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La poesía de la semana

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Semana 7. 23 de febrero de 2018.

RUBAIYAT

Original en persa.

The rose claimed to be Jacob of grass and dirt
A red ruby resurrected with a green skirt
I said if this is so, show a sign of your hurt
Said just take a look at my bloody shirt.

Look to the blowing Rose about us–“Lo,
Laughing,” she says, “into the world I blow,
At once the silken tassel of my Purse
Tear, and its Treasure on the Garden throw.”

¡Mira esa rosa, cómo su aire de reina asume!
Ella sonríe y dice: -«Yo en esta tierra impero;
de mi bolsa de seda el nudo se consume,
y vierte en los jardines la gracia del perfume».

Versión literal rimada en inglés

Versión de Edward FitzGerald (1859)

Versión de Joaquín V. González

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Mi corazón me ha dicho: “Quiero saber, conocer. ¡Instrúyeme
tú, Jayyam, tú que tanto has trabajado!”;
pronuncio la primera letra del alfabeto y el corazón me dice:
”Ahora ya lo sé. Uno es la primera cifra de un número que no tiene fin”.

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Ghiyath al-Din Abu l-Fath Omar ibn Ibrahim Jayyam Nishapurí, conocido como Omar Jayyam u Omar Khayyam fue un matemático, astrónomo, filósofo y poeta persa que vivió a caballo entre los siglos XI y XII. La traducción literal de su apellido es “fabricante de tiendas”, profesión que, seguramente, ejerció algún miembro de su familia. Nació, vivió y falleció en Nishapur, ciudad situada al noreste del actual Irán.

Entre sus aportaciones cabe destacar la reforma del calendario zoroástrico musulmán, que se sigue utilizando en Irán y Afganistán y diversos tratados sobre aritmética, álgebra y geometría en los que formuló conjeturas que se demostraron varios siglos más tarde. Como anécdota curiosa mencionar la teoría, ampliamente extendida aunque discutible, de que se le debe el uso de la letra x como incógnita fundamental en el álgebra. Su filosofía se desarrolló en el marco del materialismo, del pesimismo y del escepticismo.

En lo que concierne a la poesía, su obra nos transmite sus ideas acerca de temas tan distintos como la ciencia y el conocimiento, la moral y el comportamiento personal, la religión y la teología, el carpe diem, el nihilismo, la crítica a las instituciones, la muerte y la sabiduría.

Rubaiyat es el título que le dio el poeta y traductor Edward FitzGerald a la traducción de una selección de poemas (rubāʿī del árabe, ‎cuarteto, plural, rubāʿiyāt). El rubāʿī es una estrofa de cuatro versos en los que riman el primero con el segundo y el cuarto, quedando libre el tercero. Según las fuentes que se consulten, el número de rubaiyat atribuidos a Jayyam puede variar desde 200 a 600. Se han seleccionado dos rubaiyat. El primero de ellos, recogido en la selección de FitzGerald, se ofrece en persa, inglés y español, respetando la rima de la estrofa. En el segundo se suple la ausencia de rima con la belleza del tema.

(Selección y reseña de Ana Bellé. Departamento de Matemáticas)

Semana 6. 16 de febrero de 2018.

ES AMOR

Es amor un no sé qué,

que viene no sé por dónde,

que se va no sé por qué.

(Miguel de Cervantes)

Aprovechamos la proximidad del día de San Valentín (ese día popularmente dedicado al noble sentimiento del amor) para dar a conocer unos versos de, posiblemente, el mejor escritor en nuestra lengua. Miguel de Cervantes, hombre de azarosa vida, fue un novelista de primer orden, pero también fue un excelente dramaturgo y un no menos excelso poeta. Hombre de su tiempo, veneró armas y letras, cultivando y destacando en más de un arte, si bien el paso de los años y ese vendaval llamado Quijote han hecho que muchas veces se tenga una visión sesgada de su grandeza, motivo por el que versos tan perfectos como los que aquí reproducimos sean menos conocidos que las andanzas del ingenioso caballero.

Siguiendo las consignas renacentistas, Cervantes sigue en su terceto los pasos del “nescio quid”, elegante tendencia de la poesía latina en la que el desconocimiento sirve de motor creador. La poesía puesta al servicio de un misterio que es incapaz de desvelar; la definición frustrada como aliento de la pluma del poeta.

Cervantes elige uno de los grandes temas de la literatura universal: el amor (quizás, el tema). En sus novelas, desde La Galatea a Los trabajos de Persiles y Sigismunda, subyace toda una teorización acerca de lo que Ovidio considerara un arte (de nuevo, el amor). Cervantes también era conocedor de las teorías amorosas de León Hebreo, pero en su obra late su propia experiencia; de ahí esa tendencia al desengaño que destilan los hermosos versos que hemos seleccionado. Como siempre (o casi siempre) en Cervantes, las cosas de la vida vistas en tonos claroscuros, el arte de la letra al servicio de una mímesis que embellece por su fidelidad a lo cierto: latido rítmico de verdad, y en octosílabo (metro hispánico por excelencia). Y lo cierto en materia amorosa es, tal y como indica el poema, pura ambigüedad. Lo que es y no es. Lo que está y no está. Lo que viene, y se va. ¿Cuántos ojos no habrán llorado al toparse con esas diecinueve palabras sintiendo una ajustada identificación con la experiencia personal?

Diecinueve palabras. Tres versos. La buena poesía siempre es palabra exacta. Así las cosas, una de sus grandezas, que aquí respeta Cervantes, es el decir mucho con poco, evitando cataratas terminológicas innecesarias, siendo campo de trabajo para la lima y la depuración. En este caso, la sencillez es la pauta, fruto, como diría fray Luis de León, de esmero y selección. El mismo Cervantes, en la segunda parte de su Quijote, nos habla de sus constantes estilísticas al respecto: “Llaneza muchacho, no te encumbres, que toda afetación es mala.”

No quisiéramos terminar sin incidir nuevamente en la esterilidad del poema para lograr su aparente propósito: la definición. Donde la prosa no alcanza, se interna la palabra hecha poema, volviendo a fracasar, aunque logrando una emoción perdurable, que se renueva día a día, pues lo clásico siempre es actualización de lo eterno, tal que ese enigmático amor del que nacemos, que nos acompaña, que a veces se va, pero que quizás (¿quién sabe?) no se diluya tras la muerte.

(Selección y reseña de Alberto Jiménez Liste. Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 5. Viernes 9 de febrero de 2018.

Un poema de Safo de Mitilene

Me parece que es igual a los dioses
el hombre aquel que frente a ti se sienta,
y a tu lado absorto escucha mientras
dulcemente hablas
y encantadora sonríes. Lo que a mí
el corazón en el pecho me arrebata;
apenas te miro y entonces no puedo
decir ya palabra.
Al punto se me espesa la lengua
y de pronto un sutil fuego me corre
bajo la piel, por mis ojos nada veo,
los oídos me zumban,
me invade un frío sudor y toda entera
me estremezco, más que la hierba pálida
estoy, y apenas distante de la muerte
me siento, infeliz.

Selección y reseña: Javier Alcutén (Departamento de Latín)

Nos encontramos en el siglo VI a.C. una isla esparcida del mar Egeo, Lesbos, donde reside un grupo de mujeres amantes de las artes, la literatura…y del amor. Safo, su máxima representante, la décima musa, destaca sobre todas ellas porque plasma por escrito los más variados y primarios sentimientos del ser humano: sensualidad, pasión, despedida, celos, añoranza, reproches, recuerdos amor, siempre amor. Confluyen en ella circunstancias que, desde esa Grecia antigua, la han hecho objeto de interés, unas veces para admirarla, otras, en cambio para censurarla, pero por encima de todo para reconocer la hermosura y sensibilidad de su poesía. Es demasiado banal pensar en el círculo sáfico como un grupo de mujeres de Lesbos amantes y amadas, dedicadas al ocio y disfrute de los paisajes helenos, seguidoras del culto a  Afrodita. Su círculo se asemeja a esos pensadores y filósofos de Academias y Liceos, pero la historia va más allá. Sus poemas líricos no sólo muestran esos sentimientos más íntimos, también critican esa injusta situación de inferioridad y aislamiento a que estaba sometida la mujer griega. Safo es una mujer culta e independiente, sin miedo a expresar lo que siente, sin el yugo del androceo habitual en esta época. Todo ello hace que su lírica sea una poesía nueva, alejada de la épica de Homero y la poesía didáctica de Hesíodo, personal y cautivadora.

 

Semana 4. Viernes 2 de febrero de 2018.

PEQUEÑO VALS VIENÉS

En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals del “Te quiero siempre”.

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orilla tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.

FEDERICO GARCÍA LORCA

Selección y reseña: Ana Bellé (Departamento de Matemáticas)

Pequeño vals vienés es un poema de Federico García Lorca que pertenece a su libro Poeta en Nueva York, escrito entre 1929 y 1930 durante la estancia del escritor en la Universidad de Columbia. En la obra, una de las cumbres de la poesía en español en el siglo XX, influyen de forma notable el recuerdo de la infancia, el amor no correspondido, el sufrimiento injusto y la muerte violenta. Considerada como un punto de inflexión en la evolución artística de Lorca, Poeta en Nueva York bebe de las fuentes del surrealismo entendido como instrumento de renovación artística.

Decía Leonard Cohen en el discurso improvisado que pronunció al recoger el Premio Príncipe de Asturias de las Letras: “(…) Ustedes saben de mi fuerte asociación con Federico García Lorca y puedo decir que mientras era joven y adolescente no encontré una voz. Y solo cuando leí a Lorca, en una traducción, encontré una voz que me dio permiso para descubrir mi propia voz, para ubicar mi yo, un yo que aún no está terminado. …”.

Cohen tomó contacto con la obra de Lorca en 1949 cuando, con quince años, descubrió en una librería de viejo de Montreal una edición de Diván del Tamarit, que marcó profundamente al cantautor canadiense.

En 1986 participó en el disco Poetas en Nueva York, un álbum de homenaje el poeta granadino con motivo del cincuentenario de su fallecimiento y en el que también participaron, entre otros, Georges Moustaki, Francis Cabrel, y Víctor Manuel. Cohen aportó una versión traducida prácticamente de forma literal al inglés de Pequeño vals vienés que tituló Take this waltz y cuyo resultado final es el siguiente:

https://www.youtube.com/watch?v=JQm1OmLMNno

Más tarde incluiría la canción en uno de sus mejores discos, titulado I’m your man.

Una versión en español de esta canción con la música compuesta por Leonard Cohen se puede encontrar en el álbum Omega, cantado por Enrique Morente y acompañado por el grupo Lagartija Nick. Omega, considerado un referente en la revolución de la música flamenca vio la luz en 1996 y fue reeditado en 2008.

Así suena Pequeño vals vienés en la voz del gran Morente:

https://www.youtube.com/watch?v=JQoU3kjQVsw

Semana 3. Viernes 25 de enero de 2018.

Canción tonta

Mamá,

yo quiero ser de plata.

Hijo,

tendrás mucho frío.

Mamá,

yo quiero ser de agua.

Hijo,

tendrás mucho frío.

Mamá,

bórdame en tu almohada.

¡Eso, sí!

¡Ahora mismo!

FEDERICO GARCÍA LORCA

Poesía seleccionada por Julia Trullenque. 5º de Primaria.

Federico García Lorca es un poeta mayúsculo. No ya su obra sino también su persona han trascendido la Historia de la Literatura, pasando a ser un símbolo de alcance universal. Referente tanto de artistas como de estudiosos, nos gustaría destacar su excelencia partiendo de aquello que jamás llegó a hacer o que dejó incompleto, pues su muerte, en un camino de la Vega de Granada (él nació en Fuente Vaqueros, un 5 de junio de 1898), truncó su quehacer literario, impidiéndonos el disfrute de los que hubieran sido sus trabajos de madurez. ¿De qué palabras nos privaron aquellas balas? ¿Qué esplendor hubiera sido capaz de alcanzar quien en su juventud nos legó uno de los más bellos textos poéticos, en cualquier lengua, como lo es el Primer romancero gitano? La genialidad de Lorca resulta incompleta, siempre. Sus inmaculados logros evocan lo que jamás pudo ser. Si una guerra fratricida nos hubiera privado de las cervantinas Novelas ejemplares, de El caballero don Quijote o de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, disfrutaríamos de la belleza de La Galatea y de los hallazgos de la primera entrega de las aventuras, y desventuras, del ingenioso hidalgo. Pues esto ocurre con Lorca. Jamás podremos disfrutar de lo que hubiera sido, si bien en lo que es, tal que el bonito poema de juventud (como siempre fue Lorca, joven) que nos ha facilitado Julia Trullenque, de 5º de Primaria, encontramos a uno de los más grandes autores de la Literatura en cualquier lengua.

Tenemos a bien remarcar lo de “en cualquier lengua”, pues rompemos una lanza en favor de la naturaleza intraducible del texto poético, dada la especial sonoridad de la obra de Lorca (tal que ocurre con otros autores, en sus lenguas madre, como Baudelaire, Shakespeare o Poe), quien buscaba una singular musicalidad (no en vano, siguiendo los pasos de su madre, Vicenta Lorca, aprendió a tocar el piano de la mano de Antonio Segura) que ha sido, en ocasiones, comparada con la del compositor francés Claude Debussy.

En efecto, si atendemos al texto facilitado por nuestra amiga Julia, observamos ya desde el mismo título la referencia al mundo de la música. Los versos se suceden, en una catarata de repeticiones (constante lorquista) que recuerdan esa tendencia a la anáfora característica de la canción popular.

Nos encontramos también con la sencillez (fruto del influjo del Modernismo que Lorca, amigo de Juan Ramón Jiménez, cultivó en su juventud), ligada a algunos elementos característicos de su universo personal (plata, frío, agua) que van a ser protagónicos en textos posteriores donde observamos como Lorca, influido tanto por las incipientes vanguardias como persuadido por sus amigos Salvador Dalí y Luis Buñuel, va a ir abrazando otro tipo de tendencias como, sobre todo, el surrealismo (mucho más presente, por ejemplo, en el Romancero gitano, de lo que en ocasiones se da a entender y ya cultivado de pleno en Poeta en Nueva York o los Sonetos del amor oscuro).

Y nos encontramos, cómo no, con su marcada sensibilidad, encarnada en ese uso dialógico del verso (otra de las características del lorquismo) en el que el niño, símbolo de debilidad (recuérdese al respecto el conocido Romance de la luna, luna) conversa con esa madre protectora, que todo lo da en los dos últimos versos que cierran el poema, con la intensificación propia de los signos de exclamación, tan habituales también, junto con los ayes y otras manifestaciones propias del dolor, en la poesía del autor del Poema del cante jondo.

Canción tonta es pues poema de juventud, incluido en el libro Canciones, obra que recoge más de ochenta poemas compuestos entre 1921 y 1924; pero en su brevedad y sencillez encontramos el embrión de esa genialidad que el maestro irá alcanzando, hasta que la crueldad de la guerra fraticida sesgue, como siempre, el ansia por crecer a la que siempre aspiran arte y belleza.

(Texto reseñado por el profesor Alberto Jiménez. Departamento de Lengua y Literatura del IES La puebla de Alfindén)

 

Semana 2. Viernes 19 de diciembre de 2018.

Recuerdo infantil

Una tarde parda y fría

de invierno. Los colegiales

estudian. Monotonía

de lluvia tras los cristales.

 

Es la clase. En un cartel

se representa a Caín

fugitivo, y muerto Abel,

junto a una mancha carmín.

 

Con timbre sonoro y hueco

truena el maestro, un anciano

mal vestido, enjuto y seco,

que lleva un libro en la mano.

 

Y todo un coro infantil

va cantando la lección:

«mil veces ciento, cien mil;

mil veces mil, un millón».

 

Una tarde parda y fría

de invierno. Los colegiales

estudian. Monotonía

de la lluvia en los cristales.

(Antonio Machado)

Poesía seleccionada por Sergio Trullenque (2º F)

 

Ligero de equipaje. Esta era, al parecer, la recomendación machadiana para viajar. Dicha recomendación entronca perfectamente con los reconocibles versos que ha elegido nuestro alumno de 2º F, Sergio Trullenque, y que generosamente nos ha enviado. En efecto, el recuerdo (una de las constantes de la poesía machadiana) nos acompaña a lo largo del camino, sin ocupar lugar, como una maleta de pocos kilos. Su peso es el del sentimiento provocado por su evocación, en este caso, una nostalgia teñida de tristeza, si bien no áspera, sino melancólica, tal que esa lluvia que parece resbalar por los cristales creando ese ambiente de la clase en invierno que todos, en algún momento, hemos degustado.

La poética machadiana se construye a partir de algo innato en todo artista, la mímesis de lo vivido y de lo observado (un amor perdido, una fiera guerra, una monótona clase…). Imitación a través de esa palabra que es perseguida con ansia (pues el poema siempre exige medida y precisión), para hacer pasar los acaeceres a través de un filtro de belleza, del que resulta una realidad alternativa, sonora, que es espejismo de lo que ya se fue. Recuerdo.

Así las cosas, en la obra poética de don Antonio, los campos de Castilla, la musa Leonor, la tarde, la fuente, el aire, la tierra, la colmena o el jardín, incluso el cainismo (presente también en este texto que nos aporta Sergio) son sus campos, su musa, su tarde, su fuente y su aire; son su visión, su versión, como si quisiera escapar de ese simbolismo en el que se le etiqueta, anticipándose visionario a esa poesía de la experiencia que sería bandera e insignia de poetas posteriores, hoy ya clásicos, como Luis Alberto de Cuenca, Luis García  Montero, Juan Cobo o Jaime Gil de Biedma.

Antonio Machado es hijo de su tiempo, pero padre del porvenir, integrándose perfectamente en esa dialéctica de toda tradición literaria en la que lo presente bebe de lo previo para alumbrar lo posterior. Tal que la lluvia del poema, ciclo de monotonía natural que, sin embargo, renueva.

 

(Texto reseñado por el profesor Alberto Jiménez. Departamento de Lengua y Literatura del IES La puebla de Alfindén)

 Para más información, pueden consultarse los siguientes libros:

Campos de Castilla, Antonio Machado. Cátedra.

Soledades, Galerías, Otros poemas, Antonio Machado. Cátedra.

Juan de Mairena, Antonio Machado. Cátedra.

Ligero de equipaje: la vida de Antonio Machado, Ian Gibson. Random House.

La filosofía poética de Antonio Machado, José María García Castro. Siruela.

 

Semana 1. Viernes 12 de diciembre de 2018.

Desafío a la vejez

Cuando yo llegue a vieja

-si es que llego-

y me mire al espejo

y me cuente las arrugas

como una delicada orografía

de distendida piel.

Cuando pueda contar las marcas

que han dejado las lágrimas

y las preocupaciones,

y ya mi cuerpo responda despacio

a mis deseos,

cuando vea mi vida envuelta

en venas azules,

en profundas ojeras,

y suelte blanca mi cabellera

para dormirme temprano

-como corresponde-

cuando vengan mis nietos

a sentarse sobre mis rodillas

enmohecidas por el paso de muchos inviernos,

sé que todavía mi corazón

estará -rebelde- tictaqueando

y las dudas y los anchos horizontes

también saludarán

mis mañanas.

(Gioconda Belli)

[Selección de la profesora Esther Herguedas]

 

Gioconda Belli,  poeta y novelista nicaragüense (Managua, 1948), nació  en el seno de una familia acomodada. Diplomada en Publicidad y Periodismo en Filadelfia, Estados Unidos, su oposición a la dictadura de  Somoza la llevó a exiliarse en México y Costa Rica.

El compromiso político y el ser y el sentir femenino son los dos temas fundamentales en su obra, que ha contado con el respaldo de la crítica y del público desde la publicación de sus primeros poemas en un semanario cultural de su país en 1970.

Sobre la grama, premio “Mariano Fiallos Gil” de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua en 1972, es el poemario con el que inicia su producción poética.  En 1978 obtuvo el Premio Casa de las Américas (Cuba) en el género poesía por su libro Línea de Fuego. Más tarde publicará Truenos y arco iris (1982), De la costilla de Eva (1986), Apogeo (1997), Mi íntima multitud (Premio Internacional de Poesía Generación del 27, 2002), Fuego soy apartado y espada puesta lejos (Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla 2006), y las antologías  Amor insurrecto (1984), Poesía reunida (1989) y El ojo de la mujer (1991).

A su producción poética se une la novelística, desde que en 1988 publicara su primera novela, La Mujer Habitada, que obtuvo un éxito clamoroso a nivel internacional y que obtuvo el Premio de la Fundación de Libreros, Bibliotecarios y Editores Alemanes, y el Premio Anna Seghers de la Academia Alemana.  A esta novela siguieron  Sofía de los Presagios (1990), Waslala (1996),  El pergamino de la seducción (Premio Pluma de Plata 2005  en la Feria del Libro de Bilbao, España) y El infinito en la palma de la mano, galardonada con el Premio Biblioteca Breve 2008  y, posteriormente,  con el Premio Sor Juana Inés de la Cruz.

Gioconda Belli es también es autora de los cuentos para niños: El Taller de las Mariposas, Cuando Floreció la Risa, y el Apretado abrazo de la enredadera y de El País bajo mi piel, testimonio-memoria de sus años en el sandinismo.

 

 

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