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La poesía de la semana

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Semana 13. 20 de abril de 2018.

AMADA

Amada mía de antes,

tenías la ternura de las playas en tu vientre.

El verde dulce de las uvas en tus ojos.

La miel y el vino y la pimienta en tu saliva.

La seda, el ala, el pétalo,

la fragancia de los niños,

la ciencia de los sabios

en las yemas de tus dedos.

Tenías la tormenta entre tus piernas,

la tormenta y la alegría,

la incitación y el reposo,

la furia y la caricia.

Tenía la suavidad del horizonte,

la curva de su cuerpo entre las sábanas.

Tenías, y no has muerto.

Tenías, y aún queda.

Por eso, amada mía de antes, es tan grande mi tristeza.

                                                                  Fernando Fernán-Gómez

Aprovechando la cercanía del día del libro, vamos a utilizar este apartado para reivindicar una de las figuras más insignes del panorama literario español de los últimos años. Reconocido por su gran labor actoral, Fernando Fernán-Gómez es una de las más lúcidas plumas de la literatura hispánica de las últimas décadas, con títulos impagables como El viaje a ninguna parte (quizás una de las mejores novelas de todo el siglo XX). Su labor ensayística también resulta encomiable, con obras maestras como Puro teatro y algo más, Nosotros los mayores y, sobre todo, Impresiones y depresiones. Creador del clásico teatral Las bicicletas son para el verano, menos conocida resulta su obra poética, de la que hemos tenido a bien seleccionar Amada, espléndida composición en la que, con su tendencia general a la melancolía y al erotismo, Fernán-Gómez evoca el pasado amor. La enumeración como rasgo de estilo, la repetición y el paralelismo como creadores de ritmo, y la importancia de ese verso final, que otorga significado al texto todo, subrayándolo de emotiva tristeza. Dulzor amargo.

(Selección y reseña: Alberto Jiménez. Departamento de Lengua Española y Literatura).

 

Semana 12. 13 de abril de 2018.

Annabel Lee

[Poema – Texto completo.]

Edgar Allan Poe

Hace de esto ya muchos, muchos años,
cuando en un reino junto al mar viví,
vivía allí una virgen que os evoco
por el nombre de Annabel Lee;
y era su único sueño verse siempre
por mí adorada y adorarme a mí.
Niños éramos ambos, en el reino
junto al mar; nos quisimos allí
con amor que era amor de los amores,
yo con mi Annabel Lee;
con amor que los ángeles del cielo
envidiaban a ella cuanto a mí.
Y por eso, hace mucho, en aquel reino,
en el reino ante el mar, ¡triste de mí!,
desde una nube sopló un viento, helando
para siempre a mi hermosa Annabel Lee
Y parientes ilustres la llevaron
lejos, lejos de mí;
en el reino ante el mar se la llevaron
hasta una tumba a sepultarla allí.
¡Oh sí! -no tan felices los arcángeles-,
llegaron a envidiarnos, a ella, a mí.
Y no más que por eso -todos, todos
en el reino, ante el mar, sábenlo así-,
sopló viento nocturno, de una nube,
robándome por siempre a Annabel Lee.
Mas, vence nuestro amor; vence al de muchos,
más grandes que ella fue, que nunca fui;
y ni próceres ángeles del cielo
ni demonios que el mar prospere en sí,
separarán jamás mi alma del alma
de la radiante Annabel Lee.
Pues la luna ascendente, dulcemente,
tráeme sueños de Annabel Lee;
como estrellas tranquilas las pupilas
me sonríen de Annabel Lee;
y reposo, en la noche embellecida,
con mi siempre querida, con mi vida;
con mi esposa radiante Annabel Lee
en la tumba, ante el mar, Annabel Lee.

(Poema seleccionado por Belén Modrego)

Nuestra amiga Belén ha tenido la gentileza de enviarnos esta estupenda  traducción del clásico poema de Edgar Allan Poe, Annabel Lee, originalmente escrito en inglés. El poema fue popularizado en nuestro país por el grupo de pop-rock, Radio Futura,  cuyo enlace a su canción también nos ha facilitado.

El norteamericano Poe, nacido en Bostón en 1809, influyó enormemente en autores como Charles Baudelaire, Rubén Darío o Emilio Carrere, alumbrando el relato sobrenatural moderno, que posteriormente cultivarían creadores del calibre de Howard Philips Lovecraft, Arthur Conan Doyle o, más actualmente, Stephen King.

En nuestro país, tenemos la singular fortuna de leer dos autores clásicos a la par, dado que Julio Cortázar tradujo sus impagables Narraciones extraordinarias, en las que nos encontramos cuentos tan célebres como El gato negro, El corazón delator o El pozo y el péndulo.

Creador del relato detectivesco moderno, gracias a creaciones como La carta robada o Asesinato en la calle de la Morgue, tan solo escribió una novela, de peripecias marítinas, Las aventuras de Arthur Gordon Pym, cuyo inquietante final nos lleva de nuevo hacia esos misteriosos parajes de lo fantástico que constituyó a través de sus cuentos y poemas.

Más Poemas de Edgar Allan Poe

POEMA HECHO CANCION POR RADIO FUTURA

(ENLACE VIDEOCLIP) https://www.youtube.com/watch?v=SNWdvjKDybY

 

Semana 11. 23 de marzo de 2018.

EN EL PRINCIPIO

Si he perdido la vida, el tiempo, todo

lo que tiré, como un anillo, al agua,

si he perdido la voz en la maleza,

me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo

lo que era mío y resultó ser nada,

si he segado las sombras en silencio,

me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro

puro y terrible de mi patria,

si abrí los labios hasta desgarrármelos,

me queda la palabra.

Blas de Otero

https://www.youtube.com/watch?v=GaekDamHBWk

Nuestro amigo Julian Trullenque, padre de uno de nuestros alumnos de segundo de ESO, Sergio, nos envía un selecto texto y un estupendo enlace a YouTube para conmemorar el 102º aniversario del nacimiento de uno de los poetas más significativos del pasado siglo, el bilbaíno Blas de Otero.

Tal y como expresan los versos del poema elegido, el autor de Ángel fieramente humano defendió la función combativa de la palabra, arma poderosa capaz de llevar a cabo, parafraseando a Miguel de Unamuno, una labor más importante que vencer: convencer.

Exiliado en París, Blas de Otero encontró la libertad necesaria para articular sin censuras su sincera e inconfundible voz poética, para pedir la paz, y la palabra.

 

Semana 10. 16 de marzo de 2018.

DESMAYARSE, ATREVERSE, ESTAR FURIOSO

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

Lope de Vega

Una vez más, la palabra puesta al servicio del intento de definición de lo mistérico, lo inaprensible. El soneto como catarata frustrada de verborrea, siendo la antítesis el principo rector de lo que no se puede expresar, tan solo sentir en la propia carne, tal y como en el verso final concluye Lope de Vega, uno de los autores clave del Siglo de Oro, época que puede observarse como encrucijada en la que coinciden algunos de los más grandes artistas de nuestras letras.
Quien escribió las anteriores líneas, confeccionando uno de los poemas más célebres no ya del Barroco sino de toda nuestra tradición poética ha pasado a la Historia de la Literatura como uno de los más grandes dramaturgos de todos los tiempos, con una facilidad asombrosa para la versificación en octosílabo; lo que le llevó a ser tildado de fénix de los ingenios españoles (a la par que monstruo de la naturaleza), pues imparable fue su caudal de producción: La dama boba, El perro del hortelano, El caballero de Olmedo, Fuenteovejuna, El mejor alcalde, el Rey… Y así hasta un número ingente, puesto que se le han llegado a atribuir más de mil obras (ahí es nada).

Pero, además, don Lope, buen conocedor del asunto amoroso (tal y como constatan los diversos biógrafos que han investigado su azarosa vida) también compuso novela (así La Dorotea o Peregrino en su patria) y poesía, gestando obras maestras como la que hemos seleccionado esta semana, donde parece latir esa pulsión vitalista que en sus posteriores Rimas de Burguillos va a dar paso a un tono más amable y reflexivo.

La experiencia como forma de conocimiento parece entroncar el poema con la corriente mística, en tanto en cuanto la imposibilidad de nombrar es aquí utilizada por Lope, conllevaba a un juego de contrarios que deja de manifiesto la incapacidad del lenguaje racional para hablar de realidades ajenas a la cotideanidad. Y es que la expresión del sentimiento amoroso ha sido una de las constantes artísticas más antiguas, y también más modernas, y, en este sentido, quizás tengamos que llegar hasta el simbolismo para encontrar nuevos recursos con los que tratar de aprehender las mismas inquietudes; recursos que estaban ya (en forma embrionaria) en los juegos de palabras de los maestros conceptistas (Góngora, Quevedo, el hoy elegido Lope…), que supieron intuir como la palabra, descontextualizada, es capaz de transmitir los más íntimos de los sentires.

(Selección y reseña: Alberto Jiménez. Departamento de Lengua Española y Literatura).

 

Semana 9. 9 de marzo de 2018.

A LEONOR
Tu cabellera es negra como el ala
del misterio; tan negra como un lóbrego
jamás, como un adiós, como un «¡quién sabe!»
Pero hay algo más negro aún: ¡tus ojos!Tus ojos son dos magos pensativos,
dos esfinges que duermen en la sombra,
dos enigmas muy bellos… Pero hay algo,
pero hay algo más bello aún: tu boca.Tu boca, ¡oh sí!; tu boca, hecha divinamente
para el amor, para la cálida
comunión del amor, tu boca joven;
pero hay algo mejor aún: ¡tu alma!Tu alma recogida, silenciosa,
de piedades tan hondas como el piélago,
de ternuras tan hondas…
Pero hay algo,
pero hay algo más hondo aún: ¡tu ensueño!
Amado Nervo
Aportación de Mª Dolores Ibáñez
Amado Nervo fue un autor de origen mejicano perteneciente al movimiento Modernista. Autor de novelas como El bachiller (1895) y muy vinculado al mundo de la prensa (fue redactor de El Imparcial), publicó también poemarios de indudable calidad como Perlas negras (1898) El éxodo y las flores del camino (1902) o su obra póstuma, La amada inmóvil (1922). Su inquietud intelectual y su carrera periodística le llevó a viajar a capitales Europeas como París, donde se gestaba ese elitismo artístico en el que encontramos nombres decisivos como el de Rubén Darío, autor con el que trabó amistad. También se codeó con autores no menos insignes, tal que Oscar Wilde, José Cantos Chocano, Luis G. Urbiunma o Campoamor.
Su nombre, que por sonoridad parece pertenecer al juego estético modernista, era en verdad el que le habían dado al nacer, tras la decisión de su padre de acortar su apellido: Ruiz de Nervo.

 

Semana 8. 2 de marzo de 2018.

ÍTACA

Constantinos Kavafis

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Más no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

Reseña

La vida del autor de Ítaca, Constantinos Kavafis, es un ejemplo de la azarosa historia europea de finales del XIX e inicios del XX. Fue el último de los ocho hijos de una familia griega originaria de Constantinopla (actual Estambul, en Turquía), que había emigrado a Alejandría por los negocios del padre, disfrutando de una vida burguesa entre las élites de la ciudad. La muerte del padre obligó a su madre a emigrar a Liverpool y tras siete años, se vieron obligados a regresar a Alejandría, donde ya nunca la vida familiar volvería a disfrutar el nivel que tuvo en los tiempos en que el padre vivía. En 1882 tras el bombardeo inglés sobre la ciudad, la familia se desplazó a Constantinopla durante tres años. Tras ello, llegó el regreso definitivo a Alejandría, ciudad que ya nunca abandonaría hasta su muerte. Nunca llegó a publicar un libro con sus poemas. Únicamente, por iniciativa personal, mandó imprimir dos libretos con algunos de ellos.

En este poema, nos habla sobre la importancia de disfrutar el camino, cualquier camino, y no sólo añorar el objetivo: una metáfora que puede extenderse a muchos procesos de nuestra vida. Como le sucede a Odiseo en el poema homérico, todos queremos volver a casa, a Ítaca, ver desde el mar la isla en la que crecimos, volver a ver a la mujer que amamos (Penélope) y que nos espera hace tantos años. Por esta razón, Ïtaca es la metáfora perfecta del propósito de la vida, de eso que nunca dejaremos de perseguir. Es una excelente enseñanza para que nuestros alumnos del instituto aprecien el camino que recorren día a día entre nosotros y que no siempre es valorado con justicia, no hay que perseguir un fin en exclusiva, hay que disfrutar del proceso para obtener tal fin.

En el poema se resalta la importancia de disfrutar del camino hacia nuestra propia Ítaca (cualquiera que ésta sea), pues el viaje es mucho más enriquecedor que la llegada al destino final. Podemos extraer una enseñanza que a priori parece simple pero que, frecuentemente, olvidamos. En una vida atolondrada, de recompensas fáciles e instantáneas, solemos olvidar que el camino no solamente es lo que más puede enseñarnos sino también de aquello que más podemos disfrutar.

(Seleción y reseña de Txema Vallejo. Departamento de Geografía e Historia)

 

Semana 7. 23 de febrero de 2018.

RUBAIYAT

Original en persa.

The rose claimed to be Jacob of grass and dirt
A red ruby resurrected with a green skirt
I said if this is so, show a sign of your hurt
Said just take a look at my bloody shirt.

Look to the blowing Rose about us–“Lo,
Laughing,” she says, “into the world I blow,
At once the silken tassel of my Purse
Tear, and its Treasure on the Garden throw.”

¡Mira esa rosa, cómo su aire de reina asume!
Ella sonríe y dice: -«Yo en esta tierra impero;
de mi bolsa de seda el nudo se consume,
y vierte en los jardines la gracia del perfume».

Versión literal rimada en inglés

Versión de Edward FitzGerald (1859)

Versión de Joaquín V. González

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Mi corazón me ha dicho: “Quiero saber, conocer. ¡Instrúyeme
tú, Jayyam, tú que tanto has trabajado!”;
pronuncio la primera letra del alfabeto y el corazón me dice:
”Ahora ya lo sé. Uno es la primera cifra de un número que no tiene fin”.

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Ghiyath al-Din Abu l-Fath Omar ibn Ibrahim Jayyam Nishapurí, conocido como Omar Jayyam u Omar Khayyam fue un matemático, astrónomo, filósofo y poeta persa que vivió a caballo entre los siglos XI y XII. La traducción literal de su apellido es “fabricante de tiendas”, profesión que, seguramente, ejerció algún miembro de su familia. Nació, vivió y falleció en Nishapur, ciudad situada al noreste del actual Irán.

Entre sus aportaciones cabe destacar la reforma del calendario zoroástrico musulmán, que se sigue utilizando en Irán y Afganistán y diversos tratados sobre aritmética, álgebra y geometría en los que formuló conjeturas que se demostraron varios siglos más tarde. Como anécdota curiosa mencionar la teoría, ampliamente extendida aunque discutible, de que se le debe el uso de la letra x como incógnita fundamental en el álgebra. Su filosofía se desarrolló en el marco del materialismo, del pesimismo y del escepticismo.

En lo que concierne a la poesía, su obra nos transmite sus ideas acerca de temas tan distintos como la ciencia y el conocimiento, la moral y el comportamiento personal, la religión y la teología, el carpe diem, el nihilismo, la crítica a las instituciones, la muerte y la sabiduría.

Rubaiyat es el título que le dio el poeta y traductor Edward FitzGerald a la traducción de una selección de poemas (rubāʿī del árabe, ‎cuarteto, plural, rubāʿiyāt). El rubāʿī es una estrofa de cuatro versos en los que riman el primero con el segundo y el cuarto, quedando libre el tercero. Según las fuentes que se consulten, el número de rubaiyat atribuidos a Jayyam puede variar desde 200 a 600. Se han seleccionado dos rubaiyat. El primero de ellos, recogido en la selección de FitzGerald, se ofrece en persa, inglés y español, respetando la rima de la estrofa. En el segundo se suple la ausencia de rima con la belleza del tema.

(Selección y reseña de Ana Bellé. Departamento de Matemáticas)

 

Semana 6. 16 de febrero de 2018.

ES AMOR

Es amor un no sé qué,

que viene no sé por dónde,

que se va no sé por qué.

(Miguel de Cervantes)

Aprovechamos la proximidad del día de San Valentín (ese día popularmente dedicado al noble sentimiento del amor) para dar a conocer unos versos de, posiblemente, el mejor escritor en nuestra lengua. Miguel de Cervantes, hombre de azarosa vida, fue un novelista de primer orden, pero también fue un excelente dramaturgo y un no menos excelso poeta. Hombre de su tiempo, veneró armas y letras, cultivando y destacando en más de un arte, si bien el paso de los años y ese vendaval llamado Quijote han hecho que muchas veces se tenga una visión sesgada de su grandeza, motivo por el que versos tan perfectos como los que aquí reproducimos sean menos conocidos que las andanzas del ingenioso caballero.

Siguiendo las consignas renacentistas, Cervantes sigue en su terceto los pasos del “nescio quid”, elegante tendencia de la poesía latina en la que el desconocimiento sirve de motor creador. La poesía puesta al servicio de un misterio que es incapaz de desvelar; la definición frustrada como aliento de la pluma del poeta.

Cervantes elige uno de los grandes temas de la literatura universal: el amor (quizás, el tema). En sus novelas, desde La Galatea a Los trabajos de Persiles y Sigismunda, subyace toda una teorización acerca de lo que Ovidio considerara un arte (de nuevo, el amor). Cervantes también era conocedor de las teorías amorosas de León Hebreo, pero en su obra late su propia experiencia; de ahí esa tendencia al desengaño que destilan los hermosos versos que hemos seleccionado. Como siempre (o casi siempre) en Cervantes, las cosas de la vida vistas en tonos claroscuros, el arte de la letra al servicio de una mímesis que embellece por su fidelidad a lo cierto: latido rítmico de verdad, y en octosílabo (metro hispánico por excelencia). Y lo cierto en materia amorosa es, tal y como indica el poema, pura ambigüedad. Lo que es y no es. Lo que está y no está. Lo que viene, y se va. ¿Cuántos ojos no habrán llorado al toparse con esas diecinueve palabras sintiendo una ajustada identificación con la experiencia personal?

Diecinueve palabras. Tres versos. La buena poesía siempre es palabra exacta. Así las cosas, una de sus grandezas, que aquí respeta Cervantes, es el decir mucho con poco, evitando cataratas terminológicas innecesarias, siendo campo de trabajo para la lima y la depuración. En este caso, la sencillez es la pauta, fruto, como diría fray Luis de León, de esmero y selección. El mismo Cervantes, en la segunda parte de su Quijote, nos habla de sus constantes estilísticas al respecto: “Llaneza muchacho, no te encumbres, que toda afetación es mala.”

No quisiéramos terminar sin incidir nuevamente en la esterilidad del poema para lograr su aparente propósito: la definición. Donde la prosa no alcanza, se interna la palabra hecha poema, volviendo a fracasar, aunque logrando una emoción perdurable, que se renueva día a día, pues lo clásico siempre es actualización de lo eterno, tal que ese enigmático amor del que nacemos, que nos acompaña, que a veces se va, pero que quizás (¿quién sabe?) no se diluya tras la muerte.

(Selección y reseña de Alberto Jiménez Liste. Departamento de Lengua Española y Literatura)

 

Semana 5. Viernes 9 de febrero de 2018.

Un poema de Safo de Mitilene

Me parece que es igual a los dioses
el hombre aquel que frente a ti se sienta,
y a tu lado absorto escucha mientras
dulcemente hablas
y encantadora sonríes. Lo que a mí
el corazón en el pecho me arrebata;
apenas te miro y entonces no puedo
decir ya palabra.
Al punto se me espesa la lengua
y de pronto un sutil fuego me corre
bajo la piel, por mis ojos nada veo,
los oídos me zumban,
me invade un frío sudor y toda entera
me estremezco, más que la hierba pálida
estoy, y apenas distante de la muerte
me siento, infeliz.

Selección y reseña: Javier Alcutén (Departamento de Latín)

Nos encontramos en el siglo VI a.C. una isla esparcida del mar Egeo, Lesbos, donde reside un grupo de mujeres amantes de las artes, la literatura…y del amor. Safo, su máxima representante, la décima musa, destaca sobre todas ellas porque plasma por escrito los más variados y primarios sentimientos del ser humano: sensualidad, pasión, despedida, celos, añoranza, reproches, recuerdos amor, siempre amor. Confluyen en ella circunstancias que, desde esa Grecia antigua, la han hecho objeto de interés, unas veces para admirarla, otras, en cambio para censurarla, pero por encima de todo para reconocer la hermosura y sensibilidad de su poesía. Es demasiado banal pensar en el círculo sáfico como un grupo de mujeres de Lesbos amantes y amadas, dedicadas al ocio y disfrute de los paisajes helenos, seguidoras del culto a  Afrodita. Su círculo se asemeja a esos pensadores y filósofos de Academias y Liceos, pero la historia va más allá. Sus poemas líricos no sólo muestran esos sentimientos más íntimos, también critican esa injusta situación de inferioridad y aislamiento a que estaba sometida la mujer griega. Safo es una mujer culta e independiente, sin miedo a expresar lo que siente, sin el yugo del androceo habitual en esta época. Todo ello hace que su lírica sea una poesía nueva, alejada de la épica de Homero y la poesía didáctica de Hesíodo, personal y cautivadora.

 

Semana 4. Viernes 2 de febrero de 2018.

PEQUEÑO VALS VIENÉS

En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals del “Te quiero siempre”.

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orilla tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.

FEDERICO GARCÍA LORCA

Selección y reseña: Ana Bellé (Departamento de Matemáticas)

Pequeño vals vienés es un poema de Federico García Lorca que pertenece a su libro Poeta en Nueva York, escrito entre 1929 y 1930 durante la estancia del escritor en la Universidad de Columbia. En la obra, una de las cumbres de la poesía en español en el siglo XX, influyen de forma notable el recuerdo de la infancia, el amor no correspondido, el sufrimiento injusto y la muerte violenta. Considerada como un punto de inflexión en la evolución artística de Lorca, Poeta en Nueva York bebe de las fuentes del surrealismo entendido como instrumento de renovación artística.

Decía Leonard Cohen en el discurso improvisado que pronunció al recoger el Premio Príncipe de Asturias de las Letras: “(…) Ustedes saben de mi fuerte asociación con Federico García Lorca y puedo decir que mientras era joven y adolescente no encontré una voz. Y solo cuando leí a Lorca, en una traducción, encontré una voz que me dio permiso para descubrir mi propia voz, para ubicar mi yo, un yo que aún no está terminado. …”.

Cohen tomó contacto con la obra de Lorca en 1949 cuando, con quince años, descubrió en una librería de viejo de Montreal una edición de Diván del Tamarit, que marcó profundamente al cantautor canadiense.

En 1986 participó en el disco Poetas en Nueva York, un álbum de homenaje el poeta granadino con motivo del cincuentenario de su fallecimiento y en el que también participaron, entre otros, Georges Moustaki, Francis Cabrel, y Víctor Manuel. Cohen aportó una versión traducida prácticamente de forma literal al inglés de Pequeño vals vienés que tituló Take this waltz y cuyo resultado final es el siguiente:

https://www.youtube.com/watch?v=JQm1OmLMNno

Más tarde incluiría la canción en uno de sus mejores discos, titulado I’m your man.

Una versión en español de esta canción con la música compuesta por Leonard Cohen se puede encontrar en el álbum Omega, cantado por Enrique Morente y acompañado por el grupo Lagartija Nick. Omega, considerado un referente en la revolución de la música flamenca vio la luz en 1996 y fue reeditado en 2008.

Así suena Pequeño vals vienés en la voz del gran Morente:

https://www.youtube.com/watch?v=JQoU3kjQVsw

 

Semana 3. Viernes 25 de enero de 2018.

Canción tonta

Mamá,

yo quiero ser de plata.

Hijo,

tendrás mucho frío.

Mamá,

yo quiero ser de agua.

Hijo,

tendrás mucho frío.

Mamá,

bórdame en tu almohada.

¡Eso, sí!

¡Ahora mismo!

FEDERICO GARCÍA LORCA

Poesía seleccionada por Julia Trullenque. 5º de Primaria.

Federico García Lorca es un poeta mayúsculo. No ya su obra sino también su persona han trascendido la Historia de la Literatura, pasando a ser un símbolo de alcance universal. Referente tanto de artistas como de estudiosos, nos gustaría destacar su excelencia partiendo de aquello que jamás llegó a hacer o que dejó incompleto, pues su muerte, en un camino de la Vega de Granada (él nació en Fuente Vaqueros, un 5 de junio de 1898), truncó su quehacer literario, impidiéndonos el disfrute de los que hubieran sido sus trabajos de madurez. ¿De qué palabras nos privaron aquellas balas? ¿Qué esplendor hubiera sido capaz de alcanzar quien en su juventud nos legó uno de los más bellos textos poéticos, en cualquier lengua, como lo es el Primer romancero gitano? La genialidad de Lorca resulta incompleta, siempre. Sus inmaculados logros evocan lo que jamás pudo ser. Si una guerra fratricida nos hubiera privado de las cervantinas Novelas ejemplares, de El caballero don Quijote o de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, disfrutaríamos de la belleza de La Galatea y de los hallazgos de la primera entrega de las aventuras, y desventuras, del ingenioso hidalgo. Pues esto ocurre con Lorca. Jamás podremos disfrutar de lo que hubiera sido, si bien en lo que es, tal que el bonito poema de juventud (como siempre fue Lorca, joven) que nos ha facilitado Julia Trullenque, de 5º de Primaria, encontramos a uno de los más grandes autores de la Literatura en cualquier lengua.

Tenemos a bien remarcar lo de “en cualquier lengua”, pues rompemos una lanza en favor de la naturaleza intraducible del texto poético, dada la especial sonoridad de la obra de Lorca (tal que ocurre con otros autores, en sus lenguas madre, como Baudelaire, Shakespeare o Poe), quien buscaba una singular musicalidad (no en vano, siguiendo los pasos de su madre, Vicenta Lorca, aprendió a tocar el piano de la mano de Antonio Segura) que ha sido, en ocasiones, comparada con la del compositor francés Claude Debussy.

En efecto, si atendemos al texto facilitado por nuestra amiga Julia, observamos ya desde el mismo título la referencia al mundo de la música. Los versos se suceden, en una catarata de repeticiones (constante lorquista) que recuerdan esa tendencia a la anáfora característica de la canción popular.

Nos encontramos también con la sencillez (fruto del influjo del Modernismo que Lorca, amigo de Juan Ramón Jiménez, cultivó en su juventud), ligada a algunos elementos característicos de su universo personal (plata, frío, agua) que van a ser protagónicos en textos posteriores donde observamos como Lorca, influido tanto por las incipientes vanguardias como persuadido por sus amigos Salvador Dalí y Luis Buñuel, va a ir abrazando otro tipo de tendencias como, sobre todo, el surrealismo (mucho más presente, por ejemplo, en el Romancero gitano, de lo que en ocasiones se da a entender y ya cultivado de pleno en Poeta en Nueva York o los Sonetos del amor oscuro).

Y nos encontramos, cómo no, con su marcada sensibilidad, encarnada en ese uso dialógico del verso (otra de las características del lorquismo) en el que el niño, símbolo de debilidad (recuérdese al respecto el conocido Romance de la luna, luna) conversa con esa madre protectora, que todo lo da en los dos últimos versos que cierran el poema, con la intensificación propia de los signos de exclamación, tan habituales también, junto con los ayes y otras manifestaciones propias del dolor, en la poesía del autor del Poema del cante jondo.

Canción tonta es pues poema de juventud, incluido en el libro Canciones, obra que recoge más de ochenta poemas compuestos entre 1921 y 1924; pero en su brevedad y sencillez encontramos el embrión de esa genialidad que el maestro irá alcanzando, hasta que la crueldad de la guerra fraticida sesgue, como siempre, el ansia por crecer a la que siempre aspiran arte y belleza.

(Texto reseñado por el profesor Alberto Jiménez. Departamento de Lengua y Literatura del IES La puebla de Alfindén)

 

Semana 2. Viernes 19 de diciembre de 2018.

Recuerdo infantil

Una tarde parda y fría

de invierno. Los colegiales

estudian. Monotonía

de lluvia tras los cristales.

 

Es la clase. En un cartel

se representa a Caín

fugitivo, y muerto Abel,

junto a una mancha carmín.

 

Con timbre sonoro y hueco

truena el maestro, un anciano

mal vestido, enjuto y seco,

que lleva un libro en la mano.

 

Y todo un coro infantil

va cantando la lección:

«mil veces ciento, cien mil;

mil veces mil, un millón».

 

Una tarde parda y fría

de invierno. Los colegiales

estudian. Monotonía

de la lluvia en los cristales.

(Antonio Machado)

Poesía seleccionada por Sergio Trullenque (2º F)

 

Ligero de equipaje. Esta era, al parecer, la recomendación machadiana para viajar. Dicha recomendación entronca perfectamente con los reconocibles versos que ha elegido nuestro alumno de 2º F, Sergio Trullenque, y que generosamente nos ha enviado. En efecto, el recuerdo (una de las constantes de la poesía machadiana) nos acompaña a lo largo del camino, sin ocupar lugar, como una maleta de pocos kilos. Su peso es el del sentimiento provocado por su evocación, en este caso, una nostalgia teñida de tristeza, si bien no áspera, sino melancólica, tal que esa lluvia que parece resbalar por los cristales creando ese ambiente de la clase en invierno que todos, en algún momento, hemos degustado.

La poética machadiana se construye a partir de algo innato en todo artista, la mímesis de lo vivido y de lo observado (un amor perdido, una fiera guerra, una monótona clase…). Imitación a través de esa palabra que es perseguida con ansia (pues el poema siempre exige medida y precisión), para hacer pasar los acaeceres a través de un filtro de belleza, del que resulta una realidad alternativa, sonora, que es espejismo de lo que ya se fue. Recuerdo.

Así las cosas, en la obra poética de don Antonio, los campos de Castilla, la musa Leonor, la tarde, la fuente, el aire, la tierra, la colmena o el jardín, incluso el cainismo (presente también en este texto que nos aporta Sergio) son sus campos, su musa, su tarde, su fuente y su aire; son su visión, su versión, como si quisiera escapar de ese simbolismo en el que se le etiqueta, anticipándose visionario a esa poesía de la experiencia que sería bandera e insignia de poetas posteriores, hoy ya clásicos, como Luis Alberto de Cuenca, Luis García  Montero, Juan Cobo o Jaime Gil de Biedma.

Antonio Machado es hijo de su tiempo, pero padre del porvenir, integrándose perfectamente en esa dialéctica de toda tradición literaria en la que lo presente bebe de lo previo para alumbrar lo posterior. Tal que la lluvia del poema, ciclo de monotonía natural que, sin embargo, renueva.

 

(Texto reseñado por el profesor Alberto Jiménez. Departamento de Lengua y Literatura del IES La puebla de Alfindén)

 Para más información, pueden consultarse los siguientes libros:

Campos de Castilla, Antonio Machado. Cátedra.

Soledades, Galerías, Otros poemas, Antonio Machado. Cátedra.

Juan de Mairena, Antonio Machado. Cátedra.

Ligero de equipaje: la vida de Antonio Machado, Ian Gibson. Random House.

La filosofía poética de Antonio Machado, José María García Castro. Siruela.

 

Semana 1. Viernes 12 de diciembre de 2018.

Desafío a la vejez

Cuando yo llegue a vieja

-si es que llego-

y me mire al espejo

y me cuente las arrugas

como una delicada orografía

de distendida piel.

Cuando pueda contar las marcas

que han dejado las lágrimas

y las preocupaciones,

y ya mi cuerpo responda despacio

a mis deseos,

cuando vea mi vida envuelta

en venas azules,

en profundas ojeras,

y suelte blanca mi cabellera

para dormirme temprano

-como corresponde-

cuando vengan mis nietos

a sentarse sobre mis rodillas

enmohecidas por el paso de muchos inviernos,

sé que todavía mi corazón

estará -rebelde- tictaqueando

y las dudas y los anchos horizontes

también saludarán

mis mañanas.

(Gioconda Belli)

[Selección de la profesora Esther Herguedas]

 

Gioconda Belli,  poeta y novelista nicaragüense (Managua, 1948), nació  en el seno de una familia acomodada. Diplomada en Publicidad y Periodismo en Filadelfia, Estados Unidos, su oposición a la dictadura de  Somoza la llevó a exiliarse en México y Costa Rica.

El compromiso político y el ser y el sentir femenino son los dos temas fundamentales en su obra, que ha contado con el respaldo de la crítica y del público desde la publicación de sus primeros poemas en un semanario cultural de su país en 1970.

Sobre la grama, premio “Mariano Fiallos Gil” de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua en 1972, es el poemario con el que inicia su producción poética.  En 1978 obtuvo el Premio Casa de las Américas (Cuba) en el género poesía por su libro Línea de Fuego. Más tarde publicará Truenos y arco iris (1982), De la costilla de Eva (1986), Apogeo (1997), Mi íntima multitud (Premio Internacional de Poesía Generación del 27, 2002), Fuego soy apartado y espada puesta lejos (Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla 2006), y las antologías  Amor insurrecto (1984), Poesía reunida (1989) y El ojo de la mujer (1991).

A su producción poética se une la novelística, desde que en 1988 publicara su primera novela, La Mujer Habitada, que obtuvo un éxito clamoroso a nivel internacional y que obtuvo el Premio de la Fundación de Libreros, Bibliotecarios y Editores Alemanes, y el Premio Anna Seghers de la Academia Alemana.  A esta novela siguieron  Sofía de los Presagios (1990), Waslala (1996),  El pergamino de la seducción (Premio Pluma de Plata 2005  en la Feria del Libro de Bilbao, España) y El infinito en la palma de la mano, galardonada con el Premio Biblioteca Breve 2008  y, posteriormente,  con el Premio Sor Juana Inés de la Cruz.

Gioconda Belli es también es autora de los cuentos para niños: El Taller de las Mariposas, Cuando Floreció la Risa, y el Apretado abrazo de la enredadera y de El País bajo mi piel, testimonio-memoria de sus años en el sandinismo.

 

 

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