IES LA PUEBLA DE ALFINDÉN

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La poesía de la semana

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Blog del AMPA

Semana 10. 4ª temporada. 13 de diciembre de 2019.

Una noche cualquiera.

El estaba tumbado en la cama, sonaba música en Inglés, raro en el. No pensaba en nada. Solo disfrutaba de la noche.

Entonces vibro su móvil. Otro WhatsApp

Era ella…

“Muchas veces me equivoco y muchas veces no elijo a la gente correcta para que me rodee en mi día a día, pero prometo que valoro cada acto. Y te preguntarás “Que dice esta loca a estas horas”. La respuesta es “Lo mismo me pregunto yo” Buenas noches y descansa. Y gracias.”

El sonrío, por primera vez estaba siendo sincera del todo. Solo le salió poner cara de sorpresa. Es de esas personas que dan ganas de abrazarlas hasta sin conocerlas. Que sabes que su fondo es increiblemente bueno. Siempre que habla suena a dolor, a miedo de que la “Maten” otra vez.

Hablaron hasta muy tarde, no le pidió nada, sólo que si un día la necesitaba, el estaría. Que daba igual la hora o el día. Y por una vez, ella no dudó ni un instante. Le creía.

                                                           (@Defreds)

Defreds es el seudónimo o nick de José Ángel Goméz Iglesias, que describe así su primera incursión en la literatura:

Una noche bastante llena de soledad y con mucha lluvia fue la primera vez que escribí una frase sobre algo que me estaba pasando en esa época. En Twitter. Supongo que ahí empezó todo. Gente me leía, cada vez más. Gente que se sentía identificada conmigo. No me podía creer que alguien leyera con ganas mis pensamientos. Casi sin querer. Casi sin buscarlo”

Defreds forma parte de una nueva generación de jóvenes poetas que con sus palabras sencillas y cotidianas, ponen voz a aquellas experiencias que todo joven empieza a vivir, la emoción del amor, el dolor de la ruptura, el camino para averiguar quienes somos y qué es lo queremos.

Una noche cualquiera” puede estar sucediendo cada noche, en cualquier habitación, donde una joven habla con ese mejor amigo que siempre está ahí, aunque a veces no se le hace todo el caso que merece porque hay otros que te deslumbran con su brillo fugaz, pero que tarde o temprano encontrará su lugar.

Selección y reseña: Patricia Chavarrías (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 9. 3ª temporada. 29 de noviembre de 2019.

1. Nostalgia

2.

Paseo lentamente por el Lido

una tarde guardada en la memoria.

Las horas sosegadas

retrasan su camino hacia la noche.

Se apaciguan los pasos.

Revive el Adagietto de Mahler en el alma

fundido con la luz y aquella espuma

inatrapable y suave de las olas.

Es tanta la belleza que mis lágrimas,

al ocaso, se funden con el mar.

(Reflejos en un espejo roto, Miguel Ángel Yusta)

En Reflejos de un espejo roto, su libro más reciente, el poeta zaragozano Miguel Ángel Yusta aborda la complejidad de la vida en su totalidad. Afirma en la introducción que estos poemas no pretenden ser una autovía cómoda, sino un sendero lleno de dudas y trampas. O quizá diríamos que es como una difícil carretera de montaña que, al asomarse en cada curva a los desniveles del paisaje, permite apreciar la belleza y el esfuerzo del camino recorrido.

¿Qué es lo que sucede a menudo cuando una persona se mira en un espejo y descubre una imperfección en la superficie? Instintivamente intenta borrarla y el verdadero fastidio sería que, en realidad, el espejo estuviera dañado. Pero, ¿y si lo que ocurre es que es la persona que se refleja la que está marcada? ¿Intentaríamos borrar esas cicatrices también o sería mejor asumirlas como vivencias que nos dan forma?

La poesía que he escogido es una alegoría sobre el tránsito, momentáneo y, a la vez eterno, entre el amor y el desamor. Esto se refleja en que capta ese instante en el que no es de día ni de noche, esa frontera imprecisa entre la playa y las olas, entre las lágrimas y el mar, con la banda sonora del Adagietto de Mahler, un guiño a la pasión con la que el autor vive la música.

Yusta hace referencia a la película Muerte en Venecia de Luchino Visconti, metáfora crepuscular del amor imposible hacia la belleza absoluta e inalcanzable.

Selección y reseña: Ana Bellé (Departamento de Innovación Educativa)

Semana 8. 3ª temporada. 22 de noviembre de 2019.

A veces rotundo, a veces muy hondo, se va por el mundo girando, Girondo”

Gritaba por las calles de Buenos Aires Oliverio Girondo.

Poeta excéntrico como pocos, llamaba la atención gritando estos versos mientras paseaba como alma en pena o lleno de goce.

Octavio José Oliverio Girondo (1891- 1975) enseguida se mostró como un personaje especial de la vanguardia argentina. Gracias a sus continuos viajes a Europa tomó contacto con los movimientos artísticos y literarios de vanguardia, como el cubismo de Picasso, el dadaísmo de Tristan Tzara o el futurismo de Marinetti.

En su poesía logró abordar el mundo desde inéditos ángulos y puntos de vista que le llevan a una interpretación del mundo que va desde lo más sublime a lo más cotidiano.

De entre el conjunto de sus obras resulta especialmente significativa la titulada Espantapájaros publicada en el año 1932. Cuando ya tuvo el libro listo, el escritor se puso manos a la obra, y creó un enorme muñeco de papel maché, un enorme espantapájaros de casi tres metros inspirado en la portada de su libro. El muñeco vestía de traje, guantes blancos y monóculo. No era la típica imagen de un vulgar asusta pájaros sino que representaba la imagen de un académico.

Durante los quince días siguientes el gigantesco muñeco recorrió las calles de Buenos Aires subido sobre una carroza fúnebre tirada por seis caballos. El carro estaba guiado por dos lacayos vestidos con levita, chaleco y pantalón y completando el desfile, en su parte trasera, un grupo de mujeres jóvenes vendían ejemplares de Espantapájaros.

La maniobra no fue bien vista por otros escritores más tradicionales y levantó gran controversia en algunos escritores amigos de Girondo, como por ejemplo en Borges. Sin embargo, hay que reconocer que fue un ejercicio de marketing impecable con la venta de más de 5000 ejemplares del poemario en el primer mes.

No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija.

Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida.

Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono bajo ningún pretexto, que no sepan volar.

Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!”

Este fragmento pertenece al poemario Espantapájaros y aparece en la película El lado oscuro del corazón con una trama basada en poemas de Oliverio Girondo. En ella, el director Eliseo Subiela plantea un sugestivo argumento en la que el protagonista de la historia (llamado Oliverio) recorre las calles de Buenos Aires intercambiando poesía por alimento.

https://www.youtube.com/watch?v=dP14x8s6hrs

Hoy se puede ver la escultura de Girondo de su espantapájaros en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires.

Selección y reseña: Sebastián Solana (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 7. 3ª temporada. 15 de noviembre de 2019.

Fray Luis de León y un “pobré pastó”, de Ansó.

Traigo aquí estos dos fragmentos , en estos momentos tan agitados, en todos los sentidos, buscando en ambas estrofas, el descanso y la paz mental, que tanto necesitamos.

El primero es un clásico poeta español renacentista, adelantado a su tiempo, encarcelado por la Inquisición, Fray Luis de León , que busca la serenidad en la tranquilidad que da la naturaleza. El otro es un poema anónimo en lengua aragonesa de Ansó, que habla de lo mismo , de la felicidad que proporciona la vida en el campo, el trabajo de pastor y el soberbio paisaje pirenaico.

Canción de la vida solitaria (Fray Luis de León).

¡Qué descansada vida

la del que huye el mundanal ruido

y sigue la escondida

senda por donde han ido

los pocos sabios que en el mundo han sido!

(…)¡ Oh monte, oh fuente, oh río!

¿Oh secreto seguro, deleitoso!,

roto casi el navío,

a vuestro almo reposo

huyo de aqueste mar tempestuoso.

Un no rompido sueño,

un día puro, alegre, libre quiero,

no quiero ver el ceño

vanamente severo

de a quien la sangre ensalza, o el dinero.

Despiértenme las aves

con su cantar sabroso, no aprendido;

no los cuidados graves

de que es siempre seguido

el que al ajeno arbitrio está atenido(…)

Del monte en la ladera,

por mi mano plantado tengo un huerto,

que con la primavera

de bello flor cubierto,

ya muestra en esperanza el fruto cierto.(…).

SOI UN POBRE PASTÓ (anónimo ansotano).

En esta perra vida

tamién bi,stá cosas güenas;

biendo o mon tan majo

se me ocurre pensá y tiengo ideas(…)

O que busque paz en as ziudaz,

loco se tornará de su cabeza.

Agora a mi se me antoja que ixas cosas

que beo en as laderas,

s,en escapan de a ziudá y puyan

t,a montaña, fuyendo d,as fieras…

pa bibí esta vida

en do bi,stá paz, salú y cosas güenas.

Que s,esmicazen os ombres allá ajbajo,

que fablen de este mundo o que quieran,

que armen reboluzions, que fayan güelgas;

pero a mí que me dejen en o mon

solo con as obellas

¡ SOI L,AMO DEL MUNDO

POSAU EN ESTA PEÑA!

Selección y reseña: Fco. Murillo Esteban (Departamento de Profesor de Geografía e Historia).

Semana 6. 3ª temporada. 8 de noviembre de 2019.

Yo soy un hombre sincero 

I

Yo soy un hombre sincero

de donde crece la palma,

y antes de morirme quiero

echar mis versos del alma.

Yo vengo de todas partes,

y hacia todas partes voy:

arte soy entre las artes,

en los montes, monte soy.

Yo sé los nombres extraños

de las yerbas y las flores,

y de mortales engaños,

y de sublimes dolores.

Yo he visto en la noche oscura

llover sobre mi cabeza

los rayos de lumbre pura

de la divina belleza.

Alas nacer vi en los hombros

de las mujeres hermosas:

y salir de los escombros

volando las mariposas.

He visto vivir a un hombre

con el puñal al costado,

sin decir jamás el nombre

de aquella que lo ha matado.

Rápida, como un reflejo,

dos veces vi el alma, dos:

cuando murió el pobre viejo,

cuando ella me dijo adiós.

Temblé una vez, en la reja,

a la entrada de la viña

cuando la bárbara abeja

picó en la frente a mi niña.

Gocé una vez, de tal suerte

que gocé cual nunca: cuando

la sentencia de mi muerte

leyó el alcaide llorando.

Oigo un suspiro, a través

de las tierras y la mar,

y no es un suspiro, es

que mi hijo va a despertar.

Si dicen que del joyero

tome la joya mejor,

tomo a un amigo sincero

y pongo a un lado el amor.

Yo he visto al águila herida

volar al azul sereno,

y morir en su guarida

la víbora del veneno.

Yo sé bien que cuando el mundo

cede, lívido, al descanso,

sobre el silencio profundo

murmura el arroyo manso.

Yo he puesto la mano osada,

de horror y júbilo yerta,

sobre la estrella apagada

que cayó frente a mi puerta.

Oculto en mi pecho bravo

la pena que me lo hiere:

el hijo de un pueblo esclavo

vive por él, calla y muere.

Todo es hermoso y constante,

todo es música y razón,

y todo, como el diamante,

antes que luz es carbón.

Yo sé que al necio se entierra

con gran lujo y con gran llanto,

y que no hay fruta en la tierra

como la del camposanto.

Callo, y entiendo, y me quito

la pompa del rimador:

cuelgo de un árbol marchito

mi muceta de doctor.

                                 (José Martí)

Cuando pases por la calle Manifestación, en Zaragoza, detente unos instantes hasta descubrir la placa de José Martí, el héroe de la revolución cubana. Allí podrás leer unos versos. También encontrarás un busto de mármol en relieve.

Y es que la vida de este poeta está muy ligada a la capital aragonesa, porque huyendo de la represión en su país (condena a seis años de cárcel, trabajos forzados, deportación…), y arrastrando su penoso y recurrente mal estado de salud, acudió con 18 años a terminar sus estudios en abril de 1873, tras una breve estancia en Madrid.

José Martí se dedicó incansablemente a la literatura y la política: cultivó novela, periodismo, ensayo y poesía, aunque la compaginó con una incansable y reconocida labor diplomática. Sigue siendo, para muchos, el verdadero artífice de la revolución que desembocaría en la independencia de Cuba, certificada tres años después de su muerte. 

Pocos saben que el IES Pedro de Luna, donde obtuvo el Bachillerato, aún conserva su brillante expediente académico. Después, y en un periodo de apenas 19 meses, tras matricularse como alumno libre en la Universidad de Zaragoza (era lo que podía permitirse, al ser más barato) consiguió licenciarse en Derecho y Filosofía y Letras. Los títulos los expidió a su costa la Universidad en 1955, como reconocimiento, porque el poeta no pudo reunir el dinero y jamás pasó a recogerlos. También le dedicó un busto de bronce que se conserva en el Paraninfo.

En el poemario Versos sencillos, de 1891, hay alguna referencia al Aragón de su juventud: “que allí tuve un buen amigo, /que allí quise a una mujer”. En efecto, el primer amor (recordado en algún que otro poema, y plasmado en varias cartas sinceras que los dos conservaron hasta la muerte) fue una muchacha de Zaragoza, Blanca de Montalvo. Otro amigo cubano, con quien coincidió en ese tiempo en nuestra ciudad, nos la describe en Ofrenda de hermano como «una blonda y bella y distinguida señorita a quien amó». Se contaba que Blanca preparaba infusiones de violetas, para intentar curar la tos y la profunda tristeza del poeta. No pudo retenerlo, pero a su primer hijo lo llamó José, muy poco después de que el cubano muriera en combate.

En su cuento Hora de lluvia, que escribió un año después de despedirse de Blanca, Martí le dedica el prólogo: 

Mi Blanca: A las ocho y media empiezo a escribir para ti esta brevísima historia—feliz ya, porque nace de tu cariño y tu deseo.

Espacio estrecho es una hora, y cosa rápida y risible ha de ser todo lo que en ella precipitadamente escriba yo. Tiempo, papel—todo es estrecho para este poderoso amor que vive en mí.

Llueve copiosísimamente; llueve sin cesar. Es, Blanca mía—y no te rías—que el cielo mismo frunce el ceño, y se pone mohíno, y llora, porque no hemos podido hablarnos hoy. Tú eres el cielo.

En Versos sinceros, de José Martí, destaca este famosísimo poema que traemos esta semana, y cuyos primeros versos sirvieron de inspiración a una canción que aún pervive en las verbenas populares. ¿La recuerdas?

Selección y reseña: Miguel Ángel Aragüés (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 5. 3ª Temporada. 25 de octubre de 2019

Al túmulo del rey Felipe II en Sevilla

¡Voto a Dios, que me espanta esta grandeza

y que diera un doblón por describilla!;

porque ¿a quién no suspende y maravilla

esta máquina insigne, esta braveza?

¡Por Jesucristo Vivo! Cada pieza

vale más que un millón, y que es mancilla

que esto no dure un siglo, ¡oh, gran Sevilla!,

Roma triunfante en ánimo y riqueza!

Apostaré que la ánima del muerto

por gozar este sitio, hoy ha dejado

el cielo, de que goza eternamente”.

Esto oyó un valentón y dijo: “Es cierto

lo que dice voacé, seor soldado,

y quien dijere lo contrario, miente”.

Y luego, encontinente,

caló el chapeo, requirió la espada,

miró al soslayo, fuese y no hubo nada

                                       (Miguel de Cervantes)

Hoy traemos a nuestra sección quizás el poema más popular del autor del Quijote. Con motivo de las honras fúnebres de Felipe II en 1598, Cervantes da a conocer un poema de circunstancias que llegó a leerse frente a la tumba. Una tumba que no era tal, porque jamás se enterraron allí los restos del monarca.

Cervantes siempre mostró orgullo por esta composición, y así lo menciona en el Viaje del Parnaso:

Nunca voló la pluma humilde mía

por la región satírica, bajeza

que a infames premios y desgracias guía.

Yo el soneto compuse que así empieza

por honra principal de mis escritos:

Voto a Dios, que me espanta esta grandeza”.

En el soneto se alternan dos voces. En primer lugar, la de un soldado valentón -el miles gloriosus clásico, que sin duda conoció en carne y hueso y a docenas el poeta, en su azarosa carrera militar- que profiere un juramento que debía resultar retador hasta en su época (Cervantes usa frecuentemente un exabrupto más suave: “voto a tal”), y que remata con un juramento escandaloso: “por Jesucristo vivo”, más blasfemo al gritarse en el recogimiento de la catedral sevillana.

El motivo del asombro del soldado es la magnificencia del monumento erigido para la ocasión. Un catafalco de tres pisos de altura se levantó a ambos lados del crucero por esas fechas, y fue enriquecido por los mejores artesanos, pintores y escultores que se pudo reunir. El monumento alegórico estaba coronado por un obelisco de cinco metros que remataba una cúpula, y sobre él un niño ardiendo sobrevolado por un Ave Fénix que aletea para que el fuego no se extinga. Un monumento vacío, de madera, cartón y papel, imitando materiales preciosos. Más de cincuenta días costó levantar una inmensa maqueta que había de perdurar… los dos días de luto oficial. En la imitación de un nicho, se leía QUAM BREVIS URNA CAPIT, CUI BREVIS ORBIS ERAT! (¡En cuán pequeña urna cabe, para quien el orbe todo era pequeño!). Una tumba vacía en un edificio falso.

Por eso resulta más ridícula la apuesta tabernaria del soldado, que afirma que el difunto (“el muerto”, llama sin pudor al hombre más poderoso del planeta) no se encuentra allí: “por gozar este sitio, hoy ha dejado / el cielo de que goza eternamente “. Al otro lado de la tumba, podía leerse NON EST HIC, NAM REGNAT INTER SUPEROS (No está aquí, pero reina entre los santos).

Y ahora, tras las terribles palabras, surge la segunda voz del poema. Un fanfarrón lo ha escuchado todo, y no solo reafirma las palabras del soldado, sino que retará a quien ose contradecirlas. Tras esto llega el gesto teatral, se cala el sombrero, tienta su arma, mira de reojo y… se va.

Lo que parece ser el antecedente a una trifulca es solo una pose, un envanecimiento gratuito, un falso alarde. No nos engañemos. Ya hace tiempo que Sevilla no es una Roma triunfante en riquezas, ni Felipe II puede mantener la herencia de sus antepasados. Solo puede mantener el oropel, el orgullo y la rabia, pero sin ánimo para acometer más empresas; solo quedan acometidas de toro manso, que cabecea y que no embiste.

La falsa disputa entre el soldado y el fanfarrón es la caricatura de este carísimo armazón, metáfora de una España moribunda y hueca. Acaba el estrambote un verso afilado y genial: “miró al soslayo, fuese, y no hubo nada”.

Semana 4. 3ª Temporada. 18 de octubre de 2019

Intelijencia

Intelijencia, dame
el nombre exacto de las cosas!
Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas…
¡Intelijencia, dame
el nombre exacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de las cosas!

(Juan Ramón Jiménez, de Eternidades)

El presente poema es uno de los más conocidos de la Obra (con mayúscula, tal y como  él  le gustaba nombrarla) de Juan Ramón Jiménez, quien fue gran maestro de Federico García Lorca.

El poeta de Moguer (Huelva), a través de la poesía, buscaba una “redefinición” del mundo sustentada en la relación que la sensibilidad
del artista mantuviera con éste. Así, con su pluma, la lírica adquiere una condición de herramienta mística,
transformando al autor en demiurgo y hacedor de mundos, en claro paralelismo con algunas de las ideas
de los versículos bíblicos del Génesis concernientes al verbo y su capacidad creadora.

La idea, juanramoniana, de sensibilidad controlada por razón, presente en este poema, el uso metafísico
del poema, el pulido de sus versos, eliminando la ornamentación excesiva es a la par coincidente con
algunos de los parámetros estilísticos de la Generación del 98, como es el caso de don Miguel de Unamuno, cuyos usos
poéticos parecen latir en el poema que hemos elegido esta semana.

Como curiosidad, y por si hubiera algún alumno “despistadillo”, Juan Ramón Jiménez tenía por costumbre escribir con “j” todas las palabras, de ahí las permitidas erratas del poema en cuestión.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua) 

Semana 3. 3ª Temporada. 4 de octubre de 2019

Jesús Lizano es de esas personas que ya por su imagen trasnmiten una fuerte personalidad. El salón de su casa. Libros, papeles y máquinas de escribir rotas se acumulan por los rincones. No tiene ordenador. Mirada profunda. Vestido de negro. Barba de poeta, o más bien, de profeta. Su fuerza personal es la fuerza de su poesía. Se declara un anarquista poético (que no político) y entre sus virtudes se encuentra la capacidad de decir en su poesía lo que nadie se atreve a decir aunque con ello se gane a más de un enemigo.

En una entrevista concedida al diario La Vanguardia en el año 2011, se declara una persona de otro mundo, de un mundo llamado Lizania. Desde allí ha publicado una de sus últimas obras: El ingenioso libertario Linazote de la Acracia o la conquista de la inocencia. Sabe, en esa entrevista, que una larga enfermedad está terminando con su vida como acaba sucediendo unos años más tarde (2015). En esa entrevista recuerda su etapa de profesor de instituto, cuando invitaba a los alumnos a salir al jardín a realizar las clases; cuando el primer día de clase anunciaba: “¡Estáis todos aprobados, venid a clase sólo si queréis!”. Indudablemente ahí ya se veía que Jesús Lizano no era una de esas personas rectas…

Toda la obra de Lizano o como él se hacía llamar también, Lizano de Berceo, merece ser leída, destacando especialmente tres poemas extensos: Los Picapedreros, El vendedor de globos y Los sastres. Sin embargo, el poema escogido esta semana nace del recuerdo de unas palabras que la madre repetía al poeta en su infancia: “A mí me gustan las personas rectas…”.

LAS PERSONAS CURVAS
Mi madre decía: A mí me gustan las personas rectas.

A mi me gustan las personas curvas,
las ideas curvas,
los caminos curvos,
porque el mundo es curvo
y la tierra es curva
y el movimiento es curvo;
y me gustan las curvas
y los pechos curvos
y los culos curvos,
los sentimientos curvos;
la ebriedad: es curva;
las palabras curvas;
el amor es curvo;
¡el vientre es curvo!;
lo diverso es curvo.
A mi me gustan los mundos curvos;
el mar es curvo,
la risa es curva,
la alegría es curva,
el dolor es curvo;
las uvas: curvas;
las naranjas: curvas;
los labios; curvos;
los paraísos, curvos
(no hay otros paraísos);
a mi me gusta la anarquía curva.
El día es curvo
y la noche es curva;
¡la aventura es curva!
Y no me gustan las personas rectas,
el mundo es recto,
las ideas rectas;
a mi me gustan las manos curvas,
los poemas curvos,
las horas curvas;
¡contemplar es curvo!;
(en las que puedes contemplar las curvas
y conocer la tierra);
los instrumentos curvos,
no los cuchillos, no las leyes:
no me gustan las leyes porque son rectas,
no me gustan las cosas rectas;
los suspiros: curvos;
los besos: curvos;
las caricias: curvas.
Y la paciencia es curva.
El pan es curvo
y la metralla recta.
No me gustan las cosas rectas
ni la línea recta:
se pierden
todas las líneas rectas;
no me gusta la muerte porque es recta,
es la cosa más recta, lo escondido
detrás de las cosas rectas;
ni los maestros rectos
ni las maestras rectas:
a mi me gustan los maestros curvos,
las maestras curvas.
Ni los dioses rectos:
¡Libérennos los dioses curvos de los dioses
rectos!
El baño es curvo,
la verdad es curva,
yo no resisto las verdades rectas.
Vivir es curvo,
la poesía es curva,
el corazón es curvo.
A mi me gustan las personas curvas
y huyo, es la peste, de las personas rectas.

(Jesús Lizano)

Enlace del video

Selección y reseña: Sebatián Solana (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 2. 3ª Temporada. 27 de septiembre de 2019

Sonetos a Orfeo, XXVII Rainer Maria Rilke, 1922-1923

El tiempo destructor ¿existe realmente?
¿Cuándo sobre el monte apacible se derruirá el castillo?
Y este corazón que infinitamente a los dioses pertenece,
¿al Demiurgo cuándo se habrá de someter?

¿En verdad somos tan angustiosamente quebradizos
que quiera el destino hacérnoslo verificar?
La infancia acaso, prometedora y profunda,
más tarde ¿en las raíces enmudece?

Ah, el fantasma de la caducidad
se filtra como el humo
en el que fue sin malicia susceptible.

Así, como somos, y aun siendo pasajeros,
las permanentes fuerzas remontamos
para un divino menester.

                                (Rainer Maria Rilke, 1922-1923)

Rilke nació en Praga (1875-1926), aunque su lengua materna y literaria era el alemán. La publicación de los Sonetos a Orfeo se produce en la última etapa de su vida, que coincide con su segunda gran etapa poética y en la que aparecen también las Elegías de Duino. Se trata, por tanto, de una obra de madurez donde aparecen condensadas todas las preocupaciones del autor: la construcción objetiva de una realidad poética a partir de elementos reales, la consideración del poeta como un intérprete o mediador ante la trascendencia, los recuerdos del pasado lejano o las relaciones del hombre con la divinidad.

Este poema destila una melancolía que se abre con la pregunta acerca de si existe este tiempo inmisericorde que devasta todo a su paso. El monumento imponente caerá y nuestra vida llegará a su fin, aunque desconocemos los plazos de vencimiento. Es de notar que Rilke no dice que ese corazón tenga que obedecer a los dictados de Dios, sino que alude al “Demiurgo”, figura que aparece, entre otras partes, en Platón y en los gnósticos cristianos, y que representa al Dios creador.

Parece como si no nos creyéramos del todo vulnerables y necesitáramos una confirmación, una prueba. La madurez, el alejamiento de la infancia, nos hace ir hundiéndonos poco a poco en la tierra, siendo conscientes de esa verdad inmutable que desde hace millones de años rige el mundo. Cada vez somos más conscientes de esta ley innata. Rilke habla de “caducidad”, sustantivo que hace referencia tanto al fin de los productos perecederos como al recorrido de un plazo. Pero no todo es tan negativo y existe una fuerza que nos empuja “para un divino menester”, es decir, que invisibles poderes nos alientan a cumplir los misteriosos caminos que el destino nos tiene trazados.

Pero volvamos a la pregunta del principio: ¿existe el tiempo? Este poema se pregunta sobre cuál es su función, en caso de existir, y qué misteriosas fuerzas nos hacen seguir adelante sin desfallecer aún en las peores adversidades.

Selección y reseña: José Alberto Martín Mancera (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 1. 3ª Temporada. 20 de septiembre de 2019

Cuéntamelo otra vez

Cuéntamelo otra vez, es tan hermoso

que no me canso nunca de escucharlo.

Repíteme otra vez que la pareja

del cuento fue feliz hasta la muerte,

que ella no le fue infiel, que a él ni siquiera

se le ocurrió engañarla. Y no te olvides

de que, a pesar del tiempo y los problemas,

se seguían besando cada noche.

Cuéntamelo mil veces, por favor:

es la historia más bella que conozco.

                                            (Amalia Bautista)

Como primer poema del curso entrante, un hermoso ejemplo de como con poco se puede decir mucho, de como la poesía, exigente proceso de esmero y selección, es capaz de transmitir un elevado concepto con los elementos mínimos y sin necesidad de ornamentos o fuegos retóricos excesivos. La poetisa madrileña Amalia Bautista (ya reseñada en alguna otra ocasión en esta misma sección) celebra la utopía de la vida perfecta, subrayada por ese amor incorruptible (tan limpio y puro) que casi parece de cuento. La literatura, una vez más, funcionando en esos limpios, precisos, perfectos, diez versos tal que un espejo en el que mirarse, una posibilidad necesaria de creer en la pasión inmaculada.

Licenciada en Ciencias de la Información, Amalia Bautista es una de las voces más claras, reconocibles y conmovedoras del reciente panorama literario. Quienes queráis conocer más, podéis leer obras de la talla de Cárcel de amor, La poesía y el mar o Cuéntamelo otra vez (de donde se ha extraído el poema que aquí nos convoca).

Su tremenda calidad ha hecho que buena parte de sus textos haya conocido traducción a lenguas tales como el portugués, italiano, ruso o árabe.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 44. 21 de junio de 2019

Los besos de amor

Oda III

Cuando mi blanda Nise
lasciva me rodea
con sus nevados brazos
y mil veces me besa,

cuando a mi ardiente boca
su dulce labio aprieta,
tan del placer rendida
que casi a hablar no acierta,

y yo por alentarla
corro con mano inquieta
de su nevado vientre
las partes más secretas,

y ella entre dulces ayes
se mueve más y alterna
ternuras y suspiros
con balbuciente lengua,

ora hijito me llama,
ya que cese me ruega,
ya al besarme me muerde,
y moviéndose anhela,

entonces, ¡ay!, si alguno
contó del mar la arena,
cuente, cuente, las glorias
en que el amor me anega.

(Juan Meléndez Valdés)

Y terminamos nuestro lírico curso con unos versos de uno de los poetas de un siglo decisivo: el XVIII. La Ilustración y el Racionalismo, indudablemente, sentaron las bases de nuestra sociedad, alentando una nueva sensibilidad perfectamente rastreable en la bonita oda que nuestro Batilo (sobrenombre del autor) dedica a su Nise (siguiendo la arcana tradición lírica de los nombres como disfraz).

En efecto, lo vetusto y lo novedoso se dan la mano en esta delicada composición que escapa de las oscuridades barrocas, apostando por esa amable claridad que llegó a alumbrar una de las estéticas más curiosas de la época, ligeramente presente en este texto: la “cursilería”, esa elegancia impostada que surge del Buen Gusto (uno de los pilares del arte del periodo), con su tendencia al diminutivo y al comedimiento, como si la explosión expresiva se avergonzara, alumbrando una belleza discreta, que transforma el erotismo explícito en jocosa sugerencia.

El XVIII quizás sea aún encrucijada de tendencias por descubrir. Si rascamos en esa superficie convencional, nos toparemos con literaturas radicales (Sade o Voltaire) que adelantan los juegos vanguardistas del siglo XX (e incluso del XXI), tal y como es el caso de las Noches lúgubres de José Cadalso, que parecen hartarse del elegante refreno  de la fantasía sicalíptica de Valdés. Como diría Bécquer, poco tiempo después, “junto al volcán la flor”.

Quizás la respuesta a las muchas sensibilidades de ese periodo fascinantes de nuestra Historia la encontremos en la mirada de otro de los grandes nombres del periodo, Gaspar Melchor de Jovellanos, también magistralmente representado por Francisco de Goya en uno de sus cuadros, destilando ese toque melancólico del incomprendido, del estar desubicado, de pertenecer a la tierra de nadie de un mundo en proceso de transformación.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 43. 14 de junio de 2019

Romance del Conde Niño

Conde Niño por amores
es niño y pasó la mar;
va a dar agua a su caballo
las mañanas de San Juan.
Mientras el caballo bebe,
él canta dulce cantar;
todas las aves del cielo
se paraban a escuchar.
La reina estaba labrando,
la hija durmiendo está:
-Levantaos, Albaniña,
de vuestro dulce folgar,
sentiréis cantar hermoso
la sirenita del mar.
-No es la sirenita, madre,
la de tan bello cantar,
sino es el conde Niño
que por mí quiere finar.
-Si por tus amores pena,
¡oh, malhaya su cantar!,
Y porque nunca los goce,
yo le mandaré matar.
-Si le manda matar, madre,
juntos nos han de enterrar.
El murió a la media noche,
ella a los gallos cantar;
a ella como hija de reyes
la entierran en el altar;
a él como hijo de conde
unos pasos más atrás.
De ella nació un rosal blanco,
de él nació un espino albar;
crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar;
La reina llena de envidia
ambos los mandó cortar;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar.
De ella naciera una garza,
de él un fuerte gavilán,
juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan par a par.

(Anónimo)

La lírica castellana tiene en sus textos antiguos algunas de sus más brillantes joyas. Si en la tradición culta, Jorge Manrique o Gonzalo de Berceo forman parte de un exclusivo parnaso, en la tradición popular sería este bonito romance el que alcanzaría excelsas cotas de calidad artística. Su anonimato lo hace aún más especial, pues parece ligar el romance aún más a ese inconsciente colectivo del que, indudablemente, han surgido las más bellas historias. Así las cosas, estamos ante un cuento popular escrito en verso, con algunos de los ingredientes característicos del mismo (los niños, la madre mala, el hecho maravilloso y el final feliz). La escena (maravillosa hipérbole) de las aves deteniéndose al oír cantar a uno de sus protagonistas enraíza la composición con el mito de Orfeo, si bien en este caso las posibilidades amatorias quedan satisfechas cuando los amantes vuelan libres, transformados en aves, escapando a los obstáculos de una sociedad en la que no tiene acomodo el amor (un clásico siempre lo es por los verdades que suele contener).

El vuelo de las aves enamoradas se adelanta unos cuantos siglos a las enamoradas cenizas al viento de nuestro Quevedo, alentando (otros cuantos siglos después) la maestría de Paco Ibáñez (una vez más en nuestra sección), quien puso música y voz a esta obra maestra de la Literatura Universal.

http://www.youtube.com/watch?v=a_C2BKNmbPU

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)   

Semana 42. 7 de junio de 2019

Cómo tú…

Así es mi vida,

piedra,

cómo tú, cómo tú,

piedra pequeña;

como tú,

canto que ruedas

por las calzadas

y por las veredas;

cómo tú,

guijarro humilde de las carreteras;

cómo tú,

que en días de tormenta

te hundes

en el cieno de la tierra

y luego

centelleas

bajo los cascos

y bajo las ruedas;

como tú, que nos has servido

para ser ni piedra

de una Lonja,

ni piedra de una Audiencia,

ni piedra de un Palacio,

ni piedra de una Iglesia;

como tú,

piedra aventurera;

como tú,

que, tal vez, estás hecha

sólo, para una honda,

piedra pequeña,

y

ligera.

       (León Felipe( 1884-1968) : poeta libre y de la libertad)

        (Del libro “Versos y oraciones de caminante”, 1920)

Poema para pensar, de un poeta sencillo, León Felipe, que anticipa en estas letras lo que será su vida: viajes de aquí para allá, de su Tábara natal y zamorana a Madrid, luego Guinea Ecuatorial, Méjico, Panamá, Valencia, tres años de cárcel por deudas, Madrid, Valencia, Barcelona en la segunda República, y al finalizar la Guerra civil española, este “publicano” y republicano, vive un largo exilio latinoamericano, hasta fallecer en Méjico en 1968.

En los últimos años del franquismo y principio de la Transición a la democracia, se recupera su figura .Sus poemas inspiran la lucha para conseguir las libertades políticas. Los niños de la transición, lo leemos en los libros de Lengua castellana de BUP, y muchos intentan imitar está métrica poco matemática y anticlásica. Era difícil conseguirlo en las bibliotecas y uno ahorraba para comprarse la antología publicada, en Selecciones Austral, e intentaba no prestarla a nadie, por si acaso no volvía. Yo aún lo conservo, forrado en transparente, comprado en septiembre del 83, y en la Librería Pérez, del Tubo de Zaragoza (calle Cinegia,nº 5), donde se vendían libros y tebeos de segunda mano y a precio de saldo. Hoy, el edifico, que era una casona típica renacentista aragonesa , no existe, se derribó, y su espacio es la terraza trasera del café-cantante del Plata.

Si uno no quiere leerlo, puede escucharlo, éste y otros poemas, musicados , por el gran cantautor, Paco Ibáñez.

Y además, nuestras vidas, como escribe León Felipe, son piedras humildes , viajeras, aventureras y ligeras … (¡dejad el móvil y pensad sobre lo que nos quiere decir Felipe Camino Galicia, que firmó cómo “León Felipe”!).

A plantar fuertes.

Selección y reseña: Francisco Murillo Esteban (Departamento de Geografía e Historia. Burócrata).

Semana 41. 31 de mayo de 2019

¡Qué a gusto sería

sombra de tu cuerpo!

¡Todas las horas del día, de cerca

te iría siguiendo ¡

Y mientras la noche

reinara en silencio,

toda la noche tu sombra estaría

pegada a tu cuerpo.

Y cuando la muerte

llegara a vencerlo ,

solo una sombra por siempre serían

tu sombra y tu cuerpo.

(Augusto Ferrán)

Augusto Ferrán (Madrid 1835-1880), poeta español perteneciente al postromanticismo. Gran amigo de Gustavo Adolfo Bécquer, contribuyó a la gran renovación de la lírica española de mediados del siglo XIX. Su poesía supuso una ruptura con el tono declamatorio cultivado hasta entonces, pues él utiliza un registro que se acerca muchísimo más al nivel oral, con el que consigue mayor intimismo y sentimiento en su contenido, apoyándose en lo breve y lo sugerido, línea que seguirán Bécquer, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez.

Todo el poema se sustenta sobre la metáfora de la sombra, el poeta es sombra de la amada, no puede ni quiere separarse de ella ( ¡ tan fuerte es su amor! ), incluso en la noche sigue existiendo su sombra y, como culminación de esa pasión, la sombra, trasunto del poeta, la acompañará más allá en la muerte.

Este poema expresa de forma muy sutil y delicada ese amor inmortal , ese amor que permanece intacto más allá de la muerte, que nos recuerda, sin poder evitarlo ,a ese soneto de Francisco de Quevedo , calificado como uno de los más hermosos poemas de amor de nuestra literatura, ese que comienza “Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra…” Ambas poesías se centran en un tema universal, el amor, en este caso presentado de forma intimista y, a su vez, apasionada , como la sombra que nunca nos abandonará .

Selección y reseña: Teresa Gómez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 40. 24 de mayo de 2019

El loco

He vivido entre los arrabales, pareciendo

un mono, he vivido en la alcantarilla

transportando las heces,

he vivido dos años en el Pueblo de las Moscas

y aprendido a nutrirme de lo que suelto.

Fui una culebra deslizándose

por la ruina del hombre, gritando

aforismos en pie sobre los muertos,

atravesando mares de carne desconocida

con mis logaritmos.

Y sólo pude pensar que de niño me secuestraron para una alucinante batalla/

y que mis padres me sedujeron para

ejecutar el sacrilegio, entre ancianos y muertos.

He enseñado a moverse a las larvas

sobre los cuerpos, y a las mujeres a oír

cómo cantan los árboles al crepúsculo, y lloran.

Y los hombres manchaban mi cara con cieno, al hablar,

y decían con los ojos «fuera de la vida», o bien «no hay nada que pueda/

ser menos todavía que tu alma», o bien «cómo te llamas»

y «qué oscuro es tu nombre».

He vivido los blancos de la vida,

sus equivocaciones, sus olvidos, su

torpeza incesante y recuerdo su

misterio brutal, y el tentáculo

suyo acariciarme el vientre y las nalgas y los pies

frenéticos de huida.

He vivido su tentación, y he vivido el pecado

del que nadie cabe nunca nos absuelva.

(Leopoldo María Panero)

Cuando José María Castellet publicó su estudio Nueve novísimos poetas españoles (Península, 1970) incluyó a Leopoldo María Panero (1948-2014) en la nómina de poetas más influyentes de la década de 1960. Nunca se sintió un integrante del grupo.

Una de las primeras apariciones públicas de Panero nos la ofrece el director Jaime Chávarri en su película El desencanto. En ella se presenta también su familia: el recuerdo del autoritario padre fallecido,  Leopoldo Panero – poeta arraigado de la Generación del 36 -; su madre, Felicidad Blanc (escritora mediocre pero con cierto prestigio) y sus hermanos Michi y Juan Luis. Crítica velada del franquismo, fue la última película española en sufrir la persecución de la censura. En la cinta se nos desnuda –casi literalmente-  un personaje único e inclasificable.

Leopoldo María Panero siempre fue un inadaptado, la oveja negra de la familia: repetidos intentos de suicidio, homosexualidad reprimida, alcoholismo crónico, coqueteos con las drogas y periodos de internamiento en manicomios como el de Mondragón (justo el mismo año en que apareció en la famosa antología) o el de Canarias, donde ingresó de forma voluntaria, son referencia en muchos de sus poemas. A pesar de su azarosa trayectoria, nos ha dejado regularmente entregas de gran calidad, y es un poeta, narrador y ensayista imprescindible.

Excesivo y marginal, en constante autodestrucción, nos dejó hace cinco años, olvidado por todos menos por un reducido grupo de amigos y profesores.

Selección y reseña: Miguel Ángel Aragüés (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 39. 17 de mayo de 2019

NO VOLVERÉ A SER JOVEN
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan solo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

(Jaime Gil de Biedma, Poemas póstumos)

Es Jaime Gil de Biedma (1929-1990) un poeta de no muy extensa producción, pero dueño de una cuidada expresión lírica que queda claramente manifiesta en el poema que hoy reseñamos. Autor de los poemarios Según sentencia del tiempo (1953), Moralidades (1966) o Poemas póstumos (1969), destaca su uso exacto y preciso de las palabras y la tendencia a un lenguaje coloquial, cercano a veces al prosaísmo, que hace sencillo adentrarse en su mundo poético, compartamos (o no) el juicio moral, a veces cínico, que en ocasiones emana de su poesía.

Sobrio es, sin duda, el lenguaje poético de “No volveré a ser joven”, sencillo y preciso desde el mismo título del poema, que a modo de sentencia incuestionable nos adentra en la certeza de que atrás quedó la alegre y despreocupada primavera en la vida del poeta. Es un lenguaje asequible al que cualquiera puede acercarse y entender, pero lleno de expresividad poética.

Gil de Biedma, en un tono marcadamente narrativo, se observa a sí mismo con unos años menos, se juzga y nos juzga (“como todos los jóvenes yo vine a llevarme la vida por delante”), aborda uno de los grandes temas de su poesía: el paso implacable del tiempo. Y para hacerlo, para compartir con nosotros el clásico “Tempus fugit”, utiliza la imagen de un teatro, la metáfora de una representación dramática en la que, al final, lo que importa son las “dimensiones del teatro”. Y es que, en los últimos versos, Gil de Biedma ya no mira hacia su juventud condescendientemente, sino que cede espacio al desencanto para plantearnos “la verdad desagradable”, su verdad, una nueva sentencia que sentimos aún más incuestionable que el título y aún más demoledora, porque nos atañe a todos: “envejecer, morir, es el único argumento de la obra”.

(Dejamos aquí la versión cantada de este poema por Loquillo https://youtu.be/t1iri1gDVHw )

Selección y reseña: Esther Herguedas (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 38. 10 de mayo de 2019

Invierno

Como las gotas en el vidrio,
como las gotas de la lluvia
en una tarde somnolienta,
exactamente iguales,
superficiales,
ávidas todas,
breves,
se hieren y se funden,
tan, tan breves
que no podrían dar cabida al miedo,
que el espanto no debiera hacer huella
en nosotros.
Después, ya muertos, rodaremos,
redondos y olvidados.

(Ida Vitale)

Ida Vitale, la poeta nacida en Montevideo en 1923, es la quinta mujer galardonada con el Premio Cervantes en sus 43 ediciones. Además, como dato curioso, su designación ha roto con una regla no escrita. Desde 1996 se había alternado un galardón español con uno iberoamericano y el año pasado se le concedió al escritor nicaragüense Sergio Ramírez. El jurado manifestó en el momento de dar a conocer el fallo que habían elegido a la escritora “por su lenguaje, uno de los más destacados y reconocidos de la poesía moderna en español, que es al mismo tiempo intelectual y popular, universal y personal, transparente y honda. Convertida desde hace un tiempo en un referente fundamental para poetas de todas las generaciones y en todos los rincones del español”.

Vitale, también ensayista, profesora, traductora y crítica literaria, es la última superviviente de la Generación del 45, un grupo de escritores uruguayos que surgieron entre 1945 y 1950 y entre los que se encuentran, también, Carlos Maggi, Ángel Rama y Mario Benedetti y que tuvieron una influencia muy destacada en el panorama cultural, social y político de Uruguay.

Estudió en la Facultad de Humanidades de Montevideo donde tuvo como profesor a José Bergamín, a quien reconoce como una de sus mayores influencias. De él es el manuscrito que depositó como legado en la Caja de las Letras, la antigua cámara acorazada del banco que albergaba la sede del Instituto Cervantes y en el que es tradición que los premiados dejen algún objeto personal.

En los años setenta, Ida Vitale se exilió en México, obligada por la dictadura, donde entró en contacto con Octavio Paz y ejerció la crítica literaria para distintas publicaciones.

Su obra poética, enmarcada en el simbolismo, está caracterizada por el uso de un lenguaje preciso, sutil, e inteligente y muestra un fuerte influjo de Juan Ramón Jiménez, al que conoció y considera un maestro en la poesía.

Una vez que acabó su discurso en el púlpito del paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, acalló los aplausos para añadir, de forma improvisada, la siguiente frase: “Querría hacerme perdonar la audacia de venir aquí, a este lugar, y meterme a hablar de Cervantes”.

Selección y reseña: Ana Bellé (Departamento de Matemáticas)

Semana 37. 3 de mayo de 2019

EL DESAYUNO

Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase que lo resume todo,/
o cuando ríes (tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».

(Luis Alberto de Cuenca)

Luis Alberto de Cuenca Prado nació en Madrid un 29 de diciembre, allá por el 1950. De profesión es filólogo, poeta, traductor, ensayista, crítico, editor literario e investigador español. Además de sus ocupaciones antes detalladas, es académico de número de la Real Academia de la Historia, académico corresponsal en Madrid de la Academia de Buenas Letras de Granada y vocal del Real Patronato del Museo del Prado.

Visto su ajetreado día a día, centrémonos en su quehacer literario, con traducciones, ensayos y poemas, entre otras muchas composiciones, hoy hemos escogido “El desayuno”, poema perteneciente a su obra de 1993 La rosa y el hacha, poemario fácil de leer, con un lenguaje y expresión que hace un guiño a cualquier tipo de lector.
“El desayuno” es un poema de amor, habla del amor verdadero, de un amor natural, lleno de virtudes y defectos, sin tapujos ni maquillajes, valorado con sus aspectos positivos y negativos, asemejándose a una lista de pros y contras, dejando muy claro que en balance de la lista es que nos convence el producto, el amor.
Para todo ello se vale el autor de una estructura paralela que utiliza para introducir momentos y sus análisis, un lenguaje totalmente coloquial, dando al poema frescura y algo muy especial, el fácil entendimiento, el hecho de que cualquiera pueda entenderlo, sonreír y hacerlo suyo, le guste o no la poesía, y sea conocedor o no, del autor, género o lenguaje, el lector podrá entenderlo porque es natural, como la vida, con sus aciertos y errores, ventajas y desventajas, como el despertar y, más tarde o más temprano, desayunar.

Profundizando un poco más podríamos ver su parecido y relación con el poema 15 de Pablo Neruda, poema de amor que también utiliza paralelismos y lenguaje coloquial al elaborar una lista de los aspectos que alaba de la mujer a la que ama. Este empieza así:

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Para acabar la reseña os invito a ver este video en el que el autor recita en su biblioteca el poema, transmitiendo esa frescura y naturalidad que tanto hemos nombrado, podéis hacerlo siguiendo este enlace:
https://www.youtube.com/watch?v=t2-atcNY0DE .

Seleccción y reseña: Marimar Castro Giménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 36. 26 de abril de 2019

GALOPE

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

A corazón suenan, resuenan, resuenan
las tierras de España, en las herraduras.
Galopa, jinete del pueblo,
caballo cuatralbo,
caballo de espuma.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie;
que es nadie la muerte si va en tu montura.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
que la tierra es tuya.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

(Rafael Alberti)

Nos encontramos ante una de las más populares composiciones del poeta gaditano Rafael Alberti, uno de los miembros fundamentales de la Generación del 27, que marchó al exilio (al igual que otros compañeros generacionales como Luis Cernuda, Emilio Prados o Luis Buñuel) tras la Guerra Civil, regresando a nuestro país en el año 1977 (como curiosidad, indicar que fue uno de los más longevos miembros de la mentada generación artística).

El poema seleccionado fue compuesto por Alberti durante el susodicho periodo belicista, con la finalidad de alentar a las tropas republicanas. Destaca su obvia filiación telúrica, donde toman dramático protagonismo las imágenes de primitiva fuerza (el caballo, su galopar, el mar…) configurando un canto que, con el paso del tiempo, se ha transformado en emblema universal de resistencia y lucha.

La designación de canto no es casual, no ya por la tradicional ligazón de toda lírica al ámbito de lo musical sino porque Paco Ibáñez adaptó las letras de Alberti dando lugar a un himno, de sobras conocido, cuyo enlace os facilitamos a continuación.

http://www.youtube.com/watch?v=15JfnrqBqSI

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 35. 12 de abril de 2019.

EN CAMINO A SINOPE

Mitrídates, glorioso y potente,

señor de grandes ciudades,

poseedor de ejércitos poderosos y de flotas,

mientras iba a Sinope pasó por un camino

de campo muy apartado

donde tenía su morada un adivino.

Envió Mitrídates un oficial

a preguntar al augur cuánta riqueza aún

poseería en el futuro, cuánto poder más.

Envió un oficial suyo, y después

continuó su camino hacia Sinope.

Se retiró el adivino a un cuarto secreto.

Después de más o menos media hora salió

preocupado, y dijo al oficial:

No pude distinguir en forma satisfactoria.

El día no es apropiado hoy.

Vi cosas oscuras. No comprendí bien.

Pero que se contente, pienso, el rey con cuanto tiene.

Algo más le traería peligros.

Acuérdate de decirle esto, oficial:

¡con lo que posee, por Dios, que se contente!

La fortuna tiene cambios repentinos.

Dile al rey Mitrídates:

muy raramente se encuentra el compañero noble, de su antepasado

que escribe con su lanza sobre el suelo oportunamente

la frase salvadora Mitrídates huye”.

                                         (Constantino Cavafis)

Cavafis es un poeta griego nacido en Alejandría en 1863. Fue una de las figuras literarias
más importantes del siglo XX, influyendo en diversos autores. En España influyó en
algunos como Jaime Gil de Biedma y se ha discutido su influencia en otros como Cernuda.
En este poema nos habla de Mitridates VI, también conocido como “Mitridates el
Grande”, que nació y creció en Sinope. Era hijo de Mitridates V del Ponto, el cual fue
envenenado. Tras la muerte de su padre, su madre( Laodice VI) actuó como regente.
Entonces él abandonó el reino, pero posteriormente regreso a Ponto y depuso a su
madre, encarcelándola a ella y a su hermano menor. Luego se casó con una hermana
suya.

Expandió su reino y tras conquistar Anatolia ordenó la matanza de ciudadanos romanos
que vivían allí, pero tras la primera guerra mitriadiática, Lucio Cornelio Sila lo venció y lo
expulsó de Grecia; luego tras una revuelta en Italia y otras dos contiendas, fue finalmente
derrotado en la tercera guerra mitriadiática por Cneo Pompeyo Magno.
Posteriormente, trató de levantar un nuevo ejército pero no lo logró. Huyó a
Panticapaeum donde fue forzado por su hijo Farmaces II a suicidarse.

Tras esta breve historia del personaje, es más fácil conocer este pasaje del que nos
habla Cavafis. En él Mitridates se dirige de nuevo a Sinope. Su ambición, como puede
deducirse de su historia, parece que no tenía límites e intenta luchar una y otra vez
aunque haya sido vencido. El personaje parece que se ha visto envuelto por numerosas leyendas. Y este hecho sea
quizá lo que inspire al escritor a hablar de ese adivino que le previene sobre su sensata
huida. Y significativas son también las frases que le dice al mensajero: “Que se contente,
pienso el rey con cuanto tiene” y más adelante: “¡Con lo que posee, por Dios, que se
contente”.

En ambas frases parece quedar patente que la ambición desmedida solo le va a traer
problemas. Esa advertencia de indicarle que se contente con lo que tiene es la señal de
alarma para que pare, que no siga adelante en su camino, en cuyo final en definitiva le
aguarda la muerte.

El poema acaba con el sabor agridulce del adivino que finalmente no comprende esa
obsesión del rey por continuar ese camino cuando él le dice que muy pocas veces alguien
se encuentra con la frase salvadora de “Mitridates, huye”.

Sinope es pues la metáfora de la muerte y el camino es la vida. La propia biografía del
personaje sirve para argumentar sobre los caminos equivocados que pueden llevar a la
destrucción. Así, en este caso como en otros, la huida no es una derrota, sino por el
contrario, puede ser una victoria.

El pasaje encarna en cierto modo la estupidez humana, ya que aun habiendo
preguntado a un adivino y habiéndose dejado aconsejar, sigue tomando el camino
equivocado. La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿Para qué preguntar ante una
respuesta que nos es indiferente?

Hay otros poemas del autor que son muy conocidos, entre los que destaca Ítaca, que
partiendo de la mítica isla de Ulises, le sirve de punto de partida metafórico para dar
consejos a una persona joven que emprende el camino de la vida. Dicho poema también
fue controvertido, pero independientemente de las filias y las fobias, Cavafis se sirve con
frecuencia de historias o leyendas conocidas y generalmente cercanas a él para establecer paralelismos que tomando como modelo lo particular llegan a lo general y lo expanden en
forma de espejo como las grandes preocupaciones y verdades universales que han hecho
que la gran mayoría de sus poemas sigan perdurando.

Selección y reseña: Avelina Pablo

Semana 34. 5 de abril de 2019

CARTONES CANÍBALES

(poema finalista en el Certamen “II Umbral de la poesía” de Valladolid)

ADVERTENCIA: POR PROBLEMAS DE CONFIGURACIÓN, HEMOS MARCADO LA SEPARACIÓN CORRECTA DE LOS VERSOS CON EL CORRESPONDIENTE SIGNO: /. ROGAMOS DISCULPEN LAS MOLESTIAS.

¡Cuidado con las cajas vacías,/
esas perfectamente bronceadas que hablan de fragilidad!/
Observa los entornados párpados de sus ojos esquivos/
en su letargo de digestión lenta/
que evitan mirar de frente y mostrar su interior./
Despliegan su cuerpo ahora tridimensional,/
abren la boca y devoran la inutilidad del mundo./
Tienen hambre de ropa vieja, desfasada, incómoda o inconveniente,/
de vestidos de novia./
Se alimentan de aparatos aniquilados por la era tecnológica y/
tragan con ansia viejas cajitas/
que fueron úteros fértiles garantizados/
siempre a la espera de mejorar el parto./
Pero su manjar predilecto, presa fácil,/
son los manuales de instrucciones,/
ingenuos, ignorados, impotentes/
como docentes sin autoridad./
Amordaza esas cajas con cinta adhesiva,/
cierra sus fauces hambrientas/
antes de que te engullan/
una tarde de aburrimiento, soledad o angustia./
Para mí ya es tarde./
La caja marrón estira sus solapas,/
me estrangula con su garganta áspera,/
deposita mi cuerpo en el interior de su estómago/
y se cierra tras un raspazo./
Antes de ser digerido,/
vislumbro entre las rendijas/
las palabras que se grabarán en mi epitafio:/
“¡Otra caja al trastero!”./
(Estela Puyuelo)

Hoy traemos una pequeña delicatessen envenenada con sorpresa final. Un bocado delicioso a la par que angustiante, escrito en un lenguaje fresco y fácilmente digerible, pero cuya crudeza existencial, tan llena de sentido, puede hacerlo demasiado contundente para el cerebro, esa especie de intestino del pensamiento, pese a su suave y delicado sabor. Aunque como suele decirse, lo que no mata engorda, o te hace más fuerte (mentalmente en este caso, o lúcido). El caso es que nos presenta toda una época, la actual, en la que la vida puede resultar ligera, incluso hueca y vacía, precisamente por sobreabundancia de todo tipo superficialidades que dejan las mentes acartonadas, llegando incluso hasta el punto de encerrarnos en pensamientos unidimensionales, empachados por un exceso de datos, información, ofertas de objetos de consumo y entretenimiento que llenan falsas necesidades, dejándonos hambrientos de sentido. Como los “gusanitos” que llenan, pero no alimentan.

En definitiva, falsas opciones que nos encierran en un tiempo “embalado”, que siempre se nos hará escaso, aunque viviésemos mil años, para hacer todo lo que nos obligamos a hacer por sentirnos completos y con una vida plena, llena. Todos llevamos una especie de síndrome de Diógenes dentro que nos impide deshacernos de lo inútil. ¿Y quién no ha tenido esa sensación de no encajar del todo en este mundo? ¿Dónde guardamos lo que de verdad importa? ¿Dónde estará la cajita con la llave secreta de nuestros sueños, los más profundos, escondidos y verdaderos? ¿Acaso la perdimos de niños, cuando alegremente nos llamaban “trastos” mientras jugábamos a ser de adultos? En fin… sólo son algunas de las esencias que desprende y evoca este plato sencillo y bien servido, embadurnado con su pizca de humor, a modo de especia, que camufla un fuerte amargor vital. Diría que se trata de una mezcla de carpacho y harakiri serenamente visceral, a modo de cata o degustación, con el que poder “saberse” humano.
Este poema fue finalista del II Certamen Umbral de la Poesía» de Valladolid (2015) y su autora es la poeta oscense y también profesora Estela Puyuelo, que ha publicado, entre otros libros, “Todos los gusanos de seda” y dirigido la obra multidisciplinar “Eso tiene ser mujer: La casa de Bernarda Alba en clave poética” en la que uno tuvo el honor de participar, además de su faceta periodística y activista cultural.

Selección y reseña: Javier Castán (Departamento de Filosofía)

Semana 33. 29 de marzo de 2019

AUNQUE TÚ NO LO SEPAS

Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo
iluminado
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos…

Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.

También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuanto te marchas.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.

Espiada a la sombra de tu horario
o en la noche de un bar por mi sorpresa.
Así he vivido yo,
como la luz del sueño
que no recuerdas cuando te despiertas.

(Luis García Montero)

En 1994 el poeta granadino Luis García Montero publica, el que ya es un clásico contemporáneo, “Habitaciones separadas”, distinguido con el Premio Nacional de Poesía, en el que encontramos este poema “Aunque tú no lo sepas”, Versos que siguen vivos y no han dejado de inspirar nuevas versiones.

Basándose en estos versos, le cantautor Quique González escribió una canción para el malogrado Enrique Urquijo. La canción bebe de esta historia de amor, aunque tan apenas encontramos coincidencias, salvo el título.

Almudena Grandes reinterpreta el poema en un relato recogido en su libro “Modelos de mujer” de 1996. Y cuatro años después, Vicente Córdoba se inspiraría en esta historia para alumbrar su película titulada, como no, “Aunque tú no lo sepas”.

García Montero, considerado por muchos el mejor poeta de su generación, sigue en este poema esa línea llamada “poesía de la experiencia”, poesía de la vida y de lo cotidiano, llena de situaciones y emociones en las que es fácil reconocerse, expresadas con un lenguaje sencillo y cercano, como describen al propio autor aquellos que lo conocen.

Selección y reseña: Marta Moreno

Semana 32. 22 de marzo de 2019

POEMA DE LA SEMANA. “EL EXPRIMIDOR DE NARANJAS DEJÓ DE FUNCIONAR”

Alfredo E. Quintero es un poeta mexicano nacido en Culiacán Sinaloa, el ocho de agosto de 1969. Estudio la especialidad de Lengua y Literaturas Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México. Pronto empezó a escribir poesía y a ser reconocido como uno de los más destacados renovadores de la poesía mexicana. Es autor de varios libros de poesía, entre los que destaca Cuenta regresiva (2011) obra con la que obtiene el prestigioso Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes.

En Cuenta regresiva, el poeta presenta una poesía mundana de objetos cotidianos y cercanos al lector pero que después de una reflexión cobran un significado diferente y de mayor trascendencia. Estos poemas nos hablan del dolor y la ausencia, de la soledad y la añoranza, pero desde la cercanía de lo cotidiano y de lo familiar.

Poemas como El exprimidor de naranjas dejó de funcionar nos muestran como un electrodoméstico tan cotidiano puede superar la barrera de lo mundano e invitar a una reflexión trascendental.

El exprimidor de naranjas dejó de funcionar.

Eso pasa.

Las cosas sin importancia

buscan su turno, se dan su importancia

así, no sirviendo,

dejándonos incompletos, ausentándose

en el justo momento.

Y a mí

todo lo que es ausencia, ausentarse,

me rompe los vidrios. Ejerce una poderosa denotación

casi como el que se tira al piso al escuchar el bombardeo,

una balacera.

Lo mismo hizo el sacacorchos.

No estuvo. Tal vez nunca compré uno.

Y el rayador, y el abrelatas

que nunca pensó hacerme tanta falta

me hizo salir al centro comercial

a buscarlo. Como una esposa cuando se enoja

y hay que ir por ella a casa de los suegros, o a buscarla

con la vecina.

No sé por qué me afectan tanto las cosas

que dejan de funcionar, que se ausentan.

A veces he pensado en comprar dos cosas de lo mismo.

Pero no sé si yo pueda

en lo futuro

con dos ausencias.

Selección y reseña: Sebastián Solana (Departamento de Lengua y Literatura)

Semana 31. 15 de marzo de 2019

 
UNA NOCHE DE VERANO
 
Una noche de verano
—estaba abierto el balcón
y la puerta de mi casa—
la muerte en mi casa entró.
Se fue acercando a su lecho
—ni siquiera me miró—,
con unos dedos muy finos,
algo muy tenue rompió.
Silenciosa y sin mirarme,
la muerte otra vez pasó
delante de mí. ¿Qué has hecho?
La muerte no respondió.
Mi niña quedó tranquila,
dolido mi corazón.
¡Ay, lo que la muerte ha roto
era un hilo entre los dos!
 
                                (Antonio Machado)
 
La muerte puede llegar, tan escondida, en cualquier instante, de manera inesperada, segando la vida más cercana, incluso la nuestra, con su terrible guadaña. Esa apacible noche de verano se torna brumosa conforme vamos leyendo los implacables versos de Antonio Machado, obviamente conmovido por el deceso de su amada Leonor.
 
 
El poema pertenece a Campos de Castilla y es quizás mi favorito de toda la producción de don Antonio. Esos 16 versos escapan de la usual preceptiva literaria, de los múltiples análisis que ligan su obra a las características de la Generación del 98. Una noche de verano es un Machado sincero, de octosílabo fácil, directo. El poeta asume, desde su propia experiencia, el universal tema de la muerte, retomando los ecos manriqueños (lo dicho por Manrique en sus medievales Coplas todavía no ha sido superado por ningún poeta ni en ninguna lengua) para dar una perspectiva de la muerte menos conformada. Un Machado que se rebela ante la inexorabilidad de la tragedia, que pregunta desde el amargor, obteniendo silencio como única respuesta.
 
 
El poeta, conmovido, resulta conmovedor. No miento si les cuento que es una composición que, en ocasiones, al ser recitada en clase, ha provocado el llanto de algún que otro alumno. Poesía de verdad. De las que llegan. De las que tocan de cerca.
 
Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)  
 

Semana 30. 8 de marzo de 2019

“Canción del Pirata”

Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín;

bajel pirata que llaman,
por su bravura, “el Temido”,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;

y ve el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Estambul;

(…)

Aquí recojo los primeros fragmentos de la Canción del pirata escrita por José de Espronceda, uno de los máximos representantes de la poesía del primer Romanticismo español de la primera mitad del siglo XIX. Confieso que soy capaz de recitar esta parte de memoria porque la aprendí hace ya muchos años en el colegio, así como su conocido estribillo:

»Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.

Siguiendo en la línea, también confieso (sin ningún rubor), que ya no recordaba cómo continuaba; y que cuando se planteó esta sección de “La poesía de la semana” para la Biblioteca del IES, fue el primer poema que acudió instantáneamente a mi cabeza, muestra de lo fuerte que queda grabado en nuestra memoria lo aprendido en nuestra infancia.

El poema, exalta la figura del pirata como paradigma de la libertad que ha quedado para siempre en el imaginario popular. Muestra de ello lo tenemos en la literatura, con obras tan conocidas como La isla del tesoro (1883) de Stevenson o La venganza de Sandokán (1907) del italiano Salgari. En el cine ha sido y es un personaje de éxito (que se lo digan a Jack Sparrow) y en la música encontramos desde versiones del propio poema en heavy metal de Tierra Santa hasta La del pirata cojo de Sabina. Si nos dan a elegir… ¿hay alguien que no escogería la vida del pirata?

Y para concluir, aquí tenéis el poema completo. Que lo disfrutéis.

Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín;

bajel pirata que llaman,
por su bravura, “el Temido”,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;

y ve el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Estambul;

«Navega velero mío,
sin temor,
que ni enemigo navío,
ni tormenta, ni bonanza,
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

»Veinte presas
hemos hecho
a despecho,
del inglés,

»y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.

»Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.

»Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra,
que yo tengo aquí por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

»Y no hay playa
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,

»que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor.

»Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.

»A la voz de ¡barco viene!
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar:
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.

»En las presas
yo divido
lo cogido
por igual:

»sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.

»Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.

»¡Sentenciado estoy a muerte!;
yo me río;
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena
quizá en su propio navío.

»Y si caigo
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,

»cuando el yugo
de un esclavo
como un bravo
sacudí.

»Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.

»Son mi música mejor
aquilones
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

»Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,

»yo me duermo
sosegado
arrullado
por el mar.

»Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria la mar».

Selección y reseña: Ana Belén Arnauda (Departamento de Geografía e Historia)

Semana 29. 1 de marzo de 2019

OZYMANDIAS

I met a traveller from an antique land,

Who said—“Two vast and trunkless legs of stone

Stand in the desert. . . . Near them, on the sand,

Half sunk a shattered visage lies, whose frown,

And wrinkled lip, and sneer of cold command,

Tell that its sculptor well those passions read

Which yet survive, stamped on these lifeless things,

The hand that mocked them, and the heart that fed;

And on the pedestal, these words appear:

My name is Ozymandias, King of Kings;

Look on my Works, ye Mighty, and despair!

Nothing beside remains. Round the decay

Of that colossal Wreck, boundless and bare

The lone and level sands stretch far away.”

                                   (Peter B. Shelley)

A un viajero vi, de tierras remotas.
Me dijo: hay dos piernas en el desierto,
De piedra y sin tronco. A su lado cierto
Rostro en la arena yace: la faz rota,
Sus labios, su frío gesto tirano,
Nos dicen que el escultor ha podido
Salvar la pasión, que ha sobrevivido
Al que pudo tallarlo con su mano.
Algo ha sido escrito en el pedestal:
«Soy Ozymandias, el gran rey. ¡Mirad
Mi obra, poderosos! ¡Desesperad!:
La ruina es de un naufragio colosal.
A su lado, infinita y legendaria
Sólo queda la arena solitaria».

(Traducción de Fernando G. Toledo)

Ozymandias es uno de los poemas míticos de la Historia de la Literatura. Sus 14 versos (es un soneto anglosajón) nos transmiten la desoladora sensación de un inmenso poder ya fenecido. El paso del tiempo, de irreversible manera, lo sepulta todo; los viejos “reyes poderosos”, parafraseando a Manrique, ven sus “buenas venturas trastornadas”.

Quizás no sepas que sus líneas han servido de inspiración y han sido utilizadas en creaciones artísticas tan populares como Alien Covenant, la última entrega de la popular saga cinematográfica, que se basa en la idea de una todopoderosa civilización ya extinguida (tema que ya estaba presente en Prometheus, su anterior entrega).

En la película citada, se jugaba con la autoría del poema, atribuyéndose a Lord Byron (deberás ver dicha película para entender los motivos), si bien su creador fue Peter B. Shelley, amigo de Byron y, al igual que éste, piedra angular del Romanticismo. Excelso literato, Shelley alcanza además una indirecta notoriedad por contraer nupcias con Mary Wollstonecraft, la autora de una de las novelas más importantes del citado periodo: Frankenstein.

A la luz de los hechos referidos, parece que Shelley se encuentra ligado a manifestaciones góticas de diversa época (por el momento hemos citado dos). El triángulo queda perfectamente conformado si fijamos nuestra mirada en la literatura de otro gran clásico, Howard Philips Lovecraft, cuyos relatos (en los que las civilizaciones perdidas y los dioses arquetípicos tienen una fundamental importancia) resultan tremendamente influidos por el poema de Shelley, siendo, curiosamente, fuente de inspiración del mentado universo Alien: los diseños de H. R. Giger para la primera parte de la saga (en 1978) están fuertemente influidos por los relatos de Los mitos de Ctulhu, y más de un sagaz crítico ha señalado que Prometheus es una adaptación de En las montañas de la locura (la célebre novela corta del maestro de Providence).

Una vez más, los clásicos lo son por su enorme capacidad de influencia y de transformación. Ozymandias vive a través del cine y la literatura, formando parte de los sueños de otros creadores, o apareciendo en las pesadillas de los lectores y espectadores de hoy.

Selección y reseña: Alberto Jiménez

Semana 19. 22 de febrero de 2019

XXIII
 
Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso… yo no sé
qué te diera por un beso.
 
          (Gustavo Adolfo Bécquer)
 
 
Bécquer es, quizás, uno de esos poetas que no necesitan presentación. Sus rimas son tan populares como una canción de The Queen, Elvis o The Beatles. Al margen de la época y el movimiento literario a las que las adscribe la preceptiva, algunas de sus rimas (hemos elegido la vigésimo tercera), por su sencillez, claridad y espontaneidad son imperecederas, y se ajustan cual guante a cualquier época.
 
 
Al margen del uso del octosílabo o del uso del paralelismo, lo que, en esta época en la que las redes sociales abordan la literatura (pueden darse una vuelta, en caso de no creerme, por cualquier superficie comercial, y echar un vistazo a las novedades, sobre todo juveniles), Bécquer parece más visionario que nunca, como si desde aquella mítica celda en el monasterio de Veruela hubiera soñado con un móvil y un whatsapp, y hubiera compuesto algunas rimillas perfectas para ser enviadas con las pertinentes fotos cursilonas, entre chavalillos enamorados.
 
 
Ya sé que los puristas pueden pensar que lo que aquí escribo es pura frivolidad, que quizás fuera más apropiado entrar en disquisiciones acerca del Romanticismo tardío español, o en coincidencias y desvíos respecto de otros de los grandes como Espronceda, Larra, o mi querida Rosalía de Castro (a quien reseñaré en otra ocasión y entre cuyas composiciones hay una de mis favoritas). ¿Y por qué no mencionar a Byron o Shelley (marido o mujer, elijan ustedes)? Pero no. No lo voy a hacer en esta ocasión. Prefiero dar esta nueva perspectiva, brindar por un acercamiento a los versos del gran Bécquer más desenfadado, intentando justificar la permanente renovación que todo clásico padece, en el buen sentido de la palabra.
 
 
Selección y reseña: Alberto Jiménez Liste (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 18. 15 de febrero de 2019

Oda “A la salida de la cárcel”

Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,

y con pobre mesa y casa
en el campo deleitoso
con sólo Dios se compasa
y a solas su vida pasa
ni envidiado ni envidioso.

(Fray Luis de León)

He aquí un ejemplo de, quizás, uno de los más grandes poetas de nuestras letras (y de las que no son nuestras). Fray Luis de León, cuyos textos, tanto por su forma como por su contenido continúan vigentes, de ahí su categoría de clásico. La oda elegida, A la salida de la cárcel, nos retrotrae a las represalias que este profesor de griego tuvo que sufrir por sus tendencias humanistas, por su defensa del castellano como lengua de cultura, capacitada para difundir los textos bíblicos sin necesidad del latín (de ahí la hermosa traducción que el poeta hizo del Cantar de los Cantares). La oda fue un vehículo estético muy del gusto de este hombre del Renacimiento, pues imponía una medida versicular que obligaba al refreno y a la contención, a decir mucho con poco. Sus textos son fruto de pulimiento y dedicación, de una selección léxica muy meditada, al servicio de una aparente sencillez. Así las cosas, fray Luis siempre persiguió una claridad conceptual que se sustentara en un mensaje de llana hermosura, constituyéndose, por derecho propio, en un maestro de maestros.

Su voz, coherente con la Antigüedad Clásica aunque impregnada de su formación cristiana, se antoja tan original e importante como la de otros hombres de su tiempo (década arriba o abajo): Diego Hurtado de Mendoza, Garcilaso de la Vega, Miguel de Cervantes, San Juan de la Cruz…

A pesar de la fama de su lírica (bálsamo de toda época, incluída esta nuestra) compuso uno de los grandes tesoros de nuestra literatura en prosa, De los nombres de Cristo, paradigma perfecto de la capacidad que la dicha prosa tiene para acercarse a la lírica, mucho antes que llegaran autores renovadores de la talla de Flaubert, Baudelaire, o Marcel Proust.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 17. 8 de febrero de 2019

Miguel Labordeta es, quizás, el mejor poeta aragonés del siglo XX, y uno de los poetas españoles que se tiene que leer más, por su calidad lírica y la profundidad de sus mensajes, que no nos dejan indiferentes. Aquí tenemos un buen ejemplo:

RETROSPECTIVO EXISTENTE.

Me registro los bolsillos desiertos

para saber dónde fueron aquellos sueños.

Invado las estancias vacías

para recoger mis palabras tan lejanamente idas.

Saqueo aparadores antiguos,

Viejos zapatos, amarillentas fotografías tiernas,

estilográficas desusadas y textos desgajado del Bachillerato,

pero nadie me dice quién fui yo.

Aquellas canciones que tanto amaba

no me explican dónde fueron mis minutos

Y aunque torturo los espejos

Con peinados de quince años

O quizá de muerto,

nadie,

nadie me dice dónde estuvo mi voz

ni de qué sirvió mi fuerte sombra mía

esculpida en presurosos desayunos,

en jolgorios de aulas y pelotas de trapo,

mientras los otoños sedimentaban

de pálidas sangres

las bodegas del Ebro.

¿En qué escondidos armarios

guardan los subterráneos ángeles

nuestros restos de nieve nocturna atormentada?

¿Por qué vertientes terribles se despeñan

Los corazones de los viejos relojes parados?

¿Dónde encontraremos todo aquello

que éramos en las tardes de los sábados,

cuando el violento secreto de la Vida

era tan sólo

Una dulce campana enamorada?

Pues yo registro los bolsillos desiertos

y no encuentro ni un solo minuto mío

ni una sola mirada en los espejos

que me diga quién fui yo.

  (Miguel Labordeta de su libro “VIOLENTO IDÍLICO”, 1949)

Selección y reseña: Francisco Murillo

Semana 16. 1 de febrero de 2019

CANCIÓN DE BRUJERÍA 

Señor compañero, Señor de la noche,

haz que vuelva su rostro

quien no quiere mirarme.

Que sus ojos me busquen

sostenidos y azules

por detrás de la barra.

Que pregunte mi nombre

y se acerque despacio

a pedirme tabaco.

Si prefiere quedarse,

haz que todos se vayan

y este bar se despueble

para dejarnos solos

con la canción más lenta.

Si decide marcharse,

que la luna disponga

su luz en nuestro beso

y que las calles sepan

también dejarnos solos.

Señor compañero, Señor de la noche,

Haz que no cante el gallo

sobre los edificios,

que se retrase el día

y que duren las sombras

el tiempo necesario.

El tiempo que ella tarde en decidirse.

     (de Habitaciones separadasde Luis García Montero)

Luis García Montero ( Granada, 1958 ), poeta y catedrático de Literatura española en la Universidad de Granada. Autor de 11 poemarios y varios libros de ensayo. Premio Adonáis en 1982, Premio Loewe en 1994, Premio Nacional de Poesía en 1995 por Habitaciones separadas.

Premio Nacional de la Crítica en 2003. Es considerado precursor de la denominada “Poesía de la experiencia”, tendencia de la lírica española contemporánea en la que la poesía explora la realidad de todos los días y une lo cotidiano con lo maravilloso. El “yo” personal se diluye en la experiencia colectiva, puesto que cualquiera puede sentirse identificado con todo lo que expresa. García Montero se basa en la idea de que a la poesía no hay que entenderla sino sentirla y de ahí que la escritura deba ser cercana y sin artificios exagerados. Nuestro autor se apoya, para ello, en la poesía de Luis Cernuda y Jaime Gil de Biedma.

El poema que he elegido pertenece al poemario titulado Habitaciones separadas, libro con poemas llenos de emociones , escritos en versos transparentes e inteligentes, que nos cautivan con una nostalgia poderosa.

Destacaré la capacidad del poeta para escribirlo todo como si fuera una narración, lo que se ha dado en llamar narrativismo histórico biográfico, que hace que nos introduzca en la vida de los personajes hasta hacernos sentir parte de ellos y sentir esa vida como nuestra.

En el poema seleccionado, como si de un conjuro se tratara , el autor invoca al “Señor de la noche” para conseguir algo tan deseado como es que su amada lo mire y le corresponda , en un lugar , la barra de un bar, donde ha surgido esa pasión que lo lleva a invocar al Señor de la noche. Sus deseos parecen irrealizables y solo un conjuro puede hacerlos realidad. En verdad, ¿esto no sería una especie de plegaria que un devoto enamorado pronuncia en voz baja , con los ojos cerrados, esperando el milagro? Deseo vehemente que se aprecia no solo en el contenido, sino también en la disposición de los versos en el poema , justa semblanza del objetivo que persigue el poeta : la correspondencia a ese amor, decisión que ella debe tomar, casi un milagro.

Selección y reseña: Teresa Gómez

Semana 15. 25 de enero de 2019

Disyuntiva

La tentación se llama amor

o chocolate.

Es mala la adicción.

Sin paliativos.

Si algún médico, demonio o alquimista

supiera de mi mal,

cosa sería

de andar toda la vida por curarme.

Pues tan sólo una droga,

con su cárcel

del olvido me salva de la otra.

Y así, una vez más, es el conflicto:

O me come el amor,

o me muero esta noche de bombones.

                   (Juana Castro, de La Bambola)

BIOGRAFÍA

Juana Castro nació el 20 de febrero de 1945 en Villanueva de Córdoba, comarca de Los Pedroches. Vivió en su pueblo y en el campo, mientras leía cualquier cosa escrita que cayera en sus manos: prospectos, cartas, postales, testamentos… Lo mejor fue la biblioteca del colegio y las novelas por entregas. Y el cine. Estudió Magisterio y con 18 años ya ocupaba su puesto de maestra por oposición en un pequeño pueblo con estación de tren, Conquista. Luego se especializó en Educación Infantil. Se casó con 23 años y tuvo su primera hija con 24, María. Después vinieron José Miguel y Mari Cruz. Por entonces (1972) ya vivía con su marido, Pedro Tébar, en Córdoba, estudiando también Filosofía y Letras en la recién abierta Facultad. Conoció a los poetas cordobeses del grupo Zubia y en su tertulia aprendió la disciplina de escribir. Asistió al Círculo Juan XXIII, en la calle Romero Barros y allí conoció a mujeres y hombres que hoy recuerda necesarios. Un día vio en el quiosco de las Tendillas una revista, “Vindicación Feminista”, y así pudo ponerle nombre a algo que había sido, junto a su madre, percepción y sentimiento. Relacionarse con los poetas y pintores del Grupo Cántico fue tan sustancial como valioso.

En 1978 publica su primer libro, Cóncava mujer, pero unos meses más tarde enferma su hijo José Miguel, que muere en la primavera de 1979.

En 1980 nace Ángel, su cuarto hijo. Tiene un solo nieto, Yago, que es holandés-español.

Sobre sus gustos, cabe recalcar que le gustan el encinar con peñascos de Los Pedroches, que fue su paisaje de niña, entrar en una sala de cine como al útero materno, el chocolate, quedar con sus amigas, leer novelitas cortas y viajar en tren. No le gusta que la llamen “luchadora” porque no recuerda haberlo hecho nunca.

EL POEMA

El poema pertenece a su poemario La Bambola, escrito en la época saliente de la dictadura en la que la mujer se empezaba a sentir libre para hablar del amor, del odio, de la guerra, de la política y de sus sueños, todo envuelto en un delicado erotismo.

En el poema, Juana de Castro relaciona a la perfección esa unión recurrente que supone el estado de ánimo y el dulce, el chocolate concretamente.

Confiesa en estas líneas cómo debe elegir entre ser adicta al amor o al chocolate, ambas perjudiciales en exceso, pero usada la segunda para consolar la ausencia del primero.

Utiliza un lenguaje y estilo sencillos, entendibles por cualquier receptor que haya conocido ese mal de amores, exento de cura, pero sí llevable con una caja de bombones que endulcen el mal sabor de boca.

¿Acaso alguno de nosotros no ha recurrido al segundo para aliviar la falta del primero, acaso no hemos sido víctimas de cualquier adicción que hemos intentado aplacar con otra?

Selección y reseña: Mar Castro (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 14. 18 de enero de 2019

Audi 100

Manuel Vilas se compró un Audi de tercera mano, un Audi 100,
y lo ponía a doscientos por la autopista de Barcelona,
y luego tenía que pagar el peaje y eso que no iba a ningún sitio.
Se quedaba mirando el Audi en las tardes de domingo,
en mitad de un descampado, en mitad del desierto.
El gran desierto que cerca la ciudad de Zaragoza,
estéril y ácido como una bocanada de uranio enriquecido.
Miraba las ruedas y las golpeaba con sus botas en punta,
y pensaba que estaban durísimas, llenas de aire embrutecido,
y es que acababa de estar en una gasolinera que se llamaba “El Cid”,
y las había hinchado, ese silbido poderoso de las válvulas,
y miraba el dibujo de las ruedas, laberíntico y abstracto como las

rayas
de la mano, y se miró la mano, rugosa piel enaltecida
en mitad de la nada, y se había cambiado
el viejo radiocasete del Audi por un compacdisc Pioneer,
con seis altavoces, 800 euros en el Carrefour ,
y puso a Lou Reed en el compac, y bien, muy bien,
Street Hassle puso, y bien, bien, muy bien, dijo de nuevo,
esto era todo, el Audi 100, la vida ennegrecida, las cercanías de

un pueblo
llamado Bujaraloz, la autopista de Barcelona, los infinitos

camiones,
un toro de Osborne cerca de Pina, el domingo, agrio y crucificado,
y Lou Reed sonando en ninguna parte, en el desierto celestial,
los 800 euros convertidos en el grito más hermoso de la tierra,
y ningún ángel del cielo descendiendo, y Manuel Vilas
–siervo de la nada, fumando, estéril, razonando, gimiendo–,
silbaba bajo el sol inclemente, difuso, el sol borracho,
y les daba patadas a las ruedas y las ruedas
le devolvían el impulso, y eso era gracioso,
y pensó en la guantera, y abrió la guantera y miró la

documentación,
y leyó su nombre, y abrió el maletero,
y le pareció que allí había un montón de sitio

para guardar cosas, y eso de repente le hizo

completamente feliz.

                      (Manuel Vilas)

 
 
Ya desde el título, Audi 100, Manuel Vilas se aparta radicalmente del clasicismo lírico, apostando por una poética basada en cotidianas experiencias personales, no carente de humor, modernidad y desenfado. Lugares comunes como la gasolinera El Cid, Bujaraloz o el Carrefour expulsan de insólita manera los clichés habituales de la poética tradicional, conformando un corpus basado en elementos tan desubicados como renovadores. Una nueva voz, en definitiva, es lo que tenemos gracias a la nunca conformista escritura de Vilas (bien sea prosa, bien sea ensayo, bien sea poesía, como la que nos ocupa, extraída de su libro Amor).
 
 
El autor de Ordesa se erige protagonista de su canto (lo que no deja de ser una marca de estilo de su quehacer literario), presentándonos una oda que se aparta de la contención y del refreno de fray Luis de León, apostando por una nueva idea de la vida retirada, una idea de la felicidad sustentada en un elemento tan posible, tan inmediato, como puede ser ese Audi 100 de tercera mano. Un hombre golpeando con la punta de sus botas los neumáticos de su vehículo, en la soledad del desierto, mientras escucha en la radio el Strett Hassle de Lou Reed. Ese momento del no hacer nada trascendente nos habla de una manera habitual y accesible del hedonismo, del maravilloso placer de lo insustancial.
 
Audi 100 es a la lírica como ese cigarrillo de media mañana para el fumador, abstraído en la calada, que encuentra en el humo el remanso de la paz, o como la canción que se disfruta en el coche, mientras se conduce de vuelta a casa, a veces incluso sin entender la letra, pero ajeno y feliz (“completamente feliz”), lejos de cualquier tipo de preocupación o tediosa ocupación.
 
Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua)
 

Semana 13. 11 de enero de 2019

VAMOS A HACER LIMPIEZA GENERAL

Vamos a hacer limpieza general
y vamos a tirar todas las cosas
que no nos sirven para nada, esas
cosas que ya no utilizamos, esas
otras que no hacen más que coger polvo,
nos traen recuerdos amargos,
las que nos hacen daño, ocupan sitio
o no quisimos nunca tener cerca.
Vamos a hacer limpieza general
o mejor todavía, una mudanza
que nos permita abandonar las cosas
sin tocarlas siquiera, sin mancharnos,
dejándolas donde han estado siempre;
vamos a irnos nosotros, vida mía
para empezar a acumular de nuevo.
O vamos a prender fuego a todo
y a quedarnos en paz, con esa imagen
de las brasas del mundo ante los ojos
y con el corazón deshabitado.

(Amalia Bautista. Cuéntamelo otra vez)

¿Por qué este poema?
Porque los comienzos de año son un momento propicio para mirar a nuestro alrededor; para reflexionar sobre nuestra vida, nuestros miedos, nuestras heridas, nuestros deseos; para, como si fuésemos entomólogos, ir analizando, lupa en mano, las arañas que pueblan nuestro corazón o las mariposas que revolotean en nuestra mente.
Y porque, a veces, tras este exhaustivo análisis es necesario hacer una limpieza general, un borrón y cuenta nueva que nos permita sanar las heridas y avanzar sin lastres innecesarios. O, mejor aún, prender fuego a una hoguera en la que como pira funeraria ardan todas aquellas cosas que “no nos sirven para nada”, “nos traen recuerdos amargos” o, sencillamente, es mejor alejar de nosotros.

Sobre la autora
La poeta Amalia Bautista (Madrid, 1962) es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense. Ha publicado libros de poesía como Cárcel de amor (Sevilla, 1988), La mujer de Lot y otros poemas (Málaga, 1995), Cuéntamelo otra vez (Granada, 1999), La casa de la niebla. Antología (1985-2001) (Universitat de les Illes Balears, 2002), Hilos de seda (Sevilla, 2003), Estoy ausente (Valencia, 2004), Tres deseos. Poesía reunida (Sevilla, 2006), Luz del mediodía. Antología poética (Universidad de las Américas, Puebla, México, 2007), Roto Madrid, (Sevilla, 2008) o Falsa pimienta (Sevilla, 2013).
Parte de su obra, asimismo, ha sido publicada en distintas antologías, así como traducida a otros idiomas.

Selección y reseña: Esther Herguedas (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 12. 21 de diciembre de 2018

Agora que soy niña
quiero alegría,
que no se sirve Dios
de mi monjía.

Agora que soy niña,
niña en cabello,
¿me queréis meter monja
en el monesterio?
¡Que no se sirve Dios
de mi monjía!

Agora que soy niña
quiero alegría,
que no se sirve Dios
de mi monjía.
(Juan Vásquez)

El villancico que he seleccionado forma parte del amplio e impagable trabajo recopilatorio que Margit Frenk Alatorre llevó a cabo respecto del ingente caudal de poesía lírica tradicional, mucha de ella anónima y antiquísima. El repertorio en cuestión, no obstante, es una de las manifestaciones más hermosas, puras y nobles de la lírica de nuestra tierra, encontrando emotivas joyas como la que hemos seleccionado, ya algo tardía, si tenemos en cuenta que algunos de los textos, atribuidos a autores como Yosef “El Escriba”, datan del siglo IX.

Como la misma Margit Frenk ha explicado, el villancico era una forma musical y poética que se hizo tremendamente popular entre los siglos XV y XVIII . Sus letras, tan profanas en origen como la del texto que hemos elegido, estaban ligadas al sentir popular, y mostraban obvia tendencia al humor e y a la subversión de los valores tradicionales. Dado que estas letras comenzaron a cantarse en las iglesias, comenzaron a relacionarse con el sentimiento religioso, asociándose finalmente a la Navidad (si bien algunos populares villancicos característicos de esta tendencia también muestran obvias pinceladas de humor e irreverencia).

Del villancico de Vásquez cabe destacar la voz lírica, femenina (lo cual no deja de ser una curiosa constante de este tipo de manifestaciones líricas), que se rebela en nombre del amor ante un destino impuesto, adverso a sus deseos. Los tan conocidos temas del “carpe diem”, “tempus fugit” o “collige virgo rosas” puestos en boca de esa niña precoz (otro de los grandes personajes de este tipo de hermosas composiciones) que, en su declamación, utiliza el paralelismo y la repetición para lograr un curioso efecto rítmico. En efecto, eran composiciones concebidas para ser cantadas, por lo que debe resultar extraña la tendencia al estribillo.

Permitan a quien esto escribe una pequeña licencia o recomendación. Para disfrutar de estas manifestaciones líricas, sobre todo de las más arcaicas, es recomendable imaginar la vida de nuestros antepasados, su cotidianidad. Los versos transmiten un sentir puro, directo, carente de prejuicios y contemplaciones; poesía viva ligada a unos existires quizás menos complejos que aquellos en los que hoy nos encontramos inmersos. La poesía, como casi todo, ha sufrido un proceso de sofisticación que, en el poema elegido, aún no ha comenzado. Belleza, todavía desnuda.


Para ir concluyendo, y por si les ha gustado lo expuesto, además del citado Juan Vásquez, otros notables autores de villancicos fueron Pedro de Escobar, Francisco Guerrero o el mismísimo Juan del Encina; pero si han disfrutado de lo aquí expuesto, les recomiendo que acudan a cualquiera de las recopilaciones existentes respecto del asunto tratado.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 11. 14 de diciembre de 2018

Perfección
Queda curvo el firmamento,
compacto azul, sobre el día.
Es el redondeamiento
del esplendor: mediodía.
Todo es cúpula. Reposa,
central, sin querer, la rosa,
a un sol en cenit sujeta.
Y tanto se da el presente
que el pie caminante siente
la integridad del planeta.

                                                                                                                                                      Jorge Guillén (1950)

Perfección es un poema de Jorge Guillén, autor de la Generación del 27, en la que encontramos algunos de los elementos recurrentes del poeta vallisoletano como son el surrealismo y la búsqueda de la belleza a través de la imagen.

Se trata de una décima en rima consonante en la que se distinguen dos partes muy diferenciadas: la primera la componen los siete primeros versos que se centran en la descripción del cielo en un mediodía desde un punto de vista estático, lo que reflejaría una contemplación absorta de un instante que el autor considera perfecto pero al alcance de cualquiera. La segunda, mucho más breve formada por los tres últimos versos, expresa las emociones de un espectador ante este acontecimiento.
El tema del poema sería lo que el autor considera que es la idea de la perfección, concretada, a su vez, en la totalidad del cosmos. El planeta es un globo perfecto, eterno y el hombre y la naturaleza comparten dicha perfección pues son el centro de la misma. Para transmitir esta idea, Guillén se apoyaría en la perfección formal, particularmente en el uso de vocablos del campo semántico de la geometría como descripción del cosmos, “curvo”, “cúpula” o “cenit”.

Desde un punto de vista más filosófico no puede dejar e asociarse la descripción del mundo que contiene el poema con la idea parmenídea del ser esférico con la salvedad de que ese ser ya no es aquí ajeno al hombre sino que cobra sentido por la presencia de este.

Selección y reseña: Ana Bellé (Departamento de Matemáticas)

Semana 10. 30 de noviembre de 2018

Este poema nos hace sentir incómodos como muchas veces nos hace sentir la verdad injusta. La crudeza de las palabras reproduce con pocos adornos la frialdad de unos hechos espantosos que podrían suceder en nuestro entorno más próximo. Es una poesía preocupada y desasistida como la mujer que desesperada busca ayuda y no la obtiene o la obtiene tarde.

MARIDO

(de JESÚS MUNÁRRIZ en su Antología PEAJE PARA EL ALBA (2000))

Feliz, no era feliz, pero bebiendo

a veces lo olvidaba.

Así cogía fuerzas para pegarle a aquélla

que compartía su infelicidad.

 

Ella lo soportaba por los hijos – decía-

y por el matrimonio,

única profesión que conocía.

 

Entre golpes y broncas aprendían los hijos

que las cosas no eran

como debían ser.

 

Después de una paliza en que casi la mata,

ella lo denunció y planteó el divorcio

como única salida.

 

Antes de que el juzgado lo citara,

él degolló a los hijos y a la madre

y se cortó las venas,

aunque sobrevivió.

 

Las mujeres del barrio

se echaron a la calle con pancartas

reclamando justicia

y un juez lo condenó por parricidio

a no sé cuantos años.

 

Pero salió a los pocos

y aún tuvo tiempo y otra oportunidad

de volver a casarse.

 

Porque lo suyo era

el matrimonio.

 Este verso, ese último verso, es una de las razones por las que he escogido este poema de Jesús Munárriz. Porque lo suyo era el matrimonio, es un verso que nos hiere y nos hace daño, y lo hace desde la desnudez de las palabras y de los hechos que Jesús Munárriz relata.

Y digo relata y no denuncia, porque Munárriz no participa en los debates que genera la poesía actual sobre la necesidad o no de actuar como vehículo de denuncia social. Para él, la poesía es un ejercicio más lógico que intimista; no rehuye los problemas de su época pero tampoco quiere adquirir una postura comprometida con esos grandes problemas de la sociedad en la que nos ha tocado vivir. Ve esos problemas y le afectan, y, en consecuencia, sus versos destilan amargura. Pero cree en el poder de la palabra y en el de la libertad y de ahí nace para él una pequeña puerta a la esperanza (una esperanza que en Marido cuesta demasiado ver).

Munárriz en esta antalogía nos advierte de la crueldad del capitalismo y de las miserias de una sociedad demasiado preocupada por el individualismo y por la catalogación de las personas por su situación económica. Busca ayudarnos a descubrir esas grandes mentiras de nuestra sociedad, y a golpearnos fuerte para despertarnos y hacernos conscientes de ellas (luchar contra ellas quizás sea demasiado difícil desde la visión desesperanzada que en ocasiones nos transmite). En cualquier caso, su poesía es una batalla contra el falso bienestar generado con una sociedad que nos bombardea con mentiras solamente para ocultar la dolorosa verdad.

Selección y reseña: Sebastián Solana (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 9. 23 de noviembre de 2018

TU SAL

Pide cambio
por lesión ortográfica
mi titular

y tú,
en vez de salir,
echas sal, tu sal,
en mi herida.

Tú, sal.

Tú, que rompes los partidos
corazones,
que los rematas
contra su propia meta…

Sal de aquí, sal de mí, de estos versos
pero no del todo;
sal aquí, sal a mí, a estos versos
pero no del todo

y no me duelas,
no me sales
que yo te echaré
de menos

dosificándote

en el terreno de juego
de mis palabras.

El título está en disputa.
Ese, que lleva tu nombre

y no sé ganar
no sé perder,
no sé
ni dónde tirar

contigo.

(Javier Castán)

En esta ocasión vamos a dedicar unas lineas a uno de nuestros poetas más cercanos y queridos, nuestro buen compañero Javier Castán, utilizando para ello la reseña que, acerca de una de sus composiciones, se llevó a cabo a través de la actividad “Poesía para Llevar”, vinculada a un buen número de institutos.

Javier Castán, nacido en Jaca en 1975, es licenciado en Psicología y en Filosofía, ejerciendo actualmente como profesor de esta última materia en nuestro IES La Puebla de Alfindén, si bien su carrera docente ha estado vinculada a otros centros como el Tiempos Modernos o el Corona de Aragón, en Zaragoza.

De enore capacidad creativa e inquietudes intelectuales, Javier Castán es, además, socio fundador y presidente del Ateneo Jaqués y, como escritor, ha publicado Entre meses, con Ediciones Chacartoneras, y colaborado en libros solidarios como Escribiendo esperanza, Ábreme: versos entintados (ilustrado por alumnos del IES Damián Forment de Alcorisa) y en revistas diversas: “Raíces de Papel” o “El Eco de los Libres”.

Ganador en dos ocasiones del “Slam poetry” de Zaragoza, es también responsable de las instalaciones Bosque de Pensamientos y Photoshopoemas (fotos a golpe de móvil pero trucadas con versos para el Encuentro de Creaciones de Jaca), así como miembro del grupo Los Poetijazz (donde la lírica se da la mano con uno de los más libres estilos musicales) y de la banda Los Notas (fundada por profesores y alumnos del IES Avempace de Zaragoza)

Del poema Tu sal, que hoy os reproducimos, los propios alumnos (y lectores) de Castán han dicho lo siguiente:

«El poema habla sobre un partido de fútbol, el partido de la vida. Pide un cambio de jugador, alguien que siempre ha sido titular en su vida, que siempre ha estado a su lado. Pero le rompe el corazón y le pide que se vaya. Le dice “sal” y, en vez de salir de su vida, echa sal en sus heridas… o algo así ». (Noelia Beltrán, 3º ESO).
«Se refiere a que una persona le ha roto el corazón y, en vez de dejarle en paz, sigue y sigue rompiéndoselo aunque él le pida que se vaya». (Mario Ramos, 3º ESO).
«Usa la metáfora de la sal como el “castigo” que sufrimos cuando alguien nos hace daño, también el daño que nos pueden hacer estos versos y, por último, el daño que se puede hacer deliberadamente». (Germán Arranz, 3º ESO).

«Yo creo que el autor hace de una pelea entre enamorados una final de un partido de fútbol en la que cada parte lucha por lo que quiere en ese momento. El título que está en disputa sería como “la chica” y el enamorado lucha por ella.» (Cristian Abarca, 3º ESO).

«Juega con dos significados de la palabra “sal”. El “yo poético” transmite desamor. Lo dice bien claro del verso 12 al 19. Se ve también que está echa/o un lío (vv. 25-29). En concreto el yo poético con este poema transmite sufrimiento por el amor perdido». (Gema Arboledas, 4º ESO).

«Me recuerda al desamor, a las rupturas, al no saber qué hacer cuando se está tan roto, porque habla de una persona a la que le duele que la otra persona se marche». (Marina Talavera, 4º ESO).

«El poema trata sobre el quiero pero no debo, la lucha entre la cabeza y el corazón. Es difícil eliminar de tu vida a alguien que ha formado parte de ella». (Anónimo, 1º Bachillerato).

«Este poema me recuerda al momento en el que me tuve que separar de todos los amigos que había conocido en un viaje e intentaba apartarlos de mi cabeza para no sufrir». (Anónimo, 1º Bachillerato).

¡Enhorabuena, Javier! (Grupo de Biblioteca del IES “La Puebla de Alfindén”)

Semana 8. 16 de noviembre de 2018

Cuando se trata de ella, me agrada la plática,
y exhala para mí un exquisito olor de ámbar.
Si habla ella, no atiendo a los que están a mi lado
y escucho sólo sus palabras placientes y graciosas.
Aunque estuviese con el Príncipe de los Creyentes,
no me desviaría de mi amada en atención a él.
Si me veo forzado a irme de su lado,
no paro de mirar atrás y camino como una bestia herida;
pero, aunque mi cuerpo se distancie, mis ojos quedan fijos en ella,
como los del náufrago que, desde las olas, contemplan la orilla.
Si pienso que estoy lejos de ella, siento que me ahogo
como el que bosteza entre la polvareda y la solana.
Si tú me dices que es posible subir al cielo,
digo que sí y que sé dónde está la escalera.

* * *

Melancólico, afligido e insomne, el amante
no deja de querellarse, ebrio del vino de las imputaciones.
En un instante te hace ver maravillas,
pues tan pronto es enemigo como amigo, se acerca como se aleja.
Sus transportes, sus reproches, su desvío, su reconciliación
parecen conjunción y divergencia de astros, presagios estelares adversos y favorables.
Mas, de pronto, tuvo compasión de mi amor, tras el largo desabrimiento,
y vine a ser envidiado, tras de haber sido envidioso.
Nos deleitamos entre las blancas flores del jardín,
agradecidas y encantadas por el riego de la escarcha:
rocío , nube y huerto perfumado
parecían nuestras lágrimas, nuestros párpados y su mejilla rosada.

* * *

Me quedé con ella a solas, sin más tercero que el vino,
mientras el ala de la tiniebla nocturna se abría suavemente.
Era una muchacha sin cuya vecindad perdería la vida.
¡Ay de ti! ¿Es que es pecado este anhelo de vivir?
Yo, ella, la copa, el vino blanco y la oscuridad
parecíamos tierra, lluvia, perla, oro y azabache.

* * *

(…)

Cuando se cimbrea al andar, parece
un ramo de narciso que se balancea en el jardín.
Diríase que sus zarcillos están en el corazón de su enamorado,
porque, cuando anda, en él repercuten el pinchazo y el tintineo.
Tiene el andar de la paloma, en el que no es censurable
la torpeza ni vituperable la lentitud!

* * *

Desearía rajar mi corazón con un cuchillo,
meterte dentro de él y luego volver a cerrar mi pecho,
para que estuvieras en él y no habitaras en otro,
hasta el día de la resurrección y del juicio;
para que moraras en él durante mi vida y, a mi muerte,
ocuparas las entretelas de mi corazón en la tiniebla del sepulcro.

                                                                                (Ibn Hazm de Córdoba)

La poesía, aunque son varias, que os presentamos esta semana, pertenece a un tratado sobre el amor, El collar de la Paloma, escrito por el poeta cordobés Ibn Hazm.

Abu Muhammad Ali ibn Hazm, pues ese es un nombre completo, nace en la capital del Califato la madrugada del miércoles 30 de ramadán del año 384 (el 7 de noviembre de 994 de nuestra era). Su infancia, feliz y despreocupada, se reparte entre los jardines de la corte y la residencia califal de Medina Azahara. Hijo y nieto de influyentes ministros de los Omeyas, dedica su tiempo a los placeres y a las artes.

De niño, correteando por palacio, inicia sus devaneos amorosos entre las caricias y juegos de las mujeres del harem,  las veladas literarias y el embriagador sabor del vino. Allí se recrea en la mirada displicente de la altiva princesa árabe, en la mirada sumisa o provocadora de la esclava cristiana o en la mirada cómplice de sus amigos amantes. Corren buenos tiempos, quizá demasiado buenos para una vida disipada…

Pronto destaca en sus estudios, y  reúne en torno a él un grupo de rebeldes poetas de entre los nobles con más talento, orgullosos de la tradición lírica árabe, pero más todavía de pertenecer a una corte ya más poderosa y refinada que  la oriental, lo que los lleva a buscar una voz propia, alejada de “esas oraciones de viejas”. Son jóvenes cultos, con ganas de reivindicarse:

¡Vete en mal hora, perla de la China!
Me basta a mí con mi rubí de España.

Ibn Hazm permanece en su juventud ajeno a la realidad, en su burbuja aristocrática. El mundo es acogedor, y la vida, puro disfrute. Pero las intrigas políticas que sacuden Córdoba pronto la sumergirán en cruentas guerras civiles y, más tarde, llevarán  a la disgregación del poder del califa en minúsculos reinos de taifas. La edad dorada termina abruptamente con la llegada de los temibles ejércitos bereberes, que dejan a su paso un panorama desolador: La opresión moral y religiosa llegará a hacerse insostenible. La ortodoxia religiosa lo impregna todo: se persigue la homosexualidad, el uso inmoderado de bebidas prohibidas, las mujeres comienzan a cubrirse el rostro… Los recién llegados desde el sur no son filósofos, maestros o poetas; son guerreros más semejantes a los fieros cristianos del norte, a esos iletrados que se dejan largas barbas, que están acostumbrados a largas jornadas a caballo, a crueles asedios y a ejecuciones sin juicio previo.

Cuando la familia de Ibn Hazm -todavía fiel a los Omeyas, y de origen muladí (posiblemente su abuelo era un cristiano recién convertido al islam)- cae en desgracia, deben partir al exilio. Alnazcázar, Valencia, Guadix, Játiva… Allí, en 1022, vería la luz El collar de la Paloma.

Escrito en un árabe purísimo, apenas encontramos en él voces vulgares o palabras romances. Presentándolo como un regalo para un amigo -quizá solo la  excusa del que pronto aspirará a ser un reputado teólogo, jurista, filósofo e historiador para tratar un tema en parecer liviano-, o tal vez para rellenar las interminables horas del destierro, Ibn Hazm decide componer un tratado del amor que nos refleja las reglas y costumbres amorosas de la sociedad de Al Ándalus en el siglo XI.

En treinta capítulos en prosa salpicados de bellos poemas originales, enhebra enseñanzas coránicas, bíblicas y griegas, recuerdos personales y sueños ya imposibles. Algunos de estos poemitas engarzados en el tratado constituyen las páginas más bellas de la poesía árabe andalusí. Mientras tanto, en Castilla, juglares cristianos aprenden de memoria interminables tiradas de versos irregulares…

Nuestro poeta nunca volverá al palacete de Medina Azahara. Ni siguiera volverá a escribir poesía. Ibn Hazm, en su soledad, en su ruina, paladea sus recuerdos de jardines y palacios. Allí vio con ojos curiosos, a sus ocho años, cómo su padre recibía de las mismas manos de Almanzor, El Victorioso, el sello que gobernaba la ciudad, la llave de la vida, el cautiverio o la muerte. Ahora, Ibn Hazm se desmorona, como las mismas ruinas del Califato.

Selección y reseña: Miguel Ángel Aragüés (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 7. 9 de noviembre de 2018

Prospective Immigrants Please Note  By Adrienne Rich

Prospective Immigrants Please Note

Either you will

go through this door

or you will not go through.

If you go through

there is always the risk

of remembering your name.

Things look at you doubly

and you must look back

and let them happen.

If you do not go through

it is possible

to live worthily

to maintain your attitudes

to hold your position

to die bravely

but much will blind you,

much will evade you,

at what cost who knows?

The door itself makes no promises.

It is only a door.

(Adrienne Rich)

Este poema, aunque por el título pueda parecer que se dirige a los inmigrantes que viajan de un país a otro buscando oportunidades, puede en realidad dirigirse a todos aquellos que vayan a realizar un cambio en su vida. En este caso, la autora, muestra primero las posibilidades de éxito que se pueden tener al realizar un cambio pero se distancia de ellas al nombrarlas como si se tratara de una advertencia: “puede que se recuerde tu nombre”. Después, explica el éxito que se encuentra también en quedarse tal y como uno está, pero en este caso advirtiendo de que, aunque se pueda vivir bien, son muchas cosas las que uno se pierde cuando no se atreve a realizar cambios en su vida.

De cualquier manera, la conclusión a este poema muestra que aunque la oportunidad de cambio esté ahí, esta no va a tener necesariamente un efecto positivo o negativo en nosotros porque esta misma, “la puerta”, no promete nada, sino que somos nosotros los que cambiamos dependiendo de lo que hacemos con ella.

La autora de este poema es  Adrienne Rich (1929 – 2012), poeta, intelectual y crítica estadounidense, cuyo  compromiso con el movimiento feminista, hizo que su escritura se convirtiese en una herramienta para alzar la voz ante distintas problemáticas de su contexto político y social, especialmente las relacionadas con la ideología de género y la orientación sexual.

Entre sus obras poéticas más destacadas se encuentran A Change of world (1951), Snapshots of a daugther-in-law (1963), Driving into the Wreck (1972) or Twenty –one love poems (1977).

Selección y reseña: Marta Moreno (Departamento de Geografía e Historia)

Semana 6. 26 de octubre de 2018

 

Elegí la vida

No quise dormir sin sueños

y elegí la ilusión que me despierta,

el horizonte que me espera,

el proyecto que me llena,

y no la vida vacía de quien no busca nada,

de quien no desea nada más que sobrevivir cada día.

No quise vivir en la angustia:
y elegí la paz y la esperanza,
la luz,
el llanto que desahoga, que libera,
y no el que inspira lástima en vez de soluciones,                                                         
la queja que denuncia, la que se grita,
y no la que se murmura y no cambia nada.

No quise vivir cansado:
Y elegí el descanso del amigo y del abrazo,
el camino sin prosas, compartido,
y no parar nunca, no dormir nunca.
Elegí avanzar despacio, durante más tiempo,
y llegar más lejos,
habiendo disfrutado del paisaje.

No quise huir:

Y elegí mirar de frente,

Levantar la cabeza,

y enfrentarme a los miedos y fantasmas
porque no por darme la vuelta volarían.

No pude olvidar mis fallos:

pero elegí perdonarme, quererme,

llevar con dignidad mis miseria

y descubrir mis dones;

y  no vivir lamentándome

por aquello que no pude cambiar,

que me entristece, que me duele,

por el daño que hice y el que me hicieron.

Elegí aceptar el pasado.

No quise vivir solo:
y elegí la alegría de descubrir a otro,
de dar, de compartir,
y no el resentimiento sucio que encadena.
Elegí el amor.

                                                                                                     

Y hubo mil cosas que no elegí,
que me llegaron de pronto
y me transformaron la vida.
Cosas buenas y malas que no buscaba,
caminos por los que me perdí,
personas que vinieron y se fueron,
una vida que no esperaba.
Y elegí, al menos, cómo vivirla.

Elegí los sueños para decorarla,

La esperanza para sostenerla,

La valentía para afrontarla.

No quise vivir muriendo:

Y elegí la vida.

Así podré sonreír cuando llegue la muerte,

Aunque no la elija…

…porque moriré viviendo.

                                      (Rudyard Kipling )

Este poema de Rudyard  Kipling nos indica cómo ve él la vida. Vemos en principio  que para él la vida es mucho más que el simple hecho de la supervivencia.

 Es elegir en definitiva la verdad, pedirla y gritarla, denunciar para cambiar el mundo y no quejarse sin más. Es disfrutar del camino sin prisa pero sin pausa.

  El poeta opta por la elección de aceptar el pasado con sus luces y sus sombras, y en definitiva aceptarse a sí  mismo, de elegir el amor frente al resentimiento y el odio.

  Y frente a estas aceptaciones y elecciones, hay cosas que nos llegan sin haberlas elegido;  por eso decide aceptar con paciencia las cosas no elegidas y circunstanciales de la vida, porque hay que hacer una elección de todo aquello que ayuda a vivir el día a día con intensidad.

 Y por todo eso, a pesar de no elegir la muerte, ésta no se acepta igual si se ha vivido intensamente que si sólo se ha sobrevivido.

 Releyendo el poema recuerdo otro especialmente  famoso de este escritor. If (Si…). incluido en Acciones y Reacciones (Rewards and Fairies) escrita en 1910. En dicho poema  el autor enseña a su hijo como enfrentarse a la vida, la verdad y la mentira de ella, los amigos y enemigos reales y ficticios. Todo el poema está lleno de sabios consejos que pretenden en definitiva mostrarle  cuál es el camino adecuado para ser la persona que debe.

Si en If, Kipling da consejos a su hijo, en Elegí la vida nos anima a enfrentarnos con valentía a la vida en vez de escondernos ante las dificultades, a luchar en vez de pararnos. Y en definitiva, tanto en un poema como en otro, el autor sigue dándonos una lección de vida que es atemporal. Y esa atemporalidad  y universalidad es lo que me ha llevado a elegir este poema, porque en él se dicen verdades transcendentes , porque a través de él he recordado a mis padres que se han ido hace poco y porque he comprendido a través de sus obras, su bondad y su amor que ellos también eligieron la vida.

  El autor, Rudyard Kipling , nació en Bombay (India) en 1865 y murió en Gran Bretaña el 18 de enero de 1936.

  Fue un escritor y poeta británico que escribió relatos, cuentos infantiles, novelas y poesía. Tiene obras tan populares como El libro de la selva, Kim, o El hombre que pudo ser rey.

Recibió el premio Nobel de Literatura en 1907.

                                     

Para confirmar lo expresado por el autor en el poema de Elegí la vida podemos recordar las frases de otros autores célebres:

La vida no vivida es una enfermedad de la que se puede morir” (Carl Gustav Jung).

La mejor forma de abordar tu miedo a morir es abordar tu miedo a vivir” (Pedro Jara Vera).

A vivir se aprende toda la vida, y toda la vida se aprende a morir” (Séneca).

Sólo existe un sentido de la vida: el acto de vivirla plenamente” (Erich Fromm).

Selección y reseña: Avelina Pablo (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 5. 19 de octubre de 2018

El otoño se acerca

El otoño se acerca con muy poco ruido:

apagadas cigarras, unos grillos apenas,

defienden el reducto

de un verano obstinado en perpetuarse,

cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Se diría que aquí no pasa nada,

pero un silencio súbito ilumina el prodigio:

ha pasado

un ángel

que se llamaba luz, o fuego, o vida.

Y lo perdimos para siempre.

(Ángel González)

“El invierno es una aguafuerte, primavera una acuarela, un óleo de verano y otoño un mosaico de todos ellos.”
(Stanley Horowitz)

“El otoño es una segunda primavera, cuando cada hoja es una flor.”
(Albert Camus)

“El otoño es triste para el que no sabe divertirse.”
(Céline Blondeau)

“No existe belleza primaveral, ni el verano tiene tanta gracia, como el que he visto en un rostro otoñal.”
(John Done)

“No temas al otoño, si ha venido. Aunque caiga la flor, queda la rama. La rama queda para hacer el nido.”
(Leopoldo Lugones)

“Nada es más fugaz que la forma exterior, que se marchita y se altera como las flores del campo en la aparición de otoño.”
(Umberto Eco)

“Cada hoja habla de felicidad para mí, agitando los árboles de otoño.”
(Emily Bronte)

“Viento de otoño, tan fugaz como tú se fue mi amor.”
(Masajo Suzuki)

“La montaña oscurece y asume la púrpura magnificencia de las hojas en otoño.”
(Yosa Buson)

“El otoño devuelve a la tierra las hojas que ella le prestó en verano.”
(George Christoph Lechtenberg)

…………………………………………………………………………………………………………

¿Cómo definir, cómo glosar, este mágico periodo del año que nos envuelve?
Nos encontraríamos tantos tópicos positivos como negativos.

Por supuesto la vuelta al cole, los días cortos, cielos grises, la lluvia, la rutina, me aburro… pero parafraseando a una de las autoras, Céline Blondeau, este regalo de la Naturaleza que es el otoño solo sería triste para aquellas personas que no saben divertirse, que no aprecian la belleza de lo cotidiano en un olmo, un chopo o un fresno que va cambiando de color de manera casi imperceptible junto a nuestros bosques de ribera, que no se sienten sobrecogidos ante la ardiente luz de un serbal bermellón, la penetrante magia de un cobrizo hayedo de musgoso tronco, de las lánguidas ramas hojidoradas de un abedul, de la lobulada fortaleza de la hojarasca de un viejo roble.

Los frutos del otoño no son solo patrimonio de la percepción y la emoción, siguiendo con la vista, proseguimos el recorrido por los sentidos y alcanzamos también el tacto y el gusto (si la suerte acompaña) al encontrarnos con especies de deliciosos hongos (bien distinguidos de los del viaje eterno) que seguirán llenando de formas, colores y fragancias nuestro viaje por la foresta. No es el único manjar de estos días el que puede llegar a nuestros paladares, la castaña, fruto también de los bosques nos acompañará, si es que sabemos apreciarla. El aroma de este fruto era considerado el alimento de los muertos en la civilización celta, que celebraba su Samhain, paso de un mundo a otro, de un año a otro en la noche de las ánimas.

Las mágicas nieblas, esas veladas junto al olor a leña…
El paso del tiempo, el ensimismamiento, de esos días que pasan lentos, de esa primavera al revés (recordando a Camus), de ese regalo que es el otoño.

Así que…difícil escoger. Por ello el poema de esta semana van a ser varios a modo de haikus que lanzan más que miradas, sentimientos, impresiones, que identificándome finalmente con Emily Brönte, al agitarse los árboles del otoño, cada hoja habla de felicidad para mí.

Escoge el verso que más te guste y feliz otoño.

Selección y reseña: Pedro Vizcaíno (Departamento de Geografía e Historia)

Semana 4. 5 de octubre de 2018

Las tardes huelen al fin a ese otoño

que la memoria retiene en silencio,

los ocasos son suspiros y el frío

se hace piel de adolescente bisoño.

Hojas que caen haciéndose manto

para abrir las pisadas que deja

mi camino en esta tierra bermeja

que conoce los secretos y el llanto.

De lágrimas que en silencio vertía

en noches que no me alcanzaba el sueño

con la soledad como compañía

Y tu amanecer me hizo al fin el dueño

de la fuerza que en mi interior vivía,

y llegaste, haciendo real el sueño.

                                                  (Francisco Castro)

Francisco Castro es un poeta y escritor valenciano, colaborador de revistas y redactor de diferentes blogs de divulgación cultural y tecnológica ya que cursó estudios de Informática y Filosofía. Sus primeros contactos con la poesía fueron cuando todavía contaba con 17 años creando diferentes publicaciones independientes.

El poema forma parte del poemario El paseante entre cerezos, en el que trata temas relacionados con los sentimientos humanos tales como las pérdidas de seres queridos, la soledad o el dolor. En el caso que nos ocupa se aprecia, sin embargo, un sentimiento de recuperación, de superación del dolor, de capacidad ver las cosas positivas de la vida. Esos cerezos a los que se hace alusión en el título del libro hacen referencia a ese florecimiento, a esa capacidad de todo ser humano de sobreponerse a los acontecimientos negativos y al sufrimiento, a la capacidad de observar y, sobre todo, de ilusionarse con lo que el destino nos trae, permitiéndonos disfrutar de la vida. Porque la esperanza y el amor son capaces de mover el mundo.

Selección y reseña: Paula Sebastián (Departamento de Gegrafía e Historia)

Semana 3. 28 de septiembre de 2018

Pájaro azul 

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir

pero yo soy demasiado duro con él,
le digo, estate ahí dentro, no voy

a dejar que nadie 

te vea.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir

pero yo derramo whisky sobre él e inhalo

el humo de los cigarrillos

y las putas y los camareros

y los dependientes de ultramarinos

nunca saben que

él está

ahí dentro.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir

pero yo soy demasiado duro con él,
le digo, estate ahí abajo, ¿es que quieres

hacerme un lío?

¿quieres cargarte mis

obras?

¿quieres arruinar las ventas de mis libros

en Europa?

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir

pero yo soy muy listo, solo le dejo salir

algunas veces por la noche

cuando todo el mundo está dormido.

Y digo, sé que estás ahí,

así que no estés triste.

entonces lo vuelvo a guardar,

pero él canta un poco

allí dentro, no le he dejado

morir

y dormimos juntos

así

con nuestro

pacto secreto

y es lo suficientemente hermoso

para hacer a un hombre

llorar, pero yo no

lloro, ¿lo haces

tú?

Charles Bukowski
(Poemas de la última noche de la tierra, 1992)

Bluebird

there’s a bluebird in my heart that
wants to get out
but I’m too tough for him,
I say, stay in there, I’m not going
to let anybody see
you.


there’s a bluebird in my heart that
wants to get out
but I pour whiskey on him and inhale
cigarette smoke
and the whores and the bartenders
and the grocery clerks
never know that
he’s
in there.

there’s a bluebird in my heart that
wants to get out
but I’m too tough for him,
I say,
stay down, do you want to mess
me up?
you want to screw up the
works?
you want to blow my book sales in
Europe?


there’s a bluebird in my heart that
wants to get out
but I’m too clever, I only let him out
at night sometimes
when everybody’s asleep.
I say, I know that you’re there,
so don’t be sad.


then I put him back,
but he’s singing a little
in there, I haven’t quite let him
die
and we sleep together like
that
with our
secret pact
and it’s nice enough to
make a man
weep, but I don’t
weep, do
you?

Charles Bukowski
(
The Last Night of the Earth Poems, 1992)

Decía al hilo de “la película de la semana” (Blade Runner) que una de sus imágenes me había evocado este poema. Allí uno de los personajes sostiene una paloma contra su pecho como símbolo del “alma” o simplemente de aquello que nos hace ser humanos. Aunque la paloma es blanca, recordemos que en inglés “blue” (azul) se puede traducir por “triste”. Recordemos también que se trata de un androide que quiere ser humano, que ese pájaro trascienda su pecho y forme parte de él por todo lo que ha vivido. En el poema, en cambio, es el pájaro el que intenta salir y no puede, es el humano inmerso en el vacío existencial de un mundo sin sentido, in-humano o, mejor dicho, des-humanizado por nosotros mismos. A veces es peor mostrarse humano que desnudarse, es más vergonzoso que ser “puta” en una sociedad exhibicionista, desde los realities de telebasura a las redes sociales en una especie de pornografía de los egos, más que de los cuerpos, egos proyectados como hologramas virtuales, que muestran más lo que queremos ser que lo que somos, en definitiva falsos como los de un androide, o un zombie, o una máscara (el mismo autor confiesa que se “prostituye”, o vende su alma al diablo, por la fama de sus libros: por su propio ego).

Charles Bukowski (1920-1994) no es un autor que especialmente me guste, pero es uno de esos tan prolíficos, tan de escribir por impulso, tan sin pensar demasiado pero fiel a sí mismo, tan visceral y compulsivo, que de vez en cuando, por pura probabilidad estadística, suelta joyas sin pulir, en bruto, como ésta. Es un exponente del llamado “realismo sucio” (nada que ver con la ciencia ficción… o sí: los extremos se tocan). Su estilo podría recordarnos aquí al de Leopoldo María Panero o, sin ir más lejos, al del zaragozano Rafa Sanz. De fama tardía, quemó media vida trabajando doce horas diarias en correos y la otra media con el alcohol y otros vicios que relata en sus poemas. La quemó, contaminó, pero a veces brilló, y deslumbró con un fuego triste y azul capaz de fundir la plomiza existencia.

Sorprende por su aplastante pureza, su contundente sencillez, por hacer incluso de la vulgaridad virtud, de sublimar la soez, de embellecer lo sórdido en una especie de reciclaje poético de las miserias propias y ajenas para hacer la vida más “sostenible” y llevadera.

Sin un alarde de talento , da la impresión de que podría haberlo escrito cualquiera simplemente por ser auténtico. Pero a veces eso es lo más difícil. El caso es que llega, llega a cualquiera con algo (¡algo!) de sensibilidad. Podría incluso formar parte del test Voight-Kampff que en la película sirve para distinguir los androides de los humanos.

Confesión intimista y sarcástica hasta el final, donde da y no da su brazo a torcer. Porque, obviamente, SÍ que llora, pero lo hace en solitario. O en todo caso en compañía del folio en blanco, que le conecta indirectamente con nosotros. O en todo caso con lágrimas efímeras que se pierden como alcohol en la garganta, o vapor en el humo, pero jamás (¡jamás!) ante los ojos de la lluvia como en la peli. Lo hace con un desgarro que simula ser arañazo. Acaso como lloras TÚ tras tu particular disfraz, ajeno a la tormentosa lluvia de las miradas.

Y sí, a veces es de belleza. A veces de alegría. A veces de risa, inocente… que en el fondo puede resultar ser malvada: porque quien bien te quiere te hará llorar.

Dejemos que ese pájaro nos cante al oído y nos eleve en con su vuelo interno.

Selección y reseña: Javier Castán

Semana 2. 21 de septiembre de 2018

Un poema, un libro y una película…

Nature’s first green is gold,
Her hardest hue to hold.
Her early leaf’s a flower,
But only so an hour.
Then leaf subsides to leaf.
So Eden sank to grief,
So dawn goes down to day.
Nothing gold can stay.

– Robert Frost –

De la naturaleza el primer verde es oro
su matiz más difícil de asir;
su más temprana hoja es flor,
pero por una hora tan solo.
Luego la hoja es hoja queda.
Así se abate el Edén de tristeza;
así se sume en el día el amanecer.
Nada dorado puede permanecer

“Notingh Gold Can Stay” es un poema del escritor estadounidense Robert Frost (San Francisco, 1874 – Boston 1963), quien es considerado como uno de los fundadores de la poesía moderna en su país. Fue publicado en la revista literaria The Yale Rewiew en 1923 y más tarde en la colección New Hampshire, que incluye los poemas “Fire and Ice” y “Stopping by Woods on a Snowy Evening”, lo que le supuso el Premio Pulitzer de poesía en 1924. Su poesía, sencilla e inmediata, cala hondo en el lector y conecta con la esencia más íntima de cada individuo, lo que queda patente en la lectura del poema.

¿Por qué lo he elegido?

La primera vez que lo leí fue en la novela “Rebeldes” de la escritora Susan E. Hinton, donde adquiere un papel fundamental en la trama de la obra. La primera vez que lo escuché (doblado al castellano como se recoge en la traducción) fue en la película del mismo título de Francis Ford Coppola (gracias a Internet ahora podemos escucharlo también en versión original y leído por el propio autor) . Algo tiene que tener para que este poema se haya convertido en referente de generaciones de lectores y lectoras que han llegado a él y a su autor, a través de la magia de la literatura o del cine, como es mi caso. De ahí el título inicial “un poema, un libro y una película”, porque de una manera u otra, hubiera llegado hasta él.

En el análisis del poema, Frost, marcado por sus experiencias vitales, nos muestra la pérdida como algo inevitable desde la observación cercana de la naturaleza, sometida a sus ciclos y al cambio. La idea de lo transitorio y fugaz está presente de manera clara: lo más precioso, lo dorado, es lo más difícil de asir. La referencia al Edén, como paraíso perdido y al instante del amanecer que se desvanece, nos lleva a recordar que debemos aprovechar al máximo los momentos valiosos que por su propia naturaleza no podemos retener.

Por ello, lectores y lectoras, intentar disfrutar de esos momentos que la poesía de Frost nos ofrece como algo precioso y que siguen inspirando libros, series y películas (¿a quién no le suena lo de “Fuego y hielo?). Si ya lo conocéis, os invito a recordarlo… si no lo conocías… ¿a qué estás esperando?

Selección y reseña: Ana Belén Arnauda Acero (Profesora de Geografía e Historia)

Semana 1. 14 de septiembre de 2018

Viuamus, mea Lesbia, atque amemus,
rumoresque senum seueriorum
omnes unius aestimemus assis.
Soles occidere et redire possunt:
nobis, cum semel occidit breuis lux,
nox est perpetua una dormienda.
Da mi basia mille, deinde centum,
dein mille altera, dein secunda centum,
deinde usque altera mille, deinde centum.
Dein, cum milia multa fecerimus,
conturbabimus illa, ne sciamus,
aut nequis malus inuidere possit,
cum tantum sciat esse basiorum.

Vivamos, Lesbia mía, y amémonos.
Que los rumores de los viejos severos
no nos importen.
El sol puede salir y ponerse:
nosotros, cuando acabe nuestra breve luz,
dormiremos una noche eterna.
Dame mil besos, después cien,
luego otros mil, luego otros cien,
después hasta dos mil, después otra vez cien;
luego, cuando lleguemos a muchos miles,
perderemos la cuenta, no la sabremos nosotros
ni el envidioso, y así no podrá maldecirnos
al saber el total de nuestros besos.

                                                           (Catulo)

Gayo Valerio Catulo (84-54 a.C.) nació en Verona, en el norte de Italia, de una familia perteneciente a la aristocracia municipal. Estudió en Roma y, tras regresar a Verona a la muerte de su hermano, viajó a Asia Menor formando parte del estado mayor del pretor Memmio. Estuvo relacionado con Clodia, esposa de Metelo y hermana del turbulento tribuno Cayo Clodio, de la antigua familia patricia de los Claudios. Según testimonios antiguos, esta Clodia, de la que Cicerón deja un retrato en su “Defensa a Celio”, debió de ser la Lesbia inmortalizada por el poeta en este poema. Conviene, sin embargo, guardar las debidas distancias entre los pintado y lo vivo: el propio Catulo recomienda al poeta ser atrevido y picante en sus versos, pero decente en su vida.

Autor del primer libro conservado de poesía lírica latina, enriquece la cultura occidental con un nuevo concepto de relación amorosa en la que un ciudadano romano rompe el decoro que se espera de su elevada posición aristocrática, aceptando pasivamente las infidelidades de la amada y trasladando a la antaño ocasional y pasajera pasión por una mujer cualquiera los sentimientos de lealtad y reciprocidad en que se apoyaba la vida social romana y el sentido de perdurabilidad y eternidad de un matrimonio. Catulo es el poeta de lo momentáneo, capaz de convertir en poesía cualquier situación cotidiana, trasladando a sus versos la vida social de la época, tratando a sus protagonistas con ternura o sarcasmo, con delicadeza o brutalidad, con refinada ironía o evidente rudeza. Dotado de una gran técnica poética que sabe ocultar con mucha habilidad, disfraza el arte con la máscara de la verdad vital, aspecto que valora por encima de todo nuestra época, pero que no fue el más apreciado por sus contemporáneos, quienes imitaron sobre todo sus excelencias como poeta, la movilidad de sus variados registros y el haber puesto la poesía romana a una altura desde la que su propio quehacer resultó a la vez más fácil y más difícil.

La relación que tenía el poeta con Clodia fue conflictiva ya que, después de entregarse por primera vez a él, le fue infiel, y dejó a Catulo en un constante debate entre el amor y el odio por ella y sus conocidos (recordamos el verso “Odi et amo”, te odio y te amo). Este poema, en pleno éxtasis amoroso, invita a Lesbia a vivir, a amar, es una exaltación del instante presente, feliz. En ese momento del amor no importa nada: ni los rumores, ni los envidiosos, ni lo que está bien o mal, sólo el hecho de estar con el otro cobra absoluta importancia, el darse “mil besos, luego ciento, después mil otra vez…” y olvidarse del mundo para entregarse a la amada.

El hecho de pedir más y más besos viene porque en esa época se creía que el conocimiento exacto del número de besos podría atraer las maldiciones de los envidiosos. También el concepto del “carpe diem”, del “tempus fugit” aparece en esa “noche eterna para dormir”. En resumen, Catulo nos abre paso al amor con todas sus consecuencias, nos enseña además que el sentimiento de amor hacia una persona es innato al ser humano, es tan contemporáneo que cualquiera de sus versos bien podría utilizarse en las cartas de los enamorados de nuestra época.

Profesor: Javier Alcutén (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 22. 22 de junio de 2018.

Beatus ille qui procul negotiis,
ut prisca gens mortalium
paterna rura bobus exercet
suis, solutus omni faenore,
neque excitatur classico miles truci
neque horret iratum mare,
forumque vitat et superba civium
potentiorum limina.

Dichoso aquél que lejos de los negocios,
como la antigua raza de los hombres,
dedica su tiempo a trabajar los campos paternos con sus propios bueyes, libre de toda deuda,
y no se despierta como los soldados con el toque de diana amenazador, ni tiene miedo a los ataques del mar,
que evita el foro y los soberbios palacios
de los ciudadanos poderosos.

                                                                 (Horacio)

A diferencia de Catulo, Horacio (65-8 a.C.) es un poeta de origen humilde. Hijo de liberto, recibió una educación esmerada gracias a la dedicación de su padre y apareció en la élite intelectual y política de Roma en el momento de su máxima expansión. Cuando para otros este dato sería triunfalista, para él se transforma en su obra en un motivo de humildad, de falta de vanidad y de sentido del límite, explicando de esta manera esa “aurea mediocritas” (dorada medianía, todo en su justa medida) anhelada en sus poemas. Horacio aparece de una manera más creíble en sus poemas que Catulo, en cambio su individualismo es mucho menor. Es un experto en hablar de sí mismo de manera significativa, ofreciendo un rasgo egocéntrico que nunca cansa, como se refleja en su poema “Beatus ille” (dichoso aquél).

Si nos fijamos en el poema, es probable que Horacio quisiera criticar a los ricos que se retiran al campo despegándose de la riqueza terrenal, como se puede ver en los cuatro últimos versos. Más tarde, el hombre del Renacimiento buscará esa vida tranquila y placentera del campo en detrimento de la ciudad, y junto al “locus amoenus” (lugar ameno) y al “tempus fugit” (el tiempo huye), se convertirá en una de las aspiraciones, como se puede apreciar en la oda A la vida retirada de fray Luis de León:

¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruido,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido…

Selección y reseña: Javier Alcutén (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 21. 15 de junio de 2018.

Esta semana queríamos presentaros algo diferente. Se trata de la obra de Bárbara Serrano, una escultora afincada en Zaragoza que también se dedica a la enseñanza en el ámbito de secundaria.

Bárbara acostumbra a presentar sus esculturas acompañadas siempre de unos versos. A través de ellos somos capaces de vivir con una mayor intensidad y tener una mejor percepción de lo que nos quiere transmitir con su obra.

En esta ocasión queremos presentaros una de sus últimas creaciones: Pérdida.

Tristes tiempos de guerra.

Desde la lejanía observo

el campo de batalla.

Dolor, muerte, destrucción.

Campos angostos que un día

brillaron con el verdor de la primavera.

El dolor crece, me ciega,

se concreta, se me apodera,

me agarra el alma,

la estruja y la zarandea.

Sólo puedo gritar, sólo puedo llorar.

No puedo escucharte, no puedo verte.

¿Qué mundo es éste

en el que tú no estás?

Campos de guerra denostados

tras la batalla, luchas absurdas, victorias vacías,

sembrados regados con sangre

que sangre nos ofrecen.

Abandono, culpa, venganza, miedo,

palabras poderosas

que en la sombra callan.

¿Quién mató a quién?

¿Dónde damos sepultura

al tiempo que nos faltó por vivir?

Desde la lejanía observo

el campo de batalla.

Enraizada en su lecho veo absorta

lo que no viví, lo que perdí.

No hay consuelo, no hay esperanza.

Tal vez el perdón sea el único camino.

                                               (Bárbara Serrano)

Esta fusión entre escultura y poesía, nos lleva a experimentar la pérdida de un ser amado. La obra plástica, a través de una mirada hacia la lejanía, pretende transmitir tristeza, soledad y silencio. Los versos enfatizan el aporte de la escultura, nos hacen experimentar paulatinamente los diferentes estados del proceso de decir adiós, la rabia, la desesperanza y el abandono que conducen finalmente a la resignación.

Selección y reseña: Ana de Val.

Semana 20. 8 de junio de 2018.

EN LA MUERTE DE JOSÉ DE CIRIA Y ESCALANTE

¿Quién dirá que te vio, y en qué momento?
¡Qué dolor de penumbra iluminada!
Dos voces suenan: el reloj y el viento,
mientras flota sin ti la madrugada.

Un delirio de nardo ceniciento
invade tu cabeza delicada.
¡Hombre! ¡Pasión! ¡Dolor de luz! Memento.
Vuelve hecho luna y corazón de nada.

Vuelve hecho luna: con mi propia mano
lanzaré tu manzana sobre el río
turbio de rojos peces y verano.

Y tú, arriba, en lo alto, verde y frío,
¡olvídame! y olvida el mundo vano,
delicado Giocondo, amigo mío.

                                                       (Federico García Lorca)

Federico García Lorca escribía en una carta a Melchor Fernández Almagro sobre su gran amigo José de Ciria y Escalante lo siguiente:

Estos días los he pasado mal, porque yo quería dedicarle a nuestro Ciria un tierno y auténtico recuerdo, pero por más que luchaba no conseguía (y esto es raro en mí) que la fuente, ¡mi fuente!, manara por él. Ayer tarde estaba en una oscura y fresca alameda y le dije: Pepe, ¿por qué no quieres que te evoque? Y sentí que mis ojos se llenaban de lágrimas. Entonces, y tras diez días de esfuerzo continuo, conseguí en un instante parir el soneto que te envío.

Este magnífico soneto, que fue recogido por Gerardo Diego en la primera edición de su Antología poética, ha permitido que se mantenga la memoria de este poeta santanderino fallecido prematuramente a los veinte años.

El poema recoge la delicadeza de las imágenes y sentimientos típicamente lorquianos a través de menciones como la de la luna y el nardo ceniciento.

 Dando forma poética a lo que el propio Lorca refleja en su carta respecto al proceso de creación del soneto, se nos presenta el duelo de la muerte como la suspensión del tiempo y el vaciado del espacio, ambas cosas metáfora de la pérdida de sentido que nos embarga con el fallecimiento de un ser tan próximo. Como contraste, Lorca adopta aquí una forma poética clásica, el soneto, que, a diferencia de lo que sucede, por ejemplo, con el fluir casi instintivo del romance, que fuerzan a la contención a unos sentimientos que no se va a permitir desbordar, lo que intensifica el impacto emocional del poema.

Selección y reseña: Ana Bellé (Departamento de Matemáticas)

Semana 19. 1 de junio de 2018.

Hagamos un trato

Compañera, 
usted sabe 
que puede contar conmigo, 
no hasta dos ni hasta diez 
sino contar conmigo. 

Si algunas veces 
advierte 
que la miro a los ojos, 
y una veta de amor 
reconoce en los míos, 
no alerte sus fusiles 
ni piense que deliro; 
a pesar de la veta, 
o tal vez porque existe, 

usted puede contar 
conmigo. 

Si otras veces 
me encuentra 
huraño sin motivo, 
no piense que es flojera 
igual puede contar conmigo. 

Pero hagamos un trato: 
yo quisiera contar con usted, 
es tan lindo 
saber que usted existe, 
uno se siente vivo; 
y cuando digo esto 
quiero decir contar 
aunque sea hasta dos, 
aunque sea hasta cinco. 

No ya para que acuda 
presurosa en mi auxilio, 
sino para saber 
a ciencia cierta 
que usted sabe que puede 
contar conmigo.

(MARIO BENEDETTI)

HAGAMOS UN TRATO” es generosidad, amor, amistad y lealtad.
Benedetti parte de un concepto cotidiano, el trato, para exponer una promesa. Estos versos de Benedetti carecen de drama, de estruendo romántico; el poeta se ofrece sin ambages, sin esperar nada a cambio.

¿Amor o amistad? Tal vez sea esa dualidad, a veces contradictoria, la que late en el reverso de este poema. La pasión puede ser egoísta, pero el amor incondicional no conoce la codicia.

Desde este ENLACE se puede escuchar al propio Benedetti recitando su “Hagamos un trato”.

Incluso Joan Manuel Serrat en el álbum “El sur también existe” (1985) hizo de esta poesía una preciosa canción: https://www.youtube.com/watch?v=fYVrb4O1PWs

Mario Benedetti(1920-2009)

Nació el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, departamento de Tacuarembó a 200 kilómetros al norte de Montevideo.

A los cuatro años, se trasladó a Montevideo, debido al trabajo de su padre, farmacéutico.

Cursó primaria en el Colegio Alemán de esa ciudad y secundaria, como alumno libre. Desde los catorce años, empezó a trabajar como taquígrafo, cajero, vendedor, librero, periodista, traductor, empleado público y de comercio.

Miembro destacado de la llamada “generación uruguaya del 45“, sus libros participaron del “boom” de ventas de la narrativa latinoamericana de los años 50 a los 70 y sus textos han sido recogidos y divulgados por cantantes como ViglietiRosa LeónJairoLuis PastorIsabel ParraSoledad Bravo, y Claudia y Alberto.

De 1945 a 1975 trabaja en el semanario Marcha, clausurado por la dictadura. Es profesor de literatura y parte como exiliado en los años setenta a Buenos AiresLimaLa Habana España.

Cultivó todos los géneros, con iniciación en la poesía en libros como Poemas de oficina (1956), de tono cotidiano y existencial. Con los cuentos Montevideanos (1960) incursionó en el realismo. En 1960 ensayó la crítica político-social con El país de la cola de paja. Sus novelas La tregua (1960) y Gracias por el fuego (1965) tratan de los vicios sociales de la sociedad de consumo. Su narrativa se politizó con El cumpleaños de Juan Ángel (1971) y Primavera con una esquina rota (1982), incorporando el tema del exilio y el retorno en La casa y el ladrillo (1977), Vientos del exilio (1982), Geografías (1984) y Las soledades de Babel (1991). Su obra de teatro Pedro y el capitán (1979) aborda la tortura.

Sigue leyendo: https://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/869/Mario%20Benedetti

Selección y reseña: Elena Galay

Semana 18. 25 de mayo de 2018.

Mai, mira me as mans;

As trayo buedas,

Lasas de amar…

Son dos alas

D’un biello pardal

que no puede

sisquiera bolar.

Mai, mira me os güellos,

n’o cielo perdius

n’un fondo silenzio…

Son dos purnas

Chitadas d’o fuego

Que no alumbran

ni matan o chelo.

Mai, mira me l’alma

aflamada de sete,

enxuta d’asperanza…

Ye un campo labrau

an no i crecen qu’allagas

que punchan a vida

dica qu’a matan.

Mai, mira me á yo.

¿Me reconoces, mai?

Fue o tuyo ninón…

Uei só un ome

Que no sé como só.

Mai, ¿ me reconoxes?

¡¡Mai, ¿ni sisquiera tu?!!

                                (Anchel Conte)

POEMA EN LENGUA ARAGONESA DE ANCHEL CONTE, EN SU POEMARIO “ NO DEIXEZ MORIR A MÍA BOZ”. 1972.

Los poemas que componen este libro son la reivindicación de una lengua, la aragonesa, que ya a principios de 1970, cuando se escribe el libro, está en retroceso. A principios de esta semana de mayo de 2018, la Unión Europea, calificaba a nuestra lengua como la que más peligro tenía de desaparecer en el viejo continente.

El autor, Anchel (Ángel en aragonés) Conte es uno de los escritores fundamentales en la reivindicación y el uso del aragonés en poemas y novelas. Ha sido profesor de instituto en varias localidades aragonesas, y hoy jubilado se dedica a escribir novelas y poemas en aragonés y de temática aragonesa.

Si buscáis en Internet, veréis que este poema está bellamente musicado y cantado por cantautores como Mario Garcés, Gabriel Sopeña o María José Hernández.

La traducción es fácil, pues su lengua hermana el castellano es muy similar. ¿Quién se atreve a traducirla?. Algunas pistas de vocabulario aragonés:mai: madre/ buedas: vacías/ güellos: ojos/ chelo: hielo/ purnas: chispas/ punchan: pinchan….

Selección y reseña: Francisco Murillo (Departamento de Geografía e Historia)

Semana 17. 18 de mayo de 2018.

DEL POEMA DE VIRGILIO: ENEIDA

(Descenso a los Infiernos)

Ibant obscuri sola sub nocte per umbram

perque domos Ditis uacuas et inania regna:

quale per incertam lunam sub luce maligna

est iter in siluis, ubi caelum condidit umbra

Iuppiter, et rebus nox abstulit atra colorem.

uestibulum ante ipsum primisque in faucibus Orci

Luctus et ultrices posuere cubilia Curae,

pallentesque habitant Morbi tristisque Senectus,

et Metus et malesuada Fames ac turpis Egestas,

terribiles uisu formae, Letumque Labosque;

tum consanguineus Leti Sopor et mala mentis

Gaudia, mortiferumque aduerso in limine Bellum,

ferreique Eumenidum thalami et Discordia demens

uipereum crinem uittis innexa cruentis.

Iban oscuros por las sombras bajo la noche solitaria

y por las moradas vacías de Dite y los reinos inanes:

como el camino bajo una luz maligna que se adentra en los bosques

con una luna incierta, cuando ocultó Júpiter el cielo

con sombra y a las cosas robó su color la negra noche.

Ante el mismo vestíbulo y en las bocas primeras del

Orco el Luto y las Cuitas de la venganza su cubil instalaron,

y habitan los pálidos Morbos y la Senectud triste,

y el Miedo y Hambre mala consejera y la Pobreza torpe,

figuras terribles a la vista, y la Muerte y la Fatiga;

el Sopor además, pariente de la Muerte, y los malos Gozos

de la mente, y, en el umbral de enfrente, la guerra mortal

y los tálamos de hierro de las Euménides y la Discordia enfurecida

enlazado su cabello de víboras con cintas ensangrentadas.

                                                                            (Virgilio)

Estamos ante un fragmento del poema épico más famoso de la literatura latina, la Eneida de Virgilio. He escogido concretamente este fragmento porque relata el tópico literario del descenso a los Infiernos, la llegada al inframundo de Eneas que otros héroes han hecho como si se tratara de ese rito de purificación (catarsis) para limpiar todos los males que les persiguen. En este libro Virgilio pone de manifiesto el pensamiento común de gran parte de la sociedad de la época de que la muerte era una liberación y no el fin de un drama, y que la providencia divina nivelaba con creces las adversidades sufridas en la vida.

Nuestro héroe ya había sufrido en su propia carne todos los sufrimientos humanos más dolorosos, inmediatos y punzantes que pueden herir la condición humana: destrucción de su patria, la muerte de su padre Anquises, la desaparición de su esposa Creúsa, y si esto fuera poco, la dolorosa decisión de rechazar el amor de Dido por el destino marcado por los dioses (pius Aeneas, piadoso Eneas).

Fragmento lleno de lirismo, se va describiendo a los diferentes seres monstruosos que deambulan errantes, ansiosos de conocer a ese mortal que se atreve a desafiar al propio Hades adentrándose en “las moradas vacías de Dite…”.

Entre esos seres fantasmagóricos aparecen el Llanto y los Remordimientos vengadores, las pálidas Enfermedades, la triste Vejez, el Hambre, la mala consejera…las Gorgonas, las Arpías, Caronte el barquero,etc.

He optado por mostrar una versión bilingüe para reconocer lo cercano que es el latín clásico al castellano actual. Quiero remarcar la consecución de adjetivos que colorean, aunque estemos ante un mundo oscuro y sombrío, las estancias más recónditas del Averno. Al comienzo hay un símil fantástico de la noche “…ubi caelum condidit umbra Iuppiter, et rebus nox abstulit atra colorem…”. Destacar también la diferente polisemia utilizada para el Infierno (inferus, aquello que está abajo, en el interior): Averno (sin pájaros, porque los gases que emanaba el lugar mataba a la aves), Tártaro (lugar donde estaban encerrados los Titanes después de luchar con los dioses del Olimpo), Orco (recuerda que ex-orcismo significa sacar el Orco del cuerpo).

La descripción que lleva a cabo Virgilio del Infierno en la Eneida ayudó a apaciguar las inquietudes de sus contemporáneos particularmente preocupados por el destino de las almas con posterioridad a la muerte. Por primera vez en la historia de la literatura un autor se atreve a componer el vademécum de algo tan desconocido y prohibido como es el mundo de los muertos, tema connatural al ser humano. Virgilio sirvió de fuente a otros escritores que se atrevieron a relatar las estancias más lúgubres del inframundo, como Dante en su Divina Comedia. No es casualidad que el acompañante de Dante sea Virgilio, y que el simbolismo que impregna esta obra esté basado en el descenso a los infiernos de Eneas. Pero ésta es otra historia.

Selección y reseña: Javier Alcutén (Departamento de Lengua castellana y Literatura).

Semana 16. 11 de mayo de 2018.

El viaje interior 

Fuera de ti no esperes encontrar

lo que dentro de ti nunca has buscado.

No es más hermoso el sol de otros lugares,

por lejanos que estén:

lo que importa es la luz que da vida a tus ojos.

No fatigues tus días

en recorrer países en busca de otros mundos.

No tardes en emprender el viaje a tu interior,

no vaya a ser que pronto sea tarde:

no estás de ti tan cerca como crees,

ni es tanto el tiempo de que aún dispones

para descubrirte y conquistarte.

(Ángel Guinda)

Esta semana nos hemos decantado por un poema del gran Ángel Guinda, nacido en Zaragoza en 1948.

Ángel Guinda es todo un personaje, cuenta que a los dieciséis años, en un banco del Paseo de la Constitución, meditando frente a una escultura de amantes emparaguados, se le apareció la Poesía, poseyéndole en ese mismo momento.

Fue en los setenta cuando empezó a dar recitales, compaginándolos con la enseñanza, su otra vocación, que le hizo dejar de lado los estudios de Medicina, y hoy en día, a sus setenta años, sigue dedicándose a ello plenamente, aunque ya en tierras madrileñas, donde vive desde 1987.

Su calidad literaria le ha hecho conseguir varias menciones, así fue galardonado con el Premio de la Letras Aragonesas en 2010, en reconocimiento a su trayectoria de creación literaria, en 2011 fue finalista de los premios de la Crítica y el Nacional de poesía en 2012, respectivamente.

Pero no sólo es un poeta, un educador, es un innovador, de hecho, cuando yo le conocí fue en un recital poético, en la ciudad de Barbastro, donde no sólo declamaba sus composiciones, sino que las rapeaba con un ritmo y estilo incomparable.

Ángel Guinda siempre ha defendido una opción poética, escribir cómo se vive, muestra de ello el siguiente documental en el que cuenta uno de los peores episodios de su vida, que le hizo obsesionarse por dos temas claves de su poesía: la vida y la muerte.

https://www.youtube.com/watch?v=vONxXwZc3YI

El poema que he escogido, uno de mis favoritos, trata de la vida. Insta, recurriendo en cierto modo a un medieval “carpe diem”, a disfrutar del momento, pero de una manera diferente, sin seguir ningún patrón convencional, sino buscando la vitalidad, la evolución, el descubrimiento y la felicidad dentro de uno mismo, algo más que entendible en nuestro poeta, ya que está relacionado con su modus vivendi.

Como anécdota para entender esa personal filosofía de la vida, y acabando con esta reseña, apuntaré que no hace mucho se ha comprado casa, su casa definitiva, donde piensa acabar sus días, pero no ha optado por una nueva construcción en un barrio caro ni de nueva creación, se ha comprado un piso antiguo en el madrileño barrio de Lavapiés, lo ha reformado y allí vive rodeado de diversas culturas, personas de todo tipo, calles con historia, que le ayudan a encontrar la vida, la felicidad, sin tener que irse lejos, sino mirando en lo que le rodea y en su propio interior.

Espero que lo disfrutéis tanto como yo.

Selección y reseña: Marimar Castro Giménez (Departamento de Lengua castellana y Literatura).

Semana 15. 4 de mayo de 2018.

Solamente por el muerto reciente
podemos sentir pena o compunción.
Los muertos muy antiguos inspiran respeto
y acaso indiferencia.
Si esperas que al morir te lloren
procura mientras vivas ser causa de alegría
y admite sin demora que el dolor
es dura experiencia intransferible.
Hay dolores que menguan con el tiempo,
otros no se aplacan jamás. Temamos esos,

pero suframos sin alardear. Sea un sufrir callado.
(Desde la cima bifronte, Encarnación Ferré)

Sirvan estas breves líneas como reivindicación de una de las voces poéticas más personales del panorama literario actual: Encarnación Ferré. Dentro del maremágnum de obras y autores resulta difícil discernir grano de paja, y quizás la catarata de letras impresas que asola el mercado libresco impida que encontremos los tesoros; más bien nos topamos, de manera inesperada, con ellos. Así las cosas, tengo a bien omitir los detalles del casual camino que me hizo llegar hasta la obra de Encarnación Ferré, pero también tengo a bien exponer la importancia de su labor literaria, que contempla teatro, prosa y poesía, entendiendo los tres géneros como senderos de ida y vuelta, conformando una obra plenamente coherente, que podemos describir como ejercicio valiente de exposición del alma de su autora; es decir, paisajes de mundo interior.

Produce serenidad saber
por qué se hizo aquello que se hizo
pero los enemigos se reducen a uno
y lo levamos dentro.
Detalles insignificantes
brindan en ocasiones razón para seguir
porque lo arduo de nacer es sobrevivirse.
(Desde la cima bifronte, Encarnación Ferré)

Su voz se antoja, siempre, desnuda de vanidad, palabra en busca de un sentido que hace del discurso algo auténtico y latente. Su literatura no es belleza entendida como pose sino como trascendencia. Encarnación Ferré ignora lo fácil abrazando lo complejo. Siempre obvia lo meramente sencillo y placentero, entregándose con frenesí al beso de éxtasis del dolor de crear (uno de los lugares comunes de su obra) en la que el proceso de aprendizaje también es entendido desde existencial perspectiva sufriente.

¿Por qué siempre hay algo
que empuja hacia el abismo?

¿Por qué escuece la recriminación
como fuego en la herida?
No aguardes ese viento que más te favorece.
Brisas humildes son también halagüeñas.
(Desde la cima bifronte, Encarnación Ferré)

Si la poesía es labor de esmero y selección, decir mucho con poco, tras sus versos late una labor de cuidadoso acabado, con el fin de crear el placer estético que no deja de lado la profundidad. Así las cosas, los poemas de Desde la cima bifronte (una de las grandes joyas del panorama lírico actual, insisto) parecen retrotraernos tanto al aforismo latino como a autores de la talla de fray Luis de León o Baltasar Gracián. Leyendo a Ferré siempre se tiene la sensación de que la autora acaba de superar su propio naufragio, de que nos habla desde la sinceridad que otorga toda experiencia extrema, si bien con la calma de la pulida reflexión. Sus letras son fruto del necesario refreno del que surge toda elegancia, del buen hacer del escritor que sabe que concreción y silencio expresa más que ambages y artificio.

Quien no tiene pan
se conforma con llegar a tenerlo.
Quien lo tiene,
comienza a pensar en que lo loen.

(Desde la cima bifronte, Encarnación Ferré)

En la poesía de Ferré nos reencontramos con una concepción de la escritura como labor de selección, pues escribir es silenciar, escoger una palabra que omite posibilidades infinitas, alumbrando el concepto perseguido, deseado.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura).

Semana 14. 27 de abril del 2018.

Soneto XXIII

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;

y en tanto que el cabello, que en la vena      
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado       
cubra de nieve la hermosa cumbre;

marchitará la rosa el viento helado.
Todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

                Garcilaso de la Vega


En esta ocasión nos vestimos con los atuendos más clásicos de nuestra poesía, reproduciendo la que quizás sea más popular poesía de Garcilaso de la Vega (uno de nuestros más populares poetas). El soneto XXIII es una de las composiciones más conocidas de la lírica hispánica, reproducida en infinidad de ocasiones, a través de los medios más diversos, así como trabajada en escuelas, institutos y universidades. Su alcance es tal que no conocer sus primeros versos "de memoria" resulta incluso inusual.
Es una de las obras maestras del Renacimiento, de impecable factura y ortodoxia, respetando los parámetros tradicionales del soneto; es decir, dos cuartetos y dos tercetos...

Nacido en Toledo, Garcilaso compaginó armas y letras, tal y como también lo hiciera el ilustre Cervantes, contribuyendo a la introducción, pero sobre todo al perfeccionamiento, de la lírica italianizante en nuestra lengua. Una piedra arrojada desde lo alto de una almena en el sitio de Le Muy lo hirió de gravedad,  muriendo en Niza, el 14 de octubre de 1536,sin haber llegado a los cuarenta años de edad, asistido por su amigo Francisco de Borja.
Dada su juventud, su obra literaria resulta breve, aunque magnífica. Tal que en el caso de otro de nuestros grandes, Federico García Lorca, quizás no podamos hablar de madurez intelectual y, por ende, artística, pero sí de excelsitud. Composiciones como la aquí reproducida, o su célebre Égloga de Salicio y Nemoroso, dan fe de ello.
Un clásico siempre lo es por la permanente vigencia de su significado. A pesar de los cientos de años que nos separan de su fecha de composición, este soneto XXIIIº resulta de incuestionable actualidad, en tanto en cuanto el paso del tiempo continúa siendo condicionante inexorable de la condición humana. La delicadeza de sus versos introducen con sutileza la reflexión vital, hablándonos desde el pasado de los mismos avatares que nos siguen, y que nos seguirán, afectando. 

(Selección y reseña: Alberto Jiménez. Departamento de Lengua Española y Literatura).

Semana 13. 20 de abril de 2018.

AMADA

Amada mía de antes,

tenías la ternura de las playas en tu vientre.

El verde dulce de las uvas en tus ojos.

La miel y el vino y la pimienta en tu saliva.

La seda, el ala, el pétalo,

la fragancia de los niños,

la ciencia de los sabios

en las yemas de tus dedos.

Tenías la tormenta entre tus piernas,

la tormenta y la alegría,

la incitación y el reposo,

la furia y la caricia.

Tenía la suavidad del horizonte,

la curva de su cuerpo entre las sábanas.

Tenías, y no has muerto.

Tenías, y aún queda.

Por eso, amada mía de antes, es tan grande mi tristeza.

                                                                  Fernando Fernán-Gómez

Aprovechando la cercanía del día del libro, vamos a utilizar este apartado para reivindicar una de las figuras más insignes del panorama literario español de los últimos años. Reconocido por su gran labor actoral, Fernando Fernán-Gómez es una de las más lúcidas plumas de la literatura hispánica de las últimas décadas, con títulos impagables como El viaje a ninguna parte (quizás una de las mejores novelas de todo el siglo XX). Su labor ensayística también resulta encomiable, con obras maestras como Puro teatro y algo más, Nosotros los mayores y, sobre todo, Impresiones y depresiones. Creador del clásico teatral Las bicicletas son para el verano, menos conocida resulta su obra poética, de la que hemos tenido a bien seleccionar Amada, espléndida composición en la que, con su tendencia general a la melancolía y al erotismo, Fernán-Gómez evoca el pasado amor. La enumeración como rasgo de estilo, la repetición y el paralelismo como creadores de ritmo, y la importancia de ese verso final, que otorga significado al texto todo, subrayándolo de emotiva tristeza. Dulzor amargo.

(Selección y reseña: Alberto Jiménez. Departamento de Lengua Española y Literatura).

Semana 12. 13 de abril de 2018.

Annabel Lee

[Poema – Texto completo.]

Edgar Allan Poe

Hace de esto ya muchos, muchos años,
cuando en un reino junto al mar viví,
vivía allí una virgen que os evoco
por el nombre de Annabel Lee;
y era su único sueño verse siempre
por mí adorada y adorarme a mí.
Niños éramos ambos, en el reino
junto al mar; nos quisimos allí
con amor que era amor de los amores,
yo con mi Annabel Lee;
con amor que los ángeles del cielo
envidiaban a ella cuanto a mí.
Y por eso, hace mucho, en aquel reino,
en el reino ante el mar, ¡triste de mí!,
desde una nube sopló un viento, helando
para siempre a mi hermosa Annabel Lee
Y parientes ilustres la llevaron
lejos, lejos de mí;
en el reino ante el mar se la llevaron
hasta una tumba a sepultarla allí.
¡Oh sí! -no tan felices los arcángeles-,
llegaron a envidiarnos, a ella, a mí.
Y no más que por eso -todos, todos
en el reino, ante el mar, sábenlo así-,
sopló viento nocturno, de una nube,
robándome por siempre a Annabel Lee.
Mas, vence nuestro amor; vence al de muchos,
más grandes que ella fue, que nunca fui;
y ni próceres ángeles del cielo
ni demonios que el mar prospere en sí,
separarán jamás mi alma del alma
de la radiante Annabel Lee.
Pues la luna ascendente, dulcemente,
tráeme sueños de Annabel Lee;
como estrellas tranquilas las pupilas
me sonríen de Annabel Lee;
y reposo, en la noche embellecida,
con mi siempre querida, con mi vida;
con mi esposa radiante Annabel Lee
en la tumba, ante el mar, Annabel Lee.

(Poema seleccionado por Belén Modrego)

Nuestra amiga Belén ha tenido la gentileza de enviarnos esta estupenda  traducción del clásico poema de Edgar Allan Poe, Annabel Lee, originalmente escrito en inglés. El poema fue popularizado en nuestro país por el grupo de pop-rock, Radio Futura,  cuyo enlace a su canción también nos ha facilitado.

El norteamericano Poe, nacido en Bostón en 1809, influyó enormemente en autores como Charles Baudelaire, Rubén Darío o Emilio Carrere, alumbrando el relato sobrenatural moderno, que posteriormente cultivarían creadores del calibre de Howard Philips Lovecraft, Arthur Conan Doyle o, más actualmente, Stephen King.

En nuestro país, tenemos la singular fortuna de leer dos autores clásicos a la par, dado que Julio Cortázar tradujo sus impagables Narraciones extraordinarias, en las que nos encontramos cuentos tan célebres como El gato negro, El corazón delator o El pozo y el péndulo.

Creador del relato detectivesco moderno, gracias a creaciones como La carta robada o Asesinato en la calle de la Morgue, tan solo escribió una novela, de peripecias marítinas, Las aventuras de Arthur Gordon Pym, cuyo inquietante final nos lleva de nuevo hacia esos misteriosos parajes de lo fantástico que constituyó a través de sus cuentos y poemas.

Más Poemas de Edgar Allan Poe

POEMA HECHO CANCION POR RADIO FUTURA

(ENLACE VIDEOCLIP) https://www.youtube.com/watch?v=SNWdvjKDybY

Semana 11. 23 de marzo de 2018.

EN EL PRINCIPIO

Si he perdido la vida, el tiempo, todo

lo que tiré, como un anillo, al agua,

si he perdido la voz en la maleza,

me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo

lo que era mío y resultó ser nada,

si he segado las sombras en silencio,

me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro

puro y terrible de mi patria,

si abrí los labios hasta desgarrármelos,

me queda la palabra.

Blas de Otero

https://www.youtube.com/watch?v=GaekDamHBWk

Nuestro amigo Julian Trullenque, padre de uno de nuestros alumnos de segundo de ESO, Sergio, nos envía un selecto texto y un estupendo enlace a YouTube para conmemorar el 102º aniversario del nacimiento de uno de los poetas más significativos del pasado siglo, el bilbaíno Blas de Otero.

Tal y como expresan los versos del poema elegido, el autor de Ángel fieramente humano defendió la función combativa de la palabra, arma poderosa capaz de llevar a cabo, parafraseando a Miguel de Unamuno, una labor más importante que vencer: convencer.

Exiliado en París, Blas de Otero encontró la libertad necesaria para articular sin censuras su sincera e inconfundible voz poética, para pedir la paz, y la palabra.

Semana 10. 16 de marzo de 2018.

DESMAYARSE, ATREVERSE, ESTAR FURIOSO

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

Lope de Vega

Una vez más, la palabra puesta al servicio del intento de definición de lo mistérico, lo inaprensible. El soneto como catarata frustrada de verborrea, siendo la antítesis el principo rector de lo que no se puede expresar, tan solo sentir en la propia carne, tal y como en el verso final concluye Lope de Vega, uno de los autores clave del Siglo de Oro, época que puede observarse como encrucijada en la que coinciden algunos de los más grandes artistas de nuestras letras.
Quien escribió las anteriores líneas, confeccionando uno de los poemas más célebres no ya del Barroco sino de toda nuestra tradición poética ha pasado a la Historia de la Literatura como uno de los más grandes dramaturgos de todos los tiempos, con una facilidad asombrosa para la versificación en octosílabo; lo que le llevó a ser tildado de fénix de los ingenios españoles (a la par que monstruo de la naturaleza), pues imparable fue su caudal de producción: La dama boba, El perro del hortelano, El caballero de Olmedo, Fuenteovejuna, El mejor alcalde, el Rey… Y así hasta un número ingente, puesto que se le han llegado a atribuir más de mil obras (ahí es nada).

Pero, además, don Lope, buen conocedor del asunto amoroso (tal y como constatan los diversos biógrafos que han investigado su azarosa vida) también compuso novela (así La Dorotea o Peregrino en su patria) y poesía, gestando obras maestras como la que hemos seleccionado esta semana, donde parece latir esa pulsión vitalista que en sus posteriores Rimas de Burguillos va a dar paso a un tono más amable y reflexivo.

La experiencia como forma de conocimiento parece entroncar el poema con la corriente mística, en tanto en cuanto la imposibilidad de nombrar es aquí utilizada por Lope, conllevaba a un juego de contrarios que deja de manifiesto la incapacidad del lenguaje racional para hablar de realidades ajenas a la cotideanidad. Y es que la expresión del sentimiento amoroso ha sido una de las constantes artísticas más antiguas, y también más modernas, y, en este sentido, quizás tengamos que llegar hasta el simbolismo para encontrar nuevos recursos con los que tratar de aprehender las mismas inquietudes; recursos que estaban ya (en forma embrionaria) en los juegos de palabras de los maestros conceptistas (Góngora, Quevedo, el hoy elegido Lope…), que supieron intuir como la palabra, descontextualizada, es capaz de transmitir los más íntimos de los sentires.

(Selección y reseña: Alberto Jiménez. Departamento de Lengua Española y Literatura).

Semana 9. 9 de marzo de 2018.

A LEONOR
Tu cabellera es negra como el ala
del misterio; tan negra como un lóbrego
jamás, como un adiós, como un «¡quién sabe!»
Pero hay algo más negro aún: ¡tus ojos!Tus ojos son dos magos pensativos,
dos esfinges que duermen en la sombra,
dos enigmas muy bellos… Pero hay algo,
pero hay algo más bello aún: tu boca.Tu boca, ¡oh sí!; tu boca, hecha divinamente
para el amor, para la cálida
comunión del amor, tu boca joven;
pero hay algo mejor aún: ¡tu alma!Tu alma recogida, silenciosa,
de piedades tan hondas como el piélago,
de ternuras tan hondas…
Pero hay algo,
pero hay algo más hondo aún: ¡tu ensueño!
 
Amado Nervo
 
Aportación de Mª Dolores Ibáñez
 
 
Amado Nervo fue un autor de origen mejicano perteneciente al movimiento Modernista. Autor de novelas como El bachiller (1895) y muy vinculado al mundo de la prensa (fue redactor de El Imparcial), publicó también poemarios de indudable calidad como Perlas negras (1898) El éxodo y las flores del camino (1902) o su obra póstuma, La amada inmóvil (1922). Su inquietud intelectual y su carrera periodística le llevó a viajar a capitales Europeas como París, donde se gestaba ese elitismo artístico en el que encontramos nombres decisivos como el de Rubén Darío, autor con el que trabó amistad. También se codeó con autores no menos insignes, tal que Oscar Wilde, José Cantos Chocano, Luis G. Urbiunma o Campoamor.
 
Su nombre, que por sonoridad parece pertenecer al juego estético modernista, era en verdad el que le habían dado al nacer, tras la decisión de su padre de acortar su apellido: Ruiz de Nervo.

Semana 8. 2 de marzo de 2018.

ÍTACA

Constantinos Kavafis

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Más no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

Reseña

La vida del autor de Ítaca, Constantinos Kavafis, es un ejemplo de la azarosa historia europea de finales del XIX e inicios del XX. Fue el último de los ocho hijos de una familia griega originaria de Constantinopla (actual Estambul, en Turquía), que había emigrado a Alejandría por los negocios del padre, disfrutando de una vida burguesa entre las élites de la ciudad. La muerte del padre obligó a su madre a emigrar a Liverpool y tras siete años, se vieron obligados a regresar a Alejandría, donde ya nunca la vida familiar volvería a disfrutar el nivel que tuvo en los tiempos en que el padre vivía. En 1882 tras el bombardeo inglés sobre la ciudad, la familia se desplazó a Constantinopla durante tres años. Tras ello, llegó el regreso definitivo a Alejandría, ciudad que ya nunca abandonaría hasta su muerte. Nunca llegó a publicar un libro con sus poemas. Únicamente, por iniciativa personal, mandó imprimir dos libretos con algunos de ellos.

En este poema, nos habla sobre la importancia de disfrutar el camino, cualquier camino, y no sólo añorar el objetivo: una metáfora que puede extenderse a muchos procesos de nuestra vida. Como le sucede a Odiseo en el poema homérico, todos queremos volver a casa, a Ítaca, ver desde el mar la isla en la que crecimos, volver a ver a la mujer que amamos (Penélope) y que nos espera hace tantos años. Por esta razón, Ïtaca es la metáfora perfecta del propósito de la vida, de eso que nunca dejaremos de perseguir. Es una excelente enseñanza para que nuestros alumnos del instituto aprecien el camino que recorren día a día entre nosotros y que no siempre es valorado con justicia, no hay que perseguir un fin en exclusiva, hay que disfrutar del proceso para obtener tal fin.

En el poema se resalta la importancia de disfrutar del camino hacia nuestra propia Ítaca (cualquiera que ésta sea), pues el viaje es mucho más enriquecedor que la llegada al destino final. Podemos extraer una enseñanza que a priori parece simple pero que, frecuentemente, olvidamos. En una vida atolondrada, de recompensas fáciles e instantáneas, solemos olvidar que el camino no solamente es lo que más puede enseñarnos sino también de aquello que más podemos disfrutar.

(Seleción y reseña de Txema Vallejo. Departamento de Geografía e Historia)

Semana 7. 23 de febrero de 2018.

RUBAIYAT

Original en persa.

The rose claimed to be Jacob of grass and dirt
A red ruby resurrected with a green skirt
I said if this is so, show a sign of your hurt
Said just take a look at my bloody shirt.

Look to the blowing Rose about us–“Lo,
Laughing,” she says, “into the world I blow,
At once the silken tassel of my Purse
Tear, and its Treasure on the Garden throw.”

¡Mira esa rosa, cómo su aire de reina asume!
Ella sonríe y dice: -«Yo en esta tierra impero;
de mi bolsa de seda el nudo se consume,
y vierte en los jardines la gracia del perfume».

Versión literal rimada en inglés

Versión de Edward FitzGerald (1859)

Versión de Joaquín V. González

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Mi corazón me ha dicho: “Quiero saber, conocer. ¡Instrúyeme
tú, Jayyam, tú que tanto has trabajado!”;
pronuncio la primera letra del alfabeto y el corazón me dice:
”Ahora ya lo sé. Uno es la primera cifra de un número que no tiene fin”.

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Ghiyath al-Din Abu l-Fath Omar ibn Ibrahim Jayyam Nishapurí, conocido como Omar Jayyam u Omar Khayyam fue un matemático, astrónomo, filósofo y poeta persa que vivió a caballo entre los siglos XI y XII. La traducción literal de su apellido es “fabricante de tiendas”, profesión que, seguramente, ejerció algún miembro de su familia. Nació, vivió y falleció en Nishapur, ciudad situada al noreste del actual Irán.

Entre sus aportaciones cabe destacar la reforma del calendario zoroástrico musulmán, que se sigue utilizando en Irán y Afganistán y diversos tratados sobre aritmética, álgebra y geometría en los que formuló conjeturas que se demostraron varios siglos más tarde. Como anécdota curiosa mencionar la teoría, ampliamente extendida aunque discutible, de que se le debe el uso de la letra x como incógnita fundamental en el álgebra. Su filosofía se desarrolló en el marco del materialismo, del pesimismo y del escepticismo.

En lo que concierne a la poesía, su obra nos transmite sus ideas acerca de temas tan distintos como la ciencia y el conocimiento, la moral y el comportamiento personal, la religión y la teología, el carpe diem, el nihilismo, la crítica a las instituciones, la muerte y la sabiduría.

Rubaiyat es el título que le dio el poeta y traductor Edward FitzGerald a la traducción de una selección de poemas (rubāʿī del árabe, ‎cuarteto, plural, rubāʿiyāt). El rubāʿī es una estrofa de cuatro versos en los que riman el primero con el segundo y el cuarto, quedando libre el tercero. Según las fuentes que se consulten, el número de rubaiyat atribuidos a Jayyam puede variar desde 200 a 600. Se han seleccionado dos rubaiyat. El primero de ellos, recogido en la selección de FitzGerald, se ofrece en persa, inglés y español, respetando la rima de la estrofa. En el segundo se suple la ausencia de rima con la belleza del tema.

(Selección y reseña de Ana Bellé. Departamento de Matemáticas)

Semana 6. 16 de febrero de 2018.

ES AMOR

Es amor un no sé qué,

que viene no sé por dónde,

que se va no sé por qué.

(Miguel de Cervantes)

Aprovechamos la proximidad del día de San Valentín (ese día popularmente dedicado al noble sentimiento del amor) para dar a conocer unos versos de, posiblemente, el mejor escritor en nuestra lengua. Miguel de Cervantes, hombre de azarosa vida, fue un novelista de primer orden, pero también fue un excelente dramaturgo y un no menos excelso poeta. Hombre de su tiempo, veneró armas y letras, cultivando y destacando en más de un arte, si bien el paso de los años y ese vendaval llamado Quijote han hecho que muchas veces se tenga una visión sesgada de su grandeza, motivo por el que versos tan perfectos como los que aquí reproducimos sean menos conocidos que las andanzas del ingenioso caballero.

Siguiendo las consignas renacentistas, Cervantes sigue en su terceto los pasos del “nescio quid”, elegante tendencia de la poesía latina en la que el desconocimiento sirve de motor creador. La poesía puesta al servicio de un misterio que es incapaz de desvelar; la definición frustrada como aliento de la pluma del poeta.

Cervantes elige uno de los grandes temas de la literatura universal: el amor (quizás, el tema). En sus novelas, desde La Galatea a Los trabajos de Persiles y Sigismunda, subyace toda una teorización acerca de lo que Ovidio considerara un arte (de nuevo, el amor). Cervantes también era conocedor de las teorías amorosas de León Hebreo, pero en su obra late su propia experiencia; de ahí esa tendencia al desengaño que destilan los hermosos versos que hemos seleccionado. Como siempre (o casi siempre) en Cervantes, las cosas de la vida vistas en tonos claroscuros, el arte de la letra al servicio de una mímesis que embellece por su fidelidad a lo cierto: latido rítmico de verdad, y en octosílabo (metro hispánico por excelencia). Y lo cierto en materia amorosa es, tal y como indica el poema, pura ambigüedad. Lo que es y no es. Lo que está y no está. Lo que viene, y se va. ¿Cuántos ojos no habrán llorado al toparse con esas diecinueve palabras sintiendo una ajustada identificación con la experiencia personal?

Diecinueve palabras. Tres versos. La buena poesía siempre es palabra exacta. Así las cosas, una de sus grandezas, que aquí respeta Cervantes, es el decir mucho con poco, evitando cataratas terminológicas innecesarias, siendo campo de trabajo para la lima y la depuración. En este caso, la sencillez es la pauta, fruto, como diría fray Luis de León, de esmero y selección. El mismo Cervantes, en la segunda parte de su Quijote, nos habla de sus constantes estilísticas al respecto: “Llaneza muchacho, no te encumbres, que toda afetación es mala.”

No quisiéramos terminar sin incidir nuevamente en la esterilidad del poema para lograr su aparente propósito: la definición. Donde la prosa no alcanza, se interna la palabra hecha poema, volviendo a fracasar, aunque logrando una emoción perdurable, que se renueva día a día, pues lo clásico siempre es actualización de lo eterno, tal que ese enigmático amor del que nacemos, que nos acompaña, que a veces se va, pero que quizás (¿quién sabe?) no se diluya tras la muerte.

(Selección y reseña de Alberto Jiménez Liste. Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 5. Viernes 9 de febrero de 2018.

Un poema de Safo de Mitilene

Me parece que es igual a los dioses
el hombre aquel que frente a ti se sienta,
y a tu lado absorto escucha mientras
dulcemente hablas
y encantadora sonríes. Lo que a mí
el corazón en el pecho me arrebata;
apenas te miro y entonces no puedo
decir ya palabra.
Al punto se me espesa la lengua
y de pronto un sutil fuego me corre
bajo la piel, por mis ojos nada veo,
los oídos me zumban,
me invade un frío sudor y toda entera
me estremezco, más que la hierba pálida
estoy, y apenas distante de la muerte
me siento, infeliz.

Selección y reseña: Javier Alcutén (Departamento de Latín)

Nos encontramos en el siglo VI a.C. una isla esparcida del mar Egeo, Lesbos, donde reside un grupo de mujeres amantes de las artes, la literatura…y del amor. Safo, su máxima representante, la décima musa, destaca sobre todas ellas porque plasma por escrito los más variados y primarios sentimientos del ser humano: sensualidad, pasión, despedida, celos, añoranza, reproches, recuerdos amor, siempre amor. Confluyen en ella circunstancias que, desde esa Grecia antigua, la han hecho objeto de interés, unas veces para admirarla, otras, en cambio para censurarla, pero por encima de todo para reconocer la hermosura y sensibilidad de su poesía. Es demasiado banal pensar en el círculo sáfico como un grupo de mujeres de Lesbos amantes y amadas, dedicadas al ocio y disfrute de los paisajes helenos, seguidoras del culto a  Afrodita. Su círculo se asemeja a esos pensadores y filósofos de Academias y Liceos, pero la historia va más allá. Sus poemas líricos no sólo muestran esos sentimientos más íntimos, también critican esa injusta situación de inferioridad y aislamiento a que estaba sometida la mujer griega. Safo es una mujer culta e independiente, sin miedo a expresar lo que siente, sin el yugo del androceo habitual en esta época. Todo ello hace que su lírica sea una poesía nueva, alejada de la épica de Homero y la poesía didáctica de Hesíodo, personal y cautivadora.

Semana 4. Viernes 2 de febrero de 2018.

PEQUEÑO VALS VIENÉS

En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals del “Te quiero siempre”.

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orilla tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.

FEDERICO GARCÍA LORCA

Selección y reseña: Ana Bellé (Departamento de Matemáticas)

Pequeño vals vienés es un poema de Federico García Lorca que pertenece a su libro Poeta en Nueva York, escrito entre 1929 y 1930 durante la estancia del escritor en la Universidad de Columbia. En la obra, una de las cumbres de la poesía en español en el siglo XX, influyen de forma notable el recuerdo de la infancia, el amor no correspondido, el sufrimiento injusto y la muerte violenta. Considerada como un punto de inflexión en la evolución artística de Lorca, Poeta en Nueva York bebe de las fuentes del surrealismo entendido como instrumento de renovación artística.

Decía Leonard Cohen en el discurso improvisado que pronunció al recoger el Premio Príncipe de Asturias de las Letras: “(…) Ustedes saben de mi fuerte asociación con Federico García Lorca y puedo decir que mientras era joven y adolescente no encontré una voz. Y solo cuando leí a Lorca, en una traducción, encontré una voz que me dio permiso para descubrir mi propia voz, para ubicar mi yo, un yo que aún no está terminado. …”.

Cohen tomó contacto con la obra de Lorca en 1949 cuando, con quince años, descubrió en una librería de viejo de Montreal una edición de Diván del Tamarit, que marcó profundamente al cantautor canadiense.

En 1986 participó en el disco Poetas en Nueva York, un álbum de homenaje el poeta granadino con motivo del cincuentenario de su fallecimiento y en el que también participaron, entre otros, Georges Moustaki, Francis Cabrel, y Víctor Manuel. Cohen aportó una versión traducida prácticamente de forma literal al inglés de Pequeño vals vienés que tituló Take this waltz y cuyo resultado final es el siguiente:

https://www.youtube.com/watch?v=JQm1OmLMNno

Más tarde incluiría la canción en uno de sus mejores discos, titulado I’m your man.

Una versión en español de esta canción con la música compuesta por Leonard Cohen se puede encontrar en el álbum Omega, cantado por Enrique Morente y acompañado por el grupo Lagartija Nick. Omega, considerado un referente en la revolución de la música flamenca vio la luz en 1996 y fue reeditado en 2008.

Así suena Pequeño vals vienés en la voz del gran Morente:

https://www.youtube.com/watch?v=JQoU3kjQVsw

Semana 3. Viernes 25 de enero de 2018.

Canción tonta

Mamá,

yo quiero ser de plata.

Hijo,

tendrás mucho frío.

Mamá,

yo quiero ser de agua.

Hijo,

tendrás mucho frío.

Mamá,

bórdame en tu almohada.

¡Eso, sí!

¡Ahora mismo!

FEDERICO GARCÍA LORCA

Poesía seleccionada por Julia Trullenque. 5º de Primaria.

Federico García Lorca es un poeta mayúsculo. No ya su obra sino también su persona han trascendido la Historia de la Literatura, pasando a ser un símbolo de alcance universal. Referente tanto de artistas como de estudiosos, nos gustaría destacar su excelencia partiendo de aquello que jamás llegó a hacer o que dejó incompleto, pues su muerte, en un camino de la Vega de Granada (él nació en Fuente Vaqueros, un 5 de junio de 1898), truncó su quehacer literario, impidiéndonos el disfrute de los que hubieran sido sus trabajos de madurez. ¿De qué palabras nos privaron aquellas balas? ¿Qué esplendor hubiera sido capaz de alcanzar quien en su juventud nos legó uno de los más bellos textos poéticos, en cualquier lengua, como lo es el Primer romancero gitano? La genialidad de Lorca resulta incompleta, siempre. Sus inmaculados logros evocan lo que jamás pudo ser. Si una guerra fratricida nos hubiera privado de las cervantinas Novelas ejemplares, de El caballero don Quijote o de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, disfrutaríamos de la belleza de La Galatea y de los hallazgos de la primera entrega de las aventuras, y desventuras, del ingenioso hidalgo. Pues esto ocurre con Lorca. Jamás podremos disfrutar de lo que hubiera sido, si bien en lo que es, tal que el bonito poema de juventud (como siempre fue Lorca, joven) que nos ha facilitado Julia Trullenque, de 5º de Primaria, encontramos a uno de los más grandes autores de la Literatura en cualquier lengua.

Tenemos a bien remarcar lo de “en cualquier lengua”, pues rompemos una lanza en favor de la naturaleza intraducible del texto poético, dada la especial sonoridad de la obra de Lorca (tal que ocurre con otros autores, en sus lenguas madre, como Baudelaire, Shakespeare o Poe), quien buscaba una singular musicalidad (no en vano, siguiendo los pasos de su madre, Vicenta Lorca, aprendió a tocar el piano de la mano de Antonio Segura) que ha sido, en ocasiones, comparada con la del compositor francés Claude Debussy.

En efecto, si atendemos al texto facilitado por nuestra amiga Julia, observamos ya desde el mismo título la referencia al mundo de la música. Los versos se suceden, en una catarata de repeticiones (constante lorquista) que recuerdan esa tendencia a la anáfora característica de la canción popular.

Nos encontramos también con la sencillez (fruto del influjo del Modernismo que Lorca, amigo de Juan Ramón Jiménez, cultivó en su juventud), ligada a algunos elementos característicos de su universo personal (plata, frío, agua) que van a ser protagónicos en textos posteriores donde observamos como Lorca, influido tanto por las incipientes vanguardias como persuadido por sus amigos Salvador Dalí y Luis Buñuel, va a ir abrazando otro tipo de tendencias como, sobre todo, el surrealismo (mucho más presente, por ejemplo, en el Romancero gitano, de lo que en ocasiones se da a entender y ya cultivado de pleno en Poeta en Nueva York o los Sonetos del amor oscuro).

Y nos encontramos, cómo no, con su marcada sensibilidad, encarnada en ese uso dialógico del verso (otra de las características del lorquismo) en el que el niño, símbolo de debilidad (recuérdese al respecto el conocido Romance de la luna, luna) conversa con esa madre protectora, que todo lo da en los dos últimos versos que cierran el poema, con la intensificación propia de los signos de exclamación, tan habituales también, junto con los ayes y otras manifestaciones propias del dolor, en la poesía del autor del Poema del cante jondo.

Canción tonta es pues poema de juventud, incluido en el libro Canciones, obra que recoge más de ochenta poemas compuestos entre 1921 y 1924; pero en su brevedad y sencillez encontramos el embrión de esa genialidad que el maestro irá alcanzando, hasta que la crueldad de la guerra fraticida sesgue, como siempre, el ansia por crecer a la que siempre aspiran arte y belleza.

(Texto reseñado por el profesor Alberto Jiménez. Departamento de Lengua y Literatura del IES La puebla de Alfindén)

Semana 2. Viernes 19 de diciembre de 2018.

Recuerdo infantil

Una tarde parda y fría

de invierno. Los colegiales

estudian. Monotonía

de lluvia tras los cristales.

Es la clase. En un cartel

se representa a Caín

fugitivo, y muerto Abel,

junto a una mancha carmín.

Con timbre sonoro y hueco

truena el maestro, un anciano

mal vestido, enjuto y seco,

que lleva un libro en la mano.

Y todo un coro infantil

va cantando la lección:

«mil veces ciento, cien mil;

mil veces mil, un millón».

Una tarde parda y fría

de invierno. Los colegiales

estudian. Monotonía

de la lluvia en los cristales.

(Antonio Machado)

Poesía seleccionada por Sergio Trullenque (2º F)

Ligero de equipaje. Esta era, al parecer, la recomendación machadiana para viajar. Dicha recomendación entronca perfectamente con los reconocibles versos que ha elegido nuestro alumno de 2º F, Sergio Trullenque, y que generosamente nos ha enviado. En efecto, el recuerdo (una de las constantes de la poesía machadiana) nos acompaña a lo largo del camino, sin ocupar lugar, como una maleta de pocos kilos. Su peso es el del sentimiento provocado por su evocación, en este caso, una nostalgia teñida de tristeza, si bien no áspera, sino melancólica, tal que esa lluvia que parece resbalar por los cristales creando ese ambiente de la clase en invierno que todos, en algún momento, hemos degustado.

La poética machadiana se construye a partir de algo innato en todo artista, la mímesis de lo vivido y de lo observado (un amor perdido, una fiera guerra, una monótona clase…). Imitación a través de esa palabra que es perseguida con ansia (pues el poema siempre exige medida y precisión), para hacer pasar los acaeceres a través de un filtro de belleza, del que resulta una realidad alternativa, sonora, que es espejismo de lo que ya se fue. Recuerdo.

Así las cosas, en la obra poética de don Antonio, los campos de Castilla, la musa Leonor, la tarde, la fuente, el aire, la tierra, la colmena o el jardín, incluso el cainismo (presente también en este texto que nos aporta Sergio) son sus campos, su musa, su tarde, su fuente y su aire; son su visión, su versión, como si quisiera escapar de ese simbolismo en el que se le etiqueta, anticipándose visionario a esa poesía de la experiencia que sería bandera e insignia de poetas posteriores, hoy ya clásicos, como Luis Alberto de Cuenca, Luis García  Montero, Juan Cobo o Jaime Gil de Biedma.

Antonio Machado es hijo de su tiempo, pero padre del porvenir, integrándose perfectamente en esa dialéctica de toda tradición literaria en la que lo presente bebe de lo previo para alumbrar lo posterior. Tal que la lluvia del poema, ciclo de monotonía natural que, sin embargo, renueva.

(Texto reseñado por el profesor Alberto Jiménez. Departamento de Lengua y Literatura del IES La puebla de Alfindén)

 Para más información, pueden consultarse los siguientes libros:

Campos de Castilla, Antonio Machado. Cátedra.

Soledades, Galerías, Otros poemas, Antonio Machado. Cátedra.

Juan de Mairena, Antonio Machado. Cátedra.

Ligero de equipaje: la vida de Antonio Machado, Ian Gibson. Random House.

La filosofía poética de Antonio Machado, José María García Castro. Siruela.

Semana 1. Viernes 12 de diciembre de 2018.

Desafío a la vejez

Cuando yo llegue a vieja

-si es que llego-

y me mire al espejo

y me cuente las arrugas

como una delicada orografía

de distendida piel.

Cuando pueda contar las marcas

que han dejado las lágrimas

y las preocupaciones,

y ya mi cuerpo responda despacio

a mis deseos,

cuando vea mi vida envuelta

en venas azules,

en profundas ojeras,

y suelte blanca mi cabellera

para dormirme temprano

-como corresponde-

cuando vengan mis nietos

a sentarse sobre mis rodillas

enmohecidas por el paso de muchos inviernos,

sé que todavía mi corazón

estará -rebelde- tictaqueando

y las dudas y los anchos horizontes

también saludarán

mis mañanas.

(Gioconda Belli)

[Selección de la profesora Esther Herguedas]

Gioconda Belli,  poeta y novelista nicaragüense (Managua, 1948), nació  en el seno de una familia acomodada. Diplomada en Publicidad y Periodismo en Filadelfia, Estados Unidos, su oposición a la dictadura de  Somoza la llevó a exiliarse en México y Costa Rica.

El compromiso político y el ser y el sentir femenino son los dos temas fundamentales en su obra, que ha contado con el respaldo de la crítica y del público desde la publicación de sus primeros poemas en un semanario cultural de su país en 1970.

Sobre la grama, premio “Mariano Fiallos Gil” de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua en 1972, es el poemario con el que inicia su producción poética.  En 1978 obtuvo el Premio Casa de las Américas (Cuba) en el género poesía por su libro Línea de Fuego. Más tarde publicará Truenos y arco iris (1982), De la costilla de Eva (1986), Apogeo (1997), Mi íntima multitud (Premio Internacional de Poesía Generación del 27, 2002), Fuego soy apartado y espada puesta lejos (Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla 2006), y las antologías  Amor insurrecto (1984), Poesía reunida (1989) y El ojo de la mujer (1991).

A su producción poética se une la novelística, desde que en 1988 publicara su primera novela, La Mujer Habitada, que obtuvo un éxito clamoroso a nivel internacional y que obtuvo el Premio de la Fundación de Libreros, Bibliotecarios y Editores Alemanes, y el Premio Anna Seghers de la Academia Alemana.  A esta novela siguieron  Sofía de los Presagios (1990), Waslala (1996),  El pergamino de la seducción (Premio Pluma de Plata 2005  en la Feria del Libro de Bilbao, España) y El infinito en la palma de la mano, galardonada con el Premio Biblioteca Breve 2008  y, posteriormente,  con el Premio Sor Juana Inés de la Cruz.

Gioconda Belli es también es autora de los cuentos para niños: El Taller de las Mariposas, Cuando Floreció la Risa, y el Apretado abrazo de la enredadera y de El País bajo mi piel, testimonio-memoria de sus años en el sandinismo.

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