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La poesía de la semana

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Blog de la AMPA

LA POESÍA DE LA SEMANA

Diamonds & Rust​ by Joan Baez

Well, I’ll be damned
Here comes your ghost again

But that’s not unusual
It’s just that the moon is full

And you happened to call

And here I sit
Hand on the telephone

Hearing a voice I’d known
A couple of light years ago

Heading straight for a fall
As I remember your eyes
Were bluer than robin’s eggs
My poetry was lousy you said
Where are you calling from?
A booth in the midwest
Ten years ago
I bought you some cufflinks
You brought me something
We both know what memories can bring

They bring diamonds and rust
Well, you burst on the scene

Already a legend
The unwashed phenomenon

The original vagabond
You strayed into my arms
And there you stayed Temporarily lost at sea
The Madonna was yours for free

Yes, the girl on the half-shell

Could keep you unharmed
Now I see you standing
With brown leaves falling all around

And snow in your hair
Now you’re smiling out the window
Of that crummy hotel
Over Washington Square
Our breath comes out white clouds

Mingles and hangs in the air
Speaking strictly for me
We both could have died then and there

Now you’re telling me
You’re not nostalgic
Then give me another word for it
You who are so good with words
And at keeping things vague
‘Cause I need some of that vagueness now

It’s all come back too clearly
Yes, I loved you dearly
And if you’re offering me diamonds and rust

I’ve already paid.

 

En esta canción, Joan Baez le canta a su antiguo amante Bob Dylan, recordando con cariño su aventura de los sesenta. Lanzada como single, esta pista se convirtió en su mayor éxito propio (cantado y compuesto por ella misma). Es una pieza extraña llena de melancolía que realiza un repaso a la relación sentimental que mantuvieron en la decada de los 60, diez años antes de que fuera escrita (1974). El punto de partida es una llamada de teléfono que Dylan realiza a Joan que reaviva parte del amor que ella le había profesado. El romance entre Dylan y Baez fue mitificado como una de las grandes parejas del momento y les catapultó a leyendas. Sin embargo, dejando de lado su importancia dentro de los estandares del corazón, ambos consiguieron transformar sus carreras gracias a él.

Joan Baez conoció a Dylan por primera vez en 1961, en Greenwich Village. En ese momento, ella ya gozaba de una gran popularidad como cantante. Mientras, Dylan era un chico nuevo de ciudad que estaba creando gran revuelo antes de grabar su primer álbum. Pasarían dos años antes de su encuentro en el Festival Folk de Monterey en 1963. Joan ya se encontraba en su cenit como “Reina del Folk”, habiendo sido portada de la revista Time. Dylan, empujaba con fuerza y estaba empezando a hacerse conocido por sus propias canciones. Con su segundo album en 1963, Dylan había compuesto ya varios de sus clásicos mas conocidos: “Blowin ‘in the Wind”, “A Hard Rain’s A-Gonna Fall”…


Una vez contactaron enseguida comenzaron a realizar colaboraciones. Las canciones de Dylan le dieron a Joan una nueva visión propia. Joan comenzó a escribir sus propios temas y poco a poco se fue convirtiendo en una “cantante política”, lo que, dados los acontecimientos históricos que estaban ocurriendo en ese momento (luchas de derechos civiles, Guerra de Vietnam…) le proporcionó una nueva dimensión a la hora de comunicar y conectar con su público. Dylan, cada vez mas famoso, se encontraría con todas las puertas abiertas gracias a la fama de ella. En medio del caos de los conciertos, la voragine emocional y su evolución musical comenzaron una relación. Su papel como “reyes” de la música folk americana era incuestionable. Sin embargo, muy pronto la relación se desequilibraría en contra de Joan Baez al ir alejandose poco a poco Dylan de ella.

En el momento de su gira conjunta por Estados Unidos a principios de 1965, su relación personal estaba casi acabada, sus agendas se distanciaban inexorablemente. Dylan rompió simbólicamente sus lazos como “rey” del folk con una actuación mas “eléctrica” ​​en el Festival de Folk de Newport. Mientras tanto, Joan se presentaba cada vez mas involucrada como activista política. El brillo de su tiempo juntos se había apagado.

El broche final ocurría poco después cuando ambos artistas dieron conciertos por separado en Londres. El público se sumió en una pequeñá depresión intentando compartir la pena por el fin de una relación que los había marcado. En el momento de la composición de esta canción la melancolía y la sinceridad de la letra ayudó a recuperar y cerrar una herida que nadie sabía que todavía seguía abierta. La voz y el acompañamiento de guitarra de Joan Baez relatan el desencuentro con una dulzura que todavía hoy transmite a sus oyentes. Sus dudas y vulnerabilidades se expresan de tal foma que ni su matrimonio ya roto ni su hijo pudo compensar.

Selección y reseña: Jorge Franco (Departamento de Geografía e Historia)

 

Por vuestros ojos juro, Elisa mía

-así con larga paz el cielo amigo

pueda volver de nuevo a ser testigo
de aquel morir, do vida se incluía-,
 
   que así cesó del monte el alegría
desque cesasteis vos de estar conmigo,
como va por nocturno y sin abrigo,
cuando alto siente, el causador del día.
 
   Y yo, por dar más fuerza a mi cuidado,
juré de siempre estar con baja frente  
y a nunca ver mi cara me dispongo;
 
   tal que, si alguna vez traigo el ganado
para abrevarlo en clara y fresca fuente,
los ojos cierro y nuevo curso impongo.

      (Francisco de Aldana)

Francisco de Aldana fue otra de las más notables plumas de ese maravilloso periodo, el siglo XVI. Su labor queda así unida a la de otros autores del periodo, perfectamente reconocibles, como Garcilaso de la Vega, Juan Boscán o Diego Hurtado de Mendoza, si bien la Historia de la Literatura suele relegar su nombre a posiciones menos célebres y privilegiadas.

Nacido en Italia, cuna del Renacimiento, Francisco de Aldana flirteó tanto con las letras como con las armas (ostentando el cargo de capitán y perdiendo la vida en 1578, en la campaña africana del rey Don Sebastián). Esa doble vertiente, singular desde nuestra actual perspectiva, era tremendamente habitual en la época, tal y como es el caso de otros autores como Miguel de Cervantes, quien de ello va a dejar constancia incluso en el célebre discurso de las armas y las letras de su Quijote.

El poema elegido es clara muestra de la sensibilidad del periodo al que perteneció Aldana. Su tema (el amor) sirve al característico decoro renacentista (un soneto de mesurada elegancia), trayéndonos la Elisa del primero de los versos el recuerdo de la Laura de Petrarca. La voz lírica en primera persona, cuita amorosa que, gracias a algunos elementos naturales presentes (el cielo, el monte, la fuente y el ganado) se enmarca en los parámetros del género pastoril, tan de moda también en aquella época.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

 

EL ESPÍRITU DEL HAIKU

Primera nieve:

las hojas del narciso            

casi curvadas.

(Matsuo Basho)

 

Los amigos de la sección de poesía nos reuniremos hoy, para variar, no frente a una reseña de un poema, ni a un repaso de una trayectoria literaria, ni ante un subgénero de éxito, sino a las puertas de una revelación íntima de la conexión entre la sensación sensorial, un  goce puramente personal, con lo trascendente.

El esquema tradicional del haiku japonés, que hoy en día ya no es respetado en su forma original, porque no se ajusta a la prosodia de otras lenguas y limita sus inmensas posibilidades, supone una extremada brevedad: En su origen, el poemita solo podía constar de 17 sílabas, distribuidas en tres versos de 5, 7 y 5 sílabas, respectivamente.

La pequeña estrofa (antes llamada hokku) era un patrón de composición de un poema mucho más extenso llamado renga, que consistía poemas de 36, 50, o 100 versos que se componían en grupo, tras la propuesta inicial de un maestro. El primer alumno, estudiada la propuesta del maestro, debía escribir 3 versos, de 5-7-5 sílabas. Después, el segundo, tenía que hacer dos versos de 7-7 y dar el paso a los demás, hasta componer un texto armónico que, volviendo en círculo a la máxima propuesta en un principio, pareciera escrito por una sola mano.

Este ejercicio puramente escolar se acabó trasladando a la corte, donde se planteaban certámenes de considerable éxito, aunque la redacción múltiple y el mero lucimiento personal desvirtuaban el verdadero propósito del ejercicio: alcanzar una verdad, pero la verdad única, y ante eso sobran demasiadas palabras, y sobra el individualismo. ¿Para qué mil voces, si solo hay una voz cierta, y ha de ser comprensible al instante, y en solo tres versos?

Cuando esta estrofita inicial se independizó, comenzó a llamarse haiku o hai-kai, y adquirió un sentido puramente personal.

La temática de un haiku es muy rigurosa. Debe inspirarse en un marco bucólico, estar ligada a una estación del año (el kigo, que no supone nombrar necesariamente un mes  o una estación, pero sí un elemento asociado a ella, como el florecer de un árbol, la escarcha o la cosecha) o a un elemento de la naturaleza, preferiblemente contraponiendo dos imágenes que nuestro cerebro debe relacionar, conectándonos en una descarga instantánea con una realidad superior a la sensación individual, en verdadera unión con la esencia universal.

Tregua de vidrio                    El mar ya oscuro                    Un relámpago

el son de la cigarra                los gritos de los patos           y el grito de la garza,

taladra las rocas.                   apenas blancos.                     hondo en lo oscuro.

Se considera que el verdadero creador del haiku como expresión total es Matshuo Basho, hijo de un samurái de segundo nivel y que prefería, al contrario que su padre, la comodidad del palacio al rigor de las campañas. Dicen las crónicas que fue un notable cocinero, y habitual entre los intectuales de la corte.

Tras desprenderse de la condena que supone atar las sensaciones propias a las ajenas, a las ligaduras de lo comunitario, Basho decidió también desligar esa primera estrofa (hokku) y creó el auténtico haiku. Esta separación no solo manifestará, desde este momento, momentos intrascendentes, puramente observaciones casuales; sin renegar de una situación simple, ligada a la observación de la naturaleza, subirá al escalón de una progresiva y refinada espiritualización, la misma que se abre al propio poeta mientras se consagra al budismo zen en su vía de ascetismo y renuncia. Un camino místico hacia la iluminación.

Pareciera que el sapo
va a expeler
una nube

   (Kobayashi Issa)

Basho compondrá más de seiscientos haikus, acompañados de ilustraciones a pincel. El uso de un formato tan breve es el vehículo adecuado para la expresión de budismo zen, que busca la serenidad por el medio de mostrar el conflicto entre los contrarios. En contraposición con la mística occidental, no estamos ante un Dios representante de una Bondad absoluta, que presencia una naturaleza fallida, pálido reflejo de una creación que precisa ser purificada y perdonada de sus pecados originales; la mística oriental convive pacíficamente con la existencia del mal, con las tentaciones de la carne, con lo mundano y lo impúdico, sin luchar jamás con lo diabólico, porque absolutamente todo –bueno y malo, precioso y desagradable- es muestra de la esencia divina y reflejo de la totalidad.

Piojos, pulgas                                                 Carranca acerba:

y un caballo que orina                                  su gaznate hidrópico

junto a mi almohada.                                    la rata engaña.

Solo la renuncia a lo material, el desprenderse de lo superfluo, permite al individuo encontrar la armonía de lo que nos parece opuesto. No es el estudio metódico de larguísimos textos sagrados, sino la iluminación repentina del instante, lo que nos acerca al verdadero zen. Por ese motivo, una antigua práctica de los maestros consistía en enfrentar a sus discípulos a argumentos absurdos y contradictorios, cuando no completamente desprovistos de sentido (koans), animándolos a descubrir la armonía de la totalidad en busca de una espiritualidad superior en la cual alcanzarán siempre sentido. La siguiente traducción de  Octavio Paz y Eikichi Hayashiya, que trata de imitar la onomatopeya final (también lo era en japonés), es muestra de lo sorprendente de alguno de estos poemas:

Un viejo estanque:

salta una rana ¡zas!

chapaleteo.

A la quietud primera, al remanso placentero de la pintura japonesa del primer verso, se une un elemento inesperado. Una rana, en un movimiento instantáneo, deshace la calma. Un tercer verso, ahora desarmados, nos enfrenta al ruido asombroso de un instante que no se repetirá por mucho que observemos, y que precede sin embargo a la restauración del orden inicial. Tras el chapoteo, todo quedará en la calma absoluta.

Esa es la esencia del haiku. El tiempo no existe, y la realidad puede ser intuida solo por las pequeñas revelaciones de un instante, de un cambio que, si no es observado, desaparece como clave de lo absoluto. Es una reivindicación de los pequeños detalles de lo cotidiano, de lo aparentemente discordante, que son los verdaderos destellos de la divinidad, lo único constante. Solo la aparente pequeña imperfección del presente, no el pasado ni el futuro, es muestra de la grandeza de la trascendencia.

Lluvia de flores
Un cuervo busca en vano
su nido

Vestido de escarcha
cubierto de viento
un niño abandonado

 

En la comprensión instantánea de un instante fugaz, de un presente rabioso, y en ese paso feliz e intenso, aunque brevísimo, del alma a la conexión con lo divino reside para el poeta el Nirvana, donde todo se conecta, donde no hay contrarios, donde no existe el bien ni el mal, la riqueza material ni la posición social. Solo existe el infinito, los detalles y compañeros que encontramos en cada instante, y ante ellos sobran las palabras.

Señalan con la mano.

En puntillas los niños

la luna admiran.

 

Es mi lago interior.

En la sombra merodea

un tigre negro.

Mañana de otoño me miro en el espejo

y veo a mi padre.

Estos poemitas, de origen japonés, llegaron a occidente a principios del siglo XX gracias al interés de los referentes literarios de la época. Ezra Pound y los surrealistas Paul Éluard y Apollinaire descubrieron el gusto a estas brevísimas composiciones a la intelecutualidad europea e iberoamericana.

En castellano, fue el mexicano José Juan Tablada el primero en componer haikus, que llamó “poemas sintéticos”. Aquí tenemos uno, de 1919, donde se observa que ya no se respeta la pausa silábica:

Tierno saúz,

casi oro, casi ámbar,

casi luz . . .

(José Juan Tablada)

Claro está, esto es más fruto del exotismo modernista propio de finales del XIX y del ambiente parisino, del Orientalismo en boga, que de un verdadero conocimiento de la literatura oriental. A las letras hispánicas, el haiku llega siempre con un perfume demasiado estético, alambicadamente falso, muy francés.

Muy pronto, la literatura iberoamericana del XIX, muy pendiente de las modas europeas, los aceptó con entusiasmo, y los practicaron entre otros, con desigual fortuna, Jorge Luis Borges, Mario Benedetti, Octavio Paz, o Leopoldo Lugones. Mucho más tarde, en 1979, renacerá el interñes por el haiku gracias a la publicación de “Senda de Oku”, una obra escrita por Matsuo Basho, que fue traducida por Octavio Paz en colaboración con HayáshiyaEikichi en 1957.

¿Es un imperio
esa luz que se apaga
o una luciérnaga?

(Jorge Luis Borges)

 

Hecho de aire
entre pinos y rocas
brota el poema.

(Octavio Paz)

 

Tiembla el rocío
y las hojas moradas
y un colibrí.

(Mario Benedetti)

Incluso en nuestro país, se acercaron tímidamente Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Luis Cernuda o Antonio Machado.

Está el árbol en flor

y la noche le quita, cada día

la mitad de las flores.

(Juan Ramón Jiménez)

Muchos han querido ver en el Machado puramentemodernista, simbolista, el anterior a 1907, el verdadero precursor del haiku en España, pero quizá solo sea una feliz coincidencia.

Junto al agua negra

olor de mar y jazmines.

Noche malagueña.

(Antonio Machado)

En su búsqueda de espiritualidad, de sencillez extrema y de referencia al símbolo, a Machado le resultó útil unir el viejo (y novedoso y parisino) modelo japonés con una tradición hispánica de referencia: la seguidilla, de composición muy similar (versos de 5-7-5-7), que añade muy a menudo elementos naturales y cuya referencia, obligada por su brevedad, la hace intensa en contenido. Lo cierto es que la seguidilla hunde las raíces en la Edad Media, y está íntimamente ligada al cante, como vemos en Lorca:

Hacia Roma caminan

dos peregrinos,

a que los case el Papa,

porque son primos.

(Federico García Lorca. Los peregrinos)

Hoy, no podemos explicar sin recurrir al haiku algunos poemas memorables, como estos de Juan Ramón Jiménez o Luis Cernuda:

Está el árbol en flor,

y la noche le quita, cada día,

la mitad de las flores.

 

¡Ay, el aire yerto,

campana en el frío,

ojos en la escarcha!

No sé con qué decirlo,

porque aún no esté hecha

mi palabra.

 

Tú, palabra de mi boca, animada

de este sentido que te doy,

te haces mi cuerpo con mi alma.

 

Es verdad ya. Mas fue

tan mentira, que sigue

siendo imposible siempre.

iQué lejos, azul, el cielo,

de la tierra pobre! Pero

los dos son el día bueno.

 

¿Sabes lo que espera

el pájaro quieto

por la rama seca?

 

Lo raro es que al mismo tiempo

Conozco que tú no existes

Fuera de mi pensamiento.

 

Como un pájaro de fuego

La luna está entre las ramas

Del enebro.

Negro es el cuerpo del árbol

Y gris el aire nocturno,

Oro el astro.

 

Dios por lo visto hace muestra

Que ha oído alguna estampa

Japonesa.

​Después de los años 70, las nuevas generaciones poéticas renuevan su pasión por el haiku, y lo cultivarán poetas como Félix Arce, Elías Rovira, Toñi Sánchez, María Victoria Porras, Verónica Aranda, Frutos Soriano, José Luis Parra, o Isabel Pose. Si estáis deseando leer más haikus, podéis acercaros a antologías muy recomendables: “Aldea poética”, “Alfileres”, “Poetas de corazón japonés”, “Tertulia de haiku” o “Un viejo estanque”. También hay asociaciones muy implicadas en su difusión: la “Asociación de la Gente del Haiku en Albacete” (AGHA) o la revista HELA. Si preferís acercaros desde la red, podéis consultar algunas páginas digitales que os ayudarán a componer y disfrutar estos poemas: “El Rincón del Haiku”, “Paseos.net”.

Dicen que el maestro Basho dedicó sus últimos días a deambular sin rumbo por caminos no transitados, sonriendo y deteniéndose a observar al azar una flor que despierta, un insecto sorprendido, o el oscilar de una caña con la leve brisa. Quizás había alcanzado el Nirvana.

Mi cuenco de mendigar
Acepta hojas caídas.

(Taneda Santoka)

Selección y reseña: Miguel Ángel Aragüés (Departamento de Lengua Española y Literatura)

 

TANTO GENTILE

Tanto gentile e tanto onesta pare

la donna mia, quand’ella altrui saluta,

ch’ogne lingua devèn, tremando, muta,

e li occhi no l’ardiscon di guardare.

 

Ella si va, sentendosi laudare,

benignamente e d’umiltà vestuta,

e par che sia una cosa venuta

da cielo in terra a miracol mostrare. 

 

Mostrasi sì piacente a chi la mira

che dà per li occhi una dolcezza al core,

che ‘ntender no la può chi no la prova; 

 

e par che de la sua labbia si mova

un spirito soave pien d’amore,

che va dicendo a l’anima: Sospira.

                            (Dante Alighieri)

TANTO ES GENTIL (traducción)

Tanto es gentil el porte de mi amada,
tanto digna de amor cuando saluda,
que toda lengua permanece muda
y a todos avasalla su mirada.

Rauda se aleja oyéndose ensalzada
-humildad que la viste y que la escuda-,
y es a la tierra cual celeste ayuda
en humano prodigio transformada.

Tanto embeleso el contemplarla inspira,
que al corazón embriaga de ternura:
lo siente y lo comprende quien la mira.

Y en sus labios, cual signo de ventura,
vagar parece un rizo de dulzura
que el alma va diciéndole: ¡Suspira!

                              (Dante Alighieri)

Aunque la fecha de nacimiento de Dante sea desconocida (se estima que vino al mundo en torno al año 1265, nada desconocida resulta su obra, aunque, obviamente, su Divina Comedia (uno de los cantos más venerados de toda la Literatura Universal) eclipsa otros de sus textos, tal que el bonito poema que hemos seleccionado para esta ocasión, como pequeño homenaje a esa lengua, de hermosa sonoridad, que no es otra que el italiano y en la que el amigo Dante tenía la costumbre de expresarse.

Su ligazón a una de las más hermosas ciudades del mundo, Florencia, quizás tenga mucho que ver con la cuidada estética de los catorce versos que conforman el poema seleccionado, que es todo un clásico de ese maravilloso periodo en el que el mundo se transforma, en el que de manera paulatina la Edad Media va dando paso a ese Renacimiento en el que la lírica va a a cantar con claridad clásica a la belleza femenina, al amor, a la vida…

“Il sommo poeta”, tal y como se le conocía, reelabora en soneto algunos de los grandes tópicos de la lírica amatoria, formando parte de esa tradición, que hoy por hoy conocemos como petrarquismo, que terminará cuajando en algunos de nuestros más célebres vates, algunos de los cuales ya han aparecido en esta misma sección, tal y como es el caso de Juan Boscán, Garcilaso De la Vega, o Diego Hurtado de Mendoza.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

 

AQUALUNG

Sitting on a park bench
Eyeing little girls with bad intent

Snot running down his nose
Greasy fingers smearing shabby clothes

Hey, Aqualung
Drying in the cold sun
Watching as the frilly panties run
Hey, Aqualung
Feeling like a dead duck
Spitting out pieces of his broken luck
Whoa, Aqualung

[Chorus]
Sun streaking cold, an old man wandering lonely
Taking time the only way he knows
Leg hurting bad as he bends to pick a dog-end
He goes down to the bog and warms his feet
Feeling alone, the army’s up the road
Salvation a la mode and a cup of tea

Aqualung my friend, don’t you start away uneasy
You poor old sod, you see, it’s only me


Do you still remember
December’s foggy freeze?
When the ice that
Clings on to your beard was
Screaming agony (Hey!)
And you snatch your rattling last breaths
With deep-sea-diver sounds
And the flowers bloom like
Madness in the spring


[Chorus]
Sun streaking cold, an old man wandering lonely
Taking time the only way he knows
Leg hurting bad as he bends to pick a dog-end
He goes down to the bog and warms his feet
Oh-oh-oh-oh-oh
Feeling alone, the army’s up the road
Salvation a la mode and a cup of tea
Aqualung my friend, don’t you start away uneasy
You poor old sod, you see, it’s only me

Me-me-me-me-me
Oh-oh-oh-oh-oh

Aqualung, my friend, don’t you start away uneasy
You poor old sod, you see, it’s only me


Sitting on a park bench
Eyeing little girls with bad intent

Snot running down his nose
Greasy fingers smearing shabby clothes

Hey, Aqualung
Drying in the cold sun
Watching as the frilly panties run
Hey, Aqualung
Feeling like a dead duck
Spitting out pieces of his broken luck
Hey, Aqualung

Whoa, Aqualung

(Escrita por Ian Anderson en 1971)

Traducción castellana

Sentado en el banco de un parque, 
observando a las muchachitas, con malas intenciones.
Mocos cayéndole de la nariz, 
dedos grasientos manchando ropas raídas.
Aqualung
secándose bajo el frío sol,
mirando correr a las braguitas con volantes.
Aqualung,
sintiéndose como un pato muerto, 
escupiendo trozos de su suerte rota,
Oh, Aqualung.

El sol golpéa frío,
un hombre mayor deambulando solitario, 
tomándose su tiempo
de la única forma que sabe.
La pierna le duele mucho,
mientras se agacha para recoger una colilla.
Baja hasta el baño público

y se calienta los pies.

Sintiéndote solo, 
el Ejército de Salvación está por el camino, 
salvación a la moda, y una taza de té.
Aqualung, amigo mío, 
no te empieces a marchar molesto,
Pobre desgraciado,
ves, soy solo yo.

¿Aún recuerdas, 
la helada con niebla de diciembre?
Cuando el hielo que
se pega a tu barba
gritaba con agonia.
Y tú te arrancas tus últimas borboteantes respiraciones,
con sonido de buceador,
y las flores florecen como
la locura en primavera.

El sol golpea frío,
un hombre mayor deambulando solitario, 
tomándose su tiempo
de la única forma que sabe.
La pierna le duele mucho,
mientras se agacha para recoger una colilla.
Baja hasta el baño público
y se calienta los pies.

Sintiéndote solo, 
el ejército está por el camino,
salvación a la moda, y una taza de té.
Aqualung, amigo mío, 
no te empieces a marchar molesto,
Pobre desgraciado
ves, soy solo yo.

Aqualung, amigo mío, 
no te empieces a marchar molesto,
Pobre desgraciado,
ves, soy solo yo.

Sentado en el banco de un parque, 
observando a las muchachitas,
con malas intenciones.
Mocos cayéndole de la nariz, 
dedos grasientos manchando ropas raídas.
Aqualung,
secándose bajo el frío sol,
mirando correr a las braguitas con volantes.
Aqualung,
sintiéndose como un pato muerto, 
escupiendo trozos de su suerte rota,
Oh, Aqualung.

Jethro Tull Aqualung


El pálido sol de diciembre, apenas se vislumbra tras
la niebla, paisaje habitual de finales de otoño los días  en que el sol intenta colarse entre la bruma.

Esos días  en los que la boira de nuestro valle del Ebro nos envuelve,  evocan un paisaje menos poético y mas urbano en los versos del tema quizá mas emblemático de una mítica banda británica, cuyo nombre está basado en un agrónomo e inventor inglés del siglo XVIII, Jethro Tull.

Formada en 1968 y con distintas formaciones todavía en activo, cuenta con mas de 20 discos de estudio además de directos y recopilaciones.

Su música se  suele encuadrar en el denominado Rock Progresivo: paraguas para guarecer a veces a músicas inclasificables, originales que constituirían sonoridades procedentes o asimilables también a otros estilos. En el caso de Jethro Tull, el HardRock, el Rock Sinfónico, el Rithm & Blues surgen entremezcladas habitualmente con el folklore de la Islas Británicas o de melodías renacentistas y barrocas.

Aporta así mismo otra originalidad, el uso como instrumento solista de la flauta travesera a través del vendaval de su líder y voz solista Ian Anderson, al que muchas personas habitualmente identifican con el grupo en sí y la denominación del mismo.

Todo esto da una atmósfera mágica, irreal a su música, a la vez que desciende a lo cotidiano, viajando de recónditos bosques a barriadas en mitad del asfalto.

Y es ahí, donde nos encontramos a Aqualung, sobrenombre debido a la entrecortada respiración de un empedernido fumador de colillas, emblemática canción de emblemático álbum.

Y es ahí, donde aparece este perdedor, este homeless sentado en un banco, en un frío día invernal, quizá de finales de otoño.

Voyeur de hábitos nada edificantes e incluso repulsivos, rayano en la delincuencia.

Con el invierno adherido a su sucia y pegajosa barba, con esa existencia anónima de vida golpeada por la miseria (y a buen seguro por la enfermedad) a pesar de la caritativa taza de té del Ejército de Salvación ; en esos días helados en los que se adivina un sol prisionero de la neblina que no acaba de nacer.

Selección y reseña:  Pedro Vizcaíno (Departamento de Geografía e Historia)

 

Una pareja perdida

Iban los dos vestidos con descaro
—minifalda, melenas—
cogidos de la mano,
tan jóvenes que casi daban miedo,
tan absortos en un cero
que, aunque no se veían, les unía absolutos
algo fieramente puro.
Iban a cualquier parte cogidos de la mano.
Se amaban sin tristeza,
ni alegría, ni nada.
Y a veces se miraban, pero no se veían.
Y luego se sentaban en un banco cualquiera.
Pero no se veían.
Ella era muy bonita; parecía aturdida;
él, feroz y esmirriado.
No hablaban. No tenían ya nada que decirse.
Ya no se deseaban.
Pero seguían juntos, cogidos de la mano,
frente a algo que espantaba.

Mientras el transistor seguía sonando.

(Gabriel Celaya)

Rafael Gabriel Múgica Celaya, nació en Guipúzcoa en 1911. En su juventud se trasladó a Madrid, vivió en la Residencia de Estudiantes, fundada en 1910, primer centro cultural de España, donde Celaya tuvo la oportunidad de conocer a los poetas de la Generación del 27, entre ellos a Federico García Lorca. La influencia sería tan fuerte que acabó abandonando su carrera de ingeniero industrial para dedicarse a la poesía, llegando a convertirse en uno de los representantes más destacados de la poesía social en la España de la posguerra.

El uso de un lenguaje cercano y el contenido político y social de su obra definirán el estilo personal del poeta, que en sus versos abarca temas tan cotidianos como la amistad, las injusticias, la libertad, la dignidad humana, o como en el poema que os traigo en esta ocasión, el amor.

Una pareja perdida es una imagen de los amores acabados, donde los amantes están acomodados a hacerse mutua compañía, y el miedo a quedarse solo es más fuerte que la apatía de una relación monótona y sin pasión. Los primeros versos del poema son engañosos. Dos jóvenes son los protagonistas, van cogidos de la mano en todo momento, parece un retrato propio de dos enamorados, sin embargo, la realidad es bien diferente, pues ese vínculo físico, es la única conexión que queda entre ellos y es quizás su último recurso para negar lo evidente, ya no hay amor ni interés del uno por el otro.  Se amaban sin tristeza, ni alegría, ni nada. La desconexión es total, su relación no tiene futuro. No tenían ya nada que decirse. Ya no se deseaban. Son muy  jóvenes, aún les queda por aprender que  el amor es algo más profundo que estar acompañados, si bien es cierto que el miedo a la soledad puede ser tan poderoso que aún entrados en años nos haga olvidarnos de esta premisa. Es lo que me gusta de esta poesía, que plantea una situación que se da con mucha frecuencia en la relaciones humanas. El autor finaliza el poema, que no la historia, dando protagonismo a un  transistor, cuya misión es hacer menos incómodo el silencio entre ambos. Los finales posibles para esta pareja son tantos como lectores haya de estos versos.

Selección y reseña: Alicia López (Departamento de Biología y Geología)

 

Milonga del moro judío

Por cada muro un lamento
En Jerusalén la dorada
Y mil vidas malgastadas
Por cada mandamiento
Yo soy polvo de tu viento
Y aunque sangro de tu herida
Y cada piedra querida
Guarda mi amor más profundo
No hay una piedra en el mundo
Que valga lo que una vida

Yo soy un moro judío
Que vive con los cristianos
No sé qué dios es el mío
Ni cuales son mis hermanos

No hay muerto que no me duela
No hay un bando ganador
No hay nada más que dolor
Y otra vida que se vuela
La guerra es muy mala escuela
No importa el disfraz que viste
Perdonen que no me aliste
Bajo ninguna bandera
Vale más cualquier quimera
Que un trozo de tela triste

Yo soy un moro judío
Que vive con los cristianos
No sé qué dios es el mío
Ni cuales son mis hermanos

Y a nadie le permiso
Para matar en mi nombre
Un hombre no es más que un hombre
Y si hay dios, así lo quiso
El mismo suelo que piso
Seguirá, yo me habré ido
Rumbo también del olvido
No hay doctrina que no vaya
Y no hay pueblo que no se haya
Creído el pueblo elegido

                       (Jorge Drexler)

“Esta canción considero que siempre impacta al que la escucha, tiene una letra que no te deja indiferente y que bien se podría usar para debatir durante horas sobre nuestra sociedad, tan diversa y tan intransigente frente a algunos temas. Con su letra meticulosamente hilada, se nos quiere hacer entender que todos en el fondo, somos, de ningún lado del todo, y de todos lados un poco, según palabras del autor, que refleja en la canción su vivencia en casa de sus padres,  en la que conviven la práctica judía con la católica.

Es una canción que me remueve especialmente, ya que vivimos en una sociedad en la que categorizamos todo como si fuera una imposición. Estamos tan acostumbrados a hacerlo, que cuando no obtenemos un categoría clara para algo nos vemos forzados a buscarla,  nos obcecamos en ello, sin darnos cuenta de que nosotros mismo por el simple hecho de ser humanos seamos totalmente incategorizables de manera intrínseca. Hay que seguir percutiendo mentes cual martillo hidráulico con la afirmación de que, ¡somos únicos! Únicos como entidades pensantes y diversidad de opiniones, percepciones y sentimientos. Siempre me ha llamado la atención como se nos exige que atendamos a la diversidad en determinados sectores de la sociedad, y en otros tenemos que encajar en un grupo definido o seguir reglas estrictas.

Una vez más, Drexler, en esta canción, siguiendo la estructura de décima, nos da una lección de humanidad, en la que no valen las luchas absurdas, ni la defensa irracional de símbolos creados por el ser humano para el beneficio de unos pocos y daño de un gran número. La frase “Yo soy un moro judío que vive con los cristianos”, creo que recoge de un plumazo una filosofía de vida, en la que reine el respeto en mayúsculas, la empatía y apertura de mente, la no categorización y cordialidad tendrían que ser las que se sentaran en la mesa cada día.

Trasladando esta idea a nuestra realidad, en la que parece mentira que continúen existiendo conflictos bélicos e injusticias, Drexler, lanza un mensaje de cordialidad y esperanza, que bien podría parecer utópico, pero sin embargo, tan cerca como en la Península Ibérica tenemos ejemplos de convivencia de tres culturas (árabe, musulmana y cristina), como en el Toledo del s. XIII en el que convivían tradiciones y reinaba la tolerancia. Lo más curioso de todo esto es que cuando se estudia la composición genética de las distintas poblaciones o razas, resulta que todos somos mestizos y muchas veces nos llegaría a sorprender el inesperado resultado (ver https://www.youtube.com/watch?v=csVywNHr7Vo).

Como curiosidad indicar que esta canción la ideó Drexler con la estructura de “décima” tras el consejo de Joaquín Sabina, que con ayuda de un posavasos, le explica esa rima que lanza al mundo hispanoamericano Vicente Espinel, 10 versos octosílabos que riman entre sí más o menos así, 1 – 2 – 5, 6 – 9 – 10, 3 con 4, 7 con 8, una rima que le da una base rítimica a su letra. Como agradecimiento a este descubrimiento, que provocaría el impulso de la carrera musical de Jorge Drexler, en su álbum Salvavidas de Hielo el cantautor le dedica una canción a Sabina que se llama “Pongamos que hablo de Martínez”.

Es una canción para reflexionar, que me emociona como el “Imagine” de Lennon, que habla de una sociedad que a veces parece más un sueño que un objetivo, pero que siempre transmite esperanza.

¡Espero que les guste tanto como a mí!

Selección y reseña: Ana Palmero (Departamento de Biología)

 

“Érase una vez”

Érase una vez

un lobito bueno

al que maltrataban

todos los corderos.

Y había también

un príncipe malo

una bruja hermosa

y un pirata honrado.

Todas estas cosas

había una vez

cuando yo soñaba

un mundo al revés

   (José Agustín Goytisolo)

Nacido en Barcelona en 1928, José Agustín Goytisolo fue un escritor de la Generación del 50 que destacó en poesía. Una de sus más conocidas creaciones es este poema “Érase una vez” que fue musicalizado por el cantante español Paco Ibáñez.

De la forma, lo que más me gusta de estos versos es precisamente la musicalidad con la que se suceden uno tras otro, con una rima que hace fácil grabar cada frase en la memoria, más aún, si se escucha la canción. “Érase una vez”, empieza; Goytisolo es transparente en su intención desde el principio, este poema arranca como un cuento, y en los cuentos, todo lo imaginable es posible. Pienso que es una canción escrita para niños y niñas. ¿Quiénes si no ellos iban a prestar más atención a un lobo, una bruja o un pirata? ¿Quiénes si no ellos, libres de prejuicios, iban a ser más hábiles en imaginar cosas diferentes?

Estas tres estrofas son una invitación a romper con los tópicos, con los idealismos, son una llamada a imaginar un mundo más abierto, no tan rígido, donde lo bueno y lo malo, lo bonito y lo feo no estén determinados de antemano. Porque no hay un mundo ideal, ni un mundo al revés, tan solo un mundo donde no siempre las cosas son lo que parecen ni las personas lo que aparentan. Espero que os guste y el niño o la niña que lleváis dentro lo disfrute e incluso, ¿por qué no? lo aprenda. Yo voy a leerlo otra vez, o a cantarlo. “Erase una vez, un lobito bueno…”

Selección y reseña: Alicia López (Dpto. Biología y Geología)

 

ALGO SE ME HA QUEBRADO ESTA MAÑANA

Algo se me ha quebrado esta mañana

de andar, de cara en cara, preguntando

por el que vive dentro.

Y habla y se queja y se me tuerce

hasta la lengua del zapato,

por tener que aguantar como los hombres

tanta pobreza, tanto oscuro

camino a la vejez; tantos remiendos,

nunca invisibles, en la piel del alma.

Yo no entiendo; yo quiero solamente,

y trabajo en mi oficio.

Yo pienso: hay que vivir; dificultosa

y todo, nuestra vida es nuestra.

Pero cuánta furia melancólica

hay en algunos días.

Qué cansancio.

Cómo, entonces,

pensar en platos venturosos,

en cucharas calmadas, en ratones

de lujosísimos departamentos,

si entonces recordamos que los platos

aúllan de nostalgia, boquiabiertos,

y despiertan secas las cucharas,

y desfallecen de hambre los ratones

en humildes cocinas.

Y conste que no hablo

en símbolos; hablo llanamente

de meras cosas del espíritu.

Qué insufribles, a veces, las virtudes

de la buena memoria; yo me acuerdo

hasta dormido, y aunque jure y grite

que no quiero acordarme.

De andar buscando llego.

Nadie, que sepa yo, quedó esperándome.

Hoy no conozco a nadie, y sólo escribo

y pienso en esta vida que no es bella

ni mucho menos, como dicen

los que viven dichosos. Yo no entiendo.

Escribo amargo y fácil,

y en el día resollante y monótono

de no tener cabeza sobre el traje,

ni traje que no apriete,

ni mujer en que caerse muerto.

                  (Rubén Bonifaz Nuño) 

El poeta mexicano Rubén Bonifaz Nuño nació en 1923, en la ciudad de Córdoba, en Veracruz. Muere en Ciudad de México, un día 31 de enero del año 2013, ya consumido por la ceguera.

Desde pequeño tuvo contacto con la cultura indígena y su interés por ella y por el arte prehispánico le llevó a conocer la poesía Nahuatl en profundidad, hasta el punto de considerla una lengua más bellamente preparada para la poesía que el propio español.

Bonifaz tuvo una solida formación académica, iniciándose en el estudio del Derecho pero centrándose posteriormente en el estudio y la traducción de las lenguas clásicas.

Como poeta también se puede apreciar su formación humanística. Publicó dieciocho libros de poesía durante su vida y en ellos se puede apreciar su formación clásica pero también las palabras en libertad. Además el oscuro universo del nahuatl se ve también reflejado en un hondo pesimismo que irradia toda su poesía.

El poema Algo se me ha quebrado esta mañana…fue escrito, según el propio poeta mexicano, a finales de 1958 y se incluyó en su libro Fuego de pobres.  El poema fue escrito en una casa en ruinas, en una máquina de escribir en ruinas y sobre un escritorio viejo sobre el que había un retrato de mujer. El poeta entre cigarrillos, cerillas y cafés esperaba la llamada telefónica de esa mujer. Una llamada que nunca llegó y que hizo que el poeta se sumiera en una profunda soledad y abandono.

La soledad de los hombres, el abandono y la tristeza son temas que nacen de un sentimiento personal del poeta pero que se hacen universales en su poesía y se ven perfectamente reflejados en este poema.

A modo de anécdota el poeta se mostraba como un fiel admirador de la actriz de telenovelas y cantante mexicana Lucía Méndez y es que Rubén Bonifaz Nuño amaba la vida y tenía especialidad debilidad por las mujeres. A esta actriz le dedicó también un poema Pulsera para Lucía Méndez en el año 1989, año en el que de forma curiosa se entremezclaba poesía y telenovela gracias al devoto poeta y a la popular actriz.

Selección y reseña: Sebastián Solana (Departamento de Lengua Española y Literatura)

 

Todo se transforma
Tu beso se hizo calor
Luego el calor, movimiento
Luego gota de sudor
Que se hizo vapor, luego viento
Que en un rincón de La Rioja
Movió el aspa de un molino
Mientras se pisaba el vino
Que bebió tu boca roja

Tu boca roja en la mía
La copa que gira en mi mano
Y mientras el vino caía
Supe que de algún lejano rincón
De otra galaxia
El amor que me darías
Transformado, volvería
Un día a darte las gracias

Cada uno da lo que recibe
Y luego recibe lo que da
Nada es más simple
No hay otra norma
Nada se pierde
Todo se transforma
Todo se transforma

El vino que pagué yo
Con aquel euro italiano
Que había estado en un vagón
Antes de estar en mi mano
Y antes de eso en Torino
Y antes de Torino, en Prato
Donde hicieron mi zapato
Sobre el que caería el vino

Zapato que en unas horas
Buscaré bajo tu cama
Con las luces de la aurora
Junto a tus sandalias planas
Que compraste aquella vez
En Salvador de Bahía
Donde a otro diste el amor
Que hoy yo te devolvería

Cada uno da lo que recibe
Y luego recibe lo que da
Nada es más simple
No hay otra norma
Nada se pierde
Todo se transforma

Todo se transforma
Todo se transforma
Todo se transforma

Supe que de algún lejano rincón
De otra galaxia
El amor que me darías
Transformado, volvería
Un día a darte las gracias

Porque cada uno da lo que recibe
Y luego recibe lo que da
Nada es más simple
No hay otra norma
Nada se pierde
Todo se transforma

Nada se pierde
Todo se transforma

Nada se pierde
Todo se transforma
Todo se transforma

Todo se transforma
Todo se transforma
Todo se transforma

            (Jorge Drexler)

Trasladando la ley de conservación de la masa a nuestro caminar por el libro de la
vida, Drexler nos da una lección magistral sobre una de las más antiguas normas de
la existencia, “todo se transforma”. Como si de un mensaje subliminal se tratase, tras
la melodía pegadiza y la historia de dos, se esconde una lección de civismo y regla
básica de interacción social: “no hagas a los demás lo que no quieres vivir en carne
propia”.

A lo largo de la canción nos va haciendo conscientes del efecto mariposa, además de
irnos desvelando partes de la vida de los dos protagonistas y de su propia historia en
común, de cómo cada acción tiene su impacto y cómo ese impacto nos vendrá de
vuelta, siempre con un tono muy positivo y dando la impresión por momentos de que
realmente estamos unidos por un fino hilo rojo a las personas que estamos abocados
a cruzarnos en la vida y que están destinados a dejarnos huella.

Hay dos afirmaciones que se repiten “todo se transforma” y “cada uno da lo que
recibe, luego recibe lo que da”, realmente si tuviera que elegir un dogma de vida sería
este, considero que si cada uno de los seres humanos lo tuviéramos presente, las
interacciones sociales serían mucho más cordiales y respetuosas, el medio ambiente
no estaría tan dañado y los conflictos bélicos habrían pasado de moda. Quizás por eso
me gusta tanto, ya que tararearla me transmite buen rollo y me recuerda que más vale

estar del lado de las fuerzas positivas que del lado oscuro, ya que al final te terminará
afectando sí o sí toda esa contrariedad y mala energía.

Acompañado de su guitarra, sus letras elaboradas y su melodía pegadiza, Drexler
consigue una canción fácil de escuchar, una letra que es inevitable no terminar
tarareando y un mensaje que poco a poco va haciendo mella en el oyente.

Te invito a escucharla, disfrutar de su rítmica atípica y dejarte envolver por el efecto de
sus palabras.

Selección y reseña: Ana Palmero (Departamento de Biología)

 

PRIMER DÍA DE VACACIONES

Nadaba yo en el mar y era muy tarde,

justo en ese momento

en que las luces flotan como brasas

de una hoguera rendida

y en el agua se queman las preguntas,

los silencios extraños.

 

Había decidido nadar hasta la boya

roja, la que se esconde como el sol

al otro lado de las barcas.

 

Muy lejos de la orilla,

solitario y perdido en el crepúsculo,

me adentraba en el mar

sintiendo la inquietud que me conmueve

al adentrarme en un poema

o en una noche larga de amor desconocido.

 

Y de pronto la ví sobre las aguas.

 

Una mujer mayor,

de cansada belleza

y el pelo blanco recogido,

se me acercó nadando

con brazadas serenas.

Parecía venir del horizonte.

 

Al cruzarse conmigo,

se detuvo un momento y me miró a los ojos:

no he venido a buscarte,

no eres tú todavía.

 

Me despertó el tumulto del mercado

y el ruido de una moto

que cruzaba la calle con desesperación.

Era media mañana,

el cielo estaba limpio y parecía

una bandera viva

en el mástil de agosto.

Bajé a desayunar a la terraza

del paseo marítimo

y contemplé el bullicio de la gente,

el mar como una balsa,

los cuerpos bajo el sol.

En el periódico

el nombre del ahogado no era el mío.

 

 Luis García Montero, Poesía completa (1980-2015). Ed.Tusquest 

¿Quién no ha vivido un primer día de vacaciones? Todos hemos vivido esa sensación de tener la libertad y el control de nuestro tiempo libre. Esa falsa sensación de que somos dueños de nuestra vida.

Luis García Montero posee un don y es que hace fácil lo difícil. En su poesía de apariencia mundana y sencilla, se oculta el hombre culto que es. Este poema que os acerco no se centra en comunicarnos lo que siente el autor, sino que nos muestra un “yo poético” observador que cuenta lo que pasa, y de esta experiencia personal y cotidiana surge el sentimiento, la emoción y la reflexión. 

Luis García Montero nació en la bellísima ciudad de Granada en el año 1958. Cursó la carrera de Filosofía y Letras y se doctoró en 1985 con una tesis sobre Rafael Albertí (poeta de la Generación del 27); al que admiraba y al que le unía una gran amistad. En los libros de texto lo veremos encasillado en “poeta de la experiencia” (o la otra sentimentalidad), junto a Benjamín Prado, Javier Egea o Ángeles Mora, entre otros.

Muy amigo de Joaquin Sabina, Miguel Ríos, Joan Manuel Serrat y cónyuge de Almudena Grandes, ÉL es mucho más que todo eso. Entre los galardones poéticos que ha obtenido destacan el Premio Federico García Lorca, el Premio Loewe, el Premio Adonáis de poesía y el Premio Nacional de Poesía con el que fue galardonado en 1995, y el Premio Nacional de la Crítica en el 2003. En el año 2010 se le concedió en México el Premio Poetas del Mundo Latino por su trayectoria. Actualmente es el director del Instituto Cervantes.  Este poema lo podemos encontrar en el libro Poesía completa (1980-2015) que es una compilación de su obra. 

El poema que os presento trata motivos existenciales de carácter universal: carpe diem y la muerte. Lo misterioso aparece en el mundo doméstico, cotidiano; por lo que se trata de un poema más llevadero, en el que cualquiera pueda sentirse identificado. El lenguaje sencillo, el vocabulario coloquial, el tono conversacional son rasgos típicos de este poema donde el poeta extrae connotaciones poéticas de un material que aparentemente no es literario. Cuenta con una estructura narrativa, similar a la de un relato que nos introduce en la vida de personajes hasta hacernos sentir parte de ellos, transmitir su memoria y conseguir que la sintamos como propia.

El título nos advierte del comienzo del poema. Es relevante el hecho de que remite al tiempo y al espacio del poema y permite que, nosotros como lectores, podamos anticipar lo que va a venir después. Todos, a nuestra medida, hemos vivido un “primer día de vacaciones” en nuestra vida, por lo que el poeta conecta con sus lectores desde el primer momento. Estamos ante un poema narrativo que desarrolla una historia que bien pudiera ser materia de un microrrelato. El “yo poético” es un veraneante, que se aloja en una zona turística junto a la playa, se despierta al medio día por el efecto del ruido callejero. Ha tenido un inquietante sueño: mientras nadaba por la tarde mar adentro, ha experimentado con la muerte. Pero es su primer día de vacaciones y baja a desayunar a la terraza del paseo marítimo. No obstante, tenemos que diferenciar lo que dice el poema de lo que quiere decir el autor, en este caso el tema que nos presenta de manera latente no es otro que el tópico literario del Carpe Diem, a través de otros tópicos como son el sueño y la muerte. 

El cruce de dos atmósferas diferenciadas; por un lado, la ambientación onírica cercana a la muerte, (crepúsculo, inquietud, silencio, noche larga, ahogado, mujer mayor) y por otro, el ambiente vacacional (agosto, terraza, tumulto del mercado, sol, mar, bullicio, paseo marítimo), hace que haya un contraste entre los dos mundos situándolos en dos momentos muy significativos: el atardecer para el mundo onírico y la mañana para el mundo real. 

Podría seguir hablando de este poema sin encontrar un final. Os podría contar como el mar cobra una doble significación: como símbolo del tránsito hacia la muerte y como representación del ambiente playero, lúdico de un lugar de vacaciones. Os podría contar que la personificación de la muerte también es muy significativa, echando mano de la imagen tópica de una anciana acompañada de adjetivos con carga connotativa (mayor, cansada, serena). Una imagen que data ya de la Edad Media, anterior a la imagen de esqueleto que nos es muy familiar y que también tiene su espacio en autores tan distantes en el tiempo como Petrarca y Lorca (Bodas de Sangre). Os podría hablar de todas las figuras literarias de las que sutílmente echa mano y no nos damos cuenta. Os podría decir mil cosas, pero no quiero….solo quiero que la disfrutéis.

Selección y reseña: Charo Palos (Departamento de Lengua Española y Literatura)

 

00000 CERO de Pedro Salinas

 

Invitación al llanto. Esto es un llanto,

ojos, sin fin, llorando,

escombrera adelante,por las ruinas

de innumerables días.

Ruinas que esparce un cero -autor de nadas,

obra del hombre- , un cero, cuando estalla.

 

Cayó ciega. La soltó,

la soltaron, a seis mil

metros de altura, a las cuatro.

¿Hay ojos que le distingan

a la tierra sus primores

desde tan alto?

¿Mundo feliz? ¿Tramas, vidas,

que se tejen, se destejen,

mariposas, hombres, tigres,

amándose y desamándose?

No. Geometría. Abstractos

colores sin habitantes,

embuste liso de atlas.

Cientos de dedos del viento

una tras otra pasaban

las hojas

márgenes de nubes blancas

de las tierra de la tierra,

vuelta cuadernio de mapas.

Y a un mapa distante, ¿quién

le tiene lástima? Lástima

de una pompa de jabón

irisada, que se quiebra;

o en la arena de la playa

un crujido, un caracol

roto

sin queres, con la pisada.

Pero esa altuta tan alta

que ya no la quieren pájaros,

le ciega al querer su causa

con mil aires transparentes.

Invisibles se le vuelven

al mundo delgadas gracias:

La azucena y sus estambres,

colibríes y sus alas,

las venas que van y vienen,

en tierno azul dibujadas,

por un pecho de doncella.

¿Quién va a quererlas

si no se las ve de cerca?

 

Él hizo su obligación:

lo que desde veinte esferas

instrumentos ordenaban,

exactamente: soltarla

al momento justo.

Nada.

Al principio

no vio casi nada. Una

mancha, creciendo despacio,

blanca, más blanca ya cándida […]

 

 

El madrileño Pedro Salinas fue uno de los miembros más destacados de la Generación del 27. Aunque nacido en Madrid muere en Boston en el año 1951, tras su exilio provocado por la Guerra Civil española. En el exilio escribió su poemario Todo más claro y otros poemas (1949) en el que se incluye como décimo quinto y último poema Cero. Hemos seleccionado un pequeño fragmento de este extenso poema en el que Pedro Salinas nos transmite una amarga reflexión provocado por el horror de la bomba atómica y el temor a una tercera guerra mundial.

El poemario recoge una serie de poemas en el que se integran muchas de las preocupaciones de los hombre de su época con una vinculación entre la poesía y una inquietud social y cívica. En estos poemas se muestra a veces las preocupaciones propias del poeta y otras las colectivas de la sociedad del momento. Además el poeta manifiesta diferentes actitudes ante el momento que le ha tocado vivir: evasión, confianza, inquietud e incluso terror pero en todo momento con el objeto de crear una poesía de la verdad, una nueva actitud comprometida que mantenga una pequeña luz de esperanza.

En el poema Cero, en casi cuatrocientos versos, Salinas rememora los sentimientos y sensaciones de aquel 6 de agosto de  1945, día en el que cayó la bomba atómica sobre la ciudad de Hiroshima. El poeta sabe captar el caos generado, el mundo derrumbado que se extiende y se mezcla con la evocación de la naturaleza y de sus propios recuerdos de la infancia.

Este Cero que titula el poema, alude a lo que queda de la civilización creada por los hombres después de la acción destructora de la bomba atómica. Ese Cero es la nulidad, la imagen de la nada absoluta y de la oscuridad y las tinieblas de la noche que se han adueñado del mundo.

El fragmento que hemos seleccionado de este extenso poema muestra la visión subjetiva del aviador al dejar caer la terrible bomba. Una visión lejana desde la que no se puede apreciar la vida ni los daños que la bomba puede causar a nuestro mundo.

Selección y reseña: Sebastian Solana (Departamento de Lengua Española y Literatura)

 

No hay bien que del mal me guarde,
temeroso y encogido,
de sinrazón ofendido
y de ofendido cobarde.
Y aunque mi queja, ya es tarde,
y razón me la defiende,
más en mi daño se enciende,
que voy contra quien me agravia,
como el perro que con rabia
a su mismo dueño ofende.

                          (Vicente Espinel)

En cierta ocasión, paseando por las bonitas calles de Ronda (quizás uno de los más bonitos pueblos de nuestra geografía) salió a mi encuentro, como si de un fantasmagórico encuentro se tratara, la figura de piedra de uno de esos poetas que han acompañado desde siempre a todo buen amante de la lírica: Vicente Espinel.

La estatua en cuestión muestra el grave rostro de este célebre rondeño que vivió en la fascinante España de los Siglos de Oro, concretamente entre 1550 y 1624, por lo que su vida se escribe paralela a la de otras celebridades de nuestra literatura, tal y como es el caso de Lope de Vega y Miguel de Cervantes.

Vicente Espinel es el autor, en sintonía con las tendencias narrativas de aquel entonces, de una estupenda novela picaresca (Vida del escudero Marcos de Obregón) pero, sobre todo, su fama obedece a la transformación de la estructura de la décima, estrofa métrica que a partir de rimas como la que hoy hemos elegido, pasó a denominarse, en su honor, espinela. Es decir, que no puede negarse que don Vicente fue alguien que creó estilo y tendencia.

Al margen de la belleza y complejidad conceptual que desprenden los versos del poema elegido, de su vibrante ritmo y sonoridad, me gustó mucho encontrarme con aquella piedra labrada, puesto que me retrotrajo no ya a los Siglos de Oro sino a cuando, hace ya algunas décadas, yo ocupaba un pupitre en el colegio de mi barrio y nuestro magnífico maestro de Lengua Española (don Manuel) nos hizo aprender de memoria el dichoso esquemita métrico de la espinela. Me costó lo mío, pero, como si de un conjuro se tratara, no me he olvidado aún de ello: a b b a a c c d d e.

Sea pues esta reseña un homenaje a don Vicente… y a don Manuel.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

 

Yo no soy nadie. ¿Quién eres tú?

¿También tú no eres nadie?

¡Entonces ya somos dos!

¡No lo digas! Lo pregonarían, ya sabes.

¡Qué aburrido ser nadie!

¡Qué ordinario! Estar diciendo tu nombre,

como una rana, todo el mes de junio,

a una charca que te contempla.

                                          (Emily Dickinson)

En esta ocasión volvemos nuestra mirada hacia una de las voces más personales de la literatura norteamericana del siglo XIX, la poetisa Emily Dickinson, cuyos versos, tal y como se desprende de los que hemos seleccionado, siguen estando plenamente vigentes.

En el puñado de líneas que conforman la composición elegida, Emily Dickinson pone al individuo cara a cara con su mediocridad, yendo en contra de la exacerbación del individualismo propia tanto de la época que le tocó vivir (recordemos que es uno de los temas habituales del Romanticismo) como de nuestra actualidad.

¿Quién no ansía, hoy por hoy, la notoriedad y el protagonismo? Las redes sociales se antojan esa charca donde, cuales ranas, nos contemplamos, abismados por la fuerza de un espejismo efímero. Así las cosas, el poema es una apuesta por la vida discreta y apacible, una invitación, no exenta de ironía, a asumir complacientemente la pertenencia a un anonimato; una lección lírica acerca de la virtud del no ser.

Además, el uso de la segunda persona, apelando directamente al lector, hace que el texto sea una clara muestra de la originalidad estilística de esta gran autora. Ese cercano trato hace que el poema tenga además una atmósfera de irresistible confidencialidad, sensualmente persuasiva, tal que la delicadeza de un susurro.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

 

 

Porque un abrazo bien dado

tiene el poder de

detener el tiempo,

suturar heridas

ser paréntesis en el lío

que llevas en la cabeza.

                    (Rafael Cabaliere)

Los premios literarios (al igual que muchos otros relacionados con otras disciplinas artísticas) siempre han estado ligados a polémicas diversas, quizás motivadas por los obvios intereses económicos que hay detrás. Así las cosas, el reciente premio Espasa de poesía, otorgado a Rafael Cabaliere, se ha publicitado más de lo habitual en virtud de la disconformidad que ha motivado.

Quienes han mostrado su descontento con el fallo del jurado, han apelado entre otras cosas a que Cabaliere, publicista venezolano de 34 años de edad, es un perfecto desconocido en los cenáculos literarios (como si para alzarse con el galardón hubiera que formar parte de algún tipo de logia más o menos secreta). Debe tenerse en cuenta que en nuestra reciente historia literaria tenemos casos felizmente similares como la irrupción en el panorama libresco de Espido Freire, al ganar el premio Planeta por Melocotones helados, o, más recientemente, el éxito alcanzado por Carmen Mola (una total desconocida, cuya verdadera identidad incluso se sigue ocultando tras seudónimo)  con su excelente trilogía de novelas policiacas (La novia gitana, La red púrpura, La nena).   

También se le ha achacado a Cabaliere que su lírica sea sencilla, directa, simple, prácticamente carente de artificio; si bien todo ello puede conformar un estilo que muchos lectores estimen, apostando por la llaneza, un quehacer poético ligado a la vieja práctica del aforismo, reflejo de esa extendida tendencia de las redes sociales: breves citas de autores, máximas taxativas, que pretenden una rápida enseñanza vital.

Los soplos de aire fresco son necesarios. El ayer debe ser sucedido por el hoy, de manera natural. Y ese presente puede gustarnos más o menos (tan solo se trata de un premio), si bien el pataleo excesivo suele comportar, en estos casos, un cierto descuido estético, una tendencia a la inelegancia, por parte de quien protesta.

El librito de Cabaliere (Alzando vuelo) es una propuesta por una poesía de consumo rápido, para digerir sin problemas mientras esperamos en la terminal del aeropuerto, mientras viajamos en el Metro, en el autobús, mientras esperamos a que el microondas caliente el plato precocinado. Poesía quizás adecuada para estos tiempos que corren, reflejo, en definitiva, de los mismos.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

 

UN PEQUEÑO HOMENAJE A JOAQUÍN CARBONELL

Hace unos días, el 12 de septiembre, falleció Joaquín Carbonell, el tigre de Alloza, a causa del maldito Covid-19. Para los
aragoneses y más en su tierra, Teruel, fue un duro golpe, otra tristeza más en estos tiempos de pandemia.


Si hay algo que destacar de él entre otras cualidades, fue su enorme energía y activismo para hacer
realidad diferentes proyectos culturales y musicales durante décadas y muchas veces a contracorriente.
Los que de una forma u otra se dedican a la labor musical o cultural saben lo difícil que es mantener “las
ganas” en tiempos tan difíciles. Joaquín llegó a celebrar sus 50 años de compromiso con la música, la
poesía y este Teruel que como otras zonas de España van muriendo poco a poco.


Cabe destacar su avidez para la lectura y su necesidad de expresión vital. Así, aunque con 15
años dejó de estudiar y se puso a trabajar, al cabo de unos años retomó los estudios de Secundaria en
Teruel donde conoció y se impregnó de la pasión por la Música de Autor, de la mano de José Antonio
Labordeta, fermento y condición para una imparable carrera de amor a la Música, a la Escritura y a su
tierra, siempre embelleciendo sus canciones con un toque tan poético como irónico, porque la misma vida
tiene esas dos caras de una misma moneda. Sólo sus ganas de vivir y de expresarse han tenido un enemigo
que ha apagado su corazón vital y alegre.

Descanse en Paz.

Selección y reseña: Toyo Gabarrús.

 

SUEÑOS

Embadúrnate el cuerpo

de obscuridad

y de silencio,

y podrás levantar

la copa de los sueños

Pasaron superpuestas

ráfagas de recuerdos,

y los nuevos clisés

solo quedan impresos,

mientras hay luz de menta

dentro del pensamiento.

Una astilla de luz

agujerea

los tulipanes negros.

                         (José María Hinojosa)

Si la semana pasada dedicaba este espacio a uno de los nombres esenciales del ultraísmo, en esta ocasión hemos elegido una composición de uno de los grandes nombres del surrealismo hispánico: José María Hinojosa. Y, para ello, nada mejor que Sueños, cuyo título refiere ese ámbito ominoso, inaprensible, directamente relacionado con la artística tendencia.

Codirector junto con Emilio Prados de la revista Litoral (otra de las publicaciones, al igual que Ultra, que contribuían a difundir los movimientos vanguardistas en nuestro país), Hinojosa pasa a la Historia de nuestra literatura por uno de los textos seminales de nuestras vanguardias: Flor de Californía.

 

Al igual que ocurre con Larrea, Hinojosa es otro de esos nombres de la Generación del 27 eclipsados por un institucionalismo cultural que, dada la complejidad del susodicho grupo poético, parece haber apostado por una simplificación a través de la cual se destacan una serie de personalidades que, en realidad, convivieron y amistaron entre sí: así, por ejemplo, Hinojosa y García Lorca.

No obstante, en el caso del poeta que nos ocupa, quizás su prematura muerte (falleció a los treinta y dos años) contribuyera a que su nombre no suela pertenecer a esa elite de elegidos, pues, indudablemente, su obra no resulta tan prolífica como la de algunos de ellos, aunque sí que tremendamente original, influyente, marcada por una personalidad singular, tal y como se desprende de los versos elegidos, paradigma del cultivo del surrealismo en España.

Selección y reseña: Alberto Jiménez Liste (Departamento de Lengua Española y Literatura)

 

Aunque bajo el temor

En el fondo estas mujeres necesarias del frío
estas mujeres sin recuerdos más allá de los abedules
palidecen sin saber por qué

El cielo en cambio está enfermo de pizarras
y sus cabellos caen como pozos de mina

El cielo el cielo ingeniero amigo mío
construirás un velero con el soplo que me anima
puesto que el reloj hace el dragado de nuestros fastidios
y su círculo viene a ser nuestra corona a menudo de espinas

Sobre el horizonte de ciego que la hora mojada tentalea
los pichones se conducen como segundas intenciones
empleando hasta el final la mano de obra del otoño

Aunque la tarde haga sus víctimas
si tú no temes el deterioro de los mares
ven con tus párpados hinchados por un aire familiar
ven a expandirte como los autores de cartas anónimas

Sol de las cumbres sol

                               (Juan Larrea)

Si la semana pasada os hablaba De Vicente Huidobro, esta he elegido a otro de esos grandes poetas a los que le tocó vivir épocas convulsas (tanto a nivel artístico como social y político), que de indudable manera marcaron tanto su devenir vital (fue uno de los exiliados, tras la Guerra Civil) como artístico: Juan Larrea fue uno de los más brillantes exponentes de lo que en España se dio en llamar ultraísmo, es decir, tendencias artísticas de carácter rompedor y que pretendían ir un paso más allá de las normas clásicas.

La Generación del 27 es, obviamente, el grupo al que deberíamos adscribirlo, lo cual nos permite hablar de la complejidad que entraña la concepción de dicha etiqueta, dado que cuanto más se indaga en la configuración del grupo artístico más se amplía; es decir, aparecen muchos más nombres, como el del poeta que nos ocupa, ligados al mismo.

Si bien el paso de los años y las enseñanzas regladas parecen haber relegado a Juan Larrea a una posición marginal (Lorca, Cernuda, Alberti, Salinas, Aleixandre… terminan acaparando todo el protagonismo) su nombre resplandece en la célebre autobiografía de Luis Buñuel, Mi último suspiro, puesto que el autor de Un perro andaluz declara que Larrea es uno de sus autores favoritos, lo cual no resulta nada raro, dada la obvia filiación del autor al surrealismo, tal y como demuestra el poema que he elegido.

Selección y reseña: Alberto Jiménez Liste (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Noche

Sobre la nieve se oye resbalar la noche.

La canción caía de los árboles
y tras la niebla daban voces.

De una mirada encendí mi cigarro.

Cada vez que abro los labios
inundo de nubes el vacío.

En el puerto
los mástiles están llenos de nidos.

Y el viento
gime entre las alas de los pájaros.

Las olas mecen el navío muerto.

Yo en la orilla silbando
miro la estrella que humea entre mis dedos.

                                           (Vicente Huidobro)

Si la poesía se caracteriza por un deseo de crear belleza a través de la palabra, Vicente Huidobro debe ser considerado uno de sus más claros exponentes. Este autor chileno, que va a desarrollar su labor en ese momento crucial en el que los movimientos de vanguardia, fuertemente incluidos por los cambios sociales de su mundo inmediato, deciden romper con la concepción clásica de las artes, reformulándolo todo, contagió a buena parte de los poetas en lengua española con su célebre creacionismo.

En efecto, aludiendo al célebre artículo de Ramón Gómez de la Serna (Ismos), el creacionismo viene a unirse a impresionismos, impresionismos, futurismos y surrealismos. Así, Huidobro, influido por el simbolismo (importante movimiento que precede y anuncia las vanguardias), concibe el poema no como un ejercicio mimético respecto de la realidad, sino como una posibilidad de crear una belleza única, propia y exclusiva del propio texto.

Con Huidobro y otros poetas coetáneos o algo posteriores (José María Hinojosa, Vicente Aleixandre, Federico García Lorca) la poesía se adentra más en los fascinantes caminos de lo ominoso. Ya no hay que interpretar la cadena de palabras, simplemente sentir esas nuevas realidades que nos proponen. El arte se intelectualiza o, como diría Ortega y Gasset “se deshumaniza” dando paso a una novedosa serie de hallazgos poéticos que se encuentran, tal que el caso del poema que nos ocupa, entre los grandes logros de la lírica de todos los tiempos.

Selección y reseña: Alberto Jiménez Liste (Departamento de Lengua Española y Literatura)

 

Ausencia

Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.

                            (Jorge Luis Borges)

Tras las dos reseñas dedicadas a nuestro teatro en verso de las dos últimas semanas cedemos la palabra a uno de los grandes autores de la literatura hispanoamericana. El argentino Jorge Luis Borges es sin duda uno de los grandes renovadores del relato moderno siendo antológicas las compilaciones que podemos encontrar en títulos indispensables como Ficciones.

Pero, además de su originalidad narrativa, Borges fue también un excelso poeta, como demuestran los versos de su Ausencia, uno de los poemas más angustiosos y desgarradores que surgieron de su pluma, donde reformula uno de los grandes temas de la literatura, el amor, desde el punto de vista de la pérdida del mismo.

El uso de la primera persona, junto a una serie de poderosas imágenes, conforman un desesperado canto lírico que, en sus versos finales se antoja “autoelegía”, evocando el posible suicidio del poeta enamorado, quizás la disolución de su alma, tras el tránsito, en las poéticas aguas del mar.

Selección y reseña: Alberto Jiménez Liste (Departamento de Lengua Española y Literatura)

 

Semana 24. 3ª TEMPORADA. 22 DE MAYO DE 2020.

Clamé al cielo, y no me oyó.

Mas, si sus puertas me cierra,

de mis pasos en la Tierra

responda el cielo, no yo.

                            (José Zorrilla)

Si hace un par de semanas os reproducía un bonito soneto de Lope de Vega perteneciente a una de las obras maestras de nuestro teatro en verso, en esta ocasión he elegido uno de los pasajes más memorables de otro de nuestros grandes clásicos, el Don Juan Tenorio de José Zorrilla, perteneciente a nuestro siglo XIX.

Quizás la obra de Zorrilla sea uno de los textos dramatúrgicos más populares de nuestras letras (uno de los más representados, adaptados e influyentes), de manera que muchos de sus pasajes forman parte del acervo popular común: así su célebre arranque (¡Cuán gritan esos malditos! (…)), algunas de sus escenas amorosas (¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor (…)?) o el cuarteto seleccionado, que constituye uno de los momentos climáticos del texto, cuando don Juan, febril y soberbio tras matar al Comendador, padre de doña Inés, desafía incluso a Dios, constituyéndose así en uno de los grandes rebeldes de nuestro Romanticismo.

José Zorrilla elaboró un texto cargado de fuerza y movimiento, ideal para una espectacular escenografía, adaptando el mito del burlador de Sevilla a los gustos de una época que nos sigue fascinando (de ahí la actualidad del texto). Don Juan, como mito universal, ya fue tratado magistralmente por Tirso De Molina durante nuestro periodo áureo, así como por el francés Moliére en una versión igual de magnífica.

Selección y reseña: Alberto Jiménez Liste (Departamento de Lengua Española y Literatura)

 

Semana 23. 3ª TEMPORADA. 15 DE MAYO DE 2020.

Camina bella, como la noche

De climas despejados y de cielos estrellados,

Y todo lo mejor de la oscuridad y de la luz

Resplandece en su aspecto y en sus ojos,

Enriquecida así por esa tierna luz

Que el cielo niega al vulgar día.


Una sombra de más, un rayo de menos,

Hubieran mermado la gracia inefable

Que se agita en cada trenza suya de negro brillo,

O ilumina suavemente su rostro,

Donde dulces pensamientos expresan

Cuán pura, cuán adorable es su morada.


Y en esa mejilla, y sobre esa frente,

Son tan suaves, tan tranquilas, y a la vez elocuentes,

Las sonrisas que vencen, los matices que iluminan

Y hablan de días vividos con felicidad.

Una mente en paz con todo,

¡Un corazón con inocente amor!

(Lord Byron)

Nuestras cuatro reseñas de esta semana están dedicadas al vampirismo, dándole (en nuestros apartados de cine y libros) un protagonismo especial a Drácula, el espectral conde creado por Bram Stoker, quien supo otorgar un halo de romanticismo a una criatura de raíces folklóricas.

Y vosotros os preguntaréis, ¿qué tiene que ver el autor de nuestro poema semanal con la popular criatura transilvana? Muchos estudiosos han relacionado la arrolladora y egocéntrica personalidad de Lord Byron con la reformulación del mito vampírico. Su elegante fisonomía y decadente manera de vestir, su capacidad de seducción y, por supuesto, su gusto por los elementos nocturnos, hacen de Lord Byron un modelo en el que su médico, el también escritor John William Polidori, se inspiró para gestar uno de los primeros relatos de vampiros del Romanticismo: El vampiro (según algunos, surgido prácticamente a la par que el Frankenstein de Mary Shelley, otro gran mito de la literatura fantástica, también directamente relacionado con el citado Lord Byron, puesto que fue él quien alentó a la autora a escribir su novela durante unas veladas marcadas por fuertes tormentas en su célebre y preciosa finca suiza: Villa Diodati).

Así las cosas, aunque en el texto original de Bram Stoker, publicado por vez primera en 1899, el conde Drácula no termina de tener esa filiación con el dandysmo que, posteriormente, el cine se encargó de popularizar, Lord Byron ha pasado a la Historia de la Literatura como una figura legendaria, que trasciende la propia realidad de su persona.

El poema elegido es una clara muestra de la estética romántica por la que siempre se dejó guiar el poeta. Al igual que en la novela de Stoker (y aquí sí que hay plena coincidencia) Lord Byron expresa a través de esos bonitos versos su fascinación por la luna (poético elemento que utiliza para describir a una de esas enigmáticas mujeres que llenaron páginas y páginas durante el siglo XIX). No en vano, otro de los grandes autores del periodo, nuestro Gustavo Adolfo Bécquer, quizás inspirado por el poema de Lord Byron, compuso una de sus más hermosas y célebres leyendas, El rayo de luna, en la que el astro nocturno y la belleza femenina también confluyen y difuminan sus límites.

Selección y reseña: Alberto Jiménez Liste (Departamento de Lengua Española y Literatura)

 

Semana 22. 3ª TEMPORADA. 8 DE MAYO DE 2020.

Amar por ver amar, envidia ha sido,

y primero que amar estar celosa

es invención de amor maravillosa

y que por imposible se ha tenido.

 

De los celos mi amor ha procedido

por pesarme que, siendo más hermosa,

no fuese en ser amada tan dichosa

que hubiese lo que envidio merecido.

 

Estoy sin ocasión desconfïada,

celosa sin amor, aunque sintiendo;

debo de amar, pues quiero ser amada.

 

Ni me dejo forzar ni me defiendo;

darme quiero a entender sin decir nada;

entiéndame quien puede; yo me entiendo.

                                                     (Lope de Vega)

Dado que durante estos días estamos trabajando con los grupos de tercero una de las bonitas obras que Lope de Vega escribió durante su prolífica carrera dramatúrgica, El perro del hortelano, tengo a bien reproducir el segundo de lo sonetos que aparece en esta obra maestra de nuestro teatro amoroso en verso.

En el fragmento en cuestión, Teodoro, protagonista y galán, lee el papel que le entrega Diana (supuestamente escrito por una amiga suya), donde confiesa su pasión amorosa y trata de explicar el origen de su sentir, vinculado a los celos.

Llama la atención el complejo juego conceptual elaborado por Lope a lo largo de los catorce versos (los conformados por los canónicos dos cuartetos y dos tercetos endecasílabos), siguiendo las tendencias estilísticas de la época. Obsérvese al respecto como en el plano léxico hay una intencionada repetición de términos que contribuyen a oscurecer el sentido del poema, a lo que sin duda Lope alude, con cierto humor e ironía, en los dos últimos versos. Téngase en cuenta que, en la época, el conceptismo fue una estética que, en mayor y menor medida, cultivaron todos los autores. Algunos de los más célebres, como Luis de Góngora, presumieron de ello: “Célebre me ha hecho ser oscuro”.

En la época, el amor, uno de los grandes temas de la Historia del Arte, tuvo un original tratamiento, pues se llegó a aducir su capacidad de perfeccionar al ser humano, incluso en un sentido intelectual, dotándolo de mayor elocuencia y elegancia. Este aspecto, tratado por León Hebreo en sus Diálogos de amor (una de las obras filosóficas más prestigiosas del periodo), planea sobre El perro del hortelano e, indudablemente, inspiró otra de las grandes creaciones de Lope: La dama boba.

Selección y reseña: Alberto Jiménez Liste (Departamento de Lengua Española y Literatura)

 

Semana 21. 3ª TEMPORADA. 17 DE ABRIL DE 2020.

SONETO CXXIX

Garcilaso, que al bien siempre aspiraste
y siempre con tal fuerza le seguiste,
que a pocos pasos que tras él corriste,
en todo enteramente le alcanzaste,


dime: ¿por qué tras ti no me llevaste
cuando de esta mortal tierra partiste?,
¿por qué, al subir a lo alto que subiste,
acá en esta bajeza me dejaste?


Bien pienso yo que, si poder tuvieras
de mudar algo lo que está ordenado,
en tal caso de mí no te olvidaras:


que o quisieras honrarme con tu lado
o a lo menos de mí te despidieras;
o, si esto no, después por mí tornaras.

                                                       (Juan Boscán)

 

Juan Boscán es uno de los nombres mayúsculos de la estética literaria renacentista hispánica. Nacido en Barcelona en 1487, fue un poeta que frecuentó (tal y como era habitual en aquel entonces) los ambientes cortesanos, a los que se encuentra ligada buena parte de su obra.

Su propia casa sirvió de centro de reunión de artistas de la España del Renacimiento, por lo que no es de extrañar que la amistad lo ligara a Garcilaso de la Vega, tal y como delata el poema que hemos seleccionado en esta ocasión.

A través de su ingente tarea poética (su producción es mucho mayor, aunque menos pulida, que la del mentado maestro), Juan Boscán contribuyó de manera decisiva a la introducción de novedosos metros en nuestras letras: así el soneto, estrofa a la que se ajusta nuestra elección de esta semana.

Con no menos elegancia que ánimo entristecido, en los característicos catorce versos que conforman la composición, Boscán une loa y elegía, alabando y lamentando la ausencia de su amigo, el mentado Garcilaso de la Vega, en una de sus más conmovedoras composiciones.

Selección y reseña: Alberto Jiménez Liste (Departamento de Lengua Española y Literatura)

 

Semana 20. 3ª TEMPORADA. 3 DE ABRIL DE

2020.

Expectación

No sabría decir por qué algunas cosas me producen

Una sensación de maravillas inexploradas por venir,

O de grieta en el muro del horizonte

Que se abre a mundos donde sólo los dioses pueden vivir.

Es una expectación vaga, sin aliento,

como de grandes pompas antiguas que recuerdo a medias,

o de aventuras salvajes, incorpóreas,

plenas de éxtasis y libres como un ensueño.

La encuentro en puestas de sol y en extrañas agujas urbanas,

en viejos pueblos y bosques y cañadas brumosas,

en los vientos del Sur, en el mar, en collados y ciudades iluminadas,

en viejos jardines, en canciones entreoídas y en los fuegos de la luna.

Pero aunque sólo por su encanto vale la pena vivir la vida

nadie alcanza ni adivina el don que insinúa.

                (H.P. Lovecraft)

Así como en alguna ocasión, el gran maestro de la literatura fantástica, Edgar Allan Poe, ha sido el protagonista de esta sección, hoy cedemos la palabra a uno de sus más excelsos sucesores (y uno de mis autores favoritos): Howard Philips Lovecraft.

De Lovecraft quizás conozcas su obra narrativa, con piezas maestras como El horror de Dunwich, En las montañas de la locura o El caso de Charles Dexter Ward; sin embargo, es posible que su labor en los terrenos de la poesía te sean menos familiares.

Debes saber que aunque Lovecraft ha pasado a la Historia de la Literatura como uno de los grandes configuradores del relato de terror moderno, su gusto por el arte de la pluma estaba muy ligado a la poesía, concretamente a la del siglo XVIII, a la que en sus inicios como autor trataba de imitar.

Lovecraft fue un hombre anacrónico, con una personalidad marcadamente singular, con cierta tendencia a aristocráticas posturas (cuando él no tenía nada que ver con la nobleza), motivo por el que llegó a despreciar la remuneración por sus quehaceres literarios (como si fuera un escritor de épocas pasadas), padeciendo penurias extremas; por ejemplo, llegar a mantenerse a base de latas de económicas latas de judías (las famosas “beans”), recluido en su casa, sin apenas salir, dado que padecía una enfermedad relacionada con la temperatura corporal (sentía frío constantemente).

Su peculiar vida puedes conocerla extensamente gracias a la extensa y detallada biografía escrita por Sprage de Camp, donde también encontrarás las explicaciones pertinentes acerca de la gestación de Los hongos de Yuggoth, magistral recopilación de poemas al que pertenece el que aquí hemos reproducido.

En “Expectación” podemos adivinar la sensibilidad de este gran artista, genial a la hora de transmitir la inquietante sensación de que algo acecha, expectante, tras lo cotidiano. El horror se transforma en belleza, a través de unos versos de reminiscencias románticas (ese gusto tanto por el espectáculo natural y por la belleza arquitectónica) que, como es habitual en toda su literatura, insinúan antes que mostrar, destilando una elegancia inusual, y configurando imágenes tan poderosas (que recuerdan al simbolismo de Poe) como esos “fuegos de la luna” del antepenúltimo de los versos.

Expectación es síntesis en verso de todo Lovecraft. Una gota de sombra procedente de los extraños mundos que supo imaginar (quizás captar) la creativa mente del autor de “Los mitos de Ctulhu”.

Selección y reseña: Alberto Jiménez Liste (Departamento de Lengua Española y Literatura)

SEMANA 19. 3ª TEMPORADA. 27 DE MARZO DE 2020.

A continuación os facilitamos el enlace a la reseña del profesor Sebastián Solana. Debido a la singularidad de su propuesta, hemos decidido hacerlo de esta manera para respetar la totalidad de las imágenes y decisiones tipográficas de su trabajo.

Esperemos que disfrutéis de su estupendo texto.

Oda a la Real

SEMANA 18. 3ª TEMPORADA. 20 DE MARZO DE 2020.

Pensando, señora, en vos,

vi en el cielo una cometa;

es señal que manda Dios

que pierda miedo y cometa

a declarar el deseo

que mi voluntad desea,

porque jamás no me vea

vencido como me veo

en esta fuerte pelea

que yo conmigo peleo.

                        (Jorge Manrique)

Jorge Manrique es uno de los grandes autores de las letras universales. Sus Coplas a la muerte del maestre don Rodrigo es, quizás, la más hermosa elegía jamás escrita, si bien en esta ocasión hemos elegido para nuestra habitual sección lírica semanal una composición no tan popular, pero tremendamente paradigmática, en tanto en cuanto refleja perfectamente ese ambiente cortesano que al autor le tocó vivir.

El amor, además de un sentimiento, es una creación cultural. La poesía ha contribuido de manera indudable a ello, tal y como es el caso de los diez versos (conformados por una cuarteta y una séxtupla de versos octosílabos) que nos hablan del dilema de declarar el amor o sufrirlo en silencio. La referencia a la dama como “señora”, así como la divinización del sentimiento amoroso, enlazan directamente la composición con los usos amorosos del “amor cortés”. El amante se sentía vasallo de su dama, que pasaba a ser su señora, trasladándose así al terreno emotivo las relaciones serviles típicamente medievales, de la misma manera que los torneos (a los que Manrique también atendió en su lírica) emulaban la guerra.

Al margen de lo expuesto, el debate amoroso , la tensión emocional interna del poeta, sus dudas, significadas sobre todo en esa “pelea” evocada en los dos últimos versos, que parecen adelantarse en cientos de años al célebre soneto de Lope de Vega, que a continuación reproducimos como colofón:

Desmayarse, atreverse, estar furioso,

áspero, tierno, liberal, esquivo,

alentado, mortal, difunto, vivo,

leal, traidor, cobarde y animoso;

 

no hallar fuera del bien centro y reposo,

mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,

enojado, valiente, fugitivo,

satisfecho, ofendido, receloso;

 

huir el rostro al claro desengaño,

beber veneno por licor süave,

olvidar el provecho, amar el daño;

 

creer que un cielo en un infierno cabe,

dar la vida y el alma a un desengaño;

esto es amor, quien lo probó lo sabe.

                                          (Lope de Vega)

Selección y reseña: Alberto Jiménez Liste (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 17. 3ª temporada. 13 de marzo de 2020

LE DÉSESPOIR DE LA VIEILLE

La petite vieille ratatinée se sentit toute réjouie en voyant ce joli enfant à qui chacun faisait fête, à qui tout le monde voulait plaire ; ce joli être, si fragile comme elle, la petite vieille, et, comme elle aussi, sans dents et sans cheveux.


Et elle s’approcha de lui, voulant lui faire des risettes et des mines agréables.


Mais l’enfant épouvanté se débattait sous les caresses de la bonne femme décrépite, et remplissait la maison de ses glapissements.


Alors la bonne vieille se retira dans sa solitude éternelle, et elle pleurait dans un coin, se disant : — « Ah ! pour nous, malheureuses vieilles femelles, l’âge est passé de plaire, même aux innocents ; et nous faisons horreur aux petits enfants que nous voulons aimer ! »

(Charles Baudelaire)

Traducción

LA DESESPERACIÓN DE LA VIEJA

La viejecilla arrugada sentíase llena de regocijo al ver a la linda criatura festejada por todos, a quien todos querían agradar; aquel lindo ser tan frágil como ella, viejecita, y como ella también sin dientes ni cabellos.

Y se le acercó para hacerle fiestas y gestos agradables.

Pero el niño, espantado, forcejeaba al acariciarlo la pobre mujer decrépita, llenando la casa con sus aullidos.

Entonces la viejecilla se retiró a su soledad eterna, y lloraba en un rincón, diciendo: «¡Ay! Ya pasó para nosotras, hembras viejas, desventuradas, el tiempo de agradar aun a los inocentes; ¡y hasta causamos horror a los niños pequeños cuando vamos a darles cariño!»

(Charles Baudelaire)

Considerado pilar del simbolismo, el poeta Charles Baudelaire no sólo nos legó sus quintesenciales Flores del mal sino que dinamitó (fiel a su decadentista tendencia) uno de los cánones de la poesía tradicional: la versificación.

Visionario, Baudelaire no sólo defendió a Edgar Allan Poe como uno de los protagonistas de la Historia de la Literatura en un célebre ensayo, sino que se anticipó a las vanguardias en la estima de la prosa como un soporte apto para la lírica.

Tal que ocurre con las grandes composiciones, Baudelaire cultivó la grandeza de lo breve el decir mucho con poco, gracias a una precisión en el lenguaje y a un saber callar a tiempo que, en el caso del ejemplo que nos ocupa, extraído de su Petits poèmes en prose, resulta especialmente conmovedor.

La sonoridad del poema original (tenemos a bien aportar la versión en francés y su traducción al español) es reflejo del gusto por la selección expresiva (rasgo también reseñable en el uso que Poe hiciera del inglés o, posteriormente, nuestro García Lorca de nuestra propia lengua) de un autor que actualiza algunos temas clásicos (tempus fugit, collige virgo rosas), dándoles un novedoso tratamiento descarnado que aproxima su texto a autores  más recientes como Jaime Gil de Biedma, Leopoldo María Panero o Ángel Guinda.

Selección y reseña: Alberto Jiménez Liste (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 16. 4ª temporada. 28 de febrero de 2020

A veces la poesía es mucho más que la expresión de la belleza o del sentimiento; a veces se convierte en recuerdo del horror o en una demanda de justicia.

Y ese es el caso de este poema de David Huerta. 

Este poema forma parte de una instalación situada en el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca ( México ), estos versos escritos en negro fueron lanzados en dos columnas y a sus pies se encendieron cuarenta y tres pequeñas velas que recordaban los hechos sucedidos en la madrugada entre el veintiséis y veintisiete de septiembre del año dos mil catorce.

Esa madrugada cuarenta y tres estudiantes de la Escuela Normal Isidro Burgos desaparecieron cuando se dirigían a una manifestación conmemorativa en Ciudad de México que recordaba los asesinatos estudiantiles del año mil novecientos sesenta y ocho. Ese trayecto fue interrumpido de manera violenta por policías municipales, federales y miembros de crimen organizado. Durante el ataque hubo seis muertos, cuarenta heridos y cuarenta y tres estudiantes desaparecidos. Todavía hoy, casi seis años después, los desaparecidos siguen sin ser localizados y las familias siguen demandando justicia y nuevas líneas de investigación que puedan aportar luz a estas desapariciones.

Ayotzinapa

Mordemos la sombra
Y en la sombra
Aparecen los muertos
Como luces y frutos
Como vasos de sangre
Como piedras de abismo
Como ramas y frondas
De dulces vísceras

Los muertos tienen manos

Empapadas de angustia
Y gestos inclinados
En el sudario del viento
Los muertos llevan consigo
Un dolor insaciable

Esto es el país de las fosas
Señoras y señores
Este es el país de los aullidos
Este es el país de los niños en llamas
Este es el país de las mujeres martirizadas
Este es el país que ayer apenas existía
Y ahora no se sabe dónde quedó

[…]

Gracias a este poema de David Huerta y a la instalación de museo Oaxaca hay un lugar en el que se puede recordar a estos estudiantes desaparecidos a pesar de que sus restos probablemente yacerán amontonados en alguna de las cientos de fosas comunes que, como si fueran accidentes geográficos, conforman el paisaje de México. 

Ahora estos muertos tienen nombre, tienen rostro, una familia, un trabajo y, por encima de todo, un recuerdo. El recuerdo de una tragedia, que como nos recuerda el poeta, es la tragedia de un país que vive habituado a la violencia sistemática y generalizada. Un país donde son tan habituales los asesinatos que lo normal es no mirar y pensar en otra cosa.

Selección y reseña: Sebastián Solana (Departamento de Lengua Española y Literatura)

 

Semana 15. 4ª temporada. 21 de febrero de 2020

Escribo sin modelo
a lo que salga,
escribo de memoria
de repente,
escribo sobre mí,
sobre la gente,
como un trágico juego
sin cartas solitario,
barajo los colores
los amores,
las urbanas personas
las violentas palabras
y en vez de echarme al odio
o a la calle,
escribo a lo que salga.
             

                    (Gloria Fuertes, 1917-1998)

Cuando esta profesora era pequeña solía proclamar a los cuatro vientos, a todo el que
quisiera escucharla, una frase algo sorprendente a oídos de los adultos: “Me gusta la
poesía”.

Una de mis tías, tras escucharme, me regaló un libro (decepcionante para mis siete u
ocho años) titulado “Yo voy soñando caminos”, cuyo autor, según ponía en la portada,
era un tal Antonio Machado. El caso es que, pese a que la antología estaba destinada a
un público de mi edad, para mí aquello no era poesía, o no, al menos, la poesía que yo
leía una y otra vez e incluso a veces memorizaba de tanto releer. Para mí, lo tenía muy
claro en aquel entonces, la poesía tenía un nombre propio: Gloria Fuertes.


“Piopio Lope el pollito miope” o “Las tres reinas magas” fueron algunas de mis lecturas
favoritas en aquellos tiempos, como seguro lo fueron para muchos niños y niñas de mi
generación, y sirvieron para acercarme al verso escrito, igual que las retahílas de mi
abuela lo hicieron a la poesía oral.

Tardaría unos años todavía en apreciar el libro de Antonio Machado y en incluirlo en
mi lista de grandes poetas. Y a ella se fueron sumando, en mi tiempo de ocio y también
en el de estudio, un buen puñado de autores y autoras que ensancharon mis
horizontes y reforzaron aquel amor temprano e infantil que había nacido en mí de la
mano de Gloria Fuertes.

Solo muchos años después, ya adulta, redescubrí a la autora de mi infancia. Pacifista, feminista, “autodidacta y poéticamente desescolarizada”, como se definía ella, escribió, dirigidos a un público infantil, cuentos, poesía y teatro, por los que recibió distintos premios y reconocimientos.

Sin embargo, Gloria Fuertes también cultivó la llamada “literatura de adultos”, siendo
considerada a día de hoy como una de las voces femeninas iniciales de la poesía de la
posguerra. Así, y aunque nunca se sintió ligada a ningún movimiento o tendencia, su
poesía, definida como social por la crítica, se relaciona tanto con la Generación de los
50 como con el Postismo.

El poema que traigo, sencillo, directo y coloquial desde sus primeros versos, expresa
muy bien su concepción de la poesía y la literatura, su “primero siento, después
pienso”, el rápido juego por el que el sentimiento se hace pensamiento y palabras de
forma casi instantánea.

Para ella, el poeta ha de preocuparse por contar lo que pasa antes de contar las
sílabas, sin importar el modelo. La poesía debe tener la capacidad de llegar a todos, de
ser clara y reflejar a la gente, “los colores”, “los amores”. Más aún, la poesía ha de
servir para alejar el odio pues, como ella misma dijo:

“Un niño con un libro de poesía en las manos nunca tendrá de mayor un arma entre
ellas.”

Me gustaría pensar que un adulto tampoco.

Selección y reseña: Esther Herguedas (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 14. 4ª temporada. 14 de enero de 2020

Oda a la Alegría

¡Oh amigos, dejemos esos tonos!

¡Entonemos cantos más agradables y llenos de alegría!

¡Alegría! Alegría!

¡Alegría, hermoso destello de los dioses,

hija del Elíseo!

Ebrios de entusiasmo entramos,

diosa celestial, en tu santuario.

Tu hechizo une de nuevo

lo que la acerba costumbre había separado;

todos los hombres vuelven a ser hermanos

allí donde tu suave ala se posa.

Aquel a que la suerte ha concedido

una amistad verdadera,

quien haya conquistado a una hermosa mujer,

¡una su júbilo al nuestro!

Aun aquel que pueda llamar suya

siquiera a un alma sobre la tierra.

Mas quien ni siquiera esto haya logrado,

¡que se aleje llorando de esta hermandad!

Todos beben de alegría

en el seno de la Naturaleza.

Los buenos, los malos,

siguen su camino de rosas.

Nos dio besos y vino,

y un amigo fiel hasta la muerte;

lujuria por la vida le fue concedida al gusano

y al querubín la contemplación de Dios.

¡Ante Dios!

Gozosos como vuelan sus soles

a través del formidable espacio celeste,

corred así, hermanos, por vuestro camino alegres

como el héroe hacia la victoria.

¡Abrazaos millones de criaturas!

¡Que un beso una al mundo entero!

Hermanos, sobre la bóveda estrellada

debe habitar un Padre amoroso.

¿Os postráis, millones de criaturas?

¿No presientes, oh mundo, a tu Creador?

Búscalo más arriba de la bóveda celeste

¡Sobre las estrellas ha de habitar!

                                        (Friedrich von Schiller)

La Oda a la Alegría es un poema de Friedrich von Schiller, poeta, historiador, filósofo y dramaturgo  considerado, junto con Goethe, como una de las figuras más importantes del romanticismo alemán. Sin embargo, la fama de este poema es debida a la musicalización que hizo del mismo el compositor Ludwig van Beethoven y que incluyó, como cuarto movimiento con el nombre de “Himno a la Alegría”, en su Sinfonía número 9, también conocida como Sinfonía coral. De hecho, es la primera vez en la que se incluye un movimiento coral en este tipo de composición musical gracias a que Beethoven se permitió la libertad de “hacer hablar” a la que acabó siendo su última obra sinfónica.

El “Himno a la Alegría” es considerado actualmente no solo como un cántico a la fraternidad universal, sino como una de las grandes influencias en la historia de la música, tanto clásica como pop, como encontramos en la versión que hizo el cantante Miguel Ríos.

https://www.youtube.com/watch?v=sTv-t8-Ssdw&feature=emb_title

Ya desde su estreno en público este movimiento se convirtió en un símbolo popular por el tema que trata, hecho que culminó en 1984 cuando fue adoptado como himno oficial de la Unión Europea, aunque fue retirada la letra como una manera de preservar el principio de igualdad y de libertad. La versión que se tomó de la “Oda a la Alegría” fue una adaptación realizada por Herbert von Karajan en 1972.

https://www.youtube.com/watch?v=jPNeJeZ3ODc

Selección y reseña: Ana Bellé (Departamento de Matemáticas)

 

Semana 14. 4ª temporada. 7 de enero de 2020

Insisto

Mi vida: tantos días
que no estuve en El Cuzco
ni en Siena ni en Grenoble,
tantos aviones rubricando el cielo
en los que yo no iba, tantas voces
cuyo calor jamás
tocó mi corazón.
Sólo el tiempo, vacío,
sólo el tiempo, esta estepa
desesperada, sólo
ver los martes, los miércoles, los jueves,
ver cómo se suceden, implacables,
los tubos de Colgate.

                        (Miguel D’Ors)

Nieto del célebre escritor Eugenio d’Ors, Miguel d’Ors es un poeta gallego aunque afincado en Granada desde hace muchos años, en cuya Universidad ha ejercido como profesor. Su poesía ha sido ampliamente reconocida tanto dentro como fuera de nuestras fronteras y ha ejercido una importante influencia en posteriores generaciones de poetas. Los ejes temáticos de sus libros son la nostalgia, el deseo de aventura, la reflexión religiosa, la ironía y la cultura. Su estilo es moderno en cuanto a la métrica y al léxico, aunque en ocasiones recurre a referencias culturalistas que generalmente son de corte clásico. Aunque aparentemente sencillos, sus versos muestran una complejidad e intencionalidad mucho más profundas.

En este breve poema se plantea una reflexión sobre lo que no ha sido y lo que ha sido una vida. No ha sido lo que se esperaba porque no ha realizado su vocación de arqueólogo, no ha viajado todo lo que hubiera querido y tampoco recibió todo el amor que esperaba. En cambio, el tiempo siempre ha estado presente, imparable, haciéndonos contemplar el paso de los días. Además, los días señalados son “los martes, los miércoles, los jueves”, días que están en medio de la semana o que ocupan posiciones equívocas en esta. Y el elemento con el que se comparan es con un tubo de dentífrico, potente imagen que nos proporciona una visión del paso del tiempo a cámara rápida. “El tiempo es una estepa / desesperada” es una metáfora igualmente visual que nos ayuda a entender el tiempo como un paisaje uniforme y monótono. El adverbio solo se repite tres veces, en relación con “tiempo” y “vacío”.

La forma que el autor ha escogido son versos de 7 y 11 sílabas, sin rima. Se trata por tanto de una silva sin rima, forma métrica propia del siglo XX, pero que se encuentra emparentada con la silva empleada por los modernistas desde finales del siglo XIX. La combinación de ambos metros permite al poeta un juego de contención-expansión anímica. Además, los versos de 7 sílabas tienen encabalgamientos en casi todo el poema, trasladando la tensión al siguiente verso, en el que se produce la expansión.

Por tanto, en este poema confluyen la decepción por aquellos sueños o metas que no se han cumplido y el desengaño también por el rápido paso del tiempo. El estilo típicamente condensado de d’Ors y su hábil utilización de las imágenes visuales consigue que en unos pocos versos visualicemos lo que el autor nos transmite. Por último, la ironía acerca de la pasta de dientes que nos recuerda a la Rayuela de Julio Cortázar.

Selección y reseña: José Alberto Martín (Departamento de Lengua Española y Literatura) 



Semana 14. 4ª temporada. 31 de enero de 2020

La montaña rusa

Durante medio siglo la poesía fue
el paraíso del tonto solemne.
Hasta que vine yo
y me instalé con mi montaña rusa.
Suban, si les parece.
Claro que yo no respondo si bajan
echando sangre por boca y narices.

(DeVersos de salón, 1962)

NICANOR PARRA

Nicanor Parra fue un hombre polifacético, que se dedicó a la poesía, las matemáticas y la física con similar éxito y reconocimiento. Nació en Chile en el año 1914, en una familia donde se respiraba arte: su padre era docente y, al igual que su madre, sentía una gran pasión por la música. A los 18 años de edad consiguió una subvención para completar sus estudios humanísticos en la capital, donde tuvo la oportunidad de relacionarse con otros intelectuales de gran importancia para el arte de su país. Más tarde comenzó diversas carreras universitarias, aunque finalmente se decantó por Matemáticas y Física; una vez recibido, fue catedrático e incluso director durante mucho tiempo.

En su vida, la formación académica ocupó un lugar primordial; en más de una ocasión viajó al extranjero para realizar cursos, siempre a través de becas, lo cual indica el gran esfuerzo que realizó para acceder a ellos. Se trató de un hombre de números y letras, que triunfó simultáneamente en dos mundos que muchas veces se creen opuestos.

De la multitud de premios que recibió en su carrera, resalta el Miguel de Cervantes. Algunos de sus libros más conocidos son “Cancionero sin nombre“, “Manifiesto” y “Cachureos, ecopoemas, guatapiques, últimas prédicas“. Parra falleció a los 103 años, el 23 de enero de 2018 en la casa de la familia Parra en La Reina, Santiago de Chile.

La montaña rusa” es uno de sus antipoemas, donde un antihéroe se enfrenta a espacios urbanos, todo expresado con un lenguaje coloquial, asequible, formando una especie de collage plagado de emociones que se superponen de manera poco lógica, con una simbología que, emparentada con las vanguardias, hace imaginarse una historia surrealista, en el precipicio de la realidad y la imaginación.

El poema es una reflexión sobre qué es poesía, ha sido monótona, pero el autor, hace otro tipo de poesía, usa la metáfora de la montaña rusa, eso es su poesía, cargada de emociones a las que cualquiera puede subir y disfrutar, o no, porque hay gente que puede disfrutar de la montaña rusa y gente que no, igual que pasará con la inmersión en su poesía.

No puedo acabar sin decir que es totalmente recomendable, es otra poesía, otra manera de hacer, leer, entender y sentir las cosas. ¡Subámonos a la montaña rusa de Nicanor Parra!

Marimar Castro Giménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 14. 4ª temporada. 24 de enero de 2019

Palabras para Julia

Tú no puedes volver atrás

porque la vida ya te empuja

como un aullido interminable.

Hija mía es mejor vivir

con la alegría de los hombres

que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada

te sentirás perdida o sola

tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán

que la vida no tiene objeto

que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate

de lo que un día yo escribí

pensando en ti como ahora pienso.

La vida es bella, ya verás

como a pesar de los pesares

tendrás amigos, tendrás amor.

Un hombre solo, una mujer

así tomados, de uno en uno

son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti

cuando te escribo estas palabras

pienso también en otra gente.

Tu destino está en los demás

tu futuro es tu propia vida

tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas

que les ayude tu alegría

tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate

de lo que un día yo escribí

pensando en ti

como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes

junto al camino, nunca digas

no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, tú verás

como a pesar de los pesares

tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección

y este mundo tal como es

será todo tu patrimonio.

Perdóname no sé decirte

nada más pero tú comprende

que yo aún estoy en el camino.

Y siempre siempre acuérdate

de lo que un día yo escribí

pensando en ti como ahora pienso.

                          (José Agustín Goytisolo)

Hay canciones que llegan al alma, poemas que son canciones y canciones que son poemas, es el caso de “Palabras para Julia”. El poema de José Agustín Goytisolo cantado por Paco Ibáñez se ha convertido en un himno de resistencia para las generaciones que han padecido alguna dictadura.

La famosa estrofa: “La vida es bella. Tú verás, como a pesar de los pesares, tendrás amigos, tendrás amor” es también un canto a la esperanza, una llamada a disfrutar de la vida por muchas dificultades que se encuentren.

El poeta dedica este poema a su hija Julia para afrontar la vida con valentía. En 1938 José Agustín Goytisolo tenía diez años, cuando su madre, Julia, murió en un bombardeo de Barcelona por la aviación franquista, había salido de casa para ir a comprarle un regalo y ya nunca volvió. Este trágico acontecimiento marcó para siempre su vida y su obra. Así que, de alguna manera, estas “palabras para Julia” son al mismo tiempo palabras de ánimo y esperanza dirigidas a su hija, y un recuerdo amoroso de su madre.

El poema fue musicalizado por Paco Ibáñez y después se hicieron varias versiones del mismo: Mercedes Sosa, Liliana Herrero, Rosa León, Kiko Veneno, Los Suaves, Iván Ferreiro, Ismael Serrano y Rosalía.

Dedicada a todas las chicas y sobre todo una en especial, que tengan esperanza porque la vida es bella y merece la pena vivirla…

Dejo enlaces a algunas de las versiones más significativas:

Julián Trullenque (Maestro de Primaria)

 

Semana 13. 4ª temporada. 17 de enero de 2019.

Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary,

Over many a quaint and curious volume of forgotten lore—

    While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping,

As of some one gently rapping, rapping at my chamber door.

“’Tis some visitor,” I muttered, “tapping at my chamber door—

            Only this and nothing more.”

                                                   (Edgar Allan Poe)

El poema completo está en este link.

En el escritor norteamericano Edgar Allan Poe se han mezclado siempre su obra y su vida. Su oscura existencia, plagada de desgracias y de abuso de alcohol y opio, y su temprana muerte a causa de estos abusos van paralelas a su producción literaria, en la cual el poema narrativo “The Raven” es una de las piezas más célebres. 

El tema central es el que se repitiría en otras obras de Poe como “Ligeia” o “Annabel Lee”: la desesperación por la pérdida de la mujer amada. En este caso, el narrador es un hombre joven que le pregunta sobre su amada a una aparición en forma de cuervo, al que ve incluso como un profeta (““Prophet!” said I, “thing of evil!—prophet still, if bird or devil!”). Pasando de la desesperación a la furia, y de la furia a la locura, el narrador sólo escucha la palabra “Nevermore” de la boca del pájaro cuando le interroga sobre su añorada Lenore. 

En “The Raven” se mezcla la devoción con el ocultismo, lo cual ha hecho que este poema forme parte de la cultura popular norteamericana. Su peculiar métrica en aquel momento, heptámetros trocaicos, donde se alternan una sílaba átona y otra tónica, contribuye a su musicalidad y facilita que “The Raven” sea una de las obras más recordadas del autor.

Incluso en los Simpson se atrevieron con su peculiar interpretación del mismo, en un episodio temático de 1990. https://www.youtube.com/watch?v=bLiXjaPqSyY

Selección y reseña: Ángela Peralta (Departamento de Inglés)

Semana 12. 4ª temporada. 10 de enero de 2019.

Cultivo una rosa blanca

Cultivo una rosa blanca

en junio como en enero

para el amigo sincero

que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca

el corazón con que vivo,

cardo ni ortiga cultivo;

cultivo la rosa blanca.

                               (José Martí)

José Martí (1853-1895) fue un político y escritor cubano de origen español, creador del Partido Revolucionario cubano y organizador de la guerra de independencia de Cuba.

Sus vínculos con la ciudad de Zaragoza son muy estrechos. Tras ser deportado a España con dieciocho años por motivos políticos, vivió en Cádiz, Madrid y, finalmente, Zaragoza donde permaneció veinte meses. Aquí se matriculó en el Instituto Goya, que estaba en la plaza de la Magdalena y, posteriormente, en Derecho y en Filosofía y Letras. Durante su estancia disfrutó de vida cultural de la ciudad: de la pintura, del teatro y de la música.

Su obra literaria se inscribe dentro del movimiento modernista hispanoamericano del que fue precursor junto a autores como Rubén Darío y Amado Nervo.

El poema “Cultivo una rosa blanca” es el número XXXIX del libro Versos sencillos, publicado en 1891. En él, el poeta se refiere tanto al valor de la amistad (la rosa blanca) como a la importancia de no guardar o cultivar rencores (cardos y ortigas) hacia aquellos que no piensan como nosotros, nos hacen daño o nos traicionan. De estructura sencilla, como ya anticipa el poemario, Martí elige la redondilla, una estrofa de arte menor clásica habitual en la poética popular, para llegar al mayor número posible de personas.

Selección y reseña: Ana Bellé (Departamento de Matemáticas)

Semana 11. 4ª temporada. 20 de diciembre de 2019.

A un panal de rica miel
dos mil moscas acudieron,
que por golosas murieron
presas de patas en él.
Otra dentro de un pastel
enterró su golosina.

Así, si bien se examina,
los humanos corazones
perecen en las prisiones
del vicio que los domina.

                 (Félix María Samaniego)

Hoy dedicamos nuestra sección poética a un texto sencillo, claro y ameno: una de las populares fábulas de Félix María Samaniego, uno de nuestros célebres ilustrados, quien junto al no menos importante Tomás de Iriarte contribuyó a resucitar un género que hunde sus raíces tanto en la literatura grecolatina como en el folklore.

Tal y como era preceptivo de buena parte de la literatura dieciochesca (sobre todo de la producción surgida de la pluma de los defensores de la Razón) , el poema en cuestión debe su sencillez a la búsqueda del didactismo. El placer literario unido a una finalidad docente, de corte ético , afín a los intereses morales de una burguesía en estado de efervescencia que, finalmente, acabaría configurando (tras el posterior y lógico proceso de revolución industrial) la sociedad en la que vivimos. Así las cosas, a pesar del relativismo actual, seguimos identificándonos con muchos de los valores que estos poemillas inculcan, si bien su estética puede resultar tendente a la cursilería (téngase en cuenta que, desde su fecha de composición hasta nuestros días, han acaecido infinidad de movimientos estéticos que tienden a contrastar con las tendencias del XVIII, evidenciando sus singulares características).

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 10. 4ª temporada. 13 de diciembre de 2019.

Una noche cualquiera.

El estaba tumbado en la cama, sonaba música en Inglés, raro en el. No pensaba en nada. Solo disfrutaba de la noche.

Entonces vibro su móvil. Otro WhatsApp

Era ella…

“Muchas veces me equivoco y muchas veces no elijo a la gente correcta para que me rodee en mi día a día, pero prometo que valoro cada acto. Y te preguntarás “Que dice esta loca a estas horas”. La respuesta es “Lo mismo me pregunto yo” Buenas noches y descansa. Y gracias.”

El sonrío, por primera vez estaba siendo sincera del todo. Solo le salió poner cara de sorpresa. Es de esas personas que dan ganas de abrazarlas hasta sin conocerlas. Que sabes que su fondo es increiblemente bueno. Siempre que habla suena a dolor, a miedo de que la “Maten” otra vez.

Hablaron hasta muy tarde, no le pidió nada, sólo que si un día la necesitaba, el estaría. Que daba igual la hora o el día. Y por una vez, ella no dudó ni un instante. Le creía.

                                                           (@Defreds)

Defreds es el seudónimo o nick de José Ángel Goméz Iglesias, que describe así su primera incursión en la literatura:

Una noche bastante llena de soledad y con mucha lluvia fue la primera vez que escribí una frase sobre algo que me estaba pasando en esa época. En Twitter. Supongo que ahí empezó todo. Gente me leía, cada vez más. Gente que se sentía identificada conmigo. No me podía creer que alguien leyera con ganas mis pensamientos. Casi sin querer. Casi sin buscarlo”

Defreds forma parte de una nueva generación de jóvenes poetas que con sus palabras sencillas y cotidianas, ponen voz a aquellas experiencias que todo joven empieza a vivir, la emoción del amor, el dolor de la ruptura, el camino para averiguar quienes somos y qué es lo queremos.

Una noche cualquiera” puede estar sucediendo cada noche, en cualquier habitación, donde una joven habla con ese mejor amigo que siempre está ahí, aunque a veces no se le hace todo el caso que merece porque hay otros que te deslumbran con su brillo fugaz, pero que tarde o temprano encontrará su lugar.

Selección y reseña: Patricia Chavarrías (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 9. 3ª temporada. 29 de noviembre de 2019.

1. Nostalgia

2.

Paseo lentamente por el Lido

una tarde guardada en la memoria.

Las horas sosegadas

retrasan su camino hacia la noche.

Se apaciguan los pasos.

Revive el Adagietto de Mahler en el alma

fundido con la luz y aquella espuma

inatrapable y suave de las olas.

Es tanta la belleza que mis lágrimas,

al ocaso, se funden con el mar.

(Reflejos en un espejo roto, Miguel Ángel Yusta)

En Reflejos de un espejo roto, su libro más reciente, el poeta zaragozano Miguel Ángel Yusta aborda la complejidad de la vida en su totalidad. Afirma en la introducción que estos poemas no pretenden ser una autovía cómoda, sino un sendero lleno de dudas y trampas. O quizá diríamos que es como una difícil carretera de montaña que, al asomarse en cada curva a los desniveles del paisaje, permite apreciar la belleza y el esfuerzo del camino recorrido.

¿Qué es lo que sucede a menudo cuando una persona se mira en un espejo y descubre una imperfección en la superficie? Instintivamente intenta borrarla y el verdadero fastidio sería que, en realidad, el espejo estuviera dañado. Pero, ¿y si lo que ocurre es que es la persona que se refleja la que está marcada? ¿Intentaríamos borrar esas cicatrices también o sería mejor asumirlas como vivencias que nos dan forma?

La poesía que he escogido es una alegoría sobre el tránsito, momentáneo y, a la vez eterno, entre el amor y el desamor. Esto se refleja en que capta ese instante en el que no es de día ni de noche, esa frontera imprecisa entre la playa y las olas, entre las lágrimas y el mar, con la banda sonora del Adagietto de Mahler, un guiño a la pasión con la que el autor vive la música.

Yusta hace referencia a la película Muerte en Venecia de Luchino Visconti, metáfora crepuscular del amor imposible hacia la belleza absoluta e inalcanzable.

Selección y reseña: Ana Bellé (Departamento de Innovación Educativa)

Semana 8. 3ª temporada. 22 de noviembre de 2019.

A veces rotundo, a veces muy hondo, se va por el mundo girando, Girondo”

Gritaba por las calles de Buenos Aires Oliverio Girondo.

Poeta excéntrico como pocos, llamaba la atención gritando estos versos mientras paseaba como alma en pena o lleno de goce.

Octavio José Oliverio Girondo (1891- 1975) enseguida se mostró como un personaje especial de la vanguardia argentina. Gracias a sus continuos viajes a Europa tomó contacto con los movimientos artísticos y literarios de vanguardia, como el cubismo de Picasso, el dadaísmo de Tristan Tzara o el futurismo de Marinetti.

En su poesía logró abordar el mundo desde inéditos ángulos y puntos de vista que le llevan a una interpretación del mundo que va desde lo más sublime a lo más cotidiano.

De entre el conjunto de sus obras resulta especialmente significativa la titulada Espantapájaros publicada en el año 1932. Cuando ya tuvo el libro listo, el escritor se puso manos a la obra, y creó un enorme muñeco de papel maché, un enorme espantapájaros de casi tres metros inspirado en la portada de su libro. El muñeco vestía de traje, guantes blancos y monóculo. No era la típica imagen de un vulgar asusta pájaros sino que representaba la imagen de un académico.

Durante los quince días siguientes el gigantesco muñeco recorrió las calles de Buenos Aires subido sobre una carroza fúnebre tirada por seis caballos. El carro estaba guiado por dos lacayos vestidos con levita, chaleco y pantalón y completando el desfile, en su parte trasera, un grupo de mujeres jóvenes vendían ejemplares de Espantapájaros.

La maniobra no fue bien vista por otros escritores más tradicionales y levantó gran controversia en algunos escritores amigos de Girondo, como por ejemplo en Borges. Sin embargo, hay que reconocer que fue un ejercicio de marketing impecable con la venta de más de 5000 ejemplares del poemario en el primer mes.

No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija.

Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida.

Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono bajo ningún pretexto, que no sepan volar.

Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!”

Este fragmento pertenece al poemario Espantapájaros y aparece en la película El lado oscuro del corazón con una trama basada en poemas de Oliverio Girondo. En ella, el director Eliseo Subiela plantea un sugestivo argumento en la que el protagonista de la historia (llamado Oliverio) recorre las calles de Buenos Aires intercambiando poesía por alimento.

https://www.youtube.com/watch?v=dP14x8s6hrs

Hoy se puede ver la escultura de Girondo de su espantapájaros en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires.

Selección y reseña: Sebastián Solana (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 7. 3ª temporada. 15 de noviembre de 2019.

Fray Luis de León y un “pobré pastó”, de Ansó.

Traigo aquí estos dos fragmentos , en estos momentos tan agitados, en todos los sentidos, buscando en ambas estrofas, el descanso y la paz mental, que tanto necesitamos.

El primero es un clásico poeta español renacentista, adelantado a su tiempo, encarcelado por la Inquisición, Fray Luis de León , que busca la serenidad en la tranquilidad que da la naturaleza. El otro es un poema anónimo en lengua aragonesa de Ansó, que habla de lo mismo , de la felicidad que proporciona la vida en el campo, el trabajo de pastor y el soberbio paisaje pirenaico.

Canción de la vida solitaria (Fray Luis de León).

¡Qué descansada vida

la del que huye el mundanal ruido

y sigue la escondida

senda por donde han ido

los pocos sabios que en el mundo han sido!

(…)¡ Oh monte, oh fuente, oh río!

¿Oh secreto seguro, deleitoso!,

roto casi el navío,

a vuestro almo reposo

huyo de aqueste mar tempestuoso.

Un no rompido sueño,

un día puro, alegre, libre quiero,

no quiero ver el ceño

vanamente severo

de a quien la sangre ensalza, o el dinero.

Despiértenme las aves

con su cantar sabroso, no aprendido;

no los cuidados graves

de que es siempre seguido

el que al ajeno arbitrio está atenido(…)

Del monte en la ladera,

por mi mano plantado tengo un huerto,

que con la primavera

de bello flor cubierto,

ya muestra en esperanza el fruto cierto.(…).

SOI UN POBRE PASTÓ (anónimo ansotano).

En esta perra vida

tamién bi,stá cosas güenas;

biendo o mon tan majo

se me ocurre pensá y tiengo ideas(…)

O que busque paz en as ziudaz,

loco se tornará de su cabeza.

Agora a mi se me antoja que ixas cosas

que beo en as laderas,

s,en escapan de a ziudá y puyan

t,a montaña, fuyendo d,as fieras…

pa bibí esta vida

en do bi,stá paz, salú y cosas güenas.

Que s,esmicazen os ombres allá ajbajo,

que fablen de este mundo o que quieran,

que armen reboluzions, que fayan güelgas;

pero a mí que me dejen en o mon

solo con as obellas

¡ SOI L,AMO DEL MUNDO

POSAU EN ESTA PEÑA!

Selección y reseña: Fco. Murillo Esteban (Departamento de Profesor de Geografía e Historia).

Semana 6. 3ª temporada. 8 de noviembre de 2019.

Yo soy un hombre sincero

I

Yo soy un hombre sincero

de donde crece la palma,

y antes de morirme quiero

echar mis versos del alma.

Yo vengo de todas partes,

y hacia todas partes voy:

arte soy entre las artes,

en los montes, monte soy.

Yo sé los nombres extraños

de las yerbas y las flores,

y de mortales engaños,

y de sublimes dolores.

Yo he visto en la noche oscura

llover sobre mi cabeza

los rayos de lumbre pura

de la divina belleza.

Alas nacer vi en los hombros

de las mujeres hermosas:

y salir de los escombros

volando las mariposas.

He visto vivir a un hombre

con el puñal al costado,

sin decir jamás el nombre

de aquella que lo ha matado.

Rápida, como un reflejo,

dos veces vi el alma, dos:

cuando murió el pobre viejo,

cuando ella me dijo adiós.

Temblé una vez, en la reja,

a la entrada de la viña

cuando la bárbara abeja

picó en la frente a mi niña.

Gocé una vez, de tal suerte

que gocé cual nunca: cuando

la sentencia de mi muerte

leyó el alcaide llorando.

Oigo un suspiro, a través

de las tierras y la mar,

y no es un suspiro, es

que mi hijo va a despertar.

Si dicen que del joyero

tome la joya mejor,

tomo a un amigo sincero

y pongo a un lado el amor.

Yo he visto al águila herida

volar al azul sereno,

y morir en su guarida

la víbora del veneno.

Yo sé bien que cuando el mundo

cede, lívido, al descanso,

sobre el silencio profundo

murmura el arroyo manso.

Yo he puesto la mano osada,

de horror y júbilo yerta,

sobre la estrella apagada

que cayó frente a mi puerta.

Oculto en mi pecho bravo

la pena que me lo hiere:

el hijo de un pueblo esclavo

vive por él, calla y muere.

Todo es hermoso y constante,

todo es música y razón,

y todo, como el diamante,

antes que luz es carbón.

Yo sé que al necio se entierra

con gran lujo y con gran llanto,

y que no hay fruta en la tierra

como la del camposanto.

Callo, y entiendo, y me quito

la pompa del rimador:

cuelgo de un árbol marchito

mi muceta de doctor.

                                 (José Martí)

Cuando pases por la calle Manifestación, en Zaragoza, detente unos instantes hasta descubrir la placa de José Martí, el héroe de la revolución cubana. Allí podrás leer unos versos. También encontrarás un busto de mármol en relieve.

Y es que la vida de este poeta está muy ligada a la capital aragonesa, porque huyendo de la represión en su país (condena a seis años de cárcel, trabajos forzados, deportación…), y arrastrando su penoso y recurrente mal estado de salud, acudió con 18 años a terminar sus estudios en abril de 1873, tras una breve estancia en Madrid.

José Martí se dedicó incansablemente a la literatura y la política: cultivó novela, periodismo, ensayo y poesía, aunque la compaginó con una incansable y reconocida labor diplomática. Sigue siendo, para muchos, el verdadero artífice de la revolución que desembocaría en la independencia de Cuba, certificada tres años después de su muerte. 

Pocos saben que el IES Pedro de Luna, donde obtuvo el Bachillerato, aún conserva su brillante expediente académico. Después, y en un periodo de apenas 19 meses, tras matricularse como alumno libre en la Universidad de Zaragoza (era lo que podía permitirse, al ser más barato) consiguió licenciarse en Derecho y Filosofía y Letras. Los títulos los expidió a su costa la Universidad en 1955, como reconocimiento, porque el poeta no pudo reunir el dinero y jamás pasó a recogerlos. También le dedicó un busto de bronce que se conserva en el Paraninfo.

En el poemario Versos sencillos, de 1891, hay alguna referencia al Aragón de su juventud: “que allí tuve un buen amigo, /que allí quise a una mujer”. En efecto, el primer amor (recordado en algún que otro poema, y plasmado en varias cartas sinceras que los dos conservaron hasta la muerte) fue una muchacha de Zaragoza, Blanca de Montalvo. Otro amigo cubano, con quien coincidió en ese tiempo en nuestra ciudad, nos la describe en Ofrenda de hermano como «una blonda y bella y distinguida señorita a quien amó». Se contaba que Blanca preparaba infusiones de violetas, para intentar curar la tos y la profunda tristeza del poeta. No pudo retenerlo, pero a su primer hijo lo llamó José, muy poco después de que el cubano muriera en combate.

En su cuento Hora de lluvia, que escribió un año después de despedirse de Blanca, Martí le dedica el prólogo: 

Mi Blanca: A las ocho y media empiezo a escribir para ti esta brevísima historia—feliz ya, porque nace de tu cariño y tu deseo.

Espacio estrecho es una hora, y cosa rápida y risible ha de ser todo lo que en ella precipitadamente escriba yo. Tiempo, papel—todo es estrecho para este poderoso amor que vive en mí.

Llueve copiosísimamente; llueve sin cesar. Es, Blanca mía—y no te rías—que el cielo mismo frunce el ceño, y se pone mohíno, y llora, porque no hemos podido hablarnos hoy. Tú eres el cielo.

En Versos sinceros, de José Martí, destaca este famosísimo poema que traemos esta semana, y cuyos primeros versos sirvieron de inspiración a una canción que aún pervive en las verbenas populares. ¿La recuerdas?

Selección y reseña: Miguel Ángel Aragüés (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 5. 3ª Temporada. 25 de octubre de 2019

Al túmulo del rey Felipe II en Sevilla

¡Voto a Dios, que me espanta esta grandeza

y que diera un doblón por describilla!;

porque ¿a quién no suspende y maravilla

esta máquina insigne, esta braveza?

¡Por Jesucristo Vivo! Cada pieza

vale más que un millón, y que es mancilla

que esto no dure un siglo, ¡oh, gran Sevilla!,

Roma triunfante en ánimo y riqueza!

Apostaré que la ánima del muerto

por gozar este sitio, hoy ha dejado

el cielo, de que goza eternamente”.

Esto oyó un valentón y dijo: “Es cierto

lo que dice voacé, seor soldado,

y quien dijere lo contrario, miente”.

Y luego, encontinente,

caló el chapeo, requirió la espada,

miró al soslayo, fuese y no hubo nada

                                       (Miguel de Cervantes)

Hoy traemos a nuestra sección quizás el poema más popular del autor del Quijote. Con motivo de las honras fúnebres de Felipe II en 1598, Cervantes da a conocer un poema de circunstancias que llegó a leerse frente a la tumba. Una tumba que no era tal, porque jamás se enterraron allí los restos del monarca.

Cervantes siempre mostró orgullo por esta composición, y así lo menciona en el Viaje del Parnaso:

Nunca voló la pluma humilde mía

por la región satírica, bajeza

que a infames premios y desgracias guía.

Yo el soneto compuse que así empieza

por honra principal de mis escritos:

Voto a Dios, que me espanta esta grandeza”.

En el soneto se alternan dos voces. En primer lugar, la de un soldado valentón -el miles gloriosus clásico, que sin duda conoció en carne y hueso y a docenas el poeta, en su azarosa carrera militar- que profiere un juramento que debía resultar retador hasta en su época (Cervantes usa frecuentemente un exabrupto más suave: “voto a tal”), y que remata con un juramento escandaloso: “por Jesucristo vivo”, más blasfemo al gritarse en el recogimiento de la catedral sevillana.

El motivo del asombro del soldado es la magnificencia del monumento erigido para la ocasión. Un catafalco de tres pisos de altura se levantó a ambos lados del crucero por esas fechas, y fue enriquecido por los mejores artesanos, pintores y escultores que se pudo reunir. El monumento alegórico estaba coronado por un obelisco de cinco metros que remataba una cúpula, y sobre él un niño ardiendo sobrevolado por un Ave Fénix que aletea para que el fuego no se extinga. Un monumento vacío, de madera, cartón y papel, imitando materiales preciosos. Más de cincuenta días costó levantar una inmensa maqueta que había de perdurar… los dos días de luto oficial. En la imitación de un nicho, se leía QUAM BREVIS URNA CAPIT, CUI BREVIS ORBIS ERAT! (¡En cuán pequeña urna cabe, para quien el orbe todo era pequeño!). Una tumba vacía en un edificio falso.

Por eso resulta más ridícula la apuesta tabernaria del soldado, que afirma que el difunto (“el muerto”, llama sin pudor al hombre más poderoso del planeta) no se encuentra allí: “por gozar este sitio, hoy ha dejado / el cielo de que goza eternamente “. Al otro lado de la tumba, podía leerse NON EST HIC, NAM REGNAT INTER SUPEROS (No está aquí, pero reina entre los santos).

Y ahora, tras las terribles palabras, surge la segunda voz del poema. Un fanfarrón lo ha escuchado todo, y no solo reafirma las palabras del soldado, sino que retará a quien ose contradecirlas. Tras esto llega el gesto teatral, se cala el sombrero, tienta su arma, mira de reojo y… se va.

Lo que parece ser el antecedente a una trifulca es solo una pose, un envanecimiento gratuito, un falso alarde. No nos engañemos. Ya hace tiempo que Sevilla no es una Roma triunfante en riquezas, ni Felipe II puede mantener la herencia de sus antepasados. Solo puede mantener el oropel, el orgullo y la rabia, pero sin ánimo para acometer más empresas; solo quedan acometidas de toro manso, que cabecea y que no embiste.

La falsa disputa entre el soldado y el fanfarrón es la caricatura de este carísimo armazón, metáfora de una España moribunda y hueca. Acaba el estrambote un verso afilado y genial: “miró al soslayo, fuese, y no hubo nada”.

Semana 4. 3ª Temporada. 18 de octubre de 2019

Intelijencia

Intelijencia, dame
el nombre exacto de las cosas!
Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas…
¡Intelijencia, dame
el nombre exacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de las cosas!

(Juan Ramón Jiménez, de Eternidades)

El presente poema es uno de los más conocidos de la Obra (con mayúscula, tal y como  él  le gustaba nombrarla) de Juan Ramón Jiménez, quien fue gran maestro de Federico García Lorca.

El poeta de Moguer (Huelva), a través de la poesía, buscaba una “redefinición” del mundo sustentada en la relación que la sensibilidad
del artista mantuviera con éste. Así, con su pluma, la lírica adquiere una condición de herramienta mística,
transformando al autor en demiurgo y hacedor de mundos, en claro paralelismo con algunas de las ideas
de los versículos bíblicos del Génesis concernientes al verbo y su capacidad creadora.

La idea, juanramoniana, de sensibilidad controlada por razón, presente en este poema, el uso metafísico
del poema, el pulido de sus versos, eliminando la ornamentación excesiva es a la par coincidente con
algunos de los parámetros estilísticos de la Generación del 98, como es el caso de don Miguel de Unamuno, cuyos usos
poéticos parecen latir en el poema que hemos elegido esta semana.

Como curiosidad, y por si hubiera algún alumno “despistadillo”, Juan Ramón Jiménez tenía por costumbre escribir con “j” todas las palabras, de ahí las permitidas erratas del poema en cuestión.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua) 

Semana 3. 3ª Temporada. 4 de octubre de 2019

Jesús Lizano es de esas personas que ya por su imagen trasnmiten una fuerte personalidad. El salón de su casa. Libros, papeles y máquinas de escribir rotas se acumulan por los rincones. No tiene ordenador. Mirada profunda. Vestido de negro. Barba de poeta, o más bien, de profeta. Su fuerza personal es la fuerza de su poesía. Se declara un anarquista poético (que no político) y entre sus virtudes se encuentra la capacidad de decir en su poesía lo que nadie se atreve a decir aunque con ello se gane a más de un enemigo.

En una entrevista concedida al diario La Vanguardia en el año 2011, se declara una persona de otro mundo, de un mundo llamado Lizania. Desde allí ha publicado una de sus últimas obras: El ingenioso libertario Linazote de la Acracia o la conquista de la inocencia. Sabe, en esa entrevista, que una larga enfermedad está terminando con su vida como acaba sucediendo unos años más tarde (2015). En esa entrevista recuerda su etapa de profesor de instituto, cuando invitaba a los alumnos a salir al jardín a realizar las clases; cuando el primer día de clase anunciaba: “¡Estáis todos aprobados, venid a clase sólo si queréis!”. Indudablemente ahí ya se veía que Jesús Lizano no era una de esas personas rectas…

Toda la obra de Lizano o como él se hacía llamar también, Lizano de Berceo, merece ser leída, destacando especialmente tres poemas extensos: Los Picapedreros, El vendedor de globos y Los sastres. Sin embargo, el poema escogido esta semana nace del recuerdo de unas palabras que la madre repetía al poeta en su infancia: “A mí me gustan las personas rectas…”.

LAS PERSONAS CURVAS
Mi madre decía: A mí me gustan las personas rectas.

A mi me gustan las personas curvas,
las ideas curvas,
los caminos curvos,
porque el mundo es curvo
y la tierra es curva
y el movimiento es curvo;
y me gustan las curvas
y los pechos curvos
y los culos curvos,
los sentimientos curvos;
la ebriedad: es curva;
las palabras curvas;
el amor es curvo;
¡el vientre es curvo!;
lo diverso es curvo.
A mi me gustan los mundos curvos;
el mar es curvo,
la risa es curva,
la alegría es curva,
el dolor es curvo;
las uvas: curvas;
las naranjas: curvas;
los labios; curvos;
los paraísos, curvos
(no hay otros paraísos);
a mi me gusta la anarquía curva.
El día es curvo
y la noche es curva;
¡la aventura es curva!
Y no me gustan las personas rectas,
el mundo es recto,
las ideas rectas;
a mi me gustan las manos curvas,
los poemas curvos,
las horas curvas;
¡contemplar es curvo!;
(en las que puedes contemplar las curvas
y conocer la tierra);
los instrumentos curvos,
no los cuchillos, no las leyes:
no me gustan las leyes porque son rectas,
no me gustan las cosas rectas;
los suspiros: curvos;
los besos: curvos;
las caricias: curvas.
Y la paciencia es curva.
El pan es curvo
y la metralla recta.
No me gustan las cosas rectas
ni la línea recta:
se pierden
todas las líneas rectas;
no me gusta la muerte porque es recta,
es la cosa más recta, lo escondido
detrás de las cosas rectas;
ni los maestros rectos
ni las maestras rectas:
a mi me gustan los maestros curvos,
las maestras curvas.
Ni los dioses rectos:
¡Libérennos los dioses curvos de los dioses
rectos!
El baño es curvo,
la verdad es curva,
yo no resisto las verdades rectas.
Vivir es curvo,
la poesía es curva,
el corazón es curvo.
A mi me gustan las personas curvas
y huyo, es la peste, de las personas rectas.

(Jesús Lizano)

Enlace del video

Selección y reseña: Sebatián Solana (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 2. 3ª Temporada. 27 de septiembre de 2019

Sonetos a Orfeo, XXVII Rainer Maria Rilke, 1922-1923

El tiempo destructor ¿existe realmente?
¿Cuándo sobre el monte apacible se derruirá el castillo?
Y este corazón que infinitamente a los dioses pertenece,
¿al Demiurgo cuándo se habrá de someter?

¿En verdad somos tan angustiosamente quebradizos
que quiera el destino hacérnoslo verificar?
La infancia acaso, prometedora y profunda,
más tarde ¿en las raíces enmudece?

Ah, el fantasma de la caducidad
se filtra como el humo
en el que fue sin malicia susceptible.

Así, como somos, y aun siendo pasajeros,
las permanentes fuerzas remontamos
para un divino menester.

                                (Rainer Maria Rilke, 1922-1923)

Rilke nació en Praga (1875-1926), aunque su lengua materna y literaria era el alemán. La publicación de los Sonetos a Orfeo se produce en la última etapa de su vida, que coincide con su segunda gran etapa poética y en la que aparecen también las Elegías de Duino. Se trata, por tanto, de una obra de madurez donde aparecen condensadas todas las preocupaciones del autor: la construcción objetiva de una realidad poética a partir de elementos reales, la consideración del poeta como un intérprete o mediador ante la trascendencia, los recuerdos del pasado lejano o las relaciones del hombre con la divinidad.

Este poema destila una melancolía que se abre con la pregunta acerca de si existe este tiempo inmisericorde que devasta todo a su paso. El monumento imponente caerá y nuestra vida llegará a su fin, aunque desconocemos los plazos de vencimiento. Es de notar que Rilke no dice que ese corazón tenga que obedecer a los dictados de Dios, sino que alude al “Demiurgo”, figura que aparece, entre otras partes, en Platón y en los gnósticos cristianos, y que representa al Dios creador.

Parece como si no nos creyéramos del todo vulnerables y necesitáramos una confirmación, una prueba. La madurez, el alejamiento de la infancia, nos hace ir hundiéndonos poco a poco en la tierra, siendo conscientes de esa verdad inmutable que desde hace millones de años rige el mundo. Cada vez somos más conscientes de esta ley innata. Rilke habla de “caducidad”, sustantivo que hace referencia tanto al fin de los productos perecederos como al recorrido de un plazo. Pero no todo es tan negativo y existe una fuerza que nos empuja “para un divino menester”, es decir, que invisibles poderes nos alientan a cumplir los misteriosos caminos que el destino nos tiene trazados.

Pero volvamos a la pregunta del principio: ¿existe el tiempo? Este poema se pregunta sobre cuál es su función, en caso de existir, y qué misteriosas fuerzas nos hacen seguir adelante sin desfallecer aún en las peores adversidades.

Selección y reseña: José Alberto Martín Mancera (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 1. 3ª Temporada. 20 de septiembre de 2019

Cuéntamelo otra vez

Cuéntamelo otra vez, es tan hermoso

que no me canso nunca de escucharlo.

Repíteme otra vez que la pareja

del cuento fue feliz hasta la muerte,

que ella no le fue infiel, que a él ni siquiera

se le ocurrió engañarla. Y no te olvides

de que, a pesar del tiempo y los problemas,

se seguían besando cada noche.

Cuéntamelo mil veces, por favor:

es la historia más bella que conozco.

                                            (Amalia Bautista)

Como primer poema del curso entrante, un hermoso ejemplo de como con poco se puede decir mucho, de como la poesía, exigente proceso de esmero y selección, es capaz de transmitir un elevado concepto con los elementos mínimos y sin necesidad de ornamentos o fuegos retóricos excesivos. La poetisa madrileña Amalia Bautista (ya reseñada en alguna otra ocasión en esta misma sección) celebra la utopía de la vida perfecta, subrayada por ese amor incorruptible (tan limpio y puro) que casi parece de cuento. La literatura, una vez más, funcionando en esos limpios, precisos, perfectos, diez versos tal que un espejo en el que mirarse, una posibilidad necesaria de creer en la pasión inmaculada.

Licenciada en Ciencias de la Información, Amalia Bautista es una de las voces más claras, reconocibles y conmovedoras del reciente panorama literario. Quienes queráis conocer más, podéis leer obras de la talla de Cárcel de amor, La poesía y el mar o Cuéntamelo otra vez (de donde se ha extraído el poema que aquí nos convoca).

Su tremenda calidad ha hecho que buena parte de sus textos haya conocido traducción a lenguas tales como el portugués, italiano, ruso o árabe.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 44. 21 de junio de 2019

Los besos de amor

Oda III

Cuando mi blanda Nise
lasciva me rodea
con sus nevados brazos
y mil veces me besa,

cuando a mi ardiente boca
su dulce labio aprieta,
tan del placer rendida
que casi a hablar no acierta,

y yo por alentarla
corro con mano inquieta
de su nevado vientre
las partes más secretas,

y ella entre dulces ayes
se mueve más y alterna
ternuras y suspiros
con balbuciente lengua,

ora hijito me llama,
ya que cese me ruega,
ya al besarme me muerde,
y moviéndose anhela,

entonces, ¡ay!, si alguno
contó del mar la arena,
cuente, cuente, las glorias
en que el amor me anega.

(Juan Meléndez Valdés)

Y terminamos nuestro lírico curso con unos versos de uno de los poetas de un siglo decisivo: el XVIII. La Ilustración y el Racionalismo, indudablemente, sentaron las bases de nuestra sociedad, alentando una nueva sensibilidad perfectamente rastreable en la bonita oda que nuestro Batilo (sobrenombre del autor) dedica a su Nise (siguiendo la arcana tradición lírica de los nombres como disfraz).

En efecto, lo vetusto y lo novedoso se dan la mano en esta delicada composición que escapa de las oscuridades barrocas, apostando por esa amable claridad que llegó a alumbrar una de las estéticas más curiosas de la época, ligeramente presente en este texto: la “cursilería”, esa elegancia impostada que surge del Buen Gusto (uno de los pilares del arte del periodo), con su tendencia al diminutivo y al comedimiento, como si la explosión expresiva se avergonzara, alumbrando una belleza discreta, que transforma el erotismo explícito en jocosa sugerencia.

El XVIII quizás sea aún encrucijada de tendencias por descubrir. Si rascamos en esa superficie convencional, nos toparemos con literaturas radicales (Sade o Voltaire) que adelantan los juegos vanguardistas del siglo XX (e incluso del XXI), tal y como es el caso de las Noches lúgubres de José Cadalso, que parecen hartarse del elegante refreno  de la fantasía sicalíptica de Valdés. Como diría Bécquer, poco tiempo después, “junto al volcán la flor”.

Quizás la respuesta a las muchas sensibilidades de ese periodo fascinantes de nuestra Historia la encontremos en la mirada de otro de los grandes nombres del periodo, Gaspar Melchor de Jovellanos, también magistralmente representado por Francisco de Goya en uno de sus cuadros, destilando ese toque melancólico del incomprendido, del estar desubicado, de pertenecer a la tierra de nadie de un mundo en proceso de transformación.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 43. 14 de junio de 2019

Romance del Conde Niño

Conde Niño por amores
es niño y pasó la mar;
va a dar agua a su caballo
las mañanas de San Juan.
Mientras el caballo bebe,
él canta dulce cantar;
todas las aves del cielo
se paraban a escuchar.
La reina estaba labrando,
la hija durmiendo está:
-Levantaos, Albaniña,
de vuestro dulce folgar,
sentiréis cantar hermoso
la sirenita del mar.
-No es la sirenita, madre,
la de tan bello cantar,
sino es el conde Niño
que por mí quiere finar.
-Si por tus amores pena,
¡oh, malhaya su cantar!,
Y porque nunca los goce,
yo le mandaré matar.
-Si le manda matar, madre,
juntos nos han de enterrar.
El murió a la media noche,
ella a los gallos cantar;
a ella como hija de reyes
la entierran en el altar;
a él como hijo de conde
unos pasos más atrás.
De ella nació un rosal blanco,
de él nació un espino albar;
crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar;
La reina llena de envidia
ambos los mandó cortar;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar.
De ella naciera una garza,
de él un fuerte gavilán,
juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan par a par.

(Anónimo)

La lírica castellana tiene en sus textos antiguos algunas de sus más brillantes joyas. Si en la tradición culta, Jorge Manrique o Gonzalo de Berceo forman parte de un exclusivo parnaso, en la tradición popular sería este bonito romance el que alcanzaría excelsas cotas de calidad artística. Su anonimato lo hace aún más especial, pues parece ligar el romance aún más a ese inconsciente colectivo del que, indudablemente, han surgido las más bellas historias. Así las cosas, estamos ante un cuento popular escrito en verso, con algunos de los ingredientes característicos del mismo (los niños, la madre mala, el hecho maravilloso y el final feliz). La escena (maravillosa hipérbole) de las aves deteniéndose al oír cantar a uno de sus protagonistas enraíza la composición con el mito de Orfeo, si bien en este caso las posibilidades amatorias quedan satisfechas cuando los amantes vuelan libres, transformados en aves, escapando a los obstáculos de una sociedad en la que no tiene acomodo el amor (un clásico siempre lo es por los verdades que suele contener).

El vuelo de las aves enamoradas se adelanta unos cuantos siglos a las enamoradas cenizas al viento de nuestro Quevedo, alentando (otros cuantos siglos después) la maestría de Paco Ibáñez (una vez más en nuestra sección), quien puso música y voz a esta obra maestra de la Literatura Universal.

http://www.youtube.com/watch?v=a_C2BKNmbPU

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)   

Semana 42. 7 de junio de 2019

Cómo tú…

Así es mi vida,

piedra,

cómo tú, cómo tú,

piedra pequeña;

como tú,

canto que ruedas

por las calzadas

y por las veredas;

cómo tú,

guijarro humilde de las carreteras;

cómo tú,

que en días de tormenta

te hundes

en el cieno de la tierra

y luego

centelleas

bajo los cascos

y bajo las ruedas;

como tú, que nos has servido

para ser ni piedra

de una Lonja,

ni piedra de una Audiencia,

ni piedra de un Palacio,

ni piedra de una Iglesia;

como tú,

piedra aventurera;

como tú,

que, tal vez, estás hecha

sólo, para una honda,

piedra pequeña,

y

ligera.

(León Felipe( 1884-1968) : poeta libre y de la libertad)

(Del libro “Versos y oraciones de caminante”, 1920)

Poema para pensar, de un poeta sencillo, León Felipe, que anticipa en estas letras lo que será su vida: viajes de aquí para allá, de su Tábara natal y zamorana a Madrid, luego Guinea Ecuatorial, Méjico, Panamá, Valencia, tres años de cárcel por deudas, Madrid, Valencia, Barcelona en la segunda República, y al finalizar la Guerra civil española, este “publicano” y republicano, vive un largo exilio latinoamericano, hasta fallecer en Méjico en 1968.

En los últimos años del franquismo y principio de la Transición a la democracia, se recupera su figura .Sus poemas inspiran la lucha para conseguir las libertades políticas. Los niños de la transición, lo leemos en los libros de Lengua castellana de BUP, y muchos intentan imitar está métrica poco matemática y anticlásica. Era difícil conseguirlo en las bibliotecas y uno ahorraba para comprarse la antología publicada, en Selecciones Austral, e intentaba no prestarla a nadie, por si acaso no volvía. Yo aún lo conservo, forrado en transparente, comprado en septiembre del 83, y en la Librería Pérez, del Tubo de Zaragoza (calle Cinegia,nº 5), donde se vendían libros y tebeos de segunda mano y a precio de saldo. Hoy, el edifico, que era una casona típica renacentista aragonesa , no existe, se derribó, y su espacio es la terraza trasera del café-cantante del Plata.

Si uno no quiere leerlo, puede escucharlo, éste y otros poemas, musicados , por el gran cantautor, Paco Ibáñez.

Y además, nuestras vidas, como escribe León Felipe, son piedras humildes , viajeras, aventureras y ligeras … (¡dejad el móvil y pensad sobre lo que nos quiere decir Felipe Camino Galicia, que firmó cómo “León Felipe”!).

A plantar fuertes.

Selección y reseña: Francisco Murillo Esteban (Departamento de Geografía e Historia. Burócrata).

Semana 41. 31 de mayo de 2019

¡Qué a gusto sería

sombra de tu cuerpo!

¡Todas las horas del día, de cerca

te iría siguiendo ¡

Y mientras la noche

reinara en silencio,

toda la noche tu sombra estaría

pegada a tu cuerpo.

Y cuando la muerte

llegara a vencerlo ,

solo una sombra por siempre serían

tu sombra y tu cuerpo.

(Augusto Ferrán)

Augusto Ferrán (Madrid 1835-1880), poeta español perteneciente al postromanticismo. Gran amigo de Gustavo Adolfo Bécquer, contribuyó a la gran renovación de la lírica española de mediados del siglo XIX. Su poesía supuso una ruptura con el tono declamatorio cultivado hasta entonces, pues él utiliza un registro que se acerca muchísimo más al nivel oral, con el que consigue mayor intimismo y sentimiento en su contenido, apoyándose en lo breve y lo sugerido, línea que seguirán Bécquer, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez.

Todo el poema se sustenta sobre la metáfora de la sombra, el poeta es sombra de la amada, no puede ni quiere separarse de ella ( ¡ tan fuerte es su amor! ), incluso en la noche sigue existiendo su sombra y, como culminación de esa pasión, la sombra, trasunto del poeta, la acompañará más allá en la muerte.

Este poema expresa de forma muy sutil y delicada ese amor inmortal , ese amor que permanece intacto más allá de la muerte, que nos recuerda, sin poder evitarlo ,a ese soneto de Francisco de Quevedo , calificado como uno de los más hermosos poemas de amor de nuestra literatura, ese que comienza “Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra…” Ambas poesías se centran en un tema universal, el amor, en este caso presentado de forma intimista y, a su vez, apasionada , como la sombra que nunca nos abandonará .

Selección y reseña: Teresa Gómez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 40. 24 de mayo de 2019

El loco

He vivido entre los arrabales, pareciendo

un mono, he vivido en la alcantarilla

transportando las heces,

he vivido dos años en el Pueblo de las Moscas

y aprendido a nutrirme de lo que suelto.

Fui una culebra deslizándose

por la ruina del hombre, gritando

aforismos en pie sobre los muertos,

atravesando mares de carne desconocida

con mis logaritmos.

Y sólo pude pensar que de niño me secuestraron para una alucinante batalla/

y que mis padres me sedujeron para

ejecutar el sacrilegio, entre ancianos y muertos.

He enseñado a moverse a las larvas

sobre los cuerpos, y a las mujeres a oír

cómo cantan los árboles al crepúsculo, y lloran.

Y los hombres manchaban mi cara con cieno, al hablar,

y decían con los ojos «fuera de la vida», o bien «no hay nada que pueda/

ser menos todavía que tu alma», o bien «cómo te llamas»

y «qué oscuro es tu nombre».

He vivido los blancos de la vida,

sus equivocaciones, sus olvidos, su

torpeza incesante y recuerdo su

misterio brutal, y el tentáculo

suyo acariciarme el vientre y las nalgas y los pies

frenéticos de huida.

He vivido su tentación, y he vivido el pecado

del que nadie cabe nunca nos absuelva.

(Leopoldo María Panero)

Cuando José María Castellet publicó su estudio Nueve novísimos poetas españoles (Península, 1970) incluyó a Leopoldo María Panero (1948-2014) en la nómina de poetas más influyentes de la década de 1960. Nunca se sintió un integrante del grupo.

Una de las primeras apariciones públicas de Panero nos la ofrece el director Jaime Chávarri en su película El desencanto. En ella se presenta también su familia: el recuerdo del autoritario padre fallecido,  Leopoldo Panero – poeta arraigado de la Generación del 36 -; su madre, Felicidad Blanc (escritora mediocre pero con cierto prestigio) y sus hermanos Michi y Juan Luis. Crítica velada del franquismo, fue la última película española en sufrir la persecución de la censura. En la cinta se nos desnuda –casi literalmente-  un personaje único e inclasificable.

Leopoldo María Panero siempre fue un inadaptado, la oveja negra de la familia: repetidos intentos de suicidio, homosexualidad reprimida, alcoholismo crónico, coqueteos con las drogas y periodos de internamiento en manicomios como el de Mondragón (justo el mismo año en que apareció en la famosa antología) o el de Canarias, donde ingresó de forma voluntaria, son referencia en muchos de sus poemas. A pesar de su azarosa trayectoria, nos ha dejado regularmente entregas de gran calidad, y es un poeta, narrador y ensayista imprescindible.

Excesivo y marginal, en constante autodestrucción, nos dejó hace cinco años, olvidado por todos menos por un reducido grupo de amigos y profesores.

Selección y reseña: Miguel Ángel Aragüés (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 39. 17 de mayo de 2019

NO VOLVERÉ A SER JOVEN
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan solo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

(Jaime Gil de Biedma, Poemas póstumos)

Es Jaime Gil de Biedma (1929-1990) un poeta de no muy extensa producción, pero dueño de una cuidada expresión lírica que queda claramente manifiesta en el poema que hoy reseñamos. Autor de los poemarios Según sentencia del tiempo (1953), Moralidades (1966) o Poemas póstumos (1969), destaca su uso exacto y preciso de las palabras y la tendencia a un lenguaje coloquial, cercano a veces al prosaísmo, que hace sencillo adentrarse en su mundo poético, compartamos (o no) el juicio moral, a veces cínico, que en ocasiones emana de su poesía.

Sobrio es, sin duda, el lenguaje poético de “No volveré a ser joven”, sencillo y preciso desde el mismo título del poema, que a modo de sentencia incuestionable nos adentra en la certeza de que atrás quedó la alegre y despreocupada primavera en la vida del poeta. Es un lenguaje asequible al que cualquiera puede acercarse y entender, pero lleno de expresividad poética.

Gil de Biedma, en un tono marcadamente narrativo, se observa a sí mismo con unos años menos, se juzga y nos juzga (“como todos los jóvenes yo vine a llevarme la vida por delante”), aborda uno de los grandes temas de su poesía: el paso implacable del tiempo. Y para hacerlo, para compartir con nosotros el clásico “Tempus fugit”, utiliza la imagen de un teatro, la metáfora de una representación dramática en la que, al final, lo que importa son las “dimensiones del teatro”. Y es que, en los últimos versos, Gil de Biedma ya no mira hacia su juventud condescendientemente, sino que cede espacio al desencanto para plantearnos “la verdad desagradable”, su verdad, una nueva sentencia que sentimos aún más incuestionable que el título y aún más demoledora, porque nos atañe a todos: “envejecer, morir, es el único argumento de la obra”.

(Dejamos aquí la versión cantada de este poema por Loquillo https://youtu.be/t1iri1gDVHw )

Selección y reseña: Esther Herguedas (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 38. 10 de mayo de 2019

Invierno

Como las gotas en el vidrio,
como las gotas de la lluvia
en una tarde somnolienta,
exactamente iguales,
superficiales,
ávidas todas,
breves,
se hieren y se funden,
tan, tan breves
que no podrían dar cabida al miedo,
que el espanto no debiera hacer huella
en nosotros.
Después, ya muertos, rodaremos,
redondos y olvidados.

(Ida Vitale)

Ida Vitale, la poeta nacida en Montevideo en 1923, es la quinta mujer galardonada con el Premio Cervantes en sus 43 ediciones. Además, como dato curioso, su designación ha roto con una regla no escrita. Desde 1996 se había alternado un galardón español con uno iberoamericano y el año pasado se le concedió al escritor nicaragüense Sergio Ramírez. El jurado manifestó en el momento de dar a conocer el fallo que habían elegido a la escritora “por su lenguaje, uno de los más destacados y reconocidos de la poesía moderna en español, que es al mismo tiempo intelectual y popular, universal y personal, transparente y honda. Convertida desde hace un tiempo en un referente fundamental para poetas de todas las generaciones y en todos los rincones del español”.

Vitale, también ensayista, profesora, traductora y crítica literaria, es la última superviviente de la Generación del 45, un grupo de escritores uruguayos que surgieron entre 1945 y 1950 y entre los que se encuentran, también, Carlos Maggi, Ángel Rama y Mario Benedetti y que tuvieron una influencia muy destacada en el panorama cultural, social y político de Uruguay.

Estudió en la Facultad de Humanidades de Montevideo donde tuvo como profesor a José Bergamín, a quien reconoce como una de sus mayores influencias. De él es el manuscrito que depositó como legado en la Caja de las Letras, la antigua cámara acorazada del banco que albergaba la sede del Instituto Cervantes y en el que es tradición que los premiados dejen algún objeto personal.

En los años setenta, Ida Vitale se exilió en México, obligada por la dictadura, donde entró en contacto con Octavio Paz y ejerció la crítica literaria para distintas publicaciones.

Su obra poética, enmarcada en el simbolismo, está caracterizada por el uso de un lenguaje preciso, sutil, e inteligente y muestra un fuerte influjo de Juan Ramón Jiménez, al que conoció y considera un maestro en la poesía.

Una vez que acabó su discurso en el púlpito del paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, acalló los aplausos para añadir, de forma improvisada, la siguiente frase: “Querría hacerme perdonar la audacia de venir aquí, a este lugar, y meterme a hablar de Cervantes”.

Selección y reseña: Ana Bellé (Departamento de Matemáticas)

Semana 37. 3 de mayo de 2019

EL DESAYUNO

Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase que lo resume todo,/
o cuando ríes (tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».

(Luis Alberto de Cuenca)

Luis Alberto de Cuenca Prado nació en Madrid un 29 de diciembre, allá por el 1950. De profesión es filólogo, poeta, traductor, ensayista, crítico, editor literario e investigador español. Además de sus ocupaciones antes detalladas, es académico de número de la Real Academia de la Historia, académico corresponsal en Madrid de la Academia de Buenas Letras de Granada y vocal del Real Patronato del Museo del Prado.

Visto su ajetreado día a día, centrémonos en su quehacer literario, con traducciones, ensayos y poemas, entre otras muchas composiciones, hoy hemos escogido “El desayuno”, poema perteneciente a su obra de 1993 La rosa y el hacha, poemario fácil de leer, con un lenguaje y expresión que hace un guiño a cualquier tipo de lector.
“El desayuno” es un poema de amor, habla del amor verdadero, de un amor natural, lleno de virtudes y defectos, sin tapujos ni maquillajes, valorado con sus aspectos positivos y negativos, asemejándose a una lista de pros y contras, dejando muy claro que en balance de la lista es que nos convence el producto, el amor.
Para todo ello se vale el autor de una estructura paralela que utiliza para introducir momentos y sus análisis, un lenguaje totalmente coloquial, dando al poema frescura y algo muy especial, el fácil entendimiento, el hecho de que cualquiera pueda entenderlo, sonreír y hacerlo suyo, le guste o no la poesía, y sea conocedor o no, del autor, género o lenguaje, el lector podrá entenderlo porque es natural, como la vida, con sus aciertos y errores, ventajas y desventajas, como el despertar y, más tarde o más temprano, desayunar.

Profundizando un poco más podríamos ver su parecido y relación con el poema 15 de Pablo Neruda, poema de amor que también utiliza paralelismos y lenguaje coloquial al elaborar una lista de los aspectos que alaba de la mujer a la que ama. Este empieza así:

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Para acabar la reseña os invito a ver este video en el que el autor recita en su biblioteca el poema, transmitiendo esa frescura y naturalidad que tanto hemos nombrado, podéis hacerlo siguiendo este enlace:
https://www.youtube.com/watch?v=t2-atcNY0DE .

Seleccción y reseña: Marimar Castro Giménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 36. 26 de abril de 2019

GALOPE

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

A corazón suenan, resuenan, resuenan
las tierras de España, en las herraduras.
Galopa, jinete del pueblo,
caballo cuatralbo,
caballo de espuma.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie;
que es nadie la muerte si va en tu montura.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
que la tierra es tuya.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

(Rafael Alberti)

Nos encontramos ante una de las más populares composiciones del poeta gaditano Rafael Alberti, uno de los miembros fundamentales de la Generación del 27, que marchó al exilio (al igual que otros compañeros generacionales como Luis Cernuda, Emilio Prados o Luis Buñuel) tras la Guerra Civil, regresando a nuestro país en el año 1977 (como curiosidad, indicar que fue uno de los más longevos miembros de la mentada generación artística).

El poema seleccionado fue compuesto por Alberti durante el susodicho periodo belicista, con la finalidad de alentar a las tropas republicanas. Destaca su obvia filiación telúrica, donde toman dramático protagonismo las imágenes de primitiva fuerza (el caballo, su galopar, el mar…) configurando un canto que, con el paso del tiempo, se ha transformado en emblema universal de resistencia y lucha.

La designación de canto no es casual, no ya por la tradicional ligazón de toda lírica al ámbito de lo musical sino porque Paco Ibáñez adaptó las letras de Alberti dando lugar a un himno, de sobras conocido, cuyo enlace os facilitamos a continuación.

http://www.youtube.com/watch?v=15JfnrqBqSI

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 35. 12 de abril de 2019.

EN CAMINO A SINOPE

Mitrídates, glorioso y potente,

señor de grandes ciudades,

poseedor de ejércitos poderosos y de flotas,

mientras iba a Sinope pasó por un camino

de campo muy apartado

donde tenía su morada un adivino.

Envió Mitrídates un oficial

a preguntar al augur cuánta riqueza aún

poseería en el futuro, cuánto poder más.

Envió un oficial suyo, y después

continuó su camino hacia Sinope.

Se retiró el adivino a un cuarto secreto.

Después de más o menos media hora salió

preocupado, y dijo al oficial:

No pude distinguir en forma satisfactoria.

El día no es apropiado hoy.

Vi cosas oscuras. No comprendí bien.

Pero que se contente, pienso, el rey con cuanto tiene.

Algo más le traería peligros.

Acuérdate de decirle esto, oficial:

¡con lo que posee, por Dios, que se contente!

La fortuna tiene cambios repentinos.

Dile al rey Mitrídates:

muy raramente se encuentra el compañero noble, de su antepasado

que escribe con su lanza sobre el suelo oportunamente

la frase salvadora Mitrídates huye”.

                                         (Constantino Cavafis)

Cavafis es un poeta griego nacido en Alejandría en 1863. Fue una de las figuras literarias
más importantes del siglo XX, influyendo en diversos autores. En España influyó en
algunos como Jaime Gil de Biedma y se ha discutido su influencia en otros como Cernuda.
En este poema nos habla de Mitridates VI, también conocido como “Mitridates el
Grande”, que nació y creció en Sinope. Era hijo de Mitridates V del Ponto, el cual fue
envenenado. Tras la muerte de su padre, su madre( Laodice VI) actuó como regente.
Entonces él abandonó el reino, pero posteriormente regreso a Ponto y depuso a su
madre, encarcelándola a ella y a su hermano menor. Luego se casó con una hermana
suya.

Expandió su reino y tras conquistar Anatolia ordenó la matanza de ciudadanos romanos
que vivían allí, pero tras la primera guerra mitriadiática, Lucio Cornelio Sila lo venció y lo
expulsó de Grecia; luego tras una revuelta en Italia y otras dos contiendas, fue finalmente
derrotado en la tercera guerra mitriadiática por Cneo Pompeyo Magno.
Posteriormente, trató de levantar un nuevo ejército pero no lo logró. Huyó a
Panticapaeum donde fue forzado por su hijo Farmaces II a suicidarse.

Tras esta breve historia del personaje, es más fácil conocer este pasaje del que nos
habla Cavafis. En él Mitridates se dirige de nuevo a Sinope. Su ambición, como puede
deducirse de su historia, parece que no tenía límites e intenta luchar una y otra vez
aunque haya sido vencido. El personaje parece que se ha visto envuelto por numerosas leyendas. Y este hecho sea
quizá lo que inspire al escritor a hablar de ese adivino que le previene sobre su sensata
huida. Y significativas son también las frases que le dice al mensajero: “Que se contente,
pienso el rey con cuanto tiene” y más adelante: “¡Con lo que posee, por Dios, que se
contente”.

En ambas frases parece quedar patente que la ambición desmedida solo le va a traer
problemas. Esa advertencia de indicarle que se contente con lo que tiene es la señal de
alarma para que pare, que no siga adelante en su camino, en cuyo final en definitiva le
aguarda la muerte.

El poema acaba con el sabor agridulce del adivino que finalmente no comprende esa
obsesión del rey por continuar ese camino cuando él le dice que muy pocas veces alguien
se encuentra con la frase salvadora de “Mitridates, huye”.

Sinope es pues la metáfora de la muerte y el camino es la vida. La propia biografía del
personaje sirve para argumentar sobre los caminos equivocados que pueden llevar a la
destrucción. Así, en este caso como en otros, la huida no es una derrota, sino por el
contrario, puede ser una victoria.

El pasaje encarna en cierto modo la estupidez humana, ya que aun habiendo
preguntado a un adivino y habiéndose dejado aconsejar, sigue tomando el camino
equivocado. La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿Para qué preguntar ante una
respuesta que nos es indiferente?

Hay otros poemas del autor que son muy conocidos, entre los que destaca Ítaca, que
partiendo de la mítica isla de Ulises, le sirve de punto de partida metafórico para dar
consejos a una persona joven que emprende el camino de la vida. Dicho poema también
fue controvertido, pero independientemente de las filias y las fobias, Cavafis se sirve con
frecuencia de historias o leyendas conocidas y generalmente cercanas a él para establecer paralelismos que tomando como modelo lo particular llegan a lo general y lo expanden en
forma de espejo como las grandes preocupaciones y verdades universales que han hecho
que la gran mayoría de sus poemas sigan perdurando.

Selección y reseña: Avelina Pablo

Semana 34. 5 de abril de 2019

CARTONES CANÍBALES

(poema finalista en el Certamen “II Umbral de la poesía” de Valladolid)

ADVERTENCIA: POR PROBLEMAS DE CONFIGURACIÓN, HEMOS MARCADO LA SEPARACIÓN CORRECTA DE LOS VERSOS CON EL CORRESPONDIENTE SIGNO: /. ROGAMOS DISCULPEN LAS MOLESTIAS.

¡Cuidado con las cajas vacías,/
esas perfectamente bronceadas que hablan de fragilidad!/
Observa los entornados párpados de sus ojos esquivos/
en su letargo de digestión lenta/
que evitan mirar de frente y mostrar su interior./
Despliegan su cuerpo ahora tridimensional,/
abren la boca y devoran la inutilidad del mundo./
Tienen hambre de ropa vieja, desfasada, incómoda o inconveniente,/
de vestidos de novia./
Se alimentan de aparatos aniquilados por la era tecnológica y/
tragan con ansia viejas cajitas/
que fueron úteros fértiles garantizados/
siempre a la espera de mejorar el parto./
Pero su manjar predilecto, presa fácil,/
son los manuales de instrucciones,/
ingenuos, ignorados, impotentes/
como docentes sin autoridad./
Amordaza esas cajas con cinta adhesiva,/
cierra sus fauces hambrientas/
antes de que te engullan/
una tarde de aburrimiento, soledad o angustia./
Para mí ya es tarde./
La caja marrón estira sus solapas,/
me estrangula con su garganta áspera,/
deposita mi cuerpo en el interior de su estómago/
y se cierra tras un raspazo./
Antes de ser digerido,/
vislumbro entre las rendijas/
las palabras que se grabarán en mi epitafio:/
“¡Otra caja al trastero!”./
(Estela Puyuelo)

Hoy traemos una pequeña delicatessen envenenada con sorpresa final. Un bocado delicioso a la par que angustiante, escrito en un lenguaje fresco y fácilmente digerible, pero cuya crudeza existencial, tan llena de sentido, puede hacerlo demasiado contundente para el cerebro, esa especie de intestino del pensamiento, pese a su suave y delicado sabor. Aunque como suele decirse, lo que no mata engorda, o te hace más fuerte (mentalmente en este caso, o lúcido). El caso es que nos presenta toda una época, la actual, en la que la vida puede resultar ligera, incluso hueca y vacía, precisamente por sobreabundancia de todo tipo superficialidades que dejan las mentes acartonadas, llegando incluso hasta el punto de encerrarnos en pensamientos unidimensionales, empachados por un exceso de datos, información, ofertas de objetos de consumo y entretenimiento que llenan falsas necesidades, dejándonos hambrientos de sentido. Como los “gusanitos” que llenan, pero no alimentan.

En definitiva, falsas opciones que nos encierran en un tiempo “embalado”, que siempre se nos hará escaso, aunque viviésemos mil años, para hacer todo lo que nos obligamos a hacer por sentirnos completos y con una vida plena, llena. Todos llevamos una especie de síndrome de Diógenes dentro que nos impide deshacernos de lo inútil. ¿Y quién no ha tenido esa sensación de no encajar del todo en este mundo? ¿Dónde guardamos lo que de verdad importa? ¿Dónde estará la cajita con la llave secreta de nuestros sueños, los más profundos, escondidos y verdaderos? ¿Acaso la perdimos de niños, cuando alegremente nos llamaban “trastos” mientras jugábamos a ser de adultos? En fin… sólo son algunas de las esencias que desprende y evoca este plato sencillo y bien servido, embadurnado con su pizca de humor, a modo de especia, que camufla un fuerte amargor vital. Diría que se trata de una mezcla de carpacho y harakiri serenamente visceral, a modo de cata o degustación, con el que poder “saberse” humano.
Este poema fue finalista del II Certamen Umbral de la Poesía» de Valladolid (2015) y su autora es la poeta oscense y también profesora Estela Puyuelo, que ha publicado, entre otros libros, “Todos los gusanos de seda” y dirigido la obra multidisciplinar “Eso tiene ser mujer: La casa de Bernarda Alba en clave poética” en la que uno tuvo el honor de participar, además de su faceta periodística y activista cultural.

Selección y reseña: Javier Castán (Departamento de Filosofía)

Semana 33. 29 de marzo de 2019

AUNQUE TÚ NO LO SEPAS

Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo
iluminado
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos…

Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.

También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuanto te marchas.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.

Espiada a la sombra de tu horario
o en la noche de un bar por mi sorpresa.
Así he vivido yo,
como la luz del sueño
que no recuerdas cuando te despiertas.

(Luis García Montero)

En 1994 el poeta granadino Luis García Montero publica, el que ya es un clásico contemporáneo, “Habitaciones separadas”, distinguido con el Premio Nacional de Poesía, en el que encontramos este poema “Aunque tú no lo sepas”, Versos que siguen vivos y no han dejado de inspirar nuevas versiones.

Basándose en estos versos, le cantautor Quique González escribió una canción para el malogrado Enrique Urquijo. La canción bebe de esta historia de amor, aunque tan apenas encontramos coincidencias, salvo el título.

Almudena Grandes reinterpreta el poema en un relato recogido en su libro “Modelos de mujer” de 1996. Y cuatro años después, Vicente Córdoba se inspiraría en esta historia para alumbrar su película titulada, como no, “Aunque tú no lo sepas”.

García Montero, considerado por muchos el mejor poeta de su generación, sigue en este poema esa línea llamada “poesía de la experiencia”, poesía de la vida y de lo cotidiano, llena de situaciones y emociones en las que es fácil reconocerse, expresadas con un lenguaje sencillo y cercano, como describen al propio autor aquellos que lo conocen.

Selección y reseña: Marta Moreno

Semana 32. 22 de marzo de 2019

POEMA DE LA SEMANA. “EL EXPRIMIDOR DE NARANJAS DEJÓ DE FUNCIONAR”

Alfredo E. Quintero es un poeta mexicano nacido en Culiacán Sinaloa, el ocho de agosto de 1969. Estudio la especialidad de Lengua y Literaturas Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México. Pronto empezó a escribir poesía y a ser reconocido como uno de los más destacados renovadores de la poesía mexicana. Es autor de varios libros de poesía, entre los que destaca Cuenta regresiva (2011) obra con la que obtiene el prestigioso Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes.

En Cuenta regresiva, el poeta presenta una poesía mundana de objetos cotidianos y cercanos al lector pero que después de una reflexión cobran un significado diferente y de mayor trascendencia. Estos poemas nos hablan del dolor y la ausencia, de la soledad y la añoranza, pero desde la cercanía de lo cotidiano y de lo familiar.

Poemas como El exprimidor de naranjas dejó de funcionar nos muestran como un electrodoméstico tan cotidiano puede superar la barrera de lo mundano e invitar a una reflexión trascendental.

El exprimidor de naranjas dejó de funcionar.

Eso pasa.

Las cosas sin importancia

buscan su turno, se dan su importancia

así, no sirviendo,

dejándonos incompletos, ausentándose

en el justo momento.

Y a mí

todo lo que es ausencia, ausentarse,

me rompe los vidrios. Ejerce una poderosa denotación

casi como el que se tira al piso al escuchar el bombardeo,

una balacera.

Lo mismo hizo el sacacorchos.

No estuvo. Tal vez nunca compré uno.

Y el rayador, y el abrelatas

que nunca pensó hacerme tanta falta

me hizo salir al centro comercial

a buscarlo. Como una esposa cuando se enoja

y hay que ir por ella a casa de los suegros, o a buscarla

con la vecina.

No sé por qué me afectan tanto las cosas

que dejan de funcionar, que se ausentan.

A veces he pensado en comprar dos cosas de lo mismo.

Pero no sé si yo pueda

en lo futuro

con dos ausencias.

Selección y reseña: Sebastián Solana (Departamento de Lengua y Literatura)

Semana 31. 15 de marzo de 2019

 
UNA NOCHE DE VERANO
 
Una noche de verano
—estaba abierto el balcón
y la puerta de mi casa—
la muerte en mi casa entró.
Se fue acercando a su lecho
—ni siquiera me miró—,
con unos dedos muy finos,
algo muy tenue rompió.
Silenciosa y sin mirarme,
la muerte otra vez pasó
delante de mí. ¿Qué has hecho?
La muerte no respondió.
Mi niña quedó tranquila,
dolido mi corazón.
¡Ay, lo que la muerte ha roto
era un hilo entre los dos!
 
                                (Antonio Machado)
 
La muerte puede llegar, tan escondida, en cualquier instante, de manera inesperada, segando la vida más cercana, incluso la nuestra, con su terrible guadaña. Esa apacible noche de verano se torna brumosa conforme vamos leyendo los implacables versos de Antonio Machado, obviamente conmovido por el deceso de su amada Leonor.
 
 
El poema pertenece a Campos de Castilla y es quizás mi favorito de toda la producción de don Antonio. Esos 16 versos escapan de la usual preceptiva literaria, de los múltiples análisis que ligan su obra a las características de la Generación del 98. Una noche de verano es un Machado sincero, de octosílabo fácil, directo. El poeta asume, desde su propia experiencia, el universal tema de la muerte, retomando los ecos manriqueños (lo dicho por Manrique en sus medievales Coplas todavía no ha sido superado por ningún poeta ni en ninguna lengua) para dar una perspectiva de la muerte menos conformada. Un Machado que se rebela ante la inexorabilidad de la tragedia, que pregunta desde el amargor, obteniendo silencio como única respuesta.
 
 
El poeta, conmovido, resulta conmovedor. No miento si les cuento que es una composición que, en ocasiones, al ser recitada en clase, ha provocado el llanto de algún que otro alumno. Poesía de verdad. De las que llegan. De las que tocan de cerca.
 
Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)  
 

Semana 30. 8 de marzo de 2019

“Canción del Pirata”

Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín;

bajel pirata que llaman,
por su bravura, “el Temido”,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;

y ve el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Estambul;

(…)

Aquí recojo los primeros fragmentos de la Canción del pirata escrita por José de Espronceda, uno de los máximos representantes de la poesía del primer Romanticismo español de la primera mitad del siglo XIX. Confieso que soy capaz de recitar esta parte de memoria porque la aprendí hace ya muchos años en el colegio, así como su conocido estribillo:

»Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.

Siguiendo en la línea, también confieso (sin ningún rubor), que ya no recordaba cómo continuaba; y que cuando se planteó esta sección de “La poesía de la semana” para la Biblioteca del IES, fue el primer poema que acudió instantáneamente a mi cabeza, muestra de lo fuerte que queda grabado en nuestra memoria lo aprendido en nuestra infancia.

El poema, exalta la figura del pirata como paradigma de la libertad que ha quedado para siempre en el imaginario popular. Muestra de ello lo tenemos en la literatura, con obras tan conocidas como La isla del tesoro (1883) de Stevenson o La venganza de Sandokán (1907) del italiano Salgari. En el cine ha sido y es un personaje de éxito (que se lo digan a Jack Sparrow) y en la música encontramos desde versiones del propio poema en heavy metal de Tierra Santa hasta La del pirata cojo de Sabina. Si nos dan a elegir… ¿hay alguien que no escogería la vida del pirata?

Y para concluir, aquí tenéis el poema completo. Que lo disfrutéis.

Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín;

bajel pirata que llaman,
por su bravura, “el Temido”,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;

y ve el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Estambul;

«Navega velero mío,
sin temor,
que ni enemigo navío,
ni tormenta, ni bonanza,
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

»Veinte presas
hemos hecho
a despecho,
del inglés,

»y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.

»Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.

»Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra,
que yo tengo aquí por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

»Y no hay playa
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,

»que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor.

»Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.

»A la voz de ¡barco viene!
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar:
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.

»En las presas
yo divido
lo cogido
por igual:

»sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.

»Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.

»¡Sentenciado estoy a muerte!;
yo me río;
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena
quizá en su propio navío.

»Y si caigo
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,

»cuando el yugo
de un esclavo
como un bravo
sacudí.

»Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.

»Son mi música mejor
aquilones
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

»Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,

»yo me duermo
sosegado
arrullado
por el mar.

»Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria la mar».

Selección y reseña: Ana Belén Arnauda (Departamento de Geografía e Historia)

Semana 29. 1 de marzo de 2019

OZYMANDIAS

I met a traveller from an antique land,

Who said—“Two vast and trunkless legs of stone

Stand in the desert. . . . Near them, on the sand,

Half sunk a shattered visage lies, whose frown,

And wrinkled lip, and sneer of cold command,

Tell that its sculptor well those passions read

Which yet survive, stamped on these lifeless things,

The hand that mocked them, and the heart that fed;

And on the pedestal, these words appear:

My name is Ozymandias, King of Kings;

Look on my Works, ye Mighty, and despair!

Nothing beside remains. Round the decay

Of that colossal Wreck, boundless and bare

The lone and level sands stretch far away.”

                                   (Peter B. Shelley)

A un viajero vi, de tierras remotas.
Me dijo: hay dos piernas en el desierto,
De piedra y sin tronco. A su lado cierto
Rostro en la arena yace: la faz rota,
Sus labios, su frío gesto tirano,
Nos dicen que el escultor ha podido
Salvar la pasión, que ha sobrevivido
Al que pudo tallarlo con su mano.
Algo ha sido escrito en el pedestal:
«Soy Ozymandias, el gran rey. ¡Mirad
Mi obra, poderosos! ¡Desesperad!:
La ruina es de un naufragio colosal.
A su lado, infinita y legendaria
Sólo queda la arena solitaria».

(Traducción de Fernando G. Toledo)

Ozymandias es uno de los poemas míticos de la Historia de la Literatura. Sus 14 versos (es un soneto anglosajón) nos transmiten la desoladora sensación de un inmenso poder ya fenecido. El paso del tiempo, de irreversible manera, lo sepulta todo; los viejos “reyes poderosos”, parafraseando a Manrique, ven sus “buenas venturas trastornadas”.

Quizás no sepas que sus líneas han servido de inspiración y han sido utilizadas en creaciones artísticas tan populares como Alien Covenant, la última entrega de la popular saga cinematográfica, que se basa en la idea de una todopoderosa civilización ya extinguida (tema que ya estaba presente en Prometheus, su anterior entrega).

En la película citada, se jugaba con la autoría del poema, atribuyéndose a Lord Byron (deberás ver dicha película para entender los motivos), si bien su creador fue Peter B. Shelley, amigo de Byron y, al igual que éste, piedra angular del Romanticismo. Excelso literato, Shelley alcanza además una indirecta notoriedad por contraer nupcias con Mary Wollstonecraft, la autora de una de las novelas más importantes del citado periodo: Frankenstein.

A la luz de los hechos referidos, parece que Shelley se encuentra ligado a manifestaciones góticas de diversa época (por el momento hemos citado dos). El triángulo queda perfectamente conformado si fijamos nuestra mirada en la literatura de otro gran clásico, Howard Philips Lovecraft, cuyos relatos (en los que las civilizaciones perdidas y los dioses arquetípicos tienen una fundamental importancia) resultan tremendamente influidos por el poema de Shelley, siendo, curiosamente, fuente de inspiración del mentado universo Alien: los diseños de H. R. Giger para la primera parte de la saga (en 1978) están fuertemente influidos por los relatos de Los mitos de Ctulhu, y más de un sagaz crítico ha señalado que Prometheus es una adaptación de En las montañas de la locura (la célebre novela corta del maestro de Providence).

Una vez más, los clásicos lo son por su enorme capacidad de influencia y de transformación. Ozymandias vive a través del cine y la literatura, formando parte de los sueños de otros creadores, o apareciendo en las pesadillas de los lectores y espectadores de hoy.

Selección y reseña: Alberto Jiménez

Semana 19. 22 de febrero de 2019

XXIII
 
Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso… yo no sé
qué te diera por un beso.
 
          (Gustavo Adolfo Bécquer)
 
 
Bécquer es, quizás, uno de esos poetas que no necesitan presentación. Sus rimas son tan populares como una canción de The Queen, Elvis o The Beatles. Al margen de la época y el movimiento literario a las que las adscribe la preceptiva, algunas de sus rimas (hemos elegido la vigésimo tercera), por su sencillez, claridad y espontaneidad son imperecederas, y se ajustan cual guante a cualquier época.
 
 
Al margen del uso del octosílabo o del uso del paralelismo, lo que, en esta época en la que las redes sociales abordan la literatura (pueden darse una vuelta, en caso de no creerme, por cualquier superficie comercial, y echar un vistazo a las novedades, sobre todo juveniles), Bécquer parece más visionario que nunca, como si desde aquella mítica celda en el monasterio de Veruela hubiera soñado con un móvil y un whatsapp, y hubiera compuesto algunas rimillas perfectas para ser enviadas con las pertinentes fotos cursilonas, entre chavalillos enamorados.
 
 
Ya sé que los puristas pueden pensar que lo que aquí escribo es pura frivolidad, que quizás fuera más apropiado entrar en disquisiciones acerca del Romanticismo tardío español, o en coincidencias y desvíos respecto de otros de los grandes como Espronceda, Larra, o mi querida Rosalía de Castro (a quien reseñaré en otra ocasión y entre cuyas composiciones hay una de mis favoritas). ¿Y por qué no mencionar a Byron o Shelley (marido o mujer, elijan ustedes)? Pero no. No lo voy a hacer en esta ocasión. Prefiero dar esta nueva perspectiva, brindar por un acercamiento a los versos del gran Bécquer más desenfadado, intentando justificar la permanente renovación que todo clásico padece, en el buen sentido de la palabra.
 
 
Selección y reseña: Alberto Jiménez Liste (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 18. 15 de febrero de 2019

Oda “A la salida de la cárcel”

Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,

y con pobre mesa y casa
en el campo deleitoso
con sólo Dios se compasa
y a solas su vida pasa
ni envidiado ni envidioso.

(Fray Luis de León)

He aquí un ejemplo de, quizás, uno de los más grandes poetas de nuestras letras (y de las que no son nuestras). Fray Luis de León, cuyos textos, tanto por su forma como por su contenido continúan vigentes, de ahí su categoría de clásico. La oda elegida, A la salida de la cárcel, nos retrotrae a las represalias que este profesor de griego tuvo que sufrir por sus tendencias humanistas, por su defensa del castellano como lengua de cultura, capacitada para difundir los textos bíblicos sin necesidad del latín (de ahí la hermosa traducción que el poeta hizo del Cantar de los Cantares). La oda fue un vehículo estético muy del gusto de este hombre del Renacimiento, pues imponía una medida versicular que obligaba al refreno y a la contención, a decir mucho con poco. Sus textos son fruto de pulimiento y dedicación, de una selección léxica muy meditada, al servicio de una aparente sencillez. Así las cosas, fray Luis siempre persiguió una claridad conceptual que se sustentara en un mensaje de llana hermosura, constituyéndose, por derecho propio, en un maestro de maestros.

Su voz, coherente con la Antigüedad Clásica aunque impregnada de su formación cristiana, se antoja tan original e importante como la de otros hombres de su tiempo (década arriba o abajo): Diego Hurtado de Mendoza, Garcilaso de la Vega, Miguel de Cervantes, San Juan de la Cruz…

A pesar de la fama de su lírica (bálsamo de toda época, incluída esta nuestra) compuso uno de los grandes tesoros de nuestra literatura en prosa, De los nombres de Cristo, paradigma perfecto de la capacidad que la dicha prosa tiene para acercarse a la lírica, mucho antes que llegaran autores renovadores de la talla de Flaubert, Baudelaire, o Marcel Proust.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 17. 8 de febrero de 2019

Miguel Labordeta es, quizás, el mejor poeta aragonés del siglo XX, y uno de los poetas españoles que se tiene que leer más, por su calidad lírica y la profundidad de sus mensajes, que no nos dejan indiferentes. Aquí tenemos un buen ejemplo:

RETROSPECTIVO EXISTENTE.

Me registro los bolsillos desiertos

para saber dónde fueron aquellos sueños.

Invado las estancias vacías

para recoger mis palabras tan lejanamente idas.

Saqueo aparadores antiguos,

Viejos zapatos, amarillentas fotografías tiernas,

estilográficas desusadas y textos desgajado del Bachillerato,

pero nadie me dice quién fui yo.

Aquellas canciones que tanto amaba

no me explican dónde fueron mis minutos

Y aunque torturo los espejos

Con peinados de quince años

O quizá de muerto,

nadie,

nadie me dice dónde estuvo mi voz

ni de qué sirvió mi fuerte sombra mía

esculpida en presurosos desayunos,

en jolgorios de aulas y pelotas de trapo,

mientras los otoños sedimentaban

de pálidas sangres

las bodegas del Ebro.

¿En qué escondidos armarios

guardan los subterráneos ángeles

nuestros restos de nieve nocturna atormentada?

¿Por qué vertientes terribles se despeñan

Los corazones de los viejos relojes parados?

¿Dónde encontraremos todo aquello

que éramos en las tardes de los sábados,

cuando el violento secreto de la Vida

era tan sólo

Una dulce campana enamorada?

Pues yo registro los bolsillos desiertos

y no encuentro ni un solo minuto mío

ni una sola mirada en los espejos

que me diga quién fui yo.

  (Miguel Labordeta de su libro “VIOLENTO IDÍLICO”, 1949)

Selección y reseña: Francisco Murillo

Semana 16. 1 de febrero de 2019

CANCIÓN DE BRUJERÍA

Señor compañero, Señor de la noche,

haz que vuelva su rostro

quien no quiere mirarme.

Que sus ojos me busquen

sostenidos y azules

por detrás de la barra.

Que pregunte mi nombre

y se acerque despacio

a pedirme tabaco.

Si prefiere quedarse,

haz que todos se vayan

y este bar se despueble

para dejarnos solos

con la canción más lenta.

Si decide marcharse,

que la luna disponga

su luz en nuestro beso

y que las calles sepan

también dejarnos solos.

Señor compañero, Señor de la noche,

Haz que no cante el gallo

sobre los edificios,

que se retrase el día

y que duren las sombras

el tiempo necesario.

El tiempo que ella tarde en decidirse.

     (de Habitaciones separadasde Luis García Montero)

Luis García Montero ( Granada, 1958 ), poeta y catedrático de Literatura española en la Universidad de Granada. Autor de 11 poemarios y varios libros de ensayo. Premio Adonáis en 1982, Premio Loewe en 1994, Premio Nacional de Poesía en 1995 por Habitaciones separadas.

Premio Nacional de la Crítica en 2003. Es considerado precursor de la denominada “Poesía de la experiencia”, tendencia de la lírica española contemporánea en la que la poesía explora la realidad de todos los días y une lo cotidiano con lo maravilloso. El “yo” personal se diluye en la experiencia colectiva, puesto que cualquiera puede sentirse identificado con todo lo que expresa. García Montero se basa en la idea de que a la poesía no hay que entenderla sino sentirla y de ahí que la escritura deba ser cercana y sin artificios exagerados. Nuestro autor se apoya, para ello, en la poesía de Luis Cernuda y Jaime Gil de Biedma.

El poema que he elegido pertenece al poemario titulado Habitaciones separadas, libro con poemas llenos de emociones , escritos en versos transparentes e inteligentes, que nos cautivan con una nostalgia poderosa.

Destacaré la capacidad del poeta para escribirlo todo como si fuera una narración, lo que se ha dado en llamar narrativismo histórico biográfico, que hace que nos introduzca en la vida de los personajes hasta hacernos sentir parte de ellos y sentir esa vida como nuestra.

En el poema seleccionado, como si de un conjuro se tratara , el autor invoca al “Señor de la noche” para conseguir algo tan deseado como es que su amada lo mire y le corresponda , en un lugar , la barra de un bar, donde ha surgido esa pasión que lo lleva a invocar al Señor de la noche. Sus deseos parecen irrealizables y solo un conjuro puede hacerlos realidad. En verdad, ¿esto no sería una especie de plegaria que un devoto enamorado pronuncia en voz baja , con los ojos cerrados, esperando el milagro? Deseo vehemente que se aprecia no solo en el contenido, sino también en la disposición de los versos en el poema , justa semblanza del objetivo que persigue el poeta : la correspondencia a ese amor, decisión que ella debe tomar, casi un milagro.

Selección y reseña: Teresa Gómez

Semana 15. 25 de enero de 2019

Disyuntiva

La tentación se llama amor

o chocolate.

Es mala la adicción.

Sin paliativos.

Si algún médico, demonio o alquimista

supiera de mi mal,

cosa sería

de andar toda la vida por curarme.

Pues tan sólo una droga,

con su cárcel

del olvido me salva de la otra.

Y así, una vez más, es el conflicto:

O me come el amor,

o me muero esta noche de bombones.

                   (Juana Castro, de La Bambola)

BIOGRAFÍA

Juana Castro nació el 20 de febrero de 1945 en Villanueva de Córdoba, comarca de Los Pedroches. Vivió en su pueblo y en el campo, mientras leía cualquier cosa escrita que cayera en sus manos: prospectos, cartas, postales, testamentos… Lo mejor fue la biblioteca del colegio y las novelas por entregas. Y el cine. Estudió Magisterio y con 18 años ya ocupaba su puesto de maestra por oposición en un pequeño pueblo con estación de tren, Conquista. Luego se especializó en Educación Infantil. Se casó con 23 años y tuvo su primera hija con 24, María. Después vinieron José Miguel y Mari Cruz. Por entonces (1972) ya vivía con su marido, Pedro Tébar, en Córdoba, estudiando también Filosofía y Letras en la recién abierta Facultad. Conoció a los poetas cordobeses del grupo Zubia y en su tertulia aprendió la disciplina de escribir. Asistió al Círculo Juan XXIII, en la calle Romero Barros y allí conoció a mujeres y hombres que hoy recuerda necesarios. Un día vio en el quiosco de las Tendillas una revista, “Vindicación Feminista”, y así pudo ponerle nombre a algo que había sido, junto a su madre, percepción y sentimiento. Relacionarse con los poetas y pintores del Grupo Cántico fue tan sustancial como valioso.

En 1978 publica su primer libro, Cóncava mujer, pero unos meses más tarde enferma su hijo José Miguel, que muere en la primavera de 1979.

En 1980 nace Ángel, su cuarto hijo. Tiene un solo nieto, Yago, que es holandés-español.

Sobre sus gustos, cabe recalcar que le gustan el encinar con peñascos de Los Pedroches, que fue su paisaje de niña, entrar en una sala de cine como al útero materno, el chocolate, quedar con sus amigas, leer novelitas cortas y viajar en tren. No le gusta que la llamen “luchadora” porque no recuerda haberlo hecho nunca.

EL POEMA

El poema pertenece a su poemario La Bambola, escrito en la época saliente de la dictadura en la que la mujer se empezaba a sentir libre para hablar del amor, del odio, de la guerra, de la política y de sus sueños, todo envuelto en un delicado erotismo.

En el poema, Juana de Castro relaciona a la perfección esa unión recurrente que supone el estado de ánimo y el dulce, el chocolate concretamente.

Confiesa en estas líneas cómo debe elegir entre ser adicta al amor o al chocolate, ambas perjudiciales en exceso, pero usada la segunda para consolar la ausencia del primero.

Utiliza un lenguaje y estilo sencillos, entendibles por cualquier receptor que haya conocido ese mal de amores, exento de cura, pero sí llevable con una caja de bombones que endulcen el mal sabor de boca.

¿Acaso alguno de nosotros no ha recurrido al segundo para aliviar la falta del primero, acaso no hemos sido víctimas de cualquier adicción que hemos intentado aplacar con otra?

Selección y reseña: Mar Castro (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 14. 18 de enero de 2019

Audi 100

Manuel Vilas se compró un Audi de tercera mano, un Audi 100,
y lo ponía a doscientos por la autopista de Barcelona,
y luego tenía que pagar el peaje y eso que no iba a ningún sitio.
Se quedaba mirando el Audi en las tardes de domingo,
en mitad de un descampado, en mitad del desierto.
El gran desierto que cerca la ciudad de Zaragoza,
estéril y ácido como una bocanada de uranio enriquecido.
Miraba las ruedas y las golpeaba con sus botas en punta,
y pensaba que estaban durísimas, llenas de aire embrutecido,
y es que acababa de estar en una gasolinera que se llamaba “El Cid”,
y las había hinchado, ese silbido poderoso de las válvulas,
y miraba el dibujo de las ruedas, laberíntico y abstracto como las

rayas
de la mano, y se miró la mano, rugosa piel enaltecida
en mitad de la nada, y se había cambiado
el viejo radiocasete del Audi por un compacdisc Pioneer,
con seis altavoces, 800 euros en el Carrefour ,
y puso a Lou Reed en el compac, y bien, muy bien,
Street Hassle puso, y bien, bien, muy bien, dijo de nuevo,
esto era todo, el Audi 100, la vida ennegrecida, las cercanías de

un pueblo
llamado Bujaraloz, la autopista de Barcelona, los infinitos

camiones,
un toro de Osborne cerca de Pina, el domingo, agrio y crucificado,
y Lou Reed sonando en ninguna parte, en el desierto celestial,
los 800 euros convertidos en el grito más hermoso de la tierra,
y ningún ángel del cielo descendiendo, y Manuel Vilas
–siervo de la nada, fumando, estéril, razonando, gimiendo–,
silbaba bajo el sol inclemente, difuso, el sol borracho,
y les daba patadas a las ruedas y las ruedas
le devolvían el impulso, y eso era gracioso,
y pensó en la guantera, y abrió la guantera y miró la

documentación,
y leyó su nombre, y abrió el maletero,
y le pareció que allí había un montón de sitio

para guardar cosas, y eso de repente le hizo

completamente feliz.

                      (Manuel Vilas)

 
 
Ya desde el título, Audi 100, Manuel Vilas se aparta radicalmente del clasicismo lírico, apostando por una poética basada en cotidianas experiencias personales, no carente de humor, modernidad y desenfado. Lugares comunes como la gasolinera El Cid, Bujaraloz o el Carrefour expulsan de insólita manera los clichés habituales de la poética tradicional, conformando un corpus basado en elementos tan desubicados como renovadores. Una nueva voz, en definitiva, es lo que tenemos gracias a la nunca conformista escritura de Vilas (bien sea prosa, bien sea ensayo, bien sea poesía, como la que nos ocupa, extraída de su libro Amor).
 
 
El autor de Ordesa se erige protagonista de su canto (lo que no deja de ser una marca de estilo de su quehacer literario), presentándonos una oda que se aparta de la contención y del refreno de fray Luis de León, apostando por una nueva idea de la vida retirada, una idea de la felicidad sustentada en un elemento tan posible, tan inmediato, como puede ser ese Audi 100 de tercera mano. Un hombre golpeando con la punta de sus botas los neumáticos de su vehículo, en la soledad del desierto, mientras escucha en la radio el Strett Hassle de Lou Reed. Ese momento del no hacer nada trascendente nos habla de una manera habitual y accesible del hedonismo, del maravilloso placer de lo insustancial.
 
Audi 100 es a la lírica como ese cigarrillo de media mañana para el fumador, abstraído en la calada, que encuentra en el humo el remanso de la paz, o como la canción que se disfruta en el coche, mientras se conduce de vuelta a casa, a veces incluso sin entender la letra, pero ajeno y feliz (“completamente feliz”), lejos de cualquier tipo de preocupación o tediosa ocupación.
 
Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua)
 

Semana 13. 11 de enero de 2019

VAMOS A HACER LIMPIEZA GENERAL

Vamos a hacer limpieza general
y vamos a tirar todas las cosas
que no nos sirven para nada, esas
cosas que ya no utilizamos, esas
otras que no hacen más que coger polvo,
nos traen recuerdos amargos,
las que nos hacen daño, ocupan sitio
o no quisimos nunca tener cerca.
Vamos a hacer limpieza general
o mejor todavía, una mudanza
que nos permita abandonar las cosas
sin tocarlas siquiera, sin mancharnos,
dejándolas donde han estado siempre;
vamos a irnos nosotros, vida mía
para empezar a acumular de nuevo.
O vamos a prender fuego a todo
y a quedarnos en paz, con esa imagen
de las brasas del mundo ante los ojos
y con el corazón deshabitado.

(Amalia Bautista. Cuéntamelo otra vez)

¿Por qué este poema?
Porque los comienzos de año son un momento propicio para mirar a nuestro alrededor; para reflexionar sobre nuestra vida, nuestros miedos, nuestras heridas, nuestros deseos; para, como si fuésemos entomólogos, ir analizando, lupa en mano, las arañas que pueblan nuestro corazón o las mariposas que revolotean en nuestra mente.
Y porque, a veces, tras este exhaustivo análisis es necesario hacer una limpieza general, un borrón y cuenta nueva que nos permita sanar las heridas y avanzar sin lastres innecesarios. O, mejor aún, prender fuego a una hoguera en la que como pira funeraria ardan todas aquellas cosas que “no nos sirven para nada”, “nos traen recuerdos amargos” o, sencillamente, es mejor alejar de nosotros.

Sobre la autora
La poeta Amalia Bautista (Madrid, 1962) es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense. Ha publicado libros de poesía como Cárcel de amor (Sevilla, 1988), La mujer de Lot y otros poemas (Málaga, 1995), Cuéntamelo otra vez (Granada, 1999), La casa de la niebla. Antología (1985-2001) (Universitat de les Illes Balears, 2002), Hilos de seda (Sevilla, 2003), Estoy ausente (Valencia, 2004), Tres deseos. Poesía reunida (Sevilla, 2006), Luz del mediodía. Antología poética (Universidad de las Américas, Puebla, México, 2007), Roto Madrid, (Sevilla, 2008) o Falsa pimienta (Sevilla, 2013).
Parte de su obra, asimismo, ha sido publicada en distintas antologías, así como traducida a otros idiomas.

Selección y reseña: Esther Herguedas (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 12. 21 de diciembre de 2018

Agora que soy niña
quiero alegría,
que no se sirve Dios
de mi monjía.

Agora que soy niña,
niña en cabello,
¿me queréis meter monja
en el monesterio?
¡Que no se sirve Dios
de mi monjía!

Agora que soy niña
quiero alegría,
que no se sirve Dios
de mi monjía.
(Juan Vásquez)

El villancico que he seleccionado forma parte del amplio e impagable trabajo recopilatorio que Margit Frenk Alatorre llevó a cabo respecto del ingente caudal de poesía lírica tradicional, mucha de ella anónima y antiquísima. El repertorio en cuestión, no obstante, es una de las manifestaciones más hermosas, puras y nobles de la lírica de nuestra tierra, encontrando emotivas joyas como la que hemos seleccionado, ya algo tardía, si tenemos en cuenta que algunos de los textos, atribuidos a autores como Yosef “El Escriba”, datan del siglo IX.

Como la misma Margit Frenk ha explicado, el villancico era una forma musical y poética que se hizo tremendamente popular entre los siglos XV y XVIII . Sus letras, tan profanas en origen como la del texto que hemos elegido, estaban ligadas al sentir popular, y mostraban obvia tendencia al humor e y a la subversión de los valores tradicionales. Dado que estas letras comenzaron a cantarse en las iglesias, comenzaron a relacionarse con el sentimiento religioso, asociándose finalmente a la Navidad (si bien algunos populares villancicos característicos de esta tendencia también muestran obvias pinceladas de humor e irreverencia).

Del villancico de Vásquez cabe destacar la voz lírica, femenina (lo cual no deja de ser una curiosa constante de este tipo de manifestaciones líricas), que se rebela en nombre del amor ante un destino impuesto, adverso a sus deseos. Los tan conocidos temas del “carpe diem”, “tempus fugit” o “collige virgo rosas” puestos en boca de esa niña precoz (otro de los grandes personajes de este tipo de hermosas composiciones) que, en su declamación, utiliza el paralelismo y la repetición para lograr un curioso efecto rítmico. En efecto, eran composiciones concebidas para ser cantadas, por lo que debe resultar extraña la tendencia al estribillo.

Permitan a quien esto escribe una pequeña licencia o recomendación. Para disfrutar de estas manifestaciones líricas, sobre todo de las más arcaicas, es recomendable imaginar la vida de nuestros antepasados, su cotidianidad. Los versos transmiten un sentir puro, directo, carente de prejuicios y contemplaciones; poesía viva ligada a unos existires quizás menos complejos que aquellos en los que hoy nos encontramos inmersos. La poesía, como casi todo, ha sufrido un proceso de sofisticación que, en el poema elegido, aún no ha comenzado. Belleza, todavía desnuda.


Para ir concluyendo, y por si les ha gustado lo expuesto, además del citado Juan Vásquez, otros notables autores de villancicos fueron Pedro de Escobar, Francisco Guerrero o el mismísimo Juan del Encina; pero si han disfrutado de lo aquí expuesto, les recomiendo que acudan a cualquiera de las recopilaciones existentes respecto del asunto tratado.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 11. 14 de diciembre de 2018

Perfección
Queda curvo el firmamento,
compacto azul, sobre el día.
Es el redondeamiento
del esplendor: mediodía.
Todo es cúpula. Reposa,
central, sin querer, la rosa,
a un sol en cenit sujeta.
Y tanto se da el presente
que el pie caminante siente
la integridad del planeta.

                                                                                                                                                      Jorge Guillén (1950)

Perfección es un poema de Jorge Guillén, autor de la Generación del 27, en la que encontramos algunos de los elementos recurrentes del poeta vallisoletano como son el surrealismo y la búsqueda de la belleza a través de la imagen.

Se trata de una décima en rima consonante en la que se distinguen dos partes muy diferenciadas: la primera la componen los siete primeros versos que se centran en la descripción del cielo en un mediodía desde un punto de vista estático, lo que reflejaría una contemplación absorta de un instante que el autor considera perfecto pero al alcance de cualquiera. La segunda, mucho más breve formada por los tres últimos versos, expresa las emociones de un espectador ante este acontecimiento.
El tema del poema sería lo que el autor considera que es la idea de la perfección, concretada, a su vez, en la totalidad del cosmos. El planeta es un globo perfecto, eterno y el hombre y la naturaleza comparten dicha perfección pues son el centro de la misma. Para transmitir esta idea, Guillén se apoyaría en la perfección formal, particularmente en el uso de vocablos del campo semántico de la geometría como descripción del cosmos, “curvo”, “cúpula” o “cenit”.

Desde un punto de vista más filosófico no puede dejar e asociarse la descripción del mundo que contiene el poema con la idea parmenídea del ser esférico con la salvedad de que ese ser ya no es aquí ajeno al hombre sino que cobra sentido por la presencia de este.

Selección y reseña: Ana Bellé (Departamento de Matemáticas)

Semana 10. 30 de noviembre de 2018

Este poema nos hace sentir incómodos como muchas veces nos hace sentir la verdad injusta. La crudeza de las palabras reproduce con pocos adornos la frialdad de unos hechos espantosos que podrían suceder en nuestro entorno más próximo. Es una poesía preocupada y desasistida como la mujer que desesperada busca ayuda y no la obtiene o la obtiene tarde.

MARIDO

(de JESÚS MUNÁRRIZ en su Antología PEAJE PARA EL ALBA (2000))

Feliz, no era feliz, pero bebiendo

a veces lo olvidaba.

Así cogía fuerzas para pegarle a aquélla

que compartía su infelicidad.

Ella lo soportaba por los hijos – decía-

y por el matrimonio,

única profesión que conocía.

Entre golpes y broncas aprendían los hijos

que las cosas no eran

como debían ser.

Después de una paliza en que casi la mata,

ella lo denunció y planteó el divorcio

como única salida.

Antes de que el juzgado lo citara,

él degolló a los hijos y a la madre

y se cortó las venas,

aunque sobrevivió.

Las mujeres del barrio

se echaron a la calle con pancartas

reclamando justicia

y un juez lo condenó por parricidio

a no sé cuantos años.

Pero salió a los pocos

y aún tuvo tiempo y otra oportunidad

de volver a casarse.

Porque lo suyo era

el matrimonio.

Este verso, ese último verso, es una de las razones por las que he escogido este poema de Jesús Munárriz. Porque lo suyo era el matrimonio, es un verso que nos hiere y nos hace daño, y lo hace desde la desnudez de las palabras y de los hechos que Jesús Munárriz relata.

Y digo relata y no denuncia, porque Munárriz no participa en los debates que genera la poesía actual sobre la necesidad o no de actuar como vehículo de denuncia social. Para él, la poesía es un ejercicio más lógico que intimista; no rehuye los problemas de su época pero tampoco quiere adquirir una postura comprometida con esos grandes problemas de la sociedad en la que nos ha tocado vivir. Ve esos problemas y le afectan, y, en consecuencia, sus versos destilan amargura. Pero cree en el poder de la palabra y en el de la libertad y de ahí nace para él una pequeña puerta a la esperanza (una esperanza que en Marido cuesta demasiado ver).

Munárriz en esta antalogía nos advierte de la crueldad del capitalismo y de las miserias de una sociedad demasiado preocupada por el individualismo y por la catalogación de las personas por su situación económica. Busca ayudarnos a descubrir esas grandes mentiras de nuestra sociedad, y a golpearnos fuerte para despertarnos y hacernos conscientes de ellas (luchar contra ellas quizás sea demasiado difícil desde la visión desesperanzada que en ocasiones nos transmite). En cualquier caso, su poesía es una batalla contra el falso bienestar generado con una sociedad que nos bombardea con mentiras solamente para ocultar la dolorosa verdad.

Selección y reseña: Sebastián Solana (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 9. 23 de noviembre de 2018

TU SAL

Pide cambio
por lesión ortográfica
mi titular

y tú,
en vez de salir,
echas sal, tu sal,
en mi herida.

Tú, sal.

Tú, que rompes los partidos
corazones,
que los rematas
contra su propia meta…

Sal de aquí, sal de mí, de estos versos
pero no del todo;
sal aquí, sal a mí, a estos versos
pero no del todo

y no me duelas,
no me sales
que yo te echaré
de menos

dosificándote

en el terreno de juego
de mis palabras.

El título está en disputa.
Ese, que lleva tu nombre

y no sé ganar
no sé perder,
no sé
ni dónde tirar

contigo.

(Javier Castán)

En esta ocasión vamos a dedicar unas lineas a uno de nuestros poetas más cercanos y queridos, nuestro buen compañero Javier Castán, utilizando para ello la reseña que, acerca de una de sus composiciones, se llevó a cabo a través de la actividad “Poesía para Llevar”, vinculada a un buen número de institutos.

Javier Castán, nacido en Jaca en 1975, es licenciado en Psicología y en Filosofía, ejerciendo actualmente como profesor de esta última materia en nuestro IES La Puebla de Alfindén, si bien su carrera docente ha estado vinculada a otros centros como el Tiempos Modernos o el Corona de Aragón, en Zaragoza.

De enore capacidad creativa e inquietudes intelectuales, Javier Castán es, además, socio fundador y presidente del Ateneo Jaqués y, como escritor, ha publicado Entre meses, con Ediciones Chacartoneras, y colaborado en libros solidarios como Escribiendo esperanza, Ábreme: versos entintados (ilustrado por alumnos del IES Damián Forment de Alcorisa) y en revistas diversas: “Raíces de Papel” o “El Eco de los Libres”.

Ganador en dos ocasiones del “Slam poetry” de Zaragoza, es también responsable de las instalaciones Bosque de Pensamientos y Photoshopoemas (fotos a golpe de móvil pero trucadas con versos para el Encuentro de Creaciones de Jaca), así como miembro del grupo Los Poetijazz (donde la lírica se da la mano con uno de los más libres estilos musicales) y de la banda Los Notas (fundada por profesores y alumnos del IES Avempace de Zaragoza)

Del poema Tu sal, que hoy os reproducimos, los propios alumnos (y lectores) de Castán han dicho lo siguiente:

«El poema habla sobre un partido de fútbol, el partido de la vida. Pide un cambio de jugador, alguien que siempre ha sido titular en su vida, que siempre ha estado a su lado. Pero le rompe el corazón y le pide que se vaya. Le dice “sal” y, en vez de salir de su vida, echa sal en sus heridas… o algo así ». (Noelia Beltrán, 3º ESO).
«Se refiere a que una persona le ha roto el corazón y, en vez de dejarle en paz, sigue y sigue rompiéndoselo aunque él le pida que se vaya». (Mario Ramos, 3º ESO).
«Usa la metáfora de la sal como el “castigo” que sufrimos cuando alguien nos hace daño, también el daño que nos pueden hacer estos versos y, por último, el daño que se puede hacer deliberadamente». (Germán Arranz, 3º ESO).

«Yo creo que el autor hace de una pelea entre enamorados una final de un partido de fútbol en la que cada parte lucha por lo que quiere en ese momento. El título que está en disputa sería como “la chica” y el enamorado lucha por ella.» (Cristian Abarca, 3º ESO).

«Juega con dos significados de la palabra “sal”. El “yo poético” transmite desamor. Lo dice bien claro del verso 12 al 19. Se ve también que está echa/o un lío (vv. 25-29). En concreto el yo poético con este poema transmite sufrimiento por el amor perdido». (Gema Arboledas, 4º ESO).

«Me recuerda al desamor, a las rupturas, al no saber qué hacer cuando se está tan roto, porque habla de una persona a la que le duele que la otra persona se marche». (Marina Talavera, 4º ESO).

«El poema trata sobre el quiero pero no debo, la lucha entre la cabeza y el corazón. Es difícil eliminar de tu vida a alguien que ha formado parte de ella». (Anónimo, 1º Bachillerato).

«Este poema me recuerda al momento en el que me tuve que separar de todos los amigos que había conocido en un viaje e intentaba apartarlos de mi cabeza para no sufrir». (Anónimo, 1º Bachillerato).

¡Enhorabuena, Javier! (Grupo de Biblioteca del IES “La Puebla de Alfindén”)

Semana 8. 16 de noviembre de 2018

Cuando se trata de ella, me agrada la plática,
y exhala para mí un exquisito olor de ámbar.
Si habla ella, no atiendo a los que están a mi lado
y escucho sólo sus palabras placientes y graciosas.
Aunque estuviese con el Príncipe de los Creyentes,
no me desviaría de mi amada en atención a él.
Si me veo forzado a irme de su lado,
no paro de mirar atrás y camino como una bestia herida;
pero, aunque mi cuerpo se distancie, mis ojos quedan fijos en ella,
como los del náufrago que, desde las olas, contemplan la orilla.
Si pienso que estoy lejos de ella, siento que me ahogo
como el que bosteza entre la polvareda y la solana.
Si tú me dices que es posible subir al cielo,
digo que sí y que sé dónde está la escalera.

* * *

Melancólico, afligido e insomne, el amante
no deja de querellarse, ebrio del vino de las imputaciones.
En un instante te hace ver maravillas,
pues tan pronto es enemigo como amigo, se acerca como se aleja.
Sus transportes, sus reproches, su desvío, su reconciliación
parecen conjunción y divergencia de astros, presagios estelares adversos y favorables.
Mas, de pronto, tuvo compasión de mi amor, tras el largo desabrimiento,
y vine a ser envidiado, tras de haber sido envidioso.
Nos deleitamos entre las blancas flores del jardín,
agradecidas y encantadas por el riego de la escarcha:
rocío , nube y huerto perfumado
parecían nuestras lágrimas, nuestros párpados y su mejilla rosada.

* * *

Me quedé con ella a solas, sin más tercero que el vino,
mientras el ala de la tiniebla nocturna se abría suavemente.
Era una muchacha sin cuya vecindad perdería la vida.
¡Ay de ti! ¿Es que es pecado este anhelo de vivir?
Yo, ella, la copa, el vino blanco y la oscuridad
parecíamos tierra, lluvia, perla, oro y azabache.

* * *

(…)

Cuando se cimbrea al andar, parece
un ramo de narciso que se balancea en el jardín.
Diríase que sus zarcillos están en el corazón de su enamorado,
porque, cuando anda, en él repercuten el pinchazo y el tintineo.
Tiene el andar de la paloma, en el que no es censurable
la torpeza ni vituperable la lentitud!

* * *

Desearía rajar mi corazón con un cuchillo,
meterte dentro de él y luego volver a cerrar mi pecho,
para que estuvieras en él y no habitaras en otro,
hasta el día de la resurrección y del juicio;
para que moraras en él durante mi vida y, a mi muerte,
ocuparas las entretelas de mi corazón en la tiniebla del sepulcro.

                                                                                (Ibn Hazm de Córdoba)

La poesía, aunque son varias, que os presentamos esta semana, pertenece a un tratado sobre el amor, El collar de la Paloma, escrito por el poeta cordobés Ibn Hazm.

Abu Muhammad Ali ibn Hazm, pues ese es un nombre completo, nace en la capital del Califato la madrugada del miércoles 30 de ramadán del año 384 (el 7 de noviembre de 994 de nuestra era). Su infancia, feliz y despreocupada, se reparte entre los jardines de la corte y la residencia califal de Medina Azahara. Hijo y nieto de influyentes ministros de los Omeyas, dedica su tiempo a los placeres y a las artes.

De niño, correteando por palacio, inicia sus devaneos amorosos entre las caricias y juegos de las mujeres del harem,  las veladas literarias y el embriagador sabor del vino. Allí se recrea en la mirada displicente de la altiva princesa árabe, en la mirada sumisa o provocadora de la esclava cristiana o en la mirada cómplice de sus amigos amantes. Corren buenos tiempos, quizá demasiado buenos para una vida disipada…

Pronto destaca en sus estudios, y  reúne en torno a él un grupo de rebeldes poetas de entre los nobles con más talento, orgullosos de la tradición lírica árabe, pero más todavía de pertenecer a una corte ya más poderosa y refinada que  la oriental, lo que los lleva a buscar una voz propia, alejada de “esas oraciones de viejas”. Son jóvenes cultos, con ganas de reivindicarse:

¡Vete en mal hora, perla de la China!
Me basta a mí con mi rubí de España.

Ibn Hazm permanece en su juventud ajeno a la realidad, en su burbuja aristocrática. El mundo es acogedor, y la vida, puro disfrute. Pero las intrigas políticas que sacuden Córdoba pronto la sumergirán en cruentas guerras civiles y, más tarde, llevarán  a la disgregación del poder del califa en minúsculos reinos de taifas. La edad dorada termina abruptamente con la llegada de los temibles ejércitos bereberes, que dejan a su paso un panorama desolador: La opresión moral y religiosa llegará a hacerse insostenible. La ortodoxia religiosa lo impregna todo: se persigue la homosexualidad, el uso inmoderado de bebidas prohibidas, las mujeres comienzan a cubrirse el rostro… Los recién llegados desde el sur no son filósofos, maestros o poetas; son guerreros más semejantes a los fieros cristianos del norte, a esos iletrados que se dejan largas barbas, que están acostumbrados a largas jornadas a caballo, a crueles asedios y a ejecuciones sin juicio previo.

Cuando la familia de Ibn Hazm -todavía fiel a los Omeyas, y de origen muladí (posiblemente su abuelo era un cristiano recién convertido al islam)- cae en desgracia, deben partir al exilio. Alnazcázar, Valencia, Guadix, Játiva… Allí, en 1022, vería la luz El collar de la Paloma.

Escrito en un árabe purísimo, apenas encontramos en él voces vulgares o palabras romances. Presentándolo como un regalo para un amigo -quizá solo la  excusa del que pronto aspirará a ser un reputado teólogo, jurista, filósofo e historiador para tratar un tema en parecer liviano-, o tal vez para rellenar las interminables horas del destierro, Ibn Hazm decide componer un tratado del amor que nos refleja las reglas y costumbres amorosas de la sociedad de Al Ándalus en el siglo XI.

En treinta capítulos en prosa salpicados de bellos poemas originales, enhebra enseñanzas coránicas, bíblicas y griegas, recuerdos personales y sueños ya imposibles. Algunos de estos poemitas engarzados en el tratado constituyen las páginas más bellas de la poesía árabe andalusí. Mientras tanto, en Castilla, juglares cristianos aprenden de memoria interminables tiradas de versos irregulares…

Nuestro poeta nunca volverá al palacete de Medina Azahara. Ni siguiera volverá a escribir poesía. Ibn Hazm, en su soledad, en su ruina, paladea sus recuerdos de jardines y palacios. Allí vio con ojos curiosos, a sus ocho años, cómo su padre recibía de las mismas manos de Almanzor, El Victorioso, el sello que gobernaba la ciudad, la llave de la vida, el cautiverio o la muerte. Ahora, Ibn Hazm se desmorona, como las mismas ruinas del Califato.

Selección y reseña: Miguel Ángel Aragüés (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 7. 9 de noviembre de 2018

Prospective Immigrants Please Note  By Adrienne Rich

Prospective Immigrants Please Note

Either you will

go through this door

or you will not go through.

If you go through

there is always the risk

of remembering your name.

Things look at you doubly

and you must look back

and let them happen.

If you do not go through

it is possible

to live worthily

to maintain your attitudes

to hold your position

to die bravely

but much will blind you,

much will evade you,

at what cost who knows?

The door itself makes no promises.

It is only a door.

(Adrienne Rich)

Este poema, aunque por el título pueda parecer que se dirige a los inmigrantes que viajan de un país a otro buscando oportunidades, puede en realidad dirigirse a todos aquellos que vayan a realizar un cambio en su vida. En este caso, la autora, muestra primero las posibilidades de éxito que se pueden tener al realizar un cambio pero se distancia de ellas al nombrarlas como si se tratara de una advertencia: “puede que se recuerde tu nombre”. Después, explica el éxito que se encuentra también en quedarse tal y como uno está, pero en este caso advirtiendo de que, aunque se pueda vivir bien, son muchas cosas las que uno se pierde cuando no se atreve a realizar cambios en su vida.

De cualquier manera, la conclusión a este poema muestra que aunque la oportunidad de cambio esté ahí, esta no va a tener necesariamente un efecto positivo o negativo en nosotros porque esta misma, “la puerta”, no promete nada, sino que somos nosotros los que cambiamos dependiendo de lo que hacemos con ella.

La autora de este poema es  Adrienne Rich (1929 – 2012), poeta, intelectual y crítica estadounidense, cuyo  compromiso con el movimiento feminista, hizo que su escritura se convirtiese en una herramienta para alzar la voz ante distintas problemáticas de su contexto político y social, especialmente las relacionadas con la ideología de género y la orientación sexual.

Entre sus obras poéticas más destacadas se encuentran A Change of world (1951), Snapshots of a daugther-in-law (1963), Driving into the Wreck (1972) or Twenty –one love poems (1977).

Selección y reseña: Marta Moreno (Departamento de Geografía e Historia)

Semana 6. 26 de octubre de 2018

 

Elegí la vida

No quise dormir sin sueños

y elegí la ilusión que me despierta,

el horizonte que me espera,

el proyecto que me llena,

y no la vida vacía de quien no busca nada,

de quien no desea nada más que sobrevivir cada día.

No quise vivir en la angustia:
y elegí la paz y la esperanza,
la luz,
el llanto que desahoga, que libera,
y no el que inspira lástima en vez de soluciones,                                                         
la queja que denuncia, la que se grita,
y no la que se murmura y no cambia nada.

No quise vivir cansado:
Y elegí el descanso del amigo y del abrazo,
el camino sin prosas, compartido,
y no parar nunca, no dormir nunca.
Elegí avanzar despacio, durante más tiempo,
y llegar más lejos,
habiendo disfrutado del paisaje.

No quise huir:

Y elegí mirar de frente,

Levantar la cabeza,

y enfrentarme a los miedos y fantasmas
porque no por darme la vuelta volarían.

No pude olvidar mis fallos:

pero elegí perdonarme, quererme,

llevar con dignidad mis miseria

y descubrir mis dones;

y  no vivir lamentándome

por aquello que no pude cambiar,

que me entristece, que me duele,

por el daño que hice y el que me hicieron.

Elegí aceptar el pasado.

No quise vivir solo:
y elegí la alegría de descubrir a otro,
de dar, de compartir,
y no el resentimiento sucio que encadena.
Elegí el amor.

Y hubo mil cosas que no elegí,
que me llegaron de pronto
y me transformaron la vida.
Cosas buenas y malas que no buscaba,
caminos por los que me perdí,
personas que vinieron y se fueron,
una vida que no esperaba.
Y elegí, al menos, cómo vivirla.

Elegí los sueños para decorarla,

La esperanza para sostenerla,

La valentía para afrontarla.

No quise vivir muriendo:

Y elegí la vida.

Así podré sonreír cuando llegue la muerte,

Aunque no la elija…

…porque moriré viviendo.

                                      (Rudyard Kipling )

Este poema de Rudyard  Kipling nos indica cómo ve él la vida. Vemos en principio  que para él la vida es mucho más que el simple hecho de la supervivencia.

 Es elegir en definitiva la verdad, pedirla y gritarla, denunciar para cambiar el mundo y no quejarse sin más. Es disfrutar del camino sin prisa pero sin pausa.

  El poeta opta por la elección de aceptar el pasado con sus luces y sus sombras, y en definitiva aceptarse a sí  mismo, de elegir el amor frente al resentimiento y el odio.

  Y frente a estas aceptaciones y elecciones, hay cosas que nos llegan sin haberlas elegido;  por eso decide aceptar con paciencia las cosas no elegidas y circunstanciales de la vida, porque hay que hacer una elección de todo aquello que ayuda a vivir el día a día con intensidad.

 Y por todo eso, a pesar de no elegir la muerte, ésta no se acepta igual si se ha vivido intensamente que si sólo se ha sobrevivido.

 Releyendo el poema recuerdo otro especialmente  famoso de este escritor. If (Si…). incluido en Acciones y Reacciones (Rewards and Fairies) escrita en 1910. En dicho poema  el autor enseña a su hijo como enfrentarse a la vida, la verdad y la mentira de ella, los amigos y enemigos reales y ficticios. Todo el poema está lleno de sabios consejos que pretenden en definitiva mostrarle  cuál es el camino adecuado para ser la persona que debe.

Si en If, Kipling da consejos a su hijo, en Elegí la vida nos anima a enfrentarnos con valentía a la vida en vez de escondernos ante las dificultades, a luchar en vez de pararnos. Y en definitiva, tanto en un poema como en otro, el autor sigue dándonos una lección de vida que es atemporal. Y esa atemporalidad  y universalidad es lo que me ha llevado a elegir este poema, porque en él se dicen verdades transcendentes , porque a través de él he recordado a mis padres que se han ido hace poco y porque he comprendido a través de sus obras, su bondad y su amor que ellos también eligieron la vida.

  El autor, Rudyard Kipling , nació en Bombay (India) en 1865 y murió en Gran Bretaña el 18 de enero de 1936.

  Fue un escritor y poeta británico que escribió relatos, cuentos infantiles, novelas y poesía. Tiene obras tan populares como El libro de la selva, Kim, o El hombre que pudo ser rey.

Recibió el premio Nobel de Literatura en 1907.

Para confirmar lo expresado por el autor en el poema de Elegí la vida podemos recordar las frases de otros autores célebres:

La vida no vivida es una enfermedad de la que se puede morir” (Carl Gustav Jung).

La mejor forma de abordar tu miedo a morir es abordar tu miedo a vivir” (Pedro Jara Vera).

A vivir se aprende toda la vida, y toda la vida se aprende a morir” (Séneca).

Sólo existe un sentido de la vida: el acto de vivirla plenamente” (Erich Fromm).

Selección y reseña: Avelina Pablo (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 5. 19 de octubre de 2018

El otoño se acerca

El otoño se acerca con muy poco ruido:

apagadas cigarras, unos grillos apenas,

defienden el reducto

de un verano obstinado en perpetuarse,

cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Se diría que aquí no pasa nada,

pero un silencio súbito ilumina el prodigio:

ha pasado

un ángel

que se llamaba luz, o fuego, o vida.

Y lo perdimos para siempre.

(Ángel González)

“El invierno es una aguafuerte, primavera una acuarela, un óleo de verano y otoño un mosaico de todos ellos.”
(Stanley Horowitz)

“El otoño es una segunda primavera, cuando cada hoja es una flor.”
(Albert Camus)

“El otoño es triste para el que no sabe divertirse.”
(Céline Blondeau)

“No existe belleza primaveral, ni el verano tiene tanta gracia, como el que he visto en un rostro otoñal.”
(John Done)

“No temas al otoño, si ha venido. Aunque caiga la flor, queda la rama. La rama queda para hacer el nido.”
(Leopoldo Lugones)

“Nada es más fugaz que la forma exterior, que se marchita y se altera como las flores del campo en la aparición de otoño.”
(Umberto Eco)

“Cada hoja habla de felicidad para mí, agitando los árboles de otoño.”
(Emily Bronte)

“Viento de otoño, tan fugaz como tú se fue mi amor.”
(Masajo Suzuki)

“La montaña oscurece y asume la púrpura magnificencia de las hojas en otoño.”
(Yosa Buson)

“El otoño devuelve a la tierra las hojas que ella le prestó en verano.”
(George Christoph Lechtenberg)

…………………………………………………………………………………………………………

¿Cómo definir, cómo glosar, este mágico periodo del año que nos envuelve?
Nos encontraríamos tantos tópicos positivos como negativos.

Por supuesto la vuelta al cole, los días cortos, cielos grises, la lluvia, la rutina, me aburro… pero parafraseando a una de las autoras, Céline Blondeau, este regalo de la Naturaleza que es el otoño solo sería triste para aquellas personas que no saben divertirse, que no aprecian la belleza de lo cotidiano en un olmo, un chopo o un fresno que va cambiando de color de manera casi imperceptible junto a nuestros bosques de ribera, que no se sienten sobrecogidos ante la ardiente luz de un serbal bermellón, la penetrante magia de un cobrizo hayedo de musgoso tronco, de las lánguidas ramas hojidoradas de un abedul, de la lobulada fortaleza de la hojarasca de un viejo roble.

Los frutos del otoño no son solo patrimonio de la percepción y la emoción, siguiendo con la vista, proseguimos el recorrido por los sentidos y alcanzamos también el tacto y el gusto (si la suerte acompaña) al encontrarnos con especies de deliciosos hongos (bien distinguidos de los del viaje eterno) que seguirán llenando de formas, colores y fragancias nuestro viaje por la foresta. No es el único manjar de estos días el que puede llegar a nuestros paladares, la castaña, fruto también de los bosques nos acompañará, si es que sabemos apreciarla. El aroma de este fruto era considerado el alimento de los muertos en la civilización celta, que celebraba su Samhain, paso de un mundo a otro, de un año a otro en la noche de las ánimas.

Las mágicas nieblas, esas veladas junto al olor a leña…
El paso del tiempo, el ensimismamiento, de esos días que pasan lentos, de esa primavera al revés (recordando a Camus), de ese regalo que es el otoño.

Así que…difícil escoger. Por ello el poema de esta semana van a ser varios a modo de haikus que lanzan más que miradas, sentimientos, impresiones, que identificándome finalmente con Emily Brönte, al agitarse los árboles del otoño, cada hoja habla de felicidad para mí.

Escoge el verso que más te guste y feliz otoño.

Selección y reseña: Pedro Vizcaíno (Departamento de Geografía e Historia)

Semana 4. 5 de octubre de 2018

Las tardes huelen al fin a ese otoño

que la memoria retiene en silencio,

los ocasos son suspiros y el frío

se hace piel de adolescente bisoño.

Hojas que caen haciéndose manto

para abrir las pisadas que deja

mi camino en esta tierra bermeja

que conoce los secretos y el llanto.

De lágrimas que en silencio vertía

en noches que no me alcanzaba el sueño

con la soledad como compañía

Y tu amanecer me hizo al fin el dueño

de la fuerza que en mi interior vivía,

y llegaste, haciendo real el sueño.

                                                  (Francisco Castro)

Francisco Castro es un poeta y escritor valenciano, colaborador de revistas y redactor de diferentes blogs de divulgación cultural y tecnológica ya que cursó estudios de Informática y Filosofía. Sus primeros contactos con la poesía fueron cuando todavía contaba con 17 años creando diferentes publicaciones independientes.

El poema forma parte del poemario El paseante entre cerezos, en el que trata temas relacionados con los sentimientos humanos tales como las pérdidas de seres queridos, la soledad o el dolor. En el caso que nos ocupa se aprecia, sin embargo, un sentimiento de recuperación, de superación del dolor, de capacidad ver las cosas positivas de la vida. Esos cerezos a los que se hace alusión en el título del libro hacen referencia a ese florecimiento, a esa capacidad de todo ser humano de sobreponerse a los acontecimientos negativos y al sufrimiento, a la capacidad de observar y, sobre todo, de ilusionarse con lo que el destino nos trae, permitiéndonos disfrutar de la vida. Porque la esperanza y el amor son capaces de mover el mundo.

Selección y reseña: Paula Sebastián (Departamento de Gegrafía e Historia)

Semana 3. 28 de septiembre de 2018

Pájaro azul 

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir

pero yo soy demasiado duro con él,
le digo, estate ahí dentro, no voy

a dejar que nadie 

te vea.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir

pero yo derramo whisky sobre él e inhalo

el humo de los cigarrillos

y las putas y los camareros

y los dependientes de ultramarinos

nunca saben que

él está

ahí dentro.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir

pero yo soy demasiado duro con él,
le digo, estate ahí abajo, ¿es que quieres

hacerme un lío?

¿quieres cargarte mis

obras?

¿quieres arruinar las ventas de mis libros

en Europa?

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir

pero yo soy muy listo, solo le dejo salir

algunas veces por la noche

cuando todo el mundo está dormido.

Y digo, sé que estás ahí,

así que no estés triste.

entonces lo vuelvo a guardar,

pero él canta un poco

allí dentro, no le he dejado

morir

y dormimos juntos

así

con nuestro

pacto secreto

y es lo suficientemente hermoso

para hacer a un hombre

llorar, pero yo no

lloro, ¿lo haces

tú?

Charles Bukowski
(Poemas de la última noche de la tierra, 1992)

Bluebird

there’s a bluebird in my heart that
wants to get out
but I’m too tough for him,
I say, stay in there, I’m not going
to let anybody see
you.


there’s a bluebird in my heart that
wants to get out
but I pour whiskey on him and inhale
cigarette smoke
and the whores and the bartenders
and the grocery clerks
never know that
he’s
in there.

there’s a bluebird in my heart that
wants to get out
but I’m too tough for him,
I say,
stay down, do you want to mess
me up?
you want to screw up the
works?
you want to blow my book sales in
Europe?


there’s a bluebird in my heart that
wants to get out
but I’m too clever, I only let him out
at night sometimes
when everybody’s asleep.
I say, I know that you’re there,
so don’t be sad.


then I put him back,
but he’s singing a little
in there, I haven’t quite let him
die
and we sleep together like
that
with our
secret pact
and it’s nice enough to
make a man
weep, but I don’t
weep, do
you?

Charles Bukowski
(
The Last Night of the Earth Poems, 1992)

Decía al hilo de “la película de la semana” (Blade Runner) que una de sus imágenes me había evocado este poema. Allí uno de los personajes sostiene una paloma contra su pecho como símbolo del “alma” o simplemente de aquello que nos hace ser humanos. Aunque la paloma es blanca, recordemos que en inglés “blue” (azul) se puede traducir por “triste”. Recordemos también que se trata de un androide que quiere ser humano, que ese pájaro trascienda su pecho y forme parte de él por todo lo que ha vivido. En el poema, en cambio, es el pájaro el que intenta salir y no puede, es el humano inmerso en el vacío existencial de un mundo sin sentido, in-humano o, mejor dicho, des-humanizado por nosotros mismos. A veces es peor mostrarse humano que desnudarse, es más vergonzoso que ser “puta” en una sociedad exhibicionista, desde los realities de telebasura a las redes sociales en una especie de pornografía de los egos, más que de los cuerpos, egos proyectados como hologramas virtuales, que muestran más lo que queremos ser que lo que somos, en definitiva falsos como los de un androide, o un zombie, o una máscara (el mismo autor confiesa que se “prostituye”, o vende su alma al diablo, por la fama de sus libros: por su propio ego).

Charles Bukowski (1920-1994) no es un autor que especialmente me guste, pero es uno de esos tan prolíficos, tan de escribir por impulso, tan sin pensar demasiado pero fiel a sí mismo, tan visceral y compulsivo, que de vez en cuando, por pura probabilidad estadística, suelta joyas sin pulir, en bruto, como ésta. Es un exponente del llamado “realismo sucio” (nada que ver con la ciencia ficción… o sí: los extremos se tocan). Su estilo podría recordarnos aquí al de Leopoldo María Panero o, sin ir más lejos, al del zaragozano Rafa Sanz. De fama tardía, quemó media vida trabajando doce horas diarias en correos y la otra media con el alcohol y otros vicios que relata en sus poemas. La quemó, contaminó, pero a veces brilló, y deslumbró con un fuego triste y azul capaz de fundir la plomiza existencia.

Sorprende por su aplastante pureza, su contundente sencillez, por hacer incluso de la vulgaridad virtud, de sublimar la soez, de embellecer lo sórdido en una especie de reciclaje poético de las miserias propias y ajenas para hacer la vida más “sostenible” y llevadera.

Sin un alarde de talento , da la impresión de que podría haberlo escrito cualquiera simplemente por ser auténtico. Pero a veces eso es lo más difícil. El caso es que llega, llega a cualquiera con algo (¡algo!) de sensibilidad. Podría incluso formar parte del test Voight-Kampff que en la película sirve para distinguir los androides de los humanos.

Confesión intimista y sarcástica hasta el final, donde da y no da su brazo a torcer. Porque, obviamente, SÍ que llora, pero lo hace en solitario. O en todo caso en compañía del folio en blanco, que le conecta indirectamente con nosotros. O en todo caso con lágrimas efímeras que se pierden como alcohol en la garganta, o vapor en el humo, pero jamás (¡jamás!) ante los ojos de la lluvia como en la peli. Lo hace con un desgarro que simula ser arañazo. Acaso como lloras TÚ tras tu particular disfraz, ajeno a la tormentosa lluvia de las miradas.

Y sí, a veces es de belleza. A veces de alegría. A veces de risa, inocente… que en el fondo puede resultar ser malvada: porque quien bien te quiere te hará llorar.

Dejemos que ese pájaro nos cante al oído y nos eleve en con su vuelo interno.

Selección y reseña: Javier Castán

Semana 2. 21 de septiembre de 2018

Un poema, un libro y una película…

Nature’s first green is gold,
Her hardest hue to hold.
Her early leaf’s a flower,
But only so an hour.
Then leaf subsides to leaf.
So Eden sank to grief,
So dawn goes down to day.
Nothing gold can stay.

– Robert Frost –

De la naturaleza el primer verde es oro
su matiz más difícil de asir;
su más temprana hoja es flor,
pero por una hora tan solo.
Luego la hoja es hoja queda.
Así se abate el Edén de tristeza;
así se sume en el día el amanecer.
Nada dorado puede permanecer

“Notingh Gold Can Stay” es un poema del escritor estadounidense Robert Frost (San Francisco, 1874 – Boston 1963), quien es considerado como uno de los fundadores de la poesía moderna en su país. Fue publicado en la revista literaria The Yale Rewiew en 1923 y más tarde en la colección New Hampshire, que incluye los poemas “Fire and Ice” y “Stopping by Woods on a Snowy Evening”, lo que le supuso el Premio Pulitzer de poesía en 1924. Su poesía, sencilla e inmediata, cala hondo en el lector y conecta con la esencia más íntima de cada individuo, lo que queda patente en la lectura del poema.

¿Por qué lo he elegido?

La primera vez que lo leí fue en la novela “Rebeldes” de la escritora Susan E. Hinton, donde adquiere un papel fundamental en la trama de la obra. La primera vez que lo escuché (doblado al castellano como se recoge en la traducción) fue en la película del mismo título de Francis Ford Coppola (gracias a Internet ahora podemos escucharlo también en versión original y leído por el propio autor) . Algo tiene que tener para que este poema se haya convertido en referente de generaciones de lectores y lectoras que han llegado a él y a su autor, a través de la magia de la literatura o del cine, como es mi caso. De ahí el título inicial “un poema, un libro y una película”, porque de una manera u otra, hubiera llegado hasta él.

En el análisis del poema, Frost, marcado por sus experiencias vitales, nos muestra la pérdida como algo inevitable desde la observación cercana de la naturaleza, sometida a sus ciclos y al cambio. La idea de lo transitorio y fugaz está presente de manera clara: lo más precioso, lo dorado, es lo más difícil de asir. La referencia al Edén, como paraíso perdido y al instante del amanecer que se desvanece, nos lleva a recordar que debemos aprovechar al máximo los momentos valiosos que por su propia naturaleza no podemos retener.

Por ello, lectores y lectoras, intentar disfrutar de esos momentos que la poesía de Frost nos ofrece como algo precioso y que siguen inspirando libros, series y películas (¿a quién no le suena lo de “Fuego y hielo?). Si ya lo conocéis, os invito a recordarlo… si no lo conocías… ¿a qué estás esperando?

Selección y reseña: Ana Belén Arnauda Acero (Profesora de Geografía e Historia)

Semana 1. 14 de septiembre de 2018

Viuamus, mea Lesbia, atque amemus,
rumoresque senum seueriorum
omnes unius aestimemus assis.
Soles occidere et redire possunt:
nobis, cum semel occidit breuis lux,
nox est perpetua una dormienda.
Da mi basia mille, deinde centum,
dein mille altera, dein secunda centum,
deinde usque altera mille, deinde centum.
Dein, cum milia multa fecerimus,
conturbabimus illa, ne sciamus,
aut nequis malus inuidere possit,
cum tantum sciat esse basiorum.

Vivamos, Lesbia mía, y amémonos.
Que los rumores de los viejos severos
no nos importen.
El sol puede salir y ponerse:
nosotros, cuando acabe nuestra breve luz,
dormiremos una noche eterna.
Dame mil besos, después cien,
luego otros mil, luego otros cien,
después hasta dos mil, después otra vez cien;
luego, cuando lleguemos a muchos miles,
perderemos la cuenta, no la sabremos nosotros
ni el envidioso, y así no podrá maldecirnos
al saber el total de nuestros besos.

                                                           (Catulo)

Gayo Valerio Catulo (84-54 a.C.) nació en Verona, en el norte de Italia, de una familia perteneciente a la aristocracia municipal. Estudió en Roma y, tras regresar a Verona a la muerte de su hermano, viajó a Asia Menor formando parte del estado mayor del pretor Memmio. Estuvo relacionado con Clodia, esposa de Metelo y hermana del turbulento tribuno Cayo Clodio, de la antigua familia patricia de los Claudios. Según testimonios antiguos, esta Clodia, de la que Cicerón deja un retrato en su “Defensa a Celio”, debió de ser la Lesbia inmortalizada por el poeta en este poema. Conviene, sin embargo, guardar las debidas distancias entre los pintado y lo vivo: el propio Catulo recomienda al poeta ser atrevido y picante en sus versos, pero decente en su vida.

Autor del primer libro conservado de poesía lírica latina, enriquece la cultura occidental con un nuevo concepto de relación amorosa en la que un ciudadano romano rompe el decoro que se espera de su elevada posición aristocrática, aceptando pasivamente las infidelidades de la amada y trasladando a la antaño ocasional y pasajera pasión por una mujer cualquiera los sentimientos de lealtad y reciprocidad en que se apoyaba la vida social romana y el sentido de perdurabilidad y eternidad de un matrimonio. Catulo es el poeta de lo momentáneo, capaz de convertir en poesía cualquier situación cotidiana, trasladando a sus versos la vida social de la época, tratando a sus protagonistas con ternura o sarcasmo, con delicadeza o brutalidad, con refinada ironía o evidente rudeza. Dotado de una gran técnica poética que sabe ocultar con mucha habilidad, disfraza el arte con la máscara de la verdad vital, aspecto que valora por encima de todo nuestra época, pero que no fue el más apreciado por sus contemporáneos, quienes imitaron sobre todo sus excelencias como poeta, la movilidad de sus variados registros y el haber puesto la poesía romana a una altura desde la que su propio quehacer resultó a la vez más fácil y más difícil.

La relación que tenía el poeta con Clodia fue conflictiva ya que, después de entregarse por primera vez a él, le fue infiel, y dejó a Catulo en un constante debate entre el amor y el odio por ella y sus conocidos (recordamos el verso “Odi et amo”, te odio y te amo). Este poema, en pleno éxtasis amoroso, invita a Lesbia a vivir, a amar, es una exaltación del instante presente, feliz. En ese momento del amor no importa nada: ni los rumores, ni los envidiosos, ni lo que está bien o mal, sólo el hecho de estar con el otro cobra absoluta importancia, el darse “mil besos, luego ciento, después mil otra vez…” y olvidarse del mundo para entregarse a la amada.

El hecho de pedir más y más besos viene porque en esa época se creía que el conocimiento exacto del número de besos podría atraer las maldiciones de los envidiosos. También el concepto del “carpe diem”, del “tempus fugit” aparece en esa “noche eterna para dormir”. En resumen, Catulo nos abre paso al amor con todas sus consecuencias, nos enseña además que el sentimiento de amor hacia una persona es innato al ser humano, es tan contemporáneo que cualquiera de sus versos bien podría utilizarse en las cartas de los enamorados de nuestra época.

Profesor: Javier Alcutén (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 22. 22 de junio de 2018.

Beatus ille qui procul negotiis,
ut prisca gens mortalium
paterna rura bobus exercet
suis, solutus omni faenore,
neque excitatur classico miles truci
neque horret iratum mare,
forumque vitat et superba civium
potentiorum limina.

Dichoso aquél que lejos de los negocios,
como la antigua raza de los hombres,
dedica su tiempo a trabajar los campos paternos con sus propios bueyes, libre de toda deuda,
y no se despierta como los soldados con el toque de diana amenazador, ni tiene miedo a los ataques del mar,
que evita el foro y los soberbios palacios
de los ciudadanos poderosos.

                                                                 (Horacio)

A diferencia de Catulo, Horacio (65-8 a.C.) es un poeta de origen humilde. Hijo de liberto, recibió una educación esmerada gracias a la dedicación de su padre y apareció en la élite intelectual y política de Roma en el momento de su máxima expansión. Cuando para otros este dato sería triunfalista, para él se transforma en su obra en un motivo de humildad, de falta de vanidad y de sentido del límite, explicando de esta manera esa “aurea mediocritas” (dorada medianía, todo en su justa medida) anhelada en sus poemas. Horacio aparece de una manera más creíble en sus poemas que Catulo, en cambio su individualismo es mucho menor. Es un experto en hablar de sí mismo de manera significativa, ofreciendo un rasgo egocéntrico que nunca cansa, como se refleja en su poema “Beatus ille” (dichoso aquél).

Si nos fijamos en el poema, es probable que Horacio quisiera criticar a los ricos que se retiran al campo despegándose de la riqueza terrenal, como se puede ver en los cuatro últimos versos. Más tarde, el hombre del Renacimiento buscará esa vida tranquila y placentera del campo en detrimento de la ciudad, y junto al “locus amoenus” (lugar ameno) y al “tempus fugit” (el tiempo huye), se convertirá en una de las aspiraciones, como se puede apreciar en la oda A la vida retirada de fray Luis de León:

¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruido,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido…

Selección y reseña: Javier Alcutén (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 21. 15 de junio de 2018.

Esta semana queríamos presentaros algo diferente. Se trata de la obra de Bárbara Serrano, una escultora afincada en Zaragoza que también se dedica a la enseñanza en el ámbito de secundaria.

Bárbara acostumbra a presentar sus esculturas acompañadas siempre de unos versos. A través de ellos somos capaces de vivir con una mayor intensidad y tener una mejor percepción de lo que nos quiere transmitir con su obra.

En esta ocasión queremos presentaros una de sus últimas creaciones: Pérdida.

Tristes tiempos de guerra.

Desde la lejanía observo

el campo de batalla.

Dolor, muerte, destrucción.

Campos angostos que un día

brillaron con el verdor de la primavera.

El dolor crece, me ciega,

se concreta, se me apodera,

me agarra el alma,

la estruja y la zarandea.

Sólo puedo gritar, sólo puedo llorar.

No puedo escucharte, no puedo verte.

¿Qué mundo es éste

en el que tú no estás?

Campos de guerra denostados

tras la batalla, luchas absurdas, victorias vacías,

sembrados regados con sangre

que sangre nos ofrecen.

Abandono, culpa, venganza, miedo,

palabras poderosas

que en la sombra callan.

¿Quién mató a quién?

¿Dónde damos sepultura

al tiempo que nos faltó por vivir?

Desde la lejanía observo

el campo de batalla.

Enraizada en su lecho veo absorta

lo que no viví, lo que perdí.

No hay consuelo, no hay esperanza.

Tal vez el perdón sea el único camino.

                                               (Bárbara Serrano)

Esta fusión entre escultura y poesía, nos lleva a experimentar la pérdida de un ser amado. La obra plástica, a través de una mirada hacia la lejanía, pretende transmitir tristeza, soledad y silencio. Los versos enfatizan el aporte de la escultura, nos hacen experimentar paulatinamente los diferentes estados del proceso de decir adiós, la rabia, la desesperanza y el abandono que conducen finalmente a la resignación.

Selección y reseña: Ana de Val.

Semana 20. 8 de junio de 2018.

EN LA MUERTE DE JOSÉ DE CIRIA Y ESCALANTE

¿Quién dirá que te vio, y en qué momento?
¡Qué dolor de penumbra iluminada!
Dos voces suenan: el reloj y el viento,
mientras flota sin ti la madrugada.

Un delirio de nardo ceniciento
invade tu cabeza delicada.
¡Hombre! ¡Pasión! ¡Dolor de luz! Memento.
Vuelve hecho luna y corazón de nada.

Vuelve hecho luna: con mi propia mano
lanzaré tu manzana sobre el río
turbio de rojos peces y verano.

Y tú, arriba, en lo alto, verde y frío,
¡olvídame! y olvida el mundo vano,
delicado Giocondo, amigo mío.

                                                       (Federico García Lorca)

Federico García Lorca escribía en una carta a Melchor Fernández Almagro sobre su gran amigo José de Ciria y Escalante lo siguiente:

Estos días los he pasado mal, porque yo quería dedicarle a nuestro Ciria un tierno y auténtico recuerdo, pero por más que luchaba no conseguía (y esto es raro en mí) que la fuente, ¡mi fuente!, manara por él. Ayer tarde estaba en una oscura y fresca alameda y le dije: Pepe, ¿por qué no quieres que te evoque? Y sentí que mis ojos se llenaban de lágrimas. Entonces, y tras diez días de esfuerzo continuo, conseguí en un instante parir el soneto que te envío.

Este magnífico soneto, que fue recogido por Gerardo Diego en la primera edición de su Antología poética, ha permitido que se mantenga la memoria de este poeta santanderino fallecido prematuramente a los veinte años.

El poema recoge la delicadeza de las imágenes y sentimientos típicamente lorquianos a través de menciones como la de la luna y el nardo ceniciento.

 Dando forma poética a lo que el propio Lorca refleja en su carta respecto al proceso de creación del soneto, se nos presenta el duelo de la muerte como la suspensión del tiempo y el vaciado del espacio, ambas cosas metáfora de la pérdida de sentido que nos embarga con el fallecimiento de un ser tan próximo. Como contraste, Lorca adopta aquí una forma poética clásica, el soneto, que, a diferencia de lo que sucede, por ejemplo, con el fluir casi instintivo del romance, que fuerzan a la contención a unos sentimientos que no se va a permitir desbordar, lo que intensifica el impacto emocional del poema.

Selección y reseña: Ana Bellé (Departamento de Matemáticas)

Semana 19. 1 de junio de 2018.

Hagamos un trato

Compañera, 
usted sabe 
que puede contar conmigo, 
no hasta dos ni hasta diez 
sino contar conmigo. 

Si algunas veces 
advierte 
que la miro a los ojos, 
y una veta de amor 
reconoce en los míos, 
no alerte sus fusiles 
ni piense que deliro; 
a pesar de la veta, 
o tal vez porque existe, 

usted puede contar 
conmigo. 

Si otras veces 
me encuentra 
huraño sin motivo, 
no piense que es flojera 
igual puede contar conmigo. 

Pero hagamos un trato: 
yo quisiera contar con usted, 
es tan lindo 
saber que usted existe, 
uno se siente vivo; 
y cuando digo esto 
quiero decir contar 
aunque sea hasta dos, 
aunque sea hasta cinco. 

No ya para que acuda 
presurosa en mi auxilio, 
sino para saber 
a ciencia cierta 
que usted sabe que puede 
contar conmigo.

(MARIO BENEDETTI)

HAGAMOS UN TRATO” es generosidad, amor, amistad y lealtad.
Benedetti parte de un concepto cotidiano, el trato, para exponer una promesa. Estos versos de Benedetti carecen de drama, de estruendo romántico; el poeta se ofrece sin ambages, sin esperar nada a cambio.

¿Amor o amistad? Tal vez sea esa dualidad, a veces contradictoria, la que late en el reverso de este poema. La pasión puede ser egoísta, pero el amor incondicional no conoce la codicia.

Desde este ENLACE se puede escuchar al propio Benedetti recitando su “Hagamos un trato”.

Incluso Joan Manuel Serrat en el álbum “El sur también existe” (1985) hizo de esta poesía una preciosa canción: https://www.youtube.com/watch?v=fYVrb4O1PWs

Mario Benedetti(1920-2009)

Nació el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, departamento de Tacuarembóa 200 kilómetros al norte de Montevideo.

A los cuatro años, se trasladó a Montevideo, debido al trabajo de su padre, farmacéutico.

Cursó primaria en el Colegio Alemán de esa ciudad y secundaria, como alumno libre. Desde los catorce años, empezó a trabajar como taquígrafo, cajero, vendedor, librero, periodista, traductor, empleado público y de comercio.

Miembro destacado de la llamada “generación uruguaya del 45“, sus libros participaron del “boom” de ventas de la narrativa latinoamericana de los años 50 a los 70 y sus textos han sido recogidos y divulgados por cantantes comoViglietiRosa LeónJairoLuis PastorIsabel ParraSoledad Bravo, y Claudia y Alberto.

De 1945 a 1975 trabaja en el semanario Marcha, clausurado por la dictadura. Es profesor de literaturay parte como exiliadoen los años setenta a Buenos AiresLimaLa HabanaEspaña.

Cultivó todos los géneros, con iniciación en la poesíaen libros como Poemas de oficina(1956), de tono cotidiano y existencial. Con los cuentos Montevideanos(1960) incursionó en el realismo. En 1960 ensayó la crítica político-socialcon El país de la cola de paja. Sus novelas La tregua(1960) y Gracias por el fuego(1965) tratan de los vicios sociales de la sociedad de consumo. Su narrativase politizó con El cumpleaños de Juan Ángel (1971) y Primavera con una esquina rota(1982), incorporando el tema del exilio y el retorno en La casa y el ladrillo(1977), Vientos del exilio(1982), Geografías(1984) y Las soledades de Babel(1991). Su obra de teatro Pedro y el capitán(1979) aborda la tortura.

Sigue leyendo: https://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/869/Mario%20Benedetti

Selección y reseña: Elena Galay

Semana 18. 25 de mayo de 2018.

Mai, mira me as mans;

As trayo buedas,

Lasas de amar…

Son dos alas

D’un biello pardal

que no puede

sisquiera bolar.

Mai, mira me os güellos,

n’o cielo perdius

n’un fondo silenzio…

Son dos purnas

Chitadas d’o fuego

Que no alumbran

ni matan o chelo.

Mai, mira me l’alma

aflamada de sete,

enxuta d’asperanza…

Ye un campo labrau

an no i crecen qu’allagas