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La poesía de la semana

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Blog de la AMPA

POESÍAS CURIOSAS (Primera parte)

En muchas ocasiones, los poetas se divierten jugando con el lenguaje, y se retan unos a otros para ver quién es más creativo. Es entonces cuando componen poemas muy curiosos, a veces estrafalarios, como los que vas a ver hoy y en otra próxima entrega.

JUGANDO CON NÚMEROS

El valor fónico de los números sirve para crear poemas bastante divertidos, como este moderno, de autor anónimo y dedicado a los sastres:

Yo compadezco a los sas 3,
porque de los hombres to 2
no hay otros que de más mo 2
sufran mayores desas  3.

Por eso soy su vo  0,
y si me lo permitié  6
os rogaría que fué  6
también su amigo sin 0.

Siempre humilde fue su c 1
y como viven senta 2
nunca fueron encumbra 2
en hombros de la fort 1.

No hay uno entre 89
que en mil casos repeti 2
no remiende sus vesti 2
y los ajenos re 9.

Y entre ciento no habrá 1
que haya subido a un birl 8
o haya probado un bizc 8
en su frugal desay 1.

No a los sastres acu  6
de sus percances en 1/2,
buscad a su mal re 1/2
y no a infamarlos pa  6.
(…)

El Abate Feria, el fatídico año de 1898, publicó en Zaragoza un librito llamado Aritmética humorística donde aparece este otro poema, criticando a los que especulan en la Bolsa, y que podría haberse escrito hoy:

Nadie en la Bolsa es sin 0

allí abundan los pillas 3

De allí viene el agua 0

que causa tantos desas 3

A pasos acelera 2

el oro sube, par 10

como cuatro y seis son 10

Que estamos empapela 2

jugadores no abu 6

porque el pueblo no está ch 8

y el día que nos can 6

os tragamos cual bizc 8

Bajad el oro bandi 2

mi aviso no es import 1

pues si cerrais los oí 2

no vais a quedar ning 1

Lamentablemente, el número de posibilidades que nos ofrece una rima con números es muy reducido. Será mejor jugar solo con letras y palabras. ¿Será posible hacer también algo sorprendente?

EL MENSAJE OCULTO

Seguro que sabes qué es un acróstico. Como recordarás, consiste en esconder un mensaje que se recupera uniendo la primera letra de cada verso. Lo normal es que oculten el nombre de una persona a la que se ama o se admira. El autor de este poema te resultará muy conocido, y usa las letras iniciales con las que comienzan los versos de cada estrofa para colarnos el nombre de su amada Guiomar:

¡Guay de aquel que nunca atiende

galardón por su servir!

¡Guay de quien jamás entiende

guarescer ya, ni morir!

(…)

Verdadero amor y pena

vuestra belleza me dio,

ventura no me fue buena,

voluntad me cativó;

(…)

Y estos males que he contado,

yo soy el que los espera;

yo soy el desesperado,

yo soy el que desespera;

(…)

¡Oh si aquestas mis pasiones,

oh si la pena en que estó,

oh si mis fuertes prisiones

osase descobrir yo!

(…)

Mostrara una triste vida

muerta ya por su ocasión,

mostrara una gran herida

mortal en el corazón;

(…)

Agora que soy ya suelto,

agora veo que muero;

agora fuese yo vuelto

a ser vuestro prisionero,

(…)

Rabia terrible me aqueja,

rabia mortal me destruye,

rabia que jamás me deja,

rabia que nunca concluye;

(Jorge Manrique)

Ahora que conoces el truco ¿sabrías cómo se llamaba la hermosa dama del siguiente poeta? Como pista, te diré que mires los últimos versos:

Dudo todo el bien que espero,

y si no dudo, sospecho;

nunca me veo satisfecho,

ni sospecho lo que quiero.

Ante que el mal sea venido,

bivo con pena esperando;

el bien escojo dudando,

aunque venga lo que pido.

tanto cuanto más os quiero

requiero menos provecho,

y cuando más satisfecho,

zedo queda lo que espero.

(Puerto Carrero)

A veces, el código “secreto” se oculta un poco más, y podría pasar desapercibido. ¿Ves de arriba abajo el nombre de la Virgen?

COPLA A LAS CINCO LETRAS

DE NUESTRA SEÑORA

La m madre te muestra,

la a te manda adorar,

la r por reina nuestra .

que nos tiene de salvar;

la i porque de Ihesús

ser su madre mereciste,

la a la angustia triste

cuando le viste en la cruz.

  (Vizconde de Altamira)

¿HAY LETRAS QUE SOBRAN?

La querida Gloria Fuertes es famosa por sus ingeniosos juegos de palabras. Aquí reivindica el uso de la -ñ-.

POEMA A LA EÑE

Todo tiene eñe en España.

¡hasta España!

Eñe de coño o cigüeña que nos trae,

eñe la cizaña o la guadaña que nos lleva,

eñe la niña que nos enfría,

eñe la leña que nos calienta.

Eñe la caña con que pescamos,

eñe el paño que nos calienta,

eñe el moño que aún baila jota,

eñe la maña que maña ostenta,

eñe la uña que nos araña,

eñe extremeña.

Eñe de caño de fuente,

eñe de cuña que injerta,

eñe de añicos,

eñe de mierda,

o eñe de niño, que somos todos

los que aún latimos por un poema.  

Ninguna letra es innecesaria. Todas sirven para crear casi infinitos mensajes. ¿A quién se le ocurre que nuestra vistosa –ñ- sea una letra inútil? ¿La campaña será campana, la caña será cana y la cuña será cuna?  ¿Y qué hacemos con el año? Estamos de acuerdo con Gloria Fuertes en que nada sobra, ni palabras ni letras… salvo que lo hagamos jugando.

¿Podemos hacer un poema sin verbos? Sí, si lo intentamos:

DEL AMOR.

Media noche: una calleja

de antigua cepa moruna:

por todo farol, la luna,

y Dios por toda «pareja».

Una ventana, una reja,

detrás de la reja … «alguna»,

y ante la ventana, una

canción trémula de queja …

Otro hombre… una maldición

en la callejuela sola

un grito airado: «¡Traición!»

en la sombra una pistola

y, después, un borbotón

de la gran sangre española.

(Belisario Roldán)

¿QUITAMOS O PONEMOS LETRAS?

Los lipogramas, del griego leípein (= faltar, abandonar) y gramma (= letra), prescinden de una o varias letras del alfabeto y son una tradición literaria que se remonta a los clásicos. El lipograma más antiguo que se conoce es un poema del griego Laso de Hermione (Siglo VI a. C.) titulado «Oda a los Centauros» escrito sin la letra sigma (nuestra –s-). Lamentablemente, solo nos queda el primer verso de su obra.

A lo largo de la historia de la Literatura, los lipogramas han sido muy abundantes (incluso hay letras de rap que usan hoy este recurso), pero no siempre se crearon para jugar. Se cuenta que el poeta alemán del Siglo XVIII, Gottlob Burmann, tenía fobia a la letra «r». Se dice que compuso 130 poemas sin esta letra y que, incluso, evitó usarla en su vida cotidiana.  Como imaginarás, lo pasaba fatal cuando le preguntaban por su apellido. 

Quizá el que llevó al extremo los lipogramas fue el escritor Georges Perec, que con sus amigos del grupo Oulipodecidió dedicarse en cuerpo y alma a crear una obra maestra capaz de revolucionar la literatura del siglo XX. Perec acabó escribiendo en 1969 ‘La disparition’, una novela de 297.000 caracteres en la que no empleaba ni una sola –e-. Lo normal en un texto francés de esta extensión es que hubiera aparecido al menos 50.000 veces. 

En castellano, tenemos también muchos ejemplos, como estos poemas de Sebastián Gómez Arrojo en los que se propuso no usar la –u- (el segundo, además, solo usa palabras monosilábicas):

EN LA TUMBA DE SU HERMANO 

Reconcentrando en él mi pensamiento,

mirándole – sin verle – como ansío,

con los ojos del alma, en el vacío,

padece la razón feliz tormento.

Bajo marmórea losa, latir siento

del joven y formal hermano mío

el triste corazón, ¡oh desvarío!,

y en balde lloro allí con noble intento.

Tal piedra, de la fe da idea clara

y al calor de mi ser, del bien celosa,

cada vez más se enfría y más me azara;

pero acaso volviérase ardorosa

al frío de mi ser, si yo lograra

el honor de morar bajo esa losa.

FE Y PAZ                        

A ver de Dios la faz

yo voy con fe sin Fe,

mas ir en son de paz

si voy con Paz no sé.

Fe y Paz sin ton ni son

dan el Don por el din … 

no ven el «fin» del don…

y le dan con mal fin. 

– Con Paz, sin pan, no hay fe;

con Fe no hay paz sin pan,

mas en paz, bien se ve,

tras de mí con fe van.

Paz y Fe son laidos …

la paz a Fe yo di;

por Fe, de paz en pos,

a Paz, sin fe la vi.

Mal y bien, ras en ras,

yo no soy de gran ver;

la Fe y la Paz son más …

¡son el ser de mi ser!

En 1990 se publicó una traducción al castellano con el título de “El secuestro” de la novela de Perec; para equilibrar la dificultad, los traductores decidieron en este caso no usar la letra –a- (muy frecuente en nuestro idioma). Recibieron el premio Stendhal por su descomunal trabajo.

Quizá para compensar, Perec publicó en 1972 ‘Les revenentes’, usando solo la tetra –e-, a la que había castigado en ‘La disparition’. Aquí tenemos un poema en castellano al que se le han quitado también todas las vocales, salvo una:

VÍCTIMA DE UN AMOR CORTESANO

VE EL POETA EN LA PAZ DEL CAMPO

EL REMEDIO DE SUS MALES                 

Amada, abrasa las cansadas alas

alzadas a la blanca paz astral;

¡para ya, falsa dama tan fatal!

¡ya bastan las mal dadas alcabalas!

Allá, alma, hallarás albas zagalas,

castas para amparadas tras fanal;

las anchas llagas las harán panal,

arrancarán las bajas plantas malas.

Clara cascada apagará la llama;

al alba cantarás baladas vagas;

grata cama dará la blanda grama …

Amada paz, al alma ya la halagas;

mas dála llamas, mal, las anchas llagas …

¡la faz ablanda la malvada dama!

HOY ME HE LEVANTADO CON GANAS DE CONSONANTES

Llamamos tautograma (del griego «to autó»= lo mismo y «gramma»= escrito, letra) a un texto compuesto por palabras que comienzan todas con la misma letra. Por ejemplo: «mi mamá me mima mucho». Es decir, podemos definir los tautogramas como: «prosa producida por palabras por principio parecidas».

El siguiente soneto de Quevedo es un tautograma cuyas palabras empiezan todas por la misma letra, e igual sucede con los dos siguientes poemas: 

«Antes alegre andaba; agora apenas

alcanzo alivio, ardiendo aprisionado;

armas a Antardra aumento acobardado;

aire abrazo, agua aprieto, aplico arenas.

Al áspid adormido, a las amenas

ascuas acerco atrevimiento alado;

alabanzas acuerdo al aclamado

aspecto aquien admira antigua Atenas.

Agora, amenazándome atrevido,

Amor aprieta aprisa arcos, aljaba;

aguardo al arrogante agradecido.

Apunta airado; alfin, amando, acaba

aqueste amante al árbol alto asido,

adonde alegre, ardiendo, antes amaba

                        (Francisco de Quevedo)

Sonia, sensual, serena

Sonia sonreía satisfecha,

soñaba sentada sobre su sillón,

sentía sueño,

sobrevolaban Suecia,

sus sentimientos seguían serenos,

saboreaba su suerte,

sería su semana soñada…

(Francisco J. Briz)

Manolo mío:

Mi madrileño marchoso,

maduro melocotón maleable

macedonia mascaré mañana,

mortadela moscatel mío.

Madrugaré maestro

–me manipulas–,

Manolo, macho mío,

mándote majuelas, magnolias

maíz, mijo,

–me matas, majo–. 

                                  (Gloria Fuertes)

Lo normal, dada la extraña y forzada pronunciación que produce este fenómeno, es que se use para poemas satíricos, como los siguientes:

PARA PACA                                                 

Puedes, Paca, pasar por perdularia,

por panadera puerca, perezosa;

¿pero pintada parecer preciosa?

¡pena perdida! ¡presunción precaria!

¿Prevalecer pretendes, pobre paria,

pasando por persona poderosa,

por poder pavonearte polvorosa?

Pagáraslo por pena pecuniaria.

Pálidos polvos, pérfidas pinturas,

piden, por previsión, platinas placas,

pues pocos prestan por piedades puras;

¿pero podrás pensar pedir patacas,

pasar percances, padecer premuras,

por presentar pintarrajadas Pacas?

(Aurelio Berro) 

PARA PEPE                                       

Puedes, Pepe, pedir perfectamente

por pura precisión pelo prestado,

pudiendo, presumido, por peinado

ponerte perifollos propiamente.

Para pedir, ¡pardiez!, precisamente

parécesme, Pepín, predestinado;

pero para pagar, ¡pobre pelado!,

precisa perdonar pacientemente.

Piensas poder pasar por poderoso

perfecto personaje, pero… pero … 

pareces, pobre Pepe, perezoso,

panzudo, patizambo, posadero,

petimetre, pacífico, precioso,

propio para pictórico pandero.

(Carmen Foraster)

Si lees las revistas del corazón, o todavía no has bloqueado –como han hecho miles de españoles- cierta cadena de televisión, te resultarán curiosas las reacciones que los últimos acontecimientos han suscitado acerca de este personaje de interés en sus seguidores más fervientes:

SHAKIRA

Señoras, señores, sabrán sucesos sobre señorita solista serenatera, símbolo sudamericano, sentada solio soberano, situada sobre similares soneros, su seudónimo significa “sobrehumana salerosa”, su ser sideral suele sumergirse, surgiendo suites. Sinsonte sin sombra.

“Sortilegio” sería su simiente, señalando su sino. Susodicha sardina solía solfear “sin sandalias”, soñando ser sensación sin sinónimo. Sería “sorda, sonsa, sin sentidos”, según su segundo sencillo, siguió sorteando sequías, soportando sinsabores, superando soledades, sacrificando sentimientos, sobrepasó saboteadores, subestimada sepultó satíricos sensacionalistas, situándose sin sonrojo sobre suelo sajón, superando spanglish, su señal suena siempre semejando Santana, Sting, Springsteen, seduciendo sexy sin silicona, sudando simpatía. Sus shows son soberbios, sobretodo su sacudida sahariana: siendo suave, siendo sísmica (Sultán sueña secuestrarla, sometiéndola su séquito), sublimando su suporte sarraceno. Seduce sitios sin suministrar salvoconducto.

(…)

Sin stress, sigue sencilla, sin sonrojos. Sony, su sello, supo sacar su “Sanitario Servicio” situándolo sonotecas; seguro su salario subió. Suegro sureño suspiraba sonriendo, semblante satisfecho suponiendo suculenta suma, su sustento se salvó. Sabiamente superó semejante situación, saliendo suertudo sobrio seleccionado Spain. Sentó seso santificando sociedad Salsa-Piqué, sumando sonrisas semillita, simiente señalado San Siro.

(…)

Sobra subrayar sus suficientes señales: Sesera sedosa, simpática sonrisa, silueta silfidina, suscita silbidos silencia silbatinas. Su sendero sólo señala satisfacciones. Sencillo “Suplicio” sincronizado solista Sáenz, singular sinfonía, siguió suceso similar “Sentaderas sin sandeces”. Su soundtrack “Saludo/Salida”, superó sobradamente sentimental serie sobre senil solterón suspirante, superviviente sarampión supremo. Sudáfrica sucumbió “Sale Sol” su sonido saliente sacudió Sitio Su-toube, saturó su servicio.

Seduce su solidaridad social. Shakira: sigue sumando saber sensible, sembrando semifusas, saltando suites, siguiendo sugerencias sensatas, sorteando sapos, serpientes, sabandijas. Saeta sibilina sobrepasará similares, subyugando siglo, siendo sensacional. Suerte sirena.

Su seguro servidor,

(Sdixon Sacosta Smedellín)

(Continuará)

Miguel Ángel Aragüés (Departamento de Lengua Castellana y Literatura)

El futuro (Julio Cortázar)

Y sé muy bien que no estarás.

No estarás en la calle, en el murmullo que brota de noche

de los postes de alumbrado, ni en el gesto

de elegir el menú, ni en la sonrisa

que alivia los completos de los subtes,

ni en los libros prestados ni en el hasta mañana.

No estarás en mis sueños,

en el destino original de mis palabras,

ni en una cifra telefónica estarás

o en el color de un par de guantes o una blusa.

Me enojaré amor mío, sin que sea por ti,

y compraré bombones pero no para ti,

me pararé en la esquina a la que no vendrás,

y diré las palabras que se dicen

y comeré las cosas que se comen

y soñaré las cosas que se sueñan

y sé muy bien que no estarás,

ni aquí adentro, la cárcel donde aún te retengo,

ni allí fuera, este río de calles y de puentes.

No estarás para nada, no serás ni recuerdo,

y cuando piense en ti pensaré un pensamiento

que oscuramente trata de acordarse de ti.

Julio Florencio Cortázar nació en Ixelles el 26 de agosto de 1914, fue un escritor y traductor argentino; este último oficio lo desempeñó para la Unesco y varias editoriales. ​ Sin renunciar a su nacionalidad argentina, optó por la francesa en 1981, en protesta contra la dictadura militar en su país, ​ que lo persiguió y prohibió y que él denunció a la prensa internacional desde su residencia en París.

Considerado uno de los autores más innovadores y originales de su tiempo, fue maestro del cuento, la prosa poética y la narración breve en general. Fue también creador de importantes novelas, las cuales inauguraron una nueva forma de hacer literatura en el mundo hispano, pues rompieron los moldes clásicos mediante narraciones que escapan de la linealidad temporal. Debido a los contenidos de su obra, que transitan en la frontera entre lo real y lo fantástico, Cortázar suele ser relacionado con el realismo mágico e incluso con el surrealismo. Además, es catalogado como uno de los exponentes centrales del boom latinoamericano, junto a otros escritores de renombre, entre ellos, los premio Nobel de literaturaGabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, y los ganadores del Premio Cervantes, Carlos Fuentes y Cristina Peri Rossi

Vivió hasta los cuatro años en BélgicaSuiza y España. Tiempo después, su familia volvió a Argentina, donde Cortázar residiría hasta 1951, año en el cual se estableció en Francia, país que sirvió a la ambientación de algunas de sus obras y donde vivió el resto de su vida. Visitó por última vez su país el 12 de diciembre de 1983, después de la vuelta a la democracia. ​ El 12 de enero de 1984 volvió a París, donde murió exactamente un mes después debido a una 

En cuanto a este poema, “El Futuro”, vemos cómo Cortázar trata dos temas imprescindibles de la literatura: la pérdida del amor, o de una relación amorosa, y el tiempo como forma de curar las heridas que esta pérdida ocasiona. Todo ello a través de 35 versos irregulares, que podemos ver cómo se dividen en tres partes bien diferenciadas.

Al principio del poema el autor se dirige directamente a esa persona que ya no está junto a él, esa persona ha desaparecido, no sabemos muy bien si por desamor o por la muerte, pero queda clara la sensación de angustia del poeta porque ya no está junto a él recordando varias de las situaciones cotidianas que solían hacer juntos y ya no volverán a tener lugar. Empieza por tanto hablando por y para ella, para después reflexionar sobre cómo será su vida sin esa persona y reconociendo, al final, que aunque le costará acostumbrarse a esa nueva situación sentimental, lo hará, seguirá adelante, porque si algo podemos tener claro es que el tiempo todo lo cura.

Plagado de recursos literarios, metáforas, paralelismos, anáforas, Cortázar, nos demuestra, que pese al dolor más profundo que podamos sentir en un instante, el del desamor, el de no saber cómo seguir la vida sin ella, el tiempo todo lo devora, así hará que desaparezca esa angustia, ese recuerdo, que se volverá tan oscuro y tan lejano, que llegará un momento en que no recordará, y en ese instante, cuando la olvide, volverá la paz y la felicidad para él.

Quedémonos con la idea principal, lo podremos pasar mal por amor, por la ausencia de él, pero así como la vida no es eterna, tampoco lo es esta amarga sensación, como decía Goethe, todo, también lo malo, se acaba, y cuando se acaba equivale a la nada, al olvido, y en este caso a la felicidad.

Marimar Castro Giménez (Departamento de Lengua Castellana y Literatura)

De alguna manera (Luis Eduardo Aute)

Me faltan las fuerzas,
ha sido muy tarde…
y nada más… nada más,
apenas nada más.
Las noches te acercan
y enredas el aire,
mis labios se secan
e intento besarte.
Qué fría es la cera
de un beso de nadie…
y nada más… nada más,
apenas nada más.
Las horas de piedra
parecen cansarse,
y el tiempo se peina
con gesto de amante.
De alguna manera
tendré que olvidarte…
y nada más… nada más,
apenas nada más.

La otra noche, paseando por Instagram, me encontré con este precioso poema de Luis Eduardo Aute.
Aute nació en Manila (Islas Filipinas), en 1943. Su primer contacto con la música fue en 1960. Integró el grupo Los Tigres y compuso para la cantante Massiel canciones con un marcado tono de protesta. Comenzó a grabar algunos discos, actividad que compaginaba con la pintura. En 1975 aparece su primer libro de poesía, «La matemática del espejo». En 1980 comenzó a dedicarse a componer música con mayor riqueza instrumental. Joan Manuel Serrat, Marisol y Teddy Bautista también figuran entre los artistas para los que ha trabajado. Igualmente ha compuesto la música de numerosas películas y obras teatrales. Como artista plástico ha expuesto sus obras en importantes ferias internacionales como ARCO (Madrid) y la Bienal de París. Fallece en Madrid, en 2020.

Respecto al poema, a la canción, Luis Eduardo Aute publicó esta canción en el año 1973 en un disco icónico llamado Rito. Años después, en el año 2000, unos amigos se juntan para un compilatorio en tributo al cantautor llamado Mira que eres canalla, Aute. De ese disco, la voz de Joan Manuel Serrat susurra y lamenta que de alguna manera tendré que olvidarte. Versión definitiva para un tema que escucharemos siempre en nuestra soledad, en nuestro lamento de hombre… y nada más.

Su temática… quién no ha estado enamorado pero ha sabido que no es lo que más le conviene, quién no ha sabido que tiene que olvidar a alguien, por su bien, por su salud, por su bienestar, quién no ha recordado por la noche ese beso que no debería o podrá volver a dar, quién no ha visto cómo el tiempo se eterniza a la hora de tener que tomar una difícil decisión.

Es difícil no poner la mente en modo recuerdo, al son de la rima, de la música si la escuchamos, echando un vistazo atrás, a nuestra memoria, a nuestro presente, a nuestro futuro, a ese amor que está, estuvo o estará, pero algún día puede que tenga que olvidar de alguna manera, y nada más.

Es más que conocida la versión que Serrat hizo cantando esta canción, aquí el enlace al video donde podéis disfrutarla: https://www.youtube.com/watch?v=7RKVTCok2Sg

Marimar Castro (Departamento de Lengua Castellana)

LEÓN FELIPE- VENCIDOS… DEL POEMARIO “ VERSOS Y ORACIONES DE CAMINANTE”- 1920.

VENCIDOS.

“Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar…

Y ahora ociosa y abollada va en el rucio la armadura,
Y va ocioso el caballero, sin peto y sin espaldar…
va cargado de amargura…
qué allá encontró sepultura
su amoroso batallar…
va cargado de amargura…
que allá “quedó su ventura”
en la playa de Barcino, frente al mar…

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar…
va cargado de amargura…
va , vencido, el caballero de retorno a su lugar.

Cuántas veces Don Quijote, por esa misma llanura
en horas de desaliento así te miro pasar…
y cuántas veces te grito: Hazme un sitio en tu montura
y llévame a tu lugar:
hazme un sitio en tu montura
caballero derrotado,
hazme un sitio en tu montura
que yo también voy cargado
de amargura
y no puedo batallar.
Ponme a la grupa contigo,
caballero del honor,
ponme a la grupa contigo
y llévame a ser contigo
pastor…

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar…

León Felipe. Versos y oraciones de caminante—1920.

Ya no sé si a León Felipe lo leen en las escuelas, si se siguen editando sus libros o si en las facultades de “hispánicas” los alumnos lo estudian. Yo descubrí a León Felipe, en un libro de 1º de BUP, de tapas azules de Lengua Castellana, escrito por Lázaro Carreter (entonces director de la Real Academia de la Lengua), y Vicente Tusón. La editorial era Anaya. Al final de cada tema había un comentario de texto, sin orden cronológico de fragmentos de autores españoles del siglo XX: Delibes, Cela, Pío Baroja y su elogio al “tiovivo”, un fragmento de “Réquiem por un campesino español”, de Ramón. J. Sender… En uno de estos apartados estaba un poema de León Felipe, que si no recuerdo mal, unos de sus versos era “todo para el gusano de la tierra, nada para”… León Felipe, escribió estrofas libres de métrica, que sonaban bien. Podíamos soñar con ser poetas, sin medir versos.

Era 1980, y en los bachilleratos se leía y recuperaba a los poetas arrinconados por el franquismo: Antonio Machado, Miguel Hernández, Lorca, Alberti, y León Felipe. La editorial Espasa-Calpe editaba a precios asequibles antologías de Antonio Machado, en su colección Selecciones Austral, que hacía el número uno. El veinticinco de esta colección, era la “Obra poética escogida”, de León Felipe, con prólogo y selección del gran poeta del 27, Gerardo Diego.

Rebusco en mi biblioteca, y la encuentro. Yo la compré, con gran esfuerzo económico en septiembre de 1983, cuando comenzaba el C.O.U, el equivalente a 2º de bachillerato, y estaba matriculado, como debería sercrespecto de todo el alumnado de Humanidades y Sociales, en una asignatura que era “Literatura española y universal del siglo XX”. En las sucesivas reformas educativas, que han dado para mucho, hubiera sido tan fácil como añadir “ y del XXI”, porque el tiempo pasa.

La buena costumbre de muchas librerías de poner una etiqueta me recuerda que la compré en la “Librería Pérez”, en la calle de Cinegio, número cinco, es decir, en pleno “Tubo “ zaragozano. Hoy en el solar de esta librería, donde comprábamos tebeos de segunda mano y libros de oferta, está la terraza del café-cantante del Plata.

León Felipe, es un poeta, un personaje desde su nacimiento errante, bohemio y humilde. Nace en 1884, en el pueblo zamorano de Tábara, en plena ruta de la Plata, hacia Santiago, tocando las estribaciones de la sierra de la Culebra, reducto de los últimos lobos ibéricos salvajes. La notaría de su padre le lleva a vivir por varios pueblos españoles. Su oficio de farmacéutico le obliga a itinerar, incluso a estar destinado a la colonia africana de Guinea Ecuatorial. Por deudas pasa una temporada en la cárcel. Antes de la Guerra civil, se casa y es profesor de literatura española en varias universidades de América. Regresa a España, para apoyar la causa republicana. La dictadura franquista le hace convertirse en un “símbolo de los intelectuales exiliados en Méjico. Su obsesión es volver a España. Cuando estaba listo el viaje, fallece en la tierra hermana mejicana en 1968.

Entra en contacto, con los poetas contemporáneos de su época: Machado, Juan Ramón Jiménez, Gerardo Diego. Conoce a Lorca en Nueva York…Pero no forma parte de generación literaria, ni de grupo poético. Es libre.

Los primeros títulos de sus obras, nos recuerdan a las influencias de Antonio Machado y Unamuno: “Versos y oraciones de caminante”. Otros a su estancia neoyorkina, “Drop a star”. Más adelante, el abandono obligado de la patria, el desarraigo, y su manifiesta ideología republicana se reflejan en los poemarios ,“Español del éxodo y del llanto” o “Llamadme publicano”. El paso del tiempo, la vejez y la enfermedad en una de sus últimas publicaciones: “¡Oh, ese viejo y roto violín!”.

Los grandes cantautores se fijan en el mensaje de León Felipe, y los encajan con sus melodías. El disco más redondo de Serrat, “Mediterráneo”, incluye como última canción, la versión musicada del poema “Vencidos”, que aquí reseñamos. Paco Ibáñez, reivindicador de la poesía española de todos los tiempos, versiona otros cuatro poemas de León Felipe: “Como tú”, “Sé todos los cuentos”, “Parábola”, y quizás la más cantada “Ya no hay locos”, alusiva al gran loco- cuerdo universal, Don Quijote.

Lean al León Felipe, seudónimo de Felipe Camino Galicia, y escuchen las versiones de Paco Ibáñez y Joan Manuel Serrat. Buen verano.

Francisco Javier Murillo Esteban (Departamento de Geografía e Historia)

Tú me quieres blanca, de Alfonsina Storni

Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar.
Que sea azucena
Sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada.

Ni un rayo de luna
filtrado me haya.
Ni una margarita
se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
tú me quieres blanca,
tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas
las copas a mano,
de frutos y mieles
los labios morados.
Tú que en el banquete
cubierto de pámpanos
dejaste las carnes
festejando a Baco.
Tú que en los jardines
negros del Engaño
vestido de rojo
corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto
conservas intacto
no sé todavía
por cuáles milagros,
me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
¡me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,
vete a la montaña;
límpiate la boca;
vive en las cabañas;
toca con las manos
la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
con raíz amarga;
bebe de las rocas;
duerme sobre escarcha;
renueva tejidos
con salitre y agua:

Habla con los pájaros
y lévate al alba.
Y cuando las carnes
te sean tornadas,
y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada,
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta.

La autora de esta poesía es Alfonsina Storni (Capriasca, 29 de mayo de 1892-Mar del Plata, 25 de octubre de 1938), una suiza afincada en Argentina que destaca pronto en el panorama literario hispanoamericano por su decidida actitud feminista y provocadora. Profesora (aunque antes también operaria de fábrica, y camarera, y cajera de farmacia, y actriz, y cantante en cantinas de dudosa reputación…), madre soltera y reivindicativa, llamó la atención por sus primeros poemas, recogidos en La inquietud del rosal, en una edición que hubo de encargar a su costa, aunque no llegó a reunir el dinero para pagar.

Sus primeros poemas fueron recibidos entre el desinterés y las críticas de los conservadores, entre otras cosas porque era una relativa desconocida con ideas novedosas y afín a los movimientos de izquierda de trabajadores; pero también había algo en Alfonsina Storni que provocó elogios y defensas encendidas de los gurús del momento: Amado Nervo y José Enrique Rodó la acogieron ya desde un principio sin reservas, aclamándola como una de las voces poéticas más frescas del nuevo panorama poético.

En nuestra poesía de la semana, con un lenguaje reconocible modernista, Alfonsina recrimina al hombre -como género, por supuesto- de su tiempo que exija la pureza y la castidad a la mujer, mientras él disfruta de una vida disoluta. El tema no es nuevo, y (aunque con un tono distinto) recuerda las famosas redondillas de Sor Juana:

Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:
si con ansia sin igual
solicitáis su desdén
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Pero Alfonsina Storni escribe desde el agitado comienzo del siglo XX, y también las reivindicaciones femeninas ya son otras. Como decimos, el estilo es de un modernismo muy clásico, comenzando con la sarta típica de elementos naturales asociados a la pureza: espuma, nácar, azucena, corola, rayo de luna, margarita, y sus adjetivos asociados: casta, tenue, cerrada, nívea, blanca y alba.

Como contraste, describe el comportamiento disoluto del hombre, asociado a los conceptos copas, frutos, mieles, labios, banquete, pámpanos, carne, jardines de Baco…, como estampas de lujuria desenfrenada, y coronando con ese “vestido de rojo” en los “jardines negros del engaño”. Esta actitud rebelde no es ya la de sor Juana (“no nos reprochéis”); es más bien un grito liberador: “trata de sufrir como sufre una mujer”.

Así, con mezcla de reproche y reto, propone al hombre que sufra en sus propias carnes los rigores que exige para la mujer:

Huye hacia los bosques,
vete a la montaña;
límpiate la boca;
vive en las cabañas;
toca con las manos
la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
con raíz amarga;
bebe de las rocas;
duerme sobre escarcha;
renueva tejidos
con salitre y agua.

La mujer del siglo XX, independiente e igualitaria, ya no se conforma con no ser insultada. Se siente segura de sí misma, y en ocasiones, superior a su pareja. Muchos otros poemas ya ofrecen esta visión radicalmente nueva, de la que Alfonsina Storni es precursora. Se recurre al mismo tema en otros poemas como por ejemplo Siglo XX, “Veinte siglos” o “Un hombre pequeñito”.

Veinte siglos

Para decirte, amor, que te deseo,
sin los rubores falsos del instinto.
Estuve atada como Prometeo,
pero una tarde me salí del cinto.

Son veinte siglos que movió mi mano
para poder decirte sin rubores:
«Que la luz edifique mis amores».
¡Son veinte siglos los que alzo mi mano!

Pasan las flechas sobre mis cabellos,
pasan las flechas, aguzados dardos…
¡Son veinte siglos de terribles fardos!
Sentí su peso al libertarme de ellos.

Hombre pequeñito

Hombre pequeñito, hombre pequeñito,
Suelta a tu canario que quiere volar…
Yo soy el canario, hombre pequeñito,
Déjame saltar.

Estuve en tu jaula, hombre pequeñito,
Hombre pequeñito que jaula me das.
Digo pequeñito porque no me entiendes,
Ni me entenderás.

Tampoco te entiendo, pero mientras tanto
Ábreme la jaula que quiero escapar;
Hombre pequeñito, te amé media hora,
No me pidas más.

Sor Juana, en el poema que hemos citado más arriba, también le había reprochado al hombre de su tiempo la infantilidad de sus comportamientos contradictorios, absurdos:

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

Rebelde e inconformista hasta el final de sus días, apelando a su libre albedrío, decidió quitarse la vida antes que soportar los dolores de una enfermedad que le habían diagnosticado erróneamente como terminal. En homenaje a su gran amigo Horacio Quiroga, que también se suicidó, escribió estos versos:

Morir como tú, Horacio, en tus cabales,
Y así como en tus cuentos, no está mal;
Un rayo a tiempo y se acabó la feria…

Allá dirán.
Más pudre el miedo, Horacio, que la muerte
Que a las espaldas va.
Bebiste bien, que luego sonreías…
Allá dirán.

El 25 de octubre de 1938, Alfonsina Storni dejó su hotel de madrugada dejando en su cuarto una escueta nota de su puño y letra: “Voy a dormir”. Llegó hasta el Club Argentino de Mujeres y se arrojó al mar desde las escolleras.

Otros más románticos dan otra versión de su muerte. Yo prefiero pensar que se adentró lentamente en el mar desde la orilla, hasta que desapareció, como reza la famosa canción de Mercedes Sosa Alfonsina y el mar. ¿Por qué no? Su compositor es el argentino Ariel Ramírez, y a él oyó el relato de su muerte de su propio padre, alumno de Alfonsina.

Por la blanda arena que lame el mar
Su pequeña huella no vuelve más
Un sendero solo de pena y silencio llegó
Hasta el agua profunda
Un sendero solo de penas mudas llegó
Hasta la espuma.

Miguel Ángel Aragüés (Departamento de Lengua Castellana y Literatura)

Me agrada un cementerio

de muertos bien relleno,

manando sangre y cieno

que impida el respirar,

y allí un sepulturero

de tétrica mirada

con mano despiadada

los cráneos machacar.

Esta semana os ofrecemos un fragmento de La desesperación, poema atribuido a don José de Espronceda.

En la Historia de la Literatura, la muerte ha sido un tema estrella (tal que ocurre en el resto de las artes), que ha recibido tratamientos de lo más diversos. Así, por ejemplo, Gilgamesh la enfrenta en su célebre epopeya, bajando a los infiernos con la idea de rescatar a su amigo Enkidu, como si el terrible final de toda vida fuera una anécdota de la que cualquier héroe pudiera burlarse; Jorge Manrique, por su parte, dio una visión religiosa y cristiana de la misma, poniendo en boca de su padre, don Rodrigo, la aceptación placentera de la misma; y podríamos seguir elaborando una lista interminable hablando de planteamientos existencialistas, sobrenaturales, jocosos…

La muerte esta ahí, a la vuelta de la esquina, dispuesta a asaltarnos cuando menos nos lo esperemos. Convivimos con ella, queramos o no, diariamente y, de hecho, en una ciudad como la mía, Zaragoza, siempre me ha llamado la atención que el cementerio se ubique junto al parque de atracciones, como si formaran parte de la misma fiesta.

No en vano, hubo quienes le vieron el lado lúdico a los cementerios, quienes entendieron que el locus amoenus no tenía por qué ser un plácido lugar, bañado por los radiantes rayos del sol, de aguas tranquilas y frondosa y fresca naturaleza. A los Románticos les gustaban los sitios “raros”, ténebres, escabrosos. De ahí que escribieran, por ejemplo, novelas terribles como El monje, Frankenstein o El doncel de don Enrique el Doliente, donde lo críptico, lo feérico y lo mortuorio tenían una presencia tan importante como la del curioso poema que hoy hemos elegido, un fragmento de La desesperación, como ya os he indicado, anónimo, aunque en ocasiones atribuido a José de Espronceda.

Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Castellana y Literatura)

VEREMUNDO MÉNDEZ COARASA, el clásico de los poetas en lengua aragonesa.

FRAGMENTO DE SU POEMA “Las flamas del fogaril”,

LAS FLAMAS DEL FOGARIL (Las llamas del hogar).

Una nuey recién cenáus
mirando las flamas yeran
prexinando cada cual
u pensando a su manera,
rodiando lo fogaril,
toda una familia entera,
em aquella nuey d’ivierno
que l’ausín chiflaba fuera,
chelando a la nieu que empliba
los telláus y las carreras.

Yeran bien aposentáus
en dreita y zurda cadiera,
y, cara a cara lo fuego,
bellos en escamilletas
escuitando que, lo güelo,
fablaba d’estas maneras:
A mí porque ya so viello,
Muita vida no me’en queda
pero a estos fogarils
y polidas chamineras
que por cientos las añadas
todas u cuasi todas las cuentan,
a morir son condenadas,
como yo, por estar viellas.

La vida que va trayendo
con lo tiempo cosas nuevas
fa aquí, como en otros puestos,
que muitas cosas se pierdan:
levan calzons cuatro viellos,
ya se’en fueron las gorgueras,
rondas no’n sienten dinguna…
¡ lo tañer ye una fatera!
bailar la jota, ¡soniando!
ixo antis mas diz que feban.
Albadas y palotiáus
romances y sobremesas
iz que cien años ta zaga
aquí’n lo lugar bin-n-heba.

Ya no tartié más lo güelo,
miré lo fuego que ardeba
y lo altas que puyaban
las flamas la nuey aquella.
Poco a poco se apagueron
Como si s’hasen dau cuenta
de lo que d’ellas fablaba
y s’hesen muerto de pena.

Publicado en su antología “Añada en la Val D’Echo”. Institución Fernando el Católico. Zaragoza. 1979. Por primera vez se publicó en 1959, en la “Revista Argensola”, editada por el Instituto de Estudios Altoaragoneses en Huesca.

Veremundo Méndez Coarasa, nace en uno de los pueblos más bonitos y mejor conservados del Pirineo aragonés, en la villa de Echo en 1897, y fallece en la misma localidad en 1968. Maestro de escuela de formación, no ejerce, y durante casi toda su vida trabaja en labores administrativas en el ayuntamiento de su localidad natal.

Sin grandes sobresaltos vitales, su tiempo transcurre entre su trabajo y su afición a componer poemas en su lengua materna aragonesa, el cheso. Echo es una de las localidades que hasta ahora ha mantenido más viva el uso de su lengua vernácula.. También , una de las localidades con más escritos y escritores en aragonés. Junto a Veremundo Méndez, el que fuera catedrático de la Universidad de Zaragoza, el insigne Domingo Miral, con obras de teatro en aragonés cheso, y además muy amigo de don Méndez Coarasa. Se suman los contemporáneos, Emilio Gastón, Chusé Coarasa, o las poetisas Rosario Ustáriz y Victoria Nicolás. Durante años mantuvo un prestigioso premio literario para obras en aragonés, el Premio “Bal d’Echo”.

Veremundo Méndez no es un escritor aislado, mantiene contactos, antes de la Guerra Civil, con el filólogo alemán Alwin Kuhn. Es amigo del catedrático Domingo Miral, y se le nombra consejero de la Institución Fernando el Católico, y académico de la Real Academia y Bellas Artes de San Luis, que no es asunto baladí. En vida se le reconoce su labor de recuperación de una lengua en retroceso, y en la zona de la Jacetania tiene numerosos homenajes. Durante muchos años es el encargado de escribir el pregón de las fiestas locales en cheso.

En vida, sus escritos aparecen sueltos en revistas, periódicos, programas de fiestas. Diez años después de su muerte, se imprime por parte de la Institución Fernando el Católico, una breve antología, un poema por cada mes del año, titulado “Añada’n en la Val D’Echo”, y veinte años más tarde la misma editorial publica un “intento”, de obra completa extensa, pero que se deja trabajos que luego han aparecido, titulada “Los míos recuerdos”. Los estudiosos del aragonés, hablan de nuestro poeta, como uno de los más extensos, con cerca de 18.000 versos.

Los temas frecuentes de sus poemas son los trabajos estacionales agrícolas, las fiestas del lugar, la naturaleza, el envolvente y majestuoso paisaje del valle y la Selva de Oza. Pero creo que los temas que recorren todo su poemario son el paso del tiempo, con el cambio de una civilización agrícola a una sociedad moderna que va abandonado las costumbres de antaño, y la añoranza por una lengua que está en retroceso y la propia evolución social la lleva a desaparecer. La métrica se acerca al estilo del romance, muy mimada. No es un poeta de verso espontáneo. Es una poesía sencilla en la exposición de la idea que sugiere, pero medida con la palabra precisa, como un puzzle concluido. Se acerca a la idea de Lorca, que afirmaba que su facilidad para componer era fruto de la inspiración y de muchas horas de trabajo. En esta línea interpreto sus versos. Veremundo Méndez es el primer clásico moderno de la lengua aragonesa.

El tema de “Las flamas del fogaril”, es el paso del tiempo, la nostalgia de la España rural que ya en los cincuenta y sesenta empieza a cambiar. El fogaril es la pieza central de las casas montañesas del Pirineo aragonés. Es la sala de estar donde la familia come, descansa, y pasa los ratos de velada. Allí junto al fuego de la chaminera (chimenea), la familia está sentada en los grandes bancos (las cadieras), y los yayos y yayas, que son los guardianes de la memoria, los que recuerdan a sus hijos y nietos las costumbres del valle.

Este bendito valle de Echo (bal D’Echo), tiene otra gran suerte, y es su excelente grupo de música “VAL D’ECHO”, con un magnífico compositor y cantante que es Pepe Lera. Para que lo reconozcan es el autor de una jota, que hoy todos los cuadros joteros llevan en su repertorio.: “S’ha feito de nuey”. Pues bien en el primer disco este poema aquí reseñado está musicado con una melodía bastante hermosa.

Traduzcan el poema, que es fácil, disfruten. Y como charran por los altos a ¡Plantar fuetes! (¡ a estar sanos!), y contestaremos ¡Ixo rai! (que lo podemos traducir por ¡igualmente!).

Francisco Javier Murillo Esteban (Departamento de Geografía e Historia)

Amor bajo cero/Sin barreras
(Bob Dylan)
(Versión española de Carlos Álvarez)
Mi amor se expresa como el silencio,
Sin ideales ni violencia,
No tiene que decir que es fiel,
Porque es real, como el hielo, como el fuego.
La gente lleva rosas,
Hace promesas a cada momento,
Mi amor ríe como las flores,
Los regalos de amor no pueden comprarla.

En los almacenes baratos y en las paradas de autobuses,
La gente habla de la situación,
Lee libros, repite citas,
Dibuja conclusiones en los muros.
Algunos hablan del futuro,
Mi amor habla dulcemente,
Sabe que no hay éxito como el fracaso
Y que el fracaso tampoco es un éxito.

La capa y el puñal se balancean libremente,
Las señoras encienden las velas.
En las ceremonias de los caballistas,
Incluso el peón debe guardar rencor.
Estatuas de palos de cerilla,
Se desmoronan unas sobre otras,
Mi amor guiña el ojo, ella no se preocupa,
Sabe demasiado para discutir o juzgar.

El puente tiembla a medianoche,
El médico rural divaga,
Las sobrinas de los banqueros buscan la perfección,
Esperando los regalos de los hombres sabios,
El viento aúlla como un martillo,
La noche corre fría y lluviosa,
Mi amor es como un cuervo
Posado en mi ventana con un ala rota.

Versión original

My love she speaks like silence,
Without ideals or violence,
She doesn’t have to say she’s faithful,
Yet she’s true, like ice, like fire.
People carry roses,
And make promises by the hours,
My love she laughs like the flowers,
Valentines can’t buy her.

In the dime stores and bus stations,
People talk of situations,
Read books, repeat quotations,
Draw conclusions on the wall.
Some speak of the future,
My love she speaks softly,
She knows there’s no success like failure
And that failure’s no success at all.

The cloak and dagger dangles,
Madams light the candles,
In ceremonies of the horsemen,
Even the pawn must hold a grudge.
Statues made of matchsticks,
Crumble into one another,
My love winks, she does not bother,
She knows too much to argue or to judge.

The bridge at midnight trembles,
The country doctor rambles,
Bankers’ nieces seek perfection,
Expecting all the gifts that wise men bring.
The wind howls like a hammer,
The night blows cold and rainy,
My love she’s like some raven
At my window with a broken wing.

He seleccionado un tema de Bob Dylan, «Love Minus Zero/No Limit», una hermosa canción perteneciente al quinto álbum del autor, Bringing It All Back Home, que supondría un antes y un después en su carrera. Este disco es una huida, una liberación personal de Dylan, un paso hacia adelante sin reparar en críticas, envidias o vulgaridades. Sencillamente, electrificó su música sin pensar en nadie, porque él mismo lo necesitaba, sin importarle los feroces ataques recibidos por quienes esperaban una expresión musical más tradicional. Junto a esta canción, también aparecen gemas como «Mr. Tambourine Man» o «It’s All Over Now, Baby Blue», canciones que me acompañaron desde mi adolescencia y que todavía, en alguna medida, permanecen en mi interior.

¿De qué nos habla la canción? Aquí tan solo puedo ser subjetivo, sin pretender para nada explicarla en profundidad. Para mí, aquí se habla de la vida auténtica, del amor de verdad, del sentir, del movimiento, de la luz, no de la vida comentada, no del espíritu moldeado por la opinión ajena. También se rechaza la palabra violenta y se opta por el silencio vivo, por la sinceridad del dolor, del abismo, mientras se evita el miedo a lo que no es. La clave de lo que se expresa se resume en la negación de la risa que imita a la flor, a la vez que se afirma, se valora, la sonrisa que se expresa como una flor, la belleza que no pregunta ni espera una explicación, un comentario.

En su segunda mitad, el poema se complica un tanto y, entre otras imágenes extrañas, aparece una clara referencia al Libro de Daniel: «Statues made of matchsticks/Crumble into one another», con la que se trae a colación la historia en la que Nabuconodosor construye una efímera estatua de hierro, oro, arcilla, plata y bronce, que acabaría hecha pedazos y desapareciendo. Todos estos elementos, que se relacionan con la vanidad humana, se expresan en el poema de forma caótica. Lejos de todas estas apariencias, el sujeto poético ofrece un rotundo sí a la presencia divina del ser amado, a la realidad profunda, al sustantivo al que alguien podría añadir quizás los adjetivos más tristes y vulgares. La sabiduría no es aquí el regalo tras el encuentro con la perfección, no está más allá del puente, no es una meta, no tiembla con el viento en la noche. El surrealista amor de Dylan es el cuervo con un ala rota que permanece en la ventana, obsérvese la clara referencia al poema de Edgar Allen Poe titulado «El cuervo».

Dylan podría haberse inspirado en contenidos taoístas y budistas cuando, por ejemplo, escribe «My love she speaks like silence, without ideals of violence». Estas corrientes religiosas sostendrían que tanto el silencio como la paz mental son bienes supremos. También se relacionarían con el yin y el yang los conceptos «ice» y «fire» en oposición aparentemente contradictoria. Los que de verdad conocen a Dylan y su obra sostienen que esta canción está dedicada a Sara Lownds, la mujer con la que el cantautor se casó el mismo año en el que la grabó, en 1965. La escribió en el hotel Chelsea en la habitación 221, donde él residía y donde también lo hacía Sara, estudiante de filosofía oriental e influencia decisiva en el contenido de algunas letras de Robert Allen Zimmerman, el grande y testarudo Bob Dylan.

La canción se puede escuchar en el siguiente enlace:
https://www.youtube.com/watch?v=7ZzyRcySgK8

Javier Ochoa (Departamento de Lengua Castellana y Literatura)

Ellos mismos definen su lírica como “canciones serias que hacen gracia a gente trastornada”. Quién sabe: quizás estos madrileños llamados “Los cuerdos de atar” tengan razón. Paseaba esta Semana Santa por las pintorescas callejuelas de Córdoba, que, de vez en cuando, deparan un pequeño paraíso de paz en forma de plazuela ajardinada, cuando me topé con ellos. Cabría haber esperado por allí a Séneca… o a Averroes, tal vez… pero no fue así. En su lugar, hallé desconsuelo en tres músicos callejeros, por denominarlos de alguna manera. Imagínense el panorama: un trío en donde uno hace las veces de percusionista, con una batería de juguete tamaño infantil. Otro, a los coros y los bajos con una suerte de instrumento de tubos de PVC de distintas longitudes golpeados con una chancla. El tercero es la voz solista y toca un ukelele fabricado a partir de una pala de recoger estiércol. Limpia, quiero creer. Aunque, a juzgar por sus vestiduras (chalecos reflectantes que, de pura roña, poco reflejan, y cascos de obrero de la construcción), tengo mis serias dudas…

A duras penas repuesto del impacto visual inicial, llega el auditivo. Empiezan a emitir unos sonidos indescriptibles… como si cantaran. Cantan unas canciones irreverentes, de un humor blanco huevo. Me recuerdan a otros extraños de nuestra tierra, como Los Gandules o Juako Malavirgen.

Fundamentalmente, por el contenido de unas canciones que, confieso, me embaucan a la par que me hacen reír (probando que es probable que estén en lo cierto y, sí, me halle “trastornado”). Interpretan “Hipocresía”, una obra con estribillo, mudanza y hasta vuelta. Suena de esta guisa:


Dices que te gusta el frío, pero te quejas de mis mensajes.
Y, aunque eres agrónoma, ni un beso me plantas.
Y yo, anarquista, doy “me gusta” a tus estados de wasap.
¡En fin, la hipocresía! Los perros sueltan caquitas y la gente, hipocresía.
Libera ya tu garganta; suelta por tu boca la hipocresía.
Llamarse Julio y nacer en abril. ¡En fin, la hipocresía!
Intolerantes a la lactosa que viven en la Vía Láctea. ¡En fin, la hipocresía!
Republicanos que comen galletas “Príncipe”. ¡En fin, la hipocresía!
Ateos que dicen adiós, y no “a ciencia”. ¡En fin, la hipocresía!
Feministas que tienen abdomen, y no “abdowoman”. ¡En fin, la hipocresía!
Llamarse Víctor y fracasar. ¡En fin, la hipocresía!
Veganos que beben agua, la casa de los peces. ¡En fin, la hipocresía!
Gente que no es racista y lava la ropa negra aparte. ¡En fin, la hipocresía!
Tu mamá te dice “malcriado”… y la que te crio fue ella. ¡En fin, la hipocresía!
Cuando compongo un reguetón digo que es música. ¡En fin, la hipocresía!
Llamarse Franco y no decir la verdad. ¡Eso sí que es hipocresía!
Ya lo decía Manuel Darío, personaje creado por Les Luthiers: “Sus canciones no son para escucharlas; son para sentirlas”. Así que, en efecto, tras haber redactado esta reseña y, mientras la reviso en busca de fallos (o aciertos), solo me queda decirles de todo corazón que… lo siento.

Autoría: Pseudópodo (Depto. de Lengua y Literatura).

Miguel Hernández y Joan Manuel Serrat: canciones y poemas de ausencias y presencias.


Boca que arrastra mi boca:
boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos.

Alba que das a mis noches
un resplandor rojo y blanco.
Boca poblada de bocas:
pájaro lleno de pájaros.
Canción que vuelve las alas
hacia arriba y hacia abajo.
Muerte reducida a besos,
a sed de morir despacio,
das a la grama sangrante
dos fúlgidos aletazos.
El labio de arriba el cielo
y la tierra el otro labio.

Beso que rueda en la sombra:
beso que viene rodando
desde el primer cementerio
hasta los últimos astros.
Astro que tiene tu boca
enmudecido y cerrado
hasta que un roce celeste
hace que vibren sus párpados.

Beso que va a un porvenir
de muchachas y muchachos,
que no dejarán desiertos
ni las calles ni los campos.

¡Cuánta boca enterrada,
sin boca, desenterramos!

Beso en tu boca por ellos,
brindo en tu boca por tantos
que cayeron sobre el vino
de los amorosos vasos.
Hoy son recuerdos, recuerdos,
besos distantes y amargos.

Hundo en tu boca mi vida,
oigo rumores de espacios,
y el infinito parece
que sobre mí se ha volcado.

He de volverte a besar,
he de volver, hundo, caigo,
mientras descienden los siglos
hacia los hondos barrancos
como una febril nevada
de besos y enamorados.

Boca que desenterraste
el amanecer más claro
con tu lengua. Tres palabras,
tres fuegos has heredado:
vida, muerte, amor. Ahí quedan
escritos sobre tus labios.

(Miguel Hernández)

Treinta años después de la muerte del poeta en las cárceles franquistas, Joan Manuel Serrat le dedicó este disco al gran alicantino Miguel Hernández. Ochenta años después del fallecimiento del poeta, y cincuenta de la edición del disco de Serrat, quinientos poemas han sido “tendidos” por los alumnos del instituto en nuestra “Tercera colada por la poesía”. Sirvan de homenaje a la poesía y a dos grandes de la cultura hispana: Miguel Hernández Gilabert y Joan Manuel Serrat Teresa.

Desde los años sesenta a la muerte de Franco, en 1975, un grupo de cantautores deciden musical no solo sus composiciones propias, sino buscar en la tradición lírica hispana poemas de todas las épocas. Con estas reivindican el fin de la dictadura y anuncian la libertad. Paco Ibáñez en su directo del teatro Olimpia de París, donde une a los clásicos , Manrique, Arcipreste de Hita, Quevedo, Góngora…; con la poesía contemporánea social y reivindicativa de Gabriel Celaya, de Blas de Otero, de Goytisolo. Lo mismo con el leonés Amancio Prada musicando a San Juan de la Cruz y a la gallega Rosalía de Castro. Joan Manuel Serrat, no es ajeno a este proceso, y en 1968 hace un disco homenaje a Antonio Machado. Con más significado reivindicativo y político edita el disco de “Miguel Hernández”, donde canciones como “Para la libertad” o las “Nanas de la cebolla”, se convierten en himnos predemocráticos.

La vida del poeta de Orihuela, Miguel Hernández, es corta e intensa, y sus poemas evidentemente no se pueden desasociar de su biografía. El poema de “El beso”, pertenece a su último cuadernillo “Cancionero y romancero de ausencias”, escrito entre el final de la Guerra civil española y los primeros meses de cárcel. Aprovechando unos días de libertad, entrega el manuscritos a su esposa, Josefina Manresa, que será durante mucho tiempo la guardiana del legado de su marido. Miguel no llega en vida a verlo publicado. Las primeras ediciones estarán prohibidas en España, y llegarán por ediciones latinoamericanas y venta clandestina, en las trastiendas de ciertas librerías progresistas.

Miguel Hernández, tiene una infancia dura. Se le llama el “poeta pastor”, pues su padre se dedicaba al ganado de cabras, y a los quince años abandona la escuela. Empieza una formación autodidacta, en la biblioteca de Orihuela, los consejos y libros de un clérigo, y el círculo de amigos poetas católicos encabezado por Ramón Sijé (recomendamos lectura del poema “Elegía a Ramón Sijé”).

La ciudad valenciana se le queda pequeña y marcha a Madrid. Allí establece contacto con los poetas del 27 (Lorca, Alberti…), y otros intelectuales como José Mª Cossío, que lo introducen en sus círculos, y le proporcionan trabajo en la Enciclopedia de la Tauromaquia. Es para todos estos “su hermano pequeño”, pero aprecian su facilidad para la redacción de poemas.

Próxima la guerra civil de 1936, gira políticamente hacia el comunismo. Durante la contienda se implica en la defensa de la República, ahora será poeta-soldado, muy bien reflejado en el poemario “Vientos del Pueblo”. Se casa, tiene su primer hijo, que muere, y al acabar la guerra, nace su segundo hijo. Finalizada la guerra, es condenado a muerte. Algunos amigos con influencias en el régimen dictatorial, consiguen conmutar la pena por larga prisión. Recorre varias cárceles, todas hacinadas de presos políticos. Sigue escribiendo. Está muy enfermo y desnutrido. En la cárcel sufren el encierro, pero sobre todo la separación de su mujer e hijo. Finalmente fallece en la cárcel de Alicante, en !942, rodeado de compañeros, pero sin Josefina y su hijo, y comido por la tuberculosis.

Buscar significados a los poemas puede anular su esencia. Asociar los versos a la biografía del poeta en este caso indicarnos pistas. Me quedo con las primeras impresiones que me causa su lectura, o al escuchar la canción de Serrat. La impresión es la ausencia, la pena, de no poder “besar”, a su mujer, a su hijo, a sus amigos. Es la separación, la falta de libertad. Miguel Hernández es un gigante de la poesía. Me causa rencor, el pensar que si con sólo 32 años fue capaz de una obra tan intensa, que hubiera dado a la Humanidad con más años de vida y de carrera literaria. Lo mismo con Federico García Lorca.

Destacar esta poesía me ha llevado a releer y rescatar de mi biblioteca un magnífico ensayo biográfico del profesor de la Universidad de Zaragoza, Agustín Sánchez Vidal: “Miguel Hernández, desamordazado y regresado” (Colección Espejo de España. Barcelona, 1992). Lo recomiendo. Sánchez Vidal, dedicó sus primeras investigaciones a Miguel Hernández, ordenó su archivo, asesoró a Serrat, y realizó la edición de las obras de Miguel Hernández. Lean a Miguel Hernández, escuchen el disco dedicado por Serrat, y aprendan la vida de nuestro poeta con el libro del profesor Sánchez Vidal.

Francisco Murillo (Departamento de Geografía e Historia)

CAPERUCITA FEROZ (LUIS ALBERTO DE CUENCA Y LA ORQUESTA MONDRAGÓN)

Viernes noche. Momento ideal para disfrutar frente al televisor de Classics. Cada semana me genera una grata emoción el descubrir la película elegida por uno de los grandes, José Luis Garci, para amenizar la velada: Ciudadano Kane, Encubridora, El manantial… Obras maestras, alternando, semana tras semana, color y blanco y negro. Durante la emisión, suele además alegrarme la velada la alarma de mi teléfono móvil, advirtiéndome de que un nuevo podcast de Cowboys de medianoche me está esperando. Es la magia tecnológica del mundo en el que vivimos, que permite aparecer en radio y en televisión a la par.

El podcast de turno suelo escucharlo bien a continuación bien a la mañana siguiente, temprano. Es un programa veterano, dirigido por Luis Herrero, en el que, de nuevo, aparece Garci (sólo su inconfundible voz, obviamente) acompañado por Eduardo Torres Dulce y Luis Alberto de Cuenca. El programa se sustenta en el humano placer de la conversación, puesto que, aunque se charle de cine, los contertulios pueden acabar tratando de los temas más diversos.

El programa se ameniza con cuatro bonitas piezas musicales que suelen ser elegidas por Torres Dulce, gracias a las cuales podemos escuchar a Barbra Streisand, Frank Sinatra, The Beatles, Joan Manuel Serrat, Lucio Gattaca, Ottis Reading, Elvis Prestley, Ennio Morricone…; en fin, variedad para todos los gustos. Pero hay un momento mágico, en el que el mundo parece detenerse, casi ya concluyendo el programa, en el que Luis Alberto de Cuenca toma la palabra y recita una de sus composiciones, constatando su inmenso talento y yo me atrevería a decir que erigiéndose, semana tras semana, en uno de los mejores poetas en lengua castellana de nuestra actualidad.

Quizás algunos no lo sepáis, pero don Luis Alberto fue letrista de algunas de las más célebres composiciones de la popular Orquesta Mondragón. De hecho, a él debemos una de sus más célebres canciones, todo un divertido homenaje al que, desde mi punto de vista, es el cuento de los cuentos, esa historia oral inolvidable que repetimos, generación tras generación, y que a todos nos viene al pensamiento cuando nos preguntan por una narración popular: Caperucita Roja.

Señoras y señores, con todos ustedes, Caperucita feroz; poesía pop en vivo.

Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Castellana y Literatura)

JUEVES (LA OREJA DE VAN GOGH)

Miraba la televisión como tantas noches de domingo con la esperanza de que la semana que empezaba fuese solo un poco mejor que la que estaba terminando. Vana esperanza, sin duda. En la aragonesa, la de todos, no había jotas ni se analizaba la actualidad zaragocista. Ponían una serie, con poca calidad de imagen, que nos transportaba a una sociedad apocalíptica, se titulaba El colapso. Mientras se agolpaban en la pantalla las imágenes de su segundo episodio, “La gasolinera”, yo pensaba en la palabra… Colapso es una palabra de origen latino que viene a significar algo así como caída o ruina total de un sistema o institución.


El colapso o hundimiento mental sirve para describir un ataque de enfermedad mental repentino y agudo como depresión o ansiedad. En líneas generales, esto puede suceder cuando nuestro cerebro se ve sometido de forma continuada a situaciones de estrés o ansiedad que pueden acabar mermando sus facultades y provocando un estado de saturación absoluto del que no se puede salir sin una atención médica prolongada. Las razones que pueden afectar al paciente son de amplio espectro. Desde situaciones personales como el desempleo, una ruptura amorosa o la pérdida de un familiar, hasta cuestiones ambientales que, a determinadas personas, especialmente sensibles, pueden llegar a golpear con fuerza sobre su estado de ánimo hasta el punto de poder llegar a colapsar.


Necesariamente, esas causas sociales o ambientales han de ser significativas y especialmente duras, provocando en el paciente un pesimismo y una tristeza que desembocan en la pérdida de nervios. No recuerdo demasiadas situaciones de este tipo en mi vida, sin embargo, son cuatro las que más me han afectado y las que me han llevado a un estado cercano al descrito.


Enumeraré esos sucesos de forma cronológica:


– La crisis sanitaria del aceite de colza. El consumo de aceite industrial que se vendía como apto para el consumo humano provocó la mayor crisis sanitaria de nuestro país hasta la llegada del COVID. La muerte de más de cinco mil personas y las secuelas en alrededor de veinte mil siguen siendo uno de los episodios más oscuros de los primeros años de la democracia española.


– La tragedia del camping de Biescas. Pocas imágenes recuerdo más duras que las de aquel verano de 1996 cuando una tormenta barría el camping de Las Nieves dejando ochenta muertos y más de ciento ochenta heridos. Las imágenes son escalofriantes e imposibles de olvidar.


– El secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco. Durante tres días nuestro país fue un clamor contra ETA pidiendo la liberación del concejal vasco. Millones de personas en todas las ciudades de España se manifestaron en contra de la violencia y pidiendo la liberación del secuestrado. Todos juntos parecíamos capaces de lograrlo, pero solo un día después el concejal apareció muerto de dos disparos en la cabeza. El shock fue tremendo en todo el país.


– El atentado del 11M. Era jueves. A primera hora de la mañana se produjeron varios ataques terroristas en cuatro trenes de la red de Cercanías de Madrid, falleciendo ciento noventa y tres personas y resultando heridas más de dos mil. Jamás habíamos vivido un tragedia tan cercana y de semejante intensidad. La tristeza y el duelo destrozó a todo el país aquel mes de marzo de hace dieciocho años.
Ese suceso me golpeó fuerte y durante años no quise pensar ni hablar del tema. Hasta que ELLA me enseñó la grandeza del ser humano, capaz de hacer algo inmensamente bonito a partir de lo más doloroso del mundo.


Jueves es una canción de La Oreja de Van Gogh en la que se rinde homenaje a las víctimas del 11M. Una pequeña historia de amor surge en uno de los trenes ese jueves once de marzo justo instantes antes de que explosionara uno de los vagones. Una pequeña historia individual que se pierde como tantas otras historias y esperanzas personales en la frialdad de los números de los fallecidos. Sin duda, Jueves es una canción triste pero inmensamente bonita que merece ser escuchada y recordada siempre:

Si fuera más guapa y un poco más lista
Si fuera especial, si fuera de revista
Tendría el valor de cruzar el vagón
Y preguntarte: ¿quién eres?
Te sientas en frente y ni te imaginas
Que llevo, por ti, mi falda más bonita
Y al verte lanzar un bostezo al cristal
Se inundan mis pupilas
De pronto me miras, te miro y suspiras
Yo cierro los ojos, tú apartas la vista
Apenas respiro, me hago pequeñita
Y me pongo a temblar
Y así pasan los días, de lunes a viernes
Como las golondrinas del poema de Bécquer
De estación a estación, en frente tú y yo
Va y viene el silencio
De pronto me miras, te miro y suspiras
Yo cierro los ojos, tú apartas la vista
Apenas respiro, me hago pequeñita
Y me pongo a temblar
Y entonces ocurre, despiertan mis labios
Pronuncian tu nombre tartamudeando
Supongo que piensas: qué chica más tonta
Y me quiero morir
Pero el tiempo se para y te acercas diciendo
«Yo aún no te conozco y ya te echaba de menos
Cada mañana rechazo el directo
Y elijo este tren»
Y ya estamos llegando, mi vida ha cambiado
Un día especial este once de marzo
Me tomas la mano, llegamos a un túnel
Que apaga la luz
Te encuentro la cara, gracias a mis manos
Me vuelvo valiente y te beso en los labios
Dices que me quieres y yo te regalo
El último soplo de mi corazón.

Sebastián Solana (Departamento de Lengua Castellana y Literatura)

ANTONIO MACHÍN (EL MANISERO)

Algunos de mis compañeros, que entienden de música muchísimo más que yo, deciden incluir en esta sección dedicada a la poesía las más hermosas canciones, y no están faltos de razón. No en vano, siempre dedico algunas de mis clases a hablar a mis alumnos de la estrecha relación entre lírica y música; en sus orígenes, la poesía surgió indisolublemente unida a las notas musicales y, sobre todo, no ya al recitado sino al cante. De hecho, cuánto cambian textos épicos tan célebres como la Epopeya de Beowulf o nuestro maravilloso Cantar de Mio Cid cuando son convenientemente interpretados. 

Así las cosas, el mester de juglaría sigue más vivo que nunca, si bien reconvertido en cantautores, solistas melódicos o meteóricas estrellas del rock.

Si a través de la poesía podemos viajar en el espacio, ya al Parnaso evocado por nuestro Cervantes, ya en el tiempo, a esa era mítica en la que se forjó el seminal Gilgamesh, lo mismo podemos hacer a través de la música, y más aún si, además, la acompaña la magia de la imagen.

El enlace que os facilito suelo usarlo en algunas de mis clases. Genio y figura. Don Antonio Machín y su inigualable Manisero. Pura alegría (que coincide con la definición que dio de la Literatura el maestro Antonio Muñoz-Molina), y estilo, añadiría yo. Una canción magistral recogida en un solo plano, en blanco y negro. Un videoclip de los de aquel entonces que, como los mejores textos líricos, nos llevan a un viaje maravilloso al ayer, o casi mejor al antes de ayer. A cómo era el mundo hace décadas, y como puede volver a serlo a través de la no menos mágica tecnología actual. Pincha en el enlace y disfruta de este maravilloso poema, y recuerda que la música llega a ese territorio que las palabras no logran alcanzar.

Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Castellana y Literatura)

LA BATUTA

Se alza en el aire mudo la batuta

e inicia el director el movimiento,

llora un violín con lánguido lamento

la triste melodía que ejecuta.

Un violonchelo adulto le disputa

al xilófono la gloria de un momento,

la flauta travesera toma aliento

y el arpa, allá en lo oscuro, ni se inmuta.

La sinfonía inunda los sentidos

del público que sueña, siente y calla

y afina su emoción y sus latidos.

Y la batuta rasga, ordena, estalla

cuando los músicos más atrevidos

se besan con amor brujo de Falla.

(Raúl Vacas)

Raúl Vacas Polo es un innovador poeta y escritor salmantino que se dedica a crear un tipo de poesía joven y actual. Licenciado en Ciencias de la Información y Diplomado en Educación Social, ha desempeñado labores de edición, animación y gestión cultural y ha colaborado con diversos medios de comunicación y revistas literarias como Atril, Álamo, Petriña y El Cobaya y en varias antologías. Además de su labor como escritor, en la actualidad coordina e imparte talleres de escritura creativa, en colaboración con Centros de Profesores y Recursos, Bibliotecas e Institutos.

Está considerado como una de las voces más interesantes de la poesía joven, un verdadero y apasionado creador, un potenciador de inquietudes. Su poesía es sorprendente, fascinante y llega al corazón.

Pocos poemas están dedicados a  este corto y  tan imprescindible “palillo” que dibuja en el aire el ritmo y la fuerza de la música. A veces, el elemento más insignificante es el que lleva y ordena a los elementos más poderosos y grandes, como es el caso de la batuta con la orquesta.

El autor de una manera alegre, sencilla y juguetona  nos describe a la orquesta como la entidad más majestuosa donde residen los instrumentos, cada uno con su diferente timbre y perteneciente a una familia, que se van entremezclando y quitándose el protagonismo, pero que a su vez, entre todos forman una comunidad armoniosa y equilibrada con una misma finalidad: emocionar. 

El poema  habla de música, de armonía, de emoción , de pasión, de amor, elementos esenciales y necesarios para vivir plenamente, no superficialmente. En un tiempo en el que la creatividad, la música y la poesía dejaron de estar en la palestra, este poema nos recuerda que las artes son algo más, son dosis de vitamina que enriquece nuestra vida y que a pesar de ser completamente abstracta es profundamente emocional. Cuando nos encontramos un poema, que en esencia ya es música, es imposible resistirse a su encanto.

Iratxe Santamaría (Departamento de Música)

Sonnet XVIII, (William Shakespeare) 

Shall I compare thee to a summer’s day?

Thou art more lovely and more temperate:

Rough winds do shake the darling buds of May,

And summer’s lease hath all too short a date;

Sometime too hot the eye of heaven shines,

And often is his gold complexion dimm’d;

And every fair from fair sometime declines,

By chance or nature’s changing course untrimm’d;

But thy eternal summer shall not fade,

Nor lose possession of that fair thou ow’st;

Nor shall death brag thou wander’st in his shade,

When in eternal lines to time thou grow’st:

   So long as men can breathe or eyes can see,

   So long lives this, and this gives life to thee.

¿Qué mejor manera de celebrar San Valentín que con uno de los sonetos más famosos y románticos del autor de Romeo y Julieta

Este poema forma parte de la colección Sonnets de William Shakespeare. Es una secuencia de 154 sonetos imitando el estilo de los que Petrarca dedicó a su amada Laura, pero con la novedad de que están dirigidos a dos personas: un hombre y una mujer. Esta obra es por tanto la colección de sonetos más famosa y original publicada en el Renacimiento inglés. 

Este soneto en particular está dedicado al hombre de este triángulo amoroso. Está retratado de manera platónica e idealizada, como se puede ver al inicio del poema donde se le compara con “un día de verano”. 

Así mismo, el poema trata los dos temas principales de los sonetos: el amor y el paso del tiempo. El amor que el poeta siente por la persona amada, y el paso del tiempo y su capacidad destructora. El tiempo aparece en el soneto como un destructor y enemigo de todo lo bueno y hermoso como la juventud, la belleza y el amor. 

Sin embargo, Shakespeare utiliza la literatura como una manera de alcanzar la inmortalidad, pero no la suya, sino la de su amado, en los dos últimos versos: “mientas los hombres puedan respirar y los ojos puedan ver, mientras esto perdure (el poema), vivirás en él”. Con estos dos últimos versos Shakespeare consigue que su amado viva eternamente en su poema. 

Isabel Martínez (Departamento de Inglés)

La aparición del COVID en nuestra cotidianidad supuso un acontecimiento que aún sigue condicionando nuestra vida. El famoso confinamiento supuso un intenso periodo de excepcionalidad que, en mayor o menor medida, nos transformó de un modo que aún no somos capaces de comprender y que, quizás, tardemos algunos años en entender. 

Ese tiempo de excepcionalidad mundial nos ha traído el pasado 14 de enero el último álbum del cantautor asturiano Nacho Vegas (Gijón, 1974): Mundos inmóviles derrumbándose. Fruto de ese periodo de aislamiento en el que nos hemos dado cuenta de dónde se vislumbra aquello que es realmente importante. Así, Nacho nos canta en El don de la ternura:

Y, si nadie me encuentra jamás
¿Sentiré soledad?
El rumor de su locura
Desde mi oculto rincón
Sin mostrar que es la ternura
Nuestro don
Nuestro don

No era el único por allí
Que se hallaba bien escondido
Comenzamos por las noches a salir
Y al fin lo hicimos al sol

Para quien no lo conozca, Nachín es una de las figuras más importantes del panorama indie español y tiene una consagrada carrera como cantautor con discos como Manifiesto desastre (2008), Resituación (2014) o Violética (2018). Por no hablar de sus colaboraciones con Enrique Bumbury en El tiempo de las cerezas (2006) o Christina Rosevinge, su expareja, en Verano fatal (2007). 

Su estilo varía entre un rock indie y folk en el que la letra siempre tiene un papel central. Su música rezuma referencias cinematográficas, literarias y, por supuesto, vitales. Si tuviéramos que resumir la mayor parte de su discografía diríamos que Nacho canta al dolor, a la depresión y a la injusticia. Este disco es un buen exponente del Nacho más intimista en el que la pena se entrelaza con un mundo que está en continuo movimiento para llegar siempre al mismo sitio: 

La flor de la manzana

El instinto ahora es criminal
Liana quiere ver la planta arder
Es la rabia frente al animal
Vuelve hoy a limpiar su mierda

Y esa acción
La sume en un vacío atroz
Esto es la civilización
O un casino en plena selva

Y es que frente a la tendencia a obviar nuestros problemas y tratar de sumirnos forzosamente en una falsa felicidad, Nacho Vegas reivindica el papel revolucionario del dolor y del sufrimiento. No como una autocompasión que nos invita a sumirnos en una constante duermevela, sino como síntoma de que las cosas no van bien y de que tenemos que hacer algo para transformar nuestro mundo, ya que es el único que tenemos. Es esta ceguera hacia lo que nos rodea uno de los males que el nuevo disco de Nacho Vegas trata de exorcizar.

Como colofón os dejo esta canción del disco que, las malas lenguas, atribuyen a su tóxica relación con Andrea Levy, actual diputada del PP:

El mundo en torno a ti

Construías un gran barco
Todo él hecho de marfil
Todos salvo tú veían
Que la nave se iba a hundir

No advertiste el odio y la ira
Entre tu tripulación
Yo temía por tu vida
Tú seguías sirviendo ron

Y entonces supe que algún día
Te tendría que rescatar
Y esa es una de las cosas
Que jamás podrás comprar

No me pidas que bendiga
Lo que intento maldecir
Cuando el mundo entero gira en torno a ti

Y yo que conocí tu mundo
Yo que hasta bebí de él
Yo creía que algún día
Tú querrías descender y ver
Los cuerpos que se tocan
Por pura necesidad
Y las sombras que se amparan
En la Cañada Real

¿Es tu vida una disforia?
La respuesta corta es sí
Para ti una cara sucia es
Un lugar donde escupir
Crees que el mundo entero gira en torno a ti

Ahora sé que nuestras vidas
Nunca se podrán mezclar
Que las personas más locas
Y hermosas del lugar
Forman parte de la mía
Aunque en la tuya también
La locura habita entre
Podredumbre y poder

Somos como dos borrachos
Insultándose entre sí
Yo entre mis bellos tarados
Tú en tu absurdo frenesí
Crees que el mundo entero gira en torno a ti

Llegará el naufragio
En tu nave de marfil
Se avecina una tormenta y
Se desatará el motín

Ni cuando estés comiendo tierra
Y en la pura soledad
¿Allí a quién vas a acudir?
Cuando ya no gire el mundo en torno a ti

Nunca te mentí
Y aunque ya no gire el mundo en torno a ti
Yo casi siempre estaré ahí

Desde el pasado 14 de enero tenemos el placer de disfrutar del último álbum del cantautor asturiano Nacho Vegas (Gijón, 1974). Mundos inmóviles derrumbándose.

Azaray Calmaestra (Departamento de Filosofía y Letras)

ÁNGEL GUINDA. UN HOMENAJE.

Ángel Guinda (Zaragoza, 1948), un excepcional poeta, ensayista y traductor, nos ha dejado este 29 de enero. Galardonado con el Premio de las Letras Aragonesas en 2010, coautor también de la letra del Himno de Aragón (con Ildefonso-Manuel Gil, Rosendo Tello y Manuel Vilas), residía en Madrid cuando la muerte le reclamó su recibo: “Me he fumado la vida”, confesaba desde hace años.

            Autor de una veintena de poemarios, los últimos más logrados y maduros, deja tras su partida una antología de sus poemas amorosos que el catorce de febrero llegará a las librerías (El arrojo de vivir, en Olifante) y otro poemario inédito que promete ser fantástico.

            Su trayectoria abarca varios periodos, aunque su lírica se condensó por fin y le acercó al existencialismo (la soledad, la presencia de la muerte, el sinsentido de la existencia cotidiana) tras su llegada a Madrid en 1987, que lejos de estancarlo le dirigirá  hacia una aceptación de ese destino final que venía rondándole desde que le diagnosticaron la enfermedad pulmonar, cerrando un círculo que le obsesionaba: “Nací matando”, repite con media sonrisa en ocasiones (su madre murió en el parto). 

            De la llegada a la capital salen títulos como Conocimiento del medioLa llegada del mal tiempo y Biografía de la muerte. Toda esta trayectoria parecía culminar en la madurez de Los deslumbramientos. Recapitulaciones (Zaragoza, Olifante, 2020).

            Pero para conocer al auténtico Ángel Guinda debemos ir mucho más allá de sus magníficos últimos poemas.  De 1978 es  su manifiesto Poesía y subversión, en una etapa de poesía rabiosa y militante. Más tarde publicaría otros tres hitos en su evolución:  Poesía útil (1994), El Mundo del Poeta. El Poeta en el Mundo (2007) y Poesía violenta (2012). Hacia los años ochenta había publicado también Vida Ávida, un recopilatorio de los poemas de la década anterior, y el librito causó sensación (incluso existe una traducción al búlgaro).

            Desde entonces, incansable agitador cultural, alternó sus poemas, traducciones, aforismos y ensayos con encuentros literarios, recitales, ponencias y colaboraciones que le llevaron hasta Argentina, Cuba o Italia. Jamás abandonó Guinda el compromiso social de su juventud, ni olvidó que no escribía para sí mismo. Se sabía un hombre más, pero un hombre portador de la palabra. Al final de su vida, en una entrevista en Casa Bokowski, resumía así su quehacer literario:

“Escribo para vivir lo más intensamente que puedo mi mundo interior, mi mundo personal; pero también escribo para cambiar a mejor, si puedo y es posible, el mundo exterior; escribo, creo, contra la realidad, más que sobre ella. Y, pensándolo bien, escribo también para enriquecer mi inteligencia, mi conocimiento de las cosas y de mí mismo, mi propia memoria y mi sensibilidad. Escribir, para mí, es como vivir. En fin, si lo resumiese en dos afirmaciones, escribo para resistir y escribo para no morir”.

            El zaragozano acabó por ser imprescindible en las tertulias madrileñas, y se convirtió en un referente de primer nivel para generaciones de poetas. Nos ha dejado un grande.

El coartado (de Rigor vitae, 2013)

Yo soy el coartado entre el mundo y la muerte.

Me tambaleo sobre el puente de los ecos.

Oscura es la sombra, pero es muy clara la palabra sombra.

(En una de estas líneas aparece y desaparece el rayo.)

La tempestad se refugia en mi interior.

Hoy me acuesto en el techo, vigilo la cama. Si mi muerto se mueve le dispararé al hígado con la botella.

Tiemblan cadalsos en mi cabeza.

¡Destruiré el mundo y asesinaré a la muerte!

¿Cómo salir de aquí?

Buscaré una «Entrada de emergencia» que desgarre el atolondramiento y alcance la lejanía.

Hasta embocarme ira de sangre que chorrea sangre, ¡o romperme la sangre chorreando bocas!

Miguel Ángel Aragüés (Departamento de Lengua Castellana y Literatura)

UN SONETO ME MANDA HACER VIOLANTE

Un soneto me manda hacer Violante
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto;
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante,
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho.

(Lope de Vega)

La elección de este soneto para nuestra sección se debe, en esta ocasión, a la tremenda simpatía que le tengo, al margen de que sea ejemplo insigne de poesía barroca. Mi gusto personal por la composición se debe a que de niño se lo oía recitar a mi padre y, aunque no lo entendía demasiado bien, aquello me hacía una gracia tremenda, a lo que se unía la singularidad del nombre de Violante. Con el permiso de la reina Violante de Hungría, ¿quién puede llamarse así?

Sin duda la tal Violante era no solo alguien de peculiar nombre sino, además, mandona y caprichosa, puesto que le ordenaba al pobre Lope de Vega componer un soneto. Si bien este tomaba el guante lanzado para, a la par que lo componía, dar una pequeña lección de preceptiva literaria. Así las cosas, el soneto, a lo largo de sus impecables catorce versos va explicando su génesis. No en vano, al buen Lope le gustaba dar lecciones de creación literaria, tal y como deja constancia su Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo, donde explica, y lo hace en verso, cómo componer obras de teatro a su manera, si bien, siguiendo sus consejos o no, nadie consiguió ni su fama ni su popularidad ni, por supuesto, su capacidad inagotable de creación.

Juego conceptista, broma literaria, los dos cuartetos y dos tercetos de endecasílabos con rima consonante son, hoy por hoy, un maravilloso ejemplo de poesía didáctica y, al mismo tiempo, paradigma de la mejor lírica de nuestros irrepetibles Siglos de Oro. 

Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Castellana y Literatura)

No te rindas  

No te rindas, aún estás a tiempo

De alcanzar y comenzar de nuevo,

Aceptar tus sombras,

Enterrar tus miedos,

Liberar el lastre,

Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,

Continuar el viaje,

Perseguir tus sueños,

Destrabar el tiempo,

Correr los escombros,

Y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frío queme,

Aunque el miedo muerda,

Aunque el sol se esconda,

Y se calle el viento,

Aún hay fuego en tu alma

Aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo

Porque lo has querido y porque te quiero

Porque existe el vino y el amor, es cierto.

Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,

Quitar los cerrojos,

Abandonar las murallas que te protegieron,

Vivir la vida y aceptar el reto,

Recuperar la risa,

Ensayar un canto,

Bajar la guardia y extender las manos

Desplegar las alas

E intentar de nuevo,

Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frío queme,

Aunque el miedo muerda,

Aunque el sol se ponga y se calle el viento,

Aún hay fuego en tu alma,

Aún hay vida en tus sueños

Porque cada día es un comienzo nuevo,

Porque ésta es la hora y el mejor momento.

Porque no estás solo, porque yo te quiero.

(Atribuido a Mario Benedetti)

Podríamos empezar citando la biografía del autor, sin embargo, estos versos atribuidos a Benedetti parece que no son suyos. La Fundación Benedetti niega su autoría, por ello creen que la confusión se debe a la similitud con el título del poema   No te salves, incluido en su libro El amor, las mujeres y la vida.

 A pesar de todo, creo que la autoría debe quedar a un lado, ya que el mensaje de este poema es lo realmente importante, y, al final, con lo que quiero que nos quedemos. 

Es un extenso poema escrito en verso libre, con alguna que otra rima asonante, que favorece esa musicalidad, armonía y amor, que, a fin de cuentas, pretende transmitir el autor, sea quien sea, de este poema. Si nos sumergimos en sus versos, la delicadeza de sus palabras, ese fluir de sentimientos, parece que te lleva, sin poder evitarlo, a que NO TE RINDAS. 

Teniendo en cuenta la época que nos toca vivir, los planes que no podemos llevar a cabo, las visitas que no podemos recibir. Teniendo en cuenta los cafés que no podemos tomar, todas las fiestas que no podemos celebrar (o sí) como queremos…creo que debemos darle valor a lo que sí podemos hacer y poner esperanza en que quizás, en un futuro, ahora lejano, podamos volver a “recuperar la risa” y a “bajar la guardia y extender las manos”.

Es un poema que nos invita a aguantar, ahora, cuando estamos cansados, cuando lo que queremos es volver a nuestra vida de siempre, cuando parece que esto va a ser eterno, NO TE RINDAS. Debemos mantenernos, sobrellevar lo que nos venga y seguir hacia adelante.

Road through landscape. Road and car travel scenic and sunset.

Debemos quedarnos con lo bueno, “porque esta es la hora y el mejor momento”, quizás para valorar lo que hace dos años no valorábamos: una mirada, un saludo, una palabra amable…Nosotros que vivimos en el mundo de la tecnología, del frío trato, de la pérdida de las buenas costumbres y del “hola” y “adiós”, que parecen extinguidos, creo que debemos “vivir la vida y aceptar el reto”. 

Por lo tanto, compañera, compañero, alumna, alumno…NO TE RINDAS. Todos queremos que esto pase y poder volver a nuestra “normalidad”, vamos a poner entre todos nuestro granito de arena para que esto lo pasemos juntos lo mejor posible, y es que pronto podremos “celebrar la vida y retomar los cielos”.

Amelia Pellicer (Departamento de Lengua Castellana y Literatura)

Como una sola flor desesperada

Lo quiero con la sangre, con el hueso,
con el ojo que mira y el aliento,
con la frente que inclina el pensamiento,
con este corazón caliente y preso,

y con el sueño fatalmente obseso
de este amor que me copa el sentimiento,
desde la breve risa hasta el lamento,
desde la herida bruja hasta su beso.

Mi vida es de tu vida tributaria,
ya te parezca tumulto, o solitaria,
como una sola flor desesperada.

Depende de él como del leño duro
la orquídea, o cual la hiedra sobre el muro,
que solo en él respira levantada.

(Juana de Ibarbourou)

Un soneto escrito no tanto desde la desesperación, como indica su título, sino desde el desenfreno de una pasión amorosa incontenible. Un soneto arrebatado, cuyos versos, de manera indirecta, parecen cuestionar la irracionalidad de los sentimientos y que, sin duda, se inscribe en esa caterva de textos amorosos que son una fuente inagotable, una concatenación apasionada de imágenes hermosas. El amor canalizado, en esta ocasión, por la pluma de una poetisa cuya original voz e importancia me atrevo a reivindicar desde estas discretas líneas: la de doña Juana de Ibarbourou.

Nacida en Uruguay a finales del siglo XIX, Juana de Ibarbourou está considerada una de las autoras más destacadas de la corriente lírica sentimental de la literatura hispánica de las primeras décadas del siglo, por lo que no debe resultarnos extraño la influencia que en sus textos ejerce el Modernismo (amistó con Gabriela Mistral y Alfonsina Storni) ni su admiración por algunos de los grandes autores de la Generación del 98, así Miguel de Unamuno (con quien mantuvo relación epistolar) o los hermanos Machado. 

Así las cosas, tampoco debe extrañarnos que su originalidad, buscando un marcado sesgo personal, la hiciera seguidora de Juan Ramón Jiménez y de Federico García Lorca, otros de los grandes renovadores de la lírica en lengua castellana, a quienes llegó a conocer personalmente. De esta manera, tal que estos dos poetas hicieran, Juana de Ibarbourou también especuló acerca del proceso de creación literaria, dejando constancia de ello en la excelente conferencia impartida en la Universidad de Montevideo, Casi en pantuflas.

Al morir, el gobierno uruguayo dispuso un día de duelo nacional y fue enterrada con honores de Ministro de Estado, siendo la primera mujer en la historia del susodicho país en alcanzar tal honor.

Villancico castellano

Ya cantan los gallos,

amor mío, y vete,

cata que amanece.

Vete, alma mía,

más tarde no esperes,

no descubra el día

los nuestros placeres.

Cata que los gallos, 

según me parece,

dicen que amanece.

Cercanas las festividades navideñas y siendo esta la última reseña del trimestre (dado que el próximo viernes ya no es día lectivo), tengo a bien recuperar, como he hecho en alguna que otra ocasión, un tradicional villancico castellano, aunque en esta ocasión su temática no es religiosa sino de asunto amoroso. De hecho, debes saber que el tradicional villancico navideño es una derivación de la lírica popular medieval hispánica (seguro que palabras como jarchas o cantigas de amigo te suenan de algunas clases).

En muchas ocasiones los poemas requieren de una atención especial, de una lectura atenta e incluso, casi me atrevería a decir que de la adquisición de unas estrategias de lectura para desentrañar sus juegos lingüísticos. Sin embargo, la lírica tradicional se caracteriza por la sencillez. Así las cosas, los versos, cortos, de seis sílabas, en el poema que nos ocupan, destilan sencillez y concreción.

En el caso del poema que nos ocupa, el lector puede imaginarse una bonita estampa, mas bien unos fotogramas que parecen arrancados a una película de amor, en la que tras el canto del gallo los enamorados deben despedirse.

La voz, en el caso del poema que nos ocupa, es ambigua. Si bien la lírica tradicional se caracteriza por estar protagonizada por la voz femenina, aquí, la aparición de “alma” por el tradicional “amado” hace que el sentido del texto sea ambivalente. Pero lo que sí que no es ambivalente es la picardía que subyace, la idea de que los amantes obran al margen de la claridad, quizás al margen del matrimonio, en esos terrenos de la placidez sombría que el canto del gallo va a desvirtuar.

Como colofón, señalar la influencia que esta lírica tiene en uno de los poetas más célebres de nuestra literatura, Federico García Lorca. ¿Quién no recuerda al leer esta anónima composición el célebre arranque de su Romance de la pena negra?

Las piquetas de los gallos 

cavan buscando la aurora

cuando por el monte oscuro

baja Soledad Montoya.

Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Castellana y Literatura)

El miedo global. Eduardo Galeano 

Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo. 

Y los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo. 

Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida. 

Los automovilistas tienen miedo a caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados.

La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir. 

Los civiles tienen miedo a los militares. 

Los militares tienen miedo a la falta de armas. 

Las armas tienen miedo a la falta de guerra. 

Es el tiempo del miedo. 

Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo. 

Miedo a los ladrones y miedo a la policía.

Miedo a la puerta sin cerradura. 

Al tiempo sin relojes. 

Al niño sin televisión. 

Miedo a la noche sin pastillas para dormir y a la mañana sin pastillas para despertar. 

Miedo a la soledad y miedo a la multitud. 

Miedo a lo que fue. 

Miedo a lo que será. 

Miedo de morir. 

Miedo de vivir.

Eduardo Galeano (1940-2015) fue un escritor y periodista uruguayo que no tuvo miedo a denunciar el saqueo de los recursos naturales por parte de los imperios coloniales en América Latina, lo que le valió ser encarcelado y exiliado. En Las venas abiertas de América Latina afirmó que el desarrollo es un viaje con más náufragos que navegantes, una idea que genera un interesante conflicto con la interminable senda de utópico desarrollo propuesta por los países occidentales en las últimas décadas. 

No hay duda de que el miedo es un mecanismo de defensa que ha sido muy práctico durante la historia evolutiva del ser humano. Pero parece que en la actualidad se nos ha ido de las manos. 

Todos estamos cargados de miedos, que a menudo ocultamos para esconder nuestras debilidades. En estos tiempos de pandemia, algunos de nuestros miedos han vuelto a estar a flor de piel, dada la situación extraordinaria que estamos viviendo. Hoy en día da la impresión de que los medios de comunicación se están encargando de gestionar nuestros miedos según convenga a los que mandan. 

 Un nuevo año da miedo, las navidades con la familia dan miedo, tener un hijo/a da miedo, la vida da miedo. 

El miedo está ahí, desde mi punto de vista la gracia está en nuestra reacción frente a todos estos miedos; si vamos a dejar que el miedo nos atenace o vamos a enfrentarnos a nuestra realidad, cogiendo el toro por los cuernos. 

Mariano Turmo (Departamento de Física y Química)

Recientemente he leído en prensa que en Egipto ha quedado restaurado el majestuoso corredor de esfinges que unía los templos de Karnak y Luxor, en Tebas, la antigua capital del Alto Egipto. Enseguida me ha venido a la mente ese ser mitológico con cuerpo alado de león y torso desnudo de mujer, que tanta curiosidad desata entre los estudiantes adolescentes, y de las peripecias de uno de los antihéroes más conocidos de la Antigüedad. Me refiero, claro está, al hijo pródigo del trágico heleno Sófocles, que no es otro que el señor Edipo de Tebas.

Mi memoria entonces se ha puesto a funcionar por primera vez en mucho tiempo y, esencia de hueso quemado aparte, ha recordado la pieza de Les Luthiers titulada “Epopeya de Edipo de Tebas”. Se trata de una obrita con bastante solera (¡1969: casi nada!) que, justamente, resume la tragedia edípica por antonomasia. Eso sí: estos encantadores locos argentinos le imprimen su sello a un poema épico manteniendo el tono mítico, pero otorgándole una forma de cantar de gesta medieval, con rima interna, al que añaden una vuelta por estrofa (amén de acompañarlo con instrumentación de época). Una delicia para los sentidos.

Resumen sui generis. El famoso oráculo de Delfos profetizó en una ocasión al rey Layo de Tebas que su primogénito sería parricida-regicida, con altas probabilidades de cometer un poco de incesto. Cuando este nació, le faltó tiempo para que los pendientes reales se le pusieran de corbata. Así las cosas, le pidió a un sirviente un día que se diera un paseo por el campo y “sacara la basura”. Del suelo tirado cual vulgar uva pasa fue recogido por los reyes de Corinto. Gigantesca elipsis temporal de por medio, Edipo crecidito visitó a la consabida pitonisa, quien le vaticinó el mismo destino desvelado años atrás. Edipo, creyendo inocentemente que sus verdaderos padres eran los reyes de Corinto, huyó a la ciudad de Tebas…

Semanas más tarde a Tebas avanza.

Resolver alcanza cierta adivinanza,

semanas más tarde…

La Esfinge de Tebas, al ser derrotada,

se ofusca, se enfada y se hace pomada;

la Esfinge de Tebas…

Edipo, tras resolver el enigma de la esfinge (aquel del que camina a cuatro patas por la mañana, dos por la tarde y tres por la noche), añadió a su currículum la instigación al suicidio, por parte de la esfinge. Anteriormente, en un gracioso giro de los acontecimientos, se había peleado con un señor desconocido que se había encontrado por el camino (y que, menuda sorpresa, resultó ser un tal Layo). Al llegar a Tebas, fue recibido con honores por cargarse a la esfinge, nombrado rey (pues este había finado “incomprensiblemente”), y alimentó una ancestral costumbre: tomar a la enviudada reina como esposa. 

Maravilloso es el momento genealógico que se vive entonces. Por si alguien lo dudaba, ese matrimonio quedó consumado en repetidas ocasiones, y una vez el rey hubo de consultar al oráculo de las narices, la cruda realidad quedó tristemente revelada. La profecía se había cumplido (quien avisa no es traidor…): la reina Yocasta era, hacia su hijo Edipo, madre y abuela al mismo tiempo. Este, haciendo gala de sangrienta ostentación (y, quién sabe, tal vez poseído por el espíritu de Quentin Tarantino), decidió arrancarse los ojos.

Y aquí tenemos este sensacional relato que ha dado para innumerables manuales de psicología freudiana. A mí me viene de perlas para explicarles a mis alumnos que una poesía rítmicamente rimada no siempre ha de ser lírica (o sea, que transmita un sentimiento). Puede ser perfectamente narrativa si cuenta una historia (en este caso, además, pensada en su origen para representarse). 

Vídeo: Les Luthiers (canal de Les Luthiers), 23 de agosto de 2018. Epopeya de Edipo de Tebas. En YouTube: https://youtu.be/d48I385Hutw

Autoría: Pseudópodo (Depto. de Lengua y Literatura).

CENTENARIO LABORDETIANO: MIGUEL LABORDETA SUBÍAS-1921-1969.

 Sirva esta reseña para poner en contacto a los lectores de estas páginas con el gran poeta aragonés del siglo XX.  Quizás de los mejores poetas españoles de mitad de la anterior centuria, y tal vez el poeta español más olvidado. Reivindico su poesía, y su lectura con voz alta en las aulas o  en alguna asignatura completa que vuelva a titularse “Literatura española contemporánea”. Que exista un tema, no un párrafo, donde se vean  los tertulianos  del café NiKé de Zaragoza., se hable de las sociedades poéticas con sus amigos, la O.P.I (Oficina Poética Internacional), y se regale algún número, da igual fotocopiado o  escaneado, de las innumerables revistas poéticas en las que participaba: Orejudín, Papageno, Despacho literario…

 Miguel Labordeta Subías nace en Zaragoza en 1921 y vive en el colegio Buen Pastor, pegado al Mercado central, propiedad de su padre. Estudia Filosofía y Letras, y se incorpora como profesor y luego director al colegio familiar. Intenta doctorarse en Madrid, pero le vence el cariño de su provinciana y “gusanera Zaragoza”. Importante los años cincuenta y sesenta, por la coincidencia de un grupo de poetas aragoneses, que son buenos amigos, y que junto con el alma de Miguel Labordeta, son capaces de sacar adelante revistas, colecciones de libros de poesía, además de disfrutar de la vida. Y digo disfrutar de la vida, en la medida de los márgenes que dejaba la dictadura  franquista, bastante oscura.

 Podemos citar sus libros de poemas, con sus sugerentes títulos: “Sumido 25”, “Violento Idílico” ,”Transeúnte central”, obras de teatro como “Oficina de Horizonte”…Y debemos mencionar a sus amigos poetas: Manuel Pinillos, Julio Antonio Gómez, Rosendo Tello, Emilio Gastón, Guillermo Gúdel, su propio hermano José Antonio Labordeta, y otros muchos más por qué la nómina es extensa, que posibilitan llevar adelante numerosas empresas editoriales y culturales. Debo reivindicar a estos poetas, no por paisanaje , si no por su poética rotunda y universal, desconocida por quedarse en una ciudad interior. 

 Afortunadamente, y en los últimos años, por los menos en Aragón, se ha vuelto a editar su obra poética completa, y de vez en cuando van editándose antologías y estupendas biografías, como la de Antonio Ibáñez Izquierdo: “Miguel Labordeta: Poeta Violento Idílico,1921-1969”, en la colección de la Biblioteca Aragonesa de Cultura (por cierto está en la biblioteca del instituto, ya que esta colección, junto con otros tantos cientos de libros  nos la donó, el catedrático de Literatura de la Universidad de Zaragoza, don Alberto Montaner Frutos).

 Miguel Labordeta, muere repentinamente a los 48 años, en su segunda juventud. Su hermano José Antonio se ocupó de difundir la poesía de  Miguel y  de dedicar un estupendo disco, donde recita y pone música a poemas de su hermano, de sus amigos poetas, y suyos también. El disco, que fue acompañado de gira teatral, se titula “Con la voz a cuestas”, editado por Prames, en formato disco-libro. Yo como soy labordetiano al cuadrado, por Miguel y José Antonio, hago mi pequeña antología, con dos poemas de Miguel, y con el poema-canción que le dedicó José Antonio.

  RETROSPECTIVO EXISTENTE (del libro Violento Idílico-1949).

  Me registro los bolsillos desiertos

para saber dónde fueron aquellos sueños.

Invado las estancias vacías

para recoger mis palabras tan lejanamente idas.

Saqueo aparadores antiguos,

viejos zapatos, amarillentas fotografías tiernas,

estilográficas desusadas y textos desgajados del Bachillerato.

Pero nadie me dice quién fui yo.

Aquellas canciones que tanto amaba

no me explican donde fueron mis minutos

y aunque torturo los espejos

con peinados de quince años,

con miradas podridas de cinco años

o quizá de muerto,

nadie,

nadie me dice donde estuvo mi voz

ni de qué sirvió mi fuerte sombra mía

esculpida en presurosos desayunos,

en jolgorios de aulas y pelotas de trapo,

mientras los otoños sedimentaban

de pálidas sangres

las bodegas del Ebro.

¿En qué escondidos armarios

guardan los subterráneos ángeles

nuestros restos de nieve nocturna atormentada?

¿Por qué vertientes terribles se despeñan

los corazones de los viejos relojes parados?

¿Dónde encontraremos todo aquello

que éramos en las tardes de los sábados,

cuando el violento secreto de la Vida

era tan sólo

una dulce campana enamorada?

Pues yo registro los bolsillos desiertos

y no encuentro ni un solo minuto mío

ni una sola mirada en los espejos

que me diga quién fui yo.

    Miguel Labordeta Subías-1949, Obras Completas. Colección Fuendetodos. Ediciones Javalambre. Nº 11. Zaragoza, 1972.

 SEVERA CONMINACIÓN DE UN CIUDADANO DEL MUNDO ( del poemario Epilírica-1961).

Mataos

Pero dejad tranquilo a ese niño que duerme en una cuna.

Si vuestra rabia es fuego que devora tal cielo

Y en vuestras almohadas crecen las pistolas:

destruíos aniquilaos ensangrentad

con ojos desgarrados los acumulados cementerios

que bajo la luna de tantas cosas callan

pero dejad tranquilo al campesino

que cante en las mañanas

el azul nutritivo de los soles.

Invadid con vuestro traquetreo

los talleres los navíos las universidades

las oficinas espectrales donde tanta gente languidece

triturad toda rosa hallad al noble pensativo

preparad las bombas de fósforo y las nupcias del agua con la muerte

que han de aplastar a las dulces muchachas paseantes

en esta misma hora que sonríe

por una desconocida ciudad de provincias

pero dejad tranquilo al joven estudiante

que lleva en su corazón un estío secreto.

Inundad los periódicos las radios los cines las tribunas

de entelequias estructuradas incompatibles

pero dejad tranquilo al obrero que fumando un pitillo

ríe con los amigos en aquel bar de la esquina.

Asesinaos si así lo deseáis

exterminaos vosotros: los teorizantes de ambas cercas

que jamás asiríais un fusil de bravura

pero dejad tranquilo a ese hombre tan bueno y tan vulgar

que con su mujer pasea en los económicos atardeceres.

Aplastaos pero vosotros

los inquisitoriales azuzadores de la matanza

los implacables dogmáticos de estrechez mentecata

los monstruosos depositarios de la enorme Gran Estafa

los opulentos energúmenos que en alza favorable de cotizaciones

preparáis la trituradora de los sueños modestos

bajo un hacha de martirios inútiles.

Pisotead mi sepulcro también

os lo permito si así lo deseáis inclusive y todo

aventad mis cenizas gratuitamente

si consideráis que mi voz de la calle no se acomoda a vuestros fines

suculentos.

Pero dejad tranquilo a ese niño que duerme en una cuna

al campesino que nos suda la harina y el aceite

al joven estudiante con su llave de oro

al obrero en su ocio ganado fumándose un pitillo

y al hombre gris que coje los tranvías

con su gabán roído a la seis de la tarde.

Esperad otra cosa.

Los parieron sus madres para vivir con todos

y entre todos aspiran a vivir tan sólo esto

y de ellos ha de crecer

si surje

una raza de hombres con puñales de amor inverosímil

hacia otras aventuras más hermosas.

Miguel Labordeta Subías-1961.Obras Completas. Colección Fuendetodos, nº 11.Zaragoza, 1972.

El POETA, (canción de José Antonio Labordeta.: “A Miguel, mi hermano”).

El quiso ser

palabra sobre el río al amanecer

y caminó

por viejas esperanzas

que nadie entendió.

Dejo después

la mano entre las manos y se nos marchó

con un suave silencio

que el viento rompió.

   Su gesto fue

   dolido, por el caminar

   entre yermos y piedras 

   y un extenso erial.

Su voz se ató

al yermo del paisaje y a la sangre en flor.

Se hizo pared

allí donde los muros cayeron tras él.

Su soledad

abrió por los caminos la necesidad

que levanta a los hombres

a la libertad.

   Caminos son 

   abiertos por su fuerte voz

   lanzada contra cierzo y sol

   y contra tantos siglos de dolor.

Del disco de José Antonio Labordeta de 1977 “Labordeta en directo”. Fonomusic.

También aparece en su libro de poemas “Poemas y canciones”, Colección El Bardo, Editorial Lumen, 1976.

Francisco Javier Murillo Esteban (Departamento de Geografía e Historia)

Je l’aime à mourir, Francis Cabrel

Moi je n’étais rien
Et voilà qu’aujourd’hui
Je suis le gardien
Du sommeil de ses nuits
Je l’aime à mourir

Vous pouvez détruire
Tout ce qu’il vous plaira
Elle n’a qu’à ouvrir
L’espace de ses bras
Pour tout reconstruire
Pour tout reconstruire
Je l’aime à mourir

Elle a gommé les chiffres
Des horloges du quartier
Elle a fait de ma vie
Des cocottes en papier
Des éclats de rire

Elle a bâti des ponts
Entre nous et le ciel
Et nous les traversons
À chaque fois qu’elle
Ne veut pas dormir
Ne veut pas dormir
Je l’aime à mourir

Elle a dû faire toutes les guerres
Pour être si forte aujourd’hui
Elle a dû faire toutes les guerres
De la vie, et l’amour aussi

Elle vit de son mieux
Son rêve d’opaline
Elle danse au milieu
Des forêts qu’elle dessine
Je l’aime à mourir

Elle porte des rubans
Qu’elle laisse s’envoler
Elle me chante souvent
Que j’ai tort d’essayer
De les retenir
De les retenir
Je l’aime à mourir

Pour monter dans sa grotte
Cachée sous les toits
Je dois clouer des notes
À mes sabots de bois
Je l’aime à mourir

Je dois juste m’asseoir
Je ne dois pas parler
Je ne dois rien vouloir
Je dois juste essayer
De lui appartenir
De lui appartenir
Je l’aime à mourir

Elle a dû faire toutes les guerres
Pour être si forte aujourd’hui
Elle a dû faire toutes les guerres
De la vie, et l’amour aussi

Moi je n’étais rien
Et voilà qu’aujourd’hui
Je suis le gardien
Du sommeil de ses nuits
Je l’aime à mourir

Vous pouvez détruire
Tout ce qu’il vous plaira
Elle n’aura qu’à ouvrir
L’espace de ses bras
Pour tout reconstruire
Pour tout reconstruire
Je l’aime à mourir

TRADUCCIÓN

La quiero a morir

Y yo que hasta ayer sólo fui un holgazán

y hoy soy el guardián de sus sueños de amor

La quiero a morir

Podéis destrozar todo aquello que veis

porque ella de un soplo lo vuelve a crear

como si nada, como si nada

La quiero a morir

Ella borra las horas de cada reloj

me enseña a pintar transparente el dolor

con su sonrisa

Y levanta una torre desde el cielo hasta aquí

y me cose unas alas y me ayuda a subir

a toda prisa, a toda prisa

La quiero a morir

Conoce bien cada guerra

cada herida, cada sed

conoce bien cada guerra

de la vida y del amor también

Me dibuja un paisaje y me lo hace vivir

en un bosque de lápices se apodera de mí

La quiero a morir

Y me atrapa en un lazo que no aprieta jamás

como un hilo de seda que no puedo soltar

no quiero soltar, no quiero soltar

La quiero a morir

Cuando trepo a sus ojos me enfrento al mar

dos espejos de agua encerrada en cristal

La quiero a morir

Sólo puedo sentarme, solo puedo charlar

sólo puedo enredarme, solo puedo aceptar

ser sólo suyo, sólo suyo

La quiero a morir

Conoce bien cada guerra

cada herida, cada sed

conoce bien cada guerra

de la vida y del amor también

Y yo que hasta ayer sólo fui un holgazán

y hoy soy el guardián de sus sueños de amor

La quiero a morir

Podéis destrozar todo aquello que veis

porque ella de un soplo lo vuelve a crear

como si nada, como si nada

La quiero a morir.

Estudié francés en el colegio, en el instituto y en la universidad. Luego, lo sustituí por la lengua de Shakespeare por motivos prácticos, como trabajo, viajes… y el francés quedó ahí, a medio camino entre el recuerdo y el olvido. A temporadas intento retomarlo. Confieso que odio su gramática, sus verbos endiablados y, sobre todo, sus acentos, pero no me puedo resistir a su musicalidad y romanticismo. Todo suena mejor en francés y, el amor… también. Supongo que por ello de vez en cuando escucho una y otra vez unas cuantas canciones que, aunque algo antiguas, para mí representan la atemporalidad del amor.

Esta canción de Francis Cabrel fue lanzada en 1979 y, aunque ha sido traducida al español, (texto que incluyo)  e interpretada por varios cantantes, ninguna versión transmite la emoción como lo hace la francesa.

Nos habla del amor perfecto, puro, aquel que te transporta a un lugar donde solo existen los amantes y donde no hay peligro, dificultad ni obstáculo que no se pueda superar. Encontramos una amada profundamente vital, a la que el dolor del pasado ha fortalecido y, en cuyos ojos su amante se refleja. Ella ha construido un tiempo y un espacio propios donde no dudaríamos en perdernos, por lo menos yo.

Para los que se animen a dejarse llevar aquí está la canción original, letra incluida.

Patricia Chavarrías (Departamento de Lengua Castellana y Literatura)

ODA A LA VACUNA

(…)

 Un pueblo inteligente y numeroso               

el lugar ocupó de los desiertos,                     

y los vergeles de Pomona y Flora                 

a las zarzas incultas sucedieron.                    

No más allí con sanguinarios ritos     65       

el nombre se ultrajó del Ser Supremo,                      

ni las inanimadas producciones                     

del cincel, le usurparon nuestro incienso;                 

con el nombre español, por todas partes,                  

la luz se difundió del evangelio,        70       

y fue con los pendones de Castilla                 

la cruz plantada en el indiano suelo.             

Parecía completa la grande obra                   

de la real ternura; en lisonjero                       

descanso, las nacientes poblaciones   75       

bendecían la mano de su dueño,                    

cuando aquel fiero azote, aquella horrible                

plaga exterminadora que, del centro             

de la abrasada Etiopía transmitida,                

funestó los confines europeos,           80       

a las nuevas colonias trajo el llanto               

y la desolación; en breve tiempo,                  

todo se daña y vicia; un gas impuro              

la región misma inficionó del viento;                        

respirar no se pudo impunemente;     85       

y este diáfano fluido en que elementos                      

de salud y existencia hallaron siempre                      

el hombre, el bruto, el ave y el insecto,                     

en cuyo seno bienhechor extrae                     

la planta misma diario nutrimento,    90       

corrompiose, y en vez de dones tales,                       

nos trasmitió mortífero veneno.                    

Viéronse de repente señalados                       

de hedionda lepra los humanos cuerpos,                   

y las ciudades todas y los campos     95       

de deformes cadáveres cubiertos.                  

No; la muerte a sus víctimas infaustas                      

jamás grabó tan horroroso sello;                   

(…)

De la marina costa a las ciudades,     105     

de los poblados pasa a los desiertos              

la mortandad; y con fatal presteza,                

devora hogares, aniquila pueblos.                 

El palacio igualmente que la choza               

se ve de luto fúnebre cubierto;           110     

perece con la madre el tierno niño;               

con el caduco anciano, los mancebos.                       

Las civiles funciones se interrumpen;                        

el ciudadano deja los infectos                        

muros; nada se ve, nada se escucha,  115     

sino terror, tristeza, ayes, lamentos.               

¡Qué de despojos lleva ante su carro             

Tisífone! ¡Qué número estupendo                 

de víctimas arrastran a las hoyas                   

la desesperación y el desaliento!        120     

¡Cuántos a manos mueren del más duro                   

desamparo! Los nudos más estrechos                       

se rompen ya: la esposa huye al esposo,                   

el hijo al padre y el esclavo al dueño.                       

¡Qué mucho si las leyes autorizan     125     

tan dura división!… Tristes degredos,                       

hablad vosotros; sed a las edades                  

futuras asombroso monumento,                     

del mayor sacrificio que las leyes                 

por la pública dicha prescribieron;     130     

vosotros, que, en desorden espantoso,                      

mezclados presentáis helados cuerpos,                     

y vivientes que luchan con la Parca,             

en cuyo seno oscuro, digno asiento               

hallaron la miseria y los gemidos;     135     

mal segura prisión, donde el esfuerzo                       

humano, encarcelar quiso el contagio,                      

donde es delito el santo ministerio                

de la piedad, y culpa el acercarse                  

a recoger los últimos alientos 140     

de un labio moribundo, donde falta               

al enfermo infelice hasta el consuelo            

de esperar que a los huesos de sus padres,                

se junten en el túmulo sus huesos.

(…)

    Carlos manda; y al punto una gloriosa                  

expedición difunde en sus inmensos 190     

dominios el salubre beneficio                        

de aquel grande y feliz descubrimiento.                    

Él abre de su erario los tesoros;                     

y estimulado con el alto ejemplo                   

de la regia piedad, se vigoriza            195     

de los cuerpos patrióticos el celo.                  

Él escoge ilustrados profesores                     

y un sabio director, que, al desempeño                      

de tan honroso cargo, contribuyen                 

con sus afanes, luces y talento.          200     

¡Ilustre expedición! La más ilustre                

de cuantas al asombro de los tiempos                       

guardó la humanidad reconocida;

(…)

Y a ti, Balmis, a ti que, abandonando                        

el clima patrio, vienes como genio                

tutelar, de salud, sobre tus pasos,                  

una vital semilla difundiendo,                       

¿qué recompensa más preciosa y dulce         305     

podemos darte? ¿Qué más digno premio                  

a tus nobles tareas que la tierna                     

aclamación de agradecidos pueblos              

que a ti se precipitan? ¡Oh, cuál suena                      

en sus bocas tu nombre!… ¡Quiera el Cielo,  310     

de cuyas gracias eres a los hombres              

dispensador, cumplir tan justos ruegos;                    

tus años igualar a tantas vidas,                      

como a la Parca roban tus desvelos;              

y sobre ti sus bienes derramando       315     

Con largueza, colmar nuestros deseos!          

(Andrés Bello, 1804)    

       

            El poeta  Andrés Bello (Caracas, 29 de noviembre de 1781-Santiago de Chile, 15 de octubre de 1865), maestro de Simón Bolívar y héroe de la Independencia Venezolana, compuso la Oda a la vacuna en diciembre de 1806.

            La pandemia a que hace se hace referencia en el poema es la viruela, que venía asolando Europa desde finales del XVIII, pero sus efectos se devastadores se parecen mucho a lo que estamos hoy viviendo. El objetivo de esta oda es loar la campaña de vacunación antivariólica que España lideró en las colonias hispanoamericanas, financiada por la corona. Carlos IV había visto a su esposa, María Luisa de Parma, contraer esa misma enfermedad, que dejó marcado todo su cuerpo.

            Por este motivo, impulsó lo que se considera la primera campaña de salud pública del mundo siguiendo los avances más pioneros en el momento, las investigaciones de Edward Jenner (1749-1823), y enviando al Nuevo Mundo los preciados “viales” en una expedición a cargo del médico Francisco Javier Balmis (en su honor, la campaña contra la COVID-19 recibió el nombre clave de “Operación Balmis”). Dejaremos ahora de lado el espinoso dilema ético de usar como viales a niños huérfanos -alguno de tres años- que son inoculados con la infección de otros niños en una cadena que ha de prolongarse en un penoso viaje en barco. Eran otros tiempos.

            En España, el médico Francisco Piguillem (1770-1826) fue el primero en vacunar a tres niños (en 1800) con pus vacuno remitido desde París, y eso es solo un año después de que se publicaran aquí los primeros trabajos científicos. Barcelona y Madrid prepararon vacunaciones masivas desde ese año y para el otoño y el invierno de 1801, setenta localidades de Aragón ya vacunaban (solo en Zaragoza, más de 1000 personas recibieron la dosis con resultado favorable) verificando el nombre del vacunado, el de sus padres, la fecha de aplicación y su seguimiento. La experiencia española, pues, podía exportarse con éxito.

            En este poema, verás el contraste entre la descripción del paraíso terrenal americano y los efectos de una enfermedad importada que infecta el aire, y también la restitución del optimismo que, como es lógico en un pensador ilustrado como Bello, solo puede llegar a través del uso de la ciencia y la razón. En la oda también se aprecia la estrecha relación entre el progreso médico y el progreso económico, única forma de alcanzar la prosperidad en tiempos de crisis. ¿Pero qué hacer cuando la fuente de la vida es la que te mata?

                        un gas impuro             

                        la región misma inficionó del viento;                        

                        respirar no se pudo impunemente;        

        

            Como ocurre en la actual pandemia, la enfermedad no entiende de clases sociales (“el palacio igualmente que la choza”), y es la vacuna la que cura al enfermo, y el enfermo el que cura la economía. Oponerse a la vacuna conduce al desastre. Sin vacuna, solo nos queda… la prevención. Es la descripción de estas medidas y sus secuelas (distancia social, higiene, confinamiento, separación familiar, desamparo, paralización de actividades lúdicas y laborales, prohibición incluso de velar a los muertos) lo que hace este poema extrañamente actual. ¿Cómo no pensar en las imágenes aéreas de las fosas de los desmesurados cementerios de Brasil al leer la descripción de las “hoyas” que hace Bello? ¿Cómo no recordar las residencias y  las unidades de UCI cuando se relata el aislamiento en esos “degredos”?

            mal segura prisión, donde el esfuerzo                       

            humano, encarcelar quiso el contagio,

            Hay otro fragmento interesante en esta oda: ¿Qué dirán a sus hijos los supervivientes a la pandemia? Que lo único que la derrotó fue una eficaz política sanitaria con leyes casi inhumanas, pero necesarias:  “¡Qué mucho si las leyes autorizan / tan dura división!… “

            La esperanza llegó a los enfermos de esa pandemia desde el conocimiento y la razón. Ahora que empezamos a ver la luz al final del túnel y nos asomamos a la “nueva normalidad” te presentamos un poema que, pese a escribirse hace más de doscientos años, nos ayudará a poner en su sitio situaciones muy recientes. Y es que, pese a que creemos que vivimos en los tiempos más terribles, no hay como volver la vista atrás y tomar conciencia de que los males que hoy asolan a la Humanidad: guerras, hambre, desastres naturales, epidemias… nos han acompañado desde siempre, pero hemos sobrevivido. No todo tiempo pasado fue mejor. Afortunadamente, los continuos avances, ahora y entonces, invitan al optimismo.

Miguel Ángel Aragüés (Departamento de Lengua Castellana y Literatura)

A vegades és necessari i forçós
que un home mori per un poble,
però mai no ha de morir tot un poble
per un home sol:
recorda sempre això, Sepharad.
Fes que siguin segurs els ponts del diàleg
i mira de comprendre i estimar
les raons i les parles diverses dels teus fills.
Que la pluja caigui a poc a poc en els sembrats
i l’aire passi com una estesa mà
suau i molt benigna damunt els amples camps.
Que Sepharad visqui eternament
en l’ordre i en la pau, en el treball,
en la difícil i merescuda
llibertat.

(Salvador Espriu)

En esta ocasión vamos a recuperar para nuestra sección la voz lírica de Salvador Espriu, uno de los grandes poetas del pasado pero próximo siglo XX, miembro fundador de la Asociación de Escritores en Lengua Catalana. De férrea formación académica (se licenció en Derecho e Historia Antigua). Sus conocimientos respecto de las tradiciones literarias antiguas (estudió lenguas clásicas y egiptología) influyeron de manera determinante en su obra, tal y como deja vislumbrar el poema que hemos elegido en esta ocasión, originalmente compuesto en lengua catalana, del que facilitamos su traducción, gracias a otra gran voz poética, la de José Agustín Goytisolo.

A veces es necesario y forzoso
que un hombre muera por un pueblo,
pero jamás ha de morir todo un pueblo
por un hombre solo:
recuerda siempre esto, Sepharad.
Haz que sean seguros los puentes del diálogo
y trata de comprender y de estimar
las diversas razones y hablas de tus hijos.
Que la lluvia caiga poco a poco en los sembrados
y el aire pase como una mano extendida,
suave y muy benigna sobre los anchos campos.

Que Sepharad viva eternamente
en el orden y en la paz, en el trabajo,
en la difícil y merecida
libertad.

Sepharad es un viaje hacia nuestras raíces culturales, hacia esa diversidad que nos singulariza como pueblo. Una península ibérica entendida como una mezcla de civilizaciones, de ahí el título del texto, tomado de la denominación que los judíos sefardíes daban a nuestras hispánicas tierras.

Sepharad, nombre de mítica ciudad que aparece en él Génesis bíblico, otra de las amadas lecturas de Espriu, quien con estos versos originalmente escritos en Catalán nos habla de un problema de nuestra actualidad: la politización de la lengua. La perversión del uso de un elemento esencial para la comunicación humana. La lengua entendida no como un puente que hermane a los seres humanos, sino como un muro infranqueable que los separa.

Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Castellana y Literatura)

LEJANÍA

Hace tiempo que no me acaricias,

tanto,

que no recuerdo si algún día

llegaste a hacerlo.

(Sara Búho)

Artísticamente conocida como Sara Búho, esta poeta gaditana, más precisamente de La Línea de la Concepción, y nacida en 1991, es una de las principales escritoras de la nueva poesía urbana escrita por mujeres. Su nombre artístico viene de la combinación de sus dos apellidos: Bueno y Hormigo. Sara se graduó en Derecho por la Universidad de Sevilla y cursó un máster en Marketing Digital y Comercio Electrónico.

Como comentó en una entrevista que escuché hace tiempo en la radio, Sara empezó a compartir sus poemas en un blog en 2005, siendo para ella una manera de expresar sus sentimientos desde niña puesto que se considera una persona con cierta dificultad a la hora de comunicarse. Sin embargo, su poesía es muy directa y es muy aclamada debido a la gran cantidad de seguidores que tiene en redes sociales. Cuenta a día de hoy con 411.000 seguidores en Instagram.

Tras publicar tres libros, La Ataraxia del corazón en 2016, Y yo a ti en 2017 y La inercia del silencio en 2019, acaba de publicar su último poemario: Fragilidades, del cual he seleccionado mi propuesta de poema para esta semana: “Lejanía”.

¿Y por qué este poema de tantos publicados y compartidos por Sara? Supongo que las fechas a las que nos acercamos, me hacen recordar, una vez más, la ausencia de los que se fueron y desgraciadamente ya no están. Me siento identificada con esa sensación de vacío, frío, y me produce nostalgia recordar esos abrazos cálidos de mis seres queridos. 

La poesía de Sara es una poesía cercana, con la que todos nos podemos sentir identificados en algún momento de nuestras vidas y su temática es variada y no siempre con motivos de tristeza. Os dejo otro poema que me gusta mucho y os animo a que disfrutéis de la magia que ella es capaz de crear con tan pocas palabras. Tiene la habilidad de llegar al fondo de la piel y emocionar sin previo aviso.

Cristina Lavilla (Departamento de Inglés)

«Tú me abandonarás en primavera» 

Fue indirectamente como me interesé por la poesía de Antonio Gala. Entre 1997 y 2002 emitían «La noche abierta», un programa de entrevistas muy personales presentado y dirigido por el humorista Pedro Ruiz, en La2 de Televisión Española. Quizás alguien lo recuerde porque invitaban a cinco estudiantes de periodismo, que se ganaban el derecho a formular una pregunta al invitado si conseguían adivinar un gazapo introducido a propósito por el presentador y el entrevistado.

Entre las intervenciones musicales que aparecían en el programa, algunas eran de Clara Montes, una artista madrileña con alma gaditana, ya que allí ha pasado gran parte de su vida. Clara tiene una voz tan personal, que cuando la escuchas por primera vez y te gusta, la reconocerás siempre.

En esa intervención musical, Clara interpretó el tema «En una barca», que trata sobre los sueños y la libertad, y te crea un nudo en el estómago, pensando en la cantidad de personas que mueren en el mar buscando una vida mejor.

En una barca lleva una perla blanca,

y dicen las olas que es perla sin rey que el corazón le arranca,

soy almirante en una barca errante,

a golpe de remo me nombro yo rey

yo soy un rey emigrante.

Y ahora soy un monarca

mi reino está en mi barca,

navega una perla blanca y su rey

sobre el azul de los mares

el mismo azul de mis penas,

el mismo azul de mis venas,

el mismo azul de mi techo,

el mismo azul de mi lecho.

Desde el norte hasta el sur

desde oriente hasta poniente

traslado mi villa y corte a la vez

bajo el temblor de los vientos.

Claros los sentimientos que envuelven mi corona,

bahía de otra persona querer mi mascarón de proa

el espíritu de mi tiempo remanso en la tormenta.

El único ser que calienta,

el único que cuenta.

En una barca lleva una perla blanca…

Y allá cada cual con su ley,

que yo soy rey por un día,

allá cada cual con su ley,

que yo me debo a la mía.

En unas vacaciones en Conil (Cadiz), tuve la enorme suerte de poder escuchar a Clara Montes en directo, y decidí comprar algo de su discografía. Es en ese momento cuando supe que uno de los primeros trabajos musicales de Clara Montes eran sonetos de amor de Antonio Gala hechos canción.

A este soneto quería llegar y propongo como poema de la semana, titulado «Tú me abandonarás en primavera»:

Tú me abandonarás en primavera,

cuando sangre la dicha en los granados

y el secadero, de ojos asombrados,

presienta la cosecha venidera.

Creerá el olivo de la carretera

ya en su rama los frutos verdeados.

Verterá por maizales y sembrados

el milagro su alegre revolera.

Tú me abandonarás. Y tan labriega

clareará la tarde en el ejido,

que pensaré: es el día lo que llega.

Tú me abandonarás sin hacer ruido,

mientras mi corazón salpica y juega

sin darse cuenta de que ya te has ido.

Para terminar, ya que he observado que hay personas en el Centro a los que subyuga todo lo relacionado con García Lorca, os diré que uno de los últimos trabajos de Clara Montes es una adaptación teatral de una novela, «Los amores oscuros» de Manuel Francisco Reina, sobre el último amor de Federico García Lorca.

Isaac Cuesta (Departamento de Física y Química)

HIPHOPTEROS

Que sí. Que a un servidor le encanta Lorca y, en definitiva, todo lo que rodea a su generación en materia del arte de la trova. Que, aunque solo sea para añadir picante a las inocuas (¿o eran más bien inicuas?) discusiones literarias del Departamento de Lengua, declaro y postulo que el 27 le da cien vueltas gongorinas al 98 en el campo de la lírica. Por supuesto, si de Lorca hablo, no puedo evitar acordarme de los candidatos a bachiller que leen, analizan y estudian el consabido “Romancero Gitano”, del señor antes mencionado. Una belleza para todos los sentidos: personalmente, recomiendo tomar el AVE hasta Granada y fundirse con el alma lorquiana hojeando sus poemarios a la sombra de unos naranjos en la Alhambra (o, mejor aún, en una terracita, caña y tapa de por medio). Eso sí: la bromita barata no sale…

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De cualquier forma, lo mismo da, porque justamente de este libro y de este autor no voy a hablar hoy. Con el no contexto de las no fiestas de los no Pilares en el no horizonte, lo que me llama es la tremenda filosofía contenida en una letra que haría las delicias de todo un premio Nobel como Juan Ramón Jiménez (ni para ti ni para mí: lo dejamos en el 14). Me refiero a la jota, claro está.

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No les voy a engañar. Quizá sea el espíritu de jolgorio de la jota, los aires del cierzo que vienen del oeste o las ganas de fandango contenido que todos tenemos (a ver si el bicho este fenece de una santa vez), pero lo primero que me ha venido a la mente cuando he recibido este encargo han sido las jotas de picadillo. O sea, esas populares composiciones de tonadilla fácil y pegadizo ritmo que, digamos, poseen un trasfondo ideal para malpensados. Aunque, para ser honestos, no difieren gran cosa de la temática del actual rap… En realidad, serían las batallas de gallos de nuestros abuelos:

Si te estás quedando tuerto…

¿por qué tantas pretensiones…

si te estás quedando tuerto;

si en la bragueta no tienes…

más que un pajarico muerto?

 

Este pajarico canta

cuando le dicen piropos…

este pajarico canta.

Pero, estando tú delante,

se acuesta y no se levanta.

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Es que… la morriña del periodo pilaresco me lleva a añorar esos cantos a Aragón y a la libertad que recitaban año tras año José Antonio Labordeta y Joaquín Carbonell. Por desgracia ya no están (¡con la falta que nos harían en este loco mundo!), pero su música es eterna. Me salgo de la tangente para variar el “Somos” y el “Canto a la libertad”, y me quedo con una fusión de jota y blues que no tiene desperdicio: “Zarajota blues”. Disfrútenla.

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Tres cosas encontrarás

si en Zaragoza te metes;

tres cosas encontrarás:

la envidieta, la locura

y un poco de libertad.

Que no cambian de chaqueta.

En Aragón hay tres cosas

que no cambian de chaqueta:

Buñuel, Francisco de Goya…

y la voz de Labordeta.

 Referencias: “Romancero gitano”, de Federico García Lorca; “Zarajota blues”, de La Bullonera.

Vídeo: https://youtu.be/3sU-7XWY8d0

Autoría: Pseudópodo (Depto. de Lengua y Literatura).

POR TIERRAS DE ESPAÑA

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El hombre de estos campos que incendia los pinares
y su despojo aguarda como botín de guerra,
antaño hubo raído los negros encinares,
talado los robustos robledos de la sierra.
Hoy ve a sus pobres hijos huyendo de sus lares;
la tempestad llevarse los limos de la tierra
por los sagrados ríos hacia los anchos mares;
y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra.
Es hijo de una estirpe de rudos caminantes,
pastores que conducen sus hordas de merinos
a Extremadura fértil, rebaños trashumantes
que mancha el polvo y dora el sol de los caminos.
Pequeño, ágil, sufrido, los ojos de hombre astuto,
hundidos, recelosos, movibles; y trazadas
cual arco de ballesta, en el semblante enjuto
de pómulos salientes, las cejas muy pobladas.
Abunda el hombre malo del campo y de la aldea,
capaz de insanos vicios y crímenes bestiales,
que bajo el pardo sayo esconde un alma fea,
esclava de los siete pecados capitales.
Los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza,
guarda su presa y llora la que el vecino alcanza;
ni para su infortunio ni goza su riqueza;
le hieren y acongojan fortuna y malandanza.
El numen de estos campos es sanguinario y fiero:
al declinar la tarde, sobre el remoto alcor,
veréis agigantarse la forma de un arquero,
la forma de un inmenso centauro flechador.
Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta
¿no fue por estos campos el bíblico jardín?:
son tierras para el águila, un trozo de planeta
por donde cruza errante la sombra de Caín.

                                             (Antonio Machado)

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Se habla mucho de España, últimamente. En muchos lugares y ámbitos para alabar y enorgullecerse de este concepto, en otros para criticarlo o ponerlo en entredicho.  No quiero referirme ahora al origen etimológico del término ni siquiera al inicio del ente político o del Estado Español como tal, sino a ese sentimiento noventayochista que buscó un replanteamiento, una nueva visión de lo que estoy comentando. Algo que tendría un carácter mucho más actual de lo que pensamos.

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Esta elección viene apoyada además, por las palabras de una figura como la de Machado o mejor dicho, Machado supone una base fundamental para  conocer el “corazón” de España.

Si preguntáramos a viajeros, turistas, y a buen seguro intelectuales extranjeros, muchos nos responderían que el gran representante del alma española, sería Lorca. El poeta más emblemático, la “quintaesencia de lo español”, pero ¿no sería una parte por el todo? En el fondo el Lorca “más jondo” (en realidad hay  “muchos Lorcas”), representaría  la idea más difundida de lo español. ¿Es menos “auténtico” por eso?, evidentemente no, pues esa España existe, pero ¿define bien al resto?

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Sin embargo, el poema que he elegido es de Machado. Un andaluz como Lorca, pero que vivió en Castilla y se enamoró de ella. Castilla curiosamente se convierte entre los noventayochistas en algo parecido a lo que Andalucía sería para la visión idealizada de muchos extranjeros. Es decir, la esencia de España.

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Realmente Machado no nos está hablando de un lugar en concreto, de un territorio determinado, sino de un país, una tierra genérica que podría sugerirnos no solo Castilla, sino esa España interior, esa España vaciada, profunda y quizá alejada de otras idealizaciones ¿o no?

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El presente poema en cualquier caso, nos habla de un sentimiento muy actual. Una sobreexplotación de los recursos naturales, no tanto en el moderno sentido “ecologista”, sino en una especie de causa-efecto, de “venganza de la Naturaleza” o incluso de “castigo bíblico” por haber esquilmado de forma inconsciente los frutos que ésta brindó. Nos apunta, quizá, una explicación de la pobreza (no solo económica sino también moral) de aquellos nativos de esas tierras que ignorando una serie de “leyes naturales” se han convertido en depredadores sin conciencia que se han labrado su miserable destino,  un destino de retroceso.

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Curiosamente Machado, está relacionando a los antepasados de estos hombres que abandonaron su tierra, que emigraron, con la ganadería, ¿recuerdos quizá de la crítica ilustrada hacia la Mesta?

Sabemos por supuesto que la ganadería es una de las bases del mundo rural, que fijan población (aun teniendo en ocasiones carácter itinerante) o hacen viajar y/o volver a ciertas comarcas de esa España interior.

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Por tanto una lectura actual no vendría tanto por esa dualidad, esa rivalidad casi bíblica entre agricultura (o silvicultura) y ganadería, sino entre crecimiento sostenible y rapiña inconsciente que puede conducir finalmente a una pobreza moral y económica si todavía seguimos anclados en ciertos planteamientos.

Selección y reseña: Pedro Vizcaíno (Departamento de Geografía e Historia)

LA POESÍA DE LA SEMANA

¡SUNION!

¡Sunion! Te evocaré de lejos con un grito de alegría,
a ti y a tu sol leal, rey de la mar y el viento:
por tu recuerdo, que me eleva, feliz de sal exaltada,
con tu mármol absoluto, noble y antiguo yo como él.
¡Templo mutilado, desdeñoso de las otras columnas
que en el fondo de tu salto, bajo la ola risueña,
duermen la eternidad! Tú velas, blanco en la altura,
por el marinero, que por ti orienta su rumbo;
por el ebrio de tu nombre, que a través del desnudo carrascal
viene a buscarte, extremo como la certeza de los dioses;
por el exiliado que a través de oscuras arboledas te vislumbra
súbitamente, ¡oh preciso, oh fantasmal!, y conoce
por tu fuerza la fuerza que lo salva de los golpes de fortuna,
rico de lo que ha dado, y en su ruina tan puro.

                        (Carles Riba, Elegías de Bierville, Traducción de Ramón Gallart)

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Carles Riba (1893-1959), poeta y traductor catalán de la primera mitad del siglo XX,  fue un granamante de la cultura clásica y también un prestigioso profesor de griego. Uno de sus mejores libros es Elegías de Bierville (1943), al que pertenece este bello y muy recomendable poema. A pesar del olvido generalizado que padece, la calidad como poeta de Riba es indiscutible, así como su independencia artística, aspecto muy destacable si consideramos que su vida transcurre en un entorno muy convulso desde el punto de vista político.  

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Para el autor, Sunion y en particular el templo de Poseidón representan la perennidad de la belleza,entendida esta no solo en su dimensión más clásica y trascendente, sino también de un modo un tanto personal. Obsérvese cómo el sujeto poético evoca con un grito de alegría la presencia de un recuerdo tan particular como es la visión de un templo casi totalmente destruido. En este sentido, es muy significativa la identificación del autor con el mármol noble y antiguo, a pesar de su estado ruinoso. Ambos conservan su dignidad y belleza, aunque esta quede anegada, en parte, por las aguas, por el mar, sepulcro del tiempo en la poesía de Riba. En la pugna entre el arte y el tiempo, las columnas se muestran desafiantes ante la naturaleza, ante los terremotos, ante el viento, elementos naturales que acaban supeditados a la arquitectura, magna creación del ser humano. El mar cumple la misión de guardián de las columnas que ya han sucumbido al tiempo,  mientras las otras, representantes del arte más fuerte que la naturaleza, resisten.  

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Habitualmente se suele relacionar el poema con las circunstancias vitales de Riba, en particular con su exilio tras la Guerra Civil, sin embargo, desde mi punto de vista, el exilio que  expresa el autor es más interior, más espiritual. En este sentido y a modo de ejemplo, podemos observar que el marinero utiliza como faro de referencia el bello templo, como si el autor, exiliado al igual que el marinero, también pudiera encontrar un cierto consuelo en la belleza de sus recuerdos, sacudidos por las olas, por el viento, por el paso del tiempo.

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El lector que sepa valorar estos versos se situará cerca de la belleza, de lo clásico, de lo ejemplar, de lo sugerente, lejos de la superficialidad del fraude postmoderno.

Selección y reseña: Javier Ochoa (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Sulema

Pitingo

https://www.youtube.com/watch?v=U8YyPtja50o

Cuando Sulema camina,
El polvo de sus sandalias
Levanta el siroco isleño
Desde su casa a mi casa,
Desde su alma a mi alma.

Es la nube volandera
Que llega hasta las Canarias,
Es la triste mensajera
Del destierro que la embarga,
Es la triste mensajera
De las penas de su alma.

En el cielo la Luna
Enamora una estrella,
Sueña, Sulema, sueña,
Que aquella luna que besa su cara
Besa la tierra donde naciera.

Cuando Sulema amasa el pan,
Va floreciendo la libertad,
Cuando Sulema baila al compás,
Sale la Luna en el Sáhara,

Cuando Sulema riega el plantal,
Va floreciendo la libertad,
Cuando Sulema sueña en la paz,
Sale la Luna en el Sáhara.

Sulema vive en Tinduf,
A la sombra de una jaima,
Tiene la piel de aceituna
Y los ojos de melaza,
Tiene la piel de aceituna
De las mujeres del Sáhara.

Sulema reza en las noches
Y espera en las madrugadas
A que venga su querer
Que se enamoró del alba,
A que venga su querer,
La llama de su esperanza.

En el cielo la Luna
Enamora una estrella,
Sueña, Sulema, sueña,
Que aquella luna que besa su cara
Besa la tierra donde naciera.

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Hace unos días se celebró el día de Canarias, tierra donde nací y que hace que de vez en cuando sienta “magua” (nostalgia) por ver sus paisajes, su agitado mar y sus gentes, especialmente, a la familia. Sin embargo, si hay algo que caracteriza a cualquier pueblo y que te hace sentirlo más cerca, es su música. El folclore canario rico y variado se forja a partir de los antiguos pobladores, los guanches, pero ha ido siendo enriquecido por la confluencia de diferentes culturas llegadas a las islas tras la conquista, reconociéndose  influencias de los portugueses y centroeuropeos. Además,  la ubicación geográfica de las islas, en el noroeste de África, en frente de la costa del sur de Marruecos y del norte del Sáhara Occidental, ha propiciado que a lo largo de los siglos recalaran en el archipiélago influencias europeas, americanas y africanas, es por ello que la música de las islas está impregnada de ritmos de estas tierras lejanas, enriqueciendo sus sonidos con instrumentos como la mandolina, de origen europeo, el cuatro venezolano, procedente de Latinoamérica, o el «bucio«, instrumento de ascendencia aborigen (raíz africana). Además, es importante mencionar la adaptación y creación de nuevos instrumentos de origen íntegramente canario, como es el caso del timple.

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Actualmente en las islas podemos encontrar numerosos grupos folclóricos que dan a conocer el bagaje musical del archipiélago, el grupo que hoy me gustaría darles a conocer es Mestisay,  un grupo formado en 1978 a partir de un conjunto de personas interesadas en el folclore y la música popular canaria. Desde entonces, ha tocado varios géneros y estilos musicales, pero siempre conservando la esencia de las islas, con melodías enriquecidas con variedad de instrumentos, donde toma especial protagonismo la percusión, cuyos ritmos te envuelven y trasladan a las raíces de las distintas culturas que han dejado parte de su legado musical en las islas.

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Sulema, la canción que he elegido, habla de una realidad, que aunque no toca de lleno al pueblo canario, por la cercanía geográfica al Sáhara no puede pasar inadvertida. Nos traslada a Tinduf, región que limita con Marruecos al oeste, con el Sáhara Occidental al suroeste y Mauritania al sur, un lugar donde se ubican los campamentos de refugiados del Sáhara Occidental. Es una canción que me parece tremendamente esperanzadora y alegre, con toques de lucha y perseverancia, que recuerda la conexión que tenemos con el continente africano, tanto por nuestras raíces bereberes como por la calima que visita las islas cada cierto tiempo (reflejado en el polvo de las sandalias de Sulema), todo ello envuelto en ritmos que nos trasladan a la tierra y que nos llevan a mover irremediable los pies, y a darnos cuenta que las aspiraciones y sueños son compartidos por toda la humanidad, independientemente de dónde se encuentre los ojos que miran a la luna. Espero que la disfrutes.

Selección y reseña: Ana Palmero.

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LAS CONCHAS

Cada concha incrustada
En la gruta donde nos amamos,
Tiene su particularidad.

Una tiene la púrpura de nuestras almas,
Hurtada a la sangre de nuestros corazones,
Cuando yo ardo y tú te inflamas;

Esa otra simula tus languideces
Y tu palidez cuando, cansada,
Me reprochas mis ojos burlones;

Esa de ahí imita la gracia
De tu oreja, y aquella otra
Tu rosada nuca, corta y gruesa;

Pero una, entre todas, es la que me turba.

(Paul Verlaine)

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Casi nos despedimos, faltando una semana lectiva para la conclusión del curso, con un poeta del que, por ahora, y si mi memoria no me falla, no hemos publicado nada en esta sección: Paul Verlaine. Considerado uno de los padres del Modernismo, el poema seleccionado es una clara muestra, no exenta de humor, de ese erotismo que desprendía este movimiento literario en, sobre todo, su derivación hacia los voluptuosos corredores del decadentismo.

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El autor de los Poemas saturnianos, que en España tradujera el gran Emilio Carrere, transforma la gruta en un singular «locus amoenus» donde la concha se transforma en objeto evocador, bien de los apasionados mundos interiores de los amantes, bien de sus más terrenales exterioridades.

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Pero, el verlainiano (valga la palabra) toque radica en ese verso final, que cierra con picardía los cuatro tercetos anteriores, si bien pertenece al terreno del comedimiento, la fineza y la galantería.

Lean y disfruten de esta pequeña pieza de orfebrería, bien en su válida traducción, bien en su sonora lengua original: el francés, que como cierre de oro tengo a bien reproducir.

LES COQUILLAGES

Chaque coquillage incrusté
Dans la grotte où nous nous aimâmes
A sa particularité.

L’un a la pourpre de nos âmes
Dérobée au sang de nos coeurs
Quand je brûle et que tu t’enflammes ;

Cet autre affecte tes langueurs
Et tes pâleurs alors que, lasse,
Tu m’en veux de mes yeux moqueurs ;

Celui-ci contrefait la grâce
De ton oreille, et celui-là
Ta nuque rose, courte et grasse ;

Mais un, entre autres, me troubla.

Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

“Mediterraneo” Joan Manuel Serrat

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Quizás porque mi niñez
Sigue jugando en tu playa
Y escondido tras las cañas
Duerme mi primer amor
Llevo tu luz y tu olor
Por dondequiera que vaya
Y amontonado en tu arena
Guardo amor, juegos y penas
Yo, que en la piel tengo el sabor
Amargo del llanto eterno
Que han vertido en ti cien pueblos
De Algeciras a Estambul
Para que pintes de azul
Sus largas noches de invierno
A fuerza de desventuras
Tu alma es profunda y oscura
A tus atardeceres rojos
Se acostumbraron mis ojos
Como el recodo al camino
Soy cantor, soy embustero
Me gusta el juego y el vino
Tengo alma de marinero
Qué le voy a hacer, si yo
Nací en el Mediterráneo
Nací en el Mediterráneo
Y te acercas, y te vas
Después de besar mi aldea
Jugando con la marea
Te vas, pensando en volver
Eres como una mujer
Perfumadita de brea
Que se añora y que se quiere
Que se conoce y se teme
Ay, si un día para mi mal
Viene a buscarme la parca
Empujad al mar mi barca
Con un levante otoñal
Y dejad que el temporal
Desguace sus alas blancas
Y a mí enterradme sin duelo
Entre la playa y el cielo
En la ladera de un monte
Más alto que el horizonte
Quiero tener buena vista
Mi cuerpo será camino
Le daré verde a los pinos
Y amarillo a la genista
Cerca del mar, porque yo
Nací en el Mediterráneo
Nací en el Mediterráneo
Nací en el Mediterráneo

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Joan Manuel Serrat, ha sido y es un referente musical en nuestro país. Graduado como Ingeniero Agrónomo, su verdadera pasión era la guitarra, de la que se ha acompañado también en sus reivindicaciones políticas.

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Nacido en Barcelona en 1943, es conocido también como “El noi del poble sec” o el Nano. Fue uno de los pioneros de la Nova Cançó catalana y ha dedicado su vida a la música, llegando a convertirse en uno de los cantautores más populares, con obras tanto en castellano como en catalán. Galardonado con distintos premios musicales, como Latin Grammy y Premio Ondas a su trayectoria musical.

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En los años 70 todo cantante que se preciase debía ser además galán en alguna película romántica. De esta manera y con bastante talento además, Serrat tuvo su incursión en el mundo del cine, probablemente a consecuencia de algún contrato y con la finalidad de promocionar un disco que incluía entre sus temas, qué casualidad, el título de la película, y en la cual obviamente el actor cantaba sus canciones. Sirva de ejemplo su primera película “Palabras de amor” (1968). Tres o cuatro títulos completan su legado cinematográfico.

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Inspirado en poetas como Neruda, Machado o Rafael Alberti, sus canciones son un regalo para los oídos.
Con Mediterraneo consigue dar forma a la vez a una canción un poema y un himno. Qué bonitos versos para describir lo que ha significado y significa el mar Mediterráneo para él. Sus recuerdos de infancia y de juventud. Los míos también, pues yo también nací en el Mediterráneo y comparto ese agradable sentimiento de pertenecia a él. Su olor, su sabor salado, el frescor de sus aguas, el calor del fuego en las hogueras de San Juan. Qué bonito.

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Pero Mediterráneo es mucho más, aunque no se sabe con certeza, hay leyendas urbanas que afirman que compuso esta canción hacia finales de 1970 en un encierro en un monasterio catalán junto con otros
intelectuales, como protesta contra a la pena de muerte, en un momento político delicado. Podría inspirar el mar esa falta de libertad que corría por esos tiempos.

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A grandes rasgos, sin entrar en detalle, podemos decir que sus versos inspiran sentimientos de nostalgia
hacia el lugar que ha sido tan importante para él, su niñez y su “hacerse hombre”. Con su mar ha
compartido sus primeras experiencias y guarda mil recuerdos a los que acudir desde la distancia. Resalta su grandeza y su caracter histórico, distintos pueblos han estado y están ligados a él, desde Algeciras a Estambul, y sus aguas llevan un poco de cada uno de ellos. “Empujad al mar mi barca” como si de su cuerpo se tratase, no le importaría morir en él, pues es su mar añorado.

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La guitarra de Serrat convierte esta poesía en una canción preciosa que merece la pena disfrutar. Te va
cautivando con sus palabras y su melodía, emociona, despierta sentimiento. No pasa de moda, y como
dije al principio, es poesía, canción e himno.

Espero que os guste.

Alicia López Cerezuela (Departamento de Biología y Geología)

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LEOPOLDO MARIA PANERO (1948-2014)
A mi madre,
(reivindicación de una hermosura)

Escucha en las noches cómo se rasga la seda
y cae sin ruido la taza de té al suelo
como una magia

tú que sólo palabras dulces tienes para los muertos
y un manojo de flores llevas en la mano
para esperar a la Muerte
que cae de su corcel, herida

por un caballero que la apresa con sus labios brillantes
y llora por las noches pensando que le amabas,
y dice sal al jardín y contempla cómo caen las estrellas
y hablemos quedamente para que nadie nos escuche
ven, escúchame hablemos de nuestros muebles
tengo una rosa tatuada en la mejilla y un bastón con

empuñadura en forma de pato

y dicen que llueve por nosotros y que la nieve es nuestra

y ahora que el poema expira
te digo como un niño, ven
he construido una diadema

(sal al jardín y verás cómo la noche nos envuelve)

Poemas del manicomio de Mondragón, 1987

Correría el año ’95-96, cuando un profesor de la universidad, Túa Blesa, nos animaba
a acudir a una charla literaria que iba a dar el reconocidísimo Leopoldo Mª Panero. He
de admitir, que no me sonaba ni de lejos ni su nombre ni mucho menos su obra, pero
me pudo la curiosidad y el hecho de hacer algo “cultureta” que pegaba con ese estilo
de vida universitario al que queríamos conocer y en el que se nos reconociera como
tales universitarias.

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No puedo olvidar el momento en el que entré al aula magna donde se estaba dando el
encuentro para no dejar de centrar mi atención en ese personaje al que dicho profesor
miraba con admiración a la par de con miedo por la que pudiera liar el mencionado
poeta.

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Por aquel entonces se podía fumar en espacios cerrados y en el puesto de trabajo, así
que Leopoldo, además de beber Coca-cola sin parar, fumaba como un poseso.
Cuando empecé a escuchar su discurso, me asalto la duda de si la Coca-cola iba sola
o con algún tipo de misterio.

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Ese discurso desordenado y caótico era a la vez un poema en sí, lleno de belleza, de
metáforas, hipérboles y giros que me atrapaban a cada instante. Entre reflexiones e
ideas espontáneas, recitaba alguno de sus versos…

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Salí de ahí con unas ganas inmensas de saber sobre él, sobre su obra… y así
descubrí que este genio no era genio porque sí, venía de una saga de humanistas:
Era hijo del reconocido poeta Leopoldo Panero (1909–1962) y Felicidad
Blanc (1913–1990), hermano del también poeta Juan Luis Panero (1942–2013) y
de Michi Panero (1951–2004), sobrino del poeta Juan Panero (1908–1937) y primo del
periodista José Luis Panero (1975).

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El joven Leopoldo María, al igual que tantos descendientes de los prohombres
del régimen franquista se sintió fascinado por la izquierda radical y su
militancia antifranquista constituyó el primero de sus grandes desastres y le valió su
primera estancia en prisión. Tuvo una formación humanista, estudió Filosofía y Letras
en la Universidad Complutense de Madrid y Filología francesa en la Universidad de
Barcelona. Me fascinaba un hombre con esa formación y esa deformación física. De
aquellos años jóvenes datan sus primeras experiencias con las drogas: desde
el alcohol hasta la heroína —a la que dedicaría una impresionante colección de
poemas en 1992—,​ ninguna le es ajena. Viajero incansable, anduvo por los caminos
del hippismo de los Setenta, una época en que era imprescindible pensar en la India y
visitar el fascinante mundo africano de Tánger y Marrakech.

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Desde 1970 se le consideró dentro del grupo de los «Novísimos» (incluidos en la
antología Nueve novísimos poetas españoles de José María Castellet), aunque él se
sintió excluido del mismo, quejándose de haber sido el único poeta ausente en la
última cita de los «Novísimos» que, treinta años después de la aparición de la famosa
antología, se reunieron con motivo de su reedición.

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En los años 1970 fue ingresado por primera vez en un psiquiátrico; había empezado a
desarrollar una esquizofrenia en la cárcel. Las repetidas reclusiones no le impidieron
desarrollar una copiosa producción no sólo como poeta, sino también
como traductor, ensayista y narrador. A finales de la década de los 80, cuando por fin
su obra alcanzó el aplauso de la crítica entendida, ingresó permanentemente en
el psiquiátrico de Mondragón.

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Casi diez años después, se estableció, por propia voluntad, en la unidad psiquiátrica
de Las Palmas de Gran Canaria. Desde entonces, la Facultad de Humanidades de la
Universidad de Las Palmas se convirtió en su refugio, donde encontró la amistad de
algunos profesores y estudiantes que le convidaban a vivir sin sentirse un marginado
hasta su fallecimiento, el 5 de marzo de 2014.

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En 2003 fue galardonado con el Premio Estaño de Literatura por la antología poética
de Túa Blesa publicada dos años antes; tres años después, en 2006, es galardonado
con el Premio Quijote de Poesía por el libro Poemas de la locura (2005).

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A los pocos meses de su fallecimiento en 2014 aparece publicado el poemario Rosa
enferma. ​ En mayo de 2016 Huerga y Fierro Editores publica Acerca de un posible
testamento, una recopilación de ensayos, prólogos y artículos inéditos.
La biografía de este poeta y su entorno familiar siempre ha desatado interés en el
ámbito cultural, como muestra la película de Jaime Chávarri El desencanto (1976), un
documental que refleja cómo era su familia en plena desintegración del franquismo,
acomodada e intelectual, pero también desmembrada, autoritaria, y en la que la figura
de su padre pesaba incluso con su ausencia. En la década de los 90, Ricardo
Franco se fijaría de nuevo en «los Panero» para filmar Después de tantos años (1994),
pero esta vez sin la presencia de la madre, ya fallecida.

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Criticado y reivindicado a partes iguales, su «malditismo» fue su seña de identidad. A
continuación, dejo enlaces a alguna de sus entrevistas en televisión más comentadas:
https://www.rtve.es/alacarta/videos/negro-sobre-blanco/negro-sobre-blanco-leopoldo-
maria-panero-1999/2431342/

https://www.youtube.com/watch?v=i50KjXAXWe4&ab_channel=ParadojaTemporal
https://www.rtve.es/alacarta/videos/programas-y-concursos-en-el-archivo-de-
rtve/poetas-fin-siglo-leopoldo-maria-panero-2000/2431651/

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Su imagen revela el sufrimiento del gran poeta loco, que disfrazado con los girones de
los excesos interpreta la rabia y el desengaño que siente ante todo lo que le rodea.
Panero manifiesta en diferentes ocasiones que no se siente valorado en España a
pesar de haber publicado numerosos libros de poesía y que en otros lugares, como
París, lo admiran sin tener ninguno publicado en esa lengua.

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En el poema que rescato, de una belleza apabullante y estremecedora, Panero no
muestra su lado más destructor y su continua negación. Quiere, a priori como indica
en el título, reivindicar la hermosura de su madre. Sin embargo, el homenaje es a la
belleza del encuentro de su madre con la muerte, la cual la acompaña como un
caballero, que acude a su cita montado en un corcel, y habla con ella de sus asuntos
más personales, y las estrellas los contemplan como testigos mudos y cómplices.
Solo en el principio del poema Panero (v. 1-6) describe a su madre, como una madre
abnegada, que recoge y hace las tareas domésticas cuando todos duermen y como
una mujer dulce que siempre tiene buenas palabras y espera a la Muerte con fe
cristiana. Para ello usa la 2ª persona del singular del imperativo “escucha”, incluyendo
a un receptor al que le cuenta como es su madre. Sin embargo, en el 4 verso ese “tú”
lírico es la propia protagonista a la que le reconoce su dulzura y a la que describe
físicamente con “flores en la mano”.

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Estremece sobremanera al verse convertido al autor en el niño que fue (v. 16) para
despedirse de su madre y acompañarla a esa noche que los envuelve, a uno de pena
y dolor, a la otra con la muerte.

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A pesar de la sobriedad del tema, el autor consigue un ritmo vivo apoyándose de
recursos como el polisíndeton y encabalgamientos. El poema es una sola oración
salvo la aposición del último verso que aparece entre paréntesis. De este modo, el
poema representa ese acompañamiento que hace a la madre hacia su muerte.
Característica de los novísimos es también la métrica y la rima, totalmente libre y sin
ninguna regla aparente.

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Como vemos, el tipo duro que quiere representar Leopoldo Mª Panero, se deshace, se
desvanece ante un momento tan duro como es la despedida de una madre. Y en esta
ocasión, deja sus giros y su léxico grosero, duro, soez, directo… para dar paso a una
reivindicación de la hermosura en el momento más feo de la vida de un hijo, de un
niño.

Mª Carmen Moliner (Departamento de Lengua y Literatura)

”Voglio vederti danzare” es el inicio de una canción que despierta la alegría en el alma. Esta maravillosa canción y su no menos maravilloso videoclip lo he utilizado en numerosas clases, para hablar a mis alumnos de la unión que existe entre poesía y fonética (inseparables e intraducibles), de como el discurso lírico despierta sentimientos sin necesidad de ser plenamente comprensible (de hecho, muchas de las letras de Franco Battiato siguen perteneciendo a ese maravilloso terreno de lo enigmático). Además, en estos tiempos en los que el inglés tiene tanta importancia, la canción de Battiato venía que ni pintada para hablar de la belleza de la lengua italiana, para defender el esteticismo y la hondura de una de nuestras románicas hermanas. Y por si esto fuera poco, a los chavales les chocaba (cuando veíamos el videoclip) el aparente descuido con el que está hecho, la graciosa manera de bailar de Battiato y esos irrepetibles primeros planos de su singular y carismático rostro (en el fondo, subyace toda una pretensión de destruir las convenciones estéticas del mundo en el que vivimos inmersos).

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“Voglio vederti danzare”, desde su arranque, se intuye como una oda que habla del amor a través de la luz que se desprende de algo que une a la humanidad toda: el lenguaje de la danza. El movimiento que trasciende, sin necesidad de lógica, tal que lo hacía la música de este maestro del pop que nos acaba de abandonar esta misma semana.

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No hace falta comprender a Battiato, simplemente escucharlo, simplemente sentirlo… Ahí radica su grandeza, ahí es donde puede aplicarse ese maravilloso lema que dice: “La música llega allá donde las palabras no alcanzan”. “Voglio vederti danzare” es, quizás, una bonita manera de decir “te quiero”.

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Se nos ha ido Battiato, uno de los grandes autores mediterráneos de la música de las últimas décadas. Se apaga su vida, que no su voz. Enigmático, solitario, practicante de la fe cristiana (incluso místico, decían algunos) marcha hacia el Parnaso, donde seguro que se encuentra con Elvis (Presley), Freddi (Mercuri), Leonard (Cohen), David (Bowie), y otros poetas de nuestra casi inmediatez.

Addio, caro amico!

Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

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LO QUE DE VERDAD IMPORTA /–Doctor Loncho

Dicen que con solo una vida no basta

¿Quién quiere vivir dos veces? si jamás olio la pasta

tu infancia fue una mierda, siempre haciendo la chasta

yo cogí el camino largo y amargo, el que desgasta

la calle te ensena, leña, drogas y el valor

de perder a quien te quiere, y no creerte un perdedor y

yo cogí lo peor y lo mejor de cada etapa

no controlas lo primero, y lo segundo se te escapa

así aprendería: vivir al día es stress

cómo me hablas de futuro si no creo en un después

me ves como un ejemplo a seguir y yo reniego

me canse de darme hostias y no voy a dar consejos

por eso me veo como con catalejos

los días en el patio de recreo quedan lejos

las noches de los litros en la calle, ya han pasado

buscando el calor, agarrando un vaso helado

yo sigo en busca de una motivación

y cada vez tengo más claro que solo una canción

puede sacarme de este pozo, llamado depresión

un minero que camina a oscuras en un túnel de carbón

el dinero nunca fue mi obsesión, ni la fama

pero que yo no soy del montón, y mi llama,

no se apaga, pues nacido dragón

tengo una escama en cada estrella de esta constelación

el calor de la familia, la amistad verdadera,

el respeto de los tuyos, tener alguien que te quiera

hermanos, esta vida es muy corta,

y yo al fin he descubierto lo que de verdad importa

Unos empezaron pensando que esto era un juego

luego lo dejaron porque no vieron dinero

llevo mucho tiempo en esto y, ¿sabes lo que veo?

demasiadas fichas para un solo tablero

y de enero en enero veo a tanto rapero

que cada vez me veo menos metido en este agujero

de reos y fariseos, pimpines y mochileros

ligero vuelo tan lejos como puedo pa no veros

empiezo de cero, Manuel Gonzalez Cavero

soltero hasta que vino esta musa a mi cabecero

tecleo hasta que dejo el teclado como un tintero

y los dedos de mis manos manchados por lodo negro

celebro cada día que paso en este infierno

retraso los relojes con un solo pensamiento

hermanos veo cerca cuando me falta el aliento

Orfeo me dejo su lira su ira su arte y su lamento

unos tienen duende, otros talento

a se me bendijo con el don del trabajo bien hecho

un corazón que no me cabe en el pecho

y un alijo en el cerebro que me tiene del todo desecho

a tiro hecho voy derecho al final

en mi balanza vital el bien y el mal pelean y danzan

tan solo espero que en el lecho mortal

a quienes quiero me hagan heredero de su confianza

el calor de la familia, la amistad verdadera,

el respeto de los tuyos, tener alguien que te quiera

hermano, esta vida es muy corta,

y yo al fin he descubierto lo que de verdad importa.

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El pasado martes 4 de Mayo alumnos de 1º, 3º y 4º de la ESO del Ies La Puebla de Alfin, asistieron a los talleres de Rap organizados por el Departamento de Música y dirigidos por Manuel González Cavero, más conocido en el mundo artístico como Dr. Loncho o Doctor Loncho.

Se distribuyeron en tres talleres diferentes de dos horas de duración cada uno. A cada taller asistió un curso diferente y trataron temas como la tolerancia, motivación y superación personal y “el arte del freestyle”.

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Dr. Loncho es un artista de Hip Hop nacido en Zaragoza el 22 de diciembre de 1976. Se caracteriza por su estilo original y sarcástico, y por su camaleónica presencia en los escenarios.

Tras dos maquetas «Alter Ego Records» ( 2000) y «Evolución» ( 2002 ) fundo junto a Sergio Aragón Belmonte ( Dj Grime ) el sello discográfico Alter Ego Records, con el que editaron el recopilatorio «Zaragoza Realidad» 2003 en el que había temas inéditos de Violadores del VersoRapsuskleiSharif , Cloaka Company, Dani Ro y otros artistas representativos de Zaragoza. A finales de ese año recibieron el Premio «A la Difusión de la Música Aragonesa» que otorgan «Los Premios de la Música Aragonesa».

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En 2004 edita su primer LP «El Jesucristo de Las Películas» bajo el sello madrileño LAM records donde estaban sus paisanos Dani Ro y Rapsusklei. En 2005 tras actuar en el festival Viñarock aparece en el recopilatorio «Viñarap 05» del sello Latin Records. Durante 2005 y 2006 realizó una gira nacional cuyo nombre fue «Rapasedio Epico Tour» junto a los miembros de Cloaka Company Fuethefirst y Erik Beeler En 2007 debutó en el festival Internacional de Músicas del Mundo Pirineos Sur como Dr. Loncho y dos años más tarde en 2009 volvería con el proyecto de cooperación internacional «La Mirada del Otro» junto a un conglomerado de músicos europeos y africanos.

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A finales de 2008 edita su segundo LP en solitario «El fantasma de las Ojeras», una especie de Opera Rap que tenía una presentación en la que además del CD incluía un comic, donde se narra una historia de misterio.

Tras varios años dedicándose exclusivamente al rap, en 2010 Dr Loncho se fusionó con la banda de música garage, Shepherd`s Bush para formar The Soul Brothers, donde fusiona música negra clásica, además de rock, soul, jazz y funk con el propio rap. Con esta agrupación, y bajo el sello Blackula Records, editó «La Casa Del Soul Naciente».

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Su último trabajo hasta la fecha es el Maxi «El Libro de La Vida» con el que ganó el premio al Mejor E.P de Aragón en los «Premios de la Música Aragonesa» de 2014 Actualmente se encuentra trabajando en varios proyectos, musicales, literarios y en el área de la nueva educación.

Es amante del baloncesto NBA, llegando a ser el único artista que ha actuado en directo dentro del programa de Canal + , «Generación NBA +» con su tema «I Love This Game» para la programación del All Star Weekend. También ha colaborado escribiendo artículos para la web especializada «Basket 4 Us», además de escribir un relato para el libro de baloncesto «Transiciones Rápidas» editado en 2016 por Comuniter.

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El rap es una forma musical que incorpora «rima, habla rítmica y jerga apoteósica», que se interpreta en una variedad de formas, por lo general sobre un acompañamiento musical. Los componentes del rap incluyen «contenido» (lo que se dice), «flow» (ritmo, rima) y «entrega» (cadencia, tono). El rap generalmente se interpreta sobre una pista instrumental, aunque también puede realizarse a capella. El rap forma parte de la música hip-hop, pero los orígenes del fenómeno son anteriores a la cultura hip-hop.

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El precursor más temprano del rap moderno es la tradición griot del oeste de África, en la cual «historiadores orales», o «cantantes de alabanza», diseminarían tradiciones orales y genealogías, o usarían sus formidables técnicas retóricas para cotillear o «elogiar o criticar individuos». Las tradiciones de Griot se conectan con el rap a lo largo de un linaje de reverencia verbal negra que se remonta a las prácticas del antiguo Egipto, a través de James Brown interactuando con la multitud y la banda entre canciones. Por lo tanto, las letras y la música de rap forman parte del «continuum retórico negro» y pretenden reutilizar elementos de tradiciones pasadas al tiempo que se expanden por medio de «el uso creativo del lenguaje, los estilos y estrategias retóricas». La persona a la que se considera como creador del estilo de «pronunciar rimas sobre música extensa», que se conocería como rap, fue Anthony «DJ Hollywood» Holloway de Holly Springs, Georgia.

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El rap se suele pronunciar sobre un beat, normalmente proporcionado por un DJ, un turntablista, un Beatboxer o una A capela sin acompañamiento. Estilísticamente, el rap ocupa un área gris entre el habla, la prosa, la poesía y el canto. La palabra, que es anterior a la forma musical, originalmente significaba «golpear ligeramente», y ahora se usa para describir el habla rápida o la réplica. La palabra había sido utilizada en inglés británico desde el siglo XVI. Fue parte del dialecto afroamericano del inglés en la década de 1960 que significa «conversar», y muy pronto después de eso en su uso actual como un término que denota el estilo musical. Hoy en día, el término rap está tan estrechamente asociado con el hip-hop que muchos escritores incorrectamente usan los términos indistintamente. No se debe confundir la cultura hip-hop con el rap, cultura que engloba al rap, dado que el hip-hop no es un movimiento musical.

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En cada uno de los talleres, Dr. Loncho explica que hay que ir formando estrofas de 4 versos, creando el primer verso de cada una y buscando la unidad temática y rítmica a partir de este primer verso.

Los alumnos pudieron descubrir que no es fácil enfrentarse al papel, que no es fácil expresar lo que se siente y que ponerse delante de un público se hace cuesta arriba aunque se trate de nuestros amigos.

A pesar de todo, hicieron sus pinitos dando lugar a estribillos con mucho gancho y mucho Flow.

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Dr. Loncho nos regaló, al final del taller de 1º y para terminar la mañana, su actuación a capellade su tema más personal “Lo que de verdad importa”. La canción incluye, según me explica el propio autor, una interpolación al principio y que no figura en la letra escrita (ya que se considera parte instrumental) está extraída de un capítulo de una de sus series favoritas de los 90, «Mas Allá del Límite». Eran capítulos autoconclusivos que presentaban diversas distopías futuristas y otros temas filosóficos en clave de ciencia ficción, al final de cada capítulo, la voz en off siempre se despedía con una reflexión relacionada con el tema tratado: «No hay sonido, ni voz, ni llanto en todo el mundo; que pueda ser oído, hasta que alguien lo escuche».

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En la letra de este tema, un Dr. Loncho maduro, hace un recorrido y reflexión sobre lo que ha sido su vida. Se define como luchador, trabajador, desprendido y amante de su familia y amigos, que es lo que considera más importante.

En esa lucha por alcanzar el éxito que no la fama, se reconoce trabajador y con duende. Por eso, por creer en el mismo y en lo que hacía, no se rindió y siguió demostrando, a pesar de los que abandonaron, que los sueños, con perseverancia y esfuerzo, se cumplen.

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Dr. Loncho deja en su letra otros mensajes no menos importantes y que no podemos dejar escapar:

Sabe que puede ser ejemplo para jóvenes, pero reconoce haber cometido errores y no se cree quién para dar consejos.

Las drogas nunca ayudan. Siempre destrozan.

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El camino de la música no es fácil, ¿pero cuál es fácil?

Lucha por ser respetado en lo que hagas, lucha por ser respetado por los que quieres, la amistad verdadera, el sentirse amado, el calor de la familia.

No está mal para acabar la mañana ¿verdad?

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Gracias, Doctor Loncho.

Carmen Moliner (Departamento de Lengua Española y Literatura)

A Dafne huyendo de Apolo, de Francisco de Quevedo.

“Tras vos un Alquimista va corriendo,

Dafne, que llaman Sol ¿y vos, tan cruda?

Vos os volvéis murciégalo sin duda,

pues vais del Sol y de la luz huyendo.

Él os quiere gozar a lo que entiendo

si os coge en esta selva tosca y ruda,

su aljaba suena, está su bolsa muda,

el perro, pues no ladra, está muriendo.

Buhonero de signos y Planetas,

viene haciendo ademanes y figuras

cargado de bochornos y Cometas”.

Esto la dije, y en cortezas duras

de Laurel se injirió contra sus tretas,

y en escabeche el Sol se quedó a oscuras.

No hace mucho tiempo publicamos en la sección una reseña de un soneto de francisco de Quevedo: “A Apolo siguiendo a Dafne”. Os traemos ahora su poema-espejo, con los consejos del poeta a la ninfa, para que podáis compararlos, cumplir con la paridad, ahora que se insiste tanto…

Si recordáis la escena, la joven huye despavorida mientras Apolo trata de alcanzarla; cuando consigue rozarla, Dafne se está transformando ya en laurel.

En este soneto, sin embargo, todo el protagonismo recae sobre la chica, al que un “alquimista” (alguien que presume de volver la flecha de plomo de Cupido en oro amoroso) va persiguiendo de manera ridícula. Quizá el poeta va dejando puyitas hacia destacados miembros de la corte conocidísimos por sus aficiones alquímicas, como el propio Conde Duque de Olivares, al que detesta.

El segundo endecasílabo la muestra huyendo del sol, del tórrido amante, pero “cruda” – atentos a esta cosificación de la mujer como pura “carne- por haber rechazado sus intenciones, en una metáfora culinaria que repite más abajo. La metáfora fácil del murciélago, que huye del sol nada más barruntarlo, cierra el cuarteto. No te pierdas el contraste fónico entre las vocales abiertas de los dos primeros versos y esa oscura “u” de “cruda”, “murciégalo”, “duda”, “huyendo”, “ruda”, “muda”…

El quinto verso, favorecido por efecto del acento rítmico en el duro “gozar”, explora por fin la causa de la huida: La aljaba que suena de Apolo (caja portátil para las flechas que esconde también una alusión sexual) contrasta con su bolsa (la del dinero), que está muda, porque no piensa pagar por los favores de la joven. Por si no queda claro, lo reitera: “El perro, pues no ladra, está muriendo”, y es que “dar perro muerto” es un expresión muy vulgar que aún se conserva en Chile o Perú con el significado de “irse sin pagar la comida o la bebida”, vamos lo que hoy llamamos “hacer un simpa”. En nuestro Siglo de Oro, el significado estaba más restringido: “irse sin pagar tras consumar relaciones sexuales con una prostituta”.

Para el primer terceto, y quizá otra alusión más para los aficionados al ocultismo y la astrología, se ofrece un “buhonero” gesticulando,  “haciendo ademanes y figuras” mientras su “bochorno” muestra a las claras sus intenciones. ¿Sabías que “buhonero”, persona que vende informalmente cosas de poca calidad, proviene de “bufón”? El desprecio a Apolo es tan absoluto que ni siquiera aparece su nombre, sino un insultante “que llaman Sol”, un alquimista, un buhonero.

Como remate, la voz poética nos recuerda: “esto la dije, y en cortezas duras / de laurel se injirió contra sus tretas”. Y pongo “injirió” porque me parece más adecuado en su contexto. Injerir, de “inserere” significa “injertar una planta”, aunque verás en muchas versiones del soneto que aparece la forma “ingerir”, de “ingerere” (Introducir por la boca la comida, bebida o medicamentos) que también combina con la metáfora culinaria del último verso. La historia ya sabes cómo acaba; “ y en escabeche, el Sol se quedó a oscuras”, una antítesis de libro. Por si no cocinas demasiado, recuerda que al escabeche hay que echarle, siempre, muchísimo laurel…

Miguel Ángel Aragüés (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Y ha llegado el momento de dedicar nuestra sección a las tres voces líricas ganadoras de nuestro concurso “Colados por la poesía”. A continuación proporcionamos foto del original y transcripción. ¡Enhorabuena!

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Primer premio: Jimena Alonso (1º de Bachillerato)

Y aunque la muerte

tentaba mi vida

con  solo mirarte

aquella sensación huía.

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Accésit: Rebeca Toro (4º de ESO)

Puntadas seguras pero delicadas

Así perfumaba su piel

Efímeras historias expresadas

Portadoras de un sentimiento fiel.

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Accésit: Diago Casaos. (2º de ESO)

ALFAJARÍN

A mi pueblo Alfajarín

cuatro cosas lo realzan,

el toro junto al castillo

nuestra ermita y La Portaza.

El río Ebro lo riega,

los Montesblancos lo admiran,

monte y huerta lo decoran

y el casino lo vigila.

Orgulloso de mi pueblo

he creado este poema,

Aljarín es su nombre,

y lo llevo por bandera.

LA POESÍA DE LA SEMANA

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ALFAJARÍN

A mi pueblo Alfajarín

cuatro cosas lo realzan,

el toro junto al castillo

nuestra ermita y La Portaza.

El río Ebro lo riega,

los Montesblancos lo admiran,

monte y huerta lo decoran

y el casino lo vigila.

Orgulloso de mi pueblo

he creado este poema,

Aljarín es su nombre,

y lo llevo por bandera.

(Diago Casado)

Mientras los miembros del Grupo de Biblioteca siguen decidiendo las obras ganadoras de nuestra particular “Colada por la Poesía”, dedicamos de nuevo nuestra sección a algunos originales trabajos que nos llamaron especialmente la atención. En esta ocasión os reproducimos Alfajarín, una bonita oda con cierto tono jotero que seguro os va a gustar tanto como a nosotros, ya seáis o no de ese precioso pueblo que da nombre a la composición.

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Y la próxima semana… más.

LA POESÍA DE LA SEMANA

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De libélulas

Mi amor flota con nenúfares en un estanque de libélulas azules.

El tuyo es un trío de golondrinas en un bosque de papel.

Centellas negras atravesando nubes.

Mi amor será agua del vapor de un barco, carboncillo en tuyo. Pulido anaquel para colgar platos.

Para colgar platos con lindos dibujos de árboles floridos. Para nuevas noches cálidas de olvidos.

El amor es de luz que pasa por ojos de puente romano.

Luz cambiante que acarició sus sillares con las manos que los tallaron.

Nuestro amor es busto de arcilla de bella liberta con pendientes.

Es de hojas blancas de te de aromas húmedos de los orientes.

Mi amor flota con nenúfares en un estanque de libélulas azules.

Castillo es, tejado de golondrinas en un bosque de papel.

Abandonadas ruinas bajo las nubes.

El arpa da notas, trémula de rosas, y un tu breve boca refila la flauta, viruta de brozas.

De broza de rizos, limaduras de ángel, de tu aliento dulce mazapán en bucles y anisillo en gotas.

Quemaré desde hoy mis rastrojos a diosas terrenales

Y en las noches sin luna, candiles votivos de buenos augurios a los nuevos amores.

No será más, mi amor, mano firme de anillo de mimbre ajustado.

Ya por siempre será de fierro argentino, su vaina de cuero gastado.

(Manolo García)

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Nacido en Barcelona, el 19 de Agosto de 1955, Manolo García es un conocido artista polifacético. Cantautor, compositor y amante de la pintura y de la naturaleza.Aunque principalmente es conocido en el mundo de la música también ha publicado en el mundo de la literatura, como por ejemplo con su libro de poesía «El fin del principio» en 2020.

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Grabó su primer disco como vocalista del grupo de rock Los Rápidos en 1981, que debe su nombre a la premura con la que se configuró  la banda.

En 1983, junto con Quimi Portet (guitarrista) y otros componentes, forma Los Burros, y grabarían su disco «Rebuznos de amor» que incluye temas tan conocidos como «Huesos» y «Mi novia se llamaba Ramón».

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Debido al poco éxito comercial el grupo Los Burros se deshace  y es entonces cuando Manolo García y QuimiPortet se establecen como un dúo musical en «El último de la fila«, que llegaría a ser uno de los más importantes en el rock español en los 80 y 90. La discografía de «El último de la fila» la componen  siete discos, entre ellos «Enemigos de lo ajeno»  1986, y «Astronomía razonable»  1993,  que incluyen sencillos como «Insurrección» y «Como un burro amarrado a las puertas del baile».

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Tras una carrera exitosa, en 1998 el grupo anuncia su disolución y Manolo García se dedica a trabajar en nuevos temas más personales, inicia su carrera en solitario y publica «Arena en los bolsillos» del cual es el autor y compositor de todos los temas (“Pájaros de barro”, Zapatero, “Prefiero el trapecio”, etc.) todos ellos muy populares.

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En 2004 con su tercer disco en solitario, «Para que no se duerman mis sentidos», Manolo García ofrece su versión más serena y romántica; el amor o el desamor giran en torno a cada canción, y  así llega el sencillo «En un estanque de libélulas» o «De libélulas» (versión acústica) que es motivo hoy de esta reseña.

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Elegir este tema no ha sido fácil, me he sentido como una niña a la que se le pide que elija una sola entre todas las golosinas o caramelos de una tienda de chuches. ¿Cuál escoger cuando hay tantas que te encantan?

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Finalmente he escogido «De Libélulas» por lo que me trasmitió la primera vez que la escuché. Quedé enamorada de esta canción. Si la letra ya es bonita, cada acorde de guitarra española y cada nota de piano, consiguen, como pretende Manolo García,  que no se duerman nuestros sentidos.  Esta obra nos acerca a la idea del amor en toda su amplitud a través de bellas metáforas, mi favorita… «El amor es la luz que pasa por ojos de puente romano».

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Pulido anaquel, sillares, bella liberta, trémula de rosas, refila la flauta… Manolo García hilvana una canción romántica con un hilo de palabras poco usuales en el lenguaje de calle, dando más complejidad y belleza a sus versos, y consiguiendo una canción de amor sin tópicos ni frases hechas tan comunes en otros tantos sencillos de los grupos o bandas de actualidad. De este modo nos permite ser libres en la interpretación y disfrutarla con la intensidad que cada uno/a necesita en ese momento.

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El amor puede flotar entre nenúfares, ser un trío de golondrinas, o puede ser el agua del vapor de un barco, centellas negras atravesando nubes, luz cambiante, busto de arcilla, ruinas bajo el cielo, etc. y es que cuando se ama, todo se impregna de ese amor, y hasta el mimbre puede «transmutarse» a fierro argentino.

Alicia López Cerezuela (Dpto. Biología y Geología)

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En esta ocasión vamos a dar prioridad a la creatividad de nuestro alumnado, ofreciendo una serie de fotografías que muestran algunos de los trabajos confeccionados para conmemorar “El día de la poesía”.

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Dada la actual situación sanitaria, hemos tenido a bien dar un enfoque distinto a nuestra tradicional colada poética. En esta ocasión hemos cambiado el trabajo grupal en nuestra biblioteca por el concurso lírico, de carácter individual, si bien respetando las plantillas habituales: jerséis, pantalones, botas, camisas, vestidos y alguna que otra prenda algo más ligada a la intimidad.

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Así las cosas, desde poemas con toques modernistas hasta versos libres que parecen evocar la poesía de la experiencia. De todo, y para todos los gustos.

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Tras las vacaciones daremos a conocer los tres textos ganadores y entregaremos a sus autores sus merecidos premios. Mientras tanto, sirva como aperitivo esta pequeña selección de lo mucho que hemos ido recibiendo.

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¡Felices vacaciones!

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Gracias a la vida

Gracias a la vida, que me ha dado tanto
Me dio dos luceros, que cuando los abro
Perfecto distingo, lo negro del blanco
Y en el alto cielo su fondo estrellado
Y en las multitudes el hombre que yo amo

Gracias a la vida, que me ha dado tanto
Me ha dado el sonido del abecedario
Con él las palabras que pienso y declaro
Madre amigo hermano
Y luz alumbrando, la ruta del alma del que estoy amando

Gracias a la vida, que me ha dado tanto
Me ha dado la marcha de mis pies cansados
Con ellos anduve ciudades y charcos
Playas y desiertos, montañas y llanos
Y la casa tuya, tu calle y tu patio

Gracias a la vida, que me ha dado tanto
Me dio el corazón, que agita su marco
Cuando miro el fruto, del cerebro humano
Cuando miro el bueno tan lejos del malo
Cuando miro el fondo de tus ojos claros

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado la risa y me ha dado el llanto
Así yo distingo dicha de quebranto
Los dos materiales, que forman mi canto
Y el canto de ustedes que es el mismo canto
Y el canto de todos que es mi propio canto
Gracias a la vida, gracias a la vida
Gracias a la vida, gracias a la vida

                    (Violeta Parra y Mercedes Sosa)

Aprovechando que la pasada semana la comenzamos con el día de la mujer, parece una buena opción escoger una canción atemporal, compuesta por una mujer, en este caso Violeta Parra, y que fue interpretada durante mucho tiempo por otra gran cantante, Mercedes Sosa. Es posible que ninguna de ellas les sea familiar, por ello, vamos a hacer una pequeña presentación de cada una.

Violeta Parra fue una artista chilena, reconocida como una de las principales folcloristas en Latinoamérica y fiel divulgadora de la música popular de su país.

Mercedes Sosa fue una cantante de música folclórica argentina, se la considera la mayor exponente de dicho género, fundadora del “movimiento del nuevo cancionero”, cuyo objetivo fue impulsar el desarrollo de un cancionero en renovación permanente, que fuera capaz de superar el enfrentamiento entre tango y folclore, y evitar las creaciones puramente comerciales. Este estilo musical tuvo un gran boom en la década de los 60 y se mantuvo en las décadas siguientes, en las que brotaban de diversas partes del planeta, y especialmente de Latinoamérica, auténticos himnos de libertad, tolerancia y humanidad, que tanto en los años anteriores como actualmente invitan a leer entre líneas o escuchar entre estrofas, profundizar en su mensaje y reflexionar sobre el mismo. Entre sus interpretaciones más conocidas se encuentra: Alfonsina y el mar, Al jardín de la República, Canción con todos, Como la cigarra, Zamba para no morir, Sólo le pido a Dios, La maza o Duerme negrito. Una de las últimas colaboraciones que realizó fue con René Pérez, más conocido como Residente, con la canción “Hay un niño en la calle” cuya letra es de Armando Tejada Gómez, otro argentino que llegó a diputado pero que en su infancia vivió de primera mano lo que era ser un niño de la calle.

“Gracias a la vida” es un canto a vivir con mayúsculas, a ser agradecidos, a valorar las pequeñas cosas y disfrutar de lo sencillo del día a día. Siguiendo el planteamiento de Luis Castellanos, hace un juego de palabras precioso, que si conseguimos habitarlas, cobrarán todo el sentido y nos harán darnos cuenta de lo afortunados que somos, simplemente dándole valor a esas pequeñas cosas, que poseemos y de las cuales disfrutamos cada día, pero el torbellino diario, nos hace ir de forma tan autómata, que ni siquiera caemos en la cuenta de que podríamos no tenerlas o quizás un golpe de mala suerte nos la podría arrebatar. Sin más, les invito a disfrutar de la canción y como no, de la VIDA.

Ana Palmero (Departamento de Biología)

Te espero sin plazo ni tiempo.

No temas noche, neblina ni aguacero.

Acude con sendero o sin sendero.

Llámame a donde tú eres, alma mía.

Y marcha recto hacia mí, compañero.

(Gabriela Mistral)

En esta ocasión dedicamos nuestro lírico espacio a la poetisa chilena Gabriela Mistral (seudónimo de Lucila Godoy Alcayaga) a la que, con total seguridad, encontrareis en los manuales de Historia de la Literatura vinculada al Modernismo: movimientos artístico de carácter rupturista, que va a desarrollarse (más o menos) entre 1880 y 1917.

Sin embargo, y como suele ocurrir, la realidad siempre es mucho más compleja y fascinante de lo que las clasificaciones suelen reflejar, y en el poema seleccionado no nos encontramos un texto de carácter escapista subrayado por una estética decadente, si bien su métrica sí que parece obedecer a las innovaciones propias del susodicho movimiento. Antes al contrario, la claridad y la sencillez domina cada uno de los versos, aproximando la voz lírica a unos usos lingüísticos coloquiales, accesibles, para todo tipo de público. Y ahí radica la grandeza, en la versatilidad de la autora para desandar el camino, para despojarse de la afectación, abrazando la llaneza.

Poesía es decir poco con mucho. Que la palabra, ajustada a escueta métrica, sea capaz de crear una experiencia o, como es el caso del texto que nos ocupa, transmitir un sentir… un deseo: la llegada del amante, lo que vincula la poética de Gabriela Mistral con la lírica tradicional medieval, concretamente con las “albadas”, que eran canciones, también dominadas por la voz femenina, que hablaban del encuentro con el amado en la noche; las mismas en las que San Juan de la Cruz se inspiró para componer su magistral Noche oscura del alma.

Así las cosas, tal y como ocurre con todo texto clásico, el poema de Gabriela Mistral (la primera mujer iberoamericana en obtener el premio Nobel de Literatura) pertenece a toda una tradición secular de poesía amatoria, si bien resulta de una señalable actualidad al incluir como final de texto ese “compañero” que hace mucho más cercano, accesible y amigable, al deseado varón, haciendo que esos cinco versos estén mucho más cerca de las canciones populares que escuchamos hoy por hoy en cualquier emisora de radio que del corpus lírico que ocasiona su génesis.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

SELENITA

La noche

es un desliz

de la mañana.

Un tormento

para la luna

que siendo de naturaleza

apagada

se ve obligada

a brillar.

(Cecilia Vicuña)

La luna, esa eterna compañera de nuestras noches, ha ejercido siempre una especial influencia en las almas de los artistas, apareciendo como elemento protagónico en multitud de obras de órdenes tan diversos como la pintura, la escultura o, como es el caso del poema que hoy hemos elegido, la lírica.

Sus antiguas representaciones nos llevan hasta la mitología antigua, esa diosa Selene (hija de Hiperión y Tea) a la que hace referencia el título del poema, que en la mitología romana ya adoptará el nombre con el que hoy por hoy conocemos a tan popular astro: luna.

Indudablemente, el Romanticismo, con su gusto por el paisaje arrebatado, plagado de sombras y nocturnidades utilizará la susodicha luna hasta la saciedad, llegando incluso, tal y como hace este poema, a transformarla en inalcanzable dama, fantasía imposible, a través de una de las más bonitas leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer: El rayo de luna. Y de aquí pasará, como lógica evolución, a la literatura fantástica y de terror, que influirá de manera decisiva en la iconografía del cine de género: esas lunas que veremos en, por ejemplo, los grandes clásicos de las películas de la Universal: Frankenstein, Drácula y, por supuesto, El hombre lobo.

Pero, hablando de cine, no puedo dejar de mencionar la simpática y humanizada representación que de la luna hizo George Méliès en su magistral adaptación de la novela de Julio Verne: Viaje a la luna.

Así las cosas, esta breve pero bonita composición de la poetisa chilena Cecilia Vicuña se inserta perfectamente en una tradición milenaria. Pero su sencillez, y el uso del verso libre, lo acerca a tendencias de vanguardia; de hecho nos recuerda a una de aquellas ocurrentes greguerías de Ramón Gómez de la Serna, pues en el fondo estamos ante una definición de la noche, una original metáfora prolongada a lo largo de nueve versos. La imagen visual que la autora evoca, sobre todo con el juego de contrastes del final, es una de las peculiaridades más identificables de su estilo, puesto que Cecilia Vicuña es también una reconocida artista en el campo de la plástica y del cine.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

A Apolo siguiendo a Dafne

Bermejazo Platero de las cumbres
A cuya luz se espulga la canalla:
La ninfa Dafne, que se afufa y calla,
Si la quieres gozar, paga y no alumbres.

Si quieres ahorrar de pesadumbres,
Ojo del Cielo, trata de compralla:
En confites gastó Marte la malla,
Y la espada en pasteles y en azumbres.

Volviose en bolsa Júpiter severo,
Levantose las faldas la doncella
Por recogerle en lluvia de dinero.

Astucia fue de alguna Dueña Estrella,
Que de Estrella sin Dueña no lo infiero:
Febo, pues eres Sol, sírvete de ella.

                        (Francisco de Quevedo)

Francisco de Quevedo (1580-1645) fue uno de los poetas más populares del Barroco español. Su producción narrativa es extensa: El Buscón, los Sueños, tratados morales, filosóficos, ascéticos, el género epistolar… pero fueron su genialidad lírica, sobresaliente también en el tono sublime, y su talento para retratar la sociedad los que hicieron de este poeta uno de los mayores genios del Siglo de Oro español. Sus obras satíricas y burlescas (entre las que se encuentra el poema que leemos hoy) le granjearon pronto una gran popularidad.

El soneto “A Apolo siguiendo a Dafne” es una muestra de su punzante ingenio y forma pareja con otro: “A Dafne huyendo de Apolo”, que también es una maravilla de agudeza y que os animo a disfrutar. Ambos son arquetipos de lo que algunos han llamado el contrafactumburlesco. Quevedo sigue la línea de muchos otros autores barrocos españoles,  dar la vuelta a los mitos clásicos (están ya muy vacíos, se vienen replicando desde la época Clásica hasta la caricatura) para suscitar la carcajada. El desengaño y la burla son una constante en la España en crisis del XVII,  en la que solo un niño o un loco confundiría el oro y el oropel.

Pero pongámonos en situación: el conocidísimo mito de Apolo y Dafne proviene de Grecia, pero se populariza en las Metamorfosis de Ovidio. Apolo, dios del Sol, la Música y las Artes, después de una afortunada sesión de cacería en la que mata a la serpiente Pitón, se burla de Cupido, el caprichoso y voluble niño que juega con arcos y flechas.  Este, irritado por la petulancia de Apolo, fabrica dos flechas para darle una lección: una de oro, que hace arder de pasión amorosa a quien alcanza y otra de plomo, que causa rechazo y desapego. La flecha de oro alcanzó el corazón de Apolo, pero el angelote lanzó la de plomo hacia una bella ninfa, Dafne, que huyó despavorida suplicando auxilio ante los insistentes requerimientos del dios.  Exhausta, a punto de  ser alcanzada, la ninfa rogó a gritos a su padre, Peneo, dios del río del mismo nombre, que no permitiera el ultraje y este, compadecido, la convirtió en laurel. Mientras su cabello se tornaba hojas, sus brazos ramas y sus pies raíces, Apolo solo pudo prometer, desolado, que como tributo a los méritos de Dafne el laurel sería desde entonces símbolo de la virtud y  del triunfo, adornando con sus hojas la cabeza de los vencedores.

Un mito bellísimo que nos ha dejado joyas en la literatura española, como el famoso soneto XIII de Garcilaso De la Vega:

A Dafne ya los brazos le crecían

y en luengos ramos vueltos se mostraban;

en verdes hojas vi que se tornaban

los cabellos que el oro escurecían;

de áspera corteza se cubrían

los tiernos miembros que aun bullendo estaban;

los blancos pies en tierra hincaban

y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño,

a fuerza de llorar, crecer hacía

este árbol, que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,

que con llorarla crezca cada día

la causa y la razón por que lloraba!

Pero el paso del tiempo todo lo desgasta. Trillado el mito por mil poetas de variado pelaje desde Grecia y Roma, y rebajado a común y rutinario ejercicio en el Renacimiento, de la belleza inicial solo queda la cáscara. Y ni lo más sagrado se libra de la burla acerada de Quevedo. En Apolo siguiendo a Dafne, el poeta se enfrenta directamente al propio dios  con un vocativo, proponiendo desde el primer verso un duelo en el que Apolo solo puede ser el perdedor. Así, desde la superioridad del que aconseja, se dispone como un cirujano a la disección del mito:

“Bermejazo platero de las cumbres…”

En un comienzo deliberadamente solemne (un endecasílabo melódico, de ritmo lento y sonoro), con una imponente distribución rítmica, lo que podría pasar por un epíteto glorificador, un elogio al dios del Sol, que con su color rojizo colorea y dora con su luz las cumbres con su sola presencia es, por el contrario, una terrible burla.

Quevedo   está  deslizando unas insinuaciones que todos reconocerían en su época. “Bermejazo”, con un clarísimo sufijo despectivo, no puede ser un epíteto bien recibido, y no lo es, porque el color rojo lleva aparejadas connotaciones muy negativas. Desde muy antiguo, el cabello pelirrojo se asociaba con la traición, y las representaciones de judíos incluían frecuentemente personajes pelirrojos (se dice que el mismo Judas, que vendió a Cristo por treinta monedas de plata, lo era). Dicho color se asociaba también desde antiguo a la lujuria, porque las prostitutas romanas se teñían frecuentemente los cabellos de rojo, y el  propio enrojecimiento de la cara se apareja aun hoy al deseo sexual (nuestro “ponerse colorado”). Desde hace siglos, dicha coloración ha tenido esas connotaciones, ya se sabe, ni perro ni gato de aquella color…

Por si alguien tiene dudas, la profesión de “platero” también se asociaba a los judíos. En El Criticón, de Gracián, sospechan del origen judío de un personaje “porque dora, y adora un arca”. Por último, como broma final de Quevedo, como el golpe que sobraba cuando el contrincante ya no puede defenderse, ese “platear de las cumbres” es un tópico relacionado con la vejez y el paso del tiempo. ¿Insinúa Quevedo que Apolo no es más que un judío viejo, mal teñido, y además un avaro consumido por una loca pasión?

Con un lentísimo endecasílabo sáfico que se relame en el insulto, “a cuya luz se expulga la canalla”, Quevedo apuntilla, pues señala con su dedo que su divina luz ya solo sirve para que la gente ruin y baja (la canalla) se deshaga de las pulgas al amanecer (habrás sospechado que los acentos rítmicos que recaen justamente en la vocal cerrada -u-, subrayando la importancia de “luz” y “espulga”, no son casualidad). Para acabar el cuarteto, se insinúa que la ninfa escapa de esa luz (“se afufa” es un término muy vulgar que viene a significar “huir apresuradamente haciendo ruido con las faldas”) como en un juego amoroso en que ella ya no es la recatada víctima que huye, sino la que juega de tú a tú en complicidad con el perseguidor. La imagen queda subrayada por la aliteración de la –f-, donde casi oímos ese escapar ruidoso y fingido.  Y Dafne incita, sí, porque hace como que huye, pero “calla”,  al contrario que en el mito original. Por si Apolo, torpe amador, no ha visto las señales, es hora del primer consejo:

“Si la quieres gozar, paga y no alumbres.”

Habrás observado un fuerte acento antirrítmico en “paga”, el primer  término monetario de un campo semántico que puedes rastrear como ejercicio en todo el soneto.  El consejo a Apolo es que deje de “alumbrar”, de ser quien es, y directamente asuma el pago por la relación que pretende. Como Quevedo no apunta en balde, la palabra “alumbre”, como sustantivo, es un dardo que todos asociarían con un material que en la época era muy común para variados usos, el sulfato potásico: para los plateros, permitía decapar y ablandar materiales previamente calentados, y también era un socorrido cosmético, eficaz rejuvenecedor y común para fijar los tintes…

Y continúa el segundo cuarteto con el consejo de ahorrar (parece ser la verdadera causa de la huida silenciosa, porque el dios aún no ha entendido o no accede al juego de la ninfa), e insta a Apolo con el epíteto “Ojo del cielo” -conociendo a Quevedo y su producción escatológica, es más insulto que piropo, y más restallando en un endecasílabo enfático-  a que varíe su estrategia: “Trata de compralla”. El acento en sexta sílaba, prioritario en el soneto clásico, hace sobresalir al imperativo.

¿Por qué todo un Apolo había de hacer caso al poeta? ¿Hay precedentes de tal bajeza en un dios olímpico? Pues en el enlace entre el segundo cuarteto y el primer terceto se apuntalará el consejo: Los dos siguientes versos ridiculizan a Marte, ya que nos traen a la mente a todo un dios de la guerra que empeña su armadura (malla) para gastarla en confites (dulces) y azumbres (una medida de vino) en su afán por acostarse con Venus.

“En confites gastó Marte la malla,
Y la espada en pasteles y en azumbres.”

En efecto, recordarás que Zeus ya sospechaba que la inusual belleza de Afrodita (Venus) había de ser motivo de disputa entre los dioses varones, de modo que resolvió casarla con Hefesto (Vulcano), el dios del fuego cojo y deforme, pero temible. La diosa, insatisfecha, le fue infiel innumerables veces con dioses y aun con mortales, pero la más famosa es su aventura con Ares (Marte). Ambos se acostaban mientras Vulcano trabajaba en su fragua, de noche, alejados de la luz del sol (Febo, nuestro Apolo), porque es quien todo lo ve, y no es confidente fiable. Por eso mismo Marte se compinchaba con el joven Alectrión, que le avisaba puntualmente del fin de jornada del marido. Una vez, el jovencito se rindió al sueño y no dio la voz de alarma. Cuando el sol salió, sorprendió a los amantes desnudos y abrazados y le faltó tiempo para acudir a la fragua y soltar la bomba:

Y en este famoso cuadro de Velázquez tenemos capturado el momento en el que Febo, Apolo, coronado de laurel, da la terrible noticia ante el estupor de jefe y trabajadores. ¿Qué mejor manera de aconsejar a Apolo con un hecho del que fue testigo de cargo? La carcajada olímpica fue de órdago entonces, pues el resabiado Vulcano tejió una finísima red de oro donde atrapó a los amantes y los suspendió, apelotonados y desnudos, para escarnio del personal. ¿Qué peor imagen para un dios de la guerra como Marte que verse desnudo sin sus atributos divinos -su armadura- y atrapado en una red para pajarillos?

Sin duda, la escena debió ser un chisme risible desde su inicio, porque es cuento de corrillo desde su popularización con Ares y Afrodita en la Odisea y aparece ya en frescos de Pompeya con ánimo ridiculizador, y tampoco perdió gracia hasta el Barroco. Hay un lienzo de Botticelli de 1483 donde se recrea esta escena, con ambos amantes desnudos y un Marte borracho y rodeado de faunos con cuernecillos. No es de extrañar, porque estos eran asociados casi siempre con Baco, dios del vino (de ahí esos azumbres del soneto), y quizá por ello el italiano recreó para Marte y Venus una escena que recordaba de un sarcófago antiguo y que representaba en origen a Baco y Ariadna y el poder embriagador del vino como facilitador de las relaciones.

¿Que si el tema era una asociación común y era objeto de burla? Basta con que busquemos un cuadro icónico donde Tintoretto en 1555 coloca a Vulcano inspeccionando ridículamente la ropa interior de su esposa, desnuda en la cama, mientras Marte se esconde bajo la cama rogando por que un perrillo no lo delate. Y si quieres ver a ese Marte derrotado, en paños menores, como un soldado sin paga de Flandes, borracho y por eso más peligroso, busca cómo lo retrató Velázquez y verás, como Quevedo, un hombre duro que da más lástima que miedo. Ese es el dios del Barroco.

El primer terceto comienza con una paranomasia: “Volviose en bolsa”, y recrea oro mito al que se le da la vuelta, el de Dánae y el mismo padre de los dioses, Júpìter.

“Volviose en bolsa Júpiter severo,

Levantose las faldas la doncella

Por recogerle en lluvia de dinero.”

Según este mito, Acrisio, casado con Aganipe, no tenía herederos varones; su hija era Dánae, pero no se resignaba (eran otros tiempos) y consultó al oráculo. Su respuesta fue demoledora: “No tendrás hijos varones y tu nieto te matará”.

Así que el padre confinó a la niña en una torre de bronce inaccesible, con puertas de bronce y unos perros salvajes a la entrada. A pesar de las precauciones, Zeus (Júpiter) se enamoró de la doncella y consiguió engendrar con ella un hijo (Perseo, que sin saberlo mataría a Acrisio en un torneo, cumpliendo así la profecía) transformándose en una finísima lluvia de oro que se coló entre las vigas del tejado. Aquí, os invito a que investiguéis lo ingenioso que fue el padre de los dioses para conquistar a cualquier hombre o mujer de quien se encaprichara, desde Europa hasta Leda, Temis, Mnemosine, Ganímedes…

Hay representaciones de Dánae desde el siglo V a. C., primero recibiendo inocente al dios en forma de gotas que caen del techo (una imagen muy pura, que la primitiva Iglesia asociaba incluso a la Anunciación de María), y pronto se incluirán a su lado más personajes; Eros (Cupido), angelotes con flechas y generalmente una sirvienta. También, con el paso de los siglos, Dánae va perdiendo ropa hasta quedar, en el Barroco, ya completamente desvestida y al parecer más plácida y dispuesta. Por supuesto, del techo ya no caen rayos de luz, ni oro líquido, sino monedas contantes y sonantes que una dueña o sirvienta se apresura a recoger ahuecando la falda.