IES LA PUEBLA DE ALFINDÉN

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Rincón viajero

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Blog de la AMPA

EL TINDER DE LOS AÑOS OCHENTA

“Si te casas con muller de difuera, puede que te la den mala por güena” refrán de la bal de chistau.

Era un frío jueves noche de un tres de enero de 1985 en Casa Ruché. Como casi todos los días los hombres de Plan se reunían a jugar la partida y solucionar los problemas de aquella mala temporada del Madrid.

Aquel año el Real Madrid era una mezcla de veteranos y jugadores jóvenes. A Camacho, Santillana, Juanito o Miguel Ángel se les unieron unos jóvenes prometedores conocidos como la Quinta de Buitre. Aquella temporada se fichó a Jorge Valdano procedente del Real Zaragoza que se convertiría con Butragueño en la única noticia positiva de un Madrid que finalizó la temporada en quinto lugar a diecisiete puntos del Barcelona.

Entre conversaciones y vinos la noche fue cayendo mientras desde la pequeña televisión una voz firme y reflexiva decía: “Este valle es rico, esos caballos pastan en la mejor tierra del mundo… Trigo, ganado, caballos de doma… Me olvidé de algo… ¿Sabes de qué? Raíces que lo mantengan vivo… ¡MUJERES!”.

Aquella noche TVE eligió un western de 1951 para su Sesión de noche, el film Caravana de mujeres, en él un ranchero llamado Roy Whitman inicia un viaje a Chicago para formar una caravana de mujeres dispuestas a encontrar marido entre sus trabajadores.

Fuera la nieve arreciaba pero dentro algunos de los solteros vieron este diálogo de la película como una inspiración. Plan tenía el mismo problema y si allá, en el lejano oeste de Caravana de mujeres se podía, en Plan, por lo menos, había que intentarlo.

Esa misma noche escribieron el anuncio y llamaron al Heraldo. El anuncio despertó la atención de todos los medios de comunicación y Plan empezó a ser conocido, incluso de forma internacional, como el valle de los solteros.

Poco después, un diecinueve de enero, TVE estrenaba Superman y congregaba más de quince millones de espectadores. Sin embargo en Plan no había tiempo para películas. Las cartas de jóvenes casaderas de todos los rincones del mundo se acumulaban en la barra y el teléfono de la pequeña cabina de Casa Roché no dejaba de sonar… Era para asustarse…

“Hola, me llamo Maxi y en primer lugar quiero felicitaros por la estupenda idea que habéis tenido pues me parece que el pueblo lo merece.

Bueno, ahora voy a hablaros un poco de mi vida. Tengo veintinueve años, soltera y huérfana de madre. Trabajo desde hace diez años sirviendo en una casa. Mi pelo es castaño claro, mis ojos castaños. Mido un metro sesenta y peso cincuenta y tres kilos.

Y sin nada más, se despide de vosotros una amiga.

                                                          Maxi”

A partir de ahí comenzaron a entablarse muchas relaciones de amistad por correspondencia incluso antes de la fiesta organizada para los primeros días del mes de marzo. La expectación subía y la ilusión en los solteros de Plan, en los tiones, cada vez era mayor.

“Hola. Como presentación te diré sencillamente que gracias. Ya tendremos ocasión si tú quieres de hablar mucho mucho mucho. Seguramente debes de sentir la emoción que sintió Cristóbal Colón cuando se embarcó en el Atlántico hacia lo desconocido o  Louis Amstrong cuando se lanzó al espacio. Pues para que no tengas una gran incógnita o una decepción te diré que aquí no vas a encontrar la luna o las Américas, aquí solo vas a encontrar un pueblo de unos ciento setenta habitantes rodeado de montañas con sus cúspides blancas, sus faldas verdes y un río que serpentea en las praderas y el trinar de unos pajaritos…”

Puede que no sea la luna ni las Américas pero desde luego el Valle de Chistau o de Gistaín merece la pena. Sus cumbres, sus ibones, sus praderas y el encanto de sus bucólicos pueblos de piedra merecen desde luego una visita.

Plan, San Juan de Plan, Gistaín y Tella- Sin son unos pueblos en los que el tiempo se ha parado y que han sabido conservar su arquitectura y sus tradiciones. Además, con los años han sabido adaptarse al turismo adaptando sus senderos con las correspondientes indicaciones y alcanzando un nivel muy alto tanto en alojamientos como en restaurantes.

Una buena forma de conocer los pueblos y un camino que seguro que enseñaron los planenses a las jóvenes casaderas es el que une los tres principales pueblos del Valle. Es un corto y agradable trayecto que parte de Plan con un camino que nace junto al lavadero y asciende hasta Gistaín (unos cuarenta y cinco minutos) donde tendremos un precioso mirador de todo el valle puesto que es el pueblo más alto de la ruta y punto y final de la carretera. Desde ahí descendemos por un camino rodeado de verdes praderas que nos deja en San Juan de Plan en menos de treinta minutos. De San Juan de Plan hasta Plan hay un corto paseo junto al río Cinqueta que pone final a un sencillo y agradable paseo.

Más esfuerzo pero también un mayor premio obtendrán los que se atrevan a subir a uno de los lagos de alta montaña más espectaculares y hermosos del Pirineo. Cerca del macizo de Cotiella tenemos el ibon de Plan o Basa de la Mora. Para llegar a él podemos partir desde Saravillo (justo desde su quesería) o desde Plan. En ambas casos el camino exige unas grandes dosis de esfuerzo pero os aseguro que merece la pena por lo increíble del lugar.

Al volver al pueblo podéis aprovechar para reponer fuerzas y preguntar por la leyenda que da nombre al ibón de Plan (Basa de la Mora). Hay varios restaurantes interesantes como La Capilleta que fue galardonado con la distinción Bib Gourmand (una segunda línea interesante de la guía Michelin que destaca restaurantes en relación a su calidad- precio).

Hoy en día podemos dar gracias a iniciativas tan curiosas como la caravana de Plan que sirvió para revitalizar un valle predestinado al olvido y la desaparición. El valle de Chistau tiene una población de seiscientos sesenta y tres habitantes con una media de edad envejecida (ronda los cincuenta años) pero sigue vivo y eso es mucho. Recordemos el infortunio que han corrido más de doscientos pueblos abandonados en el Pirineo aragonés encabezados por la localidad de Ainelle protagonista de La lluvia amarilla de Llamazares.

Una reseña de: Sebastián Solana (Departamento de Lengua Española y Literatura)

 

SEISCIENTOS CINCUENTA PASOS EN ZARAGOZA

“Lo único que realmente nos pertenece es el tiempo. Incluso aquel que nada tiene lo posee.”  

(Baltasar Gracián)

Ante las acusaciones que los lectores de esta sección han argüido contra mí, profanando mi correo personal y tachándome de ocioso e indolente, de incitar a la desobediencia civil, de inducir a saltarse los confinamientos perimetrales y de despreciar el escaso tiempo libre de los lectores proponiendo excursiones que casi parecen vacaciones… Después de eso, no me queda otro remedio que confortar al lector medio con una corta actividad que le hará no perder ni un minuto y ni un metro más de lo necesario.

Una ciudad conocida por todos, seiscientos cincuenta pasos y una anodina calle. Con esto se verán satisfechos los austeros y los ocupados. La salida de esta semana no levantará grandes excitaciones ni construirá recuerdos imborrables, pero será interesante.

Nos citamos usted y yo en la calle, pero olvidemos tensiones anteriores. Recuerde las coordenadas. Longitud Oeste 00º53’49.56” y Latitud Norte 41º39’23.87”.

Si no se ha perdido usted se encuentra en el Palacio de la Alegría o Qasr al- Surur. Es un palacio fortificado construido en la segunda mitad del siglo XI por iniciativa del rey de la Taifa de Saraqusta, Abú Yaáfar Áhman ibnSulaymán al- Mutqtádir biLlah. Muchos consideran este palacio como uno de los principales ejemplos de arquitectura islámica hispana junto a la mezquita de Córdoba (siglo X)  y la Alhambra de Granada (siglo XIV).

El Palacio de la Aljafería ha tenido diversas funciones a lo largo de su historia: alcázar islámico hudí, palacio medieval mudéjar, palacio de los Reyes Católicos, cárceles de la Inquisición, cuartel militar y, desde 1987, sede de las Cortés de Aragón. Cada uno de esos momentos históricos ha dejado su huella y su transformación en este conjunto monumental.

La zona más antigua del Palacio es la Torre del Trovador. Es una torre defensiva de cinco pisos y planta rectangular. Durante los siglos IX y X fue una torre de vigilancia que luego se integró como parte del naciente palacio. Recibió ese nombre gracias al dramaturgo Antonio García Gutiérrez que basándose en una leyenda estrenó con gran éxito su drama El Trovador, en 1836, en el Teatro del Príncipe de Madrid.

La historia nos habla del doncel Manrique y su amor por la dama Doña Leonor de Sesé, pero Don Nuño de Artal (hermano de Manrique) también pretende a Leonor. La influencia de este llevan a Doña Leonor a un convento  pero el doncel la rapta y huyen juntos. Se descubre todo y el doncel es encerrado en el torreón de la Aljafería que llevará su nombre.

Esta historia de amor llegó hasta el compositor Giuseppe Verdi y le gustó tanto que la dio a conocer a través de una ópera estrenada en 1853 en Roma donde recibió atronadoras ovaciones.

La misma torre fue usada por Al- Muqtádir como un observatorio astronómico en el que el monarca musulmán pasaba largas horas con sus astrónomos observando el movimiento de los planetas y la posición de las estrellas.

Pero lo que pocos saben es que el palacio de Aljafería también fue sede del Santo Oficio de la Inquisición  y que incluso el inquisidor Torquemada llegó a Zaragoza en 1486 e instaló en lo que antes era un observatorio astronómico la sala de torturas y trece celdas para encerrar a los reos. De esa etapa tenemos en los muros restos de curiosos grafitis que los reos tallaron en los muros (desde figuras humanas hasta un tablero de ajedrez).

Pero además de recordar historias y leyendas en la Torre del Trovador, la Aljafería tiene mucho más. No puede faltar el patio musulmán concebido como un espacio íntimo rodeado de vegetación, agua y elementos decorativos o las salas del lado Norte del Palacio Taifal que se han reconstruido para mostrarnos su aspecto primitivo.

El lugar merece una visita ya que la Aljafería es uno de los monumentos más destacados del arte Mudéjar, reconocido por la UNESCO en el año 2001 como Patrimonio de la Humanidad.

Saliendo del palacio y en no más de seiscientos cincuenta pasos por una insulsa avenida llena de tráfico que recuerda a una heroína de la Guerra de la Independencia tenemos un moderno edificio inaugurado en el año 2014.

Concebido por la Caixa como centro cultural, el CaixaForum ofrece exposiciones temporales y, actualmente, podemos visitar la dedicada a “El espíritu de Montmartre en tiempos de Toulouse- Latrec” (la exposición se podrá visitar hasta el 14 de marzo).

Situado en las afueras de París el barrio de Montmartre era, en 1880, un lugar lleno de miseria y marginación, sin embargo, la llegada de varios jóvenes artistas de vanguardia como Toulouse- Latrec. Signac o Bonnard transformaron totalmente el barrio.

Estos nuevos artistas, poetas y escritores presentaban sus obras en cabarés, cafés concierto, circos, teatros experimentales, en la calle o en revistas populares. El tema preferido de estos artistas era la vida moderna que les rodeaba en el propio barrio de Montmartre.

La exposición nos mostrará los diferentes lugares de Montmartre como su cabaré Le Chat Noir así como diferentes momentos y espectáculos de su vida nocturna.

Una exposición muy bien ambientada y a la que merece la pena acercarse y que nos traslada al mundo de la bohemia parisina de finales del siglo XIX.

Una reseña de: Sebastián Solana (Departamento de Lengua Española y Literatura)

 

CARNABAL DE BIELSA: ONSOS, TRANGAS I MADAMAS

Ay, no hay que llorar, que la vida es un carnaval,

es más bello vivir cantando

(Celia Cruz del álbum Mi vida es cantar, 1998).

Existe una estrecha relación entre la fecha en que cae la Semana Santa y los días en los que se celebra el carnaval. Conociendo la fecha de la Semana Santa sabremos la del carnaval, exactamente cuarenta días antes, que es el periodo conocido como Cuaresma.

El hecho de disfrazarse y celebrar una fiesta de varios días es una continuación de la los antiguos Saturnales, festejos romanos en honor al dios Saturno. Pero con la decadencia del imperio romano la iglesia católica anuló y adaptó algunas fiestas convirtiéndolas en religiosas. Es lo que se acordó con la Semana Santa y con el periodo de cuarenta días que la precedía, en el que se debían realizar actos de sacrificio y penitencia como el ayuno y la abstinencia. Este periodo se iniciaba con el Miércoles de ceniza.

Pero los días anteriores se podía comer de todo, divertirse y celebrar cualquier festejo, a esta celebración se le llamo el carnaval y se popularizó la costumbre de disfrazarse con el fin de mantener el anonimato.

Quizás a todos nos suene el carnaval de Venecia o el de Río de Janeiro pero en Aragón tenemos un carnaval lleno de historia, tradiciones y personajes curiosos, el carnaval de Bielsa.

Bielsa es una pequeña villa de alrededor de trescientos habitantes situada en la confluencia entre los valles de Cinca y del río Barroso. Rodeada de montañas se encuentra a escasos doce kilómetros del Túnel de Bielsa, la frontera con Francia.

Su casco histórico es relativamente nuevo pues el pueblo quedó prácticamente destruido tras la Guerra Civil. Tenemos, sin embargo, un fantástico edificio renacentista del siglo XVI que es hoy el ayuntamiento y también el museo de Bielsa donde destaca una colección de fotografías antiguas que recuerda el episodio más traumático de la historia belsetana, La Bolsa de Bielsa.

La batalla de la Bolsa de Bielsa supuso el último aliento de la resistencia republicana en el Pirineo aragonés y la destrucción casi total de Bielsa y de sus aldeas cercanas sometidas a continuos bombardeos por parte de la aviación italiana del ejército franquista. La diferencia entre las fuerzas nacionales y republicanas convirtió esta batalla en un símbolo de la dura resistencia de los sublevados que finalmente fueron derrotados y tuvieron que pasar la frontera hacia Francia donde se encontraron con numerosos campos de refugiados de republicanos españoles.

También en el museo de Bielsa hay una interesante colección de fotografías del carnaval de Bielsa. En ellas podemos ver algunos de los personajes de este curioso carnaval que se siguió realizando incluso durante la Guerra Civil y la Dictadura.

El personaje más simbólico del carnaval es la tranga. La tranga, mitad hombre mitad choto, baja de la montaña tras pasar el invierno en busca de las madamas, las chicas vírgenes del pueblo. Los jóvenes se visten con cuernos y piel de choto y se pintan la cara con follín (hollín y aceite), en la boca se meten una trunfa (patata) con los dientes tallados en ella. A la espalda cuelgan las esquillas (cencerros) y llevan en las manos la tranga (un gran madero de árbol). La imagen es temible al ver a estos personajes saltando, corriendo y agitándose entre la gente.

Las jóvenes solteras se visten con un traje que se confecciona cada año. Una vez vestidas las madamas esperan a las trangas para luego pasear por el pueblo mostrando su alegría sin parar de bailar.

L’onso y el domador son dos personajes que van juntos y responden a las fábulas y leyendas propias del Pirineo centradas en el peligro de los osos. El feroz oso del Pirineo representado por un joven con un saco de hierba seca y una piel de oveja junto a dos palos que le sirven para simular andar a cuatro patas. Va encadenado al domador que tira de él y lo azota violentamente con su tocho.

Cornelio Zorrilla es un muñecajo relleno de ropas viejas y colgado al inicio del carnaval en el ayuntamiento de la villa. Cornelio representa todos los males sucedidos en el valle durante el año, identificándose a veces con algún poder político. Cornelio Zorrilla es sometido a un juicio del que siempre sale culpable  y es quemado en la hoguera como acto final de la fiesta el domingo por la noche.

Aunque este año no hay celebración de carnaval la visita al museo de Bielsa para echar un vistazo a las fotos merece la pena, así otro año ya estamos preparados para disfrutar de estos cuatro días inolvidables de fiesta.

Después de conocer el pueblo y pasear por sus calles es el momento de hacer un poco de ejercicio y disfrutar de la naturaleza. En menos de quince minutos cogiendo la carretera que atraviesa el pueblo llegamos al Valle de Pineta, uno de los lugares más espectaculares del Pirineo. Recomiendo ir, volver e ir de nuevo porque es un espectáculo que merece ser disfrutado en todas las estaciones del año.

De entre todos los caminos la senda a los Llanos de Lalarri es uno de los más sencillos y divertidos. Es una ruta de unas dos horas contando la vuelta, con un gran aparcamiento para dejar el coche y con el parador de Pineta para tomar algo reconfortante después de la caminar en una terraza con vistas impresionantes.

El camino resulta toda una aventura si se realiza con raquetas en invierno, delicioso gracias a las cascadas con las que nos vamos cruzando si se realiza en primavera o impactante si optamos por disfrutar de los colores rojos y amarillos del otoño.

Cuando llegamos a Lalarri nos encontramos en un circo espectacular rodeados de los tres miles más imponentes del Pirineo. Es para mí uno de los lugares más accesibles y salvajes de Ordesa.

Con esta recomendación podemos conocer un pedacito de la historia y de las costumbres de nuestra comunidad así como disfrutar de la naturaleza y de la gastronomía del Pirineo. Además es un grito de anhelo y de añoranza ante la suspensión de otra de nuestras maravillosas fiestas que debía celebrarse este fin de semana… En fin, maldito COVID 19, 20, 21…

Una reseña de: Sebastián Solana (Lengua Española y Literatura)

 

POESÍA Y MISTERIO A LA SOMBRA DEL MONCAYO

“Todos los males se curan con los aires de Veruela” (Braulio Foz, 1861)

Iniciamos esta sección con una visita a la comarca de Tarazona, cuya seña principal de identidad es el Moncayo, una imponente montaña de 2315 metros de altura.

A poco más de una hora de Zaragoza se encuentra el encantador pueblo de Vera del Moncayo y desde ahí podemos seguir un agradable camino llamado el paseo  de Bécquer hasta el monasterio de Veruela (un paseo de menos de dos kilómetros).

Según vamos avanzando por el camino veremos una gran fortaleza (más que un monasterio) rodeada por una impresionante muralla que cierra un enorme recinto que era casi una pequeña ciudad donde los monjes tenían todo lo que necesitaban para autoabastecerse.

El monasterio se construyó en el siglo XII, fue el primer monasterio cisterciense de Aragón y se asentaba para su funcionamiento en las reglas de San Benito (la oración y el trabajo como el camino para llegar a Dios). Los monjes del Cister defendían el trabajo manual como un deber ascético más y con él buscaban satisfacer las necesidades del monasterio. Gracias a esta forma de concebir el trabajo estos monjes desarrollaron técnicas agrarias desconocidas hasta ese momento y repoblaron tierras sin valor dando lugar al nacimiento de prósperos territorios que dependerán económica y organizativamente de la vida dentro del monasterio.

Merece la pena ver el maravilloso claustro y otras dependencias del monasterio así como conocer detalles sobre la vida de los monjes (opción de visita libre o visita guiada por 1,80 euros).

Antes de abandonar el monasterio hay que echar un vistazo a la exposición Los Bécquer en Veruela, donde se hace un repaso de la estancia de los hermanos, Gustavo Adolfo y Valeriano, entre diciembre de 1863 y julio de 1864. Y es que Bécquer (conocedor de la zona) necesitaba pasar un tiempo de descanso y de reposo para sanar su enfermedad de tuberculosis y el Moncayo parecía el sitio ideal para ello recordando el famoso verso de Braulio Foz.

Después de visitar las celdas y demás lugares del monasterio es interesante sentarse a la salida junto a la Cruz Negra (también llamada Cruz de Bécquer). Este era el lugar en el que se sentaba el poeta, a ratos buscando la inspiración y a ratos esperando impaciente el correo y noticias de Madrid.

Después de la visita al monasterio podemos regresar al coche o bien desde la cruz coger un sendero de tres kilómetros que nos llevará al siguiente hito de nuestro viaje, al excomulgado y maldito pueblo de Trasmoz.

Trasmoz tras varias disputas con Veruela (por la explotación de la madera de un bosque y por el uso del agua de un río para riego) fue primero excomulgado y después declarado pueblo maldito cuando en 1511 el abad de Veruela así lo declaró mediante la recitación del salmo 108 de la Biblia acompañado del tañer de las campanas del monasterio.

Estos sucesos alimentaron las creencias sobre Trasmoz y los trasmoceros como lugar maldito, de brujas y nigromantes, que tanto fascinaron a Bécquer y que inspiraron su obra Cartas desde mi celda, donde narra leyendas y supersticiones de la zona con especial atención a la figura de la Tía Casca.

La Tía Casca era capaz de volar en su escoba, de hablar latín y mil lenguas desconocidas, podía envenenar el agua del río y echaba mal de ojo a los niños y los sacaba de sus cunas para azotarlos. Los sábados en compañía de otras brujas hacía aquelarres en el castillo de Trasmoz, se reunían para volar con sus escobas y practicar ritos perversos. Por eso y por otros tantos actos maléficos la Tía Casca fue perseguida por sus vecinos y sufrió un linchamiento popular hasta que murió despeñada por un precipicio.

En realidad, la Tía Casca fue Joaquina Bona, una mujer que sufrió una muerte violenta a manos de sus propios vecinos acusada de brujería cuando realmente era una curandera que solo intentaba ayudar a los demás. La Tía Casca murió en 1850, unos años antes de la llegada de Bécquer, y en su recuerdo el ayuntamiento de Trasmoz ha colocado una escultura que la recuerda como la última bruja asesinada.

Merece la pena una última mirada al pueblo antes de que se pierda en el horizonte, con su castillo en lo alto, imponente figura que recuerda la importancia de un pueblo que hoy ronda los noventa habitantes y que permanecía olvidado en el tiempo hasta que en el año 1982 volvió a ser importante en España cuando fue utilizado por ETA en el secuestro del padre de Julio Iglesias.

Y por si no hemos tenido suficiente misterio con las brujas de Bécquer, a solo quince minutos en coche tenemos un lugar escalofriante, foco de peregrinación de los fanáticos del misterio y de lo paranormal, el santuario de Agramonte.

El santuario de Agramonte es hoy un lugar en ruinas y serio riesgo de derrumbe que en el pasado fue un sanatorio antituberculosis para todos aquellos que no podían pagarse un tratamiento contra la enfermedad. El sanatorio fue inaugurado en 1938 y abandonado en los años setenta. Desde ese momento es un lugar proclive a historias y leyendas de apariciones de fantasmas y psicofonías alimentadas por diferentes programas de TV. La realidad es que el santuario es un lugar peligroso por su estado ruinoso pero fascinante para todos los seguidores de lo paranormal.

Y con esta visita damos por finalizada una interesante jornada cumpliendo las normas y sin salir de nuestra provincia, conociendo mejor la comarca de Tarazona y recordando la famosa cita de Emile Zola: “Nada desarrolla tanto la inteligencia como viajar.”

Una reseña de: Sebastián Solana (Departamento de Lengua Española y Literatura) 

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