No hay demasiadas películas históricas sobre el “Siglo de Oro” en el cine español, o mejor dicho, no hay demasiados largometrajes de calidad dentro del género. En los años 40 y 50 éstos fueron casi una obsesión dentro de la cinematografía del Franquismo, pero luego casi se huyó de ellos. En las últimas décadas se ha producido una revisión digna y coherente de los mismos El mes pasado me refería a las que transcurren en el siglo XVI (a las que podría añadir  El Dorado, 1988 o Juana la loca, 2001). Lo haré ahora con las que cuya trama se desarrolla  en el siglo XVII como El perro del hortelano, 1996 Alatriste, 2006 o las dos interesantes producciones vascas  Akelarre, 1983;  o Baztán, 2012. 

En cuanto a series que recreen estos siglos recordaré  como hace unas semanas Teresa de Jesús, 1984;  Miguel Servet. La sangre y la ceniza, 1988; Requiem por Granada, 1990 o las más recientes Isabel, 2012  y Carlos, rey emperador, 2015, además de la magistral La peste, 2017. Para viajar a la España del siglo XVII sin embargo, tendremos que ir hasta la genial producción de 1974 dirigida e interpretada por Fernando Fernán Gómez (además de un magnífico reparto),  El Pícaro.  Finalmente, una curiosa “miniserie” de calidad sería la coproducción de RTVE y Televisión de Cataluña Serrallonga, 2008 que sigue la trayectoria vital del bandolero catalán. 

De signo bien distinto, la popularización de esta época ha llegado con productos de lamentable calidad en la recreación histórica pero gran éxito de público como Águila roja, 2009.   

Volviendo a la presente  película, es de destacar el buen hacer de Imanol Uribe (La fuga de Segovia, La muerte de Mikel, Días contados, Bwana o El viaje de Carol) y el reparto que dirige (Gabino Diego, Eusebio Poncela, Juan Diego, Joaquim de Almeida, Javier Gurruchaga, Fernando Fernán-Gómez, María Barranco,  Laura del Sol…), que articularía la calidad de la obra que hoy nos ocupa. 

Surge  así, un largometraje de referencia dentro del cine español y concretamente, dentro del cine de recreación histórica, ganador de 8 “Goyas” hasta la fecha, además de estar nominada a 14 de ellos. Largometraje imprescindible del Cine Español y que por supuesto no podía faltar en LA PELÍCULA DE LA SEMANA.

Selección y reseña: Pedro Vizcaíno (Departamento de Geografía e Historia)

MUJERCITAS (Greta Gerwig, 2019)

No es la primera vez que Mujercitas, la popular novela de Louisa May Alcott, es llevada a la gran pantalla, pero sí que es la primera vez en la que la adaptación no tiene solo en cuenta el texto original sino que lo aprovecha como premisa para mezclar ficción y realidad, contando a través de las imágenes parte de la vida de la escritora, quien sin duda se basó en su realidad inmediata para concebir la célebre narración.

Dirigida por Greta Gerwig (quien debutara en 2017 con la película independiente Ladybird, por la que ya recibiera varias nominaciones al Oscar), en esta ocasión la cineasta cuenta con un mayor presupuesto, que posibilita una ambientación elegante que, sin embargo, no opaca la carga emotiva de una historia que sabe transmitir las dificultades que su protagonista, por su condición femenina, tuvo que superar para ver cumplido su sueño: ser escritora. Así las cosas, la película refleja perfectamente los cánones sociales que condicionaban ese mundo femenino decimonónico (la novela se publicó en 1868) que inspiró la creación de la escritora; un mundo en el que la mujer debía buscar un marido rico, siendo preferible su anonimato antes que su firma femenina como autora.

Pero no estamos solo ante un emotivo homenaje al valor de Louisa May Alcott, sino ante una película que destila sensibilidad y que sabe jugar perfectamente con el espectador, llevándole de manera delicada a través de los senderos ya del drama ya de la comedia, sin caer nunca en excesos, refrenando constantemente cualquier tipo de ampulosidad; por no hablar del precioso homenaje a la literatura que, en el fondo, es toda la película.

El elenco actoral es, sencillamente, soberbio. La música, tanto las piezas clásicas que suenan como la compuesta originalmente para la película, contribuye a subrayar este clásico inmediato del cine de hoy que, con personal estilo, nos habla de un ayer muy, muy reciente.

Selección y reseña: Alberto Jiménez Liste (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Jojo Rabbit (Taika Waititi, 2019)

Este filme producido por Taika Waititi, basado en la novela de Christine Leunens, está teniendo
una crítica muy favorable tanto por expertos como por el público en general. Siendo nominada
a seis Óscar, incluida mejor película y guión adaptado.

En esta película un niño de diez años adoctrinado en el régimen Nazi, se va a enfrentar a una
lucha de sentimientos y confrontación de ideologías tras una serie de acontecimientos
relevantes. Aunque tenga una ideología muy arraigada, Jojo (como se llama el protagonista),
no deja de ser un niño, con una imaginación espectacular, en busca de aventuras y con un
amigo imaginario muy especial, ni más ni menos que una versión cómica e infantil del führer.

Los personajes que protagonizan la historia están llenos de matices, pudiendo destacar entre
ellos al mismísimo Jojo, con una expresión corporal-facial de las emociones inigualable. Sin
olvidarnos de su madre, interpretada por Scarlett Johansson, que debido a su gran actuación
está nominada a los Oscar como actriz secundaria; y de su mejor amigo un niño que desatará
las carcajadas del espectador.

Durante el desarrollo de la cinta el espectador va a recorrer una montaña rusa de emociones,
perfectamente cohesionadas. Por ello es una película totalmente diferente a cualquiera que
hayamos visto tratar esta etapa violenta del siglo XX.

Finalmente me gustaría destacar que esta película es un canto a la vida, incita a disfrutar del
momento de felicidad presente efímero, al igual que el de la tristeza, por ello, siempre que se
pueda, es necesario “bailar”.

Selección y reseña: José Antonio Sanz (Departamento de Biología y Geología)

Atípico (2017)

Serie de televisión: Comedia dramática.

País: Estados Unidos

Dirección: Robia Rashid (Creador), Michael Patrick Jann, Ryan Case, Joe Kessler, Seth Gordon, Wendey Stanzler, Silver Tree, Ken Whittingham, Pete Chatmon, Geeta Patel, Pam Thomas, Michael Medico, Annabel Oakes, Robia Rashid

Reparto: Jennifer Jason Leigh, Keir Gilchrist, Brigette Lundy-Paine, Amy Okuda, Michael Rapaport, Graham Rogers, Nik Dodani, Raúl Castillo, Rachel Redleaf, Jenna boyd

Productora: Sony Pictures Television

La serie Atípico nos adentra en el día a día de Sam, un joven con Trastorno del Espectro Autista (TEA) que se encuentra en su último año de instituto.

Las peculiaridades de Sam han condicionado a toda su familia. Su madre, Elsa, ha vivido una experiencia maternal tan abrumadora e intensa que ha llenado todos los aspectos de su vida, lo que ha provocado que el padre de Sam, Doug se haya sentido desplazado. Por otro lado, la hermana menor de Sam, Casey, ha crecido a la sombra de su hermano, y aunque algo cansada de tener que estar pendiente de él, a la vez es uno de sus mayores apoyos al contribuir a desdramatizar la situación.

Pero ahora Sam, que ha vivido toda su vida bajo el escudo protector de su madre y ha dedicado toda su pasión a la Antártida y a los pingüinos, decide buscar una novia, animado por su terapeuta Julia, de que la que está secretamente enamorado.

Para ello cuenta con su amigo Zahid, optimista nato, con el que tiene la relación más natural, ya que lo acepta tal como es y le ayuda a entender a los “normales”.

Sin pretender mostrar una única forma de autismo, ya que el espectro es muy amplio, nos ofrece un retrato optimista de un adolescente inteligente, pero limitado por su falta de empatía y resistencia a los cambios, que afronta esta nueva aventura con valentía, curiosidad y en ocasiones, estupor.

A lo largo de las tres temporadas de la serie conoceremos a Paige, que si bien es protectora, también le plantea exigencias emocionales y le descubre la sexualidad, viviremos su paso a la universidad y veremos cómo los miembros de su familia empiezan a vivir sus vidas un poco más.

Una bonita comedia con un toque dramático sobre el amor, las dificultades y la sensación de ser distinto, porque… ¿quién no ha sido Sam en algún momento?

Selección y reseña: Patricia Chavarrías (Departamento de Lengua española y Literatura)

1917 (Sam Mendes, 2019)

Desde sus orígenes, el cine ha sido un arte peculiar, estrechamente ligado a esa Revolución Industrial que lo vio nacer y, por ende, a los avances tecnológicos. Así como el teatro es un espectáculo en directo, que necesita, como hecho fundamental, del actor y su arte declamatorio, la cinematografía inventó la acción en diferido, necesitando, para su razón de ser, la cámara. La cámara, el gran invento de los hermanos Lumiere, fue un elemento novedoso en el devenir de la expresión artística, pues introducía inusitadas posibilidades a la hora de plasmar la realidad. Poco a poco, de ser utilizada como mero testigo, así en títulos seminales como La salida de una fábrica Lumiere o la Llegada del tren a la estación, pasó a ser utilizada con finalidades narrativas y expresivas, sobre todo cuando el arte del encuadre se unió a las posibilidades del montaje cinematográfico, que posibilitaba recursos dramáticos novedosos. David Ward Grifith, Sergei Mihailovich Eisenstein o Charles Chaplin fueron algunos de los nombres que dieron un nuevo impulso al arte de la imagen en movimiento. Tras ellos, llegaron otros creadores, innovadores que utilizaron tanto su ingenio como los avances técnicos para perfeccionar el lenguaje cinematográfico: Friedrich Wilhem Murnau, Ernest Lubitsch, Fritz Lang, Max Ophüls u Orson Welles…

Gracias a algunos de estos cineastas, la cámara comenzaba a moverse, llevando al cine hacia nuevos cauces expresivos: el magistral uso de la grúa en las películas de Ophüls, el larguísimo plano con el que se abría Sed de malde Welles. En este sentido, Alfred Hitchcock fue también un director en busca de la argucia técnica, facturando películas que ya desafiaban la posibilidad de estar facturadas en tan solo un plano, tal y como ya ocurriera en La soga, una de las grandes películas del maestro del suspense, quien aprovechaba los cruces de los actores por delante de la cámara para cambiar el rollo de metraje, puesto que Hitchcock estaba muy lejos del actual cine digital. Otras películas de Hitchcock, como Atormentada, La ventana indiscreta, Psicosis o Frenesí también presentaban, sino planos secuencias, movimientos de cámara largos para la época, y de una extrema complejidad técnica (todavía no habían llegado ni los drones ni la resolución en 4K).

Así las cosas, Sam Mendes, en 1917, no es el primer director en usar el plano secuencia como recurso dramático, si bien su película no deja de ser una virguería técnica al servicio del impacto dramático que, indudablemente, va a influir de una manera decisiva a la hora de aproximarse a diversos géneros, que sin duda van a ser redefinidos a través de lo que seguro acabará siendo una nueva moda.

Desde un comienzo, el uso de la cámara, como observador en permanente seguimiento del actor protagonista de la película, no solo dota a la película de una particular belleza sino que otorga una insólita sensación de inmersión al espectador, quien acompaña durante todo el metraje a George MacKay(actor elegido por Mendes para encarnar al soldado Schofield).

Lo primero que sorprende es el pausado ritmo de la trama. La película se abre durante un momento de descanso por parte de la tropa, cuando un mando encarga una decisiva misión a dos soldados que, poco a poco, irán internándose en tierra hostil, puesto que deben atravesar territorio enemigo para llegar a las filas aliadas, con el propósito de frenar un ataque. Sorprende también cómo la ausencia de montaje transmite la idea de estar ante unos decorados megalómanos, detallados, aportando al drama un verismo tan insólito como subyugante. Además, otra de las genialidades de 1917 es la renuncia de Sam Mendes a la espectacularidad característica de algunas películas bélicas recientes. Opta por dar una visión del campo de batalla fantasmal, silente, llevando su película hacia terrenos inquietantes que parecen más propios del cine de suspense y terror, tal y como ocurre durante las secuencias en las trincheras y barracones abandonados de los alemanes.

Sin embargo, el verismo que los efectos especiales actuales pueden aportar a las películas hace que una escena casi bucólica (los soldados contemplando un lejano combate aéreo sobre un tranquilo páramo) dé un giro de 180 grados y se transforme en una de las escenas más sorprendentes y contundentes del cine de los últimos años.

La guerra es como la vida, inesperada. La muerte puede aguardar tras la próxima esquina, pero también hay lugar para la esperanza y el amor. El avión puede caer trayéndonos lo fatal, pero tras una secreta puerta podemos encontrar esa cálida habitación en la que late una nueva vida. En este sentido, 1917 es un bonito carrusel de sensaciones, donde la belleza y el horror, la violencia y la piedad conviven. Además de esa intención poética, Mendes basa algunas de sus soluciones visuales en algunos títulos o movimientos artísticos de primer orden dentro de la historia del cinematógrafo. Por momentos, la fotografía de Roger Deakins se transforma en un obvio homenaje al expresionismo alemán (repárese en la iluminación de la ciudad en ruinas), como si su propuesta audiovisual pretendiera ser un compendio entre el ayer y el hoy; y es que no hemos de olvidar que todo clásico debe su vigencia a su dependencia de la tradición.

Podemos jugar a adivinar dónde residen los hábiles cortes en la imagen que favorecen esa ilusoria sensación de continuidad, pero quizás sea más justo dejar tamaña tarea a la hábil especulación de cada espectador, y señalar la eficacia que en la película tiene tanto la música como el uso del sonido, logrando algunos de los más emocionantes momentos del metraje, como la paulatina aparición del pelotón, sentado en mitad del bosque, abismado ante la melodía cantada por uno de sus soldados.

Además, no debemos cerrar esta breve reseña sin reparar en la solvencia de un elenco actoral en el que nadie desentona, y donde destaca la presencia, en momentos puntuales, de actores de primer orden como Colin Firth o Benedict Cumberbatch.

¿Ganará el Oscar a la mejor película? ¿Cuántas estatuillas se llevará? ¿Vencerá a duros competidores como Joker, El irlandés, Érase una vez en América o Historia de un matrimonio? Son estas preguntas sin respuesta, por el momento, que si bien nos llevan a ese juego de las adivinanzas y de los chascarrillos que tanto nos gustan, no dilucidan nada respecto de la calidad de las películas que este año han sido seleccionadas.

Selección y reseña: Alberto Jiménez Liste (Departamento de Lengua Española y Literatura)

El regreso de Martin Guerre (Daniel Vigné, 1982)

El largometraje que llega a “La película de la semana” nos lleva en este caso al siglo XVI.

La filmografía que recrea esta época, sin ser demasiado abundante, cuenta con ejemplos diversos, algunos de ellos interesantes y en ocasiones de calidad, así,en cuanto a la “Reforma”, resulta reseñable Lutero (2003), interpretada por Joseph Fiennes. En Centroeuropa (y en el mundo rural) se sitúa también El rebelde (1969) de Volker Schlöndorff con alguna secuela posterior o el Renacimiento en los Países Bajos, con El molino y la cruz (2011) en torno a Brueghel el Viejo.

Podríamos hablar también aquí de otro “subgénero” centrado en la conquista de América, Aguirre, la cólera de dios (1972 ) de W. Herzog o La caza real del sol (1969) de Irving Lerner. Por supuesto largometrajes españoles como El Dorado (1988) de Carlos Saura o Cabeza de Vaca (1991), interpretada por Juan Diego, encajarían en este perfil. El más reciente ejemplo en este sentido sería la serie de producción española, Conquistadores: Adventum (2017).

Siguiendo por tanto, con el cine español y dejando atrás las producciones franquistas de “cine patrio”, que tanto se fijaron en el siglo XVI, aparecen a finales de los 70 y principios de los 80 títulos como El hombre que supo amar (1978) o Extramuros (1983), ambas dirigidas por Miguel Picazo o series de TV como Cervantes (1980) de Alfonso Ungría, Teresa de Jesús (1984) de Josefina Molina o Miguel Servet. La sangre y la ceniza (1989) de José Mª Forqué. Ya en el siglo XXI nos encontraríamos con ejemplos como Los Borgia (2006), El Greco (2007) La conjura del Escorial (2008) o La princesa de Éboli de 2010. Recientemente otras como la señalada en otro momento Isabel, a caballo esta última entre los siglos XV y XVI y Carlos, rey emperador (2015), constituirían otros ejemplos. La más reciente sería la magnífica serie La peste (2017) cuya temporada 2 está en curso.

Centrándonos en la Francia del siglo XVI, hay que comenzar por el cine mudo con El asesinato del duque de Guisa (1908) cuya banda sonora fue compuesta por el gran Camille Saint-Saens o La dama de Monsoreau (1913), basada (como La reina Margot) en la obra de Alejandro Dumas. Pocos años después, Griffith en las diferentes historias de Intolerancia (1916) incluye también una situada durante las “Guerras de Religión” en Francia. Ya en los años 50 nos encontramos con La princesa de Éboli (1955), curiosa película protagonizada por Ollivia de Havilland y Gilbert Roland o Diane (1956) basada en Diana de Poitiers, amante de Francisco I. Sobre este último tema aparece la versión de 1561 de La princesse de Clèves. En 1978 nos encontramos con La guerre des trois Henri. En este contexto, hay que destacar por supuesto La reina Margot con dos versiones (una protagonizada por Jeanne Moreau en 1954, y otra más reciente y famosa por Isabelle Adjani en 1994). En estas última década citaríamos también Nostradamus (1994), interpretada por Tchéky Karyo (que también tiene una pequeña aparición en el largometraje que nos ocupa). Producciones ya en el siglo XXI serían, Saint-Germain ou la Négociation (2003), interpretada por Jean Rochefort y Henri IV con versión para la gran pantallao La princesa de Montpensier (ambas de 2010).

Sin embargo,lejos de los “grandes nombres de la Historia”, el hecho de narrar la vida campesina, la vida cotidiana de una comunidad rural no es algo habitual en obras citadas anteriormente. Tendríamos que retomar al citado director Ermanno Olmi con su El árbol de los zuecos (1978) para recrear dicho contexto, en este caso en la Italia de finales del siglo XIX. El retorno de Martin Guerre está basada en un hecho real de suplantación de personalidad que a la vez inspiró a la historiadora Natalie Zemon Davis, un libro a medio camino entre la novela y el ensayo riguroso. En cualquier casola propuesta que su director Daniel Vigné nos hace, no es solo un “tableau vivant” asemejando escenas de Brueghel el Viejo, sino que respaldado por esa magnífica puesta en escena, diálogos, etc, el largometraje crea una historia de intriga y tensión a lo largo de su desarrollo. Por supuesto, no podemos dejar la recordar la versión norteamericana de esta historia cuyo título, para aquellas y aquellos que no lo hayan visto, planteamos como un acertijo.

Para acabar, destacar la magnífica interpretación de la pareja protagonista, además del buen hacer del resto del reparto. Glosar aquí la carrera de uno de los iconos del cine francés (y hasta hace poco de Francia) como Gérard Depardieu, sería poco menos que imposible, así que señalaremos solo su participación en algunas producciones ambientadas en distintas épocas como Cyrano, Tous les matins du monde, Danton, El conde de Montecristo o Los miserables. Una razón más para revisar el largometraje que “La película de la semana” reseña hoy.

Selección y reseña: Pedro Vizcaíno (Departamento de Geografía e Historia)

El cuervo (Roger Corman, 1963)

En esta ocasión hemos decidido relacionar dos de nuestras habituales secciones de los miércoles. Si en el apartado de “La Poesía de la Semana” os hablamos del poema de Edgar Allan Poe, “El cuervo”, aquí traeremos a colación la versión que con el mismo título llevó a cabo Roger Corman, uno de los grandes maestros del cine de bajo presupuesto, quien contribuyó mucho a la popularización del nombre de su autor.

Lo primero que hay que destacar es que El cuervo de Corman difiere tremendamente de su base literaria, por lo que no es descabellado decir que este avispado productor y director lo utilizó tan solo como premisa, facturando una de las películas más atípicas (a la par que divertidas) de la saga de títulos inspirados en el universo del autor de Narraciones extraordinarias. Así, Corman utilizó el nombre del gran escritor con finalidades comerciales, pensando (y no equivocándose) que su popularidad entre los amantes de la literatura incrementaría el número de espectadores que acudirían a disfrutar de títulos (hoy clásicos del cine de terror) como La tumba de Ligeia, La máscara de la muerte roja, La caída de la casa User, o Historias de terror (donde, entre otras, se adaptaba el célebre cuento de Poe titulado “El gato negro”).

Además, Corman tuvo el acierto de relacionar sus estupendas películas (de no excesiva duración, por lo que ganaban en intensidad) con uno de los grandes rostros del cine fantástico: el británico Vicent Prince, quien en El cuervo lleva a cabo una de sus más recordadas interpretaciones, con un arrebatador toque humorístico.

Porque, ante todo, y ahí radica una de las singularidades de esta propuesta, El cuervo de Roger Corman, a diferencia del poema, no elige los atormentados vericuetos que gustaban a Poe, sino que opta por la comedia y el tono desenfadado, contándonos una historia llena de fantasía en la que tres magos pondrán a prueba sus increíbles poderes por lograr el poder (en lo que puede interpretarse todo un precedente de las recientes películas, también inspiradas en obra literaria, de Harry Potter).

A destacar también la fotografía de la película, con un uso del color que es uno de los rasgos identificativos de un irrepetible cine de evasión que ya se fue y que, hoy por hoy,  puede disfrutarse aún más gracias a ese melancólico sentimiento que no es otro que la nostalgia.

Selección y reseña: Alberto Jiménez Liste (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Errementari (Paul Urkijo Alijo, 2017)

Errementari (El herrero y el diablo) es una película española producida por Álex de la Iglesia y dirigida por Paul Urkijo Alijo que se estrenó en 2017. Sus 96 minutos se hacen amenos gracias a una acción ágil, la voz del narrador hábilmente insertada y, sobre todo, la fotografía, que muestra un pequeño pueblo de Álava a mediados del siglo XIX, diez años después de la Primera Guerra Carlista. El folklore vasco se combina con la fantasía y el terror para dar lugar a una original película de serie B que, si bien no cuenta con un elevado presupuesto, resuelve con bastante solvencia las dificultades técnicas, lo que le valió la nominación a los Premios Goya de 2018 a Mejores Efectos especiales.

Usue es una niña huérfana cuya madre se suicidó. Todos le dicen que, al haber muerto de esta manera, forzosamente su madre debía haber ido al infierno. El herrero es un hombre misterioso que vive aislado y sobre el que corren rumores de que mató a su mujer y que realizó pactos satánicos. La vida de ambos se cruza por accidente cuando Usue entra en casa del herrero buscando la cabeza de su muñeca, que uno de sus amigos había decapitado y lanzado allí. A partir de este momento, a través de la niña vamos a ser testigos de quién es realmente el herrero y qué secretos esconde su solitaria y apartada vida.

Un fino humor impregna también la historia, con sorpresas en el giro de los acontecimientos. La amenaza satánica aparece confrontada con la ideología carlista que el cura defiende, que reniega de todo liberalismo. Las escenas tienen mucho de escenografía teatral, con planos fijos y expresivas interpretaciones. El colorido es especialmente hermoso, buscando fuertes contrastes y un tenebrismo que pone de relieve la luz.

La película empieza y termina con un narrador que cuenta una historia y esta sensación de cuento se mantiene gracias a los elementos tradicionales y fantásticos que están presentes. Pero además es un cuento que aporta una enseñanza: que las apariencias engañan y que hasta los demonios pueden, en algunos casos, enmendarse.

Errementari es una historia original, con un diseño de las imágenes muy particular y que ofrece el placer de estar contemplando, en muchas de las escenas, un auténtico espectáculo teatral. La contrapartida puede ser haber perdido oportunidades de demostrar un mayor dominio del lenguaje visual cinematográfico, con mayor monotonía de planos y ángulos.

Selección y reseña: José Alberto Martín Manzera (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Feliz Navidad (Christian Carion, 2005)

Acaba el trimestre y con él llega la última película del año, que no del curso. En esta ocasión nos centramos  en el evento de la 1ª Guerra Mundial. La elección del largometraje aparte de coincidir con las fechas navideñas, recuerda un  suceso ocurrido hace poco más de 100 años. El hecho al que hace alusión fue la insólita, aunque efectiva, tregua que tuvo lugar durante la Navidad de 1914 en las trincheras del frente occidental a los pocos meses de iniciarse la contienda. 

En “La Película de la semana”  ya han aparecido en otras ocasiones largometrajes cuya trama se desarrolla durante la 1ª Guerra Mundial como Senderos de Gloria  o Largo domingo de noviazgo y en esta última ocasión  hicimos alusión, como viene siendo habitual,  a diversos títulos que tratan este hecho en el cine. 

Algunos de estos largometrajes estarían apoyados en novelas (y experiencias personales) de grandes escritores como Erich Mª Remarque o Ernest Hemingway teniendo así, la mayoría de los mismos, un carácter antibelicista y sirviendo de esta manera para denunciar lo absurdo de la guerra. Desde un punto de vista humorístico Jaroslav Hasek nos da su visión en “Las aventuras del buen soldado Svejk” y ya en el año 2011, el inicio de la trilogía “The century”, “La caída de los gigantes” de Ken Follett”, serían solo algunos ejemplos. 

El presente largometraje ofrece también,  una cuidada reconstrucción de aquel momento en lo referente a escenografía (cocabulario, vestuario, vida material, mentalidades,  etc.), siendo patente a lo largo del desarrollo de la trama. 

Todo ello contribuye, aparte del propio guión basado en el hecho real señalado antes, a la gran carga emotiva de esta obra que gana en intensidad a medida que se desarrolla su acción.  A esta magnífica realización ayuda la fotografía de Walther Vanden Ende.

Mención aparte merece por supuesto la banda sonora y concretamente las interpretaciones musicales que aparecen en la película, en la banda sonora dirigida por Philippe Rombi.

Finalizaré haciendo una breve reseña cinematográfica del citado director Christian Carion (Une hirondelle a fait le printemps,  traducida como La chica de Paris, 2001) y El caso Farewell  (2009). 

En cuanto al reparto destacaré ciertos nombres como Daniel Brühl  (Good Bye LeninSalvadorMalditos bastardos),  Diane Krüger (TroyaMalditos bastardos), Guillaume Canet  (La playa, Vidocq , El caso farewell ), Dany Boon (Bienvenidos al norte, Nada que declarar) o Gary Lewis (Billy Elliot , Outlander). 

Comentar por último los premios a los que fue nominada: Candidata al Óscar a la Mejor película en lengua no inglesa, Candidata al Globo de Oro a la Mejor Película en lengua no inglesa, Candidata al BAFTA a la Mejor Película extranjera.

Nada más.  Así que “Feliz Navidad” y hasta la “peli” que viene. 

Selección y reseña: Pedro Vizcaíno (Departamento de Geografía e Historia)  

Frozen 2 (Jennifer Lee, Chris Buck, 2019)

Estas navidades llega a nuestros cines la secuela de la película Disney más exitosa de los últimos años. La primera parte de Frozen (2013) es, junto con su banda sonora, parte de la vida de muchos niños nacidos en los 2010. La segunda parte había levantado mucha expectación, no sólo por el éxito de la primera, sino porque algunos fans pedían que Elsa, que era la primera princesa Disney que no sucumbía al amor romántico y al príncipe azul, diera un paso más hacia la aceptación de la diversidad sexual y “saliera del armario” convirtiéndose en la primera princesa Disney lesbiana. Finalmente, eso no ha ocurrido, pero para los más pequeños, Frozen 2 cumple con todas las expectativas y con alguna más.

Cuando Elsa, que vive tranquilamente en Arendelle con Anna, Kristoff, el reno Sven y Olaf, siente la llamada de los espíritus del bosque y se da cuenta de que tiene que buscar ahí la verdad sobre sus orígenes y sus poderes, se embarca en otra aventura congelada en la que, al principio, está acompañada por su hermana y sus amigos. Tras encontrar a la tribu de los Northuldra y a los soldados de Arendelle atrapados en el bosque, Anna y Elsa descubren la verdad sobre alguno de sus antepasados y por qué murieron sus padres. Elsa decide entonces viajar sola a Ahtohallan, el río mágico en el que entenderá el por qué de sus poderes. A pesar de que el viaje es peligroso y en ocasiones todo parece perdido para la reina del hielo y los suyos, finalmente consiguen dar con la clave para salvar Arendelle y poder convivir en paz con los Northuldra.

Del mismo modo que Frozen supuso la actualización al siglo XXI de las princesas Disney, su secuela también presenta algunas novedades. La tribu de los Northuldra representa la diversidad étnica que se echó de menos en la primera parte, y el que Anna y Elsa tengan sangre Northuldra viene a contrarrestar la supremacía “blanca” de la película original. Asimismo, Mattias, el guardián del rey Agnarr, de raza negra, contribuye a esa nueva diversidad en el reino de Arendelle.

Por otro lado, Elsa y Anna demuestran una vez más que no necesitan de ningún príncipe azul para conseguir sus objetivos. De hecho, en esta segunda parte resultan algo ridículos los intentos de Kristoff de pedirle matrimonio a Anna, lo que se podría ver como una parodia de las miles de bodas románticas Disney del pasado. Como elemento cómico, Olaf sigue funcionando a las mil maravillas poniendo un toque de humor blanco (nunca mejor dicho).

En lo que a su banda sonora se refiere, Mucho más allá (Into the unknown) parece ser la destinada a ser la continuación del Suéltalo (Let itt go) que todos hemos cantado o escuchado hasta la saciedad. En los títulos de crédito en la versión original suena la versión de Into the unknown del grupo rock Panic! At The Disco. David Bisbal canta la versión en castellano con resultado más que dudoso. Finalmente, entre peticiones frustradas de matrimonio, Kristoff canta Lost in the Woods, baladón rock cuya versión de la banda indie Weezer también está incluida en la banda sonora:

https://www.youtube.com/watch?v=4gIkKZz7qSM

Selección y reseña: Ángela Peralta (Departamento de Inglés)

Día de lluvia en Nueva York (Woody Allen, 2019)

Gatsby y Ashleigh son una joven pareja de universitarios americanos que van a pasar un fin de semana romántico en Nueva York, la ciudad de él, aprovechando que ella tiene que entrevistar a un prestigioso director de cine alternativo para la revista de la universidad. El plan de Gatsby es enseñar a su novia el Manhattan que ama, el de los clubes de piano de jazz, el de los grandes museos, el de los matices de grises,… pero nada sale como estaba previsto. Ese día de lluvia en el que se desarrolla la acción acaba siendo un cúmulo de desencuentros y de encuentros con personas de lo más variopinto, y de desenlaces imprevistos.

En esta película, marcada por la nostalgia y engañosamente simple, aparecen los rasgos característicos de la obra de Woody Allen: diálogos chispeantes, referencias a la tradición judía, situaciones disparatadas, personajes en crisis existencial, referencias culturales,, como el propio nombre del protagonista, y un canto de amor a la ciudad de Nueva York. Todo puede ocurrir en la gran manzana, desde una revelación inconfesable del pasado de la madre de Gatsby, pasando por estar en el momento justo en el lugar adecuado, hasta tomar una decisión trascendental para tu vida en un coche de caballos paseando por Central Park.

La sonrisa no me desapareció durante toda la película y vuelve a mí cada vez que vuelvo a recordarla. Espero que la disfrutéis.

Selección y reseña: Ana Bellé (Departamento de Innovación Educativa)

HER (Spike Jonze, 2013)

Her es una película escrita y dirigida por Spike Jonze (Donde viven los monstruos, 2009; Cómo ser John Malkovich,1999) que ganó un óscar al mejor guion original. El protagonista de la trama es Theodore, un escritor que trabaja escribiendo cartas personales por encargo para una empresa y que, tras separarse de su mujer y pasar una temporada melancólico jugando a los videojuegos, descubre un nuevo sistema operativo basado en inteligencia artificial (Samantha) que es capaz de asimilar grandes cantidades de información a través de la Big Data. A pesar de no poseer entidad física, Theodore se enamora del programa informático y establecen una especie de relación sentimental.

Uno de los grandes aciertos de la cinta es la incorporación de la voz de Scarlett Johansson al sistema operativo, lo que le proporciona una inesperada sensualidad. Por otra parte, es espectacular el diseño de la fotografía y la utilización de los colores. Los tonos pasteles con los que se presentan los planos contrastan con la tristeza del personaje principal y la frialdad de un mundo dominado por la tecnología que es presentado en alta definición.

Aunque transcurre en un futuro, este no nos parece muy lejano, por lo que no se resiente la verosimilitud del argumento. La investigación en inteligencia artificial es una de las prioridades en nuestros días y precisamente esta se basa en la Big Data, a través de la monitorización de datos a gran velocidad. Por medio de esta sincronicidad es precisamente como se diseñan los algoritmos que seleccionan la publicidad personalizada que cada uno de nosotros vemos en las aplicaciones del móvil. La reproducción de la inteligencia humana se nos aparece como una idea cada vez más posible y, desgraciadamente, más plausible. Frente a la soledad y el enfrentamiento, la IA aparece como una solución mágica que promete resolver todos nuestros males e incluso los del planeta.

La interpretación del protagonista corre a cargo de Joaquín Phoenix, quien con su bigote nos sugiere una actualización del presente hípster a futuro geek. Se trata de un ser excesivamente débil y sensible, que no es capaz de enfrentarse a la realidad, como en un momento determinado de la película le refiere su exmujer. Además, pide casi siempre comida a domicilio, lo que nos recuerda a todas las empresas de este sector que se han creado en los últimos años debido a una alta demanda.

En mi opinión, se trata de una historia distópica, aunque alejada de otras del mismo género. En este caso la apariencia es agradable, como los colores que impregnan todo el largometraje, pero debajo se esconden inquietantes preguntas acerca de nuestro propio futuro.

Selección y reseña: José Alberto Martín (Departamento de Lengua Española y Literatura)

CINE ESPAÑOL. Mientras dure la guerra (Alejandro Amenábar, 2019)

El crack cero (José Luis Garci, 2019)

Las dos últimas películas que he visto, me parecen bastante recomendables, una porque explica muy bien el origen de la Guerra civil (1936-1939), y otra porque se sitúa en los últimos días del franquismo y nos presenta una trama policial muy bien descrita.

La primera dirigida por Alejandro Aménabar, “Mientras dure la guerra”, nos describe los primeros días del alzamiento militar de julio de 1936, por la Junta de militares sublevados , compuesta por los generales Cabanellas, Franco, Mola, Millán Astray, y la actitud de uno de los principales intelectuales del primer tercio de siglo XX, que es Miguel de Unamuno.

Miguel de Unamuno, ensayista, filósofo, novelista, poeta, rector de la Universidad de Salamanca, fue uno de los mentores de la Segunda República. Cuando se produce la sublevación militar, el se manifiesta a su favor, pensando que sólo será un “rectificación de la República”, y no una dictadura. Cuando los sublevados empiezan su política de “represión”, y fusilamiento de sus mejores amigos , Unamuno vuelve a rectificar, y cuando puede usar su verbo, pronuncia su discurso premonitorio. ¡ Venceréis, pero no convenceréis!…

Magistral la interpretación de los actores, Karra Elejalde como Unamuno, Eduard Fernández como Millán Astray…Se debe ver, para entender la Historia de España, y no volver a caer en los errores de siempre. Película para aprender y reflexionar.

La segunda, “El Crack 0.”, del gran José Luis Garci, es la precuela de las dos anteriores que había hecho con Alfredo Landa como comisario. Un detective privado, germán Areta, debe resolver un caso de asesinato en el Madrid de 1975.

Todo vale, la sagacidad del detective, los métodos poco ortodoxos, los chivatazos, los favores entre colegas del mundo policial. No cuento más. Es en blanco y negro, recuperando el ambiente de blanco y negro del momento del final del franquismo.

Recuerdo que lo primero que vimos en color, en los escaparates de las tiendas de electrodomésticos, fue el entierro de Franco y la coronación de Juan Carlos como rey. Pero el blanco y negro le da el perfecto ambiente a la trama. La interpretación de actores principales y secundarios está bordada. Vayan a verla, en blanco y negro, sin color, como una parte de la Historia de España, en dos colores.

Selección y reseña: Francisco Murillo (Departamento de Geografía  e Historia)

Rob Roy (Michael Caton-Jones, 1995)

La película de esta semana nos lleva a la legendaria Escocia del siglo XVIII. En esta secuencia temporal, se produciría la unión de dicho territorio con Inglaterra. Formando así el Reino Unido (Acta de Unión, 1707) no sin cierto rechazo por parte de gran parte del pueblo y la aristocracia escocesa.

En este caso hablamos de un personaje real, Robert Roy MacGregor, que vivió entre 1671 y 1734, aunque envuelto en la leyenda, gracias a una versión novelada coetánea escrita por Daniel Defoe en 1723, pero sobre todo a partir de a la novela del escocés Sir Walter Scott publicada un siglo más tarde, en 1817. En ella se narran de forma bastante cercana a la realidad los hechos que hicieron víctima a esta figura de una estafa que pretendió desahuciarlo a él y a su familia de su hogar (puesto como garantía de un préstamo solicitado) acusándoles de no poder pagar la deuda por culpa de una trama corrupta que robó el dinero con el que MacGregor hubiera satisfecho la cantidad debida). Esta situación se muestra muy bien en el largometraje que irá derivando a una intriga y tensión cada vez más tensas y emocionantes.

Para situar más al personaje en su contexto sociopolítico, hay que añadir que ya a los 18 años, Rob Roy acudió a luchar junto a su padre apoyando la causa de Jacobo Estuardo frente a Guillermo de Orange como hicieron la mayoría de los clanes escoceses. Tras la derrota de la causa “jacobita” la represión fue patente en Escocia. El propio padre de Rob, fue encarcelado durante unos años.

Otras obras literarias relacionadas con el tema tratado llevadas a la pantalla, son dos novelas clave del también escocés, Robert Louis Stevenson. La primera de ellas, El señor de Ballantry, publicada en 1888, situaría la acción unas décadas más tarde de la acción de Rob Roy, tras la derrota escocesa de Culloden (1746). Fue puesta en escena en dos ocasiones: para la gran pantalla en 1953, interpretada por Errol Flynn, y para la televisión en 1984, interpretada por Michael York. Otra novela fundamental sería Secuestrado, publicada en 1886 y traducida en España como Las aventuras de David Balfour, interpretada por Brian MacCardie (que da vida al hermano de Rob Roy en la versión que nos ocupa) y Armand Assante y producida ni más ni menos que por Francis Ford Coppola en 1995. Referencia obligada en los últimos años es la exitosa serie Outlander, entre lo fantástico y lo histórico, que está a punto de estrenar su 5ª temporada.

Volviendo a la puesta en escena de la historia que nos ocupa, nos encontraríamos en primer lugar con la versión sobre el mismo personaje llevada a cabo en 1953 por la productora Disney.

Así mismo, varias son las obras que muestran referencias o se sitúan en Escocia a lo largo de sucesivas épocas. La más conocida sin lugar a dudas es la épica y espectacular (aunque con numerosos errores históricos) Braveheart. No hay que olvidar dos recientes (e interesantes) “películas de romanos” situadas en la antigua Caledonia (actual Escocia) como son Centurión (reseñada la temporada pasada en “La Película de la semana”) y La legión del águila. Otro personaje fundamental es María Estuardo cuya historia ha sido llevada al cine ya casi desde los principios del mismo, pero sobre todo destacar los ejemplos de 1936 con Katherine Hepburn, 1971 con Vanessa Redgrave o la más reciente con Saoirse Ronan (2018).

Si nos trasladamos a otros periodos o sencillamente, mostrando aspectos folklóricos o vida cotidiana, aparecerían ejemplos muy diversos como el musical Brigadoon, Whiskey a raudales, La horca puede esperar , Perros de paja, El ojo de la aguja , Local Hero o Highlander (traducida esta última en España como “Los inmortales” y protagonizada por el también escocés Sean Connery.

Otras cintas más recientes que tendrían a Escocia como telón de fondo serían obras tan diversas como Transpoitting, Stardust, The Angel´s Share (“La Parte de los ángeles”), de Ken Loach, Brave o el reciente musical Sunshine on Leith, rodada en su mayor parte en Edimburgo.

Finalmente, para centrarnos en el presente largometraje se podría encuadrar dentro de lo que sería el “cine de aventuras” que se retomó con más rigor (ambientación, vestuario, diálogos, banda sonora, fotografía, etc) en los años 90. En este caso la recreación de la Escocia del siglo XVIII es impresionante. A esto ayudan las magistrales presencias de Liam Neeson, Jessica Lange, Tim Roth o John Hurt, dirigidos por Michael Caton-Jones. El reparto se completaría con fabulosos actores y actrices de reparto como Brian Cox, Eric Stoltz, Brian MacCardie o Vicki Masson.

Como broche final, es de destacar la maravillosa presencia de la cantante escocesa Karen Matheson interpretando el tema tradicional en gaélico “Ailein duinn, junto a su banda Capercaillie.

Selección y reseña: Pedro Vizcaíno (Departamento de Geografía e Historia)

Joker (Todd Philips, 2019)

Esta impactante película, dirigida por Todd Phillips, tiene pinta de ser una de las triunfadoras de los próximos premios Oscar. Su actor protagonista, Joaquín Phoenix, está en todas las quinielas para ganar (por fin) la preciada estatuilla. Aun así, no es una película fácil de ver. Esta interpretación libre del famoso personaje de los cómics, antagonista por excelencia de Batman, deja un regusto amargo al salir del cine pese a ser, en mi opinión, una gran película. Y a la vez, deja al espectador con muchos temas para la reflexión.

En una inhabitable Gotham, que podría ser cualquiera de las grandes ciudades de Estados Unidos, Arthur Fleck lucha por sobrevivir entre su enfermedad mental, su trabajo precario como payaso y el cuidado de su anciana madre, la cual no le llama por su nombre, sino “Happy”. En este entorno tan hostil la película trata de manera magistral temas como la violencia, tanto física como psicológica como institucional. Dentro de este contexto, vemos como dicha violencia degenera en sangrientos y aparatosos asesinatos, que provocan una espiral de locura y destrucción de la que surge el supervillano Joker.

En esta conversión en Joker la enfermedad mental de Arthur tiene mucho que ver. La realidad y la visión de la misma que Arthur tiene debido a sus delirios se mezclan hasta que el espectador no sabe a qué atenerse. Asimismo, las fronteras entre el bien y el mal se vuelven difusas para alguien como Arthur, que ve como pierde el control de su vida mientras que los poderosos que aparecen en la televisión tratan como escoria a la gente como él.

Joker está lleno de símbolos y de guiños a la cultura popular estadounidense. El sueño de Arthur es convertirse en una figura de la “stand up comedy”. Él y su madre consumen compulsivamente cine del Hollywood clásico en su viejo televisor. La escena de Arthur, con su metamorfósis consumada, bailando al ritmo de Rock’n’Roll 2 de Gary Glitter probablemente pasará a la historia del cine. También hay algún homenaje a anteriores Jokers, como la sonrisa histriónica que tiene el dibujo en la pared de Murray Franklin (interpretado por Robert de Niro), que nos recuerda inevitablemente al Joker que Jack Nicholson interpretó en Batman, la película de Tim Burton de 1989.

Selección y reseña: Ángela Peralta (Departamento de Inglés)

Blinded by the light (Gurinder Chadha, 2019)

Blinded by the light nos cuenta una historia real basada en la vida de Sarfraz Manzoor, un joven de 16 años, nacido en Inglaterra, pero de familia pakistaní.

Javed es el personaje de la película en el que se basa su historia. Su familia es muy estricta respecto a sus costumbres y para Javed es complicado encontrar el equilibrio entre su familia y la vida fuera de su comunidad.

Esta película nos cuenta los conflictos que surgen en la adolescencia, la relación entre padres e hijos durante estos años. Aunque aquí nos muestra la comunidad pakistaní en Inglaterra, estos conflictos son comunes en todas las culturas, por lo que todos nos podemos sentir identificados. El protagonista lucha por encontrar su propio camino, poder mantener las costumbres de su familia, pero también integrarse en la Inglaterra de los años 80.

Javed vive en Luton, una ciudad cerca de Londres, donde nunca ocurre nada. La vida de Javed transcurre entre el instituto, donde sufre acoso y no está integrado, y trabajos precarios para ayudar a su familia en una época de gran crisis económica en la Inglaterra de Thatcher. También nos muestra los problemas de racismo y xenofobia que surgieron en Inglaterra y que continúan hoy en día.

Pero todo cambia cuando descubre a Bruce Springsteen. De repente todo tiene sentido, se siente identificado con sus letras, llenas de carga social y humana. Le ayudan a resolver los conflictos que por los que está pasando. Encuentra la fuerza para mostrarse al exterior como realmente se siente. Conoce a una chica, cambia su forma de vestir y es capaz de enfrentarse a su familia para poder lograr lo que quiere ser en el futuro.

Sin ser un musical, la música está presente durante toda la película, integrándose en los sucesos que va viviendo nuestro protagonista. Es una película entretenida, para pasar un buen rato e indispensable para los fans de Bruce Springsteen.

Selección y reseña: Beatriz Mínguez (Departamento de Matemáticas)

Yesterday (Danny Boyle, 2019)

¿Qué sería del mundo si nadie se acordara de los Beatles? Un apagón eléctrico a nivel global provoca que las canciones del probablemente más famoso grupo del mundo desaparezcan de la memoria de todos los habitantes del planeta, con la excepción del protagonista, Jack, un músico que no ha conseguido alcanzar el éxito y que se arrastra por festivales sin mucha fortuna, apoyado por su eterna fan y amiga Ellie.

A punto de abandonar su carrera musical, hacer suyas estas canciones podría ser la única oportunidad de triunfar pero… ¿habrá alguien más que las recuerde?

Himesh Patel, conocido sobre todo por su papel en la serie británica East Enders y Lily James, a la que ya vimos en La Cenicienta (2015), son la pareja protagonista de esta historia que comienza en una pequeña localidad de Inglaterra, y que nos plantea cómo ser felices persiguiendo nuestros sueños o incluso dejando de perseguirlos.

En Yesterday, todos los que conocemos al cuarteto de Liverpool podremos disfrutar de nuevo de sus canciones, y aquellos que, como los habitantes de este mundo alternativo, nunca los han escuchado, no se podrán resistir ante la melancolía de Yesterday, o el ritmo de Help!, demostrando que las buenas melodías atrapan desde la primera nota, incluso a Ed Sheeran, que realiza un cameo.

Danny Boyle, director de la premiada Slumdog Millionaire (2008), nos deleita con esta comedia que se aleja de la oscuridad de buena parte de sus anteriores films, creando una película sencilla, divertida, emotiva y bienintencionada, que nos hace salir del cine con una sonrisa y que, sin duda, podrá iluminar una lluviosa tarde del otoño que ya está aquí.

Selección y reseña: Patricia Chavarrías (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Michael Colins (Neil Jordan, 1996)

La película de esta semana se centra en un largometraje ambientado en el siglo XX(cumpliéndose un siglo del proceso que narra). Se trata concretamente de la película Michael Collins, dirigida por el irlandés Neil Jordan en 1996.

Irlanda ha sido llevada al cine en innumerables ocasiones  por diferentes autores, uno de ellos sería Robert Flaherty con su magistral Hombres de Aran (1934), aunque en seguida nos encontraríamos con John Ford en El delator (1935) o Luces de rebeldía(1959) de Michael Anderson, sobre el tema de la lucha por la independencia irlandesa o El hombre tranquilo (1952) en un tono relajado y de un humorismo costumbrista como décadas después nos encontramos en Café irlandés (1993) o La camioneta (1996).  

Siguiendo con el costumbrismo podemos seguir desde el punto de vista de la Irlanda rural con El Prado (1990), Un viaje desde el corazón (1998), Escapada al sur (1991), El baile de agosto (1998) u Ondine (2009) (conectando estas tres últimas con el mundo mítico y mágico tan presente  en  la “isla esmeralda”) hasta llegar a la Irlanda urbana con Dublín (o en ocasiones Belfast) como telón de fondo; algunos ejemplos en este sentido serían el musical The commitments (1991), Desayuno en Plutón (2005) o Once(2009), relacionadas las tres con el mundo de la música (aspecto sin el que no se entenderían bien  la cultura y el carácter de esta isla).

La Irlanda de mediados del siglo XX aparecería muy bien retratada en ejemplos como Círculo de amigos (1994), Las hermanas de la Magdalena (2002) o Los chicos de San Judas (2003).  Las dos últimas analizarían algunos de los episodios más oscuros de la Iglesia Católica en la sociedad irlandesa.

Mención aparte  merece una obra maestra, ambientada en el siglo XVIII, que desarrolla parte de su trama en Irlanda, no es otra que la magnífica Barry Lyndon dirigida en 1975 por el genial Stanley Kubrick.

Volviendo de nuevo a largometrajes relacionados con la independencia de Irlanda y su conflicto con el Reino Unido, citaré una serie de  ejemplos significativos como Cal (1984),  Requiem por los que van a morir (1987), Agenda oculta (1990), Juego de lágrimas (1992), En el nombre del padre  (1994),  En el nombre del hijo (1996),  The boxer (1997), Domingo sangriento (2002), Omagh (2004) o 71 (2015).

Finalmente la emblemática La hija de Ryan (1970) de David Lean o El viento que agita la cebada (2006), de Ken Loach, nos llevarían de nuevo al conflicto de los años de la independencia que retrata Michael Collins.

Irlanda (y su proceso de independencia) es en este caso el tema que nos ocupa.

Para entender mejor el origen de dicho conflicto, su desarrollo y el proceso de independencia posterior,  deberíamos quizá hacer un viaje en el tiempo a aquella isla que no controlaron los romanos, seguir por  la Irlanda de los “cinco reinos” en los albores de la Edad Media que floreció culturalmente con sus monasterios,  vivió  invasiones y asentamientos vikingos,  pasando por las distintas invasiones anglonormandas e inglesas del siglo XII al XVII  que culminaron en el saqueo y represión de la época de Cromwell (hacia 1650). A continuación se sucedería la anexión y explotación de los siglos XVIII y XIX por parte del Imperio Británico, dejando a su suerte a la desdichada Irlanda  durante “la Gran Hambruna” de 1845-1849.

Ejemplos como el de WolfTone a finales del siglo XVIII o Daniel O´Connell  y Charles Stewart Parnell en el siglo XIX, pondrían los cimientos de la futura independencia del siglo siguiente con el Levantamiento de Pascua de abril de 1916, que desembocaría tres años después en el inicio de la rebelión que se desarrolló el 21 de enero de 1921 al 11 de julio de 1921 y que tras una guerra civil posterior de casi un año, consiguió finalmente convertir a la “isla esmeralda” en  una  República Independiente.  

Es en este contexto donde nos encontramos con la figura de Michael Collins (1890–1922), revolucionario irlandés, soldado y político, figura líder en la lucha irlandesa de principios del siglo XX por la independencia y finalmente Presidente del Gobierno Provisional del Estado Libre de Irlanda desde enero de 1922 hasta su asesinato en agosto de ese mismo año.

El film fue apreciado por los críticos en cuanto a su forma narrativa y estructura, aunque fue bastante cuestionado por los historiadores debido a algunos errores e imprecisiones históricas, sobre todo en lo relativo a las relaciones sentimentales del protagonista  con  Katty Kiernan (interpretada en la presente película por Julia Roberts).

La Historia y su plasmación en el largometraje, han sido relacionados de manera muy interesante en un artículo del profesor  y  escritor Ramón Luque. Citando sus palabras:  “Todo esto se encuentra latente  en el film de Jordan, aunque quizás sea la  propia figura de Collins, un “modernizador” de la lucha nacionalista, la que mejor representa los nuevos tiempos que corrían para la causa irlandesa en la época en la que transcurre este filmAl lado de la trama política,  se desarrolla la  historia “sentimental”, protagonizada por el triángulo que forman Collins, su compañero Harry Bolland y Kitty Kierman, amiga de ambos y prometida de Collins.”

Siguiendo con los planteamientos de Luque  y pasando a aspectos puramente cinematográficos,  Jordan intenta camuflar con sendos homenajes a Jules et Jim  y El padrino… Efectivamente, mediante esa visión “moderna” del amor, Jordan se acerca a Truffaut, y con ciertos montajes paralelos que alternan romance y violencia, el director irlandés homenajea a Coppola.

Para acabar, reseñar la ficha cinematográfica citando por supuesto a su director NeilJordan (Sligo, Irlanda, 1950) autor de obras ya señaladas como Juego de lágrimas, Desayuno en Plutón u Ondine, y autor también de En compañía de lobos, Nunca fuimos ángeles, Entrevista con el vampiro, El fin del romance o la más reciente La viuda.

En cuanto al reparto, intérpretes de primera fila como Liam Neeson o Julia Roberts, al lado de punteros actores irlandeses como Stephen Rea (habitual en los castings de Jordan), Aidan Quinn o el británico (aunque de raíces irlandesas) Ian Hart, además de “secundarios” de primer nivel.

El equipo técnico completa magistralmente este largometraje fundamental dentro del género que nos ocupa.

Selección y reseña: Pedro Vizcaíno (Departamento de Geografía e Historia)

La historia interminable (Wolfgang Petersen, 1984)

Si en nuestra sección literaria (El Libro de la Semana) te he recomendado la excelente novela de Michael Ende, aquí voy a hacer lo propio con la adaptación cinematográfica que durante la década de los 80 dirigió Wolfgang Petersen, de homónimo título: La historia interminable.

Debes tener en cuenta que hace más de treinta años los efectos especiales digitales no tenían la presencia protagónica que ostentan en el cine actual, por lo que el cine de fantasía, ambientado en mundos exóticos y rico en personajes extraordinarios, necesitaba de elaborados decorados y sofisticados efectos especiales de maquillaje. La historia interminable, que no hace muchos años volvió a reestrenarse en pantallas grandes (demostrando lo bien que había resistido al paso de los años), fue uno de los grandes éxitos de aquella década; un tremendo espectáculo que, abalado por la calidad del original literario, convocó frente a la pantalla a grandes y pequeños. Aquella historia, en la que un niño que sufría acoso se refugiaba en las páginas de un libro mágico, gustó y emocionó a públicos de distintas edades, formando parte de una serie de películas no menos loables que conformaron algunos de los mejores intentos cinematográficos por acercarse al género de la fantasía heroica y del cuento maravilloso: Legend, Cristal oscuro o Krull fueron otras de las propuestas de aquel entonces.

Llama la atención que, de todas ellas, tan solo la película de Petersen conoció dos continuaciones que, con desigual fortuna, adaptaban pasajes de la novela de Michael Ende que habían quedado fuera de esta primera producción, por cuestiones de complejidad argumental y coste económico (si bien es cierto que, recientemente, la magnífica Cristal oscuro ha conocido una estupenda precuela, en Netflix, en forma de serie). Como ya te he explicado en nuestra sección literaria, la extensa novela de Ende es tan elaborada como ambiciosa, y resultó todo un acierto para el gran público (aunque decepcionó en parte a muchos entusiastas de la novela) la simplificación sufrida.

Como curiosidad, te dejo el enlace al tema musical de la película, todo un clásico de la canción pop, interpretado por Limahl y que, hoy por hoy, ha sido reutilizado, a manera de homenaje, en la tercera temporada de “Stranger Things”.

Selección y reseña: Alberto Jiménez

The perfeccionists (Elizabeth Allen, 2019)

The perfeccionists es una serie de la que, por el momento, tan solo han sacado la primera, y maravillosa, temporada.

Realmente estamos ante la “continuación” de Pretty Little Liars (Pequeñas mentirosas), ya que se cuenta como siguen las vidas de Alison y Mona; si bien deberéis ver la serie para descubrir que más hay en común, es decir, qué personajes aparecen o no respecto de la otra serie.

Personalmente, The perfeccionists me ha gustado muchísimo, puesto que es tan emocionante (o más) que Pequeñas mentirosas, aunque no tan conocida, por lo que, con estas líneas y sin desvelaros nada más, os invito a que la descubráis.

Pensad que el verano es muy largo, y las vacaciones son un momento perfecto para disfrutar de ambas series.

¡Feliz verano!

Selección y reseña: Daniela Castro

Pequeñas mentirosas (Marlene King, Chad Love)

Pequeñas mentirosas es una serie que cuenta la historia de cinco chicas, una de ellas, Alison Dilaurentis, ha desaparecido. Un año después de su misteriosa desaparición, a sus amigas, Aria, Hannah, Spencer y Emily les empiezan a llegar unos mensajes amenazantes de alguien llamado A.

Al principio, creen que es su amiga Alison, pero luego se dan cuenta de que eso es imposible, y ahí empiezan las investigaciones que, poco a poco, irán desvelando el misterio. Pero nada es fácil, todo se irá complicando. Durante su aventura, las amigas vivirán las más tensas experiencias de sus vidas…

¿Queréis saber más? Pues… ¡a ver la serie!

Selección y reseña: Valeria Martínez (2º ESO. Grupo B)

Creepshow (George A. Romero, 1982)

Complementando en esta ocasión nuestra libresca sección (en la que os recomendamos la versión en cómic de esta película) os recomendamos Creepshow, una de las más originales películas del cine fantástico de la década de los 80 y uno de los trabajos más logrados de su director: George A. Romero (a quien en la foto podéis ver, a la izquierda, acompañado de su amigo Stephen King).

Creepshow (versión cine y versión tebeo) parecen alimentarse mutuamente, en tanto en cuanto la película de Romero juega constantemente con el lenguaje de la viñeta gráfica (composición, uso del color…) y la novela gráfica de Bernie Wrightson lo hace con el lenguaje del cine. Ambos trabajos se basan en una serie de breves historias de tipo “pulp” concebidas por el gran escritor Stephen King (otro de los nombres de oro del género, con novelas ya míticas como Carrie, El resplandor o El misterio de Salem’s Lot).

Con Creepshow vais a pasar un buen-mal rato, dada su perfecta mezcla entre humor y terror, por su desenfado, ligereza y envidiable sentido del ritmo. Las cinco historietas que conforman el metraje (envueltas por un prólogo y un epílogo inolvidables) son cinco pequeñas obras maestras del género, pudiendo destacar, a manera de curiosidad, la presencia del propio Stephen King como protagonista en una de ellas.

Destacable resulta también la última de las historietas, por la contundencia de sus “insectívoros” efectos especiales, creados por Tom Savini (otro de los grandes), genio y figura del cine de terror tal y como demuestran sus trabajos en Zombi, Viernes 13: capítulo final (que fue en realidad la cuarta parte de la saga), o El día de los muertos.

En España, si la memoria no me falla, la película se estrenó con un montaje diferente (y con una historia eliminada, casualmente la protagonizada por King). Sin embargo, hoy por hoy, podréis disfrutar de ella en la perfecta edición en DVD o Blu-Ray.

Su éxito ocasionó una segunda (e incluso una tercera, menos conocida) parte, de inferior calidad, y ya no vinculada a los nombres de Romero y King, que, no obstante, tenía en su parte medial un fragmento sumamente recomendable.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Mad Max (George Miller, 1979)

En 1979 una película australiana de bajo presupuesto se convirtió en uno de los mayores éxitos de la Historia del Cine. Mad Max nos planteaba una trama sencilla, sustentada en la eficacia dramática de la venganza, en la que un joven policía decide vengarse de una desalmada banda de motoristas por una serie de motivos que aquí no desvelaré.

George Miller ambientó su película en los límites de un futuro postapocalíptico, imaginando un mundo al borde de la eclosión, en crisis, ausente de valores, donde la violencia va imponiéndose como principio rector. El poco dinero con el que se contaba para esta producción todavía no permitía el diseño de producción que, posteriormente, y a raíz del éxito mundial de esta primera entrega, lució la saga, cuya última entrega, protagonizada por Tom Hardy y Charlize Theron, llegó a acaparar un buen puñado de Oscars, siendo incluso nominada en las categorías más importantes (película y director) de los codiciados premios de Hollywood.

Pero Mel Gibson (a quien Miller confió el papel en virtud del aspecto desaliñado con el que se presentó al “casting”, tras una relierta) fue el primer Mad Max, comenzando a constituir su meteórica carrera como estrella del cine, ofertando una interpretación impecable gracias a ese aspecto frágil que contrasta profundamente con el despiadado vengador en el que acaba transformándose.

La dirección de Miller es, simplemente, magistral. Su estilo visual, clásico y contenido, hace un uso hermoso y elegante del formato panorámico, donde destacan unos cuidados encuadres que contribuyen a realzar la bonita fotografía. En la mayoría de los momentos (sobre todo en su impecable tramo final) apenas hace falta el diálogo. Pura narración cinematográfica, con sabor a “western”.

Destacables también resultan la edición de la película (su inteligente montaje contribuye a dotarla de un ritmo endiablado, que se antoja puro cómic) y su mítica banda sonora, que acaba cerrando con broche de oro esta obra maestra del cine fantástico.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Zelig (Woody Allen, 1983)

Leonard Zelig es producto de una infancia violenta y frustrante. Vive en un pisito alquilado con  sus  padres absorbentes y severos. El apartamento está pegado a una cancha de bolos, cuyos usuarios se quejan continuamente de los ruidos de la familia. Leonard se acostumbra desde niño a no protestar nunca, a aceptar los abusos  y a asumir su nimiedad. Acata los castigos indiscriminados siempre que lo encierran en el armario. Cuando sus padres están muy enfadados, todo es peor, llegan a encerrarse con él…

La comedia que presentamos esta semana es una sátira terrible. El personaje, un judío retraído e intrascendente, trata de encajar en la sociedad sumergiéndose en ella, perdiendo su verdadera identidad. El autodesprecio le lleva a diluirse para intentar no destacar, a aniquilarse para no sobresalir, una sátira de este mundo cada vez más totalitario que debería hacernos meditar. Zelig es una película que descoloca, incluso dentro de la filmografía de su director. Una película divertidísima que esconde un profundo mensaje acerca del peligro de renunciar a nuestro verdadero ser, de someternos al poder que impera, de llevarnos dejar por la corriente.

Leonard tiene la extraña facultad de transformarse y tomar la apariencia de quien esté a su lado. Si está al lado de un chino, adquiere al instante rasgos asiáticos; si está justo a un obeso, sus mejillas se hinchan hasta parecerse a su vecino. Así, por momentos, Zelig es negro, indio, griego, mexicano, italiano, republicano, demócrata, irlandés, judío y nazi.

Esa capacidad camaleónica llama la atención de toda la comunidad científica. Así conocerá a la doctora Fletcher (Mia Farrow), de la que se enamora perdidamente, y que trata de poner fin a su rara enfermedad en tronchantes escenas de diván. Paradójicamente, su curación lleva aparejada una maldición. Al ser raro y curioso, pero adaptable –manejable-, deja de tener la notoriedad y simpatía del público y de los advenedizos. Al convertirse en sí mismo, Leonard ya tiene una identidad, y deja de ser interesante. Se convierte en prescindible.

Una comedia hilarante que hace reflexionar sobre la trayectoria vital de un hombre. ¿Debemos dejarnos llevar cobardemente por la corriente que nos arrastra? ¿Es justificable el temor a destacar, o a ser solo uno mismo, si el premio es la nada? ¿Nos hará felices –suficientemente felices- ser una marioneta que encaja sin estridencias en el engranaje, o debemos rebelarnos? Tras el visionado, tal vez cambie tu forma de pensar.

Concebido como un falso documental (Allen ya lo ensayó en Toma el dinero y corre, pero ahora rueda en blanco y negro), la cinta trata de transmitir a toda costa un ambiente verosímil. Para conseguir el efecto de envejecido del material se emplearon viejas cámaras de los años veinte, antiguos objetivos y equipos de sonido de la época. Además, se recrearon escenas insertando a Zelig en documentos reales antiguos (mucho verán con pasmo que lo que les pareció genialidad en Forrest Gump, es un procedimiento ya ochentero) y así, lo vemos compartir plano con Josephine Baker o James Cagney (no diré más, porque la película debe mostrarse sola, y las sorpresas son constantes y agradecidas). Hasta tal punto se intentó recrear una atmósfera vintage, que los rollos originales se arrugaron y pisotearon en estudio para simular el paso del tiempo.

Woody Allen, para entonces famoso por Bananas o El dormilón, ya tenía el Oscar con Annie Hall y había rodado Manhattan. Se propuso rodar a la par Comedia sexual de una noche de verano y esta comedia. La primera pasó inadvertida, Zelig fue un éxito de crítica y público.

Selección y reseña: Miguel Ángel Aragüés (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Pequeño gran hombre (Arthur Penn, 1970)

La película de esta semana se centra en el siglo XIX en Norteamérica (y de nuevo, como hace unas semanas, con los indios) pero ahora al “Lejano Oeste”. Recordemos que esta sección comenzó con un “Western”, El hombre que mató a Liberty Valance (1962), después llegó otro como Centauros del desierto (1956).

El hecho de escoger un “Western”, y concretamente éste, está basado en mostrar, por un lado, uno de los géneros clásicos del Cine y que a la vez se centra, curiosamente, en un periodo histórico concreto (demasiado concreto incluso) abarcando así una cronología de aproximadamente poco más de 50 años o casi un siglo, si incluimos las exploraciones de Lewis y Clark a principios del siglo XIX. Por otro lado, el largometraje elegido, obedece a la visión que éste ofrece del “Far West” desde un punto de vista más auténtico, más didáctico y también más crítico, en definitiva más real.

El género cinematográfico que nos ocupa nace también (o casi) con el Cine. El primer “western”, The great train robbery (El gran robo al tren) de Edwin S. Porter es una producción muda que data de 1903. Desde entonces se han sucedido con mayor o menor profusión los ejemplos de éste género según la década del siglo XX que los ha llevado a la pantalla. Hacer aquí una relación de los principales ejemplos sería poco menos que imposible, así que destacaré que aparte de los años del “Cine Mudo”, el “Cine del Oeste” se desarrollaría con gran profusión desde fines de los años 30 a mitad de los 70 pasando así desde el cine más “clásico” al más crepuscular o vanguardista.

Cómo no destacar a John Ford (que ya rodó “westerns” antes del “Sonoro” como El caballo de hierro, 1924), autor de los primeros largometrajes citados, además de otras obras como La diligencia (1939), Pasión de los fuertes (1946), Fort Apache (1948) o El sargento negro (1960), por destacar solo algunas obras emblemáticas del género.

Algunos otros directores destacados del género en estos años serían Raoul Walsh, Howard Hawks, Anthony Mann, Sam Peckinpah…

En los 60 aparecería, el ya citado “Spaguetti Western”, personal “subgénero”, iniciado por Sergio Leone, maestro del género hacia mitad de los 60 y primeros 70; y más tarde el propio Clint Eastwood, también como director en obras más personales. Nos encontraríamos más adelante con obras “crepusculares” posteriores (Forajidos de leyenda, 1980, o Silverado, 1985).

Se ha hablado también de “resurrección” del “Western” ¿acaso se había ido? A partir de ejemplos como Bailando con lobos (1990) o Sin Perdón (1992). Lo que sí es cierto es que el tratamiento del género a partir de ahí es distinto. No obstante esas visiones “distintas” se dan ya desde el “Spaguetti western” y concretamente desde la época del largometraje que es el objeto de la presente reseña.

El mundo de las series televisivas también es inabarcable, aunque aquí solamente citaré La conquista del Oeste o la magistrales Deadwood o Into the West.

Siguiendo en la gran pantalla, algunos de los últimos ejemplos del género son Apaloosa (2008); el “remake” de Valor de Ley (2010) de los hermanos Cohen o Los odiosos ocho (2015) de Tarantino. Curiosamente esta semana nos encontramos Los hermanos Sisters, de Jacques Audiard, recién estrenada en la cartelera.

Si nos centramos más en las películas “de indios” que en las “de vaqueros”, (esto es, desde el punto de vista de los nativos americanos), tenemos ya muestras de “indios del Este” (El Nuevo Mundo, El último mohicano) analizadas en otra ocasión; o Flecha Rota, Yuma, Los que no perdonan o Gerónimo como algunos ejemplos de películas “indios del Oeste”.

Volviendo a la película que hoy nos ocupa, aparecen varias constantes (y ambientes) del “Lejano Oeste” (pistoleros, fanáticos de la Biblia, comerciantes, buscadores de oro, el 7º de Caballería, y como no, los indios, en este caso los Cheyennes-las tribus de las praderas), pero el tratamiento que hace Arthur Penn es diferente. En otras obras de aquellos mismos años como El hombre de una tierra salvaje, 1971(que inspiraría décadas después El renacido, 2015) o Las aventuras de Jeremiah Johnson de Sidney Pollack (1972) es patente la visión alternativa del Oeste americano.

La vida desde el punto de vista de los “Cheyennes” (los “Seres humanos”) es la predominante y la figura del general Custer, por ejemplo, está muy lejos de aquella Murieron con las botas puestas (1941) de Raoul Walsh, interpretada por Errol Flynn. Por tanto, el largometraje de hoy, estaría más dentro de ese “Cine de indios”, al que me he referido más arriba.

La película se apoya en la novela de Thomas Berger (publicada en 1964) del mismo título, que sigue con bastante fidelidad.

En la obra de hoy, también se observa, la magnífica reconstrucción de dicha época en lo referente a escenografía (ambientes, vestuario, vida material, mentalidades, etc). No apareciendo “pulcros vaqueros bien afeitados y de tergal que al final se quedan con la chica y matan al malo”, sino imágenes que podríamos encontrar en fotografías de la época.

Para acabar, hablar del buen hacer de un director como Arthur Penn (La jauría humana, 1966; Bonnie and Clyde, 1967; El restaurante de Alicia, 1969). Dustin Hoffmann, que ya había protagonizado El graduado (1967) y Cowboy de medianoche (1969) y del que tampoco tenemos espacio para hablar de su magistral trabajo posterior. Faye Dunaway (que también intervino en Bonnie & Clyde) y fue una de las actrices de referencia en los años 60 y 70. Richard Mulligan, hermano del director Robert Mulligan, aparece en el papel del loco General Custer. Destacar especialmente, el papel del actor amerindio Chief Dan George, premiado, y que intervendría en alguna producción posterior. El resto de actrices y actores de reparto contribuyen a dignificar esta “fábula” o “cuento del Oeste” que sería Pequeño Gran Hombre.

Selección y reseña: Pedro Vizcaíno (Departamento de Geografía e Historia)

Hacia rutas salvajes (Sean Penn, 2007)

Hay placer en los bosques sin hollar
hay éxtasis en las costas solitarias
hay sociedad, donde nadie se inmiscuye,
junto al hondo mar, y música en su rugido;
no amo menos al hombre, sino más a la naturaleza».
(Lord Byron)

Con estos versos de Lord Byron arranca la historia que nos trae esta película. Dirigida por Sean Penn, y basada en el libro “Into the wild” (1996), del  alpinista y escritor norteamericano Jon Krakauer. Éste a su vez se inspiró en la verdadera historia de Chris Mc Candless, que conocimos a través de un artículo de la revista Outside en 1992, y que despertó gran interés y curiosidad entre sus lectores. Además, Eddie Vedder (vocalista de Pearl Jam), escribió una acertada BSO, que supuso su estreno como artista en solitario.

La película narra como Chris, apodado por él mismo Alexander Supertramp, un joven recién graduado en la Universidad y con una vida aparentemente normal y feliz, decide  deshacerse de todas sus pertenencias, romper drásticamente la relación con su familia, y emprender un viaje en solitario desde Virginia hasta las inhóspitas tierras de Alaska. Alex considera este viaje como una desintoxicación de la civilización, y una búsqueda de la  libertad absoluta. Tras atravesar varios Estados, por fin llega a Alaska, el fin de su viaje. Allí, Alex busca la forma de sobrevivir en medio de la naturaleza salvaje y hostil que tanto amaba, y que se convirtió en su peor enemiga. Con poco más que un rifle, un par de navajas y un puñado de libros, pasa varias semanas, escribiendo el diario que Krakauer convertirá en esta apasionante historia de inesperado desenlace.

Son varias las referencias literarias que aparecen en la película. No en vano, Alex era gran admirador de autores como Jack London (Colmillo blanco, La llamada de lo salvaje) o  H. D. Thoreau (Walden) que claramente le influyeron a la hora de iniciar su aventura.

Hacia rutas salvajes, sin ser una gran producción, atesora  una gran belleza y acompaña a una reflexión sobre la libertad, lo salvaje de la naturaleza y la  búsqueda de la identidad personal.

Selección y reseña: Marta Moreno (Departamento de Geografía e Historia)

Loving Vincent (Dorota Kobiela, 2017)

Dentro del cine de animación, Loving Vincent pasará a la historia como la primera película pintada al óleo. Se rodó primero como un filme convencional con actores de carne y hueso que se utilizó para la base de la animación, pero luego, en lugar de recurrir a un dispositivo tecnológico, 125 pintores con formación académica pintaron a mano, al estilo de la última etapa impresionista de Van Gogh, los 65000 fotogramas que configuran el largometraje final.

Uno de los mayores retos a los que se enfrentaron fue el de conseguir el dinamismo necesario para mostrar el desarrollo de la acción sin que pareciese un mero pase de diapositivas pero respetando el espíritu original que permita reconocer la obra. A esto contribuyó, sin duda, el estilo característico del pintor, con trazos largos o arremolinados del estilo de La noche estrellada o Campo de trigo con cuervos.

La película narra, en un estilo que recuerda en buena medida a Ciudadano Kane, las circunstancias que rodearon al suicidio de Van Gogh. Un año después de su muerte, el cartero Roulin le pide a su hijo Armand que entregue la última carta del artista dirigida a su hermano Theo. Con esta excusa Armand visita a las personas que lo trataron a lo largo de su vida y cuyos rostros son sobradamente conocidos porque el pintor los retrató: el mencionado cartero y su familia; Père Tanguy, que le proporcionaba los útiles de pintura; el doctor Gachet y su hija Marguerite; Adeline Ravoux, que estaba a cargo de la pensión donde vivía,…De esta investigación surgen una serie de interrogantes que se quedan sin una respuesta concluyente: ¿Por qué se disparó en el abdomen? ¿Sentía el doctor Gachet envidia de su talento? ¿Quién era el joven que atosigaba al artista? El objetivo de la película no es el de obtener respuestas definitivas a estas preguntas, sino el de intentar plasmar la realidad del mundo contemplada a través de los ojos del genio holandés.

Selección y reseña: Ana Bellé (Departamento de Innovación Educativa)

El último Mohicano (Michael Mann, 1992)

El largometraje que nos ocupa, supondría el paso del periodo tradicionalmente conocido como Edad Moderna a la Contemporánea en las divisiones de la Historia Universal. Estas clasificaciones, por supuesto, son arbitrarias, y la etapa en la que se desarrollan los hechos evidencia también el periodo de los conflictos coloniales que se desarrollarían en los siglos siguientes y aun comenzarían en el anterior.

En este caso viajamos a la Norteamérica colonial, la de las “Trece colonias” previas a la Independencia y, concretamente, dentro de lo que en la historiografía inglesa se conoce como “French Indian wars” (GuerrasFranco-Indias), que sería el conflicto paralelo al europeo conocido como “Guerra de los Siete Años” (su equivalente americano por tanto). Es también, una “película de indios”, pero del Este, no “del Oeste”, por tanto no sería correcto clasificarla como un Western.

Este género (o subgénero) dentro del cine ha sido tratado, evidentemente, casi en su totalidad por el norteamericano, pudiéndose incluir en este apartado también películas ambientadas en momentos inmediatamente anteriores y posteriores a la Independencia de E.E.U.U., es decir, situadas en la 2ª mitad del siglo XVIII. Destacaré curiosamente obras que tratan épocas previas a ésta (las colonias norteamericanas en el siglo XVII) como El nuevo mundo (2005), La letra escarlata (1995) o El crisol (1996), interpretada esta última también por Daniel Day-Lewis.

Aunque no llevado el periodo que nos ocupa a la pantalla de manera tan profusa como la Guerra de Secesión, la 2ª Guerra Mundial o el propio western, detallar aquí una lista de títulos ocuparía más espacio del que tenemos, así que citaré solo algunos ejemplos. Se pueden descubrir las dos primeras versiones del título que nos ocupa ya en el cine mudo (1912 y 1920 respectivamente) u otras obras del estilo como América (1924) de Griffith. Ya en el sonoro nos encontramos con la versión de George B. Seitz (1936), del clásico de J. F. Cooper, referencia cinematográfica directa para el que hoy tratamos. Otras obras a destacar serían Corazones indomables (1939) de John Ford, The Howards of Virginia (1940) de Frank Lloyd, o Los inconquistables (1947) de Cecil B. de Mille. Ya en los últimos 30 años aparecería la injustamente valorada (y a mi juicio una de las obras maestras del género) Revolución (1985) de Hugh Hudson o la más conocida y maniquea, además de argumento más simple (y con algún que otro error histórico) El Patriota (2000) de Mel Gibson.

En cuanto a la pequeña pantalla también se han producido series desde los años 50 aunque destacaré únicamente dos de los últimos años como The crossing (2000) sobre el cruce del río Delaware por George Washington y la posterior batalla de Trenton, y en segundo lugar la magnífica John Adams (2008) “biopic” del 2º presidente de EEUU.

Es hora de citar ya la obra literaria que supone la base del largometraje que hoy nos ocupa; se trata por supuesto de la obra homónima del escritor norteamericano James Fenimore Cooper(1789-1851), publicada en 1826. Es el segundo libro de la pentalogía Leatherstocking Tales y el más conocido. The Pathfinder, publicado 14 años después en 1840, es su secuela. En la trama serían de destacar algunos aspectos como que muchas de las escenas de la película de 1992 no aparecen en el libro; en particular, algunos personajes que sobreviven a los acontecimientos de la novela mueren en la película, y a la inversa. También destacar que el escritor confundió a los mohegan y los mahican o mohicanos. La primera tribu sobrevive y actualmente tienen sede en Connecticut. La presente película, se basó, según Mann, más en la versión filmada de 1936 que en el libro de Cooper.

Volviendo a aspectos cinematográficos me centraré en lo interpretativo, fundamental, evidentemente en el presente largometraje. Para empezar nos encontramos con el oscarizado Daniel Day-Lewis (del que ya hemos señalado algún título). Por citar algunos ejemplos relacionados con contenido histórico: The Bounty, En el nombre del padre, Gangs of New York o Lincoln. La protagonista femenina, Madeleine Stowe, ha intervenido en películas como Revenge, Doce monos, La hija del general o Cuando éramos soldados.

Otros intérpretes han sido el activista indígena Russell Means, el actor cherokee Wes Studi (Bailando con lobos, Gerónimo) o Steven Waddington (que ha intervenido también en producciones de corte histórico).

Me remitiré ahora a un comentario de Blog de Cine en su día: “…el encargado de hacer revivir ese tiempo pasado fue el diseñador de producción Wolf Kroeger, “Lady Halcón” (1985), y que cuidaría hasta el mínimo detalle varias culturas, como la europea, la iroquesa, la hurón, la mohicana… y debería reconstruir el fuerte William Henry, y de encontrar los maravillosos bosques y montañas de Carolina del Norte para aparentar lo que en verdad eran los bosques del norte de Nueva York.

El operador Dante Spinotti, que colaboraría en el futuro con Mann en varios títulos, realiza uno de los mejores trabajos de su carrera, con una magnífica utilización del scope para extraer de los maravillosos escenarios toda su belleza, y con un uso muy fluido de la cámara”. (Adrián Massanet-Blog de Cine).

Por supuesto no podemos terminar sin mencionar a la maravillosa banda sonora. : “…en realidad es una versión del tema ‘The Gael’, de Dougie MacLean, incluido en su álbum ‘The Search’. Ahora, la adaptación de ese tema a cargo de Trevor Jones, es uno de los que cualquiera puede identificar a las pocas notas”. (Adrián Massanet-Blog de Cine).

También el grupo irlandés Clannad (hermanos de Enya) y el músico escocés Phil Cunningham colaborarían en dicha banda sonora.

¿Qué más se puede decir? Sencillamente que estamos ante una buena representación de lo que sería una película de acción, tensión, amor… brillante puesta en escena y por supuesto un alto rigor histórico con buena acogida de crítica y público. Ingredientes que no siempre coinciden en el cine (y menos en el “histórico”). Para no perdérsela.

Selección y reseña: Pedro Vizcaíno (Departamento de Geografía e Historia)

La piel que habito (Pedro Almodóvar, 2011)

En esta ocasión voy a hablarte de una de las películas que más me gustan de Pedro Almodóvar. Si bien Todo sobre mi madre, Mujeres al borde de un ataque de nervios o Volver son algunos de los títulos más estimados por público y crítica, yo quiero destacar la calidad de La piel que habito por la capacidad de Almodóvar a la hora de adaptar las características de su universo cinematográfico a uno de los subgéneros del cine de terror más extremos que han aparecido en los últimos años: el “porn torture”.

Esta curiosa variante, no para todo tipo de públicos, sustenta su impacto en la plasmación del dolor (físico y psicológico), teniendo una especial relevancia todo lo relacionado con la modificación corporal extrema. Si bien algunos referentes podemos encontrarlos en cinematografías exóticas como la japonesa (así en la magistral Auditon, de Takashi Miike), fueron fundamentalmente dos películas norteamericanas las que popularizaron el género entre el gran público: Saw y Hostel (ambas transformadas en sagas tras el éxito de sus primeras entregas).

Almodóvar, quien en más de una ocasión había manifestado su deseo de llevar a cabo una película de género, pero con un toque diferente (el buen conocedor de su filmografía recordará el homenaje al “giallo” italiano en Átame), jugó con los parámetros susodichos ocasionando una elegante pieza de puro morbo, visualmente ligada a su manera de entender el cine (las películas de don Pedro son quizás las más reconocibles por su marcada estética), apostando por la sugerencia antes que por la explicitud.

No obstante, si echamos la vista atrás, observaremos que no es ésta la primera ocasión en la que Almodóvar apuesta por un subgénero ligado al terror; así las cosas, Matador hacía propias las características más reconocibles del cine de asesinos en serie.

En La piel que habito, el director de la reciente Dolor y gloria, justificando su calidad de autor, supera una vez más las convenciones genéricas. Antonio Banderas y Elena Anaya protagonizan una “horror movie” difícil de identificar como tal. Al igual que ocurre con otros autores de reconocido prestigio (a vuela pluma, me vienen Lynch o Lars von Trier a la cabeza), la película pertenece por méritos propios a un género tan único como diferente: “un film de Almodóvar”.

Selección y reseña: Alberto Jiménez

El sabor de las cerezas (Abbas Kiarostami, 1997)

Esta reseña va a ser un tanto especial, puesto que voy a aprovechar la película que he elegido para hablarte de algunos aspectos concernientes a la industria cinematográfica que creo que te pueden interesar.

El primer concepto del que quiero hablar, y que está directamente relacionado con El sabor de las cerezas, es el del cine independiente (del que me imagino que algo conocerás). Como espectadores, estamos acostumbrados a películas de considerable presupuesto que suelen distribuirse en grandes salas comerciales avaladas por una también considerable campaña publicitaria.

Estas películas, en la mayoría de ocasiones, están facturadas en los estudios norteamericanos de Hollywood (una de las dos grandes industrias del cine a nivel mundial, junto con Bollywood, que se circunscribe a la India y cuyos productos no suelen ser distribuidos en Europa), y sus propuestas creativas (tanto a nivel temático como a nivel estético) suelen estar muy controladas por los grandes estudios. Es un cine, que no tiene porqué ser de baja calidad, si bien está pensado como producto de fácil consumo.

Sin embargo, existe un cine marginal, con tremendas dificultades de distribución y exhibición, llevado a cabo sin el apoyo de la gran industria. Películas de bajo presupuesto, pero hechas con mucho esfuerzo, ingenio y trabajo, que suelen en ocasiones obtener los grandes premios de los festivales cinematográficos más importantes del mundo (Cannes, Venecia, Berlín, San Sebastián, por citar algunos).

El director que hoy nos ocupa, Abbas Kiarostami, pertenecería a este curioso ámbito. De hecho, El sabor de las cerezas obtuvo la Palma de Oro del prestigioso Festival de Cannes.

Kiarostami es uno de los pocos directores capaces no solo de hacer películas en Irán (su país de origen) sino incluso de haberse labrado un nombre en la cinematografía mundial. Tienes que pensar que, generalmente, las industrias cinematográficas de peso suelen ir ligadas a la bonanza económica de un país (y también a sus libertades sociales y políticas). Así las cosas, Irán es una de las consideradas cinematografías marginales. ¿Cuántas películas iraníes has visto? ¿Suelen exhibir cine iraní en la sala comercial más cercana a tu casa? Quizás sí que en televisión hayas podido disfrutar de alguna de las creaciones que citaré a continuación, pues ciertos ciclos de cadenas de carácter cultural o programas (hubo uno muy famoso, ya desaparecido, que emitió A través de los olivos, otra de las películas de Kiarostami) especializados en cine emiten de vez en cuando títulos “difíciles de ver”.

Kiarostami quizás sea el más conocido cineasta iraní, pero sería injusto no citar a Mokhsen Makhmalbaf (El silencio es una de sus más bonitas creaciones) y sus hijas Samira Makhmalbaf (una de las realizadoras más interesantes del país, con verdaderas obras maestras como La manzana) y Hana Makhmalbaf (autora de Buda explotó por vergüenza). También tendríamos que añadir los nombres de Yafar Panahi y Bahman Gobadi, quienes junto con Kiarostami conformarían la Nueva Ola del cine iraní, que comenzaría su difícil andadura a partir de los años 80. De Yafar Panahi destacaría El espejo (una de las más originales propuestas de la cinematografía de los años 90), y de Bahman Ghobadi, a pesar de su dureza, te recomendaría ver Las tortugas también vuelan (ganadora de la Concha de Oro del Festival de San Sebatián en el 2004).

El sabor de las cerezas es una película diferente. Una película que nos habla de la monotonía de la vida a través de ese coche que deambula sin descanso por los desérticos parajes fotografiados por la poética cámara de Kiarostami. Si estás acostumbrado a ese cine en el que la trama se desarrolla sin freno, con sorprendentes giros de guión, con mucha acción y escaso diálogo, con El sabor de las cerezas descubrirás todo lo contrario.

El estilo de Kiarostami es contemplativo. La cámara es mero testigo de lo que va acaeciendo durante los márgenes que un “tempo” decididamente lento deja para que los personajes hablen. El sabor de las cerezas es un drama psicológico confeccionado con elementos mínimos. Los paisajes de Teherán, el coche, su conductor (un tipo decidido a quitarse la vida) y los diversos pasajeros a los que decide subir a bordo (uno de los cuales le explicará el maravilloso sentido que la vida puede tener, dando de paso coherencia al título de esta película tan especial, en una de las escenas más hermosas, y a la par discretas, de la cinematografía de las últimas décadas).

Kiarostami no es un cineasta acostumbrado a llevar a cabo trabajos por encargo, es lo que suele considerarse un autor; es decir, un director de cine que impone sus gustos y sus deseos a los intereses crematísticos de la industria del cine. Un creador, un poeta de la imagen, que opta por la cámara y la luz antes que por la pluma y la palabra.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

La joven de la perla (Peter Webber, 2003)

La película de esta semana nos lleva a la Holanda del siglo XVII, el “Siglo de Oro” holandés.  La base argumental es la novela del mismo nombre de la escritora norteamericana Tracy Chevalier. El desarrollo de la trama se plasma en esta realización de manera magistral con una recreación que nos transporta a aquel momento (luces, vestuario, mentalidades, interiores y exteriores).

En el ámbito británico aparecerían Cromwell, Matar a un rey, Restauración, El contrato del dibujante, El libertino, con Johnny Depp , Belleza robada o las series The first Churchills, By the sword divided, Charles II: The Power and the Passion o The devil´s whore. Mención aparte merece la magistral Winstanley, de Kevin Browlow y Andrew Mollo.

Francia es uno de los países que lógicamente más ha abordado (o ha sido tratado por otros) su “Grand Siecle”. En primer lugar nos encontraríamos un subgénero en torno a la obra capital de Dumas, Los tres mosqueteros, y su trilogía. Señalar todas estas producciones (dentro y fuera de Francia), ya desde el Cine Mudo sería imposible aquí. Destacar que muchas de ellas son intentos de dudosa calidad que en la mayoría de los casos demuestran no conocer (o ¿despreciar?) la obra citada.

En otro sentido, una obra capital la tendríamos en La prisse du pouvoir par Louis XIV, de Rossellini. En las últimas décadas nos encontraríamos con Cyrano, Toutes les matins du monde (ambas interpretadas por Gérard Depardieu), Le roi dance (estrenada en España como La pasión del rey), Le bossu o la brillante Marquise (o series de los años 70 como Richelieu, Le cardinal de Velours, su secuela Mazarin o más recientes como Richelieu, la pourpre et le sang o las centradas en los primeros años de Luis XIV, La reine et le cardinal, Le roi, l’écureil et la couleuvre o L’allé du roi, por citar quizá las más significativas.

Italia cuenta con producciones como Galileo de Liliana Cavani o la serie que puso en escena la novela de Manzonni I promessi espossi (Los novios) realizada por la RAI. En Alemania nos encontraríamos con la serie El aventurero Simplicissimus (basada en la obra de Grimmelshausen) o el largometraje más reciente Krabat o el molino del diablo.

La referencia a la Norteamérica de la época estaría representada por producciones como La letra escarlata, El crisol (ambas basadas en obras de Hawthorne y Miller respectivamente) o El nuevo Mundo, en torno a la Virginia colonial. Un título fundamental en torno a la Guerra de los Treinta Años” es El último valle, de James Clavell, protagonizada por Michael Caine y Omar Sharif.

En el ámbito hispánico destacaré algún ejemplo interesante como El rey pasmado, 1991, de Imanol Uribe (Akelarre, 1983 al que podemos añadir Alatriste, 2006…) además de series que recreen estos siglos (El Pícaro, 1974).

Tendríamos también las películas “de piratas”, el siglo XVII en el este de Europa, etc…

Pero ¿qué hay del “Siglo de Oro holandés”? Citaré algunos títulos La kermesse heroica, Los biopics de Rembrandt o la más reciente, de Peter Greenaway, La ronda de noche (aparte del largometraje que hoy nos ocupa, claro).

Por supuesto, podría haber seguido la línea de películas sobre artistas, y más concretamente sobre pintores. Cité ya algunas sobre el periodo renacentista, pero añadiré referencias ahora sobre las figuras de Brueghel, Caravaggio, Artemisa Gentileschi, Goya, Van Gogh, Toulouse- Lautrec, Klimt Pollock, Picasso, Frida Kahlo, Warhol, Antonio López o Turner.

Volviendo a dicho largometraje, recordemos que imagina una posible historia en torno al famoso cuadro del gran Jan Vermeer de Delft (1632-1675), La joven de la perla que se encuentra en el Mauritshuis de La Haya. Hay que destacar que el título del cuadro es más reciente y que tal vez no se trate de una perla, sino de un pendiente de plata, según las últimas investigaciones del astrónomo y artista Vincent Icke, ya que en el inventario más antiguo (1676) se habla de Retrato al estilo turco o Joven con turbante.

Siguiendo con aspectos puramente cinematográficos, citaré a su director Peter Webber, realizador de Hannibal, el origen del mal o la más reciente Emperor (2012).

En cuanto a sus protagonistas, su referencia es mayor, ya que han probado su buen hacer en otras películas de recreación histórica incluso como Valmont, Shakespeare in love o El discurso del rey (en el caso de Colin Firth) o Las hermanas Bolena (en el caso de Scarlett Johansson). Por supuesto su aparición en otros largometrajes como El diario de Bridget Jones o Lost in translation (respectivamente) por citar solo algunas películas de referencia en sus prolíficas carreras, es solo un apunte.
Completan el reparto Cillian Murphy (El viento que agita la cebada, Desayuno en Plutón), o Tom Wilkinson (The Full Monty, Sense and sensibility, o Shakespeare in love) por citar algunas de las incontables apariciones de este último intérprete.

Finalmente destacar la fotografía de Eduardo Serra, aspecto clave en una producción sobre Vermeer que nos transporta a esta obra de arte (pictórica y cinematográfica) que es La joven de la perla, cual si fuese un cuadro de Pieter de Hooch o del propio Vermeer.

Selección y reseña: Pedro Vizcaíno

Bienvenidos al norte (Danny Boon, 2008)

Bienvenidos al norte (2008) es una película francesa dirigida y protagonizada por Dany Boon. Dany Boon es un humorista, actor y director francés. Ha participado como actor en películas como Feliz Navidad o Astérix y Obélix al servicio de su majestad. Como director su gran éxito es Bienvenidos al norte, la segunda película con más espectadores en las salas de cine francés con más de veinte millones (la primera fue Titanic). Este proyecto de Dany Boon nace desde su faceta de humorista, campo en el que había explotado en sus espectáculos muchas de las diferencias y tópicos característicos de su región de nacimiento, Paso de Calais. Estos clichés serán aprovechados en su comedia Bienvenidos al norte.

La acción se desarrolla en Bergues, una pequeña población del norte de Francia, perteneciente al departamento de Paso de Calais. Con alrededor de 4.000 habitantes es un encantador pueblo fortificado rodeado de murallas y canales, donde destaca la silueta de su campanario. Desde lo alto de este edificio, se puede observar una hermosa vista de los campos que rodean la localidad.

El protagonista de la película Philippe Abrams debe trasladarse allí sancionado por haberse hecho pasar por minusválido para conseguir el traslado a uno de los codiciados puestos de la costa Azul. Philippe y su mujer sólo conocen el norte a través de clichés y estereotipos que los habitantes de Bergues irán transformando poco a poco.

Philippe irá cambiando su percepción sobre su nuevo destino laboral y sus compañeros de trabajo pasando desde el rechazo absoluto hasta sentirse uno más de ellos. Durante ese camino infinidad de situaciones de un humor sencillo basado en los malentendidos y un brillante optimismo vital acompañan al espectador en el descubrimiento del olvidado norte.

Dany Boon con esta comedia retorna a la tradición y a la sencillez del cine francés destacando los valores del mundo rural y planteando un antagonismo entre el Norte y el Sur. El Norte, gris y lluvioso, se convierte en un paraíso agrorural donde se despiertan en el protagonista valores como la verdad, la amistad y la sencillez de la vida. Por contra, el luminoso y optimista sur de Francia (escenario habitual de las comedias francesas) despierta los valores negativos de Philippe: la mentira, el engaño o la depresión de su esposa.

Esta oposición Norte- Sur y el uso de los estereotipos de esta comedia serán la base del gran éxito cinematográfico del cine español reciente, la comedia Ocho apellidos vascos (2014), que sigue la misma línea constructiva adaptándola a los localismos españoles.

Selección y reseña: Sebastián Solana (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Figuras ocultas (Theodore Melfim 2016)

Esta película es del año 2016. Su director es: Theodore Melfi y las actrices protagonistas son: Tarajil Henson, Janelle Monae y Octavia Spencer. Fue galardonada con los Óscars de 2017 a: Mejor Película, Mejor actriz de reparto (Octavia Spencer) y Mejor Guión Adaptado.

En ella se cuenta la historia de tres mujeres afroamericanas matemáticas (Dorothy Vaughan, Mary Jackson y Katherine Johnson), con una inteligencia fuera de lo común, que trabajaron como científicas en la NASA en los años sesenta.

En esta película no sólo se narra todo lo que hicieron las tres mujeres, favoreciendo la carrera espacial de EE.UU. contra la Unión Soviética, sino que se pone en evidencia las difíciles situaciones por las que tuvieron que pasar, tales como la disgregación racial.

La NASA las utilizó por la escasez de científicos masculinos que había en ese momento, pero a pesar de su valía, seguían teniendo que pasar por pruebas constantes, desde las aparentemente frívolas como su aspecto impoluto de “mujeres perfectas” hasta otras más profundos como los controles y humillaciones que debían sufrir por causa de su raza.

Dicha disgregación racial las llevaba a tener que pasar por situaciones tan extremas como las de utilizar distintos baños que las mujeres blancas y la de ser controladas hasta el punto de tener que atravesar una distancia considerable para ir a dichos baños y volver a su puesto de trabajo en un tiempo récord (aunque parece que dicha situación no fue real-como dice Katherine Johnson-sino que cuenta que ella utilizaba el baño para blancos, desafiando así a las leyes de Jim Crow).

La película cuenta una historia interesante, sacando a la luz las figuras de estas tres mujeres que como tantas otras han sido olvidadas. Pero dicha historia también resulta entretenida y nos sumerge no sólo en la HISTORIA con mayúsculas, sino en la intrahistoria, en sus vidas cotidianas, mediante las cuales conocemos su lado más personal y familiar.

Es justo decir también que estas figuras quizá no hubieran brillado tanto en la época que les tocó vivir, si no hubieran tenido el respaldo de sus compañeros de vida, quienes saltándose las pautas del comportamiento que se esperaba de ellos, apoyaron a sus mujeres en sus decisiones profesionales. Asimismo, también tuvieron la suerte de ser respaldadas fundamentalmente por un jefe (Al Harrison, interpretado en el film por Kevin Costner) que comprendió su situación bastante mejor que algunas de sus compañeras.

Estas tres mujeres demuestran que la decisión y la valentía pueden mover montañas. Ellas lograron vencer todo aquello que estaba en su contra, como los prejuicios raciales y de género, pero también tuvieron la suerte de ser valoradas y ayudadas por sus compañeros de viajes masculinos y por haber sido contratadas para tareas que normalmente desempeñaban los hombres, precisamente porque debido a la situación social que produjo la Segunda Guerra Mundial, había escasez de científicos y dicha situación llevó a los mayores responsables de la NASA a contratar mujeres, porque realmente lo que importaba en ese momento eran los cerebros, por encima de la raza o el sexo.

La narración de toda la historia está en clave de película y mezcla tanto lo profundo como lo más superficial, acabando en el clímax del exitoso viaje al espacio (orbitando sobre la tierra) del astronauta americano John Glenn en 1962, gracias a los cálculos de Katherine Johnson.

En definitiva es agradable de ver, entretenida (a pesar de la duración de más de dos horas) y realmente interesante conocer unos hechos bastante cercanos en el tiempo, que demuestran lo que todavía queda por hacer respecto a la igualdad de género (a lo que se añade aquí la desigualdad racial) donde por desgracia las mujeres deben sobresalir diez veces más que los hombres para ser valoradas y aun siendo reconocido y aprovechado su talento, con frecuencia se las oculta quizá por el miedo atávico de muchos hombres a ser ensombrecidos.

Selección y reseña: Avelina de Pablo (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Los inmortales (Russell Mulcahy, 1986)

“Solo puede quedar uno” es sin duda la frase más recordada y la primera que le viene a la cabeza a cualquiera que haya visto Highlander, títulada en España Los inmortales. Esta película de 1986, dirigida por Russell Mulcahy y que tiene como protagonistas a Christopher Lambert, Sean Connery y Clancy Brown transporta al espectador a un mundo de acción y fantasía con una serie de ingredientes que con el tiempo la han consolidado como una película de culto y que ha dado lugar a una saga continuada por diversos títulos, además de una serie de televisión y de anime.

Cuando se inicia con las escenas de lucha libre en el Madison Square Garden neoyorquino, poco imagina el espectador que en breves se va a ver sumergido en lo que va a ser una constante a lo largo de toda la película: las transiciones entre el pasado y el presente. Así, desfilan ante nuestros ojos flashes de las hermosas colinas de las tierras altas de Escocia para pasar a duelos con espada en la ciudad de Nueva York y el inicio de una investigación policiaca que nos lleva a descubrir la identidad del protagonista: el anticuario Russell Nash que es en realidad Connor MacLeod.

“Soy Connor MacLeod del clan MacLeod. Nací en 1518 en el pueblo de Glenfinnan en las orillas del Loch Shiel. Y soy inmortal…”

Conocemos así quiénes son “los inmortales”: seres que viven entre nosotros y que solo pueden morir si la cabeza se separa de su cuerpo y atados entre sí por un destino. Cuando se complete el número de elegidos lucharán entre ellos hasta que “solo quede uno”, que será el ganador del premio final. Ese momento ha llegado.

“Del amanecer de los tiempos venimos. Hemos ido apareciendo silenciosamente a través de los siglos hasta completar el número elegido. Hemos vivido en secreto luchando entre nosotros por llegar a la hora del duelo final, cuando los últimos que queden, lucharán por el premio. Nadie jamás ha sabido que estábamos entre vosotros…hasta ahora.”

La película tiene actuaciones sobresalientes como la de Sean Connery en su papel de Ramírez, el español de origen egipcio, Espadero Mayor del rey Carlos I y un “malo” de los que se recuerdan, porque es de los “malos de verdad”: El Kurgan. La escena en la que aparece en pantalla este gigantesco inmortal de las estepas rusas enfundado en su armadura es de las que se quedan en la retina. La acción nos traslada además por diferentes momentos históricos vividos por el protagonista y la reflexión sobre lo que implica la inmortalidad y la pérdida de los seres amados.

Por si esto fuera poco, aún hay un elemento más que es imposible dejar pasar: una banda sonora que quedará para siempre en la memoria. Tanto la música compuesta por Michael Kamen como los temas de Queen recogidos en A Kind of Magic hacen, como ha señalado la crítica, que la música inspirada en diversos aspectos de la película trascienda el tiempo. Cada vez que escucho “Who Wants to Live Forever” en la voz de Mercury me traslada a los bellos paisajes de Escocia y al recuerdo de Heather, la esposa de Connor que muere en sus brazos sin haberle dado hijos y que le pide que haga una última cosa por ella: encender una vela el día de su cumpleaños.

No sé que más puedo decir para recomendar esta película, sin duda un referente para los amantes del género épico, ciencia ficción y fantasía que supera con creces lo que han sido su secuelas. Nunca me he cansado de verla, y mucho menos, de escucharla.

Selección y reseña: Ana Belén Arnauda (Departamento de Geografía e Historia)

Elizabeth (Shekhar Kapur, 1998)

La película de esta semana nos lleva al siglo XVI, concretamente a la Inglaterra renacentista. La era de las “monarquías autoritarias”. Época convulsa y por tanto de transformación, germen de la pujanza y futuro predominio británico.

Elizabeth I Tudor, figura estelar y polémica a la vez donde las haya, ha sido considerada por cronistas, escritores e historiadores varios (“Gloriana”, “La reina virgen”, la “mujer sin hombre”, etc) y tan admirada como denostada (en este último caso sobre todo en el mundo católico).

Isabel de Inglaterra, hija de Enrique VIII y Ana Bolena, nació en 1533. Después de una infancia y juventud difícil (fue apartada de la Corte), subió al trono a la muerte de su hermana María en 1558. Tras hacerse con el poder efectivo gracias a algunos partidarios fieles y varios burócratas eficaces, inició una época de esplendor para su país hasta su muerte en 1603.

En cuanto a su puesta en escena en la pantalla, podríamos hablar de que, igual que dentro del género bélico nos encontramos el “subgénero” de la “Guerra de Vietnam”, dentro del cine “de época” y más concretamente coincidiendo con la Inglaterra renacentista, nos encontraríamos el “subgénero” Tudor. Varias son las muestras de este cine tanto en la grande como en la pequeña pantalla.. Desde las inolvidables series de los 70 de la BBC (Las seis esposas de Enrique VIII y su secuela Elizabeth R), hasta la excesiva e hipervalorada Los Tudor o la más reciente y recomendable Wolfhall y desde el cine mudo La ejecución de María Estuardo o ya en los años 30 La vida privada de Enrique VIII, hasta la secuela de esta Elizabeth que hoy nos ocupa. Por supuesto la más reciente muestra de este “subgénero” sería María, reina de Escocia de Josie Rourke, trama ya llevada al cine en 1936 y 1971 anteriormente.

Concretamente, la figura de Isabel I de Inglaterra ha sido tratada en numerosas ocasiones (Bette Davis, Glenda Jackson, Hellen Mirren…) y en este caso Cate Blanchett (ganadora de 2 “Oscars”) que no desmerece en absoluto, y menos acompañada por figuras de la talla de Joseph Fiennes, Geoffrey Rush, John Gielgud o Fanny Ardant.

El largometraje se centra en los años del ascenso al trono y primeros del reinado de la soberana, recreados magistralmente en lo relativo al ambiente de la Corte (aposentos, edificios, vestuario, música) y vida cotidiana en general, sin embargo cuenta con varios fallos:

Dudley no traicionó a la reina ni se convirtió al catolicismo; su boda (de la que la reina estuvo informada en todo momento) fue posterior. La institutriz de Elizabeth era bastante mayor que ella. La pretendida boda de la reina no fue con el duque de Anjou sino con su hermano más joven François (niños ambos, sin embargo, durante los años en que se desarrolla la película). William Cecil no era de edad avanzada cuando Elizabeth comenzó su reinado. La ejecución del duque de Norfolk ocurrió más tarde. No hay indicios tampoco de que Walsingham estuviese implicado en el asesinato de María de Guise. El obispo Gardiner murió antes de que Isabel llegara al trono, con lo cual no pudo intervenir en un complot contra ella.

Desajustes aparte, es un largometraje que refleja muy bien la atmósfera y época de la que habla, ayudados por la fotografía magistral de Remi Adefarasin (que sugiere en ocasiones cierto ambiente tétrico, “gótico”), el magistral vestuario, diseñado por Alexandra Byrne, la inspirada banda sonora de David Hirchsfelder (reproduciendo y sobre todo recreando sonoridades renacentistas) y por supuesto el buen hacer del director Shekhar Kapur además, del formidable reparto ya citado.

Selección y reseña: Pedro Vizcaíno (Departamento de Geografía e Historia)

Dersu Uzala (Akira Kurosawa, 1975)

Una película del gran director Akira Kurosawa, que narra la expedición rusa del capitán Vladimir Arseniev, para explorar y cartografiar la taiga asiática rusa. El capitán y su patrulla se encuentran con Dersu Uzala, un cazador que vive con lo justo y preciso, y que toma del bosque y de los animales no más que lo que necesita. Dersu habla, escucha y entiende al viento, los árboles, los gritos de las bestias. Los soldados al principio se ríen de él, pero luego aprenden con Dersu y saben que sin Dersu, es imposible sobrevivir en la estepa siberiana.

Memorable es la escena del encuentro primero con los militares en el campamento, como la supervivencia del capitán Arseniev y el cazador en plena tormenta. Para recordar las sentenciosas frases del propio Dersu, que se convierten en la mejor universidad para sobrevivir en un medio hostil.

Para reflexionar las última escenas, cuando el ferrocarril, la civilización llega a la selva virgen y la cambia, y cuando Dersu, espíritu libre, pero ciego, intente vivir en la ciudad.

Cuando anden por el monte, después de ver Dersu Uzala, griten en un día de niebla “Dersu, Dersu”, a ver si alguien les responde “Capitán, capitán”…Eso es lo que gritamos hace casi cuarenta años, mis amigos y yo, cuando en alguna acampada con los scouts, andábamos en medio de la fría niebla. Todavía, cuando me encuentro, con alguno de ellos, después de años, nos saludamos así: “Dersu, Dersu…”, contestando el otro “Capitán, capitán…”.

Os puedo decir, que fue Oscar a la mejor película en habla no inglesa, en el año 1975, que a pesar de tener cuarenta y tres años es en color, y que en Zaragoza, durante años, cuando no había DVD, ni videos, cuando la volvían a reestrenar, las salas se llenaban. ¡Qué peliculón!

Aprendo todo cuanto necesito saber y tengo todo cuanto necesito tener” (Dersu Usala).

Selección y reseña: Francisco Javier Murillo Esteban (Departamento de Geografía e Historia)

Rocky (John G. Alvidsen 1976)

El boxeo ha sido siempre un deporte tremendamente cinematográfico. Desde los albores (The Champion, de Charles Chaplin), el dramatismo que genera el cuadrilátero y sus inmediaciones ha seducido a un buen puñado de cineastas que han facturado clásicos del calibre de Marcado por el odio, Toro Salvaje, Cinderella ManThe Set – Up (posiblemente una de las mejores películas del género) o Million Dolar Baby.

En 1976, tras unos cuantos esfuerzos por hacer realidad un sueño hecho guión, vio la luz una película modesta que inmediatamente se transformaría en un clásico moderno. Un por aquel entonces joven Sylvester Stallone, quien al parecer llevaba una buena temporada paseando la historia de Rocky bajo su brazo por diversos estudios, se vio avocado al estrellato tras incluso recaer en él la responsabilidad de protagonizar la película.

Stallone todavía estaba a años de transformarse en un género cinematográfico en sí mismo (una película de Stallone), y Rocky tampoco era la primera entrega de la franquicia hipervitaminada de la que, hoy por hoy, podemos disfrutar. Esta primera entrega, que ganó unos cuantos Oscar (incluido el de mejor película), era un emocionante melodrama que hablaba de superación y de “sueño americano”.

La historia del muchacho desarraigado que, con esfuerzo y tesón, venciendo toda adversidad, puede hacerse un lugar en el difícil mundo del boxeo mantenía un cierto paralelismo con las pretensiones e intentos del propio Stallone por triunfar en el no menos difícil mundo del cine. La carismática interpretación de Sly (arropado por un elenco no menos convincente, conformado por Talia Shire, Burgess Meredith, Carl Weathers o Burt Young), las convenientes dosis de romance y violencia, su final verosímil (que aquí, por si acaso, no desvelaré) y, sobre todo, la impagable partitura compuesta por Bill Conti hicieron de Rocky una de esas películas por las que el espectador desarrolla una simpatía especial; uno de esos títulos, tremendamente populares, que han pasado a formar parte de la cultura colectiva. Más que una película, Rocky es un icono.

Si de manera aislada, Rocky es una película genial, no menos lo es acompañada de toda la saga (cuya última entrega, Creed II, acaba de estrellarse en nuestros cines, y que en breve reseñaremos en nuestra sección de “pasaporte cultural”). La personalidad de Stallone y el inesperado éxito de esta primera entrega pusieron en marcha la maquinaria de Hollywood y, poco a poco, aquel aspirante a campeón del mundo se transformó en, prácticamente, un superhéroe del ring que debía enfrentarse a tremendas bestias, acercándose, por momentos, al tebeo y a la literatura “pulp”, olvidándose (quizás por fortuna) de sus clásicos orígenes melodramáticos.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (departamento de Lengua Española y Literatura)

Largo domingo de noviazgo (Jean-Pierre Jeunet, 2004)

La película elegida en esta ocasión se ambienta en un periodo crucial de nuestra reciente Historia, la 1ª Guerra Mundial. 

El tema que nos ocupa (aparte del largometraje de Jean-Pierre Jeunet, del que tratamos en el presente comentario) fue abordado ya en el cine mudo con películas de propaganda y realistas documentales como los reunidos en “El heroico cinematógrafo”, producido en 2002 por Laurent Veray y Agnès de Sacy; la cómica “Armas al hombro” (1918) de Charles Chaplin o “Alas” (1927) primer film que ganó un Oscar a la mejor película.

Ya en los inicios del sonoro tendríamos “Sin novedad en el frente” (1930), “Adiós a las armas” (1932) o “La Gran Ilusión” (1937). En los años 50 se retomaría el género de manos de una segunda revisión de “Adiós a las armas” y el magistral “Senderos de Gloria”, las dos de 1957. En los años 70 y 80 nos encontraríamos con “Johny cogió su fusil”, “El barón rojo” (ambas de 1971) o “Gallipoli” (1981) y ya en las últimas décadas con “Capitán Conan” (1996), “Feliz Navidad” (2005) o “Caballo de guerra” (2011). Citando así algunas de las principales películas sobre el tema.

Algunos de estos largometrajes estarían apoyados en novelas (y experiencias personales) de grandes escritores como Erich Mª Remarque o Ernest Hemingway teniendo así, la mayoría de los mismos, un carácter antibelicista y sirviendo de esta manera, para denunciar lo absurdo de la guerra.

En este caso, la película se basa en la novela “Amor eterno” publicada en 1991, de Sébastien Japrisot, que sigue con bastante fidelidad. Todo esto convierte a la presente obra no solamente en una cinta de trasfondo bélico, sino (y sobre todo) en un apasionado romance de intriga detectivesca.

El presente largometraje ofrece también, una cuidadísima reconstrucción de la época en lo referente a escenografía (edificios, interiores, vestuario, vida material, maquinaria, etc), apareciendo imágenes que parecen sacadas de fotografías coetáneas, pero no solo eso, sino que Jeunet en su ya característico estilo minucioso, en algunas escenas juega a rodar, reproducir secuencias del cine mudo (haciendo así a un homenaje al “cine dentro del cine”).

Todo esto se encuentra aderezado por la magistral fotografía de Bruno Delbonnel (que nos sugiere en ocasiones los tonos de las fotografías antiguas) y la inspirada banda sonora dirigida por Angelo Badalamenti.

Finalizaré haciendo una breve reseña cinematográfica del citado director Jean-Pierre Jeunet (“Delicatessen”, 1991; “La ciudad de los niños perdidos”, 1995; “Amélie”, 2001); siempre pendiente de ese detallismo minucioso tanto en la recreación material (sobre todo mecánica) ya aludida, como en el meticuloso desarrollo de la trama.

Cómo olvidar además a la magnífica Audrey Tautou, protagonista por supuesto, de la ya citada “Amélie”, “El código Da Vinci” (2006) o “Coco avant Channel” (2009) entre otras.

El resto son formidables actrices y actores de reparto, la mayoría franceses (Marion Cotillard, Dominique Pinon, André Dussollier o Tcheky Karyo), aunque sin olvidar a Jodie Foster.

Todo este elenco contribuye por tanto, a engrandecer esta obra maestra del cine reciente que es “Largo domingo de noviazgo”.

Selección y reseña: Pedro Vizcaíno

Tomates verdes fritos (Joan Avnet, 1991)

El encuentro casual en un geriátrico entre un ama de casa desesperada y una anciana que ha sobrevivido a todos sus seres queridos es la excusa para meternos de lleno en una historia inolvidable ocurrida en los años 30 en plena depresión económica en un pueblecito de Alabama, Whistle Stop.

Ninny, que así se llama la viejecita, relata a su nueva amiga Evelyn las historias cotidianas( y no tan cotidianas) compartidas con los habitantes de la pequeña población sureña , con sus problemas de esclavitud, alcoholismo, violencia, machismo, maltrato, racismo , feminismo, pobreza e , incluso , canibalismo. Historias que ayudarán a Evelyn a superar sus problemas de falta de confianza en sí misma ( genial la escena en que Evelyn, llena de rabia, golpea el coche de dos mujeres jóvenes y guapas que le habían usurpado su plaza de aparcamiento en un supermercado).

La guionista y escritora, Fannie Flag, recibió muchas negativas antes de poder adaptar su novela al cine, y fue candidata al Pulitzer y además nominada al Oscar al mejor guión adaptado.

El reparto es excelente, mayoritariamente femenino, y , quizás por eso, el secreto de esta película reside en que nos encontramos ante una historia entrañable sobre dos mujeres ( Idgie y Ruth ) que van alimentando y tejiendo un tapiz, fruto de su amistad y de su amor, que consigue conquistarnos a través de su historia vital. “Towanda”, el grito de guerra de Idgie, representa el sentimiento de libertad y de lucha contra las injusticias , de rebelión contra las reglas e imposiciones de la sociedad que la envuelve y de superación de todas las adversidades que se encuentran en la vida.

Esta película es, en resumen, una historia preciosa sobre la amistad y el amor, una mezcla de comedia negra, humor y melodrama , una fábula contra el racismo y la violencia de todo género y un canto al feminismo, a la mujer.

Os la recomiendo, os gustará.

Selección y reseña: Teresa Gómez

Superlópez (Javier Ruiz Caldera, 2018)

Esta película está basada en el cómic creado por Jan, ‘Superlópez’, que narra la historia del superhéroe del mismo nombre, proveniente del planeta Chitón.

La historia narra los orígenes del héroe español, cuando un bebé alienígena aterriza en Cataluña. Protagonizada por Dani Rovira y dirigida por Javier Ruiz Caldera, esta exitosa película se acaba de estrenar.

Nacido como parodia del Superman de DC Cómics, las historietas de Jan giran en torno a Jo-Con-Él, un bebé que tras colarse en un cohete acaba en la tierra adoptado por el matrimonio López. Crece como un humano más pero intentando controlar sus poderes, además de dedicándose a luchar contra el mal. Como adulto, trabaja en una oficina de Barcelona mientras ejerce como superhéroe a escondidas bajo el nombre de Superlópez .

En la gran pantalla, muy recomendable para público de todas las edades, mezclando la risa fácil, los personajes extremos, el bueno por antonomasia, su antagonista y los logros, cual epopeya que ensalzarán la figura del héroe que venciendo cualquier situación complicada conseguirá salvar su mundo actual, la Tierra, y el planeta donde aún viven sus padres. No pudiendo ser de otra forma, tendrá presencia el amor, motor para el buen discurrir y final de la historia, y escaparate de reacciones y conductas tiernas, loables y cómicas a la vez.

Selección y reseña: Mar Castro

Paseo por el amor y la muerte (John Huston, 1969)

La segunda película que nos traslada a la Edad Media este curso, es una de las realizaciones menos conocidas (y no por ello menores) del genial John Huston (1906-1987). Es la primera vez que nos visita este genial creador norteamericano de origen irlandés (nacionalidad que adoptó desde 1964) De su filmografía destacan clásicos como El halcón maltés, El tesoro de Sierra Madre, Cayo Largo, La jungla de asfalto, La reina de África o El hombre que pudo reinar. Otras obras igualmente magníficas serían, La roja insignia del valor, Molin Rouge, Moby Dick, Los que no perdonan, Vidas Rebeldes, El juez de la horca o Dublineses.

Al analizar La Papisa Juana, ya hubo una relación filmográfica de películas cuya trama se sitúa en algunos momentos de la Edad Media, aunque más bien en su primera etapa. Algo más tratado ha sido el periodo bajomedieval. En este caso los ejemplos han intentado ser más serios o cuando menos, huir de los lugares comunes ya citados. Procede por tanto, citar ahora algunos títulos cinematográficos que recrean estos siglos finales de la Edad Media.

En primer lugar aparecen las numerosas visiones de Juana de Arco, destacando aquí la magnífica versión del director Jacques Rivette. Relacionadas con el hecho de la Guerra de los Cien años nos encontramos así mismo, las películas basadas en las obras de Shakespeare como Enrique V, Campanadas a Medianoche o Ricardo III.
Destacaré por otro lado, largometrajes no demasiado conocidos y sin embargo interesantes como El flautista de Jacques Demmy, La pasión de Beatriz de Bertrand Tavernier o El misterio de Wells, o las más recientes y mediocres En tiempo de brujas o Black Death. Producciones curiosas nos encontraríamos también en el cine alemán como La ramera errante, o Dos Pasos sin cabeza (esta última sobre un corsario de la Hansa) o en el cine escandinavo como Flukt (Escape). Siguiendo en el este ámbito del norte de Europa por supuesto destacaré una obra maestra no solo de la Historia en el Cine, sino de la Historia del Cine como El séptimo sello de Ingmar Bergman. Otro magnífico clásico del Cine contemporáneo cuya acción se sitúa a finales de la Edad Media, sería El nombre de la Rosa.


Incluso en el género del cine fantástico, aparecen dos curiosos viajes en el tiempo: la producción neozelandesa Navigator (en la que un grupo de mineros ingleses, en la época de la Peste Negra, llegan a los confines del Mundo) y la norteamericana Timeline, (esta última de un grupo de arqueólogos a la Francia del siglo XIV).

Finalmente en el cine español no se han prodigado ejemplos de este tipo, pero recordaré la irregular El libro de Buen Amor. En los últimos 30 años nos encontramos series como la interesante Requiem por Granada, Pedro el Cruel o también la reciente Isabel; las dos últimas con aciertos y algún que otro fallo de puesta en escena y/o guión.

Volviendo al largometraje de esta semana, basado en la novela de H. Koningsberger, constituye una pequeña joya, que como si de una sutil miniatura se tratase, nos sumerge en la turbulenta y a la vez delicada Francia bajomedieval. Todos los grupos sociales de final del Medievo aparecen en este “retablo cinematográfico”. Las postrimerías de la Edad Media y su crisis ante nuestros ojos. Las miserias, las supersticiones, la violencia… pero también la poesía, la esperanza, la vida. La “jacquerie” (revuelta campesina) y su posterior represión de otro lado, el amor cortés, la música, el lirismo…

Campesinos y caballeros, religiosos y laicos, místicos y comediantes, feudo y ciudad, almas puras y ambiciones desalmadas.

Eros y Thanatos: Amor y muerte.

Desde el punto de vista cinematográfico también un lujo.

A la cuidada ambientación y unos acertados diálogos, se le unen la fotografía de Ted Scaife y la música de Georges Delerue.

Por otra parte, y en lo relativo a las características interpretativas, la presentación de Anjelica Huston (hija del director) de amplia trayectoria, en esta obra se completa con Assaf Dayan, (hijo del político y militar Moshé Dayan) y de actores de reparto como Anthony Corlan, John Hallam o Eileen Murphy, además de la breve intervención del propio Huston como señor del castillo.

Unas hojas del “otoño de la Edad Media”, como diría el maestro Huizinga, que vuelan ante nosotros al estilo de una “road movie” a pie y a caballo.

En definitiva, una más que recomendable cita cinematográfica cuya reseña no podía faltar en la “Película de la semana”.

Selección  y reseña: Pedro Vizcaíno (Departamento de Geografía e Historia)

Blancanieves y los siete enanitos (Walt Disney, 1937)

Comenzamos el año con la primera película de animación que reseñamos en este espacio. Todo un clásico: Blancanieves y los siete enanitos. Aunque, como directores, aparecen acreditados David Hand, Wilfred Jackson, Lary Morey, Ben Sharpsteen, William Cottrell y Percival C. Pearce, no creo que se sientan molestos al ligar el nombre de Walt Disney, uno de los grandes creadores cinematográficos del siglo XX, a esta película clave en la carrera de su productora, que abrió una novedosa puerta en la industria del séptimo arte, acercando al gran público posibilidades de narración cinematográfica ajenas a la plasmación de la inmediata realidad. El cine de animación, tan asumido hoy por hoy, tuvo que hacerse su hueco y, sin duda, Disney contribuyó de manera decisiva a popularizar la tendencia con esta preciosa película, plagada de inolvidables escenas, que obtuvo el reconocimiento de la industria gracias al Óscar honorífico que se le brindó.

Blancanieves y los siete enanitos es uno de los primeros largometrajes de dibujos animados de la Historia del Cine. Además, sentó las bases de una de las tendencias ususales del género: el uso de las narraciones folklóricas, que tan buenos resultados ha dado en otros títulos también de Disney como La bella durmiente, La sirenita o Frozen.

No obstante, no debemos olvidar que, en otras ocasiones, Disney ha adaptado clásicos literarios no pertenecientes a la cuentística popular como El jorobado de Notre Dame o La bella y la bestia, atreviéndose incluso a hacer un curioso acercamiento al trágico universo de Shakespeare con El rey león.

Terribles madrastras, bosques siniestros, abandonadas princesas y amables enanos son algunos de los muchos elementos (la mayoría de ellos, en contra de lo que suele creerse, absolutamente terroríficos) que os encontraréis en esta obra maestra sustentada en una no menos admirable música que sabe conjugarse a la perfección con un estilo de animación artesanal (¡qué hermoso uso del color el de esta película!) hoy por hoy en desuso (lo que hace de esta película una joya todavía más hermosa y singular, una pieza de arte de vanguardia que quizás deba su sentido escapista a su gestación durante el periodo de entreguerras).

Una adolescente que renuncia a su naturaleza por satisfacer sus deseos (La sirenita), una madre asesinada por un anónimo cazador (Bambi), una señorona que no duda en sacrificar una tierna camada de perros por lucir un abrigo de pieles (101 dálmatas)… El cine de Disney puede leerse desde una curiosa perspectiva ligada al gusto del arte por la crueldad (no ausente, obviamente, en la película que os proponemos), sin embargo, también es cierto que nunca debéis olvidar que un beso de amor verdadero puede incluso rescataros de las garras de la misma muerte.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

La mejor oferta (Giuseppe Tornatore, 2013)

Virgil Oldman (Geoffrey Rush) está considerado como el mejor agente de subastas. Compra, tasa y vende obras de arte para las que tiene un ojo clínico que le permite distinguir lo auténtico de lo falso. De carácter excéntrico, por ejemplo posee una cantidad ingente de guantes para evitar que la gente le toque, es un sibarita en el comer, en el vestir y en el beber.

Sin embargo en lo sentimental se revela temeroso y apocado y se rodea de cosas bellas para poner una distancia emocional con las personas. Este desapego trata de compensarlo con su obsesión oculta: con la ayuda de Billy Whistler (Donald Sutherland) ha reunido de forma un tanto ilegal una colección privada de retratos maestros de mujeres que disfruta en una habitación escondida de su casa, el único sitio donde, en realidad, se siente seguro o donde quizás puede bajar la guardia y mostrarse vulnerable.

La acción comienza cuando Claire Ibbetson (Sylvia Hoeks), una misteriosa heredera, se pone en contacto con él para que subaste una gran colección de antigüedades y de obras de arte que le han legado sus padres junto a una desvencijada villa. Cuando Rush va a visitarla, Claire no se quiere mostrar, pues sufre de agorafobia, y así se desencadena una historia en la que nada es lo que parece y por la que nos va conduciendo Tornatore de forma sutil, y en parte tramposa, por el camino del amor redentor, que luego no lo es, de la venganza y del misterio al más puro estilo de Hitchcock. También merece ser destacada la banda sonora de un venerable Ennio Morricone, leyenda viva de la música para el cine.

Selección y reseña: Ana Bellé (Departamento de Matemáticas)

La jungla de cristal (John McTiernan, 1988)

Cuando se me planteó la posibilidad de escribir una reseña de una película para la biblioteca de nuestro instituto se me pasaron por la cabeza varios títulos muy diferentes y me pregunté qué películas veía yo en mi época de alumno de instituto. Inmediatamente me vino al pensamiento La Jungla de cristal III y ese policía, ese tal John McClane. Y como todo tiene un principio, pensé en reseñar el inicio de esta saga de acción que tan popular fue en la década de los años noventa.

La Jungla de Cristal es el nacimiento de Bruce Willis como héroe de acción en una larga carrera a la que sigue sumando títulos y títulos de importancia. Antes de convertirse en héroe de acción Bruce Willis destacaba en la serie de televisión norteamericana Luz de luna, en la que hacia gala de su cara bonita y de su buena presencia, pero muy lejos de lo que se podía considerar un héroe de acción en ese momento.

El papel de John McClane fue ofrecido a actores de la talla y trayectoria de Frank Sinatra, Arnold Schwarzenegger, Sylvester Stallone, Burt Reynolds, Nick Nolte, Robert De Niro, Charles Bronson, Richard Gere, Don Johnson, Richard Dean Anderson, Tom Berenger, Harrison Ford o Mel Gibson. Sin embargo, en una arriesgada pero acertada decisión se optó por Bruce Willis a cambio del nada desdeñable sueldo de cinco millones de dolares. La decisión fue complicada, ya que el actor seguía con el rodaje de la serie Luz de luna y por la noche continuaba su jornada laboral para rodar esta película.

La Jungla de cristal parte de una idea o argumento muy sencillo: un rascacielos de cristal de la ciudad de Los Ángeles, la torre Nakatomi (este escenario de rodaje es, en realidad, la misma sede de la 20th Century Fox, la productora de la película) es secuestrado por una banda de terroristas con tan mala suerte de que dentro, aburrido en una fiesta a la que se ve obligado a acudir, se encuentra un policía de Nueva York, John McClane, que luchará sin descanso por acabar con todos los secuestradores y, sobretodo, por salvar a su mujer.

Un argumento demasiado sencillo para una película tan recordada treinta años después… entonces, ¿qué es lo que hace especial a la Jungla de cristal? Para entenderlo debemos tener en cuanta el cine de acción que se realizaba en esas fechas. Películas de acción como Rocky IV (1985) y Rambo III (1988) protagonizadas por Sylvester Stallone o Conan el Bárbaro (1982) o Predator (1987) protagonizadas por Arnold Schwarzenegger mostraban héroes que eran auténticas montañas de músculos pero no muy dados a hablar ni a mostrar debilidad alguna. John McClane es diferente; es un hombre inseguro (es un héroe que teme subir a un avión), con problemas familiares (la relación con su mujer está a punto de romperse) y preocupaciones cotidianas (no se encuentra a gusto en la fiesta a la que se ve obligado a acudir). Es un héroe cercano y muy humano con el que el espectador tiene facilidad para empatizar.

A partir de la Jungla de cristal el cine de acción y sus héroes cambiaron para siempre por lo que se suele considerar a Bruce Willis en su papel de John McClane el iniciador de un nuevo héroe circunstancial y humanizado, y ese es uno de los valores de esta saga en la historia del cine de acción.

Selección y reseña: Sebastián Solana (Departamento de Lengua Española y Literatura)

La mujer del cuadro (Fritz Lang, 1944)

Richard Wanley, (un genial Edward G. Robinson, icónico gangster en las mejores cintas de cine negro, pero aquí un hombre común) es  un profesor de psicología de mediana edad con una vida decente, monótona y ordenada. Alterna las tardes entre las conferencias universitarias, las reuniones familiares y las charlas con los amigos en el club. Todo cambia cuando su mujer y sus hijos parten de vacaciones, y Richard se queda de rodríguez…

Una noche, volviendo a casa, se queda prendado de un retrato de mujer que divisa a través de un escaparate.

Aquí es cuando entra en escena Alice Reed, la mujer fatal (la gélida Joan Bennet con la que compartirá escenas un año más tarde en Perversidad). Alice invita a Richard a su apartamento, Richard decide aceptar y entonces los acontecimientos se precipitan: una discusión, un cadáver, chantaje, suicidio….

Atrapado entre su sentido de la moralidad y la necesidad de salvar el pellejo, Richard usa sus conocimientos de criminalística para tratar de borrar las huellas del desastre: los objetos del crimen y las huellas dejadas en su comisión, cualquier pista involuntaria que apunte a la pareja. Mientras, la policía estrecha el cerco.

Fritz Lang elabora su film como un artesano, y marca el ritmo a base de relojes y espejos, todo rodeado de una atmósfera oscura, opresiva, y bajo una omnipresente lluvia. Un clásico del cine negro espléndidamente construido pero que sobrepasa las convenciones del género: El criminal conoce las reglas del juego pero es un hombre corriente, incluso torpe en ocasiones, y la femme fatale derrapa entre la manipulación y la candidez. Quizás la presencia inusual de estos personajes desorientó a parte de la crítica, aunque tampoco ayudó demasiado que su estreno coincidiera en cartelera con otras joyas canónicas del género: Laura de Otto Preminger, Perdición de Billy Wilder y Tener y no tener de Howard Hawks.

Quien visione el film por primera vez se sorprenderá ante la profundidad del debate psicológico que Lang impone al protagonista -un poco de pimienta para el encorsetado cine negro de preguerra- que le hace dar bandazos entre la ética de lo moralmente aceptable (lo convencional, lo correcto, la rutina del buen padre de familia) y el deseo profundo de aventura y riesgo que encarna la misteriosa mujer.

Una película que no decepciona. Difícilmente puede hacerlo porque, por si fuera poco, el genial  genial austriaco nos ofrece dos desconcertantes finales.

Selección y reseña: Miguel Ángel Aragüés (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Todos lo saben (Asghan Fashadi, 2018) 

El director de esta película es el iraní Asghan Fashadi (1943), quien ha recibido numerosos premios, como un Globo de Oro o dos Óscars por The Salesman y por Yodai e Nadir az Simin. Entre otras obras de este autor podemos citar Historia de una ciudad o Vil altitud de la que fue guionista.

La película Todos lo saben es una coproducción entre España, Francia e Italia y fue rodada durante el verano de 2018 en un pueblo español que refleja la esencia castellana. Sus actores también son españoles: Penélope Cruz, Javier Bardén, Ricardo Darín, Inma Cuesta, Bárbara Lennie…

Podemos considerarla un thriller psicológico, cuyo argumento empieza cuando Laura viaja con sus hijos (un chico y una chica ) pero sin su marido, desde Argentina a España (donde nació) para acudir a la boda de su hermana. Tras unos primeros días felices, se produce un hecho: el secuestro de la hija de Laura, de forma desconcertante y que va a trastocar el devenir de los acontecimientos.

A partir de la desaparición, se producen una serie de hechos que desconciertan al espectador (fundamentalmente personajes cuyas vidas pasadas generan numerosos recelos y que nos llevan a pensar que cualquiera puede ser el secuestrador).

El film puede considerarse largo, pero mantiene la atención del espectador de forma constante. La psicología de cada uno de los personajes se puede conocer a lo largo de todo el proceso de la historia. El ambiente en el que se desarrolla también contribuye al desarrollo del argumento, convirtiéndose en un personaje más de la trama.

El final, en su episodio principal, se resuelve de la forma esperada; sin embargo la historia va a tener consecuencias agridulces. Y lo más intrigante es que lo que todos creemos que saben no es lo importante, porque todos saben algo distinto de lo esperado, que no obstante contribuirá a resolver la historia de una manera no trágica. Sin embargo, en el proceso todos quedan salpicados por las heridas del pasado, que deberán cicatrizarse en el futuro y cuya circunstancia presente sólo ha hecho aflorar lo que estaba oculto pero latente y deseando salir a la luz.

Desde mi punto de vista, el secuestro que parece al principio una tragedia, sirve en realidad de catarsis, es como el vinagre que escuece pero cura, liberando de ataduras morales arcaicas prácticamente a todos los personajes (tanto protagonistas como secundarios).

El entramado de la historia es aparentemente el de un thriller, pero a través de este armazón se desgranan las creencias, pensamientos, prejuicios, pecados en general de toda la sociedad que aparecen en ella y particularmente de los personajes directamente implicados.

No es casualidad que se desarrolle en un pueblo, donde determinadas mentalidades suelen estar más arraigadas y donde el pueblo como conjunto se convierte en el juez implacable que señala con el dedo a los que no cumplen las “normas” impuestas. Pero mientras estas normas imperan, también ese pueblo conoce los secretos que se esconden bajo las apariencias. Por eso ocultan aquello que les conviene, manteniendo una mentira como si fuera una verdad. Ocultar la verdad forma parte de sus vidas y al conocerse dicha verdad descubrimos estupefactos que este pueblo que parece casi idílico al principio, no es más que un lugar que ya ha perdido definitivamente la edad de la inocencia, que se enfrenta de forma brutal y general a sus propios fantasmas y del que sospechamos que quizá tras este revulsivo que lo bambolea, vuelva a dormir la siesta, como Vetusta.

En definitiva, creo que la obra ha sido dirigida por mano certera, pero también han contribuido a crear el clima más apropiado los actores que participan, quienes construyen sus personajes de forma impecable, bajo mi punto de vista.

Selección y reseña: Avelina Pablo Urbano (Departamento Lengua Castellana y Literatura)

LA PAPISA JUANA (Michael Anderson, 1972)

Nos encontramos en mitad del siglo IX, durante un periodo turbulento de la Historia de Europa.

La Papisa Juana, ¿leyenda o realidad? Se suele admitir que entre los años 855 y 857 una mujer, ocultando su propio sexo, se convirtió en Papa. Esta circunstancia coincidiría con el Papado de Benedicto III durante la usurpación de Anastasio el Bibliotecario.

El hecho, sin embargo, podría también situarse años después, entre el 872 y el 882, coincidiendo así durante el Papado de Juan VIII.

Esta Juana o Joana habría nacido, según unas fuentes, cerca de Maguncia, hacia 822 y se la conoció como Juan el inglés. Su padre habría sido un monje germánico. ¿Hija de un monje?

Todas estas circunstancias puede que nos resulten incoherentes en una sociedad teocrática y patriarcal, pero al fin y al cabo esta situación se desarrolla a mitad del siglo IX, una época confusa y cambiante en lo social y lo político, no solo en la Historia de Europa, sino en la Historia de la Iglesia. Estamos aún lejos del refuerzo del papel que esta institución tendrá a partir de mitad del siglo XI y por supuesto de la “Ecclesia triumphans” de la Contrarreforma. Son los “siglos de hierro” de la Iglesia.

¿Y cómo refleja esto el largometraje? Pues en una obra que muestra con el mayor rigor posible entonces (la producción es de 1972) la información y las leyendas sobre Juana contrastadas hasta la fecha. La recreación de la época (el ambiente rural, la Roma medieval, el vestuario, las costumbres, los comportamientos) de un momento histórico no demasiado conocido.

El reparto artístico, con la espléndida Liv Ullman (pareja y musa de Ingmar Bergman) a la cabeza, Franco Nero (sólido intérprete de la época) y otros “secundarios” de lujo como Olivia de Havilland, Trevor Howard, Maximilian Schell o Lesley-Anne Down, contribuyen a dar solidez y calidad al largometraje, basado en una novela de Donna Woolfolk Cross.

Si a esto unimos la labor del director Michael Anderson (La vuelta al mundo en 80 días, Las sandalias del pescador) y del escritor (como guionista en esta ocasión) Lawrence Durrell, junto con la fotografía de Billy Williams y la música del prestigioso Maurice Jarre, nos encontraremos ante una obra digna, al menos de ser tenida en cuenta como referencia del cine de recreación histórica y más de esta época concreta de la cual no hay demasiadas muestras.

Precisamente algunas de éstas, son aquellas que han hecho incursión en las “películas de vikingos” con algunos interesantes ejemplos (como Ojo por ojo o La venganza de los vikingos de Hrafn Gunnlaugsson y series como El último reino o alguna temporada de Vikingos) en las últimas décadas. En este apartado es de destacar la última incursión en este “subgénero”, dentro del cine ambientado en la Edad Media, la producción Redbad de Roel Reiné (actualmente en cartelera), que precisamente incluye, al igual que alguna de las series citadas, la Francia carolingia en su trama.

Otra temática (o “subgénero”) a destacar, sería el de las películas sobre Papas o figuras ligadas al Papado, con ejemplos como El tormento y el éxtasis,  Amén, Habemus papam, la ya citada Las sandalias del pescador o las series sobre los Borgia, por citar obras de diverso enfoque sobre dicha institución.

Para volver a la película que hoy nos ocupa, destacar  por supuesto, y como versión posterior de la historia que el presente largometraje nos muestra, la producción alemana para la televisión Die Päpstin (La Mujer Papa, 2009) interpretada por Johanna Wokalek y John Goodman, que recrea con más realismo aún y con un metraje mayor,  el hecho histórico que hoy tratamos.

Selección y reseña: Pedro Vizcaíno (Departamento de Geografía e Historia)

CON FALDAS Y A LO LOCO (Billy Wilder, 1959)

Continuamos con nuestra cinematográfica sección y lo hacemos con una comedia. ¿Comedia e Historia? ¿Por qué no? 

Lo hacemos además con uno de los títulos emblemáticos y más conocidos de uno de los más emblemáticos y conocidos a su vez directores de la Historia del Cine, Billy Wilder. Si, “Con faldas y a lo loco”.

Los “locos 20”, los años del “charleston” y el jazz, la “Ley seca”, el gansterismo”, la corrupción asociada a la “Prohición” y a la “Burbuja”… tan lejos, tan cerca.

En el Cine, esta época ha sido tratada en numerosas ocasiones. El propio cine de aquella década reproduce su ambiente desde el cómico (Chaplin, Harold Lloyd, Buster Keaton, Laurel y Hardy) hasta el más dramático (“Una mujer de Paris”, “Amanecer”, “Y el mundo marcha”…).

Como el panorama de las películas ambientadas en aquellos años constituiría otra de esas listas interminables, citaré algún título significativo que se centre más bien en el tópico de los “locos años 20” en EEUU y sea similar al largometraje que nos ocupa: El propio título de 1939 “Los violentos años 20”, la segunda película de la saga de “El Padrino”, o “Los Intocables” nos llevan al mundo del hampa, de la mafia. Siguiendo con esto pero enlazándolo con la comedia, nos encontraríamos con “Primera plana” (también de Billy Wilder) “Balas sobre Broadway” (de Woody Allen), o los musicales “Cotton Club” o “Chicago”. La más reciente “The artist”, constituye un homenaje en el fondo y en la forma al tema que nos ocupa.

En el mundo de las series para televisión no podemos olvidar “Boardwalk Empire”.

Por supuesto esta película no se suele encuadrar dentro de “Cine de recreación histórica”, pero el salto de décadas (se rueda en 1959), su ambientación, estética musical, la propia realización en blanco y negro, etc, la situarían ahí sin ningún problema.

Volvemos de nuevo a Billy Wilder (1906-2002). Glosar su carrera y su genio, sería también imposible en el espacio que nos queda. Comedias como “Sabrina”, “El apartamento”, “Un, dos tres”, “Irma la dulce”, pero también dramas como “El crepúsculo de los dioses”, “El gran carnaval”, “Testigo de cargo”, etc nos hablan de la versatilidad este maestro del Cine.

En lo referente a sus protagonistas, ¿qué decir de Jack Lemon, Tony Curtis o Marylin Monroe? Pero no hay que olvidar a actores de reparto como George Raft o Pat O’Brien.

La desternillante trama de enredo, estructurada por la maestría de sus protagonistas, consiguen el efecto deseado, al que se unen la ambientación, la banda sonora y por supuesto los geniales diálogos.

Citar para acabar un dato no siempre conocido,Some Like It Hot” es la versión estadounidense de la película francesa Fanfare of Love (1935) con guion de Peter Thoeren y Michael Logan. Adaptada por el propio Wilder e Ial Diamond.

Selección y reseña: Pedro Vizcaíno (Departamento de Geografía e Historia)

CENTURIÓN (Neil Marshall, 2010)

Este largometraje británico muestra con una mezcla de rigor y espectacularidad la peripecia de la IX legión romana en la Caledonia (actual Escocia), en el primer año de gobierno del emperador Adriano,  a principios del siglo II de nuestra era, cerrando el “limes” del Imperio.

Algunos críticos la han tildado de “gore” (hay escenas de batalla  que hablan del intento de conquista de un pueblo independiente por parte de un Imperio), de visión caricaturizada de los pictos (personalmente considero que es un intento de reconstrucción arqueológica de lenguas, modos de vida, mentalidades, etc.).

Sin embargo, algunos detalles imprecisos serían que justamente la IX no sería destruida en Caledonia, sino que fue enviada a la frontera con el  Rhin (como demuestran recientes excavaciones arqueológicas). Por otro lado, el gobernador de Britania Agrícola, “azote de los caledonios”, había muerto unos veinte años antes de la acción narrada.

“Centurión”, en cualquier caso, no es “cine de romanos” al uso, sino “una historia de angustiosa persecución. Una ‘road movie’ a caballo asistiendo a un enfrentamiento bélico que la película observa no como la típica de buenos y malos, sino con respeto por dos pueblos que poseen sus motivos para trenzarse en disputa”- en palabras de Alberto Posso, crítico de “El País”.

Finalmente, tanto por su intento de recrear con rigor  y realismo ciertos aspectos no muy conocidos de la presencia romana en Britania, como por su puesta en escena (fotografía,  tonos azulados rozando el blanco y negro, primeros planos, manejo dinámico de la cámara, etc.), así como su tensión, cierto suspense y lirismo final, merece el visionado esta interesante, reciente, y no muy conocida obra del cine de inspiración histórica.

Selección y reseña: Pedro Vizcaíno (Departamento de Geografía e Historia)

GRAVITY (Alfonso Cuarón, 2013)

Desde sus orígenes, el cine ha sentido fascinación por el espacio y sus misterios y enigmas. Ya George Meliés, a comienzos de siglo, adaptó la excelente novela de Jules Verne, Viaje a la Luna, constituyendo una propuesta seminal del género de ciencia fcción. Conforme la técnica audiovisual avanza y mejora, las propuestas cinematográficas se perfeccionan conquistando cimas. 2001: una odisea del espacio, La guerra de las galaxias o Alien constituyen una trilogía referencial de la que bebe la impecable película de Alfonso Cuarón (sobre todo de las propuestas de Stanley Kubrick y Ridley Scott).

Así, sin llegar a la complejidad metafísica de 2001, la película de Cuarón también da pie a una lectura en clave existencial, en la que el ser humano debe hacer frente a sus miedos y temores, al abismo sombrío de lo que hay más allá de lo que conocemos. El misterio de la vida y de la muerte se articulan en un producto lleno de tensión, capaz de provocar el mismo terror atávico que el clásico de Scott, en el que el espacio se antoja un hábitat adverso para nuestras vidas.

El ser humano frente a lo incognoscible, a solas, con sus dudas, sus temores, sus esperanzas… Precioso plano final el de una Sandra Bullock mirando ese cielo enigmático, esa infinita nada de la que venimos y en la que desaparecemos, aferrados por gravedad a un pedazo de galaxia al que hemos llamado Tierra.

Gravity es una película mística, si bien ajena, como ya he sugerido anteriormente, a la complejidad conceptual de, por obvias similitudes, el 2001 kubrickiano. La película de Alfonso Cuarón está más cerca de la llaneza emotiva de los versos de San Juan de la Cruz, posée la singular virtud de conmover a través de un minimalismo envidiable.

Con escasos elementos, Cuarón va mucho más allá de otros angustiantes ejercicios de estilo (recuérdese, al respecto, Open water), alumbrando un corpus fílmico que pone al espectador cara a cara con sus dramas personales, sus demonios, sus angustias existenciales, sus hijas perdidas…

Gravity es una película de belleza musical, donde el sonido y la luz se alían con los actores (o, debería decir, su actriz), sus voces, sus expresiones, sus movimientos, para crear un ritmo perfecto, conmovedor, sinfónico, que nos habla de lo que sólo a través del arte puede decirse.

Está hecha con lágrimas de musa, pertenece a ese lugar en el que lucen las estrellas y al que, posiblemente, sólo llegaremos cuando nos apaguemos, cuando nos desprendamos de toda gravedad.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Depatamento de Lengua Española y Literatura)

GRAN TORINO (Clint Eastwood, 2008)

Gran Torino constituye una de las obras cinematográficas más completas de Clint Eastwood. Dirigida y producida por él, también supone una de sus últimas apariciones como protagonista en la gran pantalla, en la que puede considerarse una actuación magistral gracias a la cual consigue que su personaje conquiste al espectador.

El título de la película está directamente relacionado con un coche, el bien más preciado del protagonista, Walt Kowalsky. El Gran Torino representa el pasado de este anciano trabajador de la industria del automóvil estadounidense, un viudo que no tiene relación con su familia y que tiene una historia personal de la que se siente orgulloso al mismo tiempo que atado. Representa también una metáfora del estilo de vida, de los valores y de las costumbres de la sociedad norteamericana. El intento de robo de dicho coche desencadena una serie de acontecimientos que trastocan por completo su vida y le hacen cambiar, en cierto modo, su visión del mundo.

La historia narrada en la película está basada en un relato escrito por el autor nobel Dave Johnson y supone una parábola en la que su protagonista va sufriendo una transformación importante. Walt Kowalsky es un personaje difícil, un viejo gruñón. Su participación en la Guerra de Corea (1950-53) le ha dejado una profunda huella que le impide avanzar, huella vinculada a la creencia de que los fantasmas del pasado siguen todavía presentes y que los enemigos a lo que se enfrentó en aquel conflicto continúan siéndolo todavía. Por ello sus prejuicios continúan intactos, sobre todo en un momento en el que su vecindario, antes ocupado por “buenos y fieles norteamericanos” está siendo “invadido” por inmigrantes, la mayoría de ellos pertenecientes a la etnia hmong. Esta realidad provoca que esas costumbres y valores típicamente norteamericanos se vayan mezclando, diluyendo, enriqueciendo, a pesar de que el protagonista no sea capaz de verlo.

En un principio el desarrollo de la película sorprende ya que Clint Eastwood representa a un personaje sin pelos en la lengua y que no tiene inconveniente en mostrar sus prejuicios. Sus intervenciones están impregnadas de palabras malsonantes, de tópicos, de cajas destempladas,  pero uno no debe dejarse engañar por ello. La verdadera esencia de la película es otra, con ella el autor intenta reírse de los prejuicios, pretende mostrar a un hombre protegido con una fuerte coraza con la que aspira a defenderse de los cambios pero que se resquebrajará en el mismo momento en que sus vecinos le muestren algo de afecto. Porque a lo largo de la película se nos van describiendo los principales personajes, los familiares más cercanos de Walt y también a sus vecinos, los hmong, consiguiendo así que el espectador se ponga de parte del protagonista y entienda, en cierto modo, su forma de ser, de actuar, su comportamiento. Incluso se llegan a valorar algunas de sus principales premisas y se entienden todas las decisiones que va tomando a lo largo del desarrollo de la película.

No es mi intención desentrañar la esencia misma de la película pero Clint Eastwood consigue tratar un tema muy actual de una forma  amena e impregnada de humor, un humor un poco negro, en algunas ocasiones, pero que consigue que al finalizar la película no se sepa bien si se ha reído o llorado más. Sólo puedo decir que cuando acabó yo tenía una sonrisa en los labios mientras no podía dejar de llorar.

Selección y reseña: Paula Sebastián (Departamento de Gegrafía e Historia)

BLADE RUNNER (Ridley Scott, 1981)

Blade Runner es una de esas películas consideradas de culto. Está unánimemente reconocida como una de las tres mejores de ciencia ficción de la historia (junto a Metrópolis, de Fritz Lang, y 2001: Una odisea en el espacio de Stanley Kubrick) y para muchos también se encuentra entre las mejores de la historia del cine en general. Personalmente, es la que más me ha marcado. Y por si esto fuera poco, tiene quizá el final más sublime y memorable de todos los posibles, ese monólogo para el recuerdo precisamente sobre el olvido, ese famoso “como lágrimas en la lluvia” donde estalla, como una supernova, toda la lírica concentrada por la gravedad que tiene la propia historia, en un éxtasis capaz de iluminar toda una vida. En definitiva, tan increíble como todas esas cosas vistas por el personaje que “vosotros (los humanos) no creeríais” . Pero tranquilos, no desvelo nada: es mi “visión” viajando por mis palabras.

Pongámonos en situación: está basada en la novela de Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, y es uno de esos raros casos en los que la película logra ir mucho más allá que la novela. Se rodó en 1982 pero está ambientada en un futuro que resulta ser prácticamente el de nuestros días: noviembre del 2019 (por tanto, uno de sus atractivos es comparar ese futuro paralelo a nuestro presente). Está dirigida con oficio por Ridley Sott, e interpretada por un solvente Harrison Ford (Deckhard), un espléndido Rutger Hauer (más que nada porque su personaje Roy Batty le viene como anillo al dedo) y otros intérpretes secundarios elegidos con acierto. Pero la magnificencia del film viene dada por una feliz confluencia de sinergias varias, a veces premeditada, a veces casual o improvisada, de profesionales, avatares y peripecias de guión, edición, montaje diseño y rodaje en las que no vamos a entrar. El caso es que salió una Obra Maestra de lo que no iba más que para una simple buena peli. (Algo parecido le ocurrió también, por ejemplo, a Casablanca, incluido su mítico final).

Como sinopsis no diré más que lo que reza el texto tras los créditos :

“A principios del siglo XXI la Tyrrel Corporation desarrolló un nuevo tipo de robot biológico llamado Nexus -un ser virtualmente idéntico al hombre- y conocido como Replicante.

Los replicantes Nexus 6 eran superiores en fuerza y agilidad, y al menos iguales en inteligencia, a los ingenieros genéticos que los crearon.

En el espacio exterior, los replicantes fueron usados como esclavos, en la arriesgada exploración y colonización de otros planetas.

Después de la sangrienta rebelión de un equipo de combate de Nexus 6 en una colonia sideral, los replicantes fueron declarados proscritos en la Tierra bajo pena de muerte.

Brigadas de policía especiales con el nombre de unidades de Blade Runners tenían órdenes de tirar a matar al ver a cualquier replicante invasor.
A esto no se le llamó ejecución, se le llamó “retiro”.

El caso es que esos Nexus 6, con el tiempo, empezaron a desarrollar emociones y consciencia propia, en parte gracias a los implantes de memoria con recuerdos artificiales o, lo que es peor, de otros humanos. Fue una consecuencia imprevista por su creadores que, para remediarlo, los programaron para vivir tan sólo cuatro años, justo cuando empezaban a cobrar consciencia propia (a pesar de almacenar recuerdos de “toda una vida”). La película narra el desesperado intento, tanto más agónico cuanto más sentido, de estos replicantes por reunirse con su creador y prolongar sus vidas
Y es que lo que hace extraordinaria esta película es, por usar un símil, que tiene mil capas como una cebolla, sale de la hondura más fértil, es dulce y te hará llorar, llegando al fondo de las entrañas donde alimenta y te repite, repite, repite, repite… para bien o para mal, hasta que puedas digerir del todo toda su riqueza. Por rizar el rizo, es una película de mil “películas” nunca mejor dicho, mil finas capas, hojas o niveles de lectura uno dentro de otro.


En efecto, para empezar, tiene una estética realmente efectista, posmoderna y cyberpunk, que es toda una experiencia sensorial tanto a nivel visual (basada en los bocetos del mítico Moebius) y sonora (la música de Vangelis, tan mágicamente retro-futurista, tan clásicamente atemporal) que atrapa al espectador desde el primer fotograma y contribuye a crear esa atmósfera envolvente, casi hasta la asfixia, a lo largo de todo el film. Sólo eso contribuye a enganchar a un primer público adolescente que no alcanza a entender muy bien toda su riqueza, pero sin duda planta la semilla de la curiosidad, virtud que a menudo se pierde en la vida adulta.


Luego está la trama en sí, fácil de seguir y que, aunque originalmente fuera planteada como una historia de cómic futurista (recuerden a Moebius), es una mezcolanza armoniosa entre el entretenimiento del cine de acción, la intriga del cine clásico negro, el fatalismo de una gran tragedia griega (pues no deja de ser una revisión del mito de Prometeo), e incluso el romanticismo de una historia de amor… ¿imposible?

Por encima de esa narrativa flotan también elementos del cine más social, con connotaciones más políticas (la eterna lucha entre privilegiados y oprimidos o excluidos, el poder sin control de las mega corporaciones frente a estados semianárquicos, el impacto ecológico del desarrollo, la asimetría entre el hiperdesarrollo tecnológico y el progreso (más lento, o incluso decadente) a nivel moral, ético, político y de justicia social (¿Estamos preparados para el poder que hemos creado jugando a ser dioses? ¿Los sueños de la razón producen monstruos?).


Pero es que luego queda la capa o nivel más existencial y filosófico envolviendo las demás. Se trata de una indagación detectivesca de las grandes cuestiones que atañen a todo ser humano individual y colectivamente. Para empezar, ¿qué nos hace ser humanos? ¿Acaso la materia que nos constituye, la memoria que se pierde “como lágrimas en la lluvia”, la capacidad de sentir emociones, la inteligencia racional, la consciencia, mente o… quizá un espíritu o “alma”? Con todas las implicaciones bioéticas que, como muestra del realismo de la ciencia ficción, el mismísimo Parlamento Europeo ya está debatiendo sobre la posible extensión de algunos de los derechos humanos a futuribles seres con inteligencia artificial, igual que debate esa extensión a ciertos animales. En definitiva, la pregunta por quiénes somos, seguida de eternas cuestiones como de dónde venimos, adónde vamos… ¿Quizá hacia una posmodernidad transhumanista?

Todo ello, por último, aderezado con un rico simbolismo lleno de claves para entender las incógnitas que aparentemente quedan sin resolver, tras solo un visionado, y que hace las delicias de los fans y anima los debates interpretativos en múltiples foros. Pero nada de eso es esencial.
Todo ello sin sobrecargas, con diálogos cortos pero certeros, dejando tiempo para saborearlos pero con ritmo ágil. Resulta ligera y profunda sin ser sesuda. Apta para todos los públicos según su nivel de exigencia o capacidad interpretativa. O, también , para ser vista una y mil veces por un mismo espectador en diferentes épocas de la vida, porque es una película inagotable.

Solo añadir que existen varias versiones de la película en función de variaciones en el montaje (una versión del director, otra de la productora, etc.) donde solo cambian algunos planos o la voz en off, pero no afecta a su esencia, no para el espectador novel. También que recientemente se ha rodado una secuela (Blade runner 2049) con desigual recepción en público y crítica. En mi opinión, sale digna del intento para el riesgo que corría, e iguala incluso a la primera en poder visual y filosófico, pero dista mucho en otros de esos múltiples niveles, y desde luego no tiene ni la banda sonora ni mucho menos el final inigualable de la primera. Sencillamente sobrevive con solvencia a una tarea que le era imposible.


Dejo por último una de sus imágenes más icónicas, para que sirva de enlace con el poema de la semana que me ha evocado: ese pájaro en el pecho símbolo del alma. Y es que quizá la cuestión sobre qué nos hace ser humanos sólo puede ser respondida de manera oblicua, tangencial, en definitiva… ¡poética!. Quizá nuestra naturaleza más profunda sea inefable, sea hacernos nuevas preguntas a cada respuesta, no tener una esencia fija sino creárnosla a cada paso de la existencia. En definitiva: una tarea inacabada.

Selección y reseña: Javier Castán (Departamento de Filosofía)

REBELDES (Francis Ford Coppola, 1983)

Dirigida por Francis Ford Coppola, esta película de 1983 es una adaptación cinematográfica de la novela del mismo nombre de la escritora Susan E. Hinton publicada en 1967. Ambientada en los años sesenta en Tulsa, Oklahoma, nos narra una historia de jóvenes adolescentes en un mundo de desigualdades sociales y bandas rivales marcado por la violencia, donde los protagonistas buscan su propia identidad en una historia marcada por el drama y la amistad. Ponyboy Curtis, un joven huérfano de 14 años, relata sus peleas con una banda rival. En una de esas escaramuzas un chico muere y junto con su amigo Johnny y ayudados por Dallas, se ven obligados a escapar. Por un vuelco del destino, los protagonistas pasan de ser marginados a héroes.

Coppola, director de prestigio ya reseñado en esta página con anterioridad, autor de grandes éxitos y sonoros fracasos en los años ochenta, recibe una carta de unos estudiantes de California donde le instan a convertir el libro (“el más bonito que han leído”) en una película. Él es el elegido y en mi humilde opinión, no pudo haber mejor elección, ya que hace una adaptación magistral de la obra. Ese mismo año, rodó la adaptación de otra novela de la autora: “La ley de la calle”, pero “esto… ya es otra historia”.

¿Por qué la he elegido?

Siguiendo con la idea expresada en el título de “un poema, un libro y una película”, la relación con el poema de Frost elegido “Noting gold can stay” reseñado en la poesía de la semana es clara, ya que este es referente fundamental tanto en la novela escrita como en la película de Coppola. Considerada como una de sus obras más personales, arriesgadas y mejores, no solo sigue de manera magistral el hilo argumental, sino que capta la esencia íntima de cada uno de los personajes a los que cuida con mimo.

La película, que la crítica sitúa a medio camino entre “Rebelde sin causa” y “American Grafiti” supuso además el lanzamiento de una nueva generación de jóvenes actores anónimos que constituyó el germen del llamado “brat pack” (termino traducible como “hatajo de mocosos”) compuesta Tom Cruise, Matt Dillon, Patrick Swayze, Diane Lane, Rob Lowe, Emilio Estévez, Ralph Macchio, y C. Thomas Howell, que en su día empapelaron las carpetas de los institutos de mi generación y muchos de ellos se convirtieron en estrellas. Ellos pusieron cara a Ponyboy Curtis, Johnny, Dallas… Los personajes de la novela cobraron vida para mí en ese momento.

Esta película, al igual que la novela, me transporta a una época “dorada” que como dice el poema de Frost, no he podido retener y que Coppola refleja en las maravillosas puestas de sol y amaneceres que considero seña de identidad del autor. Si no sabes quiénes son los “greasers”, qué le pasa a Ponyboy, quién es Dallas o si simplemente quieres pasar un buen rato te recomiendo ver la película o leer la novela. Si ya has visto o has leído el libro, te invito de nuevo a verla o releerlo… para “seguir siendo dorado” (”Stay gold, Ponyboy).

Ana Belén Arnauda Acero
Profesora de Geografía e Historia

DETOUR (Edgar G. Ulmer, 1945)

“Detour” es uno de esos milagros narrativos que, ocasionalmente, y como quien no quiere la cosa, alumbra el cine. Película mítica del cine negro, estamos ante un paradigma de como la ausencia de recursos fuerza una contención y una sencillez en la puesta en escena y en la planificación que hacen de ella un intenso prodigio narrativo; un latigazo de genio servido en hermoso blanco y negro por uno de esos irrepetibles artesanos que hizo posible la serie B “made in Hollywood”: Edgar G. Ulmer.

Responsable de títulos emblemáticos del cine de terror como “Satanás” y de pequeños clásicos de la ciencia-ficción como “El hombre del planeta X”, Edgar G. Ulmer, de origen centroeuropeo, parece inspirarse en el “Crimen y castigo” de Dostoyevski a la hora de narrar, a manera de flash back, la tensa odisea de Al Roberts (Tom Neal), quien, buscando al amor perdido, acaba emprendiendo un tan casual como inesperado descenso a los infiernos del remordimiento y la culpa. La casualidad como motor de la acción y un ejemplar tratamiento del tema de la mujer fatal en una reflexión en clave de género acerca de los inesperados devenires de la vida.

Sus escasos sesenta minutos de metraje parecen adelantarse al tramo inicial de otro film mítico, “Psicosis”, resultando felizmente casual el interés del maestro Hitchcock por adaptar (intención que nunca llevó a cabo) el ya mentado clásico literario del maestro del realismo ruso.

Profesor: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

GLADIATOR (Ridley Scott, 2000)

Maximus Decimus Meridius mihi nomen est (Me llamo Máximo Décimo Meridio). Esta es la tarjeta de presentación del protagonista de la película Gladiator. El título procede de la palabra latina gladius, que significa “espada”, es decir, gladiator es el que usa la espada.

Ridley Scott es uno de esos grandes directores con películas de culto como Blade Runner o Alien, que en el año 2000 se enfrasca en la aventura de recuperar el género “peplum”, o películas de romanos con Gladiator. El término “peplum” procede de la túnica abrochada al hombro utilizada por los griegos, distintivo de un género ambientado en época clásica. Ardua tarea para el director, por tanto, rescatar un género de películas exitosas, con actores carismáticos y escenarios espectaculares. Todos recordamos la carrera de carros de Ben-Hur con Charlton Heston, los encantos de Cleopatra con Elyzabeth Taylor o las luchas serviles de Espartaco con Kirk Douglas.

Como ya se hablado de Ridley Scott en otras películas, pasemos a Gladiator. El actor Russel Crowe da vida a Máximo, soldado del ejército del emperador Marco Aurelio, el filósofo estoico, que deberá vengar a su familia después de que Cómodo, hijo de Marco Aurelio interpretado por Joaquin Phoenix, matase a su esposa e hijo. La crítica y la buena acogida del público le valió para conseguir cinco de los doce Oscar a los que optó, entre ellos a mejor diseño de vestuario y mejores efectos visuales. Gladiator consiguió que los espectadores pudieran visualizar en un gran formato, como es el cine de hoy en día, una batalla entre germanos y romanos, una naumaquia (batalla naval en el Coliseo) o diferentes luchas de gladiadores al estilo de la pintura de Gêrome “Ave Caesar, morituri te salutant”.

Ahora te voy a contar algunas curiosidades antes de ver la película:
⦁ En la escena de la lucha contra los germanos, Máximo pasa revista montado a caballo con estribos, elemento que todavía no se había inventado en esta época.
⦁ Cuando Máximo lucha contra un tigre “real”, había un veterinario preparado con dardos tranquilizadores.
⦁ Marco Aurelio no es asesinado por su hijo Cómodo, sino que murió víctima de la peste en la batalla de Vindobona.
⦁ En el plano de Roma aparece la basílica de Majencio construida en el año 306 d.C.; siendo Marco Aurelio emperador, la película se data históricamente en el año 180 d.C.
⦁ La escena de la batalla contra los germanos, con atuendo poco acertado para la época, se rodó en un bosque del Reino Unido que iba a ser deforestado. Se concedió el permiso de utilizar fuego real y quemar varias hectáreas.
⦁ Sólo se construyó una parte del Coliseo en Malta. La otra parte se completó digitalmente. Esta es la ventaja que no disponían los grandes escenarios de las “peplum” de los años 60.
⦁ En una escena aparecen candados, otro elemento que no se inventó hasta 1920.

Aún así, por muchos errores y anacronismos que existan en esta película, el director consiguió revivir el cine clásico mezclando el aroma de las antiguas producciones con la tecnología de la actualidad. ¡Ave Ridley!, los que van a ver tu película te saludan…

Profesor: Javier Alcutén (Departamento de Lengua Española y Literatura)

EL SÉPTIMO SELLO (Ingmar Bergman, 1957)

Siglo XIV, en Suecia. El caballero Antonius Block y su escudero regresan de las cruzadas en Tierra Santa. La peste asola toda Europa y, nada más desembarcar, a Block se le presenta la Muerte para llevárselo. Sobrecogido ante la visión, retará a la Muerte a una partida de ajedrez en la cual su vida estará en juego. Mientras jueguen, él seguirá vivo.

El séptimo sello es una de las mejores películas del genial director sueco. El título hace referencia a un pasaje del libro del Apocalipsis, que se utiliza tanto al principio como al final del largometraje. A nivel internacional es considerada una obra maestra del cine. La vida y la muerte, así como el más allá, son los temas abordados en este filme por Bergman. Es una alegoría que nos hace pensar en la vida como un juego contra la muerte, en el que de todas formas vamos a perder (“tempus edax omnium rerum”: el tiempo es devorador de todas las cosas).

Depende de nuestra inteligencia y creatividad ganarle tiempo a la muerte para agregar días a la vida, para encontrar respuestas y sentido a la vida, a todas nuestras inquietudes, enfermedades, injusticias, guerras, hambre, etc.

Las escenas de la partida de ajedrez son memorables y todos los personajes están soberbios. Disfrutad de la película… y de la vida.

Reseña realizada por Javier Alcutén (Departamento de Lengua) con la colaboración de José Luis Lagunas (cinéfilo conocedor del cine clásico).

2001: UNA ODISEA ESPACIAL (Stanley Kubrick, 1968)

Stanbley Kubrick es uno de esos nombres que deben escribirse con mayúscula en la Historia del Cine. Su obra no sólo es un constante intento por lograr mejoras de carácter técnico (uso de nuevas cámaras y lentes, iluminación, efectos especiales…) sino, también, una reflexión acerca de la condición del ser humano en circunstancias diversas.

En vida, llegó a ser un creador mítico, que controlaba exhaustivamente sus producciones. Su perfeccionismo llegaba a extremos legendarios (no es éste el espacio para hablar del aluvión de anécdotas que, al respecto, salpican sus rodajes), ocasionando incluso décadas entre una y otra película, siempre esperadas con impaciencia por los aficionados.

Pero, dentro de su impagable carrera, si hubiera que destacar un título tan mítico y enigmático como el propio Kubrick, éste sería 2001: una odisea espacial; para muchos especialistas, la mejor película de todos los tiempos.

2001 supuso una renovación en el campo de la ciencia ficción tanto a nivel temático como estético. Stanley Kubrick ambicionaba hacer la mejor película del género, motivo por el que se alió con Arthur C. Clarke, con quien desarrolló una apasionante historia acerca del tema de la evolución del hombre. La plasmación de la novela de Clarke en imágenes acentuó el carácter ambiguo de una trama a la que Kubrick supo dotar de un tono místico y poético que hicieron de la película un fascinante corpus artístico sobre el que todavía se debate, escribe y especula.

Kubrick facturó una película técnicamente impecable, redefiniendo un género tradicionalmente ligado a los parámetros de la serie B. Si su temática iba más allá de las tramas manidas de invasiones alienígenas y aventuras espaciales, su sentido de la estética conducía al género ante las puertas de la superproducción, constituyéndose así en pieza seminal de las tendencias cinematográficas posteriores.

Así las cosas, fenómenos como Star Wars deben a Kubrick su razón de ser, en tanto en cuanto 2001 manifestó la necesidad de que los efectos visuales tuvieran una importancia capital, siendo capaces de plasmar con credibilidad las fantasías de sus creadores.

Profesor: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

BAILAR EN LA OSCURIDAD (Lars von Trier, 2000)

Iconoclasta y clásico, preciosista y descuidado, Lars von Trier es un género en sí mismo, un director que ha hecho de la provocación, en ocasiones, una marca de estilo y al que, por la variedad de su ya amplia filmografía, resulta difícil de encuadrar. Así las cosas, podemos definir el cine de Lars von Trier (o al menos intentarlo) como una constante tendencia a escapar de la norma, provocando tanto un cuestionamiento de los géneros como una estética metamórfica que recorre un amplio espectro (desde el manierismo de El elemento del crimen hasta la “suciedad visual” de Los idiotas).

Bailar en la oscuridad, hoy por hoy, se encuadraría en la zona medial de su carrera, habiendo dejado atrás las barrocas propuestas estéticas de Europa y cuestionando los principios creativos que él mismo había enumerado en su polémico DOGMA 96 (cuyo máximo exponente sería la ya citada Los idiotas).

Palma de Oro del Festival de Cannes, Bailar en la oscuridad sorprendió a propios y a extraños por su sorprendente uso transgresor del género musical, dotándolo de un inusual poso de amargura. Lars von Trier transforma con mano maestra la tragedia clásica (a él, por cierto, debemos una estupenda versión de la Medea de Eurípides) en elegíaca melodía audiovisual, redefiniendo el cinematográfico número musical tradicional, gracias a la mano de Bjork (impagable su banda sonora), protagonista absoluta de esta película que, hoy por hoy, sigue siendo tan singular como inimitable; un clásico moderno.

Incluso en comedias como El jefe de todo esto, el cine de Lars von Trier supone una mirada incisiva acerca de los perversos comportamientos humanos. La contemplación del mundo provoca un reflejo desesperanzador, donde no existe la cabida para lo amable. La cámara de Von Trier es, siempre, un espectador cargado de cinismo, recreándose en la abyección consustancial al individuo. La sociedad, como infierno, inexorablemente condenada. Asomarse a Epidemic, Rompiendo las olas, Dogville, Melancolía, Anticristo o Nynphomaniac es contemplar un nuevo Jardín de las delicias, asomarse al abismo, bailar en la oscuridad.

Profesor: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura).

CENTAUROS DEL DESIERTO (John Ford, 1956)

Para muchos, y para este que recomienda, la mejor película que jamás ha visto: dirección, actuación (memorable John Wayne), secundarios (el reverendo (Ward Bond), el viejo Moss, la jovencísima Natalie Word…, fotografía, música y canciones del lejano oeste…

Los hombres de la frontera luchan y matan por sobrevivir y odian al indio. Los indios luchan por conservar sus tierras y modo de vida, y odian al blanco. No hay medias tintas, la venganza está presente. Son “quijotes” por el gran Cañón del Colorado, indios y emigrantes.

Si alguien quiere ser director de cine, tiene que ver las películas de John Ford. Cuando a otro grande, Orson Welles, le preguntan quienes son los tres mejores directores de cine, éste responde: John Ford, John Ford y John Ford. Es el maestro y el clásico del cine (disfruten viendo: “Ford Apache”, “El hombre tranquilo”, “Qué verde era mi valle”, “La legión invencible”, “Las uvas de la ira”…aquí está todo el séptimo arte).

Los que buscan (The seachers), recorren el salvaje oeste, durante cinco años, en busca de una niña raptada por los sioux, del gran jefe Cicatriz. ¿Después de tanto tiempo, la niña es sioux o querrá volver con su familia? ¿La aceptarán de nuevo los blancos?

Vean la “peli”, disfruten y nos lo cuentan en animada tertulia.

Gracias.

Profesor: Francisco Murillo (Departamento de Geografía e Historia)

EL PADRINO (Francis Ford Coppola, 1972)

Abrimos de negro.

“I believe in America.”

Gordon Willis pinta en tono caoba a Edward Hopper. Mural en movimiento con sabor a madera añeja, a coñac con poso de melancolía.

Coppola reescribe en planos la novela de Mario Puzzo. Poema épico “made in Hollywood”. La tradición se moderniza. Es un coctail de Shakespeare con Capote. El medievo visto anteayer. La Antigüedad Clásica hecha vanguardia.

Brando. Pacino. Cazale. Caan. Duvall. Keaton. Shire. El personaje interpreta al actor.

Balada triste de trompeta. Elegía en Nino Rota mayor.

Cerramos en negro tras la puerta que separa mundos, al final del pasillo, al final del recorrido, al final del metraje.

El padrino. Quizás, la mejor película de la Historia del Cine.

Profesor: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

300 (Zack Snyder, 2006)

Fíjate en la imagen. Ejemplo de anacronismo. Impacta ver a todo un espartano hablando, libreta en mano, al equipo de producción de la película. Se trata del actor Gerard Butler que interpreta al general espartano Leónidas. Sólo con su escultural cuerpo, su capa y esa amenazante barba provoca tremendo respeto.

Esa era la grandeza de los espartanos: la imagen de seres inmortales, invulnerables, que plantaron batalla a todo un ejército persa encabezado por Jerjes.

La historia:

Estamos en plena invasión persa por toda Grecia. En una de esas batallas, estrecho de las Termópilas (Puertas Calientes: lugar donde había manantiales de agua cálida), una alianza de polis  griegas lideradas por Esparta (por tierra), y Atenas (por mar), se unieron para detener la invasión del Imperio persa de Jerjes I. Enormemente superados en número, los griegos detuvieron el avance persa, situándose estratégicamente en la parte más angosta del desfiladero (se estima 10 a 30 metros), por donde no pasaría la totalidad del poderío persa. La invasión persa fue una respuesta tardía a la derrota sufrida en Maratón (recuerda al mensajero Fidípides gritando “hemos ganado”, que muere tras recorrer los 42 kilómetros que hay de Maratón a Atenas).

Jerjes reunió un ejército y una armada inmensas para conquistar la totalidad de Grecia, que conforme a las estimaciones modernas estaría compuesto por unos 250 000 hombres (más de 2 millones, según Heródoto). Durante una semana (tres días completos de combate), la pequeña fuerza comandada por el rey Leónidas I de Esparta bloqueó el único camino que el inmenso ejército persa podía utilizar para acceder a Grecia, en un ancho que no superaba los veinte metros. Las bajas persas fueron considerables, no así el ejército espartano. Al sexto día, un residente local llamado Efialtes traicionó a los griegos mostrando a los invasores un pequeño camino que podían usar para acceder a la retaguardia de las líneas griegas. Sabiendo que sus líneas iban a ser sobrepasadas, Leónidas despidió a la mayoría del ejército griego, permaneciendo allí para proteger su retirada junto con 300 espartanos. Cuando al final los espartanos fueron derrotados, éstos mismos habían conseguido retrasar tanto la llegada de la infantería persa, que el enfrentamiento naval en Salamina fue fundamental para conseguir la victoria ateniense, y más tarde la expulsión de los persas de Grecia.

La película:

Hasta aquí la historia relatada por historiadores como Heródoto. Hay que decir primero que la película está basada en el cómic de Frank Miller, es más, se rodó en una técnica cromática que imitaba las viñetas.

Recordaréis como Jerjes envía un emisario para negociar con Leónidas. Éste ofreció a los aliados su libertad, indicándoles que serían asentados en tierras más fértiles que las que ocupaban en ese momento. Cuando Leónidas rechazó los términos, el embajador le volvió a solicitar que depusiera las armas, a lo que Leónidas respondió con la famosa frase «Ven a buscarlas tú mismo». Heródoto cuenta de la batalla, a propósito del gran tamaño del ejército persa, es famosa la anécdota según la cual, en palabras del autor, el más valiente de los griegos fue el espartano Dienekes, pues antes de entablarse el combate dijo a los suyos que le habían dado buenas noticias, que le habían dicho que los arqueros de los persas eran tantos que «sus flechas cubrían el sol y volvían el día en noche, teniendo entonces que luchar a la sombra ». Dienekes, y los espartanos en general, consideraban el arco como un arma poco honorable, ya que evadía el enfrentamiento cuerpo a cuerpo.

Conclusiones:

Debemos recordar, ante todo, que estamos ante una película que se basa en el cómic, de ahí que nos aparece un “Jerjes” poco convencional. Incluso hay escenas que rozan el esperpento y la fantasía pura y dura, llevando al paroxismo la frase “ars gratia artis”.

La idea que se repite hasta la saciedad es la fuerza del colectivo, del grupo, de ese equipo que individualmente no gana nada (quién no ha escuchado el grito de guerra de los espartanos en los campos de fútbol). También es de destacar ese aroma a la búsqueda de soldados perfectos, casi inmortales, que recuerda desgraciadamente a la eugenesia del ejército hitleriano. Hoy en día se rinde en Esparta culto a Leónidas con una estatua que recuerda a una Greci