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La poesía de la semana

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Semana 5. 19 de octubre de 2019

El otoño se acerca

El otoño se acerca con muy poco ruido:

apagadas cigarras, unos grillos apenas,

defienden el reducto

de un verano obstinado en perpetuarse,

cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Se diría que aquí no pasa nada,

pero un silencio súbito ilumina el prodigio:

ha pasado

un ángel

que se llamaba luz, o fuego, o vida.

Y lo perdimos para siempre.

(Ángel González)

“El invierno es una aguafuerte, primavera una acuarela, un óleo de verano y otoño un mosaico de todos ellos.”
(Stanley Horowitz)

“El otoño es una segunda primavera, cuando cada hoja es una flor.”
(Albert Camus)

“El otoño es triste para el que no sabe divertirse.”
(Céline Blondeau)

“No existe belleza primaveral, ni el verano tiene tanta gracia, como el que he visto en un rostro otoñal.”
(John Done)

“No temas al otoño, si ha venido. Aunque caiga la flor, queda la rama. La rama queda para hacer el nido.”
(Leopoldo Lugones)

“Nada es más fugaz que la forma exterior, que se marchita y se altera como las flores del campo en la aparición de otoño.”
(Umberto Eco)

“Cada hoja habla de felicidad para mí, agitando los árboles de otoño.”
(Emily Bronte)

“Viento de otoño, tan fugaz como tú se fue mi amor.”
(Masajo Suzuki)

“La montaña oscurece y asume la púrpura magnificencia de las hojas en otoño.”
(Yosa Buson)

“El otoño devuelve a la tierra las hojas que ella le prestó en verano.”
(George Christoph Lechtenberg)

…………………………………………………………………………………………………………

¿Cómo definir, cómo glosar, este mágico periodo del año que nos envuelve?
Nos encontraríamos tantos tópicos positivos como negativos.

Por supuesto la vuelta al cole, los días cortos, cielos grises, la lluvia, la rutina, me aburro… pero parafraseando a una de las autoras, Céline Blondeau, este regalo de la Naturaleza que es el otoño solo sería triste para aquellas personas que no saben divertirse, que no aprecian la belleza de lo cotidiano en un olmo, un chopo o un fresno que va cambiando de color de manera casi imperceptible junto a nuestros bosques de ribera, que no se sienten sobrecogidos ante la ardiente luz de un serbal bermellón, la penetrante magia de un cobrizo hayedo de musgoso tronco, de las lánguidas ramas hojidoradas de un abedul, de la lobulada fortaleza de la hojarasca de un viejo roble.

Los frutos del otoño no son solo patrimonio de la percepción y la emoción, siguiendo con la vista, proseguimos el recorrido por los sentidos y alcanzamos también el tacto y el gusto (si la suerte acompaña) al encontrarnos con especies de deliciosos hongos (bien distinguidos de los del viaje eterno) que seguirán llenando de formas, colores y fragancias nuestro viaje por la foresta. No es el único manjar de estos días el que puede llegar a nuestros paladares, la castaña, fruto también de los bosques nos acompañará, si es que sabemos apreciarla. El aroma de este fruto era considerado el alimento de los muertos en la civilización celta, que celebraba su Samhain, paso de un mundo a otro, de un año a otro en la noche de las ánimas.

Las mágicas nieblas, esas veladas junto al olor a leña…
El paso del tiempo, el ensimismamiento, de esos días que pasan lentos, de esa primavera al revés (recordando a Camus), de ese regalo que es el otoño.

Así que…difícil escoger. Por ello el poema de esta semana van a ser varios a modo de haikus que lanzan más que miradas, sentimientos, impresiones, que identificándome finalmente con Emily Brönte, al agitarse los árboles del otoño, cada hoja habla de felicidad para mí.

Escoge el verso que más te guste y feliz otoño.

Selección y reseña: Pedro Vizcaíno (Departamento de Geografía e Historia)

Semana 4. 5 de octubre de 2019

 

Las tardes huelen al fin a ese otoño

que la memoria retiene en silencio,

los ocasos son suspiros y el frío

se hace piel de adolescente bisoño.

Hojas que caen haciéndose manto

para abrir las pisadas que deja

mi camino en esta tierra bermeja

que conoce los secretos y el llanto.

De lágrimas que en silencio vertía

en noches que no me alcanzaba el sueño

con la soledad como compañía

Y tu amanecer me hizo al fin el dueño

de la fuerza que en mi interior vivía,

y llegaste, haciendo real el sueño.

                                                  (Francisco Castro)

Francisco Castro es un poeta y escritor valenciano, colaborador de revistas y redactor de diferentes blogs de divulgación cultural y tecnológica ya que cursó estudios de Informática y Filosofía. Sus primeros contactos con la poesía fueron cuando todavía contaba con 17 años creando diferentes publicaciones independientes.

El poema forma parte del poemario El paseante entre cerezos, en el que trata temas relacionados con los sentimientos humanos tales como las pérdidas de seres queridos, la soledad o el dolor. En el caso que nos ocupa se aprecia, sin embargo, un sentimiento de recuperación, de superación del dolor, de capacidad ver las cosas positivas de la vida. Esos cerezos a los que se hace alusión en el título del libro hacen referencia a ese florecimiento, a esa capacidad de todo ser humano de sobreponerse a los acontecimientos negativos y al sufrimiento, a la capacidad de observar y, sobre todo, de ilusionarse con lo que el destino nos trae, permitiéndonos disfrutar de la vida. Porque la esperanza y el amor son capaces de mover el mundo.

Selección y reseña: Paula Sebastián (Departamento de Gegrafía e Historia)

Semana 3. 28 de septiembre de 2019

Pájaro azul 

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir

pero yo soy demasiado duro con él,
le digo, estate ahí dentro, no voy

a dejar que nadie 

te vea.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir

pero yo derramo whisky sobre él e inhalo

el humo de los cigarrillos

y las putas y los camareros

y los dependientes de ultramarinos

nunca saben que

él está

ahí dentro.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir

pero yo soy demasiado duro con él,
le digo, estate ahí abajo, ¿es que quieres

hacerme un lío?

¿quieres cargarte mis

obras?

¿quieres arruinar las ventas de mis libros

en Europa?

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir

pero yo soy muy listo, solo le dejo salir

algunas veces por la noche

cuando todo el mundo está dormido.

Y digo, sé que estás ahí,

así que no estés triste.

entonces lo vuelvo a guardar,

pero él canta un poco

allí dentro, no le he dejado

morir

y dormimos juntos

así

con nuestro

pacto secreto

y es lo suficientemente hermoso

para hacer a un hombre

llorar, pero yo no

lloro, ¿lo haces

tú?

Charles Bukowski
(Poemas de la última noche de la tierra, 1992)

Bluebird

there’s a bluebird in my heart that
wants to get out
but I’m too tough for him,
I say, stay in there, I’m not going
to let anybody see
you.


there’s a bluebird in my heart that
wants to get out
but I pour whiskey on him and inhale
cigarette smoke
and the whores and the bartenders
and the grocery clerks
never know that
he’s
in there.

there’s a bluebird in my heart that
wants to get out
but I’m too tough for him,
I say,
stay down, do you want to mess
me up?
you want to screw up the
works?
you want to blow my book sales in
Europe?


there’s a bluebird in my heart that
wants to get out
but I’m too clever, I only let him out
at night sometimes
when everybody’s asleep.
I say, I know that you’re there,
so don’t be sad.


then I put him back,
but he’s singing a little
in there, I haven’t quite let him
die
and we sleep together like
that
with our
secret pact
and it’s nice enough to
make a man
weep, but I don’t
weep, do
you?

Charles Bukowski
(
The Last Night of the Earth Poems, 1992)

Decía al hilo de “la película de la semana” (Blade Runner) que una de sus imágenes me había evocado este poema. Allí uno de los personajes sostiene una paloma contra su pecho como símbolo del “alma” o simplemente de aquello que nos hace ser humanos. Aunque la paloma es blanca, recordemos que en inglés “blue” (azul) se puede traducir por “triste”. Recordemos también que se trata de un androide que quiere ser humano, que ese pájaro trascienda su pecho y forme parte de él por todo lo que ha vivido. En el poema, en cambio, es el pájaro el que intenta salir y no puede, es el humano inmerso en el vacío existencial de un mundo sin sentido, in-humano o, mejor dicho, des-humanizado por nosotros mismos. A veces es peor mostrarse humano que desnudarse, es más vergonzoso que ser “puta” en una sociedad exhibicionista, desde los realities de telebasura a las redes sociales en una especie de pornografía de los egos, más que de los cuerpos, egos proyectados como hologramas virtuales, que muestran más lo que queremos ser que lo que somos, en definitiva falsos como los de un androide, o un zombie, o una máscara (el mismo autor confiesa que se “prostituye”, o vende su alma al diablo, por la fama de sus libros: por su propio ego).

Charles Bukowski (1920-1994) no es un autor que especialmente me guste, pero es uno de esos tan prolíficos, tan de escribir por impulso, tan sin pensar demasiado pero fiel a sí mismo, tan visceral y compulsivo, que de vez en cuando, por pura probabilidad estadística, suelta joyas sin pulir, en bruto, como ésta. Es un exponente del llamado “realismo sucio” (nada que ver con la ciencia ficción… o sí: los extremos se tocan). Su estilo podría recordarnos aquí al de Leopoldo María Panero o, sin ir más lejos, al del zaragozano Rafa Sanz. De fama tardía, quemó media vida trabajando doce horas diarias en correos y la otra media con el alcohol y otros vicios que relata en sus poemas. La quemó, contaminó, pero a veces brilló, y deslumbró con un fuego triste y azul capaz de fundir la plomiza existencia.

Sorprende por su aplastante pureza, su contundente sencillez, por hacer incluso de la vulgaridad virtud, de sublimar la soez, de embellecer lo sórdido en una especie de reciclaje poético de las miserias propias y ajenas para hacer la vida más “sostenible” y llevadera.

Sin un alarde de talento , da la impresión de que podría haberlo escrito cualquiera simplemente por ser auténtico. Pero a veces eso es lo más difícil. El caso es que llega, llega a cualquiera con algo (¡algo!) de sensibilidad. Podría incluso formar parte del test Voight-Kampff que en la película sirve para distinguir los androides de los humanos.

Confesión intimista y sarcástica hasta el final, donde da y no da su brazo a torcer. Porque, obviamente, SÍ que llora, pero lo hace en solitario. O en todo caso en compañía del folio en blanco, que le conecta indirectamente con nosotros. O en todo caso con lágrimas efímeras que se pierden como alcohol en la garganta, o vapor en el humo, pero jamás (¡jamás!) ante los ojos de la lluvia como en la peli. Lo hace con un desgarro que simula ser arañazo. Acaso como lloras TÚ tras tu particular disfraz, ajeno a la tormentosa lluvia de las miradas.

Y sí, a veces es de belleza. A veces de alegría. A veces de risa, inocente… que en el fondo puede resultar ser malvada: porque quien bien te quiere te hará llorar.

Dejemos que ese pájaro nos cante al oído y nos eleve en con su vuelo interno.

Selección y reseña: Javier Castán

 

Semana 2. 21 de septiembre de 2019

Un poema, un libro y una película…

Nature’s first green is gold,
Her hardest hue to hold.
Her early leaf’s a flower,
But only so an hour.
Then leaf subsides to leaf.
So Eden sank to grief,
So dawn goes down to day.
Nothing gold can stay.

– Robert Frost –

De la naturaleza el primer verde es oro
su matiz más difícil de asir;
su más temprana hoja es flor,
pero por una hora tan solo.
Luego la hoja es hoja queda.
Así se abate el Edén de tristeza;
así se sume en el día el amanecer.
Nada dorado puede permanecer

“Notingh Gold Can Stay” es un poema del escritor estadounidense Robert Frost (San Francisco, 1874 – Boston 1963), quien es considerado como uno de los fundadores de la poesía moderna en su país. Fue publicado en la revista literaria The Yale Rewiew en 1923 y más tarde en la colección New Hampshire, que incluye los poemas “Fire and Ice” y “Stopping by Woods on a Snowy Evening”, lo que le supuso el Premio Pulitzer de poesía en 1924. Su poesía, sencilla e inmediata, cala hondo en el lector y conecta con la esencia más íntima de cada individuo, lo que queda patente en la lectura del poema.

¿Por qué lo he elegido?

La primera vez que lo leí fue en la novela “Rebeldes” de la escritora Susan E. Hinton, donde adquiere un papel fundamental en la trama de la obra. La primera vez que lo escuché (doblado al castellano como se recoge en la traducción) fue en la película del mismo título de Francis Ford Coppola (gracias a Internet ahora podemos escucharlo también en versión original y leído por el propio autor) . Algo tiene que tener para que este poema se haya convertido en referente de generaciones de lectores y lectoras que han llegado a él y a su autor, a través de la magia de la literatura o del cine, como es mi caso. De ahí el título inicial “un poema, un libro y una película”, porque de una manera u otra, hubiera llegado hasta él.

En el análisis del poema, Frost, marcado por sus experiencias vitales, nos muestra la pérdida como algo inevitable desde la observación cercana de la naturaleza, sometida a sus ciclos y al cambio. La idea de lo transitorio y fugaz está presente de manera clara: lo más precioso, lo dorado, es lo más difícil de asir. La referencia al Edén, como paraíso perdido y al instante del amanecer que se desvanece, nos lleva a recordar que debemos aprovechar al máximo los momentos valiosos que por su propia naturaleza no podemos retener.

Por ello, lectores y lectoras, intentar disfrutar de esos momentos que la poesía de Frost nos ofrece como algo precioso y que siguen inspirando libros, series y películas (¿a quién no le suena lo de “Fuego y hielo?). Si ya lo conocéis, os invito a recordarlo… si no lo conocías… ¿a qué estás esperando?

Selección y reseña: Ana Belén Arnauda Acero (Profesora de Geografía e Historia)

Semana 1. 14 de septiembre de 2019

Viuamus, mea Lesbia, atque amemus,
rumoresque senum seueriorum
omnes unius aestimemus assis.
Soles occidere et redire possunt:
nobis, cum semel occidit breuis lux,
nox est perpetua una dormienda.
Da mi basia mille, deinde centum,
dein mille altera, dein secunda centum,
deinde usque altera mille, deinde centum.
Dein, cum milia multa fecerimus,
conturbabimus illa, ne sciamus,
aut nequis malus inuidere possit,
cum tantum sciat esse basiorum.

Vivamos, Lesbia mía, y amémonos.
Que los rumores de los viejos severos
no nos importen.
El sol puede salir y ponerse:
nosotros, cuando acabe nuestra breve luz,
dormiremos una noche eterna.
Dame mil besos, después cien,
luego otros mil, luego otros cien,
después hasta dos mil, después otra vez cien;
luego, cuando lleguemos a muchos miles,
perderemos la cuenta, no la sabremos nosotros
ni el envidioso, y así no podrá maldecirnos
al saber el total de nuestros besos.

                                                           (Catulo)

Gayo Valerio Catulo (84-54 a.C.) nació en Verona, en el norte de Italia, de una familia perteneciente a la aristocracia municipal. Estudió en Roma y, tras regresar a Verona a la muerte de su hermano, viajó a Asia Menor formando parte del estado mayor del pretor Memmio. Estuvo relacionado con Clodia, esposa de Metelo y hermana del turbulento tribuno Cayo Clodio, de la antigua familia patricia de los Claudios. Según testimonios antiguos, esta Clodia, de la que Cicerón deja un retrato en su “Defensa a Celio”, debió de ser la Lesbia inmortalizada por el poeta en este poema. Conviene, sin embargo, guardar las debidas distancias entre los pintado y lo vivo: el propio Catulo recomienda al poeta ser atrevido y picante en sus versos, pero decente en su vida.

Autor del primer libro conservado de poesía lírica latina, enriquece la cultura occidental con un nuevo concepto de relación amorosa en la que un ciudadano romano rompe el decoro que se espera de su elevada posición aristocrática, aceptando pasivamente las infidelidades de la amada y trasladando a la antaño ocasional y pasajera pasión por una mujer cualquiera los sentimientos de lealtad y reciprocidad en que se apoyaba la vida social romana y el sentido de perdurabilidad y eternidad de un matrimonio. Catulo es el poeta de lo momentáneo, capaz de convertir en poesía cualquier situación cotidiana, trasladando a sus versos la vida social de la época, tratando a sus protagonistas con ternura o sarcasmo, con delicadeza o brutalidad, con refinada ironía o evidente rudeza. Dotado de una gran técnica poética que sabe ocultar con mucha habilidad, disfraza el arte con la máscara de la verdad vital, aspecto que valora por encima de todo nuestra época, pero que no fue el más apreciado por sus contemporáneos, quienes imitaron sobre todo sus excelencias como poeta, la movilidad de sus variados registros y el haber puesto la poesía romana a una altura desde la que su propio quehacer resultó a la vez más fácil y más difícil.

La relación que tenía el poeta con Clodia fue conflictiva ya que, después de entregarse por primera vez a él, le fue infiel, y dejó a Catulo en un constante debate entre el amor y el odio por ella y sus conocidos (recordamos el verso “Odi et amo”, te odio y te amo). Este poema, en pleno éxtasis amoroso, invita a Lesbia a vivir, a amar, es una exaltación del instante presente, feliz. En ese momento del amor no importa nada: ni los rumores, ni los envidiosos, ni lo que está bien o mal, sólo el hecho de estar con el otro cobra absoluta importancia, el darse “mil besos, luego ciento, después mil otra vez…” y olvidarse del mundo para entregarse a la amada.

El hecho de pedir más y más besos viene porque en esa época se creía que el conocimiento exacto del número de besos podría atraer las maldiciones de los envidiosos. También el concepto del “carpe diem”, del “tempus fugit” aparece en esa “noche eterna para dormir”. En resumen, Catulo nos abre paso al amor con todas sus consecuencias, nos enseña además que el sentimiento de amor hacia una persona es innato al ser humano, es tan contemporáneo que cualquiera de sus versos bien podría utilizarse en las cartas de los enamorados de nuestra época.

Profesor: Javier Alcutén (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 22. 22 de junio de 2018.

Beatus ille qui procul negotiis,
ut prisca gens mortalium
paterna rura bobus exercet
suis, solutus omni faenore,
neque excitatur classico miles truci
neque horret iratum mare,
forumque vitat et superba civium
potentiorum limina.

Dichoso aquél que lejos de los negocios,
como la antigua raza de los hombres,
dedica su tiempo a trabajar los campos paternos con sus propios bueyes, libre de toda deuda,
y no se despierta como los soldados con el toque de diana amenazador, ni tiene miedo a los ataques del mar,
que evita el foro y los soberbios palacios
de los ciudadanos poderosos.

                                                                 (Horacio)

A diferencia de Catulo, Horacio (65-8 a.C.) es un poeta de origen humilde. Hijo de liberto, recibió una educación esmerada gracias a la dedicación de su padre y apareció en la élite intelectual y política de Roma en el momento de su máxima expansión. Cuando para otros este dato sería triunfalista, para él se transforma en su obra en un motivo de humildad, de falta de vanidad y de sentido del límite, explicando de esta manera esa “aurea mediocritas” (dorada medianía, todo en su justa medida) anhelada en sus poemas. Horacio aparece de una manera más creíble en sus poemas que Catulo, en cambio su individualismo es mucho menor. Es un experto en hablar de sí mismo de manera significativa, ofreciendo un rasgo egocéntrico que nunca cansa, como se refleja en su poema “Beatus ille” (dichoso aquél).

Si nos fijamos en el poema, es probable que Horacio quisiera criticar a los ricos que se retiran al campo despegándose de la riqueza terrenal, como se puede ver en los cuatro últimos versos. Más tarde, el hombre del Renacimiento buscará esa vida tranquila y placentera del campo en detrimento de la ciudad, y junto al “locus amoenus” (lugar ameno) y al “tempus fugit” (el tiempo huye), se convertirá en una de las aspiraciones, como se puede apreciar en la oda A la vida retirada de fray Luis de León:

¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruido,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido…

Selección y reseña: Javier Alcutén (Departamento de Lengua Española y Literatura)

Semana 21. 15 de junio de 2018.

Esta semana queríamos presentaros algo diferente. Se trata de la obra de Bárbara Serrano, una escultora afincada en Zaragoza que también se dedica a la enseñanza en el ámbito de secundaria.

Bárbara acostumbra a presentar sus esculturas acompañadas siempre de unos versos. A través de ellos somos capaces de vivir con una mayor intensidad y tener una mejor percepción de lo que nos quiere transmitir con su obra.

En esta ocasión queremos presentaros una de sus últimas creaciones: Pérdida.

Tristes tiempos de guerra.

Desde la lejanía observo

el campo de batalla.

Dolor, muerte, destrucción.

Campos angostos que un día

brillaron con el verdor de la primavera.

El dolor crece, me ciega,

se concreta, se me apodera,

me agarra el alma,

la estruja y la zarandea.

Sólo puedo gritar, sólo puedo llorar.

No puedo escucharte, no puedo verte.

¿Qué mundo es éste

en el que tú no estás?

Campos de guerra denostados

tras la batalla, luchas absurdas, victorias vacías,

sembrados regados con sangre

que sangre nos ofrecen.

Abandono, culpa, venganza, miedo,

palabras poderosas

que en la sombra callan.

¿Quién mató a quién?

¿Dónde damos sepultura

al tiempo que nos faltó por vivir?

Desde la lejanía observo

el campo de batalla.

Enraizada en su lecho veo absorta

lo que no viví, lo que perdí.

No hay consuelo, no hay esperanza.

Tal vez el perdón sea el único camino.

                                               (Bárbara Serrano)

Esta fusión entre escultura y poesía, nos lleva a experimentar la pérdida de un ser amado. La obra plástica, a través de una mirada hacia la lejanía, pretende transmitir tristeza, soledad y silencio. Los versos enfatizan el aporte de la escultura, nos hacen experimentar paulatinamente los diferentes estados del proceso de decir adiós, la rabia, la desesperanza y el abandono que conducen finalmente a la resignación.

Selección y reseña: Ana de Val.

Semana 20. 8 de junio de 2018.

EN LA MUERTE DE JOSÉ DE CIRIA Y ESCALANTE

¿Quién dirá que te vio, y en qué momento?
¡Qué dolor de penumbra iluminada!
Dos voces suenan: el reloj y el viento,
mientras flota sin ti la madrugada.

Un delirio de nardo ceniciento
invade tu cabeza delicada.
¡Hombre! ¡Pasión! ¡Dolor de luz! Memento.
Vuelve hecho luna y corazón de nada.

Vuelve hecho luna: con mi propia mano
lanzaré tu manzana sobre el río
turbio de rojos peces y verano.

Y tú, arriba, en lo alto, verde y frío,
¡olvídame! y olvida el mundo vano,
delicado Giocondo, amigo mío.

                                                       (Federico García Lorca)

Federico García Lorca escribía en una carta a Melchor Fernández Almagro sobre su gran amigo José de Ciria y Escalante lo siguiente:

Estos días los he pasado mal, porque yo quería dedicarle a nuestro Ciria un tierno y auténtico recuerdo, pero por más que luchaba no conseguía (y esto es raro en mí) que la fuente, ¡mi fuente!, manara por él. Ayer tarde estaba en una oscura y fresca alameda y le dije: Pepe, ¿por qué no quieres que te evoque? Y sentí que mis ojos se llenaban de lágrimas. Entonces, y tras diez días de esfuerzo continuo, conseguí en un instante parir el soneto que te envío.

Este magnífico soneto, que fue recogido por Gerardo Diego en la primera edición de su Antología poética, ha permitido que se mantenga la memoria de este poeta santanderino fallecido prematuramente a los veinte años.

El poema recoge la delicadeza de las imágenes y sentimientos típicamente lorquianos a través de menciones como la de la luna y el nardo ceniciento.

 Dando forma poética a lo que el propio Lorca refleja en su carta respecto al proceso de creación del soneto, se nos presenta el duelo de la muerte como la suspensión del tiempo y el vaciado del espacio, ambas cosas metáfora de la pérdida de sentido que nos embarga con el fallecimiento de un ser tan próximo. Como contraste, Lorca adopta aquí una forma poética clásica, el soneto, que, a diferencia de lo que sucede, por ejemplo, con el fluir casi instintivo del romance, que fuerzan a la contención a unos sentimientos que no se va a permitir desbordar, lo que intensifica el impacto emocional del poema.

Selección y reseña: Ana Bellé (Departamento de Matemáticas)

Semana 19. 1 de junio de 2018.

Hagamos un trato

Compañera, 
usted sabe 
que puede contar conmigo, 
no hasta dos ni hasta diez 
sino contar conmigo. 

Si algunas veces 
advierte 
que la miro a los ojos, 
y una veta de amor 
reconoce en los míos, 
no alerte sus fusiles 
ni piense que deliro; 
a pesar de la veta, 
o tal vez porque existe, 

usted puede contar 
conmigo. 

Si otras veces 
me encuentra 
huraño sin motivo, 
no piense que es flojera 
igual puede contar conmigo. 

Pero hagamos un trato: 
yo quisiera contar con usted, 
es tan lindo 
saber que usted existe, 
uno se siente vivo; 
y cuando digo esto 
quiero decir contar 
aunque sea hasta dos, 
aunque sea hasta cinco. 

No ya para que acuda 
presurosa en mi auxilio, 
sino para saber 
a ciencia cierta 
que usted sabe que puede 
contar conmigo.

(MARIO BENEDETTI)

HAGAMOS UN TRATO” es generosidad, amor, amistad y lealtad.
Benedetti parte de un concepto cotidiano, el trato, para exponer una promesa. Estos versos de Benedetti carecen de drama, de estruendo romántico; el poeta se ofrece sin ambages, sin esperar nada a cambio.

¿Amor o amistad? Tal vez sea esa dualidad, a veces contradictoria, la que late en el reverso de este poema. La pasión puede ser egoísta, pero el amor incondicional no conoce la codicia.

Desde este ENLACE se puede escuchar al propio Benedetti recitando su “Hagamos un trato”.

Incluso Joan Manuel Serrat en el álbum “El sur también existe” (1985) hizo de esta poesía una preciosa canción: https://www.youtube.com/watch?v=fYVrb4O1PWs

Mario Benedetti(1920-2009)

Nació el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, departamento de Tacuarembó a 200 kilómetros al norte de Montevideo.

A los cuatro años, se trasladó a Montevideo, debido al trabajo de su padre, farmacéutico.

Cursó primaria en el Colegio Alemán de esa ciudad y secundaria, como alumno libre. Desde los catorce años, empezó a trabajar como taquígrafo, cajero, vendedor, librero, periodista, traductor, empleado público y de comercio.

 

Miembro destacado de la llamada “generación uruguaya del 45“, sus libros participaron del “boom” de ventas de la narrativa latinoamericana de los años 50 a los 70 y sus textos han sido recogidos y divulgados por cantantes como ViglietiRosa LeónJairoLuis PastorIsabel ParraSoledad Bravo, y Claudia y Alberto.

 

De 1945 a 1975 trabaja en el semanario Marcha, clausurado por la dictadura. Es profesor de literatura y parte como exiliado en los años setenta a Buenos AiresLimaLa Habana España.

Cultivó todos los géneros, con iniciación en la poesía en libros como Poemas de oficina (1956), de tono cotidiano y existencial. Con los cuentos Montevideanos (1960) incursionó en el realismo. En 1960 ensayó la crítica político-social con El país de la cola de paja. Sus novelas La tregua (1960) y Gracias por el fuego (1965) tratan de los vicios sociales de la sociedad de consumo. Su narrativa se politizó con El cumpleaños de Juan Ángel (1971) y Primavera con una esquina rota (1982), incorporando el tema del exilio y el retorno en La casa y el ladrillo (1977), Vientos del exilio (1982), Geografías (1984) y Las soledades de Babel (1991). Su obra de teatro Pedro y el capitán (1979) aborda la tortura.

Sigue leyendo: https://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/869/Mario%20Benedetti

Selección y reseña: Elena Galay

Semana 18. 25 de mayo de 2018.

Mai, mira me as mans;

As trayo buedas,

Lasas de amar…

Son dos alas

D’un biello pardal

que no puede

sisquiera bolar.

Mai, mira me os güellos,

n’o cielo perdius

n’un fondo silenzio…

Son dos purnas

Chitadas d’o fuego

Que no alumbran

ni matan o chelo.

Mai, mira me l’alma

aflamada de sete,

enxuta d’asperanza…

Ye un campo labrau

an no i crecen qu’allagas

que punchan a vida

dica qu’a matan.

Mai, mira me á yo.

¿Me reconoces, mai?

Fue o tuyo ninón…

Uei só un ome

Que no sé como só.

Mai, ¿ me reconoxes?

¡¡Mai, ¿ni sisquiera tu?!!

                                (Anchel Conte)

POEMA EN LENGUA ARAGONESA DE ANCHEL CONTE, EN SU POEMARIO “ NO DEIXEZ MORIR A MÍA BOZ”. 1972.

Los poemas que componen este libro son la reivindicación de una lengua, la aragonesa, que ya a principios de 1970, cuando se escribe el libro, está en retroceso. A principios de esta semana de mayo de 2018, la Unión Europea, calificaba a nuestra lengua como la que más peligro tenía de desaparecer en el viejo continente.

El autor, Anchel (Ángel en aragonés) Conte es uno de los escritores fundamentales en la reivindicación y el uso del aragonés en poemas y novelas. Ha sido profesor de instituto en varias localidades aragonesas, y hoy jubilado se dedica a escribir novelas y poemas en aragonés y de temática aragonesa.

Si buscáis en Internet, veréis que este poema está bellamente musicado y cantado por cantautores como Mario Garcés, Gabriel Sopeña o María José Hernández.

La traducción es fácil, pues su lengua hermana el castellano es muy similar. ¿Quién se atreve a traducirla?. Algunas pistas de vocabulario aragonés:mai: madre/ buedas: vacías/ güellos: ojos/ chelo: hielo/ purnas: chispas/ punchan: pinchan….

Selección y reseña: Francisco Murillo (Departamento de Geografía e Historia)

 

Semana 17. 18 de mayo de 2018.

DEL POEMA DE VIRGILIO: ENEIDA

(Descenso a los Infiernos)

Ibant obscuri sola sub nocte per umbram

perque domos Ditis uacuas et inania regna:

quale per incertam lunam sub luce maligna

est iter in siluis, ubi caelum condidit umbra

Iuppiter, et rebus nox abstulit atra colorem.

uestibulum ante ipsum primisque in faucibus Orci

Luctus et ultrices posuere cubilia Curae,

pallentesque habitant Morbi tristisque Senectus,

et Metus et malesuada Fames ac turpis Egestas,

terribiles uisu formae, Letumque Labosque;

tum consanguineus Leti Sopor et mala mentis

Gaudia, mortiferumque aduerso in limine Bellum,

ferreique Eumenidum thalami et Discordia demens

uipereum crinem uittis innexa cruentis.

Iban oscuros por las sombras bajo la noche solitaria

y por las moradas vacías de Dite y los reinos inanes:

como el camino bajo una luz maligna que se adentra en los bosques

con una luna incierta, cuando ocultó Júpiter el cielo

con sombra y a las cosas robó su color la negra noche.

Ante el mismo vestíbulo y en las bocas primeras del

Orco el Luto y las Cuitas de la venganza su cubil instalaron,

y habitan los pálidos Morbos y la Senectud triste,

y el Miedo y Hambre mala consejera y la Pobreza torpe,

figuras terribles a la vista, y la Muerte y la Fatiga;

el Sopor además, pariente de la Muerte, y los malos Gozos

de la mente, y, en el umbral de enfrente, la guerra mortal

y los tálamos de hierro de las Euménides y la Discordia enfurecida

enlazado su cabello de víboras con cintas ensangrentadas.

                                                                            (Virgilio)

Estamos ante un fragmento del poema épico más famoso de la literatura latina, la Eneida de Virgilio. He escogido concretamente este fragmento porque relata el tópico literario del descenso a los Infiernos, la llegada al inframundo de Eneas que otros héroes han hecho como si se tratara de ese rito de purificación (catarsis) para limpiar todos los males que les persiguen. En este libro Virgilio pone de manifiesto el pensamiento común de gran parte de la sociedad de la época de que la muerte era una liberación y no el fin de un drama, y que la providencia divina nivelaba con creces las adversidades sufridas en la vida.

Nuestro héroe ya había sufrido en su propia carne todos los sufrimientos humanos más dolorosos, inmediatos y punzantes que pueden herir la condición humana: destrucción de su patria, la muerte de su padre Anquises, la desaparición de su esposa Creúsa, y si esto fuera poco, la dolorosa decisión de rechazar el amor de Dido por el destino marcado por los dioses (pius Aeneas, piadoso Eneas).

Fragmento lleno de lirismo, se va describiendo a los diferentes seres monstruosos que deambulan errantes, ansiosos de conocer a ese mortal que se atreve a desafiar al propio Hades adentrándose en “las moradas vacías de Dite…”.

Entre esos seres fantasmagóricos aparecen el Llanto y los Remordimientos vengadores, las pálidas Enfermedades, la triste Vejez, el Hambre, la mala consejera…las Gorgonas, las Arpías, Caronte el barquero,etc.

He optado por mostrar una versión bilingüe para reconocer lo cercano que es el latín clásico al castellano actual. Quiero remarcar la consecución de adjetivos que colorean, aunque estemos ante un mundo oscuro y sombrío, las estancias más recónditas del Averno. Al comienzo hay un símil fantástico de la noche “…ubi caelum condidit umbra Iuppiter, et rebus nox abstulit atra colorem…”. Destacar también la diferente polisemia utilizada para el Infierno (inferus, aquello que está abajo, en el interior): Averno (sin pájaros, porque los gases que emanaba el lugar mataba a la aves), Tártaro (lugar donde estaban encerrados los Titanes después de luchar con los dioses del Olimpo), Orco (recuerda que ex-orcismo significa sacar el Orco del cuerpo).

La descripción que lleva a cabo Virgilio del Infierno en la Eneida ayudó a apaciguar las inquietudes de sus contemporáneos particularmente preocupados por el destino de las almas con posterioridad a la muerte. Por primera vez en la historia de la literatura un autor se atreve a componer el vademécum de algo tan desconocido y prohibido como es el mundo de los muertos, tema connatural al ser humano. Virgilio sirvió de fuente a otros escritores que se atrevieron a relatar las estancias más lúgubres del inframundo, como Dante en su Divina Comedia. No es casualidad que el acompañante de Dante sea Virgilio, y que el simbolismo que impregna esta obra esté basado en el descenso a los infiernos de Eneas. Pero ésta es otra historia.

Selección y reseña: Javier Alcutén (Departamento de Lengua castellana y Literatura).

Semana 16. 11 de mayo de 2018.

El viaje interior 

Fuera de ti no esperes encontrar

lo que dentro de ti nunca has buscado.

No es más hermoso el sol de otros lugares,

por lejanos que estén:

lo que importa es la luz que da vida a tus ojos.

No fatigues tus días

en recorrer países en busca de otros mundos.

No tardes en emprender el viaje a tu interior,

no vaya a ser que pronto sea tarde:

no estás de ti tan cerca como crees,

ni es tanto el tiempo de que aún dispones

para descubrirte y conquistarte.

(Ángel Guinda)

Esta semana nos hemos decantado por un poema del gran Ángel Guinda, nacido en Zaragoza en 1948.

Ángel Guinda es todo un personaje, cuenta que a los dieciséis años, en un banco del Paseo de la Constitución, meditando frente a una escultura de amantes emparaguados, se le apareció la Poesía, poseyéndole en ese mismo momento.

Fue en los setenta cuando empezó a dar recitales, compaginándolos con la enseñanza, su otra vocación, que le hizo dejar de lado los estudios de Medicina, y hoy en día, a sus setenta años, sigue dedicándose a ello plenamente, aunque ya en tierras madrileñas, donde vive desde 1987.

Su calidad literaria le ha hecho conseguir varias menciones, así fue galardonado con el Premio de la Letras Aragonesas en 2010, en reconocimiento a su trayectoria de creación literaria, en 2011 fue finalista de los premios de la Crítica y el Nacional de poesía en 2012, respectivamente.

Pero no sólo es un poeta, un educador, es un innovador, de hecho, cuando yo le conocí fue en un recital poético, en la ciudad de Barbastro, donde no sólo declamaba sus composiciones, sino que las rapeaba con un ritmo y estilo incomparable.

Ángel Guinda siempre ha defendido una opción poética, escribir cómo se vive, muestra de ello el siguiente documental en el que cuenta uno de los peores episodios de su vida, que le hizo obsesionarse por dos temas claves de su poesía: la vida y la muerte.

https://www.youtube.com/watch?v=vONxXwZc3YI

El poema que he escogido, uno de mis favoritos, trata de la vida. Insta, recurriendo en cierto modo a un medieval “carpe diem”, a disfrutar del momento, pero de una manera diferente, sin seguir ningún patrón convencional, sino buscando la vitalidad, la evolución, el descubrimiento y la felicidad dentro de uno mismo, algo más que entendible en nuestro poeta, ya que está relacionado con su modus vivendi.

Como anécdota para entender esa personal filosofía de la vida, y acabando con esta reseña, apuntaré que no hace mucho se ha comprado casa, su casa definitiva, donde piensa acabar sus días, pero no ha optado por una nueva construcción en un barrio caro ni de nueva creación, se ha comprado un piso antiguo en el madrileño barrio de Lavapiés, lo ha reformado y allí vive rodeado de diversas culturas, personas de todo tipo, calles con historia, que le ayudan a encontrar la vida, la felicidad, sin tener que irse lejos, sino mirando en lo que le rodea y en su propio interior.

Espero que lo disfrutéis tanto como yo.

Selección y reseña: Marimar Castro Giménez (Departamento de Lengua castellana y Literatura).

 

Semana 15. 4 de mayo de 2018.

Solamente por el muerto reciente
podemos sentir pena o compunción.
Los muertos muy antiguos inspiran respeto
y acaso indiferencia.
Si esperas que al morir te lloren
procura mientras vivas ser causa de alegría
y admite sin demora que el dolor
es dura experiencia intransferible.
Hay dolores que menguan con el tiempo,
otros no se aplacan jamás. Temamos esos,

pero suframos sin alardear. Sea un sufrir callado.
(Desde la cima bifronte, Encarnación Ferré)

Sirvan estas breves líneas como reivindicación de una de las voces poéticas más personales del panorama literario actual: Encarnación Ferré. Dentro del maremágnum de obras y autores resulta difícil discernir grano de paja, y quizás la catarata de letras impresas que asola el mercado libresco impida que encontremos los tesoros; más bien nos topamos, de manera inesperada, con ellos. Así las cosas, tengo a bien omitir los detalles del casual camino que me hizo llegar hasta la obra de Encarnación Ferré, pero también tengo a bien exponer la importancia de su labor literaria, que contempla teatro, prosa y poesía, entendiendo los tres géneros como senderos de ida y vuelta, conformando una obra plenamente coherente, que podemos describir como ejercicio valiente de exposición del alma de su autora; es decir, paisajes de mundo interior.

Produce serenidad saber
por qué se hizo aquello que se hizo
pero los enemigos se reducen a uno
y lo levamos dentro.
Detalles insignificantes
brindan en ocasiones razón para seguir
porque lo arduo de nacer es sobrevivirse.
(Desde la cima bifronte, Encarnación Ferré)

Su voz se antoja, siempre, desnuda de vanidad, palabra en busca de un sentido que hace del discurso algo auténtico y latente. Su literatura no es belleza entendida como pose sino como trascendencia. Encarnación Ferré ignora lo fácil abrazando lo complejo. Siempre obvia lo meramente sencillo y placentero, entregándose con frenesí al beso de éxtasis del dolor de crear (uno de los lugares comunes de su obra) en la que el proceso de aprendizaje también es entendido desde existencial perspectiva sufriente.

¿Por qué siempre hay algo
que empuja hacia el abismo?

¿Por qué escuece la recriminación
como fuego en la herida?
No aguardes ese viento que más te favorece.
Brisas humildes son también halagüeñas.
(Desde la cima bifronte, Encarnación Ferré)

Si la poesía es labor de esmero y selección, decir mucho con poco, tras sus versos late una labor de cuidadoso acabado, con el fin de crear el placer estético que no deja de lado la profundidad. Así las cosas, los poemas de Desde la cima bifronte (una de las grandes joyas del panorama lírico actual, insisto) parecen retrotraernos tanto al aforismo latino como a autores de la talla de fray Luis de León o Baltasar Gracián. Leyendo a Ferré siempre se tiene la sensación de que la autora acaba de superar su propio naufragio, de que nos habla desde la sinceridad que otorga toda experiencia extrema, si bien con la calma de la pulida reflexión. Sus letras son fruto del necesario refreno del que surge toda elegancia, del buen hacer del escritor que sabe que concreción y silencio expresa más que ambages y artificio.

Quien no tiene pan
se conforma con llegar a tenerlo.
Quien lo tiene,
comienza a pensar en que lo loen.

(Desde la cima bifronte, Encarnación Ferré)

En la poesía de Ferré nos reencontramos con una concepción de la escritura como labor de selección, pues escribir es silenciar, escoger una palabra que omite posibilidades infinitas, alumbrando el concepto perseguido, deseado.

Selección y reseña: Alberto Jiménez (Departamento de Lengua Española y Literatura).

Semana 14. 27 de abril del 2018.

Soneto XXIII

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;

y en tanto que el cabello, que en la vena      
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado       
cubra de nieve la hermosa cumbre;

marchitará la rosa el viento helado.
Todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

                Garcilaso de la Vega


En esta ocasión nos vestimos con los atuendos más clásicos de nuestra poesía, reproduciendo la que quizás sea más popular poesía de Garcilaso de la Vega (uno de nuestros más populares poetas). El soneto XXIII es una de las composiciones más conocidas de la lírica hispánica, reproducida en infinidad de ocasiones, a través de los medios más diversos, así como trabajada en escuelas, institutos y universidades. Su alcance es tal que no conocer sus primeros versos "de memoria" resulta incluso inusual.
Es una de las obras maestras del Renacimiento, de impecable factura y ortodoxia, respetando los parámetros tradicionales del soneto; es decir, dos cuartetos y dos tercetos...

Nacido en Toledo, Garcilaso compaginó armas y letras, tal y como también lo hiciera el ilustre Cervantes, contribuyendo a la introducción, pero sobre todo al perfeccionamiento, de la lírica italianizante en nuestra lengua. Una piedra arrojada desde lo alto de una almena en el sitio de Le Muy lo hirió de gravedad,  muriendo en Niza, el 14 de octubre de 1536,sin haber llegado a los cuarenta años de edad, asistido por su amigo Francisco de Borja.
Dada su juventud, su obra literaria resulta breve, aunque magnífica. Tal que en el caso de otro de nuestros grandes, Federico García Lorca, quizás no podamos hablar de madurez intelectual y, por ende, artística, pero sí de excelsitud. Composiciones como la aquí reproducida, o su célebre Égloga de Salicio y Nemoroso, dan fe de ello.
Un clásico siempre lo es por la permanente vigencia de su significado. A pesar de los cientos de años que nos separan de su fecha de composición, este soneto XXIIIº resulta de incuestionable actualidad, en tanto en cuanto el paso del tiempo continúa siendo condicionante inexorable de la condición humana. La delicadeza de sus versos introducen con sutileza la reflexión vital, hablándonos desde el pasado de los mismos avatares que nos siguen, y que nos seguirán, afectando. 

(Selección y reseña: Alberto Jiménez. Departamento de Lengua Española y Literatura).

Semana 13. 20 de abril de 2018.

AMADA

Amada mía de antes,

tenías la ternura de las playas en tu vientre.

El verde dulce de las uvas en tus ojos.

La miel y el vino y la pimienta en tu saliva.

La seda, el ala, el pétalo,

la fragancia de los niños,

la ciencia de los sabios

en las yemas de tus dedos.

Tenías la tormenta entre tus piernas,

la tormenta y la alegría,

la incitación y el reposo,

la furia y la caricia.

Tenía la suavidad del horizonte,

la curva de su cuerpo entre las sábanas.

Tenías, y no has muerto.

Tenías, y aún queda.

Por eso, amada mía de antes, es tan grande mi tristeza.

                                                                  Fernando Fernán-Gómez

Aprovechando la cercanía del día del libro, vamos a utilizar este apartado para reivindicar una de las figuras más insignes del panorama literario español de los últimos años. Reconocido por su gran labor actoral, Fernando Fernán-Gómez es una de las más lúcidas plumas de la literatura hispánica de las últimas décadas, con títulos impagables como El viaje a ninguna parte (quizás una de las mejores novelas de todo el siglo XX). Su labor ensayística también resulta encomiable, con obras maestras como Puro teatro y algo más, Nosotros los mayores y, sobre todo, Impresiones y depresiones. Creador del clásico teatral Las bicicletas son para el verano, menos conocida resulta su obra poética, de la que hemos tenido a bien seleccionar Amada, espléndida composición en la que, con su tendencia general a la melancolía y al erotismo, Fernán-Gómez evoca el pasado amor. La enumeración como rasgo de estilo, la repetición y el paralelismo como creadores de ritmo, y la importancia de ese verso final, que otorga significado al texto todo, subrayándolo de emotiva tristeza. Dulzor amargo.

(Selección y reseña: Alberto Jiménez. Departamento de Lengua Española y Literatura).

 

Semana 12. 13 de abril de 2018.

Annabel Lee

[Poema – Texto completo.]

Edgar Allan Poe

Hace de esto ya muchos, muchos años,
cuando en un reino junto al mar viví,
vivía allí una virgen que os evoco
por el nombre de Annabel Lee;
y era su único sueño verse siempre
por mí adorada y adorarme a mí.
Niños éramos ambos, en el reino
junto al mar; nos quisimos allí
con amor que era amor de los amores,
yo con mi Annabel Lee;
con amor que los ángeles del cielo
envidiaban a ella cuanto a mí.
Y por eso, hace mucho, en aquel reino,
en el reino ante el mar, ¡triste de mí!,
desde una nube sopló un viento, helando
para siempre a mi hermosa Annabel Lee
Y parientes ilustres la llevaron
lejos, lejos de mí;
en el reino ante el mar se la llevaron
hasta una tumba a sepultarla allí.
¡Oh sí! -no tan felices los arcángeles-,
llegaron a envidiarnos, a ella, a mí.
Y no más que por eso -todos, todos
en el reino, ante el mar, sábenlo así-,
sopló viento nocturno, de una nube,
robándome por siempre a Annabel Lee.
Mas, vence nuestro amor; vence al de muchos,
más grandes que ella fue, que nunca fui;
y ni próceres ángeles del cielo
ni demonios que el mar prospere en sí,
separarán jamás mi alma del alma
de la radiante Annabel Lee.
Pues la luna ascendente, dulcemente,
tráeme sueños de Annabel Lee;
como estrellas tranquilas las pupilas
me sonríen de Annabel Lee;
y reposo, en la noche embellecida,
con mi siempre querida, con mi vida;
con mi esposa radiante Annabel Lee
en la tumba, ante el mar, Annabel Lee.

(Poema seleccionado por Belén Modrego)

Nuestra amiga Belén ha tenido la gentileza de enviarnos esta estupenda  traducción del clásico poema de Edgar Allan Poe, Annabel Lee, originalmente escrito en inglés. El poema fue popularizado en nuestro país por el grupo de pop-rock, Radio Futura,  cuyo enlace a su canción también nos ha facilitado.

El norteamericano Poe, nacido en Bostón en 1809, influyó enormemente en autores como Charles Baudelaire, Rubén Darío o Emilio Carrere, alumbrando el relato sobrenatural moderno, que posteriormente cultivarían creadores del calibre de Howard Philips Lovecraft, Arthur Conan Doyle o, más actualmente, Stephen King.

En nuestro país, tenemos la singular fortuna de leer dos autores clásicos a la par, dado que Julio Cortázar tradujo sus impagables Narraciones extraordinarias, en las que nos encontramos cuentos tan célebres como El gato negro, El corazón delator o El pozo y el péndulo.

Creador del relato detectivesco moderno, gracias a creaciones como La carta robada o Asesinato en la calle de la Morgue, tan solo escribió una novela, de peripecias marítinas, Las aventuras de Arthur Gordon Pym, cuyo inquietante final nos lleva de nuevo hacia esos misteriosos parajes de lo fantástico que constituyó a través de sus cuentos y poemas.

Más Poemas de Edgar Allan Poe

POEMA HECHO CANCION POR RADIO FUTURA

(ENLACE VIDEOCLIP) https://www.youtube.com/watch?v=SNWdvjKDybY

 

Semana 11. 23 de marzo de 2018.

EN EL PRINCIPIO

Si he perdido la vida, el tiempo, todo

lo que tiré, como un anillo, al agua,

si he perdido la voz en la maleza,

me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo

lo que era mío y resultó ser nada,

si he segado las sombras en silencio,

me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro

puro y terrible de mi patria,

si abrí los labios hasta desgarrármelos,

me queda la palabra.

Blas de Otero

https://www.youtube.com/watch?v=GaekDamHBWk

Nuestro amigo Julian Trullenque, padre de uno de nuestros alumnos de segundo de ESO, Sergio, nos envía un selecto texto y un estupendo enlace a YouTube para conmemorar el 102º aniversario del nacimiento de uno de los poetas más significativos del pasado siglo, el bilbaíno Blas de Otero.

Tal y como expresan los versos del poema elegido, el autor de Ángel fieramente humano defendió la función combativa de la palabra, arma poderosa capaz de llevar a cabo, parafraseando a Miguel de Unamuno, una labor más importante que vencer: convencer.

Exiliado en París, Blas de Otero encontró la libertad necesaria para articular sin censuras su sincera e inconfundible voz poética, para pedir la paz, y la palabra.

 

Semana 10. 16 de marzo de 2018.

DESMAYARSE, ATREVERSE, ESTAR FURIOSO

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

Lope de Vega

Una vez más, la palabra puesta al servicio del intento de definición de lo mistérico, lo inaprensible. El soneto como catarata frustrada de verborrea, siendo la antítesis el principo rector de lo que no se puede expresar, tan solo sentir en la propia carne, tal y como en el verso final concluye Lope de Vega, uno de los autores clave del Siglo de Oro, época que puede observarse como encrucijada en la que coinciden algunos de los más grandes artistas de nuestras letras.
Quien escribió las anteriores líneas, confeccionando uno de los poemas más célebres no ya del Barroco sino de toda nuestra tradición poética ha pasado a la Historia de la Literatura como uno de los más grandes dramaturgos de todos los tiempos, con una facilidad asombrosa para la versificación en octosílabo; lo que le llevó a ser tildado de fénix de los ingenios españoles (a la par que monstruo de la naturaleza), pues imparable fue su caudal de producción: La dama boba, El perro del hortelano, El caballero de Olmedo, Fuenteovejuna, El mejor alcalde, el Rey… Y así hasta un número ingente, puesto que se le han llegado a atribuir más de mil obras (ahí es nada).

Pero, además, don Lope, buen conocedor del asunto amoroso (tal y como constatan los diversos biógrafos que han investigado su azarosa vida) también compuso novela (así La Dorotea o Peregrino en su patria) y poesía, gestando obras maestras como la que hemos seleccionado esta semana, donde parece latir esa pulsión vitalista que en sus posteriores Rimas de Burguillos va a dar paso a un tono más amable y reflexivo.

La experiencia como forma de conocimiento parece entroncar el poema con la corriente mística, en tanto en cuanto la imposibilidad de nombrar es aquí utilizada por Lope, conllevaba a un juego de contrarios que deja de manifiesto la incapacidad del lenguaje racional para hablar de realidades ajenas a la cotideanidad. Y es que la expresión del sentimiento amoroso ha sido una de las constantes artísticas más antiguas, y también más modernas, y, en este sentido, quizás tengamos que llegar hasta el simbolismo para encontrar nuevos recursos con los que tratar de aprehender las mismas inquietudes; recursos que estaban ya (en forma embrionaria) en los juegos de palabras de los maestros conceptistas (Góngora, Quevedo, el hoy elegido Lope…), que supieron intuir como la palabra, descontextualizada, es capaz de transmitir los más íntimos de los sentires.

(Selección y reseña: Alberto Jiménez. Departamento de Lengua Española y Literatura).

 

Semana 9. 9 de marzo de 2018.

A LEONOR
Tu cabellera es negra como el ala
del misterio; tan negra como un lóbrego
jamás, como un adiós, como un «¡quién sabe!»
Pero hay algo más negro aún: ¡tus ojos!Tus ojos son dos magos pensativos,
dos esfinges que duermen en la sombra,
dos enigmas muy bellos… Pero hay algo,
pero hay algo más bello aún: tu boca.Tu boca, ¡oh sí!; tu boca, hecha divinamente
para el amor, para la cálida
comunión del amor, tu boca joven;
pero hay algo mejor aún: ¡tu alma!Tu alma recogida, silenciosa,
de piedades tan hondas como el piélago,
de ternuras tan hondas…
Pero hay algo,
pero hay algo más hondo aún: ¡tu ensueño!
Amado Nervo
Aportación de Mª Dolores Ibáñez
Amado Nervo fue un autor de origen mejicano perteneciente al movimiento Modernista. Autor de novelas como El bachiller (1895) y muy vinculado al mundo de la prensa (fue redactor de El Imparcial), publicó también poemarios de indudable calidad como Perlas negras (1898) El éxodo y las flores del camino (1902) o su obra póstuma, La amada inmóvil (1922). Su inquietud intelectual y su carrera periodística le llevó a viajar a capitales Europeas como París, donde se gestaba ese elitismo artístico en el que encontramos nombres decisivos como el de Rubén Darío, autor con el que trabó amistad. También se codeó con autores no menos insignes, tal que Oscar Wilde, José Cantos Chocano, Luis G. Urbiunma o Campoamor.
Su nombre, que por sonoridad parece pertenecer al juego estético modernista, era en verdad el que le habían dado al nacer, tras la decisión de su padre de acortar su apellido: Ruiz de Nervo.

 

Semana 8. 2 de marzo de 2018.

ÍTACA

Constantinos Kavafis

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Más no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

Reseña

La vida del autor de Ítaca, Constantinos Kavafis, es un ejemplo de la azarosa historia europea de finales del XIX e inicios del XX. Fue el último de los ocho hijos de una familia griega originaria de Constantinopla (actual Estambul, en Turquía), que había emigrado a Alejandría por los negocios del padre, disfrutando de una vida burguesa entre las élites de la ciudad. La muerte del padre obligó a su madre a emigrar a Liverpool y tras siete años, se vieron obligados a regresar a Alejandría, donde ya nunca la vida familiar volvería a disfrutar el nivel que tuvo en los tiempos en que el padre vivía. En 1882 tras el bombardeo inglés sobre la ciudad, la familia se desplazó a Constantinopla durante tres años. Tras ello, llegó el regreso definitivo a Alejandría, ciudad que ya nunca abandonaría hasta su muerte. Nunca llegó a publicar un libro con sus poemas. Únicamente, por iniciativa personal, mandó imprimir dos libretos con algunos de ellos.

En este poema, nos habla sobre la importancia de disfrutar el camino, cualquier camino, y no sólo añorar el objetivo: una metáfora que puede extenderse a muchos procesos de nuestra vida. Como le sucede a Odiseo en el poema homérico, todos queremos volver a casa, a Ítaca, ver desde el mar la isla en la que crecimos, volver a ver a la mujer que amamos (Penélope) y que nos espera hace tantos años. Por esta razón, Ïtaca es la metáfora perfecta del propósito de la vida, de eso que nunca dejaremos de perseguir. Es una excelente enseñanza para que nuestros alumnos del instituto aprecien el camino que recorren día a día entre nosotros y que no siempre es valorado con justicia, no hay que perseguir un fin en exclusiva, hay que disfrutar del proceso para obtener tal fin.

En el poema se resalta la importancia de disfrutar del camino hacia nuestra propia Ítaca (cualquiera que ésta sea), pues el viaje es mucho más enriquecedor que la llegada al destino final. Podemos extraer una enseñanza que a priori parece simple pero que, frecuentemente, olvidamos. En una vida atolondrada, de recompensas fáciles e instantáneas, solemos olvidar que el camino no solamente es lo que más puede enseñarnos sino también de aquello que más podemos disfrutar.

(Seleción y reseña de Txema Vallejo. Departamento de Geografía e Historia)

 

Semana 7. 23 de febrero de 2018.

RUBAIYAT

Original en persa.

The rose claimed to be Jacob of grass and dirt
A red ruby resurrected with a green skirt
I said if this is so, show a sign of your hurt
Said just take a look at my bloody shirt.

Look to the blowing Rose about us–“Lo,
Laughing,” she says, “into the world I blow,
At once the silken tassel of my Purse
Tear, and its Treasure on the Garden throw.”

¡Mira esa rosa, cómo su aire de reina asume!
Ella sonríe y dice: -«Yo en esta tierra impero;
de mi bolsa de seda el nudo se consume,
y vierte en los jardines la gracia del perfume».

Versión literal rimada en inglés

Versión de Edward FitzGerald (1859)

Versión de Joaquín V. González

ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ ͼ

Mi corazón me ha dicho: “Quiero saber, conocer. ¡Instrúyeme
tú, Jayyam, tú que tanto has trabajado!”;
pronuncio la primera letra del alfabeto y el corazón me dice:
”Ahora ya lo sé. Uno es la primera cifra de un número que no tiene fin”.

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Ghiyath al-Din Abu l-Fath Omar ibn Ibrahim Jayyam Nishapurí, conocido como Omar Jayyam u Omar Khayyam fue un matemático, astrónomo, filósofo y poeta persa que vivió a caballo entre los siglos XI y XII. La traducción literal de su apellido es “fabricante de tiendas”, profesión que, seguramente, ejerció algún miembro de su familia. Nació, vivió y falleció en Nishapur, ciudad situada al noreste del actual Irán.

Entre sus aportaciones cabe destacar la reforma del calendario zoroástrico musulmán, que se sigue utilizando en Irán y Afganistán y diversos tratados sobre aritmética, álgebra y geometría en los que formuló conjeturas que se demostraron varios siglos más tarde. Como anécdota curiosa mencionar la teoría, ampliamente extendida aunque discutible, de que se le debe el uso de la letra x como incógnita fundamental en el álgebra. Su filosofía se desarrolló en el marco del materialismo, del pesimismo y del escepticismo.

En lo que concierne a la poesía, su obra nos transmite sus ideas acerca de temas tan distintos como la ciencia y el conocimiento, la moral y el comportamiento personal, la religión y la teología, el carpe diem, el nihilismo, la crítica a las instituciones, la muerte y la sabiduría.

Rubaiyat es el título que le dio el poeta y traductor Edward FitzGerald a la traducción de una selección de poemas (rubāʿī del árabe, ‎cuarteto, plural, rubāʿiyāt). El rubāʿī es una estrofa de cuatro versos en los que riman el primero con el segundo y el cuarto, quedando libre el tercero. Según las fuentes que se consulten, el número de rubaiyat atribuidos a Jayyam puede variar desde 200 a 600. Se han seleccionado dos rubaiyat. El primero de ellos, recogido en la selección de FitzGerald, se ofrece en persa, inglés y español, respetando la rima de la estrofa. En el segundo se suple la ausencia de rima con la belleza del tema.

(Selección y reseña de Ana Bellé. Departamento de Matemáticas)

 

Semana 6. 16 de febrero de 2018.

ES AMOR

Es amor un no sé qué,

que viene no sé por dónde,

que se va no sé por qué.

(Miguel de Cervantes)

Aprovechamos la proximidad del día de San Valentín (ese día popularmente dedicado al noble sentimiento del amor) para dar a conocer unos versos de, posiblemente, el mejor escritor en nuestra lengua. Miguel de Cervantes, hombre de azarosa vida, fue un novelista de primer orden, pero también fue un excelente dramaturgo y un no menos excelso poeta. Hombre de su tiempo, veneró armas y letras, cultivando y destacando en más de un arte, si bien el paso de los años y ese vendaval llamado Quijote han hecho que muchas veces se tenga una visión sesgada de su grandeza, motivo por el que versos tan perfectos como los que aquí reproducimos sean menos conocidos que las andanzas del ingenioso caballero.

Siguiendo las consignas renacentistas, Cervantes sigue en su terceto los pasos del “nescio quid”, elegante tendencia de la poesía latina en la que el desconocimiento sirve de motor creador. La poesía puesta al servicio de un misterio que es incapaz de desvelar; la definición frustrada como aliento de la pluma del poeta.

Cervantes elige uno de los grandes temas de la literatura universal: el amor (quizás, el tema). En sus novelas, desde La Galatea a Los trabajos de Persiles y Sigismunda, subyace toda una teorización acerca de lo que Ovidio considerara un arte (de nuevo, el amor). Cervantes también era conocedor de las teorías amorosas de León Hebreo, pero en su obra late su propia experiencia; de ahí esa tendencia al desengaño que destilan los hermosos versos que hemos seleccionado. Como siempre (o casi siempre) en Cervantes, las cosas de la vida vistas en tonos claroscuros, el arte de la letra al servicio de una mímesis que embellece por su fidelidad a lo cierto: latido rítmico de verdad, y en octosílabo (metro hispánico por excelencia). Y lo cierto en materia amorosa es, tal y como indica el poema, pura ambigüedad. Lo que es y no es. Lo que está y no está. Lo que viene, y se va. ¿Cuántos ojos no habrán llorado al toparse con esas diecinueve palabras sintiendo una ajustada identificación con la experiencia personal?

Diecinueve palabras. Tres versos. La buena poesía siempre es palabra exacta. Así las cosas, una de sus grandezas, que aquí respeta Cervantes, es el decir mucho con poco, evitando cataratas terminológicas innecesarias, siendo campo de trabajo para la lima y la depuración. En este caso, la sencillez es la pauta, fruto, como diría fray Luis de León, de esmero y selección. El mismo Cervantes, en la segunda parte de su Quijote, nos habla de sus constantes estilísticas al respecto: “Llaneza muchacho, no te encumbres, que toda afetación es mala.”

No quisiéramos terminar sin incidir nuevamente en la esterilidad del poema para lograr su aparente propósito: la definición. Donde la prosa no alcanza, se interna la palabra hecha poema, volviendo a fracasar, aunque logrando una emoción perdurable, que se renueva día a día, pues lo clásico siempre es actualización de lo eterno, tal que ese enigmático amor del que nacemos, que nos acompaña, que a veces se va, pero que quizás (¿quién sabe?) no se diluya tras la muerte.

(Selección y reseña de Alberto Jiménez Liste. Departamento de Lengua Española y Literatura)

 

Semana 5. Viernes 9 de febrero de 2018.

Un poema de Safo de Mitilene

Me parece que es igual a los dioses
el hombre aquel que frente a ti se sienta,
y a tu lado absorto escucha mientras
dulcemente hablas
y encantadora sonríes. Lo que a mí
el corazón en el pecho me arrebata;
apenas te miro y entonces no puedo
decir ya palabra.
Al punto se me espesa la lengua
y de pronto un sutil fuego me corre
bajo la piel, por mis ojos nada veo,
los oídos me zumban,
me invade un frío sudor y toda entera
me estremezco, más que la hierba pálida
estoy, y apenas distante de la muerte
me siento, infeliz.

Selección y reseña: Javier Alcutén (Departamento de Latín)

Nos encontramos en el siglo VI a.C. una isla esparcida del mar Egeo, Lesbos, donde reside un grupo de mujeres amantes de las artes, la literatura…y del amor. Safo, su máxima representante, la décima musa, destaca sobre todas ellas porque plasma por escrito los más variados y primarios sentimientos del ser humano: sensualidad, pasión, despedida, celos, añoranza, reproches, recuerdos amor, siempre amor. Confluyen en ella circunstancias que, desde esa Grecia antigua, la han hecho objeto de interés, unas veces para admirarla, otras, en cambio para censurarla, pero por encima de todo para reconocer la hermosura y sensibilidad de su poesía. Es demasiado banal pensar en el círculo sáfico como un grupo de mujeres de Lesbos amantes y amadas, dedicadas al ocio y disfrute de los paisajes helenos, seguidoras del culto a  Afrodita. Su círculo se asemeja a esos pensadores y filósofos de Academias y Liceos, pero la historia va más allá. Sus poemas líricos no sólo muestran esos sentimientos más íntimos, también critican esa injusta situación de inferioridad y aislamiento a que estaba sometida la mujer griega. Safo es una mujer culta e independiente, sin miedo a expresar lo que siente, sin el yugo del androceo habitual en esta época. Todo ello hace que su lírica sea una poesía nueva, alejada de la épica de Homero y la poesía didáctica de Hesíodo, personal y cautivadora.

 

Semana 4. Viernes 2 de febrero de 2018.

PEQUEÑO VALS VIENÉS

En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals del “Te quiero siempre”.

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orilla tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.

FEDERICO GARCÍA LORCA

Selección y reseña: Ana Bellé (Departamento de Matemáticas)

Pequeño vals vienés es un poema de Federico García Lorca que pertenece a su libro Poeta en Nueva York, escrito entre 1929 y 1930 durante la estancia del escritor en la Universidad de Columbia. En la obra, una de las cumbres de la poesía en español en el siglo XX, influyen de forma notable el recuerdo de la infancia, el amor no correspondido, el sufrimiento injusto y la muerte violenta. Considerada como un punto de inflexión en la evolución artística de Lorca, Poeta en Nueva York bebe de las fuentes del surrealismo entendido como instrumento de renovación artística.

Decía Leonard Cohen en el discurso improvisado que pronunció al recoger el Premio Príncipe de Asturias de las Letras: “(…) Ustedes saben de mi fuerte asociación con Federico García Lorca y puedo decir que mientras era joven y adolescente no encontré una voz. Y solo cuando leí a Lorca, en una traducción, encontré una voz que me dio permiso para descubrir mi propia voz, para ubicar mi yo, un yo que aún no está terminado. …”.

Cohen tomó contacto con la obra de Lorca en 1949 cuando, con quince años, descubrió en una librería de viejo de Montreal una edición de Diván del Tamarit, que marcó profundamente al cantautor canadiense.

En 1986 participó en el disco Poetas en Nueva York, un álbum de homenaje el poeta granadino con motivo del cincuentenario de su fallecimiento y en el que también participaron, entre otros, Georges Moustaki, Francis Cabrel, y Víctor Manuel. Cohen aportó una versión traducida prácticamente de forma literal al inglés de Pequeño vals vienés que tituló Take this waltz y cuyo resultado final es el siguiente:

https://www.youtube.com/watch?v=JQm1OmLMNno

Más tarde incluiría la canción en uno de sus mejores discos, titulado I’m your man.

Una versión en español de esta canción con la música compuesta por Leonard Cohen se puede encontrar en el álbum Omega, cantado por Enrique Morente y acompañado por el grupo Lagartija Nick. Omega, considerado un referente en la revolución de la música flamenca vio la luz en 1996 y fue reeditado en 2008.

Así suena Pequeño vals vienés en la voz del gran Morente:

https://www.youtube.com/watch?v=JQoU3kjQVsw

 

Semana 3. Viernes 25 de enero de 2018.

Canción tonta

Mamá,

yo quiero ser de plata.

Hijo,

tendrás mucho frío.

Mamá,

yo quiero ser de agua.

Hijo,

tendrás mucho frío.

Mamá,

bórdame en tu almohada.

¡Eso, sí!

¡Ahora mismo!

FEDERICO GARCÍA LORCA

Poesía seleccionada por Julia Trullenque. 5º de Primaria.

Federico García Lorca es un poeta mayúsculo. No ya su obra sino también su persona han trascendido la Historia de la Literatura, pasando a ser un símbolo de alcance universal. Referente tanto de artistas como de estudiosos, nos gustaría destacar su excelencia partiendo de aquello que jamás llegó a hacer o que dejó incompleto, pues su muerte, en un camino de la Vega de Granada (él nació en Fuente Vaqueros, un 5 de junio de 1898), truncó su quehacer literario, impidiéndonos el disfrute de los que hubieran sido sus trabajos de madurez. ¿De qué palabras nos privaron aquellas balas? ¿Qué esplendor hubiera sido capaz de alcanzar quien en su juventud nos legó uno de los más bellos textos poéticos, en cualquier lengua, como lo es el Primer romancero gitano? La genialidad de Lorca resulta incompleta, siempre. Sus inmaculados logros evocan lo que jamás pudo ser. Si una guerra fratricida nos hubiera privado de las cervantinas Novelas ejemplares, de El caballero don Quijote o de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, disfrutaríamos de la belleza de La Galatea y de los hallazgos de la primera entrega de las aventuras, y desventuras, del ingenioso hidalgo. Pues esto ocurre con Lorca. Jamás podremos disfrutar de lo que hubiera sido, si bien en lo que es, tal que el bonito poema de juventud (como siempre fue Lorca, joven) que nos ha facilitado Julia Trullenque, de 5º de Primaria, encontramos a uno de los más grandes autores de la Literatura en cualquier lengua.

Tenemos a bien remarcar lo de “en cualquier lengua”, pues rompemos una lanza en favor de la naturaleza intraducible del texto poético, dada la especial sonoridad de la obra de Lorca (tal que ocurre con otros autores, en sus lenguas madre, como Baudelaire, Shakespeare o Poe), quien buscaba una singular musicalidad (no en vano, siguiendo los pasos de su madre, Vicenta Lorca, aprendió a tocar el piano de la mano de Antonio Segura) que ha sido, en ocasiones, comparada con la del compositor francés Claude Debussy.

En efecto, si atendemos al texto facilitado por nuestra amiga Julia, observamos ya desde el mismo título la referencia al mundo de la música. Los versos se suceden, en una catarata de repeticiones (constante lorquista) que recuerdan esa tendencia a la anáfora característica de la canción popular.

Nos encontramos también con la sencillez (fruto del influjo del Modernismo que Lorca, amigo de Juan Ramón Jiménez, cultivó en su juventud), ligada a algunos elementos característicos de su universo personal (plata, frío, agua) que van a ser protagónicos en textos posteriores donde observamos como Lorca, influido tanto por las incipientes vanguardias como persuadido por sus amigos Salvador Dalí y Luis Buñuel, va a ir abrazando otro tipo de tendencias como, sobre todo, el surrealismo (mucho más presente, por ejemplo, en el Romancero gitano, de lo que en ocasiones se da a entender y ya cultivado de pleno en Poeta en Nueva York o los Sonetos del amor oscuro).

Y nos encontramos, cómo no, con su marcada sensibilidad, encarnada en ese uso dialógico del verso (otra de las características del lorquismo) en el que el niño, símbolo de debilidad (recuérdese al respecto el conocido Romance de la luna, luna) conversa con esa madre protectora, que todo lo da en los dos últimos versos que cierran el poema, con la intensificación propia de los signos de exclamación, tan habituales también, junto con los ayes y otras manifestaciones propias del dolor, en la poesía del autor del Poema del cante jondo.

Canción tonta es pues poema de juventud, incluido en el libro Canciones, obra que recoge más de ochenta poemas compuestos entre 1921 y 1924; pero en su brevedad y sencillez encontramos el embrión de esa genialidad que el maestro irá alcanzando, hasta que la crueldad de la guerra fraticida sesgue, como siempre, el ansia por crecer a la que siempre aspiran arte y belleza.

(Texto reseñado por el profesor Alberto Jiménez. Departamento de Lengua y Literatura del IES La puebla de Alfindén)

 

Semana 2. Viernes 19 de diciembre de 2018.

Recuerdo infantil

Una tarde parda y fría

de invierno. Los colegiales

estudian. Monotonía

de lluvia tras los cristales.

 

Es la clase. En un cartel

se representa a Caín

fugitivo, y muerto Abel,

junto a una mancha carmín.

 

Con timbre sonoro y hueco

truena el maestro, un anciano

mal vestido, enjuto y seco,

que lleva un libro en la mano.

 

Y todo un coro infantil

va cantando la lección:

«mil veces ciento, cien mil;

mil veces mil, un millón».

 

Una tarde parda y fría

de invierno. Los colegiales

estudian. Monotonía

de la lluvia en los cristales.

(Antonio Machado)

Poesía seleccionada por Sergio Trullenque (2º F)

 

Ligero de equipaje. Esta era, al parecer, la recomendación machadiana para viajar. Dicha recomendación entronca perfectamente con los reconocibles versos que ha elegido nuestro alumno de 2º F, Sergio Trullenque, y que generosamente nos ha enviado. En efecto, el recuerdo (una de las constantes de la poesía machadiana) nos acompaña a lo largo del camino, sin ocupar lugar, como una maleta de pocos kilos. Su peso es el del sentimiento provocado por su evocación, en este caso, una nostalgia teñida de tristeza, si bien no áspera, sino melancólica, tal que esa lluvia que parece resbalar por los cristales creando ese ambiente de la clase en invierno que todos, en algún momento, hemos degustado.

La poética machadiana se construye a partir de algo innato en todo artista, la mímesis de lo vivido y de lo observado (un amor perdido, una fiera guerra, una monótona clase…). Imitación a través de esa palabra que es perseguida con ansia (pues el poema siempre exige medida y precisión), para hacer pasar los acaeceres a través de un filtro de belleza, del que resulta una realidad alternativa, sonora, que es espejismo de lo que ya se fue. Recuerdo.

Así las cosas, en la obra poética de don Antonio, los campos de Castilla, la musa Leonor, la tarde, la fuente, el aire, la tierra, la colmena o el jardín, incluso el cainismo (presente también en este texto que nos aporta Sergio) son sus campos, su musa, su tarde, su fuente y su aire; son su visión, su versión, como si quisiera escapar de ese simbolismo en el que se le etiqueta, anticipándose visionario a esa poesía de la experiencia que sería bandera e insignia de poetas posteriores, hoy ya clásicos, como Luis Alberto de Cuenca, Luis García  Montero, Juan Cobo o Jaime Gil de Biedma.

Antonio Machado es hijo de su tiempo, pero padre del porvenir, integrándose perfectamente en esa dialéctica de toda tradición literaria en la que lo presente bebe de lo previo para alumbrar lo posterior. Tal que la lluvia del poema, ciclo de monotonía natural que, sin embargo, renueva.

 

(Texto reseñado por el profesor Alberto Jiménez. Departamento de Lengua y Literatura del IES La puebla de Alfindén)

 Para más información, pueden consultarse los siguientes libros:

Campos de Castilla, Antonio Machado. Cátedra.

Soledades, Galerías, Otros poemas, Antonio Machado. Cátedra.

Juan de Mairena, Antonio Machado. Cátedra.

Ligero de equipaje: la vida de Antonio Machado, Ian Gibson. Random House.

La filosofía poética de Antonio Machado, José María García Castro. Siruela.

 

Semana 1. Viernes 12 de diciembre de 2018.

Desafío a la vejez

Cuando yo llegue a vieja

-si es que llego-

y me mire al espejo

y me cuente las arrugas

como una delicada orografía

de distendida piel.

Cuando pueda contar las marcas

que han dejado las lágrimas

y las preocupaciones,

y ya mi cuerpo responda despacio

a mis deseos,

cuando vea mi vida envuelta

en venas azules,

en profundas ojeras,

y suelte blanca mi cabellera

para dormirme temprano

-como corresponde-

cuando vengan mis nietos

a sentarse sobre mis rodillas

enmohecidas por el paso de muchos inviernos,

sé que todavía mi corazón

estará -rebelde- tictaqueando

y las dudas y los anchos horizontes

también saludarán

mis mañanas.

(Gioconda Belli)

[Selección de la profesora Esther Herguedas]

 

Gioconda Belli,  poeta y novelista nicaragüense (Managua, 1948), nació  en el seno de una familia acomodada. Diplomada en Publicidad y Periodismo en Filadelfia, Estados Unidos, su oposición a la dictadura de  Somoza la llevó a exiliarse en México y Costa Rica.

El compromiso político y el ser y el sentir femenino son los dos temas fundamentales en su obra, que ha contado con el respaldo de la crítica y del público desde la publicación de sus primeros poemas en un semanario cultural de su país en 1970.

Sobre la grama, premio “Mariano Fiallos Gil” de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua en 1972, es el poemario con el que inicia su producción poética.  En 1978 obtuvo el Premio Casa de las Américas (Cuba) en el género poesía por su libro Línea de Fuego. Más tarde publicará Truenos y arco iris (1982), De la costilla de Eva (1986), Apogeo (1997), Mi íntima multitud (Premio Internacional de Poesía Generación del 27, 2002), Fuego soy apartado y espada puesta lejos (Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla 2006), y las antologías  Amor insurrecto (1984), Poesía reunida (1989) y El ojo de la mujer (1991).

A su producción poética se une la novelística, desde que en 1988 publicara su primera novela, La Mujer Habitada, que obtuvo un éxito clamoroso a nivel internacional y que obtuvo el Premio de la Fundación de Libreros, Bibliotecarios y Editores Alemanes, y el Premio Anna Seghers de la Academia Alemana.  A esta novela siguieron  Sofía de los Presagios (1990), Waslala (1996),  El pergamino de la seducción (Premio Pluma de Plata 2005  en la Feria del Libro de Bilbao, España) y El infinito en la palma de la mano, galardonada con el Premio Biblioteca Breve 2008  y, posteriormente,  con el Premio Sor Juana Inés de la Cruz.

Gioconda Belli es también es autora de los cuentos para niños: El Taller de las Mariposas, Cuando Floreció la Risa, y el Apretado abrazo de la enredadera y de El País bajo mi piel, testimonio-memoria de sus años en el sandinismo.

 

 

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